sexta-feira, abril 25, 2014

Carta abierta a La honda de David sobre Juan Pablo II


Muy querido en Cristo “hondero de David”:

Permíteme, por favor, que te escriba públicamente. No con ánimo de crítica, ni tampoco polémico, sino con ánimo de intentar traer algo de paz a tu atribulado corazón. Y si esto lo hago público es no sólo porque te veo muy preocupado por el tema de la canonización de Juan Pablo II, sino porque creo que hay muchas personas a las que este tema les resta paz y les consume (¡… y no sin buenas razones!). Dicho esto, agradezco que tomes la pluma de nuevo. Se te echaba de menos por las tierras virtuales de la blogosfera, y siempre he apreciado y valorado mucho tus escritos, incluso desde la discrepancia a veces. Este es un tema que tú has abordado en varias entradas de tu blog.
Una reciente conversación con un sólido Sacerdote, portador de un alma sacerdotal ejemplar, me ayudó a comprender ciertos extremos que me resisto a no compartir contigo y con algunos fieles lectores.
Creo que coincidimos en la opinión que nos merece Juan Pablo II. No podemos tener simpatía alguna por el ecumenismo salvaje, por momentos abiertamente sacrílego, que este Pontífice exhibió y propagó. Coincidimos que no es compatible el ecumenismo con la Doctrina de Cristo, la que se enseñó siempre. Profundizó él en este socavamiento tremendo de la Iglesia, expresado mejor que nada quizás en la adulteración de la Misa, muchos de los cambios por él introducidos en el Derecho Canónico, las traducciones que Juan Pablo II impulsó de la Biblia o el mismo [Nuevo] Catecismo, tan criticable en tantos aspectos, por sólo citar algunas tropelías.
San Vicente de Lerins daba como piedra de toque en su Conmonitorio aquello de «quod ubique, quod semper, quod ob omnibus creditum est». Evidentemente, salvo que se quiera ser ciego, Juan Pablo II se apartó en ocasiones de lo que siempre, en todos los lugares y por todos se creyó. A fin de cuentas la Tradición, ¿qué otra cosa es si no?, es la solución sin continuidad alguna que nos une a Cristo y sus Apóstoles, al Depósito de la Fe, prístino y sin adulteraciones. Depósito al cual ése quien pareciera que, irremisiblemente, va a ser canonizado, no le fue fiel algunas veces.
Sin embargo no se podrá negar que el tiro que casi le cuesta la vida en una fecha tan significativa como el 13 de Mayo le hubiera hecho mártir. Y, por ende, Santo. A él le dispararon por ser el Vicario de Cristo en la Tierra, no por otra cosa. Tampoco te negaré que de lo poquito que me reconcilió algo (admito que no del todo) con Juan Pablo II fue su teología de la enfermedad, escrita desde el sufrimiento y, posiblemente, verdaderamente escrita por él. Porque tenía –reconozcámoslo- unos “negros” que le escribían sus discursos y sus textos que eran verdaderamente infumables, aunque se probaron muy terapéuticos con personas que padecían graves trastornos del sueño. Insisto, no obstante, en lo cerquita que este hombre estuvo del martirio puro y duro.
Mi punto es que la infalibilidad de la canonización sólo garantiza que esté en el Cielo (Dios bien puede haber permitido un Purgatorio comprimido, de más intensidad, por ejemplo … convengamos que al Rey del Tiempo esto le es posible, por más que no debe de ser particularmente cómodo para quien lo padece). Cierto que hay discrepancias teológicas en las implicaciones de la canonización, como se desprende de la lectura de probos varones doctos en Teología y de no pocos Santos que abordaron este tema, pero insisto que sólo podemos afirmar con absoluta certeza que la canonización, en lo que de infalible tiene, sólo nos dice que tal Santo, o tal persona canonizada, está en los Cielos.
Entre estas discrepancias –no resueltas, y sobre las que la Iglesia tampoco se ha pronunciado dogmáticamente- está si el sujeto canonizado es un modelo a seguir. Esto habría que explicarlomás en detalle, pero no quiero alargar innecesariamente esta carta, que tiene un propósito más humilde que el de aclarar dificultades teológicas. Quedémonos en un planteamiento de mínimos: no es absolutamente cierto que todo Santo sea un modelo a seguir, al menos en todas sus conductas. En el caso concreto de Juan Pablo II si hubiera que decir en lo modélicamente que aceptó la cruz del terrible Parkinson que le afligió al final de su vida, yo diría que sí; pero si las aberraciones que cometió en los encuentros ecuménicos de Asís son modélicas, evidentemente no. Hay muchos Santos con más contraejemplos en sus vidas que con ejemplos edificantes.
Menos aún se puede sostener que la canonización canoniza su Pontificado. Ahí está el ejemplo de San Pedro Celestino, un pésimo Papa, pero Santo a fin de cuentas. Dante Alighieri, que lo tenía más cerca, no tuvo empacho en meterle en el Infierno. Y creo que en algún lugar más profundo si del Dante hubiera dependido. Yo, literariamente, me hubiera conformado con dejar algún tiempo más a Juan Pablo II en el Purgatorio. Eso sí, un Purgatorio no acelerado ni comprimido. 
De otro lado, y como addenda, se me antoja también que hubo canonizaciones “dudosas”, como la del Padre Rosmini, que no conllevaron tantos ríos de tinta en las filas tradicionalistas, como hubiera sido de esperar. No iremos a decir que Rosmini no jugó peligrosamente con peligrosas filosofías que extrapolaba a asuntos teológicos. León XIII condenó más de cien proposiciones de Rosmini, y no está entre las mejores contribuciones de Juan Pablo II el haberle rehabilitado, por cierto. ¿Por qué tanto ruido con Juan Pablo II, en menor medida con Juan XXIII o Pablo VI, menos aún con Escrivá de Balaguer y prácticamente nada con Rosmini? Y se podrían citar otros.
La infalibilidad de las canonizaciones no es un dogma de Fe. Vamos a ver en qué quedan, en los siglos venideros, estos Santos del momento, tan oportunos para infalibilizar lo ininfalizable del misil V2, y no me refiero a la avanzada misilística germana de finales de la SGM. Tan oportunos ... ¡y tan frágiles! Ciertamente, no estoy obligado a seguir a todos los Santos ni a que ni todos, ni ninguno en particular, se convierta en parte sustancial de mi Fe. 
Más allá de los puntos hasta ahora sostenidos quiero sacar un tema más. Un tema, que considero central, en el que no profundizamos quizás suficientemente. Ni lo ponderamos en la terrible profundidad que encierra. Me refiero a algo que vivimos, y sufrimos, en estos tiempos: el Misterio de la Iniquidad. Porque verdaderamente es Misterio … ¡y bien profundo! Entiendo que, como Misterio, no permite ser aprehendido plenamente por la mera razón. Que su comprensión se nos escapa. Hay algo de numinoso en todo ello. Este Misterio de Iniquidad, azote para nuestros racionalistas tiempos, nos obliga a admitir que hay preguntas para las que no tenemos respuesta. Y, entre ellas, o yo al menos así lo tengo por tal, ¿cómo es posible que canonicen a Juan Pablo II?
Bueno, lo cierto es que si lo canonizan yo sólo estoy obligado como católico a creer que está en el Cielo. Entre tanto, aunque me cueste, acepto que hay preguntas que no tienen respuesta y que me veo un poco –salvando las distancias- con el mismo estado de ánimo que debieron tener los Apóstoles cuando desde la distancia vieran a Cristo crucificado, a quienes algunos ya sabían Dios hasta de manera tangible. Pensemos en Santiago, por ejemplo, testigo cualificado del Tabor. “¿Cómo es eso posible, cómo es posible que Dios hecho Hombre pueda ser colgado de un madero de una manera tan ignominiosa?”, tuviéronse que preguntar por fuerza.
Cristo resucitó. Pero espero que vuelva a poner orden más pronto que tarde. En su Esposa Mística. Y en este mundo tan podrido y tan necesitado de Él. Y que este Misterio de Iniquidad acabe. Para que, entre otras cosas, podamos ver claro. Y, por supuesto, para que Él reine.
Mil años. O puede que bastantes más. O quizás alguno menos. ¿Quién sabe?
Pero en esto último, seguro, sí entraría en polémica contigo. Lo que ciertamente no es el propósito de esta carta.
Que la Santísima Virgen María en sus advocaciones de Fátima, Guadalupe y el Pilar te guarden siempre. Y que te traigan Paz, en esto y en todo.
Tu seguro lector y admirador que te ruega una oración por su alma pecadora,

Rafael Castela Santos


6 comentários:

Anónimo disse...

Ni JP II ni J XXIII son santos, no le den vueltas al asunto, el tiro aca es de sentido común, cualquiera que quiera ver se da cuenta que esto es una movida para canonizar el conciliábulo.
NO SON SANTOS.
Y ES UNA ABERRACIÓN LO QUE VAN A PERPETRAR EL 27 EN ROMA.

A LOS SANTOS LES CABE LO QUE DIJO EL SEÑOR, LOS SIGNOS LES SEGUIRÁN Y HARÁN COSAS MAYORES, MIREN SINO UN SAN BENEDICTO DE NURSIA Y COMPAREN. ESTO ES UNA MOVIDA SIONISTA.

Sergio Bergman @sergiobergman
Seguir
Seguiremos fieles al camino que iniciara Juan XXIII, afirmara Pablo VI, profundizara Juan Pablo II y que hoy lidera nuestro Papa.
1:23 PM - 13 nov 2013



http://statveritasblog.blogspot.com.ar/2013/11/rabino-bergman-profeta-del-concilio.html

Antonio Sá Siqueira disse...

Ah, que caminhos buscam as almas que se surpreendem presas das armadilhas em que caíram ao tentar justificar suas próprias escolhas! É um artigo triste, doloroso, tortuoso, fruto de uma mente que, certamente, se vê confusa. Quer ser católica, mas não compreende como Deus pode ter seus escolhidos dentre aqueles que essa alma abomina. Teria Deus faltado com a Sua palavra? Teria Deus permitido que um homem mau, um herege, uma pessoa de índole tão duvidosa, pudesse vir a ser santo? Teria Deus permitido que o Papa que convocou o Concílio Vaticano II se tornasse Santo? E que também se tornasse Santo um Papa que nada mais fez senão aplicar o definido por tal Concílio e que excomungou líderes que se arrogaram - ainda que de boa consciência - guardiães zelosos da fé perene da Igreja num mundo cada vez mais incrédulo - em parte, como consequência do mesmo Concílio, como muitos dizem? Considerações difíceis para essa alma... Terá errado toda a Igreja ao aceitar as decisões Conciliares? Se assim tiver sido, como ficaria a honra da promessa da assistência do Divino Espírito Santo? Que requinte de tormento usado este, fazendo serem canonizados dois papas, na presença única, histórica, de dois papas: um deles, emérito, considerado o maior teólogo católico da atualidade; o outro, alguém que já se mostrou muito mais conectado ao Concílio do que os seus predecessores. O que será que Deus quer com isso? Não era essa mente parte daquele grupo seleto, dos grandes defensores da fé de sempre, da missa de sempre, da Igreja de sempre? O que houve, então? Agora obtém-se o céu por um ou outro ato bom em meio a milhares de centenas de atos maus, piores em número e em quantidade que os atos bons? Não mais se canoniza em decorrência de uma vida santa? Os santos não são mais modelos de vida?
Que argumentos essa alma busca! No entanto, a Verdade se mostra cada vez mais clara: pelos frutos se conhecem as árvores. Como um Concílio mau, que tenha levado à criação de um culto defeituoso - para ser brando nos termos que geralmente se usam - pode ter gerado santos? E não foram um ou dois. E não foram pessoas que viveram a fase de transição, como um Padre Pio, mas os Papas aos quais o Concílio está ligado diretamente.Essa mente só vai encontrar paz quando perceber que ela é menor que Deus; que as opiniões dela, em algum ponto, estão indo de encontro com o Magistério; que lhe é lícito desejar ou preferir um rito a outro, sem no entanto, negar a liceidade e igualdade de de eficácia entre ambos. Eis que fez-se um Concílio - mais um em meio a tantos outros - que levou a mudanças na Igreja e dessas mudanças têm surgido Santos, como sempre surgiram Santos. Era uma vez um Papa Santo que teve que excomungar dois bispo que...Onde termina essa história? Ninguém precisa mais esperar para saber. A Verdade não é sectária. Deus não poderia permitir, sobretudo por tanto tempo, um culto que não fosse digno e um culto indigno não geraria Santos. Quem vai contra isto já não deve mais se considerar católico. Os argumentos humanos todos caducam e calam-se quando o Espírito Santo decide mostrar que é Ele quem comanda a Igreja. Graças a Deus por isso.

Miles disse...

Caro António Sá Siqueira

Embora eu não tenha sido o destinatário directo do seu comentário, mas antes o meu amigo e companheiro de blogue Rafael Castela Santos, ainda assim permita-me fazer as seguintes observações, que abaixo discrimino, a tal comentário.

Em primeiro lugar, não vislumbro nas palavras de Rafael qualquer ódio às pessoas de João XXIII e João Paulo II. Não se infere isso minimamente do artigo por ele escrito, no qual se limita a questionar a oportunidade e a conveniência destas canonizações, na medida em que as mesmas podem ser encaradas erroneamente como uma canonização dos próprios pontificados de tais Papas, do Concílio Vaticano II e da Igreja pós-conciliar, e não das suas virtudes pessoais cristãs propostas como modelo aos fiéis cristãos. Descortinar ódio nesta opinião é fazer um juízo estritamente temerário - e, como diria Francisco, quem é o António Sá Siqueira para julgar o Rafael? -, é tentar perscrutar as intenções subjectivas de quem proferiu essa mesma opinião, tarefa que só a Deus incumbe. E, de resto, como se deduz de todo o seu comentário, V. pretende ver precisamente nestas canonizações uma canonização dos pontificados de João XXIII e João Paulo II, do Concílio Vaticano II e da reforma litúrgica pós-conciliar, ideia errónea que os postuladores destas mesmas canonizações expressamente afastaram.

Em segundo lugar, o Papa João XXIII nunca celebrou o “Novus Ordo Missae”: falecido em 1963, a única Missa que celebrou ao longo de toda a sua vida sacerdotal foi a Missa Tradicional de rito latino-gregoriano. Não por acaso, o Missal de 1962, comummente usado pelos católicos tradicionais do mundo inteiro, é exactamente o Missal de João XXIII. A este respeito, sabendo-se a profunda devoção que João XXIII tinha pela Missa Tradicional e a defesa que fazia do uso do latim (consubstanciada num documento como a “Veterum Sapientiam”), é lícito questionar se o mesmo João XXIII, caso a situação se lhe tivesse colocado, alguma vez teria promovido uma reforma litúrgica nos termos do que Paulo VI promoveu? Em face dos dados conhecidos sobre João XXIII, afigura-se-me que a resposta a tal questão só pode ser negativa.

Em terceiro lugar, não compreendo por que afirma que a Igreja não pode ter errado ao aceitar as decisões do Concílio vaticano II e que pressupor o contrário colocaria em causa a promessa de assistência do Espírito Santo. Nesse seu raciocínio, V. parece olvidar-se, ou até ignorar, que o Concílio Vaticano II é um concílio meramente pastoral e que portanto, ao invés dos restantes concílios ecuménicos da Igreja, é desprovido de infalibilidade, na medida em que não definiu qualquer verdade de fé ou moral, nem proferiu qualquer anátema. Assim sendo, esse concílio é revestido de uma natureza magisterial meramente ordinária, a qual se pressupõe garantida pelo Espírito Santo tão-só se conforme à tradição da Igreja, isto é, se conforme ao que a Igreja sempre ensinou em todas as épocas em todos os lados. Deste modo, eventuais erros doutrinários antitradicionais contidos no Vaticano II não colocam em causa a promessa de assistência do Espírito Santo, podendo até afirmar-se, com alguma ironia, que a forma que o Espírito Santo encontrou de manter tal promessa em relação ao Vaticano II foi a de, pura e simplesmente, não agir sobre este. E não agiu porque o Espírito Santo não se contradiz e porque a verdade é só uma em todos os tempos e todos os lugares. Se ontem a única Igreja de Cristo era a Igreja Católica, hoje, amanhã e sempre a única Igreja de Cristo continuará a ser a Igreja Católica. Se ontem não havia salvação fora da Igreja, hoje, amanhã e sempre não haverá salvação fora da Igreja Católica. Se ontem a liberdade de religião era uma liberdade de perdição, hoje, amanhã e sempre a liberdade de religião será uma liberdade de perdição. Se ontem o falso ecumenismo, que conduz ao relativismo e ao indiferentismo religiosos, era condenado, hoje, amanhã e sempre o falso ecumenismo será sempre condenável. A verdade não evolui. A verdade simplesmente é!

(SEGUE)

Miles disse...

Em quarto lugar, nunca neste espaço se afirmou a invalidade do rito paulino ou “Novus Ordo”: aqui sempre se defendeu que este é válido se quem o celebra tiver a intenção de fazer o que a Igreja sempre fez, o que em muitos casos concretos, cada vez mais frequentes, infelizmente não sucede. Sem prejuízo da sua validade teórica, o “Novus Ordo” obnubila aspectos essenciais da autêntica doutrina católica, minimizando a dimensão sacrificial propiciatória e expiatória da Missa, a real presença de Cristo sacramentado sob as espécies consagradas ou o sacerdócio ministerial dos presbíteros, enfatizando outros aspectos que são estranhos à mesma doutrina católica, como o transformar a Missa numa mera refeição memorial da morte e ressurreição de Cristo, ou o esbater da diferença entre o sacerdócio ministerial dos presbíteros e o sacerdócio comum dos fiéis. Ademais, goste-se ou não, a sacralidade, a reverência e a elevação espiritual da Missa Tradicional são infinitamente maiores do que as do “Novus Ordo”, rito redutor, potenciador não poucas vezes de graves abusos no limiar do sacrilégio. Ora, se como V. sustente o “Novus Ordo” é passível de promover a santidade dos fiéis, eu afirmo que o mesmo “Novus Ordo” é um dos principais responsáveis, se não o principal, pela queda abrupta da prática religiosa entre os fiéis católicos, por aquele gravemente feridos na sua identidade católica, com todos os efeitos nocivos que daí decorrem para o bem das suas almas, atirados que são para caminhos muito distintos dos da santidade. De facto, a qualidade da árvore constata-se pelos frutos que dá!

Em quinto lugar, não tenha V. a pretensão de marcar os tempos e os momentos de Deus: quarenta e cinco anos de “Novus Ordo” são nada para o Senhor da Eternidade. Se um dia para Deus são mil anos e mil anos para Deus são um dia, então quarenta e cinco anos para Deus correspondem a pouco mais de uma hora, isto é, a nada. Portanto, presumir que por Deus tolerar a existência há quarenta cinco anos do “Novus Ordo” torna este necessariamente bom, é argumento bem fraco e falso.

Porém, uma coisa é certa, e aí concordo obviamente consigo: Deus não desampara a sua Igreja. E por isso que o Papa Bento XVI promulgou o Motu Proprio “Summorum Pontificum”, no qual expressamente declarou que a Missa Tradicional de rito latino-gregoriano jamais foi revogada, permanecendo válida e com plenos direitos no seio da Igreja, porquanto o que era sagrado para as anteriores gerações de fiéis católicos é também sagrado para as actuais gerações de católicos. Isto, sim, é que é ser autenticamente católico, em total consonância com a tradição mais profunda da Igreja expressada no sacrossanto Concílio de Trento e na Bula “Quo Primum”, de São Pio V!

Enfim,para terminar, porque V., com lastimável falta de caridade, parece gostar de aludir às “excomunhões” de Monsenhor Marcel Lefebvre e de D. António da Castro Mayer (dois bispos sapientíssimos e genuinamente santos), recordo-lhe que o decreto onde se pronunciavam tais excomunhões foi revogado e dado sem quaisquer efeitos jurídicos, em 24 de Janeiro de 2009, pelo Papa Bento XVI.

Junípero disse...

Muy bueno. Excepto lo de Rosmini.
Con todo respeto, me parece que Ud. no lo leyó (igual que León XIII) y si lo leyó, no lo entendió (lo que pudo pasarle a León XIII).
El juicio de "la Iglesia" sobre este santo sacerdote es la opinión de algunos palurdos poco informados y muy interesados en desacreditar al benemérito conde que tanto éxito tenía entre los paganos de su tiempo. Si se situara Ud. en medio del siglo XIX -el más obscuro de toda la historia- comprendería que los estudios sagrados eran casi inexistentes, el tomismo estaba radicalmente muerto (recién con San Pío X recomenzarían con algún éxito) y la filosofía natural sencillamente estaba derogada y reemplazada por los "ilustrados" de ese tiempo.
Rosmini lo entendió les habló de religión en su propia media lengua. En fin que, como verá, hay mucho para decir. Creo que Romano Amerio tiene un interesante estudio sobre este notable sacerdote.
Por otra parte, si disculpa Ud. a un hombre como Juan Pablo II y se confía al supuesto juicio infalible sobre su canonización, debería hacer lo propio con Rosmini que, en todo caso, no se dejó llevar tan lejos como el fallecido Papa en sus navegables lagunas de desconocimiento teológico o de tolerancia con el modernismo.
Creo sinceramente que Juan Pablo II era un hombre bueno, mucho mejor que Paulo VI -que presentaba aristas de cuidada crueldad- o que cierto presunto sucesor infelizmente reinante, a quien por razones de vecindad conocemos aquí bastante bien.
En fin; que no quería hablar de Juan Pablo II sino de Rosmini, a quien creo juzga Ud. muy severamente haciéndose eco de condenas "eclesiásticas" que no son tales, pues no están dirigidas a sus escritos -consúltelo y verá- ni mucho menos a su persona, sino a ciertas publicaciones de quienes se decían críticos suyos.
Es más o menos como la condena de Mons. Lefebvre de 1976 o la de Maurras en los años '20, producto de la irracionalidad de quien está (casualmente) sentado en una augusta silla.
Cordialmente
J.

Anónimo disse...

Caro António Sá,
a bem da verdade os bons exemplos são para seguir, pelo que creio que V. à semelhança de SS Pp JP II também beijará o Corão e até pode rezar numa qualquer mesquita, sinagoga ou "templo" protestante. Participar em Assis na reunião escandalosa por uma paz que só N. Jesus Cristo pode dar... Enfim, para V. tudo bons exemplos e bons costumes para quem a Fé é negociável. Creio que V. está de boa fé neste seu comentário pelo que creio ser útil, a bem da sua alma debruçar-se mais um pouco sobre matérias que neste momento reflecte desconhecer. A saber: como foi "construído o Novus Ordo". Por ser curto este espaço para um desenvolvimento detalhado fica apenas para seu esclarecimento o seguinte:
Prova-se que existiu uma intenção clara do Pontífice protestantizar a Santa Missa. Está confirmado que: «Em Paulo VI havia a intenção ecuménica de eliminar, ou pelo menos de remover ou atenuar, o que na missa era demasiado católico no seu sentido tradicional, com o fim de aproximar a missa católica da missa calvinista». No debate “Lumière101” da Rádio Courtoise (19/12/1993), Jean Guitton voltou a confirmar que ao promover a reforma da Missa: «… a intenção de Paulo VI em relação à liturgia, ou à vulgarização da Missa, era reformar a liturgia católica para aproximá-la da liturgia protestante… da Ceia protestante. […] repito que Paulo VI fez tudo o que estava em seu poder para aproximar a Missa católica — apesar do Concílio de Trento — da Ceia protestante» . Do único sacerdote director de uma agência de informações (La Croix) a participar no Concílio Vaticano II, Padre A. WENGER, temos o resultado final, veja caro António: «uma nova linguagem teológica – sublinhou - um novo estilo eclesiástico foi criado e encontramo-lo somente no esquema da Liturgia. Antigamente, o estilo da teologia era escolástico e é esse que se encontra em todos os outros esquemas. No esquema sobre a Liturgia, o estilo é bíblico e patrístico, inteiramente orientado para a Pastoral. Este estilo é compreendido pelo povo e tocará profundamente os homens. É um estilo em uso entre os ortodoxos, os protestantes e mesmo os pagãos». Ora, se é um estilo em uso pelos cismáticos e pagãos, o Novus Ordo é em si desagradável aos olhos de Deus- de eficácia duvidos tal com refere Miles. Quanto aos bispos que foram excomungados, e não havendo "tempo" para demonstrar que não houve excomunhão apenas digo o seguinte: S. Antanásio foi excomungado na defesa da Fé contra o arianismo.É Atanásio um dos bastiões na defesa da Fé: hoje santo e doutor da Igreja. Por analogia, sabe V. que o sacerdote pode-lhe dar absolvição e V. se não tiver contrição não lhe são perdoados os pecados e o sacramento é inválido. Mutatis mutantis, a pena disciplinar de excomunhão só é valida de houver acto e intenção de cisma. Caso que não se aplica a D. Lefebvre e D. Castro Mayer. À sua disposição para demonstração do que acabo de escrever.
PAX
Rui Manuel das Neves Azevedo Machado