terça-feira, março 26, 2013

Acerca do salário justo

As recentes declarações públicas do Primeiro-Ministro Passos Coelho, do seu conselheiro económico António Borges e de Belmiro de Azevedo, as dos dois primeiros defendendo a necessidade de se manter o salário mínimo no seu actual patamar (na certeza de que o ideal até seria reduzi-lo) e a do terceiro não vislumbrando qualquer espécie de problema numa economia assente na mão-de-obra barata, não podem estar mais afastadas do ideal social cristão. De facto, tais declarações, propugnando políticas que reduzem com perversidade o trabalho a um mero factor de produção, que promovem o seu esmagamento em benefício do capital e que propõem a concomitante transferência de rendimentos das classes popular e média para a classe plutocrática, contrariam em absoluto a doutrina católica tradicional sobre esta matéria.
 
Ora, tendo sempre bem presente que na mesma doutrina católica tradicional o não pagamento do salário justo ao trabalhador é um dos quatro pecados de bradar ao Céu (verdade tão esquecida, como tantas outras, num país onde a maior parte da população continua a declarar-se nominalmente católica, mas também a ignorar quase tudo acerca da religião que diz professar), convém recordar qual seja esse conceito de salário justo nas palavras sábias que abaixo se transcrevem do Padre Júlio Meinvielle, notável  estudioso desta temática, com vista a uma profunda reflexão da corrente situação nacional.
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Ante todo, hay que recordar que el derecho del obrero al justo salario es uno de los derechos más sagrados. Oíd cómo habla el apóstol Santiago (V. 1-6):
"Ea -dice- ricos, llorad, levantad el grito en vista de las desdichas que han de sobreveniros".
2. Podridos están vuestros bienes y vuestras ropas han sido roídas de la polilla.
3. El oro y vuestra plata se han enmohecido; y el orín de estos metales dará testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como un fuego. Os habéis atesorado ira para los últimos días.
4. Sabed que el jornal que no pagásteis a los trabajadores que segaron vuestras mieses está clamando contra vosotros, y el clamor de ellos ha penetrado los oídos del Señor de los ejércitos.
5. Vosotros habéis vivido en delicias y en banquetes sobre la tierra, y os habéis cebado a vosotros mismos como las víctimas que se preparan para el día del sacrificio.
6. Vosotros habéis condenado al inocente, y le habéis muerto sin que os haya hecho resistencia alguna".
Así hablaban los apóstoles condenando la explotación del pobre; nadie se extrañe pues, de oír palabras de dura condenación para el monstruo capitalista que se ha emborrachado y se emborracha con el sudor del jornalero.
¿Qué se entiende por justo salario debido al obrero, o mejor: ¿cuál es el salario mínimo cuyo límite no se puede en ningún caso rebajar sin cometer una flagrante injusticia? 
León XIII y Pío XI han determinado la cuestión en forma tan acabada, que no permite enunciar nada nuevo al respecto.
El trabajo -sobre todo en el obrero y empleado- es el ejercicio de la propia actividad enderezado a la adquisición de aquellas cosas necesarias para los varios usos de la vida, y principalmente para la propia conservación.
El hombre que emplea su trabajo vive de su trabajo: tiene derecho a una existencia humana, digo más: tiene derecho a una existencia humana y cristiana. No se le puede utilizar como una máquina o como una mercancía o como un burro de carga o simplemente como un animal elegante. Por tanto, si trabaja, esto es: si emplea sus fuerzas en lo de otro hombre, tiene derecho a que éste le proporcione los recursos necesarios para una vida humana, digna del hombre. 
Una vida humana: por tanto, lo necesario al menos para el sustento propio de un obrero frugal y de buenas costumbres (León XIII) y la de su familia (Pío XI). Porque es humano, esto es: propio del hombre, vivir él y vivir en familia con la mujer y con los hijos. El salario familiar absoluto se le debe a todo trabajador. El jefe de familia es una sola cosa, un solo ser con su esposa y con sus hijos. A él incumbe sustentarlos. Mientras la mujer y los hijos tengan hambre, es el padre quien sufre y siente el hambre. Por esto dice S. S. Pío XI: "es un crimen abusar de la edad infantil y de la debilidad de la mujer; es gravísimo abuso que la madre (lo mismo dígase de la niñez que vaga en la venta callejera) se vea obligada a ejercitar un arte lucrativo, dejando abandonados en casa sus peculiares cuidados y quehaceres, y sobre todo la educación de los hijos pequeños".
Obsérvese que el salario familiar, como salario mínimo, se le debe a todo obrero, aunque sea soltero, porque es el salario humano, que se le debe como a hombre. Si no se casa, es asunto que sólo a él le interesa. El empresario le debe el salario humano, que es, al menos, el salario familiar.
Una vida humana: pero no es vida humana la que no tiene más que lo estrictamente necesario para el sustento de cada día, la que no puede ahorrar en previsión del mañana. Luego el justo salario reclama algo más de lo estrictamente necesario para el sustento diario de la familia. De aquí que Pío XI diga que "ayuda mucho al bien común que los obreros y empleados lleguen a reunir poco a poco un modesto capital mediante el ahorro de alguna parte de su salario, después de cubiertos los gastos necesarios".
En el mínimo salario justo se incluye además un tratamiento humano y cristiano. Tratamiento humano: "y por esto débese procurar que el trabajo de cada día no se extienda a más horas de las que permiten las fuerzas. Cuánto tiempo haya de durar este descanso, se deberá determinar teniendo en cuenta las distintas especies de trabajos, las circunstancias de tiempo y de lugar y la salud de los obreros mismos". (León XIII).
Tratamiento humano: por esto entiendo que se ha de reprobar la división de trabajo impuesta por la "taylorización". No es tolerable que el hombre se someta a la repetición maquinal, automática, de un mismo gesto, sin iniciativa propia. El hombre no es, como se imaginaba y decía Taylor, un hombre buey. Tiene derecho a la nobleza humana.
Tratamiento, además de humano, cristiano. Porque como el obrero ha sido rescatado por Cristo, y es amado por Cristo de modo especial, ya que también El fué obrero, tiene derecho a que se le considere como cristiano y se le den las facilidades para que cumpla con sus deberes religiosos y santifique los días del Señor.
El salario mínimo explicado no se le puede negar por ningún motivo y en ningún caso, aunque su negación la autorizase la legislación civil. "Si acaeciese alguna vez -dice León XIII- que el obrero obliga- do de la necesidad o movido del miedo de un mal mayor, aceptase una condición más dura, que contra su voluntad tuviera que aceptar por imponérsela absolutamente el amo o el contratista, sería eso hacerle violencia, y contra la violencia reclama la justicia". (León XIII). No faltan ahora, con la desocupación, quienes explotan la poca demanda de brazos para remunerar injustamente el trabajo del operario. Abuso pernicioso. Si una empresa no tiene recursos para pagar el salario debido, tampoco puede exigirle un trabajo ordinario. Sólo le puede exigir el trabajo que le remunera. Si disminuye el salario debajo de lo justo, disminuya en igual proporción la cantidad de trabajo.
Hasta aquí hemos tratado de determinar rápidamente el salario mínimo, cuyo límite no se podrá rebajar sin una funesta violación de la estricta justicia.
¿Se contentará con esto un empresario? De ningún modo. Como lo dice el Código de la Unión Internacional de Estudios Sociales de Malinas: "El salario mínimo no agota las exigencias de la justicia. Por encima del mínimum, diversas causas principales importan, sea por justicia, sea por equidad, una mejora. Así, p. ej. una producción más abundante o la prosperidad más o menos grande de la empresa, exigen un aumento en el salario. Además que ha de existir una jerarquía en los salarios, según la función económica que se desempeñe. No es justo que el trabajo del picapedrero sea igualmente remunerado que el del electrotécnico".
Padre Júlio Meinvielle, in "Concepción Católica de la Economía", Buenos Aires, Cursos de Cultura Católica, 1936 - páginas 29 a 31.

quarta-feira, março 20, 2013

"Los Papeles de Benjamín Benavides", de Leonardo Castellani - leitura absolutamente obrigatória!

 
Está de parabéns a “Homo Legens”, que tão relevantes serviços tem prestado à cultura católica em terras espanholas e não só, pela publicação de “Los Papeles de Benjamin Benavides”, do Padre Leonardo Castellani, obra que surge agora pela primeira vez no país vizinho e com o atractivo suplementar de a presente edição ser prefaciada por Juan Manuel de Prada.
 
De “Los Papeles” direi “apenas” que é o meu livro preferido de autoria de Castellani: a ele retorno com frequência e a cada regresso descubro novas coisas para ponderar e reflectir. Autêntica obra-prima, escrita com notável erudição sem prejuízo de ser de leitura simplicíssima, nesta o ilustre sacerdote argentino debruça-se sobre aquele que foi o seu tema favorito de estudo ao longo da sua vida - o Apocalipse de São João.
 
Através de um conjunto de diálogos em que a personagem central é Don Benya ou Benjamín Benavides, extravagante sábio católico espanhol com raízes judias sefarditas, Castellani sustenta de modo mais do que convincente ser o Apocalipse um livro simultaneamente retrospectivo e prospectivo, no qual é narrada e/ou prevista toda a História da Igreja até ao final dos tempos, os quais serão consumados com a segunda vinda de Cristo à Terra (verdade de fé tão esquecida nos dias de hoje por quase todos os que se dizem crentes - “Et iterum venturus est cum gloria”, reza-se no “Credo”).
 
Leitura mais do que recomendada, leitura absolutamente obrigatória!
 
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Vivir en tiempo futuro
 
Hace cinco años aproximadamente publiqué en esta misma revista un artículo titulado Las gafas de Castellani, en el que narraba con alborozo el descubrimiento de un escritor argentino, Leonardo Castellani (1899-1981), cuya lectura me había dejado una profunda huella. O quizá sea más apropiado decir profunda herida: porque Castellani no solo me pareció un escritor muy dotado, con un estilo entre quijotesco y montaraz que no se parecía a ningún otro que hubiese leído antes, sino que transformó y trastornó por completo mi forma de ver las cosas, mi forma de vivir mi propia vocación literaria y mi fe religiosa. Hay escritores que, en coyunturas determinadas de nuestra existencia, ensanchan nuestro horizonte vital; y así me ocurrió a mí con Castellani, al que le había sido concedido el doloroso don de mirar más adentro y más allá de la apariencia de las cosas; y a quien, ya en vida, se le condenó al ostracismo. «Los hombres que viven en tiempo presente escribió en cierta ocasión rechazan instintivamente hacia la soledad al que vive en tiempo futuro». En medio de este rechazo y soledad vivió Castellani: rechazo que, en muchos momentos de su vida, fue auténtico calvario, y casi muerte civil.
 
Aquel artículo que publiqué hace cinco años cayó en las manos de un editor magnífico y una de las personas más nobles que he conocido en mi vida, Carmelo López-Arias, que me invitó a publicar un libro de Leonardo Castellani en la editorial en la que trabaja, LibrosLibres. Lo titulamos Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI; y, sorprendentemente, se vendió más que bien, lo que después me permitiría publicar otras obras del mismo autor: Pluma en ristre (otra selección de artículos), El Evangelio de Jesucristo (comentarios sabrosísimos a las lecturas dominicales del Evangelio) y El Apokalypsis de San Juan (una exégesis del último libro del Nuevo Testamento). Durante todos estos años, el rescate de Leonardo Castellani ha sido motor principalísimo de mi vida, algo que ni siquiera las personas más allegadas a mí han comprendido del todo, porque en mi tozudez proselitista había algo de inmolación. Pero hay cosas que uno no hace porque quiera, sino porque sabe que tiene que hacerlas; y sabe también que si no las hace tendrá algún día que rendir cuentas por ello.
 
Ahora concluyo esta labor de rescate publicando Los papeles de Benjamín Benavides (Homo Legens), tal vez la obra más representativa del genio castellaniano, una suerte de novela de tesis que participa del diálogo platónico, la sátira de costumbres y hasta de la intriga policial, cuyo protagonista, el Benjamín Benavides del título un trasunto evidente del propio autor, discute con un grupo de amigos variopintos las profecías del Apocalipsis. A simple vista, parece una obra escrita a salto de mata que entreteje, con evidente falta de unidad académica, fabulaciones de índole peregrina; pero, poco a poco, emerge de su lectura una visión abarcadora de la Historia humana (y de su vida futura, más allá de este 'valle de lágrimas') cautivadora. Y, en momentos tan críticos y sombríos como los que vivimos, especialmente dilucidadora y esperanzada.
 
Castellani habla en Los papeles de Benjamín Benavides de asuntos sobre los que la cultura de nuestro tiempo ha echado siete candados; y que hasta los propios cristianos han dejado de 'imaginar'. Pero, como en algún pasaje de la obra observa su autor, toda esperanza verdadera se apoya en el pedestal que la imaginación le presta: si no podemos hacernos una idea concreta de lo que esperamos, tendemos a expulsarlo de nuestra mente. Desde hace ya bastante tiempo, se está haciendo un esfuerzo -silencioso pero implacable- que consiste en retirar poco a poco todos los apoyos sobre los que la imaginación popular sostenía su creencia en una vida futura; y así, cegadas todas las salidas por donde el creyente buscaba concebir su destino último, la esperanza acaba marchitándose y siendo ensordecida por «una manga de profetoides, de vaticinadores y cantores del progresismo y de la euforia de la salud del hombre por el hombre». Pero no hace falta sino mirar en derredor para descubrir que todas las promesas de consecución del paraíso en la Tierra que nos hicieron los 'cantores del progresismo' se han revelado falsas y frustrantes. Castellani, que vivía en tiempo futuro, nos devuelve en Los papeles de Benjamín Benavides, con la vista siempre clavada en el horizonte escatológico, el verdadero sentido de la esperanza cristiana. Inevitablemente, se lo hicieron pagar con creces.
 

terça-feira, março 19, 2013

segunda-feira, março 18, 2013

Razões de moderada esperança

Agora que a confusão emocional dos últimos dias abrandou e a poeira começa a assentar, ainda não vi nenhum espaço, dos poucos que estariam em condições de o fazer, abordar este ponto: sendo jesuíta e argentino, o Papa Francisco há-de saber bem quem foi o Padre Leonardo Castellani e conhecer melhor a fabulosa obra literária deste. Será provável até que os dois se hajam cruzado pessoalmente por mais de uma vez num muitos dos eléctricos ou autocarros de Buenos Aires. Ora, um conhecedor da obra de Castellani, sentado no Trono de São Pedro, sob o influxo do Espírito Santo, poderá agir no mínimo de modo interessante e no máximo de forma explosiva em defesa da ortodoxia católica, ainda que esse conhecedor tenha respondido anteriormente pelo nome de Cardeal Jorge Mário Bergoglio…
 
Convirá sublinhar, no que concerne à obra de Castellani, que um dos seus temas centrais é o combate ao farisaísmo no interior da Igreja, entendido este como um burocratismo religioso, um eclesiocratismo desapiedado e desalmado que obnubila o sentido da fé e subverte a função religiosa, transformando-a numa mera, fria, calculista e até rentável actividade profissional, em parte não despicienda responsável pela apostasia das sociedades contemporâneas.
 
A este respeito, curiosamente ou não, coincidência ou não, as primeiras intervenções públicas do Papa Francisco parecem ir no sentido de dar combate a um certo espírito farisaico que quase eliminou o sentido mais profundo do religioso no Catolicismo institucional, que se arraigou profundamente no seio do aparelho dirigente da Igreja e que perturbou tanto quanto pôde, em defesa dos seus mesquinhos interesses, o pontificado do Papa Bento XVI. Neste contexto, percebem-se as advertências bem justificadas de Francisco de que a Igreja não pode ser uma ONG de cariz filantrópico ou humanitário, sendo antes a sua missão anunciar a Cristo. E compreendem-se também melhor as referências a uma Igreja pobre (que não uma Igreja minimalista, miserável ou paupérrima), que suponho poderem interpretar-se no sentido de que a Igreja não pode nunca deixar acomodar-se ao mundo à maneira dos fariseus; pelo contrário, a Igreja não deve ter medo de se de expor, de proclamar em público Cristo e as verdades de fé e moral por Ele reveladas contra os disparates do mesmo mundo.
 
Por tudo isto, até ver, creio existirem razões de moderada esperança. Continuemos a rezar pelo Papa Francisco.
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- El fariseísmo viene a ser como… los fariseos son “religiosos professionales”… como el profesionalismo de la religión - dije -, recordando una frase de Gustavo Thibon.
- Ése es solamente el primer grado del fariseísmo, en todo caso - reflexionó el viejo -. A ver si podemos describirlo por sus grados:
El primero: La religión se vuelve meramente exterior…
El segundo: La religión se vuelve profesión, métier, gagne-pain.
El tercero: La religión se vuelve instrumento de ganancia, de honores, poder o dinero.
- ¡Es como una esclerotización del religioso, un endurecimiento o decaimiento progresivo! - saltó el teólogo.
- Y después una falsificación, hipocresía, dureza hasta la crueldad… - dije yo.
- Jesucristo en el EVANGELIO condenó a los fariseos- machacó fray Florecita - y con eso basta.
El judío se había quedado como absorto. Después prosiguió con una voz hueca y ronca…
- Yo temblo de decir lo que oso apenas pensar… Mi corazón tiembla delante de Dios como una hoja de árbol al pensar en el misterio del fariseísmo. Yo no puedo indignarme como el Divino Maestro; yo, miserable gusano, le tengo miedo - y de hecho se estremeció bruscamente todo su cuerpo, y dos lágrimas asomaron a sus ojos.
- Los otros grados - prosiguió - ya son diabólicos. El corazón del fariseo primero se vuelve corcho, después piedra, después se vacía por dentro, después lo ocupa el demonio. “Y el demonio entró en él”, dice Juan de Judas.
El cuarto: la religión se vuelve pasivamente dura; insensible, desencarnada.
El quinto: la religión se vuelve hipocresía: “el santo” hipócrita empieza a despreciar y aborrecer a los que tienen religión verdadera.
El sexto: el corazón de piedra se vuelve cruel, activamente duro.
El séptimo: el falso creyente persigue de muerte a los veros creyentes, con saña ciega, con fanatismo implacable… y no se clama ni siquiera ante la cruz ni después de la cruz… “Este impostor dijo que al tercer día iría resucitar”; de modo que, oh Excelso Procurador de Judea… Guardias al sepulcro.
Leonardo Castellani, in “Los Papeles de Benjamín Benavides”, Madrid, Homo Legens, 2012, páginas 278 e 279.

quinta-feira, março 14, 2013

Papa Francisco

De um ponto de vista católico tradicional, que é aquele de que me reclamo, mentiria se dissesse que a eleição do Cardeal Bergoglio como Papa Francisco era a que esperava e desejava ou que a mesma me deixou contente; não era, nem deixou e não passo um pano, como se nada fosse, sobre aquilo que aqui escrevi após a abdicação de Bento XVI.

Confesso que deste novo pontificado não aguardo nada de especialmente positivo; o passado do recém-eleito Papa como bispo portenho faz-me temer e recear o pior. As minhas expectativas são nulas, o que afinal até é capaz de ser uma vantagem comparativa na forma de encarar Francisco I: a actuação deste será insusceptível de me causar desilusões (o que poderia ocorrer se diversa fosse a pessoa que tivesse ascendido ao Trono de São Pedro); por outro lado, qualquer bem que daquela mesma actuação decorra será sempre um proveito a favor do novo Bispo de Roma.

Sem prejuízo, Francisco I é doravante merecedor em pleno de obediência legítima e, por agora, deve gozar do benefício da dúvida por parte de todos os católicos que se reclamam da tradição. Nesta convicção, rezo portanto pelo novo Papa, para que o Espírito Santo o ilumine e Nossa Senhora por ele interceda nas pesadas tarefas que proximamente o aguardam.

quarta-feira, março 13, 2013

Não lhes bastaram cinquenta anos ?!

Ontem, ao princípio da tarde, o restaurante onde almocei tinha a televisão sintonizada na RTP. Por mero acaso, ao espreitar para o ecrã, verifiquei que estava sendo transmitida de Roma uma peça noticiosa sobre o Conclave em curso: sem grande matéria para desenvolver (neste campo bem específico, é muitíssimo preferível acompanhar a cobertura noticiosa do Conclave com quem realmente percebe do assunto, isto é, com os nossos amigos do “Rorate Caeli” e do “Fratres in Unum”), a jornalista responsável entrevistava em reportagem um grupo de religiosos portugueses residentes na capital do Catolicismo. Um deles, não percebi bem se jesuíta ou candidato a jesuíta - pobre Companhia de Jesus! -, trajado com uma camisola à Evo Morales (nada tenho contra estas camisolas… nos leigos), perguntado acerca do que espera do novo Papa, respondeu com o ar falsamente angelical, entre o alvar e o alarve, tão característico dos progressistas - Que aplique o Concílio Vaticano II!

Pensei para comigo - Esta malta é insaciável! Não lhes bastaram cinquenta anos de experiências?! Ainda querem mais?! - Como é óbvio, no jargão peculiar que utilizam, aplicar o Vaticano II significa simplesmente subverter de cima a baixo a Igreja - que odeiam - e erradicar por completo a tradição católica. Hermenêutica da ruptura em estado quimicamente puro, portanto!

E voltei a reflectir, ainda sopesando as palavras do jesuíta ou candidato a tal - Que espero eu do novo Papa? Bom, que aplique os restantes vinte Concílios Ecuménicos da Igreja, em especial, os Concílios de Trento e Vaticano I!

segunda-feira, fevereiro 25, 2013

O caso D. Carlos Azevedo

Acerca do caso envolvendo D. Carlos Azevedo - que já ganhou relevância internacional -, concordo com o Padre Nuno Serras Pereira: até prova em contrário, a prudência manda presumir inocência. Trata-se de um caso clássico de palavra do acusador contra a do acusado, no qual a prova é sempre muito difícil de ser feita e em que, dependendo das simpatias ou antipatias pessoais que os envolvidos nos mereçam, a tendência natural é crer na palavra de um ou de outro.

Por mim, após haver lido a reportagem da “Visão”, que quanto a factos concretos é efectivamente muito pobre, fico até convencido de que a sua publicação - numa revista de notória inspiração mundialista e jacobina, sublinhe-se - só foi possível por o seu autor, revelando a ignorância característica dos jornalistas em matéria religiosa, ter partido da suposição errónea de que D. Carlos Azevedo seria um bispo conservador.

Ora, D. Carlos Azevedo não é um bispo conservador, muito pelo contrário é um progressista e bem radical, como se pode comprovar pela leitura destes três artigos (I, II e III) publicados neste espaço. Assim, é notório que o tiro acaba por sair pela culatra à “Visão”, que com tal reportagem terá eliminado definitivamente as hipóteses que ainda restariam ao mesmo D. Carlos Azevedo de vir a ser o futuro Patriarca de Lisboa (cargo para o qual, pela sua postura doutrinária heterodoxa, é manifesto não servir, independentemente de ser ou não homossexual e culpado ou não de assédio sexual). 

terça-feira, fevereiro 12, 2013

A abdicação de Bento XVI analisada por Michael Voris

A abdicação do Papa Bento XVI

Saio do torpor a que me remeti, fruto de um misto de cansaço decorrente de uma actividade profissional exigente e de desânimo derivado do estado de coisas do mundo que me rodeia, para escrever um breve comentário sobre a anunciada abdicação de Sua Santidade o Papa Bento XVI.

Trata-se de uma notícia que me causou, num primeiro momento, profundo espanto. Subsequentemente, deixou-me triste, muito triste, tristíssimo, com uma intensa vontade de chorar. Confesso-o. Racionalizando, é verdade que pela ordem natural das coisas, mais cedo ou mais tarde, de uma forma ou outra, este dia - o do fim do pontificado do Papa Ratzinger - acabaria sempre por chegar. Mas a sua concretização dói. Bastante.

Com Bento XVI, pela primeira em quarenta anos, a Igreja institucional deixou de ser para os católicos tradicionais, se não motivo de escândalo, pelo menos causa de perplexidade, para passar a ser também razão de legítimo orgulho. Momentos como o discurso de Natal à cúria romana, datado de 22 de Dezembro de 2005, sobre a hermenêutica da continuidade, ou a promulgação do Motu Proprio “Summorum Pontificum” ficarão como pontos altos de um pontificado que, com todas as falhas que se lhe possam apontar, inverteu uma tendência de degeneração progressista que se verificava desde os anos 60. Por isto, nesta hora, não hesito em dizer: muito obrigado, Santidade!

Quanto ao mais, o futuro próximo do Papado não se me afigura especialmente brilhante. No conclave que se anuncia participarão vários cardeais eleitores absolutamente imprestáveis, impróprios para consumo e com prazo de validade há muito esgotado: Daneels (emérito de Malines), Mahoney (emérito de Los Angeles), Bergoglio (Buenos Aires), Policarpo (Lisboa), Lehmann (Mainz) ou Meisner (Colónia). Sem pretender especular, e na certeza de que quem entra Papa num conclave sai de lá cardeal, Schönborn (Viena) será o candidato natural do progressismo. As esperanças da Catolicidade recairão sobre os ombros de Burke (Tribunal da Assinatura Apostólica) e Ranjith (Colombo), que poderão ser secundados por Scola (Milão) ou Cañizares (Congregação do Culto Divino e da Disciplina dos Sacramentos).

Repito, humanamente falando, o panorama não é brilhante; porém, a Igreja Católica é uma instituição de origem divina, com auxílios e garantias divinas. Nessa certeza, só nos resta rezar e pedir a intercessão de Nossa Senhora para que o próximo conclave, iluminado pelo Espírito Santo, tenha a capacidade de eleger um Papa que seja um autêntico defensor da ortodoxia da fé e moral católicas, venha ele de onde vier.

Enfim, para terminar, um motivo de não pequena esperança: Bento XVI continua entre nós e vai andar por aí…

quarta-feira, janeiro 02, 2013

Uma notável intervenção papal

A Mensagem de Bento XVI para a celebração do Dia Mundial da Paz de 2013 constitui, em minha opinião, uma notável intervenção papal acerca dos tempos que correm, com elementos merecedores de profunda reflexão por parte de todos os católicos. Revejo-me genericamente no teor desta mensagem, mau-grado nela subsistir a confusão pós-conciliar recorrente entre as noções de tolerância religiosa e de liberdade religiosa, e de eu preferir o conceito de Estado Social Cristão ao de Estado de Direito Democrático. Sem prejuízo, insisto, trata-se de uma grande intervenção que pode ser lida na íntegra aqui. De seguida, abaixo, respigo alguns dos seus pontos mais marcantes, sendo os destaques de minha autoria. À atenção de muitos denominados católicos portugueses - alguns até intervindo nessa condição no espaço público - que continuam a tomar por católico o que de católico nada tem e vice-versa, sufragando nessa prática os executantes de políticas profundamente anticristãs.

***

Condição preliminar para a paz é o desmantelamento da ditadura do relativismo e da apologia duma moral totalmente autónoma, que impede o reconhecimento de quão imprescindível seja a lei moral natural inscrita por Deus na consciência de cada homem. A paz é construção em termos racionais e morais da convivência, fundando-a sobre um alicerce cuja medida não é criada pelo homem, mas por Deus. Como lembra o Salmo 29, “o Senhor dá força ao seu povo; o Senhor abençoará o seu povo com a paz”.

(…)

Caminho para a consecução do bem comum e da paz é, antes de mais nada, o respeito pela vida humana, considerada na multiplicidade dos seus aspectos, a começar da concepção, passando pelo seu desenvolvimento até ao fim natural. Assim, os verdadeiros obreiros da paz são aqueles que amam, defendem e promovem a vida humana em todas as suas dimensões: pessoal, comunitária e transcendente. A vida em plenitude é o ápice da paz. Quem deseja a paz não pode tolerar atentados e crimes contra a vida.

Aqueles que não apreciam suficientemente o valor da vida humana, chegando a defender, por exemplo, a liberalização do aborto, talvez não se dêem conta de que assim estão a propor a prossecução duma paz ilusória. A fuga das responsabilidades, que deprecia a pessoa humana, e mais ainda o assassinato de um ser humano indefeso e inocente nunca poderão gerar felicidade nem a paz. Na verdade, como se pode pensar em realizar a paz, o desenvolvimento integral dos povos ou a própria salvaguarda do ambiente, sem estar tutelado o direito à vida dos mais frágeis, a começar pelos nascituros? Qualquer lesão à vida, de modo especial na sua origem, provoca inevitavelmente danos irreparáveis ao desenvolvimento, à paz, ao ambiente. Tão-pouco é justo codificar ardilosamente falsos direitos ou opções que, baseados numa visão redutiva e relativista do ser humano e com o hábil recurso a expressões ambíguas tendentes a favorecer um suposto direito ao aborto e à eutanásia, ameaçam o direito fundamental à vida.

Também a estrutura natural do matrimónio, como união entre um homem e uma mulher, deve ser reconhecida e promovida contra as tentativas de a tornar, juridicamente, equivalente a formas radicalmente diversas de união que, na realidade, a prejudicam e contribuem para a sua desestabilização, obscurecendo o seu carácter peculiar e a sua insubstituível função social.

Estes princípios não são verdades de fé, nem uma mera derivação do direito à liberdade religiosa; mas estão inscritos na própria natureza humana – sendo reconhecíveis pela razão – e consequentemente comuns a toda a humanidade. Por conseguinte, a acção da Igreja para os promover não tem carácter confessional, mas dirige-se a todas as pessoas, independentemente da sua filiação religiosa. Tal acção é ainda mais necessária quando estes princípios são negados ou mal entendidos, porque isso constitui uma ofensa contra a verdade da pessoa humana, uma ferida grave infligida à justiça e à paz.

Por isso, uma importante colaboração para a paz é dada também pelos ordenamentos jurídicos e a administração da justiça quando reconhecem o direito ao uso do princípio da objecção de consciência face a leis e medidas governamentais que atentem contra a dignidade humana, como o aborto e a eutanásia.

(…)

Entre os direitos humanos basilares mesmo para a vida pacífica dos povos, conta-se o direito dos indivíduos e comunidades à liberdade religiosa. Neste momento histórico, torna-se cada vez mais importante que este direito seja promovido não só negativamente, como liberdade de – por exemplo, de obrigações e coacções quanto à liberdade de escolher a própria religião –, mas também positivamente, nas suas várias articulações, como liberdade para: por exemplo, para testemunhar a própria religião, anunciar e comunicar a sua doutrina; para realizar actividades educativas, de beneficência e de assistência que permitem aplicar os preceitos religiosos; para existir e actuar como organismos sociais, estruturados de acordo com os princípios doutrinais e as finalidades institucionais que lhe são próprias. Infelizmente vão-se multiplicando, mesmo em países de antiga tradição cristã, os episódios de intolerância religiosa, especialmente contra o cristianismo e aqueles que se limitam a usar os sinais identificadores da própria religião.

O obreiro da paz deve ter presente também que as ideologias do liberalismo radical e da tecnocracia insinuam, numa percentagem cada vez maior da opinião pública, a convicção de que o crescimento económico se deve conseguir mesmo à custa da erosão da função social do Estado e das redes de solidariedade da sociedade civil, bem como dos direitos e deveres sociais. Ora, há que considerar que estes direitos e deveres são fundamentais para a plena realização de outros, a começar pelos direitos civis e políticos.

E, entre os direitos e deveres sociais actualmente mais ameaçados, conta-se o direito ao trabalho. Isto é devido ao facto, que se verifica cada vez mais, de o trabalho e o justo reconhecimento do estatuto jurídico dos trabalhadores não serem adequadamente valorizados, porque o crescimento económico dependeria sobretudo da liberdade total dos mercados. Assim o trabalho é considerado uma variável dependente dos mecanismos económicos e financeiros. A propósito disto, volto a afirmar que não só a dignidade do homem mas também razões económicas, sociais e políticas exigem que se continue “a perseguir como prioritário o objectivo do acesso ao trabalho para todos, ou da sua manutenção”. Para se realizar este ambicioso objectivo, é condição preliminar uma renovada apreciação do trabalho, fundada em princípios éticos e valores espirituais, que revigore a sua concepção como bem fundamental para a pessoa, a família, a sociedade. A um tal bem corresponde um dever e um direito, que exigem novas e ousadas políticas de trabalho para todos.

terça-feira, janeiro 01, 2013

O Hobbit


Vi ontem à tarde, véspera de Ano Novo. Três horas bem passadas, de boa disposição e grande espectáculo. Vale mesmo a pena.

domingo, dezembro 23, 2012

Gregoriano de Advento



Pelas Monjas Beneditinas de Maria Rainha dos Anjos.

Infelicíssima decisão


Antes de mais, duas ressalvas sobre Paulo VI:

1ª) Foi um Papa legítimo da Igreja Católica;

2ª) Na certeza de que a misericórdia divina é infinita, desejo com toda a sinceridade que se tenha salvado para a vida eterna.

Dito isto, a recente decisão de Roma concluir o processo de beatificação do Papa Paulo VI é infelicíssima: o recém Venerável foi o rosto visível máximo e o principal responsável pela maior crise de identidade que a Igreja Católica alguma vez atravessou, crise cujos efeitos devastadores se continuam a fazer sentir até aos dias de hoje. O simples facto de ter sido Paulo VI o Papa que tentou banir para sempre a Missa Tradicional de rito latino-gregoriano, conseguindo marginalizá-la com maligno sucesso na Igreja do Ocidente, é algo que por si só o tornaria indigno de uma beatificação (pesem embora, por exemplo, outros actos do seu pontificado como a “Humanae Vitae” ou o “Credo do Povo de Deus”).

A suceder essa beatificação, como fiel católico não terei outra alternativa que não seja a de acatá-la, mas o novo Beato não será objecto da minha devoção privada. A isso, em consciência, não sou obrigado. Ou, então, talvez lhe peticione para interceder pela Missa Tradicional de rito latino-gregoriano, para que esta volte a ser celebrada de modo efectivamente livre no mundo inteiro e em especial no meu país - Portugal. Quem sabe, quem sabe… Afinal, desejar isto já não é querer ser Papa no lugar do Papa…

A ler também - Paolo Mesto Un Santo?, no “Orbis Catholicus”.