sexta-feira, novembro 07, 2008

A cidade cristã contra o mundo moderno


Num momento em que o mundo moderno materialista colapsa, eis mais um texto vital do Padre Julio Meinvielle, pleno de actualidade, extraído do já aqui falado "Concepción Católica de la Política":

Se ha esbozado la naturaleza de la política en una concepción católica. Pero ¿es posible realizar una política cristiana?

Según se insinúa (...), querer volver a una política cristiana sin el Espíritu cristiano que mueve las almas no sólo es imposible, sino que sería lo más pernicioso que pudiera acontecer a una nación y a la misma política cristiana. Sería reproducir el grave error de la Acción Francesa. Ideólogos que fabrican una política de encargo, sin metafísica, teología ni mística.

Si es así, ¿para qué, entonces, estas páginas de política cristiana? Misterio fecundo será siempre si logramos llevar a otros la convicción de que la política, tal como la quiere la Iglesia, no es posible sin Jesucristo. El es Vida, Verdad y Camino, y no hay nada, absolutamente nada, que sea en verdad humano que pueda lograr su integridad sin El. Más: todo lo humano que sin El nazca y se desarrolle caerá bajo la protección del diablo. La política, pues, la política concreta, militante, del mundo moderno, que debió ser cristiana, y por malicia del hombre no lo es, está amasada en cenizas de condenación.

Pero he aquí que este mundo se deshace. El hombre moderno había cifrado su ideal en realizar el "homo oeconomicus", el hombre regido por sus necesidades económicas. Y creyó haber triunfado. Despliegue gigantesco de industrias, obra del hombre y para el hombre.

Pero llegamos a un punto en que el "homo oeconomicus" siente que todo en él es barro. Se deshace este mundo imbécil que pretendió ser cómodo sin Jesucristo. No que Cristo le haga cómodo, pues la Cruz es lo opuesto al "confort" de los burgueses. Pero la locura de la Cruz, al mismo tiempo que restituía al hombre a la participación sobrenatural de la vida de la Trinidad, le salvaba la integridad de su propia condición humana, hacía posible su vida ele destierro.

La Iglesia y Cristo, su cabeza, nunca han prometido más de lo que la realidad presente permite. "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura". Se nos prometió, es verdad, el reino de los cielos y no la comodidad de la tierra. Mas por añadidura se nos aseguraba la habitabilidad de este valle.

Los pretendidos filósofos, en cambio, los teóricos de la política liberal y socialista, nos prometieron el paraíso en la tierra y nos han dado un confortable infierno aquí abajo y la garantía del inextinguible fuego en la vida venidera.

Por fortuna para el hombre, para los auténticos derechos del Hombre, que no son otros que los derechos de Cristo — Salvador del hombre —, este mundo estúpido se deshace. En ésta su liquidación se salvarán las piedras de un mundo nuevo. Este mundo nuevo no lo elaborarán ni la economía, ni la política, ni la ciencia, ni siquiera la sabiduría metafísica. Sólo la teología, la sabiduría divina, en su realización auténtica que es la mística o sabiduría de los santos, podrá con su hálito trocar la muerte en vida. Un poderoso soplo de santidad ha de reanimar los despojos del mundo moderno.

¿Y los católicos? ¿Andaremos, mientras tanto, afanosos por tomar posiciones a la derecha, en el centro, o a la izquierda?

¿A la derecha, en el centro, o a la izquierda de quién?

Nos rodea la podredumbre, ¿y pretendemos situarnos en el centro, o a sus lados? Dejémosles a los mundanos estos términos, y dejémosles que tomen posiciones en las filas del diablo.

¿Haremos alianza con el fascismo o con la democracia? ¿Propiciaremos las conquistas modernas del sufragio femenino? ¿Trataremos de cristianizar el liberalismo, el socialismo, la democracia, el feminismo?

Sería más saludable que nos cristianicemos nosotros mismos. Seamos católicos. Y como católico significa únicamente santo, tratemos verdaderamente de ser santos.

La santidad es vida sobrenatural. No consiste en hablar y pensar de la santidad. Es vida. Si es cierto que toma raíces en la fe, o sea en el conocimiento sobrenatural de Jesucristo, no culmina sino en la Caridad, que es el amor de Dios sobre todas las cosas y del prójimo por amor de Dios.

La vida católica, plenamente vivida en el ejercicio de la caridad, nos impondrá, por añadidura, una fisonomía católica en las manifestaciones puramente humanas de la vida: en arte, ciencia, economía y política. La sobreabundancia de la caridad dará lugar a un arte, ciencia, economía y política católicas.

Precisamente es éste el programa de la acción católica, a la que con instancias supremas nos invita el vicario de Cristo. Acción católica, no acción nuestra, no acción de los católicos como si fuesen una agrupación partidaria que tiene que defenderse como se defienden los burgueses o socialistas y comunistas.

Acción católica: esto es, acción del Padre por Jesucristo que vive sobrenaturalmente en el alma cristiana; acción santa y santificadora; acción imposible de realizarse aunque se posea una ciencia y habilidad muy grande de las cosas de religión, mientras no se esté en contacto con Jesucristo; acción cuya eficacia no está en proporción del movimiento o de la energía desplegada, sino de la santidad de que se vive.

Acción católica, que es el apostolado de los laicos con la jerarquía. Pero que es apostolado, o sea actividad de la santidad interior que, por su sobreabundancia, se derrama y comunica.

Acción católica: he ahí la posición indispensable de los católicos. Adviértase bien: indispensable.

¿Será, entonces, necesario que los católicos abandonemos las luchas en el mismo terreno político y económico y nos concretemos tan sólo a la acción católica?
La acción católica es la posición indispensable, pero no exclusiva. Ella es primera, de suerte que no podemos ocuparnos en otra actividad si resulta en su detrimento, y toda otra actividad debe ejercérsela en cuanto tienda, directa o indirectamente, a auxiliar a la acción católica. Lo exige el sentido de la jerarquía de las obras. Jerarquía no es absorción ni negación, sino afirmación de los derechos autónomos en la unidad del conjunto.

Salvada, entonces, esta primacía de la acción católica, los católicos, teniendo en cuenta las exigencias de su fe y de su misión, y las posibilidades de su propia vocación, pueden dedicarse especialmente a forjar la ciudad católica en nuestras sociedades descristianizadas. El programa de la ciudad católica para los tiempos actuales está ya elaborado. En documentos públicos, León XIII, San Pío X, Pío XI, Pío XII y Juan XXIII han dado las bases de un orden social cristiano de la sociedad. Ningún problema fundamental, económico o político ha sido omitido. Sólo falta que los católicos, con seriedad y honradez, asimilen esa doctrina que constituye el derecho público cristiano. Digo con seriedad y honradez, porque, desgraciadamente, los católicos, en lugar de escuchar atenta y fielmente a los Pontífices, sin mezclar con lo que ellos dicen sus propias concepciones, a veces hacen una mezcla de principios cristianos con liberalismo, socialismo y comunismo, que resulta un peligroso explosivo.

Una vez asimilados los principios que han de regir la ciudad católica, hay que diseminarlos en todos los ambientes y capas sociales. Esta es, por excelencia, la obra de la ciudad católica.

Para além do capitalismo e socialismo: redescubramos o distributismo


Redescubramos o distributismo, não nos preocupemos em tentar classificar as suas propostas sob os rótulos de esquerda ou direita, e importemo-nos antes em ser católicos fiéis e firmes. Sempre. Em especial nestes tempos conturbados que Deus nos fez caber em sorte.

segunda-feira, novembro 03, 2008

Um livro autografado pelo Padre Julio Meinvielle


Este Verão, num alfarrabista de Versalhes, tive a grata felicidade de encontrar à venda um exemplar do "Concepción Católica de la Política", do Padre Julio Meinvielle, que prontamente adquiri por uns irrelevantes € 10. Pequeno preço para tão grande tesouro: ao abrir o livro, apercebi-me de que estava dedicado e autografado pelo ilustre sacerdote católico argentino, como os meus leitores podem constatar pela foto supra. Mais do que um mero acaso, senti o sucedido como uma emocionante gratificação da Providência: ali em Versalhes, onde a França foi grande e poderosa, porque católica e monárquica (e poderia até ter sido o braço armado invencível da Cristandade, houvesse porventura respeitado a vontade do Sagrado Coração de Jesus), obtinha eu, e assinada pelo seu autor, uma extraordinária obra de defesa da ordem social cristã, escrita por um dos seus maiores apologistas no século XX!

De resto, este trabalho, um autêntico primor da mais pura doutrina católica tradicional, está acessível em linha a todos os que o queiram consultar e ler no excelente "Stat Veritas". Eu é que podendo obter um livro no formato tradicional, ainda que o saiba disponível na rede, obtenho-o. Gosto de ler sentindo o papel, especialmente o cheiro do amarelecido pelo decorrer dos anos. Coisas de tradicionalista…

Para os meus leitores, à laia de conclusão, aqui deixo um vigoroso trecho da prosa doutrinária de Meinvielle, cada vez mais actual nos dias conturbados que correm:

EL ESTADO Y LA IGLESIA

Decíase antes que la función de defensa que ha de ejercer el Estado debe ser cristiana, católica. Porque el Estado debe ser católico.

A Dios le debe culto todo lo humano, y el Estado, como vimos en el primer capítulo, es cosa esencialmente humana. Además, el Estado, encarnación de la soberanía, es ministro de Dios, y como tal le debe culto en razón del ministerio que ejerce.

La profesión de fe católica importará la defensa y protección de la Iglesia Católica, la Sociedad Espiritual donde se rinden a Dios cumplidamente los homenajes que se le deben. Para entender cómo se ejerce esta protección, debe recordarse aquello de San Agustín: ¿Cómo sirven los reyes al Señor sino prohibiendo y castigando con severidad religiosa cuanto se hace contra los mandatos del Señor? Pues de un modo sirve en cuanto hombre, de otro en cuanto rey: como hombre sirve viviendo fielmente, en cuanto rey sirve disponiendo leyes justas y prohibiendo las injustas. Es decir, que la profesión y la protección de la fe católica se verificará si las leyes son católicas.

Será, pues, menester reprimir enérgicamente todas las licencias. El liberalismo, con sus decan-tadas libertades de pensamiento y de prensa, es repudiable en un régimen ajustado a las normas católicas. Por otra parte, hace imposible una discreta regulación política. Porque si todo el mundo puede pensar, decir e imprimir cuanto sus apetitos exijan, se creará una atmósfera pública reacia a toda regulación y se ampararán legalmente las teorías y prácticas subversivas del orden social más elemental.

En lo que se refiere a la libertad de cultos, conocidas son las condenaciones fulminadas por Gregorio XVI en MIRARI VOS, Pío IX en el SYLLABUS y León XIII en sus Encíclicas.

Si a Dios hay que prestarle culto, tendrá que ser ciertamente un culto digno y aceptable de su Divina Majestad. Si el Hijo de Dios ha venido a enseñarnos que El es el Camino, petulancia imbécil sería querer acercarnos al Padre por otro camino. Petulancia que nos llevará por nuestro camino al lugar de las Tinieblas. El camino es Cristo, y con Cristo andamos si nos unimos como miembros a su Cuerpo que es la Iglesia. Un solo Cristo, una sola Iglesia. Cristo, cabeza; la Iglesia, cuerpo. Cristo, la vid; la Iglesia, los sarmientos. La profesión de fe católica es nuestra unión con Cristo, y por Cristo con Dios.

Si el Estado no debe ser indiferente, puede, sin embargo, ser tolerante. Tolerancia que no brota del desprecio de Dios, ni se muestra indiferente respecto a todas las religiones, ni oprime a la verdad equiparándola al error, sino que tolera, esto es, permite el ejercicio de los falsos cultos cuando existen razones que justifican esta tolerancia.

En la sociedad liberal, donde se ha roto la unidad de creencia, sería desastroso perseguir los cultos falsos. Los errores no tienen derechos, pero las conciencias que yerran los tienen. Si en tesis el Estado debe ser exclusivamente católico, en la hipótesis de la diversidad de creencias deberá ser tolerante.

La Iglesia — enseña León XIII —, en su apreciación maternal tiene cuenta de la impiedad humana: no ignora los movimientos que en nuestra época arrastran los espíritus y las cosas. Por este motivo, aunque no reconoce derechos sino a lo verdadero y bueno, no se opone, con todo, a la tolerancia, de la cual cree poder y deber usar el poder público... Dios mismo, aunque infinitamente bueno y poderoso, permite la existencia del mal en el mundo, ya para impedir mayores males, ya para no impedir bienes más excelentes. Conviene, en el gobierno de los Estados, imitar la sabiduría que gobierna el Universo.

La protección que el Estado debe a la Iglesia importará, en tesis, una ayuda económica, porque la Iglesia debe ser ayudada por los fieles para los ingentes gastos que demanda su acción cultural y caritativa; y, como decía antes, el Estado es el primer fiel.

En las sociedades contemporáneas la ayuda oficial no se hace por este concepto, sino en restitución de los bienes defraudados en momentos en que el sectarismo recrudeció. Quizá haya llegado una época en que convendría auspiciar una independencia económica absoluta de la Iglesia respecto del Estado. No parece espiritualmente ventajoso que la Inmaculada Iglesia de Jesucristo esté ligada por unos centavos —aunque se le deben en justicia — con gobiernos impíos e insolentes, en el mejor de los casos incomprensivos de los derechos espirituales. Además, esa ridícula ayuda dispensada sirve de pretexto para los que pretenden impedir la acción espiritual de los pastores (como si fuesen funcionarios públicos) y para difundir en las envenenadas masas no sé cuántos embustes sobre la riqueza de la Iglesia.

Por último, la profesión de fe católica en un Estado Cristiano, como los conoció la Edad Media, exige de éste su colaboración con la Iglesia para reprimir las herejías contumaces y públicas que pudieran perturbar la unidad y corromper la fe del pueblo cristiano. Brazo secular puesto al servicio de la Iglesia para reprimir la difusión de los errores, y jamás para propagar la verdad.

Los derechos de la Iglesia y los del poder civil se han de armonizar por medio de un régimen concordatario estipulado entre la Santa Sede y los respectivos gobiernos. No cabe duda que aunque uno y otro poder se desenvuelven en esferas diferentes, muchos y graves puntos de contacto existen en una y otra esfera para que los conflictos no se produzcan. Por esto la separación es inadmisible en tesis, y en las hipótesis corrientes. La unión substancial, tal como la conoció la Edad Media, por la plena subordinación de lo temporal a lo espiritual, es imposible por el desquicio que en las conciencias y en las instituciones ha sembrado el virus liberal. Sólo es posible, entonces, que ambos poderes se pongan de acuerdo y traten de armonizar sus intereses en un concordato.

De esta suerte, las naciones, aún desmembradas en su interior por ideologías deletéreas, se vigorizarán por la acción maternal de la Iglesia, que paciente pero eficazmente irá higienizando las inteligencias y los corazones de las corrupciones espantosas que ha engendrado en ellas el liberalismo. Precisamente en esta hora en que el hombre ha perdido la fe en el hombre porque para salvar a Europa se pensó en el Oriente, y el Oriente sigue corrompido como Europa; se pensó en América, y América es Babilonia que vacila un momento antes de caer. Ahora hay quienes sueñan no sé en qué mesianismo reservado para la América latina, cuando nosotros experimentamos que América latina sufre idénticos males. Cuando se ha perdido la fe en el hombre, digo, es necesario volver con humildad penitente al regazo de la Madre que hemos abandonado. Retorno a la Madre suave, para que Ella, antes de vestirnos con las preseas de los hijos, nos purifique del lodo que nos mancha. El Concordato hará posible la acción suave y eficaz de esta Madre que nos devolverá la vida.

Por ocasião da passagem da Festa de Todos os Santos



Recordar a santa memória de Monsenhor Marcel Lefebvre.

Recomecemos

Recomecemos, pois...

domingo, outubro 19, 2008

Sobre os casamentos homossexuais

Original.

«Há um problema central na questão que é o problema do casamento enquanto figura autonomizada e secular da vida humana. O casamento civil enquanto elemento desprovido de religiosidade é uma paródia e uma perversão. Uma perversão quando se transformou em instrumento do Estado para conseguir a ordenação social. Retirou-se o significado religioso e transcendente da união carnal entre dois seres humanos, mas para que tudo se mantivesse na mesma e de forma gerível, criou-se a ideia de que o casamento seria uma instituição em que o valor essencial seriam as suas finalidades mundanas, a gestão das necessidades privadas, procriação, estabilização da propriedade. Uma paródia quando se observa a forma rídicula como a união de duas pessoas obedece a um cerimonial de Estado que é um sucedâneo religioso, mas que sem a existência de Deus não tem qualquer justificação, para além dos interesses do Estado.
É do falhanço dessa ideia de união autónoma e meramente humana que vem o contra-senso de uma convenção que se altera em virtude da autonomia. Se o casamento é obra meramente humana poderá ser alterado para ser um reflexo das vontades das partes, acabando com todas as obrigações com um estalar de dedos. Antes seria um estalar de dedos do Estado, com a nova estrutura legal do casamento e divórcio basta o dos privados. De qualquer das formas, não existe qualquer forma para que o casamento civil perdure enquanto forma de organização social. Dada a incapacidade da proposta ética secular de criar uma sociedade moral, capaz de cercear os desejos individuais, tornou-se impossível manter o casamento como fonte de obrigações extra-subjectivas e voluntárias.
É por isso que me desmancho a rir com os argumentos da “direitinha” que acha que a utilidade da família e a justificação para a sua estrutura é a utilidade do Estado e o cumprir de uma série de tarefas. São os mesmos que defendem a paternidade subsidiada e não percebem que com a mudança de finalidades do Estado vem uma mudança de finalidades da família, caso esta se encontre sob a sua alçada. A família democrática, ao ser apenas um reflexo do que a sociedade deseja que esta seja, pode tornar-se no oposto do que ela deva ser, seja um local de iniciação sexual, um local de exploração de mão-de-obra, ou outra coisa qualquer. Contra isso os nossos “conservas” hão de falar em natureza, em reprodução, tudo lixo que sem a tradição e o método Cristão de moralidade está condenado a ser palavra vazia. Os piores inimigos do Cristianismo ...»

O Corcunda

(RCS)

domingo, outubro 12, 2008

Crisis

Estoy poco presto a escribir últimamente. O al menos a escribir para la bitácora. Vayan unas cuantas recomendaciones aquí que me parecen imperdibles, que al menos el ímpetu lector permanece en alza en medio de tanta caída bursátil.
En primer lugar un artículo de Juan Manuel de Prada, quien vuelve a retomar el tema con el Padre Leonardo Castellani por eje. Así pues sus asertos sobre esos oficiadores de sacrificios a Mamonna están bien fundados:

“Hoy toda esa fantasmagoría se derrumba, todas esas tretas nos revelan sus manejos; y el hombre que, por petulancia o descreída displicencia, dejó de creer que Dios obrase milagros, descubre que los milagros de los sacerdotes plutonianos eran en realidad tramoyas de farsantes. Ha sonado en el cielo la trompeta de la cólera divina; y los sacerdotes de Plutón huyen despavoridos. En su estampida dejan a los fieles de su culto desesperados ante la demolición de una fantasmagoría que habían encumbrado a la categoría de fe. Pero, en medio de su desesperación, tal vez esos hombres que estuvieron bajo el dominio del demonio vuelvan a elevar sus ojos al cielo, reconociendo a su verdadero dueño. ¡Bendita crisis!”

Y por seguir con el Padre Castellani me alegré mucho de saber que lo que yo defendía desde mi adolescencia, la nacionalización de la banca, es también sostenida por el Padre Castellani. Uno, que ha tenido que sufrir lo indecible, incluso de bocas de amigos, de acusarme de ser “del ala izquierda”, ahora se ve corroborado por los hechos. Bien: tenía razón. La nacionalización de la banca hubiera evitado estos desmanes. También me han llamado “pájaro de mal agüero” por llevar diciendo hace más de diez años que la catástrofe financiera que se cernía era inminente e impepinable. Bien: tenía razón. La hecatombe económico-financiera ya está aquí.
Hace tiempo que vengo diciendo que hablamos demasiado poco de la usura. Mejor dicho: nada. Ahora parece que el interés despierta. Que la usura es muy importante no debería ofrecer duda para nadie. De hecho no sólo es importante. Es criminal. Es un pecado gravísimo que corroe sociedades y naciones. ¿Cómo se puede defender un sistema –el capitalismo- basado sobre la usura?
El descrédito del crédito era un tema favorito de Belloc, uno de mis ingleses favoritos junto con Chesterton, Newman y Tolkien.
El Doctor Angélico es clarísimo al respecto (Summa Theologica II-IIae, q.78):

“Mas el dinero, según el Filósofo, en V Ethic. y en I Polit., se ha inventado principalmente para realizar los cambios; y así, el uso propio y principal del dinero es su consumo o inversión, puesto que se gasta en las transacciones. Por consiguiente, es en sí ilícito percibir un precio por el uso del dinero prestado, que es lo que se denomina la usura. Y del mismo modo que el hombre ha de restituir las demás cosas injustamente adquiridas, también ha de hacerlo con el dinero que recibió en calidad de interés.”

Ganas me entran de empezar a recobrar lo que me han robado … para ayudar a esta pobre gente a limpiar sus pecados, claro está. Y eso que el Santo Padre nos decía recientemente que “construir sobre el dinero es construir sobre arena”. Hace siglos que los usureros, perdón, banqueros, nos tienen acostumbrados a soportar sus ventas de humo. Humos tóxicos, por lo demás. Pues eso, que como dice Benedicto XVI “hay cosas mucho más importantes”.
Por eso, me digan lo que me digan, en el fondo me sigue pareciendo que el distributismo es de las pocas soluciones que hay, si no la única, a este desaguisado. Porque el distributismo (tal cual fue enunciado por Chesterton, Belloc y el P. McNabb) es la más cabal aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia. Doctrina que, por cierto, es el núcleo del Carlismo.
Eso de poner el capital como eje central de la economía me parece altamente sospechoso. Sospechoso de terrorismo de la peor especie, claro. De terrorismo del que mata no sólo los cuerpos, sino también –y sobre todo- las almas.
Y como las implicaciones de esta usura no son sólo económicas, ni siquiera políticas. Son, sobre todo, apocalípticas. Es por esto que deberíamos rezar a San Moisés y al Ángel Exterminador.
¡Moisés, San Moisés, ven de nuevo y ordena que la tierra trague a todos los adoradores de Mamonna!
¡Santo Ángel Exterminador, da rienda suelta a la Ira del Omnipotente sin comedimiento ni freno alguno y da buena cuenta de todos los enemigos de Cristo, Nuestro Rey y Señor!
¡Señor, envíanos el Castigo ya, para que nos arrepintamos y, si no, para que seamos arrojados en las mazmorras del Purgatorio o en el lago de azufre infernal y dejemos de ofenderte!

Rafael Castela Santos

sexta-feira, outubro 10, 2008

De silencios y reservas

El artículo De silencios y reservas está sacado de La Honda de David, una bitácora enormemente interesante cuya única pega –a mi juicio- es que su autor no se prodiga más a menudo, porque resulta enormemente interesante leerle. Pivota lhd sobre un tema recurrente en A Casa de Sarto, bien es cierto que él lo expresa mucho mejor: si tenemos datos más que suficientes de las Sagradas Escrituras –así como otros de profecías menores y de apariciones aprobadas por la Iglesia- como para saber que nos encontramos en los albores del reinado inicuo del Anticristo, ¿cómo es posible que no se haga lo que se tiene que hacer, lo que se esperaría que se hiciera, empezando por la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón?
Fuerte, muy fuerte debe ser la tenaza que aprisiona Roma. Lhd así nos lo hace entender en su texto que no podemos por menos de reproducir aquí. Entretanto todo va convergiendo hacia el vórtice de la historia por excelencia: el vórtice cabalgado por el Príncipe de las Tinieblas y su más conspicuo secuaz.

Rafael Castela Santos

«No hay duda, se percibe un aire escatológico en el ambiente. Así lo sugieren la homilía de Mons. Fellay en Saint-Malo con referencias al Mensaje de La Salette o al “humo de Satanás” de Pablo VI o algunas de las entradas en el blog de Mons. Williamson con referencias a las supuestas apariciones de Garabandal, como también las llaves para interpretar el Apocalipsis de Jerónimo (o Josué) Mouliá en el Foro Santo Tomás Moro y que el mismo ha presentado en foros de debate “evangélicos” o de los “testigos de Jehová” (en estos últimos casos sin mayores repercusiones, por vía del “silencio”, pero ya nos detendremos en él)
Y esto por no traer a colación, precisamente, las discusiones que los protestantes de distintas denominaciones efectúan a diario sobre el tema, o los islámicos (que hacen mención al “dajjal” lo que para ellos vendría a ser el falso profeta o el anticristo) o en menor medida los judíos (con su espera, especialmente en los ambientes hassídicos, del “moschiach”).
En ese sentido no deja de llamarnos la atención lo poco que se habla en las esferas vaticanas del tema escatológico. Si mal no recuerdo lo último que podría mencionarse al respecto son las afirmaciones del Cardenal Biffi en oportunidad de los ejercicios espirituales que el mismo dirigiera en presencia del Papa. Por lo demás, absoluto silencio.
Lo más sintomático es el silencio, el año pasado, en torno a los 90 años del milagro del Sol, el mayor milagro de la historia de la Cristiandad después de la Resurrección de Cristo. Fátima ha sido sentenciada al olvido por pertenecer al “pasado” y también, porqué no decirlo, porque “molesta” (como quedó demostrado por otra parte en la polémica que sostuvieron Antonio Socci y el Cardenal Bertone a raíz del “tercer secreto de Fátima”).
Una molestia que sólo tiene una explicación: en el tercer secreto se profetizan hechos puntuales que habrían de acontecer en esta época en que vivimos y concretamente a partir de los años sesenta cuando debió haber sido revelado al mundo. Y aquí tenemos que hacer un paréntesis, para intentar si no justificar explicar ese silencio.
Para no hablar de ocultamiento o de falso testimonio en los Prelados que están al tanto del contenido del tercer secreto (nos referimos a las palabras de la Virgen aun no publicadas) se suele hablar de “reserva mental”, la cual consistiría o se traduciría en una duda positiva en cuanto al origen sobrenatural de las dichas palabras. Sumada al convencimiento del peligro en su divulgación por el riesgo de que se “confunda la profecía católica con el sensacionalismo” y también, así lo habría dado a entender Juan Pablo II al contestar a los periodistas que le preguntaron en una ocasión por el tercer secreto, porque su revelación podría “alentar a los rusos a emprender ciertos pasos” (no estamos seguros de la confiabilidad de ésta última aseveración pero fue un rumor que circuló en su momento y como tal lo transcribimos).
Pues bien, creemos entender esas posturas, y lo decimos porque tenemos una idea o percepción de lo que en ese secreto podría decirse; no por certeza absoluta sino precisamente por la reacción de causa y efecto que supone el saber o el estar en conocimiento de un secreto y por añadidura difícil de asumir. Nada mejor para captarla que esta hipótesis: si alguien creíble -importa mucho la capacidad del interlocutor en hacernos verosímil lo que trasmite- nos dijera que conoce al Anticristo y ese tal Anticristo fuera alguien conocido ¿cuál sería nuestra reacción?
Así, lo que debe motivarnos no es la mera "curiosidad" sino el “prever para proveer” al que aludía el Abate de Nantes. Y allí está la mayor crítica que se le puede hacer al silenciamiento del tercer secreto: que aún conociéndolo, las autoridades vaticanas no actúan en consecuencia, por ejemplo consagrando Rusia al Corazón Inmaculado de María o promoviendo la devoción de los primeros sábados.»

La Honda de David

segunda-feira, outubro 06, 2008

As Sete Igrejas e as sete idades

Pelo Cardenal Billot, maestro do Pai Castellani e muito admirado dele. Fonte original.

«O Apocalipse relata o estado das sete igrejas da Ásia, para as quais São João teve de escrever, com o fim de lhes comunicar advertências para sua salvação. Ora, as sete igrejas figuram as sete épocas ou sete idades da Igreja universal, desde a Ascensão do Senhor até o Segundo Advento. Todas se denominam por nomes místicos que designam profeticamente o traço característico de cada uma das épocas.
A primeira igreja é a de EFÉSIO (2, 1-7). Em grego, Efésio significa impulso, o princípio da expansão ou do direcionamento a uma finalidade. Esse nome convém à idade apostólica, pois que os apóstolos pregaram por todo o mundo, com crescente êxito, após receberem o sopro impetuoso do Espírito Santo; Deus os ajudava, confirmando suas palavras com sinais. Mas a advertência epistolar convém igualmente, nesta época de que falamos, aos falsos apóstolos mencionados amiúde por São Paulo, e à seita dos nicolaítas, fonte primeva do gnosticismo impuro, criada por um dos sete primeiros diáconos. “Escrito ao anjo a Igreja de Éfeso: Conheço tuas obras e teu trabalho... tu provaste os que se declaravam apóstolos e não o eram, apanhaste-os em mentira... Contudo, tens em testemunho de teu fervor o ódio pela obras dos Nicolaítas, obras que eu também odeio etc.”
A segunda igreja é a de ESMIRNA (2, 8-11). Este termo designa a mirra, e também a idade durante a qual, em razão da crueldade das perseguições e da grande amargura das tribulações, se cumpriu na Igreja o que predissera a boca profética: “a mirra caiu gota a gota de minhas mãos, e meus dedos estão cheios da mais excelente mirra” (Ct 5, 5). Por isso, afirma o anjo à igreja de Esmirna: “Eis que o diabo vai lançar alguns dentre vós no cárcere, para vos pôr à prova, e vossa aflição durará dez dias”, significando claramente as dez perseguições gerais.
A terceira igreja é a de PÉRGAMO (2, 12-17). Célebre por sua literatura profana, Pérgamo é a cidade que deu origem ao pergaminho, batizando-o com seu nome. Quando alguém se refere à “pele de Pérgamo”, mais conhecida sob o nome de pergaminho, logo vem ao espírito os livros publicados e os embates e controvérsias travados com a pluma. Corresponde a igreja de Pérgamo à terceira idade, à época de Constantino, em que cessaram as perseguições cruéis aos santos e doutores, e se propagaram também as grandes heresias que satã perpetrara – os arianos, os maniqueus, os pelagianos, os nestorianos etc.. Deus suscitou grandes homens para defender a verdade, homens dignos de eterna memória: Atanásio, Basílio, Gregório Nazianseno, Ambrósio, Jerônimo, Agostinho, os dois Cirilos, e muitos outros ainda, que ilustraram magnificamente a fé católica em seus escritos. Logo, é de justiça que Pérgamo represente a terceira idade. É de justiça que se enviasse a advertência ao anjo desta igreja que, apesar de louvada pela constância da fé, está de contínuo exposta a grandes perigos, visto que habita na sé do trono de satã, havendo de se defender do sítio das doutrinas heréticas: “Escrito ao anjo da igreja de Pérgamo: eu sei que habitais na sé do trono de satã, e que preservastes meu nome e não renegastes a fé etc ...”
Em quarto lugar, sucede à igreja de Pérgamo a de TIATIRA (2, 18-29). Esta palavra significa esplendor do triunfo e solenidade pomposa, tendo origem nas festas celebradas em honra de Baco, e depois empregada para designar toda e qualquer festa ou desfile triunfal. Logo, a igreja de Tiatira representa a quarta idade, iniciada sob Carlos Magno, com a instituição do Sacro Império Romano, cuja duração exprimira o número milenar (de 800 a 1800). A instituição do Sacro Império Romano sela a subordinação da sociedade temporal à espiritual, a coroação da organização social de Nosso Senhor Jesus Cristo, predita por Isaías: “De pé, Jerusalém, que brilha tua glória! Eis que vem tua luz, e a glória do Senhor se eleva sobre ti... As nações marcharão em direção à luz, e os reis à claridade de tua aurora... Sucederás a nata das nações, sucederás ao púbere dos reis, e saberás que eu, o Senhor, sou teu salvador, e que teu redentor é o Forte de Israel” (Is 60, 1,3 e 16). A profecia corresponde às festas solenes, ao fulgor do triunfo e, geralmente, a tudo que diz respeito a esta época: “Ao anjo da igreja de Tiatira escreveu: Conheço tuas obras, teu amor, tua fé, tua boa vontade; são tuas últimas obras mais abundantes que as primeiras”. Entretanto, não faltaram maus, pois que o mistério de iniqüidade está sempre com as mãos à obra e, enquanto durar a vida presente, o triunfo da Igreja Militante não será maior do que convém. Na figura de Jezabel se anunciam os cismas funestos e as heresias que assolaram, nesta época, a Cidade de Deus, por exemplo, o cisma dos gregos no séc. XI, a heresia dos albigenses no séc. XII, e sobretudo a impiedade dos protestantes no séc. XVI, data a partir da qual o império cristão entra em decadência, se preparando a pouco e pouco, sem que ninguém percebesse, a idade da Revolução.
Por isso, teve fim Tiatira, sucedendo-lhe a quinta igreja, a de SARDES (3, 1-6). Sem dúvida, Sardes é a célebre cidade da Lídia, onde reina Crésus. Ela sugere assim a abundância de ouro e prata, de riquezas seculares a excitar as paixões, a ostentação e a prosperidade material. Daí, o que se refere a essa igreja sabe à decadência. Por todos os lados, vê-se a defecção, a apostasia; são poucos os que conservam a fé em Jesus Cristo, enquanto muitos se afastam da religião. “Em Sardes, existem pessoas que não mancharam seus vestidos”. E ainda: “passas por vivo, mas estás morto!” Passas por vivo, já que possuis a ciência, a liberdade, a civilização e o progresso; mas estás morto e te assentas nas trevas, à sombra da morte, pois que rejeitas a luz da vida, o Cristo Senhor. Por tal razão, disseram ao anjo desta igreja: “Sede vigilante, e confirmai os que iam morrer”, ordenando-lhe instantemente de continuar fiel aos ensinamentos dos santos apóstolos, e de não se afastar muito, sob o pretexto duma melhor compreensão, do sentir comum dos santos padres. “Recorda-te de como escutaste e recebeste: guarda-o e comunica-o”. Eis o que respeita à quinta idade. Mas o que se segue é mais animador.
Após a igreja de Sardes, surgiria a sexta igreja, a de FILADÉLFIA (3, 7-13). Tudo que se diz dela é bom, sobretudo por causa da chegada do momento capital, o mais insigne e singular dos todos os momentos desde o começo da história até os dias de hoje: a conversão em massa dos judeus, e sua entrada na Igreja dos gentios, de sorte que povos até então separados por um muro claustral tornam-se um só povo, servo do Cristo – assim, Jacó se reconcilia do Esaú, e Isaque com Ismael, conforme predissera o Apóstolo (Rm 25-32). Daí denominarem esta igreja de Filadélfia, que quer dizer amor aos irmãos ou reconciliação dos irmãos. “Se sua queda (refere-se aos judeus) foi a riqueza do mundo, que não será seu resgate em massa... Se sua recusa foi a reconciliação do mundo, que será sua reintegração, senão a ressurreição dos mortos?” (Rm 11, 12; 15). Quando vier este tempo, deve-se esperar uma admirável expansão da vida cristã em todo o mundo, a insigne vitória do Cristo e da Igreja sobre a Revolução subjugada. Subjugada, disse eu, não destruída; sob a batuta de satã, a Revolução neste entrementes recupera suas forças e inflama-se de intenso furor, aprestando-se para a batalha, para a guerra definitiva contra seu adversário, o Cristo. Daí o aviso ao anjo da igreja de Filadélfia sobre a proximidade da hora da provação, “que vai se abater sobre todo o mundo, para provar os habitantes da terra”.
Assim, resta a sétima e última igreja, a de LAODICÉIA (3, 14-22). Laodicéia significa “julgamento dos povos”, indicando com clareza a época da consumação do séculos, quando o Cristo virá por sobre as nuvens do céu para julgar os vivos e os mortos.
As considerações acerca das sete igrejas do Apocalipse, ou as sete idades da Igreja do Cristo, amigo leitor, talvez não te pareçam improváveis! Concluímos que a idade em que vivemos é a quinta – a idade da defecção, da apostasia e do liberalismo, idade medianeira entre Tiatira e Filadélfia, entre o fim do Sacro Império Romano e a renovação, que o Apóstolo não hesita em comparar à “ressurreição dos mortos” (Rm 11, 15). Tomara nossa interpretação não se afaste da verdade! Em meio ao males presentes – tão numerosos e graves - de que padecemos, ela faz-nos nascer a esperança da restauração futura (se se pode falar assim) e da contra-revolução.
[...]
Busquemos pois o Reino de Deus e sua justiça, não desprezando o mais a que devemos prestar atenção, nem esquecendo que é possível aplicar à influência salutar a Igreja o que já se escreveu sobre a piedade: ela é a todos útil, tendo em si a promessa de vida, presente e futura.»

Cardeal Billot, Prophéties de l’Histoire, Éditions L’Homme Nouveau

domingo, setembro 28, 2008

Escolios geopolíticos de un católico

La reciente situación en el Cáucaso no es un asunto local. El “Partido de la Guerra”, el seccionalista Partido Republicano recauchutado con neoconservadores (trotskistas globalistas en lo político y ultracapitalistas en lo económico), parece empeñado en provocar la guerra en el Asia. No contentos con sus fracasadas aventuras en Irak y Afganistán, ahora quieren meterse en Irán.
Resulta paradójico, pues tales hechos van ya incluso contra los propios intereses de los Estados Unidos. Este mismo parecer, quizás este mismo grupo con otros ropajes, también se ha adueñado del Partido Demócrata. Sus posiciones en política exterior son idénticas, así que la dicotomía entre ambas formaciones políticas es nula. Hay un pensamiento único. Algunos de los datos de política interior de los Estados Unidos son preocupantes pues apuntan hacia una clara disminución de las libertades de los ciudadanos estadounidenses.
A diferencia de muchos de mis amigos, creo que -en este caso concreto de Georgia- Rusia tenía razón y toda la razón. La historia (ni Abjasia ni Osetia fueron parte de Georgia, salvo en las maquinaciones de Stalin) y el ataque brutal e indiscriminado de los georgianos –dirigidos por un hombre muy poco demócrata y con rasgos psicópatas- contra Osetia del Sur descalifican el criminal (tanto en precedentes como en concomitantes) ataque y las pretensiones de Georgia sobre estos dos territorios.
Empero no es el análisis a pie de obra lo que nos ocupa. Quienes sean lectores habituales de A Casa de Sarto saben bien que no solemos estar pegados a los acontecimientos y que si algo cultivamos en esta bitácora es tratar de mirar los acontecimientos sub specie aeternitatis.
¿Cuáles son, pues, las consecuencias a extraer? En primer lugar el poder dado al Asia, que no hace falta demostrar dado el enorme poder –y no sólo económico- que China e India tienen hoy día. Este poder dado al Asia no es sino el cumplimiento de una profecía del Apokalypsis, de las Sagradas Escrituras. En segundo lugar que se está calentando el vientre del mundo, toda esa región que va desde el Asia Central hasta Tierra Santa (la situación en el Medio Oriente es también preocupante). En tercer lugar el recrudecimiento de la persecución contra cristianos en todo el mundo, incluso en los territorios otrora cristianos (véase la persecución contra los católicos y contra todo lo católico que sucede actualmente en España, por ejemplo).
Para un católico el peligro de la Cristiandad viene del Asia: el Islam, los mogoles, el rechazo de Cristo salvo en las Filipinas, alguna zona de la India y poco más, etc., configuran este continente como la más potente amenaza a la Cristiandad –o a lo que resta de ella-. Incluso los romanos, buenos conocedores de la realidad en que vivían, eran inmisericordes con el Asia, con los persas. Ni con los más aguerridos bárbaros del norte tenían ese miedo, ese temor instintivo, que tenían al Asia.
China es un país dominado todavía por el comunismo, algo que frecuentemente se olvida, y que persigue a los católicos de manera sutil, pero implacable. Su penetración económica a nivel mundial es formidable, pero también lo es la cantidad de chinos que se están asentando en todas las partes del globo pudiendo estos llegar a constituir, eventualmente, una quinta columna. Si algo caracteriza las comunidades chinas, incluso sus famosas mafias (tríadas), es su hermetismo. China es una civilización termita, una civilización que sigue controlada por un férreo Partido Comunista que impone esta ideología, intrínsecamente mala según las enseñanzas de los Papas, a machamartillo. China tiene un plan de control y dominio mundial, y esto viene de hace muchos años porque China –civilización milenaria- no tiene las prisas del Occidente ilustrado. China tiene cientos de millones de sus ciudadanos esclavizados y a prácticamente todos ellos amordazados. China se está rearmando hasta los dientes. China es ya, militar, gepolítica y económicamente, una potencia de primer orden.
Rusia está basculando peligrosamente hacia China. No sólo se está dejando penetrar económicamente muchísimo, sino que los chinos en Moscú o San Peterburgo son ya parte habitual del paisaje urbano. Chinos que, por cierto, suelen actuar de manera prepotente y enojar bastante a los locales, como hemos podido comprobar. Rusia ha firmado varios acuerdos de cooperación con China, a sabiendas de las apetencias que tiene China sobre la vasta planicie siberiana. Más aún, Rusia está haciendo un transvase de tecnología militar –y la nueva tecnología militar rusa es simplemente excelente- a China, amén de rearmarles hasta los dientes.
Rusia, sin embargo, sabe que sus enemigos vienen del este y del sur. Siglos le costó a los rusos el poder neutralizar a los tártaros y sus luchas con los musulmanes, sobre todo los otomanos, sólo pueden ser comprendidas por los únicos pueblos de Europa que sufrieron idéntico azote mahometano: españoles y portugueses … siempre que nuestro olvido de nuestra propia historia, nuestra estulticia, nuestra renuncia a nuestro ser y nuestro desvencijamiento moral nos lo permitan. Los Estados Unidos, al hostigar a Rusia de manera tan gratuita como imprudente, están provocando que Rusia haga alianzas que –en el fondo- son antinaturales: con chinos –los nuevos mogoles- y con musulmanes.
Con varios conflictos posibles en ese vientre del mundo del que hablaba (Irán, Georgia, Israel, etc.) amén de los ya existentes (Afganistán, Irak …) y con una situación mundial enormemente volátil por la situación económica mundial, la posibilidad de ignición de un conflicto que pudiera extenderse rápidamente y acabar en deflagración mundial es muy alta. Si así sucediera se generaría un potentísimo vector geopolítico de fuerza este-oeste que llevaría a rusos a invadir Europa (salvo zonas del sur de Europa que podrían ser invadidas por la intrínseca expansividad del Islam, siempre brutal) y a los chinos podría llevarles a expandirse por todo el Asia. Incluso los chinos podrían castigar severamente el continente americano. Ganas no le faltan a los chinos de humillar a los yanquis. No puedo explicar los mecanismos de cómo se genera este vector, pero cualquier interesado en la geopolítica sabe que es así.
Quizás la mayor debilidad rusa estribe en su reducida población. Con su vasto territorio si encima tuvieran que invadir otros países, el talón de Aquiles demográfico sería demasiado fuerte. China, que no tiene problemas demográficos, y puede montar fácilmente un ejército de 120 millones de personas, podría aprovechar este momento de relativa debilidad rusa para atacarles por la espalda.
Rusia ha demostrado cierta capacidad de autocontención y prudencia –muy de alabar- en estos últimos meses en relación a Occidente. Pero Rusia está siendo harto imprudente en sus alianzas con China. Lo cierto es que Rusia es Europa. Es una parte sustancial de Europa. Es, de hecho, la mayor defensa de Europa contra el Asia.
Como católico no dejo de asombrarme que el Santo Padre siga desafiando a la Santísima Virgen y desobedeciendo los deseos del Cielo al postergar sine die la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón. Humanamente, confieso, veo todo este panorama geopolítico cada vez más erizado; para mí ya un heraldo de un Castigo muy fuerte que se viene sobre la humanidad, pero en particular sobre el Occidente apóstata.
La mayor parte del Protestantismo está perdido. Se ha vuelto un instrumento de primera en manos del Quinto Imperio, el anglosajón: aquel que allana el camino al Anticristo, como el Padre Castellani nos recordara siempre. En figuras como el Patriarca de Moscú, Alexis II, veo una prefiguración del día que el Ortodoxismo se reintegre a Roma, por difícil que pueda parecer en estos momentos. Con un Catolicismo completamente herido por el racionalismo, el naturalismo y el modernismo emanantes del Vaticano II, nuestra lucha por la Tradición resulta –curiosamente- muchísimo mejor comprendida por los ortodoxos. Ellos, a Dios gracias y quizás por su siempre sentida y cumplida devoción mariana, no han hecho mutaciones doctrinales. En contactos recientes que he podido tener con liturgias orientales veo una fuerza y un espíritu formidables de los que apenas el Rito Tridentino –también silenciado y amordazado él por la canalla episcopal en Occidente- representa algo similar, si bien el tono romano siempre es de serenidad y mesura.
Y que nadie se escandalice si hablo de canalla episcopal, porque canallas son quienes quieren ahogar el Santo Sacrificio de la Misa, quienes lo boicotean, lo prohiben, lo silencian, lo laminan, lo erosionan, lo atacan (de palabra, obra u omisión), como algún gallego malhadado y cabrón que aflige cierta importante diócesis española y se hace acompañar de Vicarios que son la gentuza más anticaritativa y farisaica que me he echado a la cara, capaces de negarles algunos de ellos ayuda a una religiosa de clausura enferma y necesitada.
No hay color entre el Novus Ordo, un rito que lo menos que se puede decir de él es que está protestantizado (es decir, cercena la Gracia) y que por tanto resulta peligroso, y el Rito Tradicional. Canallas son, sí, todos aquellos que dificultan aún en lo más mínimo el Rito de siempre, el rito sempiterno declarado Dogma por San Pío V. Pero no digamos de esta canalla que son católicos porque a lo más que llegan es a pseudocatólicos, a tibios de los cuales ruego a Dios Nuestro Señor encarecidamente tenga a bien vomitarlos de su boca lo antes posible si no cejan en su empeño de machacar la Tradición.
Todo lo anterior configura un nudo gordiano que resulta difícilísimo desenlazar. Sólo el Santo Padre, que tiene las llaves de Pedro hacia arriba, esas llaves que abren las puertas del Cielo, tiene la clave para hacer que el depósito de la Fe -la Tradición- reconquiste la Iglesia, Rusia vuelva a Europa, el Ortodoxismo a Roma y Cristo a reinar sobre nuestras sociedades: la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón.
Recemos y ofrezcamos nuestras cruces por esta intención, la de la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón.

Rafael Castela Santos

quarta-feira, setembro 24, 2008

Benedict XVI breaking myths on Pius XII

Extracted from this original text. One issue is getting clearer and clearer: Pius XII protected the Jews. Saying the contrary is just a sheer lie. A Casa de Sarto will continue to defend the hard facts: persecuted Jews were greatly helped by Pius XII. Only biased and untruthful venomous authors can say the contrary. Moreover, they do deny the great protection given to the Jews by Pius XII with the ultimate aim of attacking the Catholic Church.
Yet truth is only one: Pius XII protected the Jews. That is to say, the Catholic Church protected the Jews.

Rafael Castela Santos

“Fifty years have passed since [Pius XII] pious death here at Castel Gandolfo early on the ninth of October 1958, after a debilitating disease. This anniversary provides an important opportunity to deepen our knowledge of him, to meditate on his rich teaching and to analyze thoroughly his activities. So much has been written and said of him during these last five decades and not all of the genuine facets of his diverse pastoral activity have been examined in a just light. The aim of your symposium has been precisely to address some of these deficiencies, conducting a careful and documented examination of many of his interventions, especially those in favour of the Jews who in those years were being targeted all over Europe, in accordance with the criminal plan of those who wanted to eliminate them from the face of the earth. When one draws close to this noble Pope, free from ideological prejudices, in addition to being struck by his lofty spiritual and human character one is also captivated by the example of his life and the extraordinary richness of his teaching. One can also come to appreciate the human wisdom and pastoral intensity which guided him in his long years of ministry, especially in providing organized assistance to the Jewish people.
Thanks to the vast quantity of documented material which you have gathered, supported by many authoritative testimonies, your symposium offers to the public forum the possibility of knowing more fully what Pius XII achieved for the Jews persecuted by the Nazi and fascist regimes. One understands, then, that wherever possible he spared no effort in intervening in their favour either directly or through instructions given to other individuals or to institutions of the Catholic Church. In the proceedings of your convention you have also drawn attention to his many interventions, made secretly and silently, precisely because, given the concrete situation of that difficult historical moment, only in this way was it possible to avoid the worst and save the greatest number of Jews. This courageous and paternal dedication was recognized and appreciated during and after the terrible world conflict by Jewish communities and individuals who showed their gratitude for what the Pope had done for them. One need only recall Pius XII’s meeting on the 29th of November 1945 with eighty delegates of German concentration camps who during a special Audience granted to them at the Vatican, wished to thank him personally for his generosity to them during the terrible period of Nazi-fascist persecution.”

Pope Benedictus XVI

quinta-feira, setembro 18, 2008

Modernismo: Tentativas pré-conciliares

Original aqui.

«Havia muito tempo, os neo-modernistas tratavam de se desfazer da Comissão Bíblica Pontifícia, i. é, do Magistério da Igreja, tal qual Lutero, contudo com mais perfídia. Almejavam o mesmo resultado, mas por meio do próprio Magistério Eclesiástico. Isso está documentado em Leão XIII e os estudiosos da Bíblia (Rovigo, 1976, 276 p.), na introdução do estudo sobre A Ressurreição de Jesus (idem, 1978, 246 p.) contra o jesuíta Xavier-León Dufour (que imita Will Marven, fundador da Redaktiongeschichte, que nega a Ressurreição) e, por último, em A Tradição contra o Concílio (Roma, 1989, 284 p.).
Primeira tentativa – Aludamos aqui brevemente à primeira tentativa, feita em 1948 pelo card. Suhard, arcebispo de Paris, que pede ao card. Tisserant (presidente vitalício da Comissão Bíblica Pontifícia) a abolição dos dois decretos dessa comissão, que defendem a autenticidade mosaica do Pentateuco (1906) e a historicidade dos três primeiros capítulos do Gênese (1909). A resposta, em francês, carece de transparência, é longuíssima e possui algumas frases anfibológicas. Os progressistas exultam e começam a falar em “mitos” do Gênese. Pio XII claramente deplora, no Humani Generis, a interpretação fantasiosa dos que abusam, de forma suspeita, da carta enviada pelo card. Tisserant ao cardeal Suhard. O card. Bea, no seu comentário à encíclica, publicado em La Civiltà Cattolica (n. 101, 1950-IV, p. 417-430), é claríssimo sobre esse ponto.
Segunda tentativa – Em 1954, um texto é apresentado aos membros da Comissão Bíblica Pontifícia – quais sejam, os cardeais Ruffini, Mercati, Pizzardo e Tisserant (presidente vitalício, de 1937 até sua morte) - em que se solicita que sejam declarados superados os decretos emitidos pela própria Comissão Bíblica Pontifícia: era a ordem do dia da reunião! É nesse ensejo que, em 1955, o pe. A. Millier (secretário da Comissão Bíblica Pontifícia) e o pe. A. Kleinhans (subsecretário) publicam separadamente dois artigos em substância idênticos: “na medida em que se sustentem nos ditos decretos opiniões que não se refiram, nem direta nem indiretamente, às verdades relativas à fé e aos costumes, entende-se que o investigador pode prosseguir seus estudos com absoluta liberdade”. Os partidários da liberdade, com E. Vogt à frente (Bíblica, 1955, p. 564 e ss.), apreciam deveras ambos os artigos: constituem a tácita condenação à morte dos decretos da Comissão Bíblica Pontifícia.
Terceira tentativa – Esta vinculada diretamente com a precedente. Em 1957, aparece a Introdução à Bíblia, t. I, sob a direção de A. Robert e A. Feuillet (Desclée, Tournai, 880 p.). O grosso volume sai da forja dos modernistas franceses: o Instituto Católico de Paris – que no passado já contava entre seus professores com Ernest Renan (racionalista) e Alfred Loisy (modernista) e, no momento de que falamos, com Pierre Grelot (que virá a ser membro da nova e bizarra Comissão Bíblica) – está em perfeita harmonia com o pe. Lyonnet, S.I., do Instituto Bíblico Pontifício. O livro, que milita contra a doutrina católica da inspiração individual, favorecendo a presumida inspiração coletiva e a limitação da inerrância (Henri Cazelles), beneficiou-se da campanha publicitária feita a seu favor pela Comissão Bíblica. Evita-se desta feita que o Dicastério Supremo, o Santo Ofício, intervenha e o condene: o card. Bea se oferece para revisá-lo e corrigir seus erros a fim de permitir uma nova edição. Descobrimos agora quais eram os promotores da proposição desaprovada em 1954: Paris e Roma, sempre. O pe. Lyonnet, S.I., era o deus ex machina que induzia seu protetor secreto, o card. Tisserant.
Apesar de renovarem as supracitadas tentativas, o Instituto Bíblico Pontifício já ministrava as “novidades” a seus alunos. O pe. Lyonnet em pessoa dava o mal exemplo com o artigo O pecado original e a exegese de Romanos 5, 12, publicado na revista Recherches de science religieuse, nº 55, p. 63-85 (1956), onde nega que se possa apontar o texto de São Paulo como argumento bíblico para o dogma do pecado original; não obstante, trata-se de um texto cujo sentido, como o admitem todos, foi reconhecido em dois cânones do Concílio de Trento.
O ano de 1943, em que se publica a encíclica Divino Afflante Spiritu, de Pio XII, apresentava-se como o ano da “liberação” para os exegetas católicos: já está derrubado o muro – diziam – que separava os católicos dos protestantes e racionalistas; já se abandonou toda distinção; o que vale é a investigação da Bíblia mediante uma exegese exclusivamente filológica e histórica. No ano de 1943 começava uma nova era. O card. Bea afirmava: “o ecumenismo já se esboça entre os exegetas”. Só resta um inimigo de que se deve dar cabo: o exegeta católico que, em seu trabalho, segue fiando-se na interpretação autêntica, no sentido quem tenuit ac tenet Sancta Mater Ecclesiae [que sustentou e sustenta a Santa Madre Igreja], e que segue crendo na inspiração divina (ilustrada na encíclica Providentissimus Deus), na inerrância absoluta, na historicidade dos Evangelhos etc.
Quarta tentativa – A 3 de setembro de 1960 apareceu, em La Civiltà Cattolica (p. 449-460) um artigo adrede intitulado Para onde vai a exegese católica? A resposta saltava aos olhos ao se ler o artigo: a exegese católica muda de roupagem, se camufla, abandona todo princípio dogmático. O autor, o pe. Alonso Schökel, S.I., atribuía essa capacidade de subversão à encíclica Divino Afflante Spiritu de Pio XII. O Instituto Bíblico Pontifício enviou um trecho do artigo a todos os bispos italianos; era um manifesto propagandístico em vista do iminente concílio anunciado de súbito pelo papa Roncalli, o ingênuo (verdadeiro ou fingido?) João XXIII. O Instituto Bíblico Pontifício julgava que chegara o momento de sair das sombras. Já havia mais de dez anos (com o novo reitor, o pe. E. Vogt) que os professores Lyonnet, Zerwick, Schökel e Dyson vinham incutindo na doutrinação de seus alunos – com maior ou menor prudência – sua “revolução” neo-modernista. Os mais preparados em teologia se surpreendiam e escandalizavam; os demais se deixavam fascinar pelas “novidades”. Uns e outros confiavam a terceiros, por motivos diferentes, sua perplexidade ou entusiasmo. Citarei apenas dois exemplos.
Eu ensinava em Roma desde 1950; dirigia a Rivista Biblica fundada por mim (1953-1957), quando me veio visitar um excelente religioso brasileiro, Calisto Vendrame (1951-1953), para me falar da exegese dos livros I e II de Samuel lecionada pelo pe. Dyson, S.I. O pe. Vendrame lhe perguntara: “como se pode conciliar a doutrina da inspiração com a exegese que o sr. nos propõe?”. O professor lhe respondeu: “Mas como! Você ainda segue a doutrina da inspiração divina que o pe. Bea ensina?”. O pe. Bea não era reitor desde 1949, mas continuava sendo professor. Quando lhe contei [ao pe. Bea] o episódio, ele me disse, visivelmente contristado: “O pe. Dyson não se dá conta do grave dano que está causando a seus alunos”.
Ao contrário, Luigi Morali e Leone Algisi de Bergame (1948-1950) estavam entre os mais entusiasmados: “Está disponível aos alunos uma nova teoria sobre a inspiração; contudo, não convém fazê-la pública”. Tal como o pe. Dyson, eles caçoavam do pe. Bea. Era uma espécie de maçonaria.»

Mons. Francesco Spadafora

terça-feira, setembro 16, 2008

Holzhauser

Traemos hoy a colación al Venerable Bartolomé Holzhauser, un Sacerdote bávaro del siglo XVIII, profundamente admirado por el Padre Leonardo Castellani. Holzhauser fue un gran exégeta, escribió formidables tratados sobre la paciencia y la humildad, fundó los Bartolomitas y descolló en su vida por su santidad. Su proceso de Canonización está en marcha.
Fue testigo de la persecución que con paciencia sufrieron los católicos (a manos de protestantes) de aquella región europea. Padeció las consecuencias de la Guerra de los Treinta Años, que debilitó enormemente la Fe. Es por esto que sus obras resultan otra vez candentes. En estos tiempos en que los católicos son perseguidos de mil y una maneras por la caterva de nihilistas y neopaganos que nos aflige, en estos tiempos de Fe debilitada por el Vaticano II, bueno será volver con las visiones proféticas de Bartolomé Holzhauser.

RCS

«El quinto período de la Iglesia, el cual empieza cerca de 1520, terminará con el arribo de santo Papa y el poderoso Monarca quien es llamado “Ayuda de Dios” debido a que el restaurará todo. El quinto período es uno de aflicción, desolación, humillación, y pobreza para la Iglesia. Jesús Cristo purificará Su gente a través de crueles guerras, hambrunas, plagas, epidemias, y otras horribles calamidades. El también afligirá y debilitara la Iglesia Latina con muchas herejías. Este es un período de deserciones, calamidades y exterminios. Aquellos cristianos que sobrevivan a la espada, plagas y hambrunas, serán solo algunos en la tierra.»

«Durante este período, muchos hombres abusarán de la libertad de conciencia concedida. Es a este tipo de hombre que el Apóstol Judas se refería cuando decía: “Esos hombres blasfeman de cualquier cosa que no puedan entender; y ellos corrompen todo lo que conocen de manera natural tal como los animales irracionales lo hacen. Ellos ridiculizarán la simplicidad cristiana; ellos la llamaran tonta y sin sentido, y tendrán el mayor avance tecnológico, y por las mañas de la ley y sus axiomas, los preceptos de moralidad, los Cánones Sagrados y los dogmas religiosos serán opacados por preguntas sin sentido y elaborados argumentos.”»

«Aquellos son los tiempos de la maldad, un siglo lleno de peligros y calamidades. La Herejía esta en todas partes y los seguidores de la Herejía tendrán poder en casi todos los lugares ... Pero Dios permitirá una gran maldad en contra de Su Iglesia: Los herejes y tiranos caerán súbita e inesperadamente sobre la Iglesia destruyéndola ... Ellos entrarán en Italia y dejarán Roma desbastada; ellos incendiaran las iglesias y lo destruirán todo.»


Ven. Bartolomé Holzhauser

sexta-feira, setembro 12, 2008

Un Obispo habla claro sobre Satanás hoy día

Aquí hay un Obispo que habla claro. Monseñor Robert Vasa explica la lucha espiritual tremenda que subyace tras el aumento de abortos, los gaymonios u otros menesteres. Habla de esa realidad de la que se habla hoy día muy poco: el Infierno y las naturalezas angélicas –ángeles caídos- que allí habitan. Habla de la realidad del fenómeno de las posesiones y el aumento de la depravación en nuestras sociedades. Ese aumento sólo puede tener una inteligencia más poderosa que la humana detrás.
¿Podría la Santa Sede, por favor, ponernos Obispos que hablen así de clarito en las Diócesis de Portugal y España? ¿O tendremos que ficharles a golpe de talonario y con cláusulas de rescisión millonarias?
Léanle. No se pierdan a Su Excelencia Robert Vasa.

Rafael Castela Santos

quinta-feira, setembro 11, 2008

Las gafas de Castellani

Juan Manuel de Prada sigue escribiendo sobre el Padre Leonardo Castellani, admiradísimo autor de A Casa de Sarto. Una buena pluma escribiendo sobre un brillante y profundo autor al que tanto debemos en esta modesta bitácora. También nosotros compartimos con Juan Manuel de Prada el deslumbramiento por Castellani. Eso sí, entre JSarto y yo tenemos todos los libros encontrables y alguno de los inencontrables del Padre Castellani. Quizás, y sin quizás, las páginas de Castellani que maneja Juan Manuel de Prada sobre su mesa provengan, precisamente, de nuestros anaqueles. La sombra carmelitana de un amigo común es alargada.
Será que somos todos miembros sin saberlo no ya de la Hermandad de San Pío X, sino de esa sociedad secreta y discreta de la Hermandad de San Castellani I. Una sociedad castellanitrópica cuyo objetivo último no es sino el descuartizamiento (dicho esto de manera no sólo analógica, sino también digital) de todos los fariseos que en el mundo son amén de la implantación de una sociedad universal inspirada en la "cábala" castellaniana.

Rafael Castela Santos

“Disfruté como un enano leyendo a Castellani, y espero seguir disfrutando por mucho tiempo, pues localizar algunas de sus obras, de tan recónditas y postergadas por la desidia editorial, es tarea propia de sabuesos. En mi existencia de lector he saboreado muchos deslumbramientos; pero nunca el tamaño de ese deslumbramiento había sido tan gigantesco, en comparación con el diminuto reconocimiento de un autor. Castellani se distinguió siempre por sostener –y no enmendar– aquellas posturas estéticas, filosóficas o religiosas que los repartidores de bulas del cotarro cultural han decidido anatemizar; y esta vocación felina de singularidad lo ha expulsado a esos arrabales de descrédito donde la moderna censura del pensamiento hegemónico sepulta a quienes tienen la gallardía de llevar la contraria sin desmayo. En honor a la verdad, esta condena en muerte no es demasiado diversa a la que padeció en vida: expulsado de la Compañía de Jesús, Castellani sufrió todo tipo de iniquidades y tropelías, hasta morir, viejo y achacoso, sin más refugio que su fe montaraz y la lealtad acérrima a sus dos vocaciones, tan íntimamente desposadas entre sí: la sacerdotal y la literaria.
Hace unos días, invitado por el Colegio Mayor Universitario San Pablo en Madrid, hablé a unos jóvenes del descubrimiento gozoso de Castellani. Descubrí entonces, con sorpresa y júbilo, que había entre ellos un par de argentinos que compartían mi devoción por aquel cura quijotesco y trabucaire. Ambos eran hijos de discípulos de Castellani, hombres que habían compartido las tribulaciones del maestro y lo habían acompañado en los años de la tribulación (que fueron casi todos), cuando apenas encontraba quien editara sus libros. Uno de esos jóvenes, Mariano Jora, me confió que en su habitación guardaba, a modo de reliquia, las fatigadas gafas que Leonardo Castellani gastó en sus postrimerías, antes de cerrar los ojos, o de abrirlos a la única Gloria que persiguió en vida. Le rogué a Mariano, con secreto temblor y rendido alborozo, que me las mostrara; y Mariano corrió a su habitación para traérmelas. Eran unas gafas de montura pobretona, unas gafas tan menesterosas que parecían como en parihuelas o cabestrillo, con las patillas flojas y liadas de esparadrapos costrosos. Eran las gafas de un hombre que vive en el alambre de la pura supervivencia, las gafas de un hombre que no tiene dinero para cambiárselas, las gafas de un hombre que ni siquiera piensa en cambiárselas, porque ha hecho de la pobreza su escuela, su avío, su consuelo, su nobleza, su más íntima sustancia.
Me quedé mirándolas un largo rato, con emoción compungida, como si en aquellas gafas se cifrase una dolorosa enseñanza moral. Y pensé que aquellas gafas casi mendicantes, testimonio de una vida de privaciones e infortunios, eran también la metáfora de una época miope que gasta a sus mejores hombres sin siquiera reparar en ellos, demasiado engolfada en modas y vanidades filibusteras. Pero está de Dios que Leonardo Castellani sea redescubierto: con que sólo una de las personas que lean este artículo rebusque sus libros y se asome a sus páginas, picada por el gusanillo de la curiosidad, seré el hombre más feliz de la Tierra.”

Juan Manuel de Prada

sexta-feira, setembro 05, 2008

La Iglesia y el problema social

«... La economía individualista, con tanto calor defendida y propagada por los doctores del liberalismo como la panacea universal de los males sociales, ha venido de consecuencia en consecuencia a entronizar de nuevo la esclavitud en los talleres y en las fábricas.
Incapaz de conocer el fin, y, por lo tanto, la misión del Estado y la esfera de su acción, se alarma a la menor tentativa encaminada a reglamentar el trabajo y a impedir la explotación capitalista, como si viese aparecer el socialismo; y pide a los poderes públicos que se crucen de brazos conforme lo establece la famosa fórmula fisiocrática, y que dejen a las no menos famosas leyes naturales económicas el encargo de hacer brotar las armonías.
Y esas armonías, engalanadas con los ingeniosos sofismas de Bastiat, ya hemos visto de qué manera se convertían en una guerra sorda y despiadada, cuando no estallaban en colisiones sangrientas.
La economía liberal comenzó por romper todo vínculo moral entre patronos y obreros, y, en vez de depurar y perfeccionar las antiguas instituciones gremiales, las pulverizó, entregando a los trabajadores el cetro de una libertad que ha concluido por convertirlos, según la frase de Lasalle, en unos “esclavos blancos”.
Y así tenía que suceder; porque, desde el momento en que las relaciones entre patronos y obreros se fijan únicamente por la ley de la oferta y la demanda, el trabajo queda reducido a una mercancía y la persona humana que le realiza a una máquina de producción; es decir, a una cosa, lo mismo que en la sociedad pagana.
Así se cumple la regla de Cobden: Si dos obreros van detrás de un patrono, el salario baja; si dos patronos van detrás de un obrero, el salario sube. El contrato de trabajo se reduce a una compraventa, y el obrero no es más que una cosa que se adjudica, en el mercado de la libre concurrencia, al mejor postor.
¿Y en qué se diferencia esto de la esclavitud? Esencialmente, en nada.»

Juan Vázquez de Mella y Fanjul (9 de Noviembre de 1889)

quinta-feira, setembro 04, 2008

O verdadeiro pai da Revolução

Original aqui.

«Há na Revolução um mistério, um mistério de iniqüidade que os revolucionários não podem compreender, pois somente a fé, que eles não possuem, pode dar a chave.
Para compreender a Revolução, é preciso remontar até ao pai de toda revolta, que primeiro ousou dizer e ousa repetir até o final dos séculos: Non serviam, não obedecerei.
Satã é o pai da Revolução. A Revolução é sua obra, começa no céu e se perpetua pela humanidade a cada era. O pecado original, pelo qual Adão, nosso primeiro pai, igualmente revoltou-se contra Deus, introduziu na terra não ainda a Revolução, mas o espírito de orgulho que é seu princípio; e desde então o mal cresceu sem parar, até a aparição do cristianismo, que o combateu e o fez recuar.
A Renascença pagã, depois Lutero e Calvino, Voltaire e Rousseau, despertou o poder maldito de Satã, seu pai; e, favorecido pelos excessos do cesarismo, este poder recebeu, no início da revolução francesa, uma espécie de consagração, uma constituição que ela não tinha tido até então e que faz dizer com justiça que a Revolução nasceu na França em 1789. “A revolução francesa, dizia em 1793 o feroz Babeuf, não é senão a precursora de uma revolução bem maior, bem mais solene, e que será a última”. Esta revolução suprema e universal que já cobre o mundo, é a Revolução. Pela primeira vez, desde seis mil anos, ela ousou designar-se perante o céu e a terra por seu nome verdadeiro e satânico: a Revolução, quer dizer: a grande revolta.
Ela tem por lema, como o demônio, a famosa frase: Non serviam. Ela é satânica em sua essência; e, ao derrubar todas as autoridades, tem por fim último a destruição total do reino do Cristo sobre a terra. A Revolução, não esqueçamos, é antes de tudo um mistério de ordem religiosa; é o anticristianismo. É isto que constatou, em sua encíclica de 8 de dezembro de 1849, o Soberano Pontífice Pio IX: “A Revolução é inspirada pelo próprio Satã. Sua meta é destruir de alto a baixo o edifício do Cristianismo e de reconstruir sobre suas ruínas a ordem social do paganismo.” Admoestação solene confirmada a risca pelos próprios fiéis da Revolução: “Nossa meta final, diz a instrução secreta da Vente Supreme, nossa meta final é aquela de Voltaire e da Revolução Francesa, a aniquilação definitiva do catolicismo e mesmo da idéia cristã. »

Louis Gaston de Ségur

(RCS)

terça-feira, setembro 02, 2008

En Tuy (Galicia, España) el Papa fue elegido primer responsable de la paz futura

El texto original fue sacado de aquí.

La Consagración de Rusia: El pedido de Nuestro Señor y el análisis de este pedido

«El 13 de junio de 1929, mientras la Hermana Lucía estaba en el noviciado de las Hermanas Doroteas en Tuy, España, Nuestra Señora cumplió Su promesa del 13 de julio de 1917: “Vendré a pedir la consagración de Rusia...” escribe la Hermana Lucía1 que, estando ella una noche sola... en medio de la capilla... cuando la única luz era la de la lámpara:
De repente, se iluminó toda la capilla con una luz sobrenatural y sobre el altar apareció una cruz de luz que llegaba hasta el techo. En una luz más clara se veía, en la parte superior de la cruz, un rostro de un Hombre y Su Cuerpo hasta la cintura. Sobre su pecho había una paloma igualmente luminosa. Y clavado en la cruz, el cuerpo de otro hombre. Un poco por debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían unas gotas de Sangre que corrían a lo largo del Rostro del Crucificado y de una herida en Su pecho. Escurriendo por la Hostia, esas gotas caían dentro del Cáliz.
Bajo el brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Inmaculado Corazón en Su Mano ... (Era Nuestra Señora de Fátima con Su Inmaculado Corazón ... en Su mano izquierda ... sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas). Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz), unas grandes letras, como si fueran de agua clara cristalina, que corrían hacia el altar, formaban estas palabras: ‘Gracia y Misericordia’. Comprendí que me era mostrado el misterio de la Santísima Trinidad y recibí luces sobre este misterio que no me es permitido revelar.2
Luego Nuestra Señora dijo a la Hermana Lucía:
‘Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón; prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí, que vengo a pedir Reparación. Sacrifícate por esta intención y reza’.2
El pedido de la solemne y pública Consagración de Rusia por el Papa y todos los obispos católicos, expresado por intermedio de Nuestra Señora a la Hermana Lucía, es un pedido hecho por Dios mismo. En Tuy, Nuestra Señora dijo a Lucía: “Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga...”
Durante casi 1.000 años el rechazo de la Santísima Voluntad de Dios, y de Dios mismo, ha ido escalando. En 1054 AD el cisma ortodoxo comenzó cuando ellos dijeron “sí” a Dios, “sí a Cristo”, “sí” a Su Iglesia, pero “no” al Papa — Vicario de Jesucristo.
Ellos lo reconocen como “el primero entre iguales”, pero no reconocen su primacía de jurisdicción sobre todos los Patriarcas, Cardenales y obispos de la Iglesia.
En 1517, Martín Lutero dijo “sí” a Dios, “sí” a Cristo, “no” a la Iglesia Católica y “no” al Papa. Él proclamó tener fidelidad a Dios y a Nuestro Señor, pero rechazó a la Iglesia. Por lo que, es imposible permanecer fiel a Cristo cuando se rechaza a Su Esposa, la Iglesia.
En 1717 la Francmasonería dijo “sí” a Dios, “no” a Cristo, “no” a la Iglesia Católica y “no” al Papa. Ellos pretendieron reconocer a Dios (no al verdadero Dios, sino a su propia concepción de Dios), pero ya no quisieron a Cristo y a Su Iglesia. De nuevo, es imposible servir a Dios mientras se rechaza a Su Hijo: “Yo y el Padre somos uno,” dijo Nuestro Señor.
Finalmente, en 1917 Lenin dijo “no” a Dios, a Cristo, a la Iglesia Católica y al Papa. Con el Comunismo, vemos la culminación de lo que había comenzado con el cisma ortodoxo y con la herejía luterana: el rechazo descarado no solo de la Iglesia Católica, sino también el rechazo de Jesucristo e incluso de toda noción de un Dios Todopoderoso. La Consagración de Rusia revertirá el alzamiento y la rebelión contra Dios, iniciada con el cisma ortodoxo de 1054, favorecida por la herejía de Lutero de la sola scriptura, incrementada por la apostasía de la Francmasonería e intensificada por el Comunismo.
Son estos “No” los que serán revertidos por la consagración de Rusia. Como dijo Nuestro Señor, la Iglesia es Su Esposa. Usted lo encontrará en la Carta a los Efesios. No podemos estar con Cristo y contra Su Iglesia, como enseñó Lutero. No podemos estar con Dios y contra Cristo, como dijo Nuestro Señor a los Fariseos: “Si Dios fuera vuestro Padre, vosotros me aceptaríais porque Yo soy la imagen de Mi Padre. Yo y el Padre somos Uno. No, vuestro padre es el diablo”. Dios Hijo es la imagen del Padre. “Felipe. ¿No sabes que Yo y el Padre somos Uno? Tu me has visto, tu has visto al Padre”. Así, en cierto sentido, Marx lo estaba cumpliendo, al decir “No” a Dios, ese “No” es inseparable del “No” a Cristo, “No” a Su Iglesia y “No” a Su Vicario sobre la tierra. Pero todas estas cosas serán revertidas por la consagración y la conversión de Rusia. Incluso el “No” de los ortodoxos, negando la primacía del Papa en 1054, será revertido.
Así, cuando finalmente se logre la Consagración de Rusia y la paz mundial, deberíamos recordar que esta no vino por ninguno de los hombres, ni por todos ellos juntos. Ni siquiera por los méritos del Santo Padre, sino por los méritos de Nuestra Señora.
Al mismo tiempo, Dios quiere también que todo el mundo vea la importancia de la condición única del Santo Padre y de los obispos católicos y, en realidad, de la Iglesia Católica. Y es por eso que Él ha insistido que no solo sea el Santo Padre, sino los obispos católicos junto con el Santo Padre quienes realicen ese acto, para que el mundo vea la relación directa entre la Rusia convertida y el Papa y los obispos, que cumplieron ese acto de consagración al Inmaculado Corazón de María.
La gente dirá cosas distintas. Ellos dirán: gracias a Dios y a Nuestra Señora hemos recibido esta gracia de la paz mundial. Gracias a Dios Hijo por convertirse en hombre y fundar y sostener Su verdadera Iglesia, la Iglesia Católica.
También dirán, gracias a Dios por indicar claramente el poder, el prestigio, la importancia de la Jerarquía Católica y especialmente la primacía del Papa sobre los obispos de la Iglesia. Porque esta consagración tendrá lugar por mandato directo del Papa, quien gobierna a los obispos; la gente verá entonces que el Papa no es un igual sino que es su superior. Esta acción de la Consagración manifestará claramente, públicamente y definitivamente a todo el mundo, de la manera más milagrosa, la voluntad de Dios de que el Papado fue fundado por Dios y que el Papa no solo tiene la ‘primacía de honor’ sino también la primacía de jurisdicción sobre todos los otros Obispos.
En último análisis, Dios ha dado a la Iglesia y al mundo este plan inmutable para obtener la paz mundial, solo por medio de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María a realizar por el Papa y los obispos católicos. El Dios Omnipotente ha decretado demostrar así, a la Iglesia y al mundo, no solo la necesidad y la importancia de la devoción a Nuestra Señora, sino también demostrar por esta consagración de Rusia y la paz mundial subsiguiente, que El ha fundado solo una Iglesia, la Iglesia Católica y que Él ha establecido dentro de ella esa jerarquía de la Iglesia Católica, y ha dado al Papa la primacía de autoridad en la Iglesia.3
Como Dios ha sido insultado públicamente por el ateísmo comunista, error principal de Rusia del cual nos advirtió Nuestra Señora en 1917, Él pide que se haga reparación pública por esa grave blasfemia, por medio de una re-dedicación del país y de los pueblos de Rusia al servicio de Dios. Sin embargo, Él ha ordenado que se haga de una manera determinada.
Hablando de Nuestra Señora, San Bernardo nos dice, “Hay tantas cosas imperfectas en nuestros ofrecimientos a Dios que Ella hará aceptables a El.” San Alfonso María de Ligorio explica que si queremos que nuestra ofrenda sea recibida por el Dios Altísimo, la deberíamos ofrecer por intermedio de la Santísima Virgen María.
Dios desea que la Consagración de Rusia venga de manos de Su Madre Santísima, quien no solo hará más agradable a Él esa consagración, sino que Ella atraerá al mundo a Su Inmaculado Corazón, por medio de la paz subsecuente que Ella le dará. Poco antes de su muerte, la Beata Jacinta de Fátima le dijo a su prima Lucía,
‘Ya me falta poco para ir al Cielo. Tú quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando sea el momento de decirlo, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María; que se las pidan a Ella; que el Corazón de Jesús quiere que, a su lado se venere el Inmaculado Corazón de María; que pidan la paz al Inmaculado Corazón de María, que Dios se la entregó a Ella.’4
Gracias a la conversión de Rusia a la Fe Católica, a la actividad misionera subsiguiente a una Rusia convertida, y por el milagro moral de la conversión de Rusia, el resto del mundo se convertirá. No podemos tener la paz de Cristo en el mundo entero, sin la conversión del mundo a la única religión verdadera que fundó Jesucristo, a saber, la Fe Católica. La Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, cuando se realice tal como fue específicamente pedida, atraerá a los cismáticos, protestantes, masones, comunistas y a todos los pueblos al redil de la única Iglesia verdadera, y bajo la protección del Inmaculado Corazón de María, quien será amada y honrada como Nuestro Señor lo desea.
Finalmente, el pedido en Tuy de la Consagración de Rusia, fue distinguido especialmente por el rol que a los obispos de la Iglesia, y específicamente al Santo Padre, se les ha dado en el plan de Dios para la paz. Los fieles, por su parte, han sido instruidos en la oración y el sacrificio en las apariciones de Fátima, y sus oraciones y sacrificios pueden ayudar a decidir la Consagración. En Tuy, sin embargo, el Papa es designado como el primer responsable por la paz futura: “Dios pide que el Santo Padre...” La paz del mundo, nos dice el Mensaje de Fátima, depende del Papa y de los obispos del mundo, obedeciendo el pedido de la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. No podrá venir ni vendrá por ningún otro medio.
El 5 de mayo de 1917, el Santo Padre, Papa Benedicto XV, rogó públicamente a la Santísima Madre que le mostrara a él y a la humanidad el camino para la paz. Como una madre amorosa, Ella prontamente consintió, y el 13 de mayo — 8 días más tarde — Ella vino a mostrar al Papa y a la humanidad como obtener la paz para el mundo, pero con la condición de la colaboración del Santo Padre y de la cooperación de los fieles de la Iglesia con los pedidos hechos a ellos. (Por una mayor explicación de este punto, ver “Today Everything Depends on the Pope” en la edición 34 de la revista The Fatima Crusader, para un análisis más en profundidad del rol único y necesario que Dios ha dado al Papa.)»

(Sin firma, de autoría posible del Padre Grunner)

Notas:
1. A pedido de su director espiritual, Padre Gonçalves, la Hermana Lucía registró el relato de la aparición, en mayo de 1936. Citado en Frère Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fatima, Volumen II: The Secret and the Church, p. 504.
2. Documentos, pp. 463-465. Citado en Frère Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fatima, Volume II: The Secret and the Church, pp. 463-64.
3. Padre Nicholas Gruner, “Do Not Despise Prophecy”, The Fatima Crusader, edición 54, invierno de 1997, pp. 3 y ss.
4. De la Tercera Memoria de la Hermana Lucía; Documentos, p. 235; ver también Frère Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fatima, Volume II: The Secret and the Church, p. 283.

(RCS)

segunda-feira, setembro 01, 2008

Ainda Monsenhor Klaus Gamber e a questão da reforma litúrgica

Em adenda ao artigo anterior, parece-me também de toda a relevância salientar que Monsenhor Klaus Gamber considera o novo rito criado pela reforma litúrgica como teoricamente válido, sem prejuízo de o responsabilizar em termos práticos pelo enorme aumento de celebrações de missas inválidas.

Outrossim, a leitura de "La Reforme Liturgique en question" trouxe-me à memória um facto que constatei estas férias em igrejas situadas em zonas turísticas frequentadas por elevado número de estrangeiros: à entrada das mesmas, não é incomum depararmos com um aviso que alerta para a possibilidade de uma das leituras da Missa dominical poder ser efectuada em língua estrangeira (normalmente inglês, francês ou alemão), desde que isso seja solicitado com determinada antecedência.

Parece-me que tal seria inútil, se nessas igrejas se celebrasse a Missa tradicional de rito-latino-gregoriano, garante da unidade e universalidade do culto católico. A vernaculização forçada e total da liturgia, com o correspondente banimento do latim, tem destas consequências imprevistas. Banimento que não se compreende, conforme o sustenta uma vez mais Monsenhor Klaus Gamber, numa época em que as viagens estão vulgarizadas e milhões de pessoas se deslocam pelo mundo inteiro, porquanto a liturgia tradicional é a pátria do crente católico e onde ela se oficie está este em casa, o que de modo algum sucede com o novo rito paulino.

sábado, agosto 30, 2008

Monsenhor Klaus Gamber e a questão da reforma litúrgica


Terminei a leitura de "La Réforme Liturgique en question", de Monsenhor Klaus Gamber. É um excelente livro, escrito de modo sucinto (cem páginas) mas muito rigoroso, que recomendo sem hesitar a todos que pretendam tomar um primeiro contacto com este tema, mas não disponham de tempo ou vontade para se abalançarem às seiscentas páginas do fundamental "Pope Paul's New Mass", de Michael Davies.

Monsenhor Klaus Gamber nasceu em 1919, na cidade de Ludwigshafen, Alemanha, e foi ordenado sacerdote em 1948. A partir de 1957, altura em que fundou o Instituto Litúrgico de Ratisbona, dedicou-se inteiramente ao estudo das liturgias ocidentais e orientais, actividade onde alcançou merecido reconhecimento e prestígio. Faleceu com setenta anos de idade, quando ainda havia muito a esperar da sua pessoa.

No livro ora em análise, enuncia e desenvolve as grandes teses críticas da reforma litúrgica de 1969, de autoria do Papa Paulo VI, as quais se tornaram clássicas no actual movimento católico tradicional, e que se podem subsumir nas seguintes alíneas:

a) A reforma litúrgica criou um novo rito - o rito moderno ou de Paulo VI - em contraposição ao rito romano tradicional quinze vezes secular;

b) Ultrapassou amplamente as intenções reformistas dos padres conciliares plasmadas na "Constituição sobre a Sagrada Liturgia", as quais já haviam sido plenamente alcançadas e garantidas com a promulgação do Missal de 1965;

c) Obedeceu na sua concepção e execução aos erros teológicos e histórico-litúrgicos que os seus mentores sobraçavam, por influxo directo da nova teologia modernista e progressista;

d) Enfatizou a dimensão protestante da Missa como mera refeição memorial, em detrimento da sua natureza sacrificial especificamente católica;

e) Não aumentou os sentimentos de reverência e piedade litúrgica dos fiéis, e ao invés contribuiu determinantemente para a abrupta queda da prática religioso pós-conciliar.

A defesa que Monsenhor Klaus Gamber encetou do rito tradicional face ao rito de Paulo VI, acarretou-lhe a ostracização pela generalidade do episcopado alemão, um dos mais influenciados pela heresia modernista na Europa. Isso não impediu que fosse muito considerado e respeitado por cardeais como Alfons Stickler, Sílvio Oddi e… Joseph Ratzinger.

Do prefácio que este último, agora reinando gloriosamente sob o nome de Bento XVI, escreveu para edição francesa do livro (a que aqui analiso), respigo o seguinte:

"Ce qui s'est passé après le Concile signifie tout autre chose: à la place de la liturgie fruit d'un développement continu, on a mis une liturgie fabriquée. On est sorti du processus vivant de croissance et de devenir pour entrer dans la fabrication. On n'a plus voulu continuer le devenir et la maturation organiques du vivant à travers les siècles, et on les a remplacés - à la manière de la production technique - par une fabrication, produit banal de l'instant. Gamber avec la vigilance d'un authentique voyant et avec l'intrépidité d'un vrai témoin, s'est opposé à cette falsification et nous a enseigné inlassablement la vivante plénitude d'une liturgie véritable, grâce à sa connaissance incroyablement riche de sources. (...) son oeuvre pourrait nos aider à prendre un nouvel élan."

De resto, deste livro resulta muito interessante constatar o modo como o pensamento de Klaus Gamber influenciou de forma decisiva o actual Papa em matéria litúrgica, sendo curiosíssimo verificar como o primeiro há cerca de trinta anos, em artigo originalmente publicado na revista "Una Voce Korrespondenz" e correspondente ao capítulo "Tentative de Solution" da obra em consideração, delineou algo de muito semelhante ao consagrado no "Summorum Pontificum". Eis aqui mais um estímulo para ler "La Reforme Liturgique en question".

E termino citando o voto com que Gamber remata o seu livro:

"Nous ne pouvons que prier et espérer que l'Église romaine reviendra à la tradition et autorisera à nouveau partout la liturgie de la messe vieille de bien plus de mille ans. Pourquoi deux formes, l'ancien et le nouveau rites, ne pourraient-elles pas subsister paisiblement côte á côte? Comme en Orient où il y a plusieurs rites ou liturgies; ou même en Occident, aujourd'hui encore, où il y a des rites particuliers comme à Milan. Sans parler du fait qu'actuellement presque chaque curé modèle la messe à sa guise.

Mais de tout façon il faudrait que le nouveau rite soit amelioré par rapport à celui qui se pratique de nos jours.

En cette époque d'affaiblissement de la foi où nous vivons aujourd'hui, l'appel à sauver ce qui peut l'être encore se fait de plus en plus pressant. Aussi paradoxal que cela puisse paraître, ce ne sont pas les prétendus adeptes du progrés, eux qui abandonnent de plus en plus ce qui s'était harmonieusement développé dans l'Église pour le remplacer pour des expériences douteuses, qui sont vraiment "modernes" de nos jours, mais ce sont les conservateurs qui connaissent la valeur de ce qui nous a été transmis. A condition qu'ils restent ouverts aux exigences pastorales de notre temps.

Dans le cas présent, cela signifie ceci: il faut qu'à l'avenir le rite plus que millénaire de la messe soit conservé dans l'Église catholique romaine, pas seulement pour les prêtres et laïcs âgés, incapables de s'adapter, mais comme forme primaire de la célébration de la messe. Il faut qu'il redevienne la norme de la foi et le signe de l'unité des catholiques dans le monde entier, un pôle fixe pour un temps déboussolé et en perpétuel changement"
(destaques meus).