
segunda-feira, outubro 25, 2010
À atenção de políticos "católicos de letreiro"

domingo, outubro 24, 2010
Um Primeiro-Ministro com prazo de validade esgotado
José Sócrates é um Primeiro-Ministro com prazo de validade esgotado. E é-o por haver tido sempre uma relação muito difícil com a verdade, por ele entendida como uma grandeza de dimensão indefinida, moldável aos seus caprichos de cada momento. Como tal, não me causa qualquer surpresa o conteúdo do pequeno - e, num certo sentido, divertido - filme supra (protagonizado também pelo indizível Ministro das Finanças), sendo certo que os exemplos aí retratados até nem constituem o essencial do desprezo socrático pela verdade.
Entendamo-nos: um Primeiro-Ministro que faz tábua-rasa da lei natural como José Sócrates o fez, que aceita que um ser humano inocente e indefeso possa ser assassinado próprio no ventre materno através da prática iníqua do aborto a simples pedido ou que admite que duas pessoas do mesmo sexo se possam casar, é necessariamente um primeiro-ministro que não hesitará em faltar à verdade numa matéria instrumental - ainda que hipertrofiada na sua importância pelo materialismo decadente imperante - como é a da situação das contas públicas nacionais. Quem não é fiel aos grandes princípios enformadores de toda a vida em sociedade, também não o será às coisas menores…
Enfim, quanto ao projecto de Orçamento de Estado para 2011 que a parelha de terror retratada no filme pretende impor ao país, se o mesmo não for alvo de profundas alterações, não haverá outra solução que não seja a de reprová-lo liminarmente: trata-se de um Orçamento muito mau, profundamente anticristão, que viola de modo flagrante o direito de propriedade privada pressupondo que o património particular de todos os cidadãos tem de responder pessoal, solidária e ilimitadamente pelos desvarios do poder político socialista, que esmaga os mais fracos e humildes, que proletariza a classe média, que não acaba com o saque generalizado que a clique socrática tem vindo a fazer da coisa pública, e que não põe cobro à marcha para o Estado Servil - tal como Belloc o descreveu - que a mesma clique tem como objectivo final. E se tal reprovação levar a que José Sócrates deixe de ter condições para governar e abandone o poder, tanto melhor para Portugal!
quarta-feira, outubro 06, 2010
Monsenhor Nicola Bux em Portugal
Melhor mesmo, porém, é saber que o ilustre sacerdote católico regressará brevemente ao nosso país, para efectuar um ciclo de conferências a desenrolar em Lisboa, Fátima e Braga, por ocasião do lançamento da edição portuguesa do seu “A Reforma de Bento XVI: a liturgia entre a inovação e a tradição”, a ser publicado com a chancela da “Caminhos Romanos”, editora de inspiração tradicionalista merecedora de todo o apoio, que previamente já facultou ao público nacional um título tão importante como “Dominus Est”, de Monsenhor Athanasius Schneider.
Tais conferências serão uma óptima ocasião, tanto para sacerdotes como leigos, de travar contacto com o pensamento daquele que é actualmente uma das figuras de proa do novo movimento de restauração do sagrado na liturgia católica. Quanto ao livro “A Reforma de Bento XVI”, trata-se de obra de leitura obrigatória para todos os que se interessam por esta temática: a tal respeito, remeto para o que aqui escrevi depois de haver lido a tradução espanhola do mesmo.
domingo, setembro 26, 2010
A Inglaterra que eu amo

Con la única teología inglesa con la que me quedo es con la del Cardenal Newman. Y con ese otro Cardenal, Manning, que siempre me fascinó. Las comemierdeces de medio pelo de anglicanos y metodistas (salvo el movimiento de Oxford, que siempre pareció cuando menos interesante) me dejan con viento fresco. Hubiera querido ir a Misa en alguna parroquia de irlandeses emigrados a principios de siglo en Glasgow. Quizás incluso en la desolación de East London. Siempre me dijeron mucho más estas cosas que las ceremonias anglicanas, tan suntuosas como vacías, que presencié en la Catedral de Peterborough o en la no menos bella de Wells.
Con la única política británica que me quedo es con la de TS Elliot (anglicano de la High Church de acepción, católico de corazón). Con esos tibios de los “Tories”, advenedizos de los “Whigs”, con esos hijos bastardos de los “levellers” y los “diggers” que son los laboristas, no tengo nada que ver. Ni me interesa. Esos gustos y regustos por esos tipejos como Lord Disraeli (conservador) o por JS Mill (utilitarista) me traen bastante al pairo. Wilson me parece artificialmente ensalzado y de sujetos como la Thatcher, Blair o Cronwell prefiero ni hablar. Me dan demasiado asco.
Sigo pensando que Rommel era infinitamente mejor que Montgomery, que Wellington no fue un gran estratega. Admiro a Nelson, profundamente, sin duda alguna un genio. Por cierto (curioso), también católico. Y a mi militar y Rey favorito de Inglaterra, Alfred the Great, en cuyo Wantage natal se me quedaron ancladas tantas memorias.
No me acaba de convencer el Imperio británico, estructura primariamente comercial y –mucho me temo- poco civilizadora a juzgar por los resultados. Ni al Cardenal Newman, ni a Benson, ni a Chesterton, ni a Belloc, ni a JRR Tolkien ni a muchos otros hombres sensatos les hacía tampoco ninguna gracia el Imperio Británico. Será que todavía estoy fascinado por la obras histórica de Roma y por esas dos hijas suyas, continuadoras d ela tradición maternal: Portugal y España. Y, sin embargo la Inglaterra monástica, la Britannia evangelizada por José de Arimatea, me fascinan. Me fascina que hubiera más monjes y monjas por milla cuadrada en Inglaterra que en ningún otro país de la Cristiandad, ahora llamada Europa.
Puestos a escoger prefiero a los “Old Labour” que a los “New Ones”, a los back-benchers que a los “spin-doctors”. A los Lores que a los Comunes. Y a Charles Dickens, que se enfrentó en la Casa de los Comunes a Mill y lo trituró vivo en defensa de la causa de la Confederación. Prefiero los Parlamentos medievales y la Magna Carta a las insidias de los malditos “round-heads”. Prefiero a los Stuarts que a los Hannover.
Evidentemente la Inglaterra que me interesa es aquella del Medioevo. La que fue capaz de parir a todos los mártires y santos de la Reforma inglesa, como a Santo Tomás Moro o a San Edmund Champion. La Inglaterra que nos dio los ejemplos imborrables de un San Eduardo o a un Santo Tomás Cantuariense, de dicen por mi tierra, también de Canterbury. Los apasionados textos místicos de Juliana de Norwich. El paisaje poblado de monasterios por doquier, en vez de las Logias y toda su pervasiva simbología. Prefiero la Inglaterra rural a la urbana, York a Londres y Bath a Birmingham.
Prefiero a la Inglaterra romana y anglosajona y la de los normandos que esa otra que se aliaba con los holandeses y con los alemanes para laminar la Cristiandad. La Inglaterra que enviaba a sus caballeros a la Cruzada de Occidente contra los musulmanes frente a la otra que intentaba robar y usurpar a la Cristiandad. La Inglaterra de los santos y mártires que, siendo luminosísima, tiene poco de iluminada. Ni el primer Imperio Británico “de su Majestad” ni este segundo de los hijos de Nueva Inglaterra me llaman la atención. Estos son poco luminosos ambos, pero ciertamente bien iluministas.
La Inglaterra de hoy sirve otros intereses. En tiempos pretéritos fue designada por la Santa Sede como “Mary’s Dowry”, lo cual la hace junto con Portugal y España una tierra eminentemente mariana por excelencia. Hoy es una tierra cuyos habitantes exhiben una pasmosa irreligiosidad.
Y frente a este estado de cosas presente y pretérito prefiero agarrarme a esa profecía privada de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, quien no cesaba de maravillarse en la visión que tuvo de la restauración y regeneración católicas de Inglaterra. Así sea.
Foto: retirada blogue "The Hermeneutic of Continuity".
terça-feira, setembro 21, 2010
Juan Manuel de Prada sobre o Beato John Henry Newman

Que sea Benedicto XVI quien beatifique al cardenal Newman no es baladí. Ambos están hechos de la misma fibra: la de los maestros que enseñan no sólo mediante el pensamiento y la palabra, sino también mediante la propia vida, la de quienes tocan al corazón a la vez que iluminan la inteligencia. En diversas ocasiones, el Papa ha reconocido su deuda intelectual y vital con Newman, a quien leyó con gran aprovechamiento en sus años de estudio y cuya conversión al catolicismo siempre ha presentado como ejemplo de encuentro personal de Dios con el hombre. Newman, que en la juventud coqueteó con las tesis liberales, llegó a ordenarse como presbítero anglicano, antes de iniciar un gradual movimiento hacia el pensamiento católico y liderar el Movimiento de Oxford, que se rebeló contra el sometimiento de la iglesia de Inglaterra a una autoridad secularizada, reivindicando el legado de la Tradición. Tras diversos conflictos con las jerarquías anglicanas, Newman acabaría ingresando en la Iglesia católica en 1845 y ordenándose sacerdote dos años más tarde. Fueron muchos sus méritos en el ámbito académico y pastoral; pero fue, sobre todo, un escritor superdotado, de estilo límpido y vibrante, autor de una copiosísima obra —sermones, ensayos, novelas, etcétera—, entre la que se halla una autobiografía, Apologia Pro Vita Suaque, con permiso de San Agustín, puede considerarse el más hermoso testimonio literario jamás escrito sobre un proceso de conversión.
Los lectores curiosos podrán encontrar muchos títulos disponibles de Newman (mientras escribo estas líneas se anuncia la publicación, en El Buey Mudo, de sus Cuatro sermones sobre el Anticristo, de palpitante actualidad), en especial en la editorial Encuentro, que es la que más denodadamente se ha esforzado por divulgar la obra de este gran titán de la pluma; y les aseguro que nunca agradecerán suficientemente el tesoro de delicias (para el corazón y para la inteligencia) que Newman les tiene reservado. Leer a Newman es la mejor manera de entender y acompañar al Papa en esta visita a Gran Bretaña, tan erizada de hostilidades. Seguramente, Benedicto XVI tiene muy presentes aquellas palabras de San Agustín que Newman hace suyas en Apologia Pro Vita Sua: «Sean duros para con vosotros los que no saben por experiencia lo difícil que es distinguir el error de la verdad, y dar con el camino de la vida en medio de los engaños del mundo».
Missa de rito latino-gregoriano na Basílica de Fátima - fotografias de Scott Smith

A este respeito, sugiro também, a quem ainda não o haja feito, uma mais que merecida vista de olhos às óptimas fotografias de autoria de Manuel Silva, publicadas na “Tribuna”.
segunda-feira, setembro 13, 2010
Missa de rito latino-gregoriano na Basílica de Fátima: Deus é beleza!
Quando os emissários do príncipe de Kiev voltaram após assistir à Divina Liturgia, na Catedral de Santa Sofia, em Constantinopla, no século X, escreveram no seu relatório: "Não sabíamos se estávamos no céu o na terra, pois certamente tal esplendor e beleza não existe noutro lugar da Terra. Não conseguimos descrevê-lo; só sabemos que Deus lá habita entre os homens, e que o seu serviço ultrapassa a cerimónia de todos os outros lugares. Sua beleza é simplesmente inesquecível".
O amor da beleza e sua expressão em obras de arte manifesta uma homenagem a Deus, pois, segundo São Tomás de Aquino, "a beleza é um dos nomes de Deus". Assim, quando a Igreja é convocada para celebrar os divinos mistérios, ela emprega todas as artes que tocam os sentidos, porque aquilo que é verdadeiramente belo nos agrada quando o contemplamos.
É por isso que Santa Teresa de Ávila declarou: "Fico sempre profundamente tocada pela grandiosidade das cerimónias da Igreja". A capacidade única do canto gregoriano para evocar em nós o espírito de oração contemplativa, os paramentos festivos, o uso do incenso, velas, objectos de ouro e prata, água benta, etc. - tudo isso nos auxilia na adoração do Deus Uno e Trino, que criou a beleza, a sustenta, a redimiu e é Ele mesmo a própria beleza. A Igreja sempre envolveu o Santo Sacrifício da Missa num ambiente de reverência e mistério. Ao utilizar os bens da Criação, em sua transcendente existência, ela leva seus filhos a Deus; e pelos mesmos meios, Deus desce a eles. Na Idade Média colocava-se grande ênfase na beleza da Missa. Hoje, devemos novamente tomar consciência dela.
O Cardeal Joseph Ratzinger uma vez lamentou-se: "Desde o Concílio Vaticano II, a Igreja voltou as costas à beleza". Palavras ousadas. E se forem verdadeiras? Se verdadeiramente nos empobrecemos neste aspecto, deixando-nos vitimar por uma mentalidade iconoclasta, talvez tenha sido porque "vivemos em uma época sem imaginação", como disse certa vez Paul Claudel. Ao reflectir sobre a visita dos representantes do príncipe Vladimir de Kiev a Constantinopla, o Papa Bento XVI observou que a delegação e o príncipe aceitaram a verdade do Cristianismo, não pelo poder de persuasão dos seus argumentos teológicos, mas pela beleza do mistério de sua sagrada liturgia. Se estamos falhando na divina missão que o Senhor nos confiou de converter o mundo à nossa fé, talvez devamos começar por restaurar a reverência, o silêncio, a adoração e uma atmosfera de sagrada beleza na nossa santa liturgia. Se as nossas igrejas não forem os lugares mais sagrados da Terra, a verdadeira reverência e beleza tão pouco podem existir noutro lugar.
Aguardando que Scott Smith, fotógrafo oficial da peregrinação a Fátima dos Cónegos Regulares de São João Câncio, publique as fotografias desta Missa histórica, aqui deixo a ligação para as fotografias da mesma Missa tiradas pelo infatigável autor do blogue "Missa Gregoriana em Portugal", porque uma imagem vale mais do que mil palavras!
sexta-feira, setembro 10, 2010
Rito de Braga em Fátima
A experiência da tradição em Portugal (2)
Estão com medo!
O problema dos progressistas é bem outro: estão com muito medo! Um trecho da notável conferência a que assisti ontem pela manhã em Fátima, proferida pelo fundador e superior dos Cónegos Regulares de São João Câncio, Padre Frank Phillips, acerca dos efeitos da promulgação do "Summorum Pontificum" na vida da Igreja, sistematiza bem esta situação. Comentando a oposição dos progressistas a tal promulgação, afirmou aquele sacerdote:
What is the bottom line with this outrageous opposition? I believe the liberal or more progressive element in the church, which has nearly run the church into the ground, is afraid. They are all getting old and everything they promoted seems to be vaporizing in front of their eyes. They are afraid that people may actually be drawn to the Traditional Mass and heaven forbid, may catch on and grow. I know in my own experience when young couples attend the Traditional Mass, they say "Why were we not taught this?" The same holds true for the teaching of the faith, I hear over and over, when preparing couples for mariage, "Why were we not taught this?"
quarta-feira, setembro 01, 2010
A experiência da tradição em Portugal (1)
sábado, agosto 28, 2010
No centenário da Carta "Notre Charge Apostolique"
De facto, a "Notre Charge Apostolique" é não só um dos grandes documentos do pontificado de São Pio X, mas também da história da Igreja no século XX. Cem anos depois da sua publicação, mantém inteira actualidade. Se na "Pascendi" aquele Santo Papa demoliu a heresia modernista, de natureza eminentemente teológica, na "Notre Charge Apostolique" foi ainda mais longe e arrasou as falácias da heresia progressista cristã, de natureza essencialmente político-social, que viria a ocupar boa parte da Igreja a partir da década de 1960 e cujos efeitos depredatórios ainda hoje se fazem sentir.
Ora, conforme aqui escrevi em tempos, teriam tais depredações progressistas atingido o grau que atingiram, se um número realmente significativo de católicos tivesse sabido reconhecer e contradizer de imediato a ideia desfigurada que tais hereges dão de Cristo e do papel da sua Igreja no mundo, mediante a imprescindível leitura da "Notre Charge Apostolique", em vez de perder o precioso tempo de que dispunha com inanidades e até imoralidades? Creio firmemente que não!
E passo a citar São Pio X, na referida Carta:
segunda-feira, agosto 16, 2010
Por um novo movimento litúrgico: relembrar um texto fundamental

O segundo grande acontecimento que ocorreu no começo dos meus anos de Ratisbona foi a publicação do "Missal", de Paulo VI, com a proibição quase total do "Missal" anterior, após uma fase de transição de cerca de seis meses. O facto de, após um período de experiências, que amiúde desfiguraram por completo a liturgia, se passar a ter um texto litúrgico vinculativo, era de saudar como algo seguramente positivo. Mas fiquei estupefacto com a proibição do "Missal" antigo, dado que nunca na história da liturgia se verificara uma situação semelhante. Quis-se passar a ideia de que era uma coisa normal. O "Missal" anterior tinha sido publicado por Pio V em 1570, na sequência do Concílio de Trento; era portanto normal que, passados quatrocentos anos e um novo Concílio, um novo papa publicasse um novo "Missal". Mas a verdade histórica é outra. Pio V limitara-se a reelaborar o "Missal" romano que se utilizava na época, coisa que aliás sempre acontecera ao longo dos séculos. Por seu lado, muitos dos seus sucessores reelaboraram ulteriormente este "Missal", sem nunca, porém, contraporem um "Missal" ao outro. Tratou-se sempre de um processo contínuo de crescimento e de purificação, em que, no entanto, a continuidade nunca era posta em causa. Um "Missal" de Pio V que tenha sido criado por ele, simplesmente nunca existiu. O que existe é a reelaboração que ele mandou fazer, como fase de um longo processo de crescimento histórico. A novidade, após o Concílio de Trento, foi de outra natureza: a invasão súbita da reforma protestante fizera-se sentir sobretudo na modalidade das reformas litúrgicas.
Não havia simplesmente uma Igreja católica e uma Igreja protestante, postas uma ao lado da outra, a divisão da Igreja ocorreu quase imperceptivelmente e teve a sua manifestação mais visível e historicamente mais incisiva nas mudanças ao nível da liturgia. Estas mudanças resultaram de tal maneira diversificadas ao nível local, que o limite entre o que era e não era católico se tornou, amiúde, bem difícil de definir. Esta situação de confusão, criada pela ausência de uma normativa litúrgica unitária e pelo pluralismo litúrgico herdado da Idade Média, fez com que Pio V decidisse que o "Missale Romanum", o texto da liturgia da cidade de Roma, por ser seguramente católico, devia ser introduzido em todo o lado onde não houvesse uma liturgia com, pelo menos, duzentos anos de existência. Onde este critério se verificava, podia manter-se a liturgia anterior, dado que o seu carácter católico era considerado seguro. Não se pode, por isso, falar de uma proibição relativa aos "Missais" anteriores e até ao momento regularmente aprovados.
Agora, pelo contrário, a promulgação do impedimento do "Missal" que se tinha desenvolvido ao longo dos séculos, desde o tempo dos sacramentais da Igreja antiga, implicou uma ruptura na história da liturgia, cuja consequências não podiam deixar de ser trágicas. Tal como já tinha acontecido muitas vezes, era razoável e plenamente em linha com as disposições do Concílio que se fizesse uma revisão do "Missal", sobretudo, tendo em consideração a introdução das línguas nacionais. Mas nesse momento aconteceu algo mais: destruiu-se o edifício antigo e, embora utilizando o material e o projecto deste, construiu-se um novo.
Não há dúvida de que, em algumas partes, este novo "Missal" trouxe verdadeiros melhoramentos e um real enriquecimento. Contudo, o facto de ter sido apresentado como um edifício novo - contraposto ao que fora construído ao longo da história - que se proibisse este último e que, de certa maneira, se concebesse a liturgia já não como um processo vital, mas como um produto de erudição especializada e de competência jurídica, trouxe-nos danos extremamente graves. Com efeito, deste modo desenvolveu-se a ideia de que a liturgia se "faz", de que não é uma realidade que exista antes de nós, - algo de "dado" -, mas que depende das nossas decisões. Consequentemente, esta capacidade de decisão não é só reconhecida aos especialistas ou a uma autoridade central, mas também em definitivo a qualquer comunidade que queira ter uma liturgia própria. O problema é que, quando a liturgia é algo que cada qual pode fazer à sua maneira, ela deixa de nos poder dar aquela que é a sua verdadeira qualidade: o encontro com o mistério, que não é produto das nossas acções, mas a nossa origem e a fonte da nossa vida. Para a vida da Igreja, é dramaticamente urgente um renovamento da consciência litúrgica, uma reconciliação litúrgica, que volte a reconhecer a unidade da história da liturgia e compreenda o Vaticano II não como ruptura, mas como momento evolutivo. Estou convencido de que a crise eclesial em que actualmente nos encontramos depende, em grande parte, da decadência da liturgia, que, por vezes, é mesmo concebida "etsi Deus non daretur": "como se se já não interessasse se Deus está ou não presente nela", se Ele nos fala e ouve ou não. Mas se na liturgia já não aparece a comunhão da fé, a unidade universal da Igreja e da sua história, o mistério de Cristo vivo, de que modo é que a Igreja manifesta a sua substância espiritual? Nesse caso, a comunidade celebra-se apenas a si mesma, coisa que não tem qualquer valor. E dado que a comunidade em si mesma não pode subsistir, mas é criada, na fé e como unidade, pelo próprio Senhor, torna-se inevitável que, nestas condições, se chegue ao ponto da fragmentação em partidos de todo o género, à contraposição partidária numa Igreja que se dilacera a si mesma. É por isso que precisamos de um novo movimento litúrgico, que recupere a verdadeira herança do Concílio Vaticano II.
Dia de Assunção em Fátima
E é bom saber, através de pequenos factos como o que agora adianto, que também em Portugal, lentamente, a tradição começa a conquistar o lugar que lhe pertence por direito próprio: a um grupo de jovens peregrinos tradicionalistas provenientes de França, que a partir de determinado ponto decidiram concluir a pé a sua peregrinação até Fátima, o pároco de uma importante localidade, por onde aqueles passaram, não hesitou em ceder-lhes a sua igreja paroquial, permitindo que aí o sacerdote que os acompanhava celebrasse a Missa de sempre! Graças a Deus que nem tudo está mal na Igreja portuguesa! Que os bons elementos desta ousem sair da "reserva de índios" em que presentemente se encontram!
domingo, agosto 08, 2010
Rito latino-gregoriano em Roma
quinta-feira, agosto 05, 2010
Isto não é a Igreja
En medio del camino de mi vida, la Iglesia, a la cual había estado sirviendo bien o mal amando - sí - tranquilamente, se me dio vuelta y me mostró una figura de hiena, altro que Madre; la cual figura se me aparece de nuevo cada día que hay viento norte. Fue la mayor tentación de mi vida, una tentación contra la Fe - la cual, como digo, vuelve a veces -, tentación que pisaba sobre hechos indubitables, o sea hechos de experiencia. Su formulación era esta: Si la Iglesia me persigue gratuitamente, no es una sociedad fundada por Cristo, la sociedad santa que nos enseñaron.
La respuesta - sencilla, pero difícil de actuar - era: Esto no es la Iglesia. Pero es la Jerarquía de la Iglesia, la más alta Jerarquía. No toda la Jerarquía; y algunos cuantos miembros de la Jerarquía, por alto que estén, no son la Iglesia. La Iglesia son los santos, los humildes, los rectos, los que tienen fe actuosa, los jerarcas iluminados sean pocos o muchos, la inmensa masa de los que practican la doctrina de Cristo calladamente.
La Iglesia no se conoce por los vestidos colorados; es más difícil de conocer que eso.
"Discurso con motivo de cumplir sus 70 años", citado por Sebastián Randle, in "Castellani", Buenos Aires, Vórtice, 2003, página 691.
terça-feira, agosto 03, 2010
Deixem fazer a experiência da tradição em Portugal! (3)
***
Um casal de noivos - ele francês, ela portuguesa - pretendeu casar-se num conhecido santuário do norte do País. Dirigiram-se ao respectivo reitor para tratar das correspondentes formalidades e, certamente ignorando o estado de autêntica anomalia religiosa que se vive em Portugal, manifestaram-lhe a intenção de que a Missa do seu casamento fosse oficiada segundo o rito tradicional latino-gregoriano (possibilidade prevista pelo Motu Proprio "Summorum Pontificum", do Papa Bento XVI). Informaram-no também de que um sacerdote católico deles amigo, "em plena comunhão com Roma", se havia disponibilizado a celebrar esse casamento e a respectiva Missa em tal rito.
A resposta foi-lhes dada com prontidão e rapidez: que não, que não era possível oficiar a Missa tradicional de rito latino-gregoriano, que ele reitor não consentia nisso e o senhor bispo diocesano também não!
Em face disto, o pai do noivo expôs o caso à Comissão "Ecclesia Dei", que interveio, solicitando ao dito bispo diocesano que desbloqueasse a situação a contento dos noivos.
A resposta deste último, mais uma vez, chegou célere e expedita: que não desbloqueava nada e que proibia expressamente a celebração da Missa no rito pretendido!
Perante esta factualidade, e não desejando prolongar este litígio até por razões de disponibilidade temporal, os noivos em causa desistiram da ideia de casar em Portugal e optaram antes por fazê-lo em França, onde, apesar de tudo, parece que ainda há bispos efectivamente católicos e em comunhão com Roma...
domingo, julho 18, 2010
Conferência "Restaurando o Sagrado com a Santa Missa Tradicional" - notícias mais recentes
Graças à generosidade e oração de muitos, queremos comunicar o alargamento do prazo de inscrições até ao dia 15 de Agosto e também a supressão dos honorários. Assim todos os que estiverem inscritos, participarão no Workshop de forma gratuita!
Pedimos, pois, que divulguem, por todos os meios, com a ousadia evangélica que vos é conhecida, o Workshop! Seria excelente que Portugal enchesse a Basílica de Nossa Senhora do Rosário de Fátima para a Missa Solemnis do dia 10. Este é um serviço à Igreja e por isso para a salvação de muitos!
Continuemos a rezar por este apostolado tão desprezado. Temos recebido de muitos a preocupação e receio de participar neste workshop, confiamo-los também às vossas orações, para que à semelhança dos Apóstolos sejam audazes na fidelidade à Igreja.
Confiemos ao Imaculado Coração de Maria os frutos deste projecto!
Os Cónegos Regulares de S. João de Câncio
Impedir a tirania
sábado, julho 17, 2010
Deixem fazer a experiência da tradição em Portugal! (2)
Sobre este assunto, acrescentarei agora mais o seguinte: a implantação prática do “Summorum Pontificum” depende da existência de dois movimentos de vontade opostos, mas convergentes para um ponto comum de chegada: um, de cima para baixo, do episcopado para os fiéis; outro, de baixo para cima, dos fiéis para o episcopado. Ora, em Portugal, país em estado de necessidade e de autêntica anomalia religiosa, o episcopado quase em bloco tem omitido o primeiro daqueles movimentos, com vista a sabotar sistematicamente a afirmação da Missa tradicional em terras lusitanas, frustrando deste modo qualquer esforço que os fiéis leigos tentem fazer nesse sentido. Não faltam exemplos concretos do que afirmo, ocorridos em várias dioceses nacionais. De seguida, passo a dar conta de alguns.
Numa diocese, o bispo manifestou aos fiéis interessados na Missa tradicional que estes teriam de formar um grupo estável composto por “X” pessoas. Assim que o mesmo apareceu formado, e logo com “X” mais “Y” pessoas, o bispo em causa, com notória má fé negocial, decretou que tal grupo teria agora de se constituir numa associação de direito canónico presidida por ele ordinário local, depois de tramitado o processo - demorado… - de aprovação do respectivo estatuto associativo.
Noutra, o bispo, ademais de exorbitar prerrogativas ao sujeitar à sua aprovação pessoal a celebração da Missa tradicional, subordinou também essa eventual aprovação à emissão de um prévio parecer positivo do Secretariado Litúrgico da sua diocese, o qual até hoje, como é óbvio, não foi emitido…
Noutra ainda, um grupo de fiéis devidamente organizado conseguiu convencer um pároco a ceder-lhe uma capela com vista à celebração da Missa tradicional. O celebrante nem sequer seria esse pároco, mas um outro sacerdote diocesano. Acto contínuo, logo apareceu um cónego da Sé local a intimidar o referido pároco com diversas ameaças que se consumariam, caso tal projecto fosse para a frente. Não foi.
É bom de ver que todas estas exigências dos bispos portugueses não têm acolhimento nem na letra, nem no espírito do “Summorum Pontificum”. Ao invés, as mesmas são a manifestação cabal de um episcopado em estado de cisma prático face a Roma, com vontade de obstruir nesta matéria, pelos motivos que aqui atempadamente expus, tanto quanto possível a legítima e superior vontade papal.