domingo, dezembro 11, 2011

Querellas de amor

Introducción
En estos tiempos se suceden las noticias sobre la marcha de las negociaciones entre el Vaticano y la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X (FSSPX), alias Hermandad, para conseguir una regularización de esta última.
Una lectura superficial de algunas cartas y contestaciones a hechos recientes podría hacernos pensar, por la contestación que ha podido suponer a una cierta, quizás, tendencia del Superior General –Monseñor Bernard Fellay- favorable a algún tipo de arreglo, que las negociaciones marchan mal. Una consideración más detenida de los hechos puede darnos, sin embargo, una visión contraria. En este sentido son muy interesantes las últimas declaraciones del Obispo Fellay.

Hechos
Los hechos, en sucesión cronológica, son los siguientes.
En primer lugar estuvo, antes del encuentro de Monseñor Fellay y los Asistentes Generales de la FSSPX, los Padres Niklaus Pfluger y Alain-Marc Nély, con las autoridades romanas y la entrega del preámbulo cuyo contenido seguimos sin conocer, la boutade del Superior del distrito francés, el P Cacqueray. En una línea inusualmente dura por parte del P Cacqueray se manifestaba sobre Asís, pero alguno de los inuendos que allí se vertían era –cuando menos- imprudente. El repaso que le metieron desde la Casa General de la Hermandad de San Pío X en Menzingen fue soberano.
Luego vino la enésima tontería del Padre Morgan, con una carta también pública, contraria al arreglo y más moderada en forma, pero no en fondo. La carta duró en el internet menos que un caramelo a la puerta de un colegio, y fue retirada de montones de sitios rápidamente en un golpe de mano bien trazado desde Menzingen. Sólo la indiscreción de Secretum Meum Mihi ha permitido preservar esta carta.
El Superior de Hispanoamérica, el Padre Christian Bouchacourt, de nacionalidad gabacha, despachó una carta sobre el acuerdo, que no dejaba de ser muy inoportuna (por decir lo menos) en el delicado momento y tenía sus ribetes e implicaciones. De esta carta se hizo inicialmente eco la bitácora de Radio Cristiandad pero, interesantemente, ya no la reproduce Radio Cristiandad.
Más recientemente el P Pfluger dio una conferencia a los priores franceses, al parecer explicando las bondades de un posible acuerdo, aunque fue muy equilibrado en sus planteamientos y expuso los peligros a los que se enfrenta la FSSPX, y tuvo una cierta contestación contra el acuerdo por parte de algunos de los mismos.
Y entremedias existen carreristas en Roma que quieren autopostularse para ser ellos los directores de orquesta de la previsible Prelatura Personal que ofrecen a la Hermandad de San Pío X. Autopostulantes que, además, se dedican a lanzar cualquier tipo de amenazas, insultos y gilipolleces acerca de la Tradición (que dicen comprender y defender). A estos aspirantes a obispitos más les valdría esforzarse en entender lo que no entienden, dejar de atacar a los tradicionalistas y a la Tradición y hacer gala de diplomacia vaticana, que siempre ha conseguido más con miel que con hiel para los objetivos que busca y para el bien supremo de la Iglesia. Insisto, ya sabemos que la FSSPX nunca brilló por sus dotes diplomáticas, pero no deja de ser sorprendente que algunos romanos trepas y carreristas exhiban todavía menos diplomacia que la FSSPX, que ya es decir.

Consecuencias
En primer lugar hay que darle la importancia que debe al contexto y a los viejos hábitos. Por parte de la Hermandad, entre estos últimos, se encuentra el exceso de decibelios. La FSSPX ha sido machacada, vituperada, vilipendiada, escupida públicamente y ninguneada durante casi 40 años. Y en buena parte por Roma misma. Sí, sí … por el Vaticano. Que cada palo aguante su vela y que Roma no se desentienda de sus actos pasados, si bien sería inicuo negar que los actos presentes son otros y muy distintos a Dios gracias. ¿Qué genera esto? Pues una institución más o menos condenada al ostracismo, con una gran capacidad de remar contracorriente y cuyo único método de exhibición pública ha sido el pataleo. Es decir: decibelios y más decibelios. La Hermandad tiene esa manía. ¿Es eso malo? Objetivamente no, en sí mismo. En el contexto, si fueran capaces de una mínima diplomacia (que pocas o ninguna vez lo han sido), no coopera o, más bien, puede asustar a los que les observen, con lo cual puede ser contraproducente. Todo en la Hermandad, todo lo que importa, se expresa mediante decibelios. Y esto es así desde hace muchos años cuando quiera que algo se vive como importante dentro de la FSSPX. Así que la lectura correcta es: “esto les debe importar, porque están generando muchos decibelios”. Y, por tanto, la interpretación de, básicamente, tres casos públicos (ad extra) y una germanía de desgarramantas –por oficio priores gabachos- reunidos con un Asistente General (es decir, ad intra) que generan decibelios implica que hay una gran oposición al acuerdo con Roma es, cuando menos, desaforada.
Por otro lado dejarse engañar por la aparente estridencia de unos pocos –o muy pocos- curas de ribetes clericalistas con ánimo de tuercebotas, sin tener en cuenta los verdaderos números es un sesgo imperdonable. Volvamos a los hechos: 3 Sacerdotes ponen en el grito en el cielo de entre 550 que son. ¿Es esto un gran número? No, es una minoría absolutamente ridícula aparentemente amplificada por los puestos que ocupan. Y parte de esta culpa, sí, es atribuible a Menzingen por mor de su pésima política de elección de superiores y priores a lo largo de varios lustros. De igual manera que un número relevante de los priores franceses pueden expresar reticencias, incluso a veces fuertes, a la regularización, les consta fehacientemente en Menzingen que la práctica totalidad de los Superiores y priores alemanes están a favor. Y así otros varios distritos que no menciono para que mis confidentes no sufran. A más a más, la mayor parte de los Sacerdotes franceses, curitas normales y corrientes sin puesto alguno en la estructura de la FSSPX, no sólo sienten una natural simpatía hacia el posible acuerdo sino que, además, van a obedecer a Monseñor Fellay y no a las díscolas ínfulas de algunos de sus casposos priores mediopensionistas. Por tanto, ténganse las cifras reales en mente, y no las sensaciones que puedan producir cuatro fulanos armando mucha bulla. Y téngase asimismo en cuenta que la mayoría silenciosa de la Hermandad sigue a Fellay a machamartillo.
En tercer lugar, dejando de lado el affaire Cacqueray, previo al Preámbulo y que por ende no procede como argumento para analizar la actual situación, sí que importa el caso Morgan. Aquí lo relevante es que el análisis –digámoslo así- “morganático” no coincide para nada con el del Superior de la Hermandad de San Pío X. Menzingen obligó a suprimir ese análisis porque la Casa General no coincide con él, como dos fuentes insiders, de manera independiente, en Inglaterra y Ecône me han confirmado. Por tanto es muy relevante que Menzingen discrepe no sólo de la forma por su inoportunidad y desafío a la autoridad, sino del fondo de la misma. El Vaticano haría bien en tomarse en serio este último punto y valorarlo como tal en vez de permitir que algunos de los encargados sobre esta materia sigan dedicados al onanismo intelectual y a la pronunciación de afrentas gratuitas.
En cuarto lugar, y siguiendo con lo del Padre Morgan, no es menos relevante que el propio Padre Morgan obedeciera sin rechistar e ipso facto en cuanto le metieron presión de Menzingen. Por tanto este es un buen ejemplo, público y notorio, de que hay obediencia al Superior General de la FSSPX. De nuevo, lo lógico es que Roma tomase buena nota de este hecho: Fellay manda, tiene fuerza y capacidad de mando y hay obediencia al Superior General. Sin ánimo de herir, pero para que se vea el contraste, véase qué ha pasado en la Iglesia oficial romana con los asuntos de los infames Hans Küng o José Antonio Pagola; ahí ni Roma tuvo fuerza, ni capacidad de mando y la desobediencia de los inferiores era palmaria y notoria. Mucho nos gustaría a muchos que Monseñor Guido Pozzo se entretuviera en forjar y aplicar unas buenas y debidas –proporcionales a sus desmanes y herejías- condenas a Küng o Pagola, entre otros muchos herejes. ¿No cree, Monseñor Pozzo, que sería ésta una mejor, más productiva y más ejemplar inversión de su tiempo que otros menesteres? Y mucho nos gustaría que Roma actuase de oficio contra Sacerdotes que están en clara oposición en Austria, Obispos que se oponen por pasiva y por activa a la Misa Tradicional, curas que promueven abortos en Barcelona o apóstoles de la New Age y quién sabe si no cosas peores en EE.UU. que van de clergyman, entre otros muchos. ¿Se percata Roma que, como institución y en este particular, la FSSPX funciona mejor que la Iglesia, donde la impunidad es casi la norma?
Y en último lugar, last but not least, el consabido Williamson. No seré yo quien haga leña del árbol caído, aunque haya caído por culpa y deméritos propios. Monseñor Williamson, a quien aprecio profundamente porque es un hombre de honor (cosa que otros muchos, mismamente en la Hermandad, no pueden decir), se ha equivocado de punta a punta en varios aspectos. En primer lugar en su negacionismo, que no comparto en absoluto, y que ocasionó por sesgadísima visión histórica y su no menor inoportunidad en el momento que todo aconteció –posiblemente instrumentalizada por enemigos declarados de la Esposa Mística de Cristo- un gravísimo daño a la Iglesia. Y también a sí mismo al dinamitar su apostolado episcopal y a la propia FSSPX, que ha sufrido lo indecible, particularmente en el distrito alemán. En segundo lugar por su afán de notoriedad, cuando lo prudente –el ejercicio del bien común- demandaría un very low profile, que es casi decir un “Vlp”, de Su Ilustrísima en las circunstancias concretas de la situación y momentos actuales. Sea como fuere voy a decir algo que molestará a algunos y sorprenderá a otros: Monseñor Williamson es el más romano de los Obispos de la Hermandad. Sí, el más romano y al que la Romanitas le cabe más y mejor en la cabeza y quién sabe si también en el corazón. El problema es que es público y notorio que las relaciones de Williamson y Fellay no son óptimas (estoy siendo muy diplomático) y basta que Fellay diga una cosa para que Williamson diga la contraria. Espero, por el bien supremo de la Santa Madre Iglesia, que Monseñor Williamson –que es el más inteligente y capaz de los cuatro obispos de la FSSPX-, piense sólo en el interés superior de la res publica y cese en su particular enfrentamiento con Fellay, por más razón que pudiera asistirle en su personal diatriba. Se sorprendería el mismísimo Monseñor Williamson si yo dijera aquí la simpatía que suscita en algunos sectores de Roma, que han sido capaces de percatarse de la enorme capacidad de este hombre, pero evidentemente voy a callar por prudencia. Por cierto, ¿ha considerado alguien el hecho de que Monseñor Williamson no ha escrito ni se ha adherido a ninguna de manifestaciones anti-regularización? Por tanto con ello queda todo dicho. ¡Qué pena que Monseñor Williamson pegase tiros a sus propios pies! ¡Cuánto bien hubiera podido rendir a la Iglesia de no haberse metido en asuntos que no le competían y de los cuales ya le habían advertido sus Superiores que debía no opinar! ¡Qué pena que no se dé plena cuenta un Obispo católico que los ataques contra los judíos esconden muy a menudo, asimismo, un ataque contra la Cristiandad! Y cuando vienen de gentuza gnóstica, el antisemitismo es sistemáticamente, también, anticristianismo. ¡Qué pena que no pueda ayudar a Monseñor Fellay en esta difícil encrucijada y cuánto hubiera podido ayudarle!

Lecciones
En primer lugar no se puede sino plantearse seriamente la política de nombramiento de superiores. Consideremos a modo de ejemplo el caso del Padre Morgan, en Gran Bretaña. Durante su mandato la asistencia a Misa en parroquias tradicionalistas de la Hermandad en el Reino Unido ha bajado notoriamente y se han creado tensiones innecesarias y gratuitas. Si en la FSSPX se actuase al modo de una organización al uso, cualquier empresa por ejemplo, el Padre Morgan (en otros aspectos un muy buen Sacerdote, sin duda), sería cuestionado como Superior. Lamentablemente en Menzingen han seguido a menudo la política de imponer Superiores que no son más que obsecuentes genuflexos. ¿Se dará por fin cuenta Monseñor Fellay, y los que con él cocinan los nombramientos, que no son más leales los obsecuentes genuflexos –varios de ellos promocionados-, quienes a menudo tienen su propia agenda, que aquellos otros que pueden parecer críticos a primera vista pero que en el fondo son gente sincera movidos por nobles motivos de amor a las almas, a la Iglesia y lealtad a la institución de la FSSPX?
En segundo lugar debemos todos reflexionar, pero muy en particular Monseñor Fellay y los que le ayudan en esta difícil travesía, sobre lo siguiente: las reformas en la Iglesia se han hecho siempre desde dentro, no desde fuera. Se pueden citar ejemplos ad nauseam, porque la historia de la Iglesia está llena de ellos. Por su particular gravedad se me viene uno a la cabeza, el Cisma de Avignon. Las consecuencias de aquella inicua situación sólo fueron solucionadas muchos años después y por gente que –como Santa Catalina de Siena-, desde dentro, iba ejerciendo la reforma necesaria. Otro ejemplo es la reforma iniciada por el Cardenal Cisneros, que conjuró el peligro protestante en las Españas. Compárese la magnífica obra, desde dentro, del Cardenal Cisneros con los pésimos frutos de Lutero quien, desde fuera intentó reformar la Iglesia y que sin embargo tenía razón en bastantes de sus críticas. Críticas que Cisneros anticipó, por cierto. La tarea de la Hermandad es muy grave en los tiempos que nos azotan. Nada más y nada menos que reformar la Iglesia. Desde dentro, claro, porque desde fuera pueden venir pésimos frutos, como la experiencia luterana demuestra.
En tercer lugar la necesidad de actuar en bloque, sin fisuras ni divisiones. De igual manera que en Roma hay gente bienintencionada y de corazón magnánimo hacia la Tradición, existen otros que no. Estos últimos necesitan provocar una división, una fractura, de la Hermandad. Si hubiera una fracción importante de la FSSPX que se desgajara, los enemigos declarados de la Tradición en Roma aprovecharían para tratar de laminar más la Tradición con maniobras como no darles un status canónico protegido para la Tradición, una Prelatura Personal, por ejemplo, poner graves obstáculos a su apostolado, etc. Harían bien en pensar en esto los clérigos de la Hermandad, sobre todos aquellos en posiciones de mando, porque flaco es el servicio que le pueden prestar a la Tradición si promueven, consienten o actúan a favor de cualesquier división de la FSSPX. La defensa de la Tradición requiere una unión sin fisuras en este momento.
En cuarto lugar no queda sino enfatizar el hecho de que la circunstancia de necesidad que otrora fuera un sólido argumento (incluso muchos de los que desaprobaron las Consagraciones de Monseñor Lefebvre reconocían que así lo pudo haber percibido el propio Arzobispo), ahora no se da. Las circunstancias han cambiado y, afortunadamente, los tiempos de Benedicto XVI no son los de Juan Pablo II. Nada más, y nada menos, que un Summorum Pontificum y un Universae Eclessiae así lo avalan. Nada más, y nada menos, que el sello de la remisión de las excomuniones así lo confirma. El argumento de necesidad no es hoy día sostenible para justificar una situación de no-regularidad canónica.

Metarreflexiones
En primer lugar me parece que en líneas generales hay que aplaudir a Monseñor Fellay por lo bien que lo está haciendo. Su prudencia está siendo extraordinaria, su fortaleza increíble (y no olvidemos que en pura doctrina aristotélico-tomista el grado más excelso de la fortaleza es la paciencia) y por lo poco que va diciendo en declaraciones aquí y allá, está demostrando una sabiduría fuera de lo común. Me parece que una llamada a cerrar filas en torno a él resulta crucial en este momento.
En segundo lugar señalar dos peligros que se ciernen sobre la FSSPX. Caso de que no opten por llegar a un acuerdo en este momento, la deriva cismática se podría dar eventualmente. Y eso sería muy peligroso. Una de las ventajas de la regularización, y no la menor, sería la conjura de esta deriva. El otro peligro acontecería caso de llegarse a una regularización, y sería que la FSSPX bajase la guardia. Mi siempre admirada bitácora de La Honda de David ya explicó, con esa visión centrada en las cosas últimas que le caracteriza, la situación: “La FSSPX es sin duda una obra querida por Dios y diría que tiene un alcance escatológico (el que quiera entender que entienda). No es pues un grupo más entre otros.” En otra entrada de La Honda de David se lee: “[…] la vocación de la FSSPX ha de seguir siendo la de alimentar a sus fieles en el desierto (Ap 12, 14)”. Habría que decirle a La Honda de David, no obstante, que se podrían –sin mucha dificultad creo yo- llegar a retoques del Preámbulo; y en la red ya parece haber alguna confirmación de algo al respecto. Pero dicho lo anterior, con acuerdo o sin acuerdo, la vocación esjatológica de la FSSPX es, precisamente, la que señala La Honda de David: alimentar a sus fieles en el desierto. Caso de llegarse a un acuerdo el peligro acecharía en bajar la guardia, en no entender que la misma misión de apostolado sigue existiendo, en pensar que la misión principal ya no es tan importante. ¡Es exactamente la misma! Sólo que ahora desde dentro. Ni más ni menos. ¡Líbrenos Dios que estos Sacerdotes, y los que de ellos hemos recibido el maná celestial tantas veces, cejemos en alimentar los fieles en el desierto! Por cierto, ¿consideramos tanto como debemos la cantidad de “fieles en el desierto” que existen dentro de la Iglesia oficial? Con acuerdo, guste o no, el número de fieles en el desierto que alimentar va a aumentar. Cuando veo Sacerdotes jóvenes, que jamás han conocido la Tradición, pequeños grupos aquí y allá que se acercan a la Tradición, ricos en frutos, sé que esto no puede venir de ser humano alguno y tiene que venir del Espíritu Santo. ¿Quién se compadecerá de esta gente sedienta de un Depósito de la Fe sin mancha? ¿Quién, sino la FSSPX, podrá aglutinar a todos estos tradicionalistas dispersos? En tercer lugar, a renglón seguido de lo anterior, permítaseme un símil, aunque éste puede que no sea del todo perfecto. Supongamos que una ciudad amurallada es tomada por unos usurpadores que no tienen derecho ninguno y echan a los legítimos propietarios, que viven dentro. Supongamos que estos usurpadores tienen graves disensiones entre sí. Encima esos invasores tienen una crisis demográfica de proporciones inauditas. Los legítimos propietarios acampan a la sombra de las murallas, justo en el exterior, donde son más o menos tolerados, pero de mala gana, por los vencedores; pero no pueden hacer nada para reclamar su feudo. Ante tal coyuntura los usurpadores deciden invitar a los legítimos propietarios a que entren dentro de su ciudad, no por la puerta de adelante, sino por la de atrás, y a que tomen reposesión si no de todas, sí de algunas de sus casas. Y les garantizan inmunidad dentro de la ciudad. Pregunto: ¿sería lícito negarse a re-entrar y reclamar lo que les pertenece por el mero hecho de que sólo les dejan entrar por la puerta de atrás?
Finalmente una palabra acerca del Santo Padre. No sé si los tradicionalistas somos conscientes de los muchísimos escollos que ha tenido que vencer el Papa para conseguir una situación para la Tradición que hace 10 ó 15 años hubiera sido impensable. Ha comprado a precio de su propio sufrimiento una situación mucho más desahogada para la Tradición. De igual modo que Su Santidad desactivó trampas mortales –porque no sé qué hubiera sido de la Tradición si el Papa hubiera continuado el status quo de Juan Pablo II-, quizás pueda ayudar también a desatar el actual nudo gordiano. Quizás el Vicario de Cristo en la tierra, si quiere, una vez más, pueda solucionar de un plumazo todo. Potestas ciertamente tiene. Auctoritas también. En su mano está.
Ubi Petrus ibi Ecclesia. Porque entiendo que el tradicionalista de buena fe, Obispo, Sacerdote o seglar, lo es para ser más romano. No para ser menos romano.
Estos dimes, estos diretes, estos pataleos, estos decibelios … me suenan a querellas de amantes que, en el fondo, verdaderamente se quieren.

Rafael Castela Santos

7 comentários:

Miles disse...

Caro amigo, artigo simplesmente brilhante que, no essencial, reflecte o que eu próprio penso sobre o assunto. Um grande abraço!

Anónimo disse...

¿Qué quisiste decir?. Ni tú te entendiste.

Toda la perorata que escribiste, confundida y confundiendo...

Bien se puede leer este bodrio y no leerlo, da igual.

O sofrologista católico disse...

Existem duas formas de destruir a misericórdia: eliminando o pecado e eliminando o perdão. Estas são precisamente as duas atitudes mais comuns nos dias que correm. Numa enorme quantidade de situações não se vê nada de mal. Naquelas em que se vê, não há desculpa possível. As acções do próximo ou são indiferentes ou intoleráveis. O que nunca são é censuradas e perdoadas. O que nunca se faz é combinar o repúdio do pecado com a compaixão pelo pecador.

Radio Cristiandad disse...

Lamento que su información sea parcial en muchos aspectos. En lo que me toca debo dejar en claro que Radio Cristiandad no es sedevacantista. Por el contrario, podrá encontrar en nuestro sitio varios estudios contrarios a la posición sedevacante.
Por otro lado, Radio Cristiandad, fue censurada, bajo acción penal de la FSSPX sobre la Carta del P. Bouchacourt.
Es importante que lo deje claro.

Fabián Vázquez
Director
Radio Cristiandad

Juan Fco. Cornejo disse...

Y que esperabas?

Sabes el calificativo y el pecado en que incurren aquellos que publican cartas de caracter privado?

Vieja cahuinera es poco decir.

Jordi Morrós Ribera disse...

Tengo que manifestar que me ha gustado el escrito, pero que en cambio no me gusta lo más mínimo el título del blog del cual se ha extraído:

"Blogue católico tradicional, antimodernista e antiprogressista".

Cuando una persona tiene la necesidad de definirse como "anti" algo (y me es igual que sea "antimodernista", "antifascista" o "anticomunista") siempre pienso que detrás hay algún tipo de carencia de espíritu positivo.

Anónimo disse...

Magnífico análisis.

Felicitaciones

Luis María (Bs.As.)