sábado, março 30, 2013
sexta-feira, março 29, 2013
A Paixão de Cristo meditada pelo Padre Leonardo Castellani
El viaje de Jesus hacia el Calvario
Alrededor de las doce del día fue Nuestro Señor
crucificado; y murió alrededor de las tres de la tarde.
Cuando le anunciaron la muerte, Pilatos se
extrañó de lo pronto; mejor podría haberse extrañado que no hubiese muerto
antes.
Tres veces cayó bajo la Cruz, según la
Tradición, en el empinado camino que, desde hace veinte siglos, llamamos la Vía
Dolorosa; la Tradición también nos ha transmitido el episodio de la compasiva
mujer Berenice, que llamamos la Verónica; y los Evangelios nos narran el breve
diálogo con un grupo de mujeres solimitanas, llorando ellas y amonestando El; y
la ayuda forzada del hombre de Cirene, Simón,
a quien obligaron a llevar por un trecho la cruz. Tan rendido aparecía
Cristo que los verdugos temieron muriese en el camino: el infierno quería su
plan, quería su presa: los judíos querían un Crucificado no un muerto de
cansancio. Muchos azotes y golpes recibió sin duda al detenerse o al caer,
antes de llegar a la cima de aquella loma.
Allí lo desnudan y lo clavan con cuatro garfios
en una cruz de cuatro brazos; había también cruces en forma de T y en forma de
X; pero sabemos que esta era una cruz “inmíssa”; porque sobre la cabeza de
Jesús había un letrero ordenado por Pilatos que decía en arameo en griego y en
latín: “El Rey de los Judíos”.
La cruz era un suplicio atroz: ya el traspasar
con clavos la delicada estructura huesosa de las manos y de los pies, es algo
diabólico; pero poner después el cuerpo suspendido y tirando por su peso desas
cuatro heridas, es algo indecible. La cruz era un suplicio satánico.
Satanás existe. La crueldad llevada a esos
extremos no está en la condición natural del hombre. Hay en la historia del
hombre muchas cosas que non son humanas (y que por cierto parece andan
resucitando en nuestros días), que parecen indicar una inteligencia fría como
el hielo y terriblemente enemiga de la natura humana. Esos suplicios atroces,
la cruz, el empalamiento, el reventar los ojos o cortar las manos, habían sido
inventados en el Oriente, en medio del culto de los ídolos, que era el culto de
los demonios; no digamos nada de los sacrificios al dios fenicio Baal - Molock,
en que se arrojaban niños vivos en un boquerón de bronce candente; con razón el
pueblo de Israel tenía horror a los pueblos convecinos. Los Romanos al comienzo
fueron un pueblo sobrio, sensato y sano; y eso los llevó a la grandeza; pero ya
en tiempo de Cristo habían comenzado los sangrientos juegos del anfiteatro y
habían tomado de los persas el suplicio de la cruz, prohibiendo empero se
aplicara a ningún ciudadano romano. Más tarde cayeron más bajo, en las 10
persecuciones a los cristianos, que duraron tres siglos y fueron realmente
satánicas. Después se quebró y pereció el Imperio de Julio César.
“Eso nos es Humano”, decimos nosotros; y
decimos más de lo que sabemos. No es bestial tampoco; es superhumano y
superbestial.
“Soy gusano y no hombre”.
“Los que pasaban se burlaban de mí, y me hacían
visajes: ha creído en Dios y Dios lo abandona; si Dios lo ama, que lo salve”.
“Traspasaron mis manos y mis pies y se pueden
contar todos mis huesos”.
Los profetas se habían quejado ya por Cristo;
pero Cristo debía hablar también, y habló como quien era. Colgado atrozmente de
cuatro heridas, febriciente y agotado, el extraordinario moribundo dijo siete
palabras divinas, que fueron su testamento. Las tres primeras fueron para los
demás, para dar todo lo que le quedaba; las otras fueron acerca de sí mismo,
para acabar su misión en la tierra, lo cual también era dar. Perdonó a todos, a
sus verdugos, al Buen Ladrón en la cruz; y entregó a su misma Madre al
discípulo Amado, y en él a todos nosotros: dio la redención al mundo, el
paraíso inmediato a un pecador, su Madre Santísima a toda la Humanidad; y
después tuvo sed.
“Padre, perdónalos, no saben lo que hacen”.
“Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”.
“Mujer, he ahí a tu hijo. Esa es tu madre”.
Después dijo “Tengo sed”: la fiebre lo
consumía. Le dieron con una esponja en una caña vinagre mezclado con mirra,
sustancia amarga, que antes de la Crucifixión Jesús no quiso tomar, porque
embotaba los sentidos de los reos; y aquí no hizo más que probar; para que se
cumpliera lo dicho por el profeta David: “Me dieron hiel de comer; y en mi sed
me abrevaron con vinagre”.
El sol se había oscurecido en medio del día,
probable mente después de la tercera palabra, y las tinieblas cubrieron la tierra
durante tres horas, imagen de la desolación del alma de Cristo y la de su
Madre.
No podía haber eclipse en ese día y hora, pues
era luna llena, el 15 de Nisán, y la luna estaba por tanto frente al sol y no
interpuesta entre el sol y la tierra; de modo que, según la leyenda cristiana,
un sabio Senador de Atenas, que fue más tarde san Dionisio Aeropagita, exclamó
al ver ese eclipse imposible: “O un Dios padece, o la máquina del mundo perece”.
En medio de la oscuridad, Cristo exclamó de
nuevo: “Todo se ha cumplido” o “Está hecho” con una sola palabra griega “Teleéstathai”;
y después dijo en arameo, la lengua común: “Eli, éli, lachma sabachtáni” de las
cuales se burló un burlón de los que allí estaban burlándose villanamente sin
cesar de los dolores ajenos: “A Elías llama éste, vamos ver se viene Elías a
salvarlo”; más él y todos los demás entendieron perfectamente: “Mi Dios, mi
Dios ¿por qué me abandonaste? que es el comienzo del Psalmo 21; y es como un
resumen lírico de toda la vida y la pasión de Cristo.
Esta palabra expresa la tremenda desolación del
alma de Cristo, comparable al mismo infierno; pero no es una palabra de
desesperación y derrota, como dicen algunos impíos actuales; al contrario, el Psalmo
21 de David, que es una sorprendente profecía de la Pasión de Cristo, termina
con un grito de consuelo y esperanza. Cristo probablemente recitó en voz baja
todo el Psalmo, diciendo en voz alta solamente el primero hemistiquio, el cual
conecta esta sexta palabra con la anterior: “Hecho está”; donde dijo que su
misión redentora estaba hecha y todas las profecías perfectamente cumplidas.
“Mi Dios mi Dios ¿por qué me abandonaste?”
“Lejos de Ti mi grito y mi plegaria…”
El Psalmo en sus dos terceras partes describe
la situación deste Crucificado, asombrosamente identificado; por las burlas
blasfemas de los judíos (“confió en Dios, que Dios lo libre”) la sed que le
quema las fauces (“seca está como teja mi garganta”) sus vestidos repartidos
por los soldados (“echaron a las suertes mis vestidos”) y sobre todo la frase
inconfundible: “Traspasaron mis manos y mis pies”; mezclado todo esto con
frases de casi frenética esperanza; una mezcla de horror y de consuelo.
“pero yo soy gusano no soy hombre…
burla del pueblo escarnio de la plebe
estoy entre animales, toros bravos
entorno; y el léon de fieras fauces.
Libra Señor mi vida de la espada
mi túnica de las garras de los perros…”
En medio destas quejas suena al mismo tiempo
como en un contrapunto la esperanza, como un violín de doble cordaje:
“En ti esperaron nuestros padres
Esperaron y los libraste
Llamaron y quedaron salvos
No quedaron avergonzados.
En tus manos desque nací
Desde el Seno Materno estoy en Ti
Anunciaré tu nombre a mis hermanos
En las reuniones te engrandeceré
Te he de alabar en la nutrida iglesia
Ante los tuyos mis votos daré…”
En el último tercio desta patética oración, se
anuncian los frutos: la creación de la Iglesia, la conversión de las Gentes y
el “pueblo nuevo” que ha de nacer; y termina el poema de David, diciendo:
“Estas cosas es Dios quien las ha hecho”.
Al terminar de repasar este resumen de su vida,
con voz alta y muy fuerte clamó Cristo: “Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu”; y reclinando la cabeza, entregó el
espíritu. No es un desesperado este hombre: el Centurión romano, que lo vio
todo, exclamó “Realmente este hombre era Hijo de Dios”.
Se acabó la Redención del hombre. La luz
volvió. Y el sol iluminó al lado de la Cruz a una mujer de pie, la Madre de
Dios; a otra mujer prostrada a sus pies, María Magdalena, símbolo de la
humanidad pecadora; y a pocos pasos el apóstol san Juan, símbolo de la
humanidad inocente.
A cierta distancia de allí, aterradas y
llorosas, estaban las Santas Mujeres y José de Arimatea.
Padre Leonardo Castellani, in “El Rosal de
Nuestra Señora”, Buenos Aires, Ediciones Nuevas Estructuras, 1964 - páginas 83
a 89.
quinta-feira, março 28, 2013
Ao Supremo Capitão caído em batalha
A impressionante cerimónia
do “arrastre de caudas” realizada todos os anos, na Quarta-Feira Santa, na Sé
Catedral de Quito, no Equador. Mais pormenores aqui.
terça-feira, março 26, 2013
Acerca do salário justo
As recentes declarações públicas
do Primeiro-Ministro Passos Coelho, do seu conselheiro económico António Borges
e de Belmiro de Azevedo, as dos dois primeiros defendendo a necessidade de se
manter o salário mínimo no seu actual patamar (na certeza de que o ideal até
seria reduzi-lo) e a do terceiro não vislumbrando qualquer espécie de problema numa
economia assente na mão-de-obra barata, não podem estar mais afastadas do ideal
social cristão. De facto, tais declarações, propugnando políticas que reduzem
com perversidade o trabalho a um mero factor de produção, que promovem o seu esmagamento
em benefício do capital e que propõem a concomitante transferência de
rendimentos das classes popular e média para a classe plutocrática, contrariam
em absoluto a doutrina católica tradicional sobre esta matéria.
Ora, tendo sempre bem presente
que na mesma doutrina católica tradicional o não pagamento do salário justo ao
trabalhador é um dos quatro pecados de bradar ao Céu (verdade tão esquecida,
como tantas outras, num país onde a maior parte da população continua a
declarar-se nominalmente católica, mas também a ignorar quase tudo acerca da religião
que diz professar), convém recordar qual seja esse conceito de salário justo
nas palavras sábias que abaixo se transcrevem do Padre Júlio Meinvielle,
notável estudioso desta temática, com vista a uma profunda reflexão da
corrente situação nacional.
***
Ante todo, hay que
recordar que el derecho del obrero al justo salario es uno de los derechos más
sagrados. Oíd cómo habla el apóstol Santiago (V. 1-6):
"Ea -dice- ricos,
llorad, levantad el grito en vista de las desdichas que han de sobreveniros".
2. Podridos están
vuestros bienes y vuestras ropas han sido roídas de la polilla.
3. El oro y vuestra
plata se han enmohecido; y el orín de estos metales dará testimonio contra vosotros
y devorará vuestra carne como un fuego. Os habéis atesorado ira para los
últimos días.
4. Sabed que el jornal
que no pagásteis a los trabajadores que segaron vuestras mieses está clamando
contra vosotros, y el clamor de ellos ha penetrado los oídos del Señor de los
ejércitos.
5. Vosotros habéis
vivido en delicias y en banquetes sobre la tierra, y os habéis cebado a
vosotros mismos como las víctimas que se preparan para el día del sacrificio.
6. Vosotros habéis
condenado al inocente, y le habéis muerto sin que os haya hecho resistencia alguna".
Así hablaban los apóstoles
condenando la explotación del pobre; nadie se extrañe pues, de oír palabras de
dura condenación para el monstruo capitalista que se ha emborrachado y se
emborracha con el sudor del jornalero.
¿Qué se entiende por
justo salario debido al obrero, o mejor: ¿cuál es el salario mínimo cuyo límite
no se puede en ningún caso rebajar sin cometer una flagrante injusticia?
León XIII y Pío XI han
determinado la cuestión en forma tan acabada, que no permite enunciar nada
nuevo al respecto.
El trabajo -sobre todo
en el obrero y empleado- es el ejercicio de la propia actividad enderezado a la
adquisición de aquellas cosas necesarias para los varios usos de la vida, y
principalmente para la propia conservación.
El hombre que emplea
su trabajo vive de su trabajo: tiene derecho a una existencia humana, digo más:
tiene derecho a una existencia humana y cristiana. No se le puede utilizar como
una máquina o como una mercancía o como un burro de carga o simplemente como un
animal elegante. Por tanto, si trabaja, esto es: si emplea sus fuerzas en lo de
otro hombre, tiene derecho a que éste le proporcione los recursos necesarios
para una vida humana, digna del hombre.
Una vida humana: por
tanto, lo necesario al menos para el sustento propio de un obrero frugal y de
buenas costumbres (León XIII) y la de su familia (Pío XI). Porque es humano,
esto es: propio del hombre, vivir él y vivir en familia con la mujer y con los
hijos. El salario familiar absoluto se le debe a todo trabajador. El jefe de
familia es una sola cosa, un solo ser con su esposa y con sus hijos. A él
incumbe sustentarlos. Mientras la mujer y los hijos tengan hambre, es el padre
quien sufre y siente el hambre. Por esto dice S. S. Pío XI: "es un crimen abusar
de la edad infantil y de la debilidad de la mujer; es gravísimo abuso que la
madre (lo mismo dígase de la niñez que vaga en la venta callejera) se vea
obligada a ejercitar un arte lucrativo, dejando abandonados en casa sus
peculiares cuidados y quehaceres, y sobre todo la educación de los hijos
pequeños".
Obsérvese que el
salario familiar, como salario mínimo, se le debe a todo obrero, aunque sea
soltero, porque es el salario humano, que se le debe como a hombre. Si no se
casa, es asunto que sólo a él le interesa. El empresario le debe el salario
humano, que es, al menos, el salario familiar.
Una vida humana: pero
no es vida humana la que no tiene más que lo estrictamente necesario para el
sustento de cada día, la que no puede ahorrar en previsión del mañana. Luego el
justo salario reclama algo más de lo estrictamente necesario para el sustento
diario de la familia. De aquí que Pío XI diga que "ayuda mucho al bien
común que los obreros y empleados lleguen a reunir poco a poco un modesto
capital mediante el ahorro de alguna parte de su salario, después de cubiertos
los gastos necesarios".
En el mínimo salario
justo se incluye además un tratamiento humano y cristiano. Tratamiento humano:
"y por esto débese procurar que el trabajo de cada día no se extienda a
más horas de las que permiten las fuerzas. Cuánto tiempo haya de durar este
descanso, se deberá determinar teniendo en cuenta las distintas especies de
trabajos, las circunstancias de tiempo y de lugar y la salud de los obreros mismos".
(León XIII).
Tratamiento humano:
por esto entiendo que se ha de reprobar la división de trabajo impuesta por la
"taylorización". No es tolerable que el hombre se someta a la
repetición maquinal, automática, de un mismo gesto, sin iniciativa propia. El
hombre no es, como se imaginaba y decía Taylor, un hombre buey. Tiene derecho a
la nobleza humana.
Tratamiento, además de
humano, cristiano. Porque como el obrero ha sido rescatado por Cristo, y es amado
por Cristo de modo especial, ya que también El fué obrero, tiene derecho a que
se le considere como cristiano y se le den las facilidades para que cumpla con
sus deberes religiosos y santifique los días del Señor.
El salario mínimo
explicado no se le puede negar por ningún motivo y en ningún caso, aunque su
negación la autorizase la legislación civil. "Si acaeciese alguna vez
-dice León XIII- que el obrero obliga- do de la necesidad o movido del miedo de
un mal mayor, aceptase una condición más dura, que contra su voluntad tuviera
que aceptar por imponérsela absolutamente el amo o el contratista, sería eso
hacerle violencia, y contra la violencia reclama la justicia". (León
XIII). No faltan ahora, con la desocupación, quienes explotan la poca demanda
de brazos para remunerar injustamente el trabajo del operario. Abuso pernicioso.
Si una empresa no tiene recursos para pagar el salario debido, tampoco puede
exigirle un trabajo ordinario. Sólo le puede exigir el trabajo que le remunera.
Si disminuye el salario debajo de lo justo, disminuya en igual proporción la
cantidad de trabajo.
Hasta aquí hemos
tratado de determinar rápidamente el salario mínimo, cuyo límite no se podrá
rebajar sin una funesta violación de la estricta justicia.
¿Se contentará con
esto un empresario? De ningún modo. Como lo dice el Código de la Unión Internacional
de Estudios Sociales de Malinas: "El salario mínimo no agota las
exigencias de la justicia. Por encima del mínimum, diversas causas principales
importan, sea por justicia, sea por equidad, una mejora. Así, p. ej. una
producción más abundante o la prosperidad más o menos grande de la empresa,
exigen un aumento en el salario. Además que ha de existir una jerarquía en los
salarios, según la función económica que se desempeñe. No es justo que el
trabajo del picapedrero sea igualmente remunerado que el del electrotécnico".
Padre Júlio Meinvielle, in "Concepción Católica de la Economía", Buenos Aires, Cursos de Cultura Católica, 1936 - páginas 29 a 31.
quarta-feira, março 20, 2013
"Los Papeles de Benjamín Benavides", de Leonardo Castellani - leitura absolutamente obrigatória!
Está de parabéns a “Homo Legens”, que tão relevantes serviços tem
prestado à cultura católica em terras espanholas e não só, pela publicação de
“Los Papeles de Benjamin Benavides”, do Padre Leonardo Castellani, obra que
surge agora pela primeira vez no país vizinho e com o atractivo suplementar de
a presente edição ser prefaciada por Juan Manuel de Prada.
De
“Los Papeles” direi “apenas” que é o meu livro preferido de autoria de
Castellani: a ele retorno com frequência e a cada regresso descubro novas coisas
para ponderar e reflectir. Autêntica obra-prima, escrita com notável erudição
sem prejuízo de ser de leitura simplicíssima, nesta o ilustre sacerdote
argentino debruça-se sobre aquele que foi o seu tema favorito de estudo
ao longo da sua vida - o Apocalipse de São João.
Através
de um conjunto de diálogos em que a personagem central é Don Benya ou Benjamín
Benavides, extravagante sábio católico espanhol com raízes judias sefarditas, Castellani
sustenta de modo mais do que convincente ser o Apocalipse um livro
simultaneamente retrospectivo e prospectivo, no qual é narrada e/ou prevista
toda a História da Igreja até ao final dos tempos, os quais serão consumados
com a segunda vinda de Cristo à Terra (verdade de fé tão esquecida nos dias de
hoje por quase todos os que se dizem crentes - “Et iterum venturus est cum
gloria”, reza-se no “Credo”).
Leitura
mais do que recomendada, leitura absolutamente obrigatória!
***
Vivir en tiempo
futuro
Hace cinco años
aproximadamente publiqué en esta misma revista un artículo titulado Las gafas
de Castellani, en el que narraba con alborozo el descubrimiento de un escritor
argentino, Leonardo Castellani (1899-1981), cuya lectura me había dejado una
profunda huella. O quizá sea más apropiado decir profunda herida: porque
Castellani no solo me pareció un escritor muy dotado, con un estilo entre
quijotesco y montaraz que no se parecía a ningún otro que hubiese leído antes,
sino que transformó y trastornó por completo mi forma de ver las cosas, mi
forma de vivir mi propia vocación literaria y mi fe religiosa. Hay escritores
que, en coyunturas determinadas de nuestra existencia, ensanchan nuestro
horizonte vital; y así me ocurrió a mí con Castellani, al que le había sido
concedido el doloroso don de mirar más adentro y más allá de la apariencia de
las cosas; y a quien, ya en vida, se le condenó al ostracismo. «Los hombres que
viven en tiempo presente escribió en cierta ocasión rechazan instintivamente
hacia la soledad al que vive en tiempo futuro». En medio de este rechazo y
soledad vivió Castellani: rechazo que, en muchos momentos de su vida, fue
auténtico calvario, y casi muerte civil.
Aquel artículo
que publiqué hace cinco años cayó en las manos de un editor magnífico y una de
las personas más nobles que he conocido en mi vida, Carmelo López-Arias, que me
invitó a publicar un libro de Leonardo Castellani en la editorial en la que
trabaja, LibrosLibres. Lo titulamos Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo
XXI; y, sorprendentemente, se vendió más que bien, lo que después me permitiría
publicar otras obras del mismo autor: Pluma en ristre (otra selección de
artículos), El Evangelio de Jesucristo (comentarios sabrosísimos a las lecturas
dominicales del Evangelio) y El Apokalypsis de San Juan (una exégesis del
último libro del Nuevo Testamento). Durante todos estos años, el rescate de
Leonardo Castellani ha sido motor principalísimo de mi vida, algo que ni siquiera
las personas más allegadas a mí han comprendido del todo, porque en mi tozudez
proselitista había algo de inmolación. Pero hay cosas que uno no hace porque
quiera, sino porque sabe que tiene que hacerlas; y sabe también que si no las
hace tendrá algún día que rendir cuentas por ello.
Ahora concluyo
esta labor de rescate publicando Los papeles de Benjamín Benavides (Homo
Legens), tal vez la obra más representativa del genio castellaniano, una suerte
de novela de tesis que participa del diálogo platónico, la sátira de costumbres
y hasta de la intriga policial, cuyo protagonista, el Benjamín Benavides del
título un trasunto evidente del propio autor, discute con un grupo de amigos
variopintos las profecías del Apocalipsis. A simple vista, parece una obra escrita
a salto de mata que entreteje, con evidente falta de unidad académica,
fabulaciones de índole peregrina; pero, poco a poco, emerge de su lectura una
visión abarcadora de la Historia humana (y de su vida futura, más allá de este
'valle de lágrimas') cautivadora. Y, en momentos tan críticos y sombríos como
los que vivimos, especialmente dilucidadora y esperanzada.
Castellani habla
en Los papeles de Benjamín Benavides de asuntos sobre los que la cultura de
nuestro tiempo ha echado siete candados; y que hasta los propios cristianos han
dejado de 'imaginar'. Pero, como en algún pasaje de la obra observa su autor,
toda esperanza verdadera se apoya en el pedestal que la imaginación le presta:
si no podemos hacernos una idea concreta de lo que esperamos, tendemos a
expulsarlo de nuestra mente. Desde hace ya bastante tiempo, se está haciendo un
esfuerzo -silencioso pero implacable- que consiste en retirar poco a poco todos
los apoyos sobre los que la imaginación popular sostenía su creencia en una
vida futura; y así, cegadas todas las salidas por donde el creyente buscaba
concebir su destino último, la esperanza acaba marchitándose y siendo
ensordecida por «una manga de profetoides, de vaticinadores y cantores del
progresismo y de la euforia de la salud del hombre por el hombre». Pero no hace
falta sino mirar en derredor para descubrir que todas las promesas de
consecución del paraíso en la Tierra que nos hicieron los 'cantores del
progresismo' se han revelado falsas y frustrantes. Castellani, que vivía en
tiempo futuro, nos devuelve en Los papeles de Benjamín Benavides, con la vista
siempre clavada en el horizonte escatológico, el verdadero sentido de la
esperanza cristiana. Inevitablemente, se lo hicieron pagar con creces.
terça-feira, março 19, 2013
Semper Idem
O meu amigo Afonso Miguel está de volta ao bom combate no seu “Semper Idem”: um blogue que recomendo, a visitar e a seguir.
segunda-feira, março 18, 2013
Razões de moderada esperança
Agora que a
confusão emocional dos últimos dias abrandou e a poeira começa a assentar, ainda
não vi nenhum espaço, dos poucos que estariam em condições de o fazer, abordar
este ponto: sendo jesuíta e argentino, o Papa Francisco há-de saber bem quem
foi o Padre Leonardo Castellani e conhecer melhor a fabulosa obra literária deste.
Será provável até que os dois se hajam cruzado pessoalmente por mais de uma vez
num muitos dos eléctricos ou autocarros de Buenos Aires. Ora, um conhecedor da
obra de Castellani, sentado no Trono de São Pedro, sob o influxo do Espírito
Santo, poderá agir no mínimo de modo interessante e no máximo de forma
explosiva em defesa da ortodoxia católica, ainda que esse conhecedor tenha respondido anteriormente pelo nome de Cardeal Jorge Mário Bergoglio…
Convirá
sublinhar, no que concerne à obra de Castellani, que um dos seus temas centrais
é o combate ao farisaísmo no interior da Igreja, entendido este como um burocratismo
religioso, um eclesiocratismo desapiedado e desalmado que obnubila o sentido da
fé e subverte a função religiosa, transformando-a numa mera, fria, calculista e
até rentável actividade profissional, em parte não despicienda responsável pela
apostasia das sociedades contemporâneas.
A este
respeito, curiosamente ou não, coincidência ou não, as primeiras intervenções
públicas do Papa Francisco parecem ir no sentido de dar combate a um certo
espírito farisaico que quase eliminou o sentido mais profundo do religioso no
Catolicismo institucional, que se arraigou profundamente no seio do aparelho
dirigente da Igreja e que perturbou tanto quanto pôde, em defesa dos seus
mesquinhos interesses, o pontificado do Papa Bento XVI. Neste contexto,
percebem-se as advertências bem justificadas de Francisco de que a Igreja não pode
ser uma ONG de cariz filantrópico ou humanitário, sendo antes a sua missão anunciar
a Cristo. E compreendem-se também melhor as referências a uma Igreja pobre (que
não uma Igreja minimalista, miserável ou paupérrima), que suponho poderem
interpretar-se no sentido de que a Igreja não pode nunca deixar acomodar-se ao
mundo à maneira dos fariseus; pelo contrário, a Igreja não deve ter medo de se de
expor, de proclamar em público Cristo e as verdades de fé e moral por Ele reveladas
contra os disparates do mesmo mundo.
Por tudo isto,
até ver, creio existirem razões de moderada esperança. Continuemos a rezar pelo
Papa Francisco.
***
- El fariseísmo viene a ser como…
los fariseos son “religiosos professionales”… como el profesionalismo de la
religión - dije -, recordando una frase de Gustavo Thibon.
- Ése es solamente el primer grado
del fariseísmo, en todo caso - reflexionó el viejo -. A ver si podemos
describirlo por sus grados:
El primero: La religión se vuelve meramente
exterior…
El segundo: La religión se vuelve
profesión, métier, gagne-pain.
El tercero: La religión se vuelve
instrumento de ganancia, de honores, poder o dinero.
- ¡Es como una esclerotización del
religioso, un endurecimiento o decaimiento progresivo! - saltó el teólogo.
- Y después una falsificación,
hipocresía, dureza hasta la crueldad… - dije yo.
- Jesucristo en el EVANGELIO condenó
a los fariseos- machacó fray Florecita - y con eso basta.
El judío se había quedado como absorto.
Después prosiguió con una voz hueca y ronca…
- Yo temblo de decir lo que oso
apenas pensar… Mi corazón tiembla delante de Dios como una hoja de árbol al
pensar en el misterio del fariseísmo. Yo no puedo indignarme como el Divino
Maestro; yo, miserable gusano, le tengo miedo - y de hecho se estremeció
bruscamente todo su cuerpo, y dos lágrimas asomaron a sus ojos.
- Los otros grados - prosiguió - ya
son diabólicos. El corazón del fariseo primero se vuelve corcho, después
piedra, después se vacía por dentro, después lo ocupa el demonio. “Y el demonio
entró en él”, dice Juan de Judas.
El cuarto: la religión se vuelve
pasivamente dura; insensible, desencarnada.
El quinto: la religión se vuelve
hipocresía: “el santo” hipócrita empieza a despreciar y aborrecer a los que
tienen religión verdadera.
El sexto: el corazón de piedra se
vuelve cruel, activamente duro.
El séptimo: el falso creyente
persigue de muerte a los veros creyentes, con saña ciega, con fanatismo
implacable… y no se clama ni siquiera ante la cruz ni después de la cruz… “Este
impostor dijo que al tercer día iría resucitar”; de modo que, oh Excelso
Procurador de Judea… Guardias al sepulcro.
Leonardo Castellani, in “Los Papeles
de Benjamín Benavides”, Madrid, Homo Legens, 2012, páginas 278 e 279.
quinta-feira, março 14, 2013
Papa Francisco
De um ponto de vista católico
tradicional, que é aquele de que me reclamo, mentiria se dissesse que a eleição
do Cardeal Bergoglio como Papa Francisco era a que esperava e desejava ou
que a mesma me deixou contente; não era, nem deixou e não passo um pano, como se nada fosse, sobre aquilo que aqui escrevi após a abdicação de Bento XVI.
Confesso que deste novo
pontificado não aguardo nada de especialmente positivo; o passado do
recém-eleito Papa como bispo portenho faz-me temer e recear o pior. As minhas
expectativas são nulas, o que afinal até é capaz de ser uma vantagem
comparativa na forma de encarar Francisco I: a actuação deste será
insusceptível de me causar desilusões (o que poderia ocorrer se diversa fosse a
pessoa que tivesse ascendido ao Trono de São Pedro); por outro lado, qualquer
bem que daquela mesma actuação decorra será sempre um proveito a favor do novo
Bispo de Roma.
quarta-feira, março 13, 2013
Não lhes bastaram cinquenta anos ?!
Ontem, ao princípio da tarde, o restaurante onde almocei tinha a televisão sintonizada na RTP. Por mero acaso, ao espreitar para o ecrã, verifiquei que estava sendo transmitida de Roma uma peça noticiosa sobre o Conclave em curso: sem grande matéria para desenvolver (neste campo bem específico, é muitíssimo preferível acompanhar a cobertura noticiosa do Conclave com quem realmente percebe do assunto, isto é, com os nossos amigos do “Rorate Caeli” e do “Fratres in Unum”), a jornalista responsável entrevistava em reportagem um grupo de religiosos portugueses residentes na capital do Catolicismo. Um deles, não percebi bem se jesuíta ou candidato a jesuíta - pobre Companhia de Jesus! -, trajado com uma camisola à Evo Morales (nada tenho contra estas camisolas… nos leigos), perguntado acerca do que espera do novo Papa, respondeu com o ar falsamente angelical, entre o alvar e o alarve, tão característico dos progressistas - Que aplique o Concílio Vaticano II!
Pensei para comigo - Esta malta é insaciável! Não lhes bastaram cinquenta anos de experiências?! Ainda querem mais?! - Como é óbvio, no jargão peculiar que utilizam, aplicar o Vaticano II significa simplesmente subverter de cima a baixo a Igreja - que odeiam - e erradicar por completo a tradição católica. Hermenêutica da ruptura em estado quimicamente puro, portanto!
E voltei a reflectir, ainda sopesando as palavras do jesuíta ou candidato a tal - Que espero eu do novo Papa? Bom, que aplique os restantes vinte Concílios Ecuménicos da Igreja, em especial, os Concílios de Trento e Vaticano I!
terça-feira, março 12, 2013
segunda-feira, fevereiro 25, 2013
O caso D. Carlos Azevedo
Acerca do caso envolvendo D. Carlos Azevedo - que já ganhou relevância internacional -, concordo com o Padre Nuno Serras Pereira: até prova em contrário, a prudência manda presumir inocência. Trata-se de um caso clássico de palavra do acusador contra a do acusado, no qual a prova é sempre muito difícil de ser feita e em que, dependendo das simpatias ou antipatias pessoais que os envolvidos nos mereçam, a tendência natural é crer na palavra de um ou de outro.
Por mim, após haver lido a reportagem da “Visão”, que quanto a factos concretos é efectivamente muito pobre, fico até convencido de que a sua publicação - numa revista de notória inspiração mundialista e jacobina, sublinhe-se - só foi possível por o seu autor, revelando a ignorância característica dos jornalistas em matéria religiosa, ter partido da suposição errónea de que D. Carlos Azevedo seria um bispo conservador.
Ora, D. Carlos Azevedo não é um bispo conservador, muito pelo contrário é um progressista e bem radical, como se pode comprovar pela leitura destes três artigos (I, II e III) publicados neste espaço. Assim, é notório que o tiro acaba por sair pela culatra à “Visão”, que com tal reportagem terá eliminado definitivamente as hipóteses que ainda restariam ao mesmo D. Carlos Azevedo de vir a ser o futuro Patriarca de Lisboa (cargo para o qual, pela sua postura doutrinária heterodoxa, é manifesto não servir, independentemente de ser ou não homossexual e culpado ou não de assédio sexual).
domingo, fevereiro 24, 2013
terça-feira, fevereiro 12, 2013
A abdicação do Papa Bento XVI
Saio do torpor a que me remeti, fruto de um misto de cansaço decorrente de uma actividade profissional exigente e de desânimo derivado do estado de coisas do mundo que me rodeia, para escrever um breve comentário sobre a anunciada abdicação de Sua Santidade o Papa Bento XVI.
Trata-se de uma notícia que me causou, num primeiro momento, profundo espanto. Subsequentemente, deixou-me triste, muito triste, tristíssimo, com uma intensa vontade de chorar. Confesso-o. Racionalizando, é verdade que pela ordem natural das coisas, mais cedo ou mais tarde, de uma forma ou outra, este dia - o do fim do pontificado do Papa Ratzinger - acabaria sempre por chegar. Mas a sua concretização dói. Bastante.
Com Bento XVI, pela primeira em quarenta anos, a Igreja institucional deixou de ser para os católicos tradicionais, se não motivo de escândalo, pelo menos causa de perplexidade, para passar a ser também razão de legítimo orgulho. Momentos como o discurso de Natal à cúria romana, datado de 22 de Dezembro de 2005, sobre a hermenêutica da continuidade, ou a promulgação do Motu Proprio “Summorum Pontificum” ficarão como pontos altos de um pontificado que, com todas as falhas que se lhe possam apontar, inverteu uma tendência de degeneração progressista que se verificava desde os anos 60. Por isto, nesta hora, não hesito em dizer: muito obrigado, Santidade!
Quanto ao mais, o futuro próximo do Papado não se me afigura especialmente brilhante. No conclave que se anuncia participarão vários cardeais eleitores absolutamente imprestáveis, impróprios para consumo e com prazo de validade há muito esgotado: Daneels (emérito de Malines), Mahoney (emérito de Los Angeles), Bergoglio (Buenos Aires), Policarpo (Lisboa), Lehmann (Mainz) ou Meisner (Colónia). Sem pretender especular, e na certeza de que quem entra Papa num conclave sai de lá cardeal, Schönborn (Viena) será o candidato natural do progressismo. As esperanças da Catolicidade recairão sobre os ombros de Burke (Tribunal da Assinatura Apostólica) e Ranjith (Colombo), que poderão ser secundados por Scola (Milão) ou Cañizares (Congregação do Culto Divino e da Disciplina dos Sacramentos).
Repito, humanamente falando, o panorama não é brilhante; porém, a Igreja Católica é uma instituição de origem divina, com auxílios e garantias divinas. Nessa certeza, só nos resta rezar e pedir a intercessão de Nossa Senhora para que o próximo conclave, iluminado pelo Espírito Santo, tenha a capacidade de eleger um Papa que seja um autêntico defensor da ortodoxia da fé e moral católicas, venha ele de onde vier.
Enfim, para terminar, um motivo de não pequena esperança: Bento XVI continua entre nós e vai andar por aí…
quarta-feira, janeiro 02, 2013
Uma notável intervenção papal
A Mensagem de Bento XVI para a celebração do Dia Mundial da Paz de 2013 constitui, em minha opinião, uma notável intervenção papal acerca dos tempos que correm, com elementos merecedores de profunda reflexão por parte de todos os católicos. Revejo-me genericamente no teor desta mensagem, mau-grado nela subsistir a confusão pós-conciliar recorrente entre as noções de tolerância religiosa e de liberdade religiosa, e de eu preferir o conceito de Estado Social Cristão ao de Estado de Direito Democrático. Sem prejuízo, insisto, trata-se de uma grande intervenção que pode ser lida na íntegra aqui. De seguida, abaixo, respigo alguns dos seus pontos mais marcantes, sendo os destaques de minha autoria. À atenção de muitos denominados católicos portugueses - alguns até intervindo nessa condição no espaço público - que continuam a tomar por católico o que de católico nada tem e vice-versa, sufragando nessa prática os executantes de políticas profundamente anticristãs.
***
Condição preliminar para a paz é o desmantelamento da ditadura do relativismo e da apologia duma moral totalmente autónoma, que impede o reconhecimento de quão imprescindível seja a lei moral natural inscrita por Deus na consciência de cada homem. A paz é construção em termos racionais e morais da convivência, fundando-a sobre um alicerce cuja medida não é criada pelo homem, mas por Deus. Como lembra o Salmo 29, “o Senhor dá força ao seu povo; o Senhor abençoará o seu povo com a paz”.
(…)
Caminho para a consecução do bem comum e da paz é, antes de mais nada, o respeito pela vida humana, considerada na multiplicidade dos seus aspectos, a começar da concepção, passando pelo seu desenvolvimento até ao fim natural. Assim, os verdadeiros obreiros da paz são aqueles que amam, defendem e promovem a vida humana em todas as suas dimensões: pessoal, comunitária e transcendente. A vida em plenitude é o ápice da paz. Quem deseja a paz não pode tolerar atentados e crimes contra a vida.
Aqueles que não apreciam suficientemente o valor da vida humana, chegando a defender, por exemplo, a liberalização do aborto, talvez não se dêem conta de que assim estão a propor a prossecução duma paz ilusória. A fuga das responsabilidades, que deprecia a pessoa humana, e mais ainda o assassinato de um ser humano indefeso e inocente nunca poderão gerar felicidade nem a paz. Na verdade, como se pode pensar em realizar a paz, o desenvolvimento integral dos povos ou a própria salvaguarda do ambiente, sem estar tutelado o direito à vida dos mais frágeis, a começar pelos nascituros? Qualquer lesão à vida, de modo especial na sua origem, provoca inevitavelmente danos irreparáveis ao desenvolvimento, à paz, ao ambiente. Tão-pouco é justo codificar ardilosamente falsos direitos ou opções que, baseados numa visão redutiva e relativista do ser humano e com o hábil recurso a expressões ambíguas tendentes a favorecer um suposto direito ao aborto e à eutanásia, ameaçam o direito fundamental à vida.
Também a estrutura natural do matrimónio, como união entre um homem e uma mulher, deve ser reconhecida e promovida contra as tentativas de a tornar, juridicamente, equivalente a formas radicalmente diversas de união que, na realidade, a prejudicam e contribuem para a sua desestabilização, obscurecendo o seu carácter peculiar e a sua insubstituível função social.
Estes princípios não são verdades de fé, nem uma mera derivação do direito à liberdade religiosa; mas estão inscritos na própria natureza humana – sendo reconhecíveis pela razão – e consequentemente comuns a toda a humanidade. Por conseguinte, a acção da Igreja para os promover não tem carácter confessional, mas dirige-se a todas as pessoas, independentemente da sua filiação religiosa. Tal acção é ainda mais necessária quando estes princípios são negados ou mal entendidos, porque isso constitui uma ofensa contra a verdade da pessoa humana, uma ferida grave infligida à justiça e à paz.
Por isso, uma importante colaboração para a paz é dada também pelos ordenamentos jurídicos e a administração da justiça quando reconhecem o direito ao uso do princípio da objecção de consciência face a leis e medidas governamentais que atentem contra a dignidade humana, como o aborto e a eutanásia.
(…)
Entre os direitos humanos basilares mesmo para a vida pacífica dos povos, conta-se o direito dos indivíduos e comunidades à liberdade religiosa. Neste momento histórico, torna-se cada vez mais importante que este direito seja promovido não só negativamente, como liberdade de – por exemplo, de obrigações e coacções quanto à liberdade de escolher a própria religião –, mas também positivamente, nas suas várias articulações, como liberdade para: por exemplo, para testemunhar a própria religião, anunciar e comunicar a sua doutrina; para realizar actividades educativas, de beneficência e de assistência que permitem aplicar os preceitos religiosos; para existir e actuar como organismos sociais, estruturados de acordo com os princípios doutrinais e as finalidades institucionais que lhe são próprias. Infelizmente vão-se multiplicando, mesmo em países de antiga tradição cristã, os episódios de intolerância religiosa, especialmente contra o cristianismo e aqueles que se limitam a usar os sinais identificadores da própria religião.
O obreiro da paz deve ter presente também que as ideologias do liberalismo radical e da tecnocracia insinuam, numa percentagem cada vez maior da opinião pública, a convicção de que o crescimento económico se deve conseguir mesmo à custa da erosão da função social do Estado e das redes de solidariedade da sociedade civil, bem como dos direitos e deveres sociais. Ora, há que considerar que estes direitos e deveres são fundamentais para a plena realização de outros, a começar pelos direitos civis e políticos.
E, entre os direitos e deveres sociais actualmente mais ameaçados, conta-se o direito ao trabalho. Isto é devido ao facto, que se verifica cada vez mais, de o trabalho e o justo reconhecimento do estatuto jurídico dos trabalhadores não serem adequadamente valorizados, porque o crescimento económico dependeria sobretudo da liberdade total dos mercados. Assim o trabalho é considerado uma variável dependente dos mecanismos económicos e financeiros. A propósito disto, volto a afirmar que não só a dignidade do homem mas também razões económicas, sociais e políticas exigem que se continue “a perseguir como prioritário o objectivo do acesso ao trabalho para todos, ou da sua manutenção”. Para se realizar este ambicioso objectivo, é condição preliminar uma renovada apreciação do trabalho, fundada em princípios éticos e valores espirituais, que revigore a sua concepção como bem fundamental para a pessoa, a família, a sociedade. A um tal bem corresponde um dever e um direito, que exigem novas e ousadas políticas de trabalho para todos.
terça-feira, janeiro 01, 2013
O Hobbit
Vi ontem à tarde, véspera de Ano Novo. Três horas bem passadas, de boa disposição e grande espectáculo. Vale mesmo a pena.
terça-feira, dezembro 25, 2012
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