sexta-feira, setembro 12, 2008

Un Obispo habla claro sobre Satanás hoy día

Aquí hay un Obispo que habla claro. Monseñor Robert Vasa explica la lucha espiritual tremenda que subyace tras el aumento de abortos, los gaymonios u otros menesteres. Habla de esa realidad de la que se habla hoy día muy poco: el Infierno y las naturalezas angélicas –ángeles caídos- que allí habitan. Habla de la realidad del fenómeno de las posesiones y el aumento de la depravación en nuestras sociedades. Ese aumento sólo puede tener una inteligencia más poderosa que la humana detrás.
¿Podría la Santa Sede, por favor, ponernos Obispos que hablen así de clarito en las Diócesis de Portugal y España? ¿O tendremos que ficharles a golpe de talonario y con cláusulas de rescisión millonarias?
Léanle. No se pierdan a Su Excelencia Robert Vasa.

Rafael Castela Santos

quinta-feira, setembro 11, 2008

Las gafas de Castellani

Juan Manuel de Prada sigue escribiendo sobre el Padre Leonardo Castellani, admiradísimo autor de A Casa de Sarto. Una buena pluma escribiendo sobre un brillante y profundo autor al que tanto debemos en esta modesta bitácora. También nosotros compartimos con Juan Manuel de Prada el deslumbramiento por Castellani. Eso sí, entre JSarto y yo tenemos todos los libros encontrables y alguno de los inencontrables del Padre Castellani. Quizás, y sin quizás, las páginas de Castellani que maneja Juan Manuel de Prada sobre su mesa provengan, precisamente, de nuestros anaqueles. La sombra carmelitana de un amigo común es alargada.
Será que somos todos miembros sin saberlo no ya de la Hermandad de San Pío X, sino de esa sociedad secreta y discreta de la Hermandad de San Castellani I. Una sociedad castellanitrópica cuyo objetivo último no es sino el descuartizamiento (dicho esto de manera no sólo analógica, sino también digital) de todos los fariseos que en el mundo son amén de la implantación de una sociedad universal inspirada en la "cábala" castellaniana.

Rafael Castela Santos

“Disfruté como un enano leyendo a Castellani, y espero seguir disfrutando por mucho tiempo, pues localizar algunas de sus obras, de tan recónditas y postergadas por la desidia editorial, es tarea propia de sabuesos. En mi existencia de lector he saboreado muchos deslumbramientos; pero nunca el tamaño de ese deslumbramiento había sido tan gigantesco, en comparación con el diminuto reconocimiento de un autor. Castellani se distinguió siempre por sostener –y no enmendar– aquellas posturas estéticas, filosóficas o religiosas que los repartidores de bulas del cotarro cultural han decidido anatemizar; y esta vocación felina de singularidad lo ha expulsado a esos arrabales de descrédito donde la moderna censura del pensamiento hegemónico sepulta a quienes tienen la gallardía de llevar la contraria sin desmayo. En honor a la verdad, esta condena en muerte no es demasiado diversa a la que padeció en vida: expulsado de la Compañía de Jesús, Castellani sufrió todo tipo de iniquidades y tropelías, hasta morir, viejo y achacoso, sin más refugio que su fe montaraz y la lealtad acérrima a sus dos vocaciones, tan íntimamente desposadas entre sí: la sacerdotal y la literaria.
Hace unos días, invitado por el Colegio Mayor Universitario San Pablo en Madrid, hablé a unos jóvenes del descubrimiento gozoso de Castellani. Descubrí entonces, con sorpresa y júbilo, que había entre ellos un par de argentinos que compartían mi devoción por aquel cura quijotesco y trabucaire. Ambos eran hijos de discípulos de Castellani, hombres que habían compartido las tribulaciones del maestro y lo habían acompañado en los años de la tribulación (que fueron casi todos), cuando apenas encontraba quien editara sus libros. Uno de esos jóvenes, Mariano Jora, me confió que en su habitación guardaba, a modo de reliquia, las fatigadas gafas que Leonardo Castellani gastó en sus postrimerías, antes de cerrar los ojos, o de abrirlos a la única Gloria que persiguió en vida. Le rogué a Mariano, con secreto temblor y rendido alborozo, que me las mostrara; y Mariano corrió a su habitación para traérmelas. Eran unas gafas de montura pobretona, unas gafas tan menesterosas que parecían como en parihuelas o cabestrillo, con las patillas flojas y liadas de esparadrapos costrosos. Eran las gafas de un hombre que vive en el alambre de la pura supervivencia, las gafas de un hombre que no tiene dinero para cambiárselas, las gafas de un hombre que ni siquiera piensa en cambiárselas, porque ha hecho de la pobreza su escuela, su avío, su consuelo, su nobleza, su más íntima sustancia.
Me quedé mirándolas un largo rato, con emoción compungida, como si en aquellas gafas se cifrase una dolorosa enseñanza moral. Y pensé que aquellas gafas casi mendicantes, testimonio de una vida de privaciones e infortunios, eran también la metáfora de una época miope que gasta a sus mejores hombres sin siquiera reparar en ellos, demasiado engolfada en modas y vanidades filibusteras. Pero está de Dios que Leonardo Castellani sea redescubierto: con que sólo una de las personas que lean este artículo rebusque sus libros y se asome a sus páginas, picada por el gusanillo de la curiosidad, seré el hombre más feliz de la Tierra.”

Juan Manuel de Prada

sexta-feira, setembro 05, 2008

La Iglesia y el problema social

«... La economía individualista, con tanto calor defendida y propagada por los doctores del liberalismo como la panacea universal de los males sociales, ha venido de consecuencia en consecuencia a entronizar de nuevo la esclavitud en los talleres y en las fábricas.
Incapaz de conocer el fin, y, por lo tanto, la misión del Estado y la esfera de su acción, se alarma a la menor tentativa encaminada a reglamentar el trabajo y a impedir la explotación capitalista, como si viese aparecer el socialismo; y pide a los poderes públicos que se crucen de brazos conforme lo establece la famosa fórmula fisiocrática, y que dejen a las no menos famosas leyes naturales económicas el encargo de hacer brotar las armonías.
Y esas armonías, engalanadas con los ingeniosos sofismas de Bastiat, ya hemos visto de qué manera se convertían en una guerra sorda y despiadada, cuando no estallaban en colisiones sangrientas.
La economía liberal comenzó por romper todo vínculo moral entre patronos y obreros, y, en vez de depurar y perfeccionar las antiguas instituciones gremiales, las pulverizó, entregando a los trabajadores el cetro de una libertad que ha concluido por convertirlos, según la frase de Lasalle, en unos “esclavos blancos”.
Y así tenía que suceder; porque, desde el momento en que las relaciones entre patronos y obreros se fijan únicamente por la ley de la oferta y la demanda, el trabajo queda reducido a una mercancía y la persona humana que le realiza a una máquina de producción; es decir, a una cosa, lo mismo que en la sociedad pagana.
Así se cumple la regla de Cobden: Si dos obreros van detrás de un patrono, el salario baja; si dos patronos van detrás de un obrero, el salario sube. El contrato de trabajo se reduce a una compraventa, y el obrero no es más que una cosa que se adjudica, en el mercado de la libre concurrencia, al mejor postor.
¿Y en qué se diferencia esto de la esclavitud? Esencialmente, en nada.»

Juan Vázquez de Mella y Fanjul (9 de Noviembre de 1889)

quinta-feira, setembro 04, 2008

O verdadeiro pai da Revolução

Original aqui.

«Há na Revolução um mistério, um mistério de iniqüidade que os revolucionários não podem compreender, pois somente a fé, que eles não possuem, pode dar a chave.
Para compreender a Revolução, é preciso remontar até ao pai de toda revolta, que primeiro ousou dizer e ousa repetir até o final dos séculos: Non serviam, não obedecerei.
Satã é o pai da Revolução. A Revolução é sua obra, começa no céu e se perpetua pela humanidade a cada era. O pecado original, pelo qual Adão, nosso primeiro pai, igualmente revoltou-se contra Deus, introduziu na terra não ainda a Revolução, mas o espírito de orgulho que é seu princípio; e desde então o mal cresceu sem parar, até a aparição do cristianismo, que o combateu e o fez recuar.
A Renascença pagã, depois Lutero e Calvino, Voltaire e Rousseau, despertou o poder maldito de Satã, seu pai; e, favorecido pelos excessos do cesarismo, este poder recebeu, no início da revolução francesa, uma espécie de consagração, uma constituição que ela não tinha tido até então e que faz dizer com justiça que a Revolução nasceu na França em 1789. “A revolução francesa, dizia em 1793 o feroz Babeuf, não é senão a precursora de uma revolução bem maior, bem mais solene, e que será a última”. Esta revolução suprema e universal que já cobre o mundo, é a Revolução. Pela primeira vez, desde seis mil anos, ela ousou designar-se perante o céu e a terra por seu nome verdadeiro e satânico: a Revolução, quer dizer: a grande revolta.
Ela tem por lema, como o demônio, a famosa frase: Non serviam. Ela é satânica em sua essência; e, ao derrubar todas as autoridades, tem por fim último a destruição total do reino do Cristo sobre a terra. A Revolução, não esqueçamos, é antes de tudo um mistério de ordem religiosa; é o anticristianismo. É isto que constatou, em sua encíclica de 8 de dezembro de 1849, o Soberano Pontífice Pio IX: “A Revolução é inspirada pelo próprio Satã. Sua meta é destruir de alto a baixo o edifício do Cristianismo e de reconstruir sobre suas ruínas a ordem social do paganismo.” Admoestação solene confirmada a risca pelos próprios fiéis da Revolução: “Nossa meta final, diz a instrução secreta da Vente Supreme, nossa meta final é aquela de Voltaire e da Revolução Francesa, a aniquilação definitiva do catolicismo e mesmo da idéia cristã. »

Louis Gaston de Ségur

(RCS)

terça-feira, setembro 02, 2008

En Tuy (Galicia, España) el Papa fue elegido primer responsable de la paz futura

El texto original fue sacado de aquí.

La Consagración de Rusia: El pedido de Nuestro Señor y el análisis de este pedido

«El 13 de junio de 1929, mientras la Hermana Lucía estaba en el noviciado de las Hermanas Doroteas en Tuy, España, Nuestra Señora cumplió Su promesa del 13 de julio de 1917: “Vendré a pedir la consagración de Rusia...” escribe la Hermana Lucía1 que, estando ella una noche sola... en medio de la capilla... cuando la única luz era la de la lámpara:
De repente, se iluminó toda la capilla con una luz sobrenatural y sobre el altar apareció una cruz de luz que llegaba hasta el techo. En una luz más clara se veía, en la parte superior de la cruz, un rostro de un Hombre y Su Cuerpo hasta la cintura. Sobre su pecho había una paloma igualmente luminosa. Y clavado en la cruz, el cuerpo de otro hombre. Un poco por debajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un Cáliz y una Hostia grande sobre la cual caían unas gotas de Sangre que corrían a lo largo del Rostro del Crucificado y de una herida en Su pecho. Escurriendo por la Hostia, esas gotas caían dentro del Cáliz.
Bajo el brazo derecho de la Cruz estaba Nuestra Señora con Su Inmaculado Corazón en Su Mano ... (Era Nuestra Señora de Fátima con Su Inmaculado Corazón ... en Su mano izquierda ... sin espada ni rosas, pero con una corona de espinas y llamas). Bajo el brazo izquierdo (de la Cruz), unas grandes letras, como si fueran de agua clara cristalina, que corrían hacia el altar, formaban estas palabras: ‘Gracia y Misericordia’. Comprendí que me era mostrado el misterio de la Santísima Trinidad y recibí luces sobre este misterio que no me es permitido revelar.2
Luego Nuestra Señora dijo a la Hermana Lucía:
‘Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón; prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí, que vengo a pedir Reparación. Sacrifícate por esta intención y reza’.2
El pedido de la solemne y pública Consagración de Rusia por el Papa y todos los obispos católicos, expresado por intermedio de Nuestra Señora a la Hermana Lucía, es un pedido hecho por Dios mismo. En Tuy, Nuestra Señora dijo a Lucía: “Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga...”
Durante casi 1.000 años el rechazo de la Santísima Voluntad de Dios, y de Dios mismo, ha ido escalando. En 1054 AD el cisma ortodoxo comenzó cuando ellos dijeron “sí” a Dios, “sí a Cristo”, “sí” a Su Iglesia, pero “no” al Papa — Vicario de Jesucristo.
Ellos lo reconocen como “el primero entre iguales”, pero no reconocen su primacía de jurisdicción sobre todos los Patriarcas, Cardenales y obispos de la Iglesia.
En 1517, Martín Lutero dijo “sí” a Dios, “sí” a Cristo, “no” a la Iglesia Católica y “no” al Papa. Él proclamó tener fidelidad a Dios y a Nuestro Señor, pero rechazó a la Iglesia. Por lo que, es imposible permanecer fiel a Cristo cuando se rechaza a Su Esposa, la Iglesia.
En 1717 la Francmasonería dijo “sí” a Dios, “no” a Cristo, “no” a la Iglesia Católica y “no” al Papa. Ellos pretendieron reconocer a Dios (no al verdadero Dios, sino a su propia concepción de Dios), pero ya no quisieron a Cristo y a Su Iglesia. De nuevo, es imposible servir a Dios mientras se rechaza a Su Hijo: “Yo y el Padre somos uno,” dijo Nuestro Señor.
Finalmente, en 1917 Lenin dijo “no” a Dios, a Cristo, a la Iglesia Católica y al Papa. Con el Comunismo, vemos la culminación de lo que había comenzado con el cisma ortodoxo y con la herejía luterana: el rechazo descarado no solo de la Iglesia Católica, sino también el rechazo de Jesucristo e incluso de toda noción de un Dios Todopoderoso. La Consagración de Rusia revertirá el alzamiento y la rebelión contra Dios, iniciada con el cisma ortodoxo de 1054, favorecida por la herejía de Lutero de la sola scriptura, incrementada por la apostasía de la Francmasonería e intensificada por el Comunismo.
Son estos “No” los que serán revertidos por la consagración de Rusia. Como dijo Nuestro Señor, la Iglesia es Su Esposa. Usted lo encontrará en la Carta a los Efesios. No podemos estar con Cristo y contra Su Iglesia, como enseñó Lutero. No podemos estar con Dios y contra Cristo, como dijo Nuestro Señor a los Fariseos: “Si Dios fuera vuestro Padre, vosotros me aceptaríais porque Yo soy la imagen de Mi Padre. Yo y el Padre somos Uno. No, vuestro padre es el diablo”. Dios Hijo es la imagen del Padre. “Felipe. ¿No sabes que Yo y el Padre somos Uno? Tu me has visto, tu has visto al Padre”. Así, en cierto sentido, Marx lo estaba cumpliendo, al decir “No” a Dios, ese “No” es inseparable del “No” a Cristo, “No” a Su Iglesia y “No” a Su Vicario sobre la tierra. Pero todas estas cosas serán revertidas por la consagración y la conversión de Rusia. Incluso el “No” de los ortodoxos, negando la primacía del Papa en 1054, será revertido.
Así, cuando finalmente se logre la Consagración de Rusia y la paz mundial, deberíamos recordar que esta no vino por ninguno de los hombres, ni por todos ellos juntos. Ni siquiera por los méritos del Santo Padre, sino por los méritos de Nuestra Señora.
Al mismo tiempo, Dios quiere también que todo el mundo vea la importancia de la condición única del Santo Padre y de los obispos católicos y, en realidad, de la Iglesia Católica. Y es por eso que Él ha insistido que no solo sea el Santo Padre, sino los obispos católicos junto con el Santo Padre quienes realicen ese acto, para que el mundo vea la relación directa entre la Rusia convertida y el Papa y los obispos, que cumplieron ese acto de consagración al Inmaculado Corazón de María.
La gente dirá cosas distintas. Ellos dirán: gracias a Dios y a Nuestra Señora hemos recibido esta gracia de la paz mundial. Gracias a Dios Hijo por convertirse en hombre y fundar y sostener Su verdadera Iglesia, la Iglesia Católica.
También dirán, gracias a Dios por indicar claramente el poder, el prestigio, la importancia de la Jerarquía Católica y especialmente la primacía del Papa sobre los obispos de la Iglesia. Porque esta consagración tendrá lugar por mandato directo del Papa, quien gobierna a los obispos; la gente verá entonces que el Papa no es un igual sino que es su superior. Esta acción de la Consagración manifestará claramente, públicamente y definitivamente a todo el mundo, de la manera más milagrosa, la voluntad de Dios de que el Papado fue fundado por Dios y que el Papa no solo tiene la ‘primacía de honor’ sino también la primacía de jurisdicción sobre todos los otros Obispos.
En último análisis, Dios ha dado a la Iglesia y al mundo este plan inmutable para obtener la paz mundial, solo por medio de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María a realizar por el Papa y los obispos católicos. El Dios Omnipotente ha decretado demostrar así, a la Iglesia y al mundo, no solo la necesidad y la importancia de la devoción a Nuestra Señora, sino también demostrar por esta consagración de Rusia y la paz mundial subsiguiente, que El ha fundado solo una Iglesia, la Iglesia Católica y que Él ha establecido dentro de ella esa jerarquía de la Iglesia Católica, y ha dado al Papa la primacía de autoridad en la Iglesia.3
Como Dios ha sido insultado públicamente por el ateísmo comunista, error principal de Rusia del cual nos advirtió Nuestra Señora en 1917, Él pide que se haga reparación pública por esa grave blasfemia, por medio de una re-dedicación del país y de los pueblos de Rusia al servicio de Dios. Sin embargo, Él ha ordenado que se haga de una manera determinada.
Hablando de Nuestra Señora, San Bernardo nos dice, “Hay tantas cosas imperfectas en nuestros ofrecimientos a Dios que Ella hará aceptables a El.” San Alfonso María de Ligorio explica que si queremos que nuestra ofrenda sea recibida por el Dios Altísimo, la deberíamos ofrecer por intermedio de la Santísima Virgen María.
Dios desea que la Consagración de Rusia venga de manos de Su Madre Santísima, quien no solo hará más agradable a Él esa consagración, sino que Ella atraerá al mundo a Su Inmaculado Corazón, por medio de la paz subsecuente que Ella le dará. Poco antes de su muerte, la Beata Jacinta de Fátima le dijo a su prima Lucía,
‘Ya me falta poco para ir al Cielo. Tú quedas aquí para decir que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando sea el momento de decirlo, no te escondas. Di a toda la gente que Dios nos concede las gracias por medio del Inmaculado Corazón de María; que se las pidan a Ella; que el Corazón de Jesús quiere que, a su lado se venere el Inmaculado Corazón de María; que pidan la paz al Inmaculado Corazón de María, que Dios se la entregó a Ella.’4
Gracias a la conversión de Rusia a la Fe Católica, a la actividad misionera subsiguiente a una Rusia convertida, y por el milagro moral de la conversión de Rusia, el resto del mundo se convertirá. No podemos tener la paz de Cristo en el mundo entero, sin la conversión del mundo a la única religión verdadera que fundó Jesucristo, a saber, la Fe Católica. La Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, cuando se realice tal como fue específicamente pedida, atraerá a los cismáticos, protestantes, masones, comunistas y a todos los pueblos al redil de la única Iglesia verdadera, y bajo la protección del Inmaculado Corazón de María, quien será amada y honrada como Nuestro Señor lo desea.
Finalmente, el pedido en Tuy de la Consagración de Rusia, fue distinguido especialmente por el rol que a los obispos de la Iglesia, y específicamente al Santo Padre, se les ha dado en el plan de Dios para la paz. Los fieles, por su parte, han sido instruidos en la oración y el sacrificio en las apariciones de Fátima, y sus oraciones y sacrificios pueden ayudar a decidir la Consagración. En Tuy, sin embargo, el Papa es designado como el primer responsable por la paz futura: “Dios pide que el Santo Padre...” La paz del mundo, nos dice el Mensaje de Fátima, depende del Papa y de los obispos del mundo, obedeciendo el pedido de la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. No podrá venir ni vendrá por ningún otro medio.
El 5 de mayo de 1917, el Santo Padre, Papa Benedicto XV, rogó públicamente a la Santísima Madre que le mostrara a él y a la humanidad el camino para la paz. Como una madre amorosa, Ella prontamente consintió, y el 13 de mayo — 8 días más tarde — Ella vino a mostrar al Papa y a la humanidad como obtener la paz para el mundo, pero con la condición de la colaboración del Santo Padre y de la cooperación de los fieles de la Iglesia con los pedidos hechos a ellos. (Por una mayor explicación de este punto, ver “Today Everything Depends on the Pope” en la edición 34 de la revista The Fatima Crusader, para un análisis más en profundidad del rol único y necesario que Dios ha dado al Papa.)»

(Sin firma, de autoría posible del Padre Grunner)

Notas:
1. A pedido de su director espiritual, Padre Gonçalves, la Hermana Lucía registró el relato de la aparición, en mayo de 1936. Citado en Frère Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fatima, Volumen II: The Secret and the Church, p. 504.
2. Documentos, pp. 463-465. Citado en Frère Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fatima, Volume II: The Secret and the Church, pp. 463-64.
3. Padre Nicholas Gruner, “Do Not Despise Prophecy”, The Fatima Crusader, edición 54, invierno de 1997, pp. 3 y ss.
4. De la Tercera Memoria de la Hermana Lucía; Documentos, p. 235; ver también Frère Michel de la Sainte Trinité, The Whole Truth About Fatima, Volume II: The Secret and the Church, p. 283.

(RCS)

segunda-feira, setembro 01, 2008

Ainda Monsenhor Klaus Gamber e a questão da reforma litúrgica

Em adenda ao artigo anterior, parece-me também de toda a relevância salientar que Monsenhor Klaus Gamber considera o novo rito criado pela reforma litúrgica como teoricamente válido, sem prejuízo de o responsabilizar em termos práticos pelo enorme aumento de celebrações de missas inválidas.

Outrossim, a leitura de "La Reforme Liturgique en question" trouxe-me à memória um facto que constatei estas férias em igrejas situadas em zonas turísticas frequentadas por elevado número de estrangeiros: à entrada das mesmas, não é incomum depararmos com um aviso que alerta para a possibilidade de uma das leituras da Missa dominical poder ser efectuada em língua estrangeira (normalmente inglês, francês ou alemão), desde que isso seja solicitado com determinada antecedência.

Parece-me que tal seria inútil, se nessas igrejas se celebrasse a Missa tradicional de rito-latino-gregoriano, garante da unidade e universalidade do culto católico. A vernaculização forçada e total da liturgia, com o correspondente banimento do latim, tem destas consequências imprevistas. Banimento que não se compreende, conforme o sustenta uma vez mais Monsenhor Klaus Gamber, numa época em que as viagens estão vulgarizadas e milhões de pessoas se deslocam pelo mundo inteiro, porquanto a liturgia tradicional é a pátria do crente católico e onde ela se oficie está este em casa, o que de modo algum sucede com o novo rito paulino.

sábado, agosto 30, 2008

Monsenhor Klaus Gamber e a questão da reforma litúrgica


Terminei a leitura de "La Réforme Liturgique en question", de Monsenhor Klaus Gamber. É um excelente livro, escrito de modo sucinto (cem páginas) mas muito rigoroso, que recomendo sem hesitar a todos que pretendam tomar um primeiro contacto com este tema, mas não disponham de tempo ou vontade para se abalançarem às seiscentas páginas do fundamental "Pope Paul's New Mass", de Michael Davies.

Monsenhor Klaus Gamber nasceu em 1919, na cidade de Ludwigshafen, Alemanha, e foi ordenado sacerdote em 1948. A partir de 1957, altura em que fundou o Instituto Litúrgico de Ratisbona, dedicou-se inteiramente ao estudo das liturgias ocidentais e orientais, actividade onde alcançou merecido reconhecimento e prestígio. Faleceu com setenta anos de idade, quando ainda havia muito a esperar da sua pessoa.

No livro ora em análise, enuncia e desenvolve as grandes teses críticas da reforma litúrgica de 1969, de autoria do Papa Paulo VI, as quais se tornaram clássicas no actual movimento católico tradicional, e que se podem subsumir nas seguintes alíneas:

a) A reforma litúrgica criou um novo rito - o rito moderno ou de Paulo VI - em contraposição ao rito romano tradicional quinze vezes secular;

b) Ultrapassou amplamente as intenções reformistas dos padres conciliares plasmadas na "Constituição sobre a Sagrada Liturgia", as quais já haviam sido plenamente alcançadas e garantidas com a promulgação do Missal de 1965;

c) Obedeceu na sua concepção e execução aos erros teológicos e histórico-litúrgicos que os seus mentores sobraçavam, por influxo directo da nova teologia modernista e progressista;

d) Enfatizou a dimensão protestante da Missa como mera refeição memorial, em detrimento da sua natureza sacrificial especificamente católica;

e) Não aumentou os sentimentos de reverência e piedade litúrgica dos fiéis, e ao invés contribuiu determinantemente para a abrupta queda da prática religioso pós-conciliar.

A defesa que Monsenhor Klaus Gamber encetou do rito tradicional face ao rito de Paulo VI, acarretou-lhe a ostracização pela generalidade do episcopado alemão, um dos mais influenciados pela heresia modernista na Europa. Isso não impediu que fosse muito considerado e respeitado por cardeais como Alfons Stickler, Sílvio Oddi e… Joseph Ratzinger.

Do prefácio que este último, agora reinando gloriosamente sob o nome de Bento XVI, escreveu para edição francesa do livro (a que aqui analiso), respigo o seguinte:

"Ce qui s'est passé après le Concile signifie tout autre chose: à la place de la liturgie fruit d'un développement continu, on a mis une liturgie fabriquée. On est sorti du processus vivant de croissance et de devenir pour entrer dans la fabrication. On n'a plus voulu continuer le devenir et la maturation organiques du vivant à travers les siècles, et on les a remplacés - à la manière de la production technique - par une fabrication, produit banal de l'instant. Gamber avec la vigilance d'un authentique voyant et avec l'intrépidité d'un vrai témoin, s'est opposé à cette falsification et nous a enseigné inlassablement la vivante plénitude d'une liturgie véritable, grâce à sa connaissance incroyablement riche de sources. (...) son oeuvre pourrait nos aider à prendre un nouvel élan."

De resto, deste livro resulta muito interessante constatar o modo como o pensamento de Klaus Gamber influenciou de forma decisiva o actual Papa em matéria litúrgica, sendo curiosíssimo verificar como o primeiro há cerca de trinta anos, em artigo originalmente publicado na revista "Una Voce Korrespondenz" e correspondente ao capítulo "Tentative de Solution" da obra em consideração, delineou algo de muito semelhante ao consagrado no "Summorum Pontificum". Eis aqui mais um estímulo para ler "La Reforme Liturgique en question".

E termino citando o voto com que Gamber remata o seu livro:

"Nous ne pouvons que prier et espérer que l'Église romaine reviendra à la tradition et autorisera à nouveau partout la liturgie de la messe vieille de bien plus de mille ans. Pourquoi deux formes, l'ancien et le nouveau rites, ne pourraient-elles pas subsister paisiblement côte á côte? Comme en Orient où il y a plusieurs rites ou liturgies; ou même en Occident, aujourd'hui encore, où il y a des rites particuliers comme à Milan. Sans parler du fait qu'actuellement presque chaque curé modèle la messe à sa guise.

Mais de tout façon il faudrait que le nouveau rite soit amelioré par rapport à celui qui se pratique de nos jours.

En cette époque d'affaiblissement de la foi où nous vivons aujourd'hui, l'appel à sauver ce qui peut l'être encore se fait de plus en plus pressant. Aussi paradoxal que cela puisse paraître, ce ne sont pas les prétendus adeptes du progrés, eux qui abandonnent de plus en plus ce qui s'était harmonieusement développé dans l'Église pour le remplacer pour des expériences douteuses, qui sont vraiment "modernes" de nos jours, mais ce sont les conservateurs qui connaissent la valeur de ce qui nous a été transmis. A condition qu'ils restent ouverts aux exigences pastorales de notre temps.

Dans le cas présent, cela signifie ceci: il faut qu'à l'avenir le rite plus que millénaire de la messe soit conservé dans l'Église catholique romaine, pas seulement pour les prêtres et laïcs âgés, incapables de s'adapter, mais comme forme primaire de la célébration de la messe. Il faut qu'il redevienne la norme de la foi et le signe de l'unité des catholiques dans le monde entier, un pôle fixe pour un temps déboussolé et en perpétuel changement"
(destaques meus).

sexta-feira, agosto 29, 2008

Goa, Portugal and a Catholic insightful perspective

Me he tomado la libertad de retitular este post no original nuestro sino de Monseñor Williamson, quien lo tituló en su bitácora como “Colonial Charm”. Queda claro a lo largo del texto que lo que Portugal –y España- hicieron a lo largo de la historia va más allá de un cierto “encanto colonial”. Las naciones hispánicas no forjamos colonias, sino Imperios donde la subsidiariedad y las libertades (en plural) imperaban. Y nuestra decadencia, nuestro desastre, está en habernos infectados de ideas contrarias a la Catolicidad –e incluso a la Roma clásica- y acabar haciendo colonias de lo que fue parte consustancial nuestra.
De los franceses, a los que Su Ilustrísima incluye con los ibéricos, mejor no hablar … Ellos sí que fueron coloniales, aunque tuvieran cierto respeto con la religión católica. Más que los ingleses, claro. ¿Qué otra cosa podía y puede hacer el Quinto Imperio anglosajón sino servir al Enemigo?
Fuera de estas dos precisiones, suscribo enteramente el artículo. Está claro que a Monseñor Williamson su estancia argentina le ha hecho un gran bien. También yo tengo nostalgia de esos Portugales que en el mundo son.
El texto original está aquí.

Rafael Castela Santos

«A brief visit to Goa, former Portuguese colony half-way down the western coast of the Indian sub-continent and now a full member-state of the Republic of India, revives within me a great nostalgia, a great debate and always the same great conclusion: the Lord God is not a little lap-dog to be put on a leash!
The -square mile enclave of Goa was conquered by the Portuguese in two stages, in 1510 and 1546, as an essential link in a chain of supply-stations for their ships travelling between Europe and the Far East for the spice trade, which then brought with it immense wealth. The conquest still shows in a ring of well-designed and well-built forts surrounding the Old City of Goa, and largely visible today. The wealth still shows in a few sumptuous churches of the Old City, dating back to the early years of the Portuguese settlers when the spice trade and their Catholic Faith were in their hey-day. Goa was the base of operations in the Far East for St. Francis Xavier, whose body rests in one of the great churches. Goa is where he wanted to be buried. He still watches over it.
From the 18th century onwards Goa lost its importance for trade, but the Portuguese remained, because they had put down deep roots and had created what some have called the “Rome of the Orient”. They had successfully converted the local population, even at one point destroying all Hindu temples. The result was a Catholic enclave in the warmth of the tropics, peaceful and happy, with an administrative order typical of the colonies prior to their de-colonisation, and with a special charm of which traces remain to this day. Hence the nostalgia.
But time moves on. By mid-20th century the adoration of “liberty” and the onward march of “independence” were spelling the death of the European colonies and empires. At least in the Portuguese, Spanish and French empires the conquest of souls for Heaven had been a driving motivation, evident in Goa, but now failing in Rome of the Occident itself, preparing its Revolutionary Vatican Council. Where God the Father was being stripped of His Fatherhood, any kind of paternity or paternalism was being correspondingly outlawed, and that included all paternalism of colonies and empires. “Colonialism” and “imperialism” were to be replaced by scruffy tourism and disordered socialism. Religion, or irreligion, rules.
So in 1961 the combined army, air force and navy of the new Indian Republic took over the enclave of Goa. Hinduisation is proceeding apace, Goa has been moved into the modern world, and Hindu temples are being built everywhere, with the encouragement of the Catholic priests. But is it the fault of the children or the fathers? Was not a mosque built recently right next to St. Peter’s in Rome ? Kyrie eleison.»

Monseñor Ricardo Williamson, Goa (23 de Agosto, 2008)

(RCS)

quinta-feira, agosto 28, 2008

Apocalipsis para disidentes y resistentes

El texto original, subtitulado “comentario a un pasaje del Apocalipsis 3, 15-19”, se puede encontrar aquí.

“El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”

«Al principio del Apocalipsis, en las Epístolas a las Siete Iglesias de Asia, se despliega un grandioso lienzo eclesiológico ante nuestros ojos. Si se prefiere: una sinfonía a nuestros oídos si estos están en disposición de escuchar y, con todo nuestro ser, nosotros en la de entender con ayuda de la fe. Son siete los ángeles de las siete iglesias. Sabemos que sólo hay Una, Santa y Católica, pero algún contemporáneo podría decir que en la misma Iglesia Una, Santa y Católica pudiera haber, sin necesidad de escisiones, algo así como siete “sensibilidades”. (Empleo esta palabra, aunque le tengo horror, pero puede que así se me entienda mejor.)
Las iglesias son: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. Haciendo mi diaria lectura del Nuevo Testamento, me asaltó hoy con una fuerza inusitada y a la vez avasalladora, la actualidad de unos pasajes.
Los traigo aquí con el propósito de mostrar que, esas palabras, después de dos milenios siguen estando vigentes, frescas como una rosa inmarchitable por ser Palabra de Dios.
A la última de las iglesias, la de Laodicea, manda escribirle a su ángel:

“Conozco tus palabras y que no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente; mas porque eres tibio y no eres caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca. Porque dices: Yo soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad, y no sabes que eres un desdichado, un miserable, un indigente, un ciego y un desnudo; te aconsejo que compres de mí oro acrisolado por el fuego, para que te enriquezcas, y vestiduras blancas, para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos, a fin de que veas”.

¡Qué multitud de rasgos, en esta descripción, pueden ser reconocidos como propios de las condiciones en que nuestra cristiandad se encuentra hoy en día! Instalada en una sociedad capitalista, llamada “sociedad del bienestar”, es fácil que la humanidad se envanezca de las riquezas materiales, y alardeando de tener cubiertas las necesidades materiales, quedar cegada para reconocerse indigente, necesitada... ¿De qué, de quién? Menesterosos del Único que puede hacernos verdaderamente ricos: Dios. “Yo soy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad…” –así “razonan” (lo cual es un decir, pues no es un eficaz empleo de la razón) muchos cristianos ni fríos ni calientes, tibios, de esos que se califican a sí mismos como “cristiano no practicante”. Uno lo ve a su alrededor, a veces también ha sucumbido a la tentación: la de “Acordarnos de Santa Bárbara cuando truena”: echar mano de Dios, cuando estamos con el agua al cuello; olvidarnos de él, cuando todo parece que va "viento en popa". Sería algo así como creer que, cuando hay pobreza y carestía, hay que creer; cuando tenemos bienes materiales e incluso lujo, la fe parece algo impropio de hombres y mujeres autosuficientes.
Esa abundancia de bienes materiales nos obnubila, y nos entibia a los cristianos. Los aburguesa y conforma al mundo, neutralizándolos en sus obras. Pero Dios, Divina Sabiduría, sabe que esas riquezas que roe la polilla son efímeras pompas de Satanás, cual esas otras pompas, las de jabón: trasparentes burbujas que a un leve toque de un alfiler se deshacen en el aire. Así es la “seguridad”, el “bienestar”, la “felicidad” de la que se jactan los hombres y mujeres de la sociedad contemporánea. Una felicidad deletérea, un bienestar frágil, una seguridad ficticia.
No hay Estado que pueda impedir un atentado terrorista: ahí están el 11-S de las Torres Gemelas, ahí el 11-M. Tampoco hay Estado del Bienestar que pueda garantizar las pensiones, o la seguridad ciudadana, o la sanidad pública. No puede haber felicidad tampoco en el reconocimiento retórico de un supuesto y demagógico "derecho a la felicidad", mientras se vive como un cerdo cebado y, más que satisfecho, se está ahíto de revolcarse en el fango de su zahúrda, mientras tanto amor falta y se asesinan fetos humanos en siniestros mataderos.
Pese a las halagüeñas pretensiones del cristiano que "habita" en la Iglesia de Laodicea, Dios que sabe más revela lo infundado de sus presunciones. “Enriquecido” –como el de aquella parábola que se decía “feliz” y murió esa misma noche, con todos sus trojes llenos- se llama ese cristiano. En cambio, Dios que lo sabe todo y penetra en las entrañas de ese “laodicense”, le llama: miserable, indigente, ciego y desnudo.
Pero Dios no se limita a frustrarle el talante presumido y ufano, bajándole los humos. Más abajo dice Dios: "Yo reprendo y corrijo a cuantos amo; ten, pues, celo y arrepiéntete". Y es así como Dios pasa a recomendarnos lo que ha de hacerse para remediar la intrínseca situación, esa que Dios declara, por mucho que el "laodicense", enceguecido, no pueda reconocer.
El remedio es uno solo: volverse a Dios, abandonar esa nauseabunda tibieza inducida por el destello obnubilante de lo crematístico, de la acumulación de bienes que actúa como un opiáceo soporífero. Y por eso le manda: “comprar de mí oro acrisolado por el fuego”, pues los bienes espirituales son los que auténticamente nos hacen ricos. Y le aconseja comprar también “vestiduras blancas”, para vestirse y tapar sus vergüenzas: abandonar la vida impura que lleva, para vestirse de pureza. Y no sólo eso, Dios le recomienda que compre también “colirio” para que sus ojos, ciegos a los bienes espirituales, recuperen otra vez la videncia para lo más valioso y eterno, perdida en pos de lo caduco.
Sin entrar en honduras, aparece en este pasaje con toda su fuerza una situación actual; lo que no quiere decir que disolvamos el mensaje apocalíptico exclusivamente en la actualidad, pues sabemos que el Apocalipsis es profecía y todo habrá de cumplirse en el futuro. No obstante, lo que aquí se nos muestra es la situación en que se hallan instalados muchos cristianos de esos que se declaran “no practicantes”. No rechazan a Dios como el ateo (frío o ardoroso). Pero esos “cristianos no practicantes” tampoco hacen nada por convertirse a Dios, para dar rumbo nuevo a sus vidas que van a la deriva. Ellos no creen necesitar de Dios ni a Dios sino cuando la cosa se pone fea.
La sociedad del bienestar ha adocenado a los laodicenses. Pues la dinámica de la sociedad del bienestar actúa sobre nosotros como un parque de atracciones, como una feria de las vanidades, como un escaparate, como unos grandes almacenes... repletos de cosas y más cosas, cosas deseaderas por un instante y rompederas de suyo: humo. Así, estimulándonos compulsiva e incesantemente, creándonos necesidades que no son tales, haciéndonos creer que vivimos en la mejor de las épocas y que seguiremos progresando sin término final ¿quién necesita de Dios? Todo está a la mano; al parecer nos hemos enriquecido, y, sin que necesitemos de nada ni de nadie, tampoco -creemos- necesitamos de Dios. En una sociedad así el criterio que todo lo marca es el placer y su inmediata satisfacción. El hedonismo cunde por doquier. Una sociedad así es, en definitiva, algo muy parecido a lo que ha descrito con lujo de detalles el sociólogo Zygmunt Bauman, analista de lo que él ha calificado “sociedad líquida”, cuya dimensión erótica sería el “amor líquido”.
CONCLUSIÓN:
Un disidente o resistente no podrá serlo plenamente en caso de no “convertirse” plenamente a la Santa Fe Católica. Los disidentes o resistentes no creyentes o tibios, supuestamente opositores al sistema capitalista o a la globalización o al Estado Mundial (o como quieran llamar a esta “bestia”), construirán sobre terreno movedizo y su presunta “disidencia” o “resistencia” será un actuar sobre el vacío.

NOTA:
Recomiendo la lectura del libro “Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”, Ed. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2005. Trad. De Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide. Se trata de un profundo ensayo de este autor polaco de origen judío en que aborda la descripción de esa especie degenerada de “amor” que se identifica con “sexo” sin compromiso ni lazos, fuente de tanta frustración entre nuestros contemporáneos.

Someto todos mis comentarios al Apocalipsis a la autoridad de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, a la que, por la gracia de Dios, profeso fidelidad filial.»

Maestro Gelimer

(RCS)

terça-feira, agosto 26, 2008

Um sacerdote como a Igreja precisa muitos

Recentemente em Fátima, fiz parte de um pequeno grupo de católicos tradicionais que teve a graça de poder trocar umas breves palavras com um sacerdote brasileiro, amigo da tradição e responsável por uma paróquia na área do Estado de São Paulo, depois de aquele haver assistido à Missa na Casa do Menino Jesus de Praga.

Declarou-nos tal sacerdote, cujo discurso e aprumo irreprensível muito positivamente me impressionaram, que na sua paróquia, num autêntico espírito de reforma da reforma litúrgica, passou a celebrar parte da Missa (rito de Paulo VI) em latim, baniu a comunhão na mão e reintroduziu a comunhão de joelhos e na boca, tendo também erigido dois altares laterais onde já oficia "ad orientem".

Contou-nos também que, no seguimento da promulgação do "Summorum Pontificum", está a aprender a rezar a Missa tradicional de rito latino-gregoriano, recorrendo para o efeito, entre outro material, ao DVD que a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X distribuiu em assinalável número de países, entre os quais o Brasil. Disse-nos ser um devoto da tradição católica desde os seus tempos de seminarista, facto que durante muito tempo teve de ocultar aos seus superiores para não colocar em risco a sua ordenação como padre. Presentemente, não esconde a sua pública admiração pelas pessoas de Monsenhor Lefebvre e Dom António de Castro Mayer, sendo sua intenção oferecer a Missa tradicional de rito latino-gregoriano aos seus paroquianos tão breve quanto seja possível, isto é, logo que domine o respectivo rito.

Encontrando-se em Fátima de passagem para Roma, mostrou-se admirado com certos pormenores sintomáticos que pôde constatar no Santuário lusitano tais como a irreverência com que vários fiéis a quem distribuiu a Sagrada Comunhão a receberam (alguns tiraram-lhe literalmente as hóstias consagradas da mão e meteram-nas à boca, numa absurda inversão de papéis), o trajar grotesco de fato e gravata de muitos padres portugueses, e sobretudo a atroz fealdade arquitectónica da nova Igreja da Santíssima Trindade, merecendo-lhe especial reprovação o inestético crucifixo existente no interior desta.

Após o termo da nossa curta conversa, confesso que me senti orgulhoso da pessoa deste corajoso sacerdote católico e também pelo facto de o mesmo fazer parte de uma Igreja que teve na sua génese o esforço missionário português, levado a cabo num tempo em a Igreja do meu país tinha orgulho de ser Católica. E desejei: "Meu Deus, dai ao Brasil, a Portugal, a toda a Igreja, muitas vocações como esta!"

segunda-feira, agosto 25, 2008

Sobre los Sacramentos administrados por la HSPX

Mi amigo y hermano en la Fe JSarto es un buen comentarista en otras bitácoras. De vez en cuando me topo con él fuera de A Casa de Sarto, tal y como ha sido en los comentarios de este post sobre la Misa Tridentina en Braga en el blog Tradição Católica, me encuentro con el tema recurrente del status de los Sacramentos administrados por la HSPX.
Los “puristas” canónicos, a menudo con una dosis de mala leche, otras veces con una inveterada costumbre de cogérsela con papel de fumar cuando van a mear, siempre vienen a machacar a la Hermandad de San Pío X (HSPX) con los temas de jurisdicción.
Tema aparte es la Comisión Canónica San Carlos Borromeo de la HSPX. Personalmente creo que es materia opinable, pero en cualquier caso –dadas las terribles circunstancias de la Iglesia oficial- puede decirse que esta Comisión no tiene jurisdicción alguna salvo la jurisdicción delegada por quien interpone la queja o problema, pero sí puede tener la jurisdicción anteriormente dicha: una jurisdicción canónica supletoria y por delegación expresa.
Aparte de la jurisdicción canónica per se está el tema de los Sacramentos. Los que se la agarran con papel de fumar, costumbre quizás con raíces en una cobardía grave y un no menos grave respeto humano (sí, pecado, que el respeto humano es también pecado), suelen venir a joder de manera miserable e inmisericorde, amén de errada, con los Sacramentos administrados por la HSPX.
Existe en el Derecho Canónico una sección no muy grande (no creo que supere cien líneas ni creo que vaya más allá de 4 puntos), pero muy enjundiosa, sobre el tema de la jurisdicción supletoria. Convendría a estos criticones rompebolas y atorrantes intelectuales leer dichos aspectos. Por ejemplo podrían ilustrarse, por no ir más allá, con un buen manual de Derecho Canónico Matrimonial y estudiar con cierto detenimiento el tema de la administración extraordinaria del Sacramento del Matrimonio. La Iglesia, que es sabia, ha contemplado muchas posibles vicisitudes.
A JSarto le vienen a tocar las gónadas con el tema de las Confesiones por parte de los Sacerdotes de la Hermandad de San Pío X. Al interlocutor de JSarto las últimas declaraciones de Su Eminencia el Cardenal Castrillón Hoyos no le parece suficiente. ¿Qué se va a hacer? Paciencia.
Hace poco pude leer un texto que explica mucho mejor de lo que yo pudiera hacerlo este tema. Y aquí lo reproduzco. Vaya por delante que las siguientes líneas están escritas por una persona no vinculada a la HSPX y hablan de las explicaciones dadas por un Sacerdote de la HSPX, el Padre Ramón Anglés:

«In justice I felt obligated to post this update in light of the previous thread regarding the PCED letter on SSPX Confession.
I recently printed out and read the entire Fr. Anglés article on the validity of SSPX confessions and marriages (http://www.sspx.org/miscellaneous/validity_of_confessions_1.htm). [Nota: existe una versión ampliada y mejorada del anterior aquí]
with pen and highlighter in hand I meticulously read through his arguments and citations. As one can see from reading the PCED I thread I was convinced that SSPX confessions were valid only in the case of genuine ignorance due to the PCED letter.
One reason I enjoy Fish Eaters is that the discussions are really learning opportunities for the posters. As each side's arguments are tested and re-tested you begin to see all sides of the story and even some you had never considered.
Most convincing to me were the multiple Pre-SSPX opinions of Canonists on "Common Error of Law". These opinions are not the SSPX opinions, but instead they demonstrate the common understanding of Common Error that has always existed in the Church.
"Error of law consists in a FACT whose nature is sufficient to induce the error in a community, even though nobody in the community is mistaken about the lack of jurisdiction in the agent."
Previously my opposition was to this understanding of common error. I thought it eviscerated the requirement for jurisdiction all together and was ridiculous because individuals who were not in error could benefit from the rule.
The key to diffusing this troublesome concept laid in my legal training. It turns out "common error of law" is "not an actual error, but a FICTION OF LAW: an interpretative error, a fact that of its nature WOULD lead many in actual error."
"Fiction of law" was the key. I've encountered this in my legal studies. Legal fictions don't always make practical sense, and that is why they call them fictions. In the eyes of the law the fiction applies though it may not make real world sense.
So if common error of law is a legal fiction, voila! Everything fell into place. That legal fiction is there to protect souls, whose salvation is the highest Canon Law. The 1983 re-write of the Code intentionally made supplied jurisdiction very broad.
So broad as to even apply to excommunicated priests when a Catholic asks him for confession for any just reason. If a Catholic can ask an excommunicated priest for confession and it is valid, how much more so a mere priest without jurisdiction?
Added to this are the Canons of positive and probable doubt, which were explained very well. Canon Law does not want us hung up on painful excruciating scruple. So if one has positive reasons for two contradictory conclusions regarding jurisdiction, it is supplied. This is designed to relieve the constant worrying and give comfort to people in my situation.
Also helpful was to understand that the validity issue is totally separate from whether or not the priest without jurisdiction acts morally (licitly) in offering confessions. That issue is separate and distinct.
Fr. Anglés answers by saying for grave reason a priest can set up a situation of common error to provide faithful with a sacrament they would not receive otherwise. With the widespread placement of Modernist priests, good Catholics could go some time without confession or be forced to go to confession with Novus Ordo (NO) priests that could put their faith in danger. Thus it is licit for the priest to provide a situation and thus valid sacrament that these Catholics could in good conscience receive.
Regardless as to whether one agrees with Fr. Anglés on this point is irrelevant to the validity question. The question of liciety goes to the discipline of the priest issue.
In addition, under Canon Law Catholics could receive valid absolution from an Orthodox priest if there is a "need or true spiritual advantage" to be obtained and there is moral impossibility to approach a Catholic minister.
So would Canon Law whose highest good is the salvation of souls, grant absolution to a Catholic confessing to an Orthodox priest, but deny it to a Catholic priest without jurisdiction? It is an absurd thought.
Furthermore if an automatic censure is not a declared one (it was not in the case of SSPX priests) the censure prohibiting the celebration of the Sacraments or the placing of an act of jurisdiction is suspended whenever a member of the faithful requests a Sacrament. The request can be made for any just cause whatsoever.
After studying this article it resolved what fears I had and I attended a local Society Chapel for absolution Tuesday. I previously had been frequently confessing to NO priests and continually falling back into the same sins.
With the Society priest, I felt, "he gets it". He understands the spiritual life, that it is serious, and that it is warfare. That my soul is at stake. He also doesn't buy into the Modernist errors that tend towards a lax moral attitude and universal salvation. He also is not forced to give communion in the hand, or say the New Mass, guitar mass, Life-Teen Mass as the NO priests around me do.
When I go to confession with the NO priest, I get the absolution but nothing else, none of the support, I'm on my own. I stand in line with immodestly/ irreverently dressed parishioners as I stare at the bare church and banners. I'm trying to get spiritual advice from priests who have no problem with Life-Teen Masses, the new ecumenism etc. And I feel weird even making a complete and thorough confession to them. I've been told by one NO priest years ago to read a book on scruples as my Penance! Believe me there were no scruples there and the priest was a liberal par excellence.
With the SSPX priest I feel I can be hard on myself and honestly admit all my sins and know that he understands these from my perspective and how important confession is. The NO priests seem to treat confession as something helpful but not of dire consequence. The minute I walk out of an NO confessional I walk into a Protestant/ Modernist church building and parishioners and world. I feel my state of grace being attacked from the get go. With the SSPX priest I walked out into a solemn reverent church with devout faithful. I felt like I was in a church and not an office building/ meeting hall like the NO.
In any case, I thought I owed it to the SSPX goers and other questioning faithful to clarify my position and how I came to it, for what it is worth.
Thanks for listening.»

Post Scriptum.-
No sé por qué una señora anónima me envía diariamente dos o tres correos electrónicos contra la Hermandad de San Pío X. Comprenderá que no tengo tiempo de leerlos, que sus argumentos endebles y su ejercicio compulsivo de copiar & pegar no me interesan. Tampoco sé por qué razón (¿está de vacaciones, tiene más tiempo libre y no sabe qué hacer …?) últimamente me envía cuatro y hasta seis y siete correos sobre idéntica temática. Se lo he dicho privadamente y se lo repito públicamente: no le leo, Señora. Sus mensajes son inmediatamente borrados.
Es inexplicable como hay gente que tiene el coño para tanto ruido.

Rafael Castela Santos

sábado, agosto 23, 2008

Da culpa da baixa prática religiosa

Ouvi recentemente um sacerdote católico, que reputo de reverente e piedoso, defender que a baixa prática religiosa nas sociedades contemporâneas se deve ao mau exemplo que os católicos leigos dão aos não crentes e não praticantes.

É uma afirmação ousada que recuso sufragar. Não duvido de que os católicos de "letreiro", incapazes de assumirem com rigor os compromissos impostos pela sua religião, são uma praga que lesa com gravidade o Catolicismo. Porém, invocar tal paradigma negativo para sem mais repudiar a prática religiosa, parece-me argumento imaturo e irreflectido, muito conveniente para todos aqueles que preferem permanecer num cómodo indiferentismo religioso que lhes permite pensar da mesma maneira que vivem, em vez de imporem a si próprios as exigências que uma prática religiosa séria e coerente necessariamente reclama.

Confrontado sobre este problema, escreveu o Padre Leonardo Castellani com a sapiência que lhe é própria:

"Una señora literata me decía: "Yo no pratico la religión porque las práticas religiosas me aburren; y tengo miedo de arrutinarme, como tantas personas que veo que comulgan cada día y han perdido la humanidad, los sentimientos humanos". No sé si es verdad esto; pero en todo caso no es razón para dejar la práctica religiosa. Es cuestión de necesidad, no de gusto".[1]

De resto, acredito que o problema da reduzida prática religiosa hodierna decorre muito mais das concepções doutrinárias que a Igreja passou oficialmente a sobraçar depois do Vaticano II, em matérias como a liberdade de religião e o ecumenismo, do que do eventual mau exemplo da vida levada por alguns leigos. Na verdade, aquelas concepções fizeram involuntariamente (?) medrar entre os fiéis o indiferentismo religioso, ao darem a entender que tanto faz ser ou não ser católico e que todas as religiões se equiparam entre si, desvalorizando assim a necessidade da prática religiosa e acarretando a diminuição abissal desta. E isto em sociedades já por si dominadas por um poderoso influxo das forças secularizadoras…


[1] In "Castellani por Castellani", Mendoza, Jauja, 1999, página 131.

Tempo de ócio


Agosto é o tempo em que o ócio prevalece sobre o negócio. Depois de Paris, de onde regressei devidamente municiado da "Duquesne Diffusion", encontro-me agora algures na lindíssima costa alentejana, aproveitando para pôr em dia as leituras que o resto do ano não me permitiu fazer. E aqui estou na boa companhia de Leonardo Castellani, Marcel de Corte, Monsenhor Klaus Gamber e Francisco Elias de Tejada. Nem de propósito, da obra "La Monarquía tradicional", deste último insigne autor espanhol, apetece-me transcrever as palavras de Quevedo por ele invocadas:

"Retirado en la paz de estes desiertos
con pocos, pero doctos, libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis voces a los muertos."

sexta-feira, agosto 22, 2008

Pecar como Dios manda

Cuando veo los cambios sociales acontecidos en menos de un cuarto de siglo, me asusto. Me aterro.
Hubo un tiempo en que los amigos salíamos de fiesta. ¡Y vaya si nos gustaba la farra! A veces bebíamos en exceso y acabábamos más “cargados” de lo que deberíamos. Pero nunca se nos pasó por la cabeza salir a emborracharnos. ¿Alcohol por alcohol? ¿Borrachera por borrachera? No, gracias.
Hubo un tiempo en que todos éramos absolutamente vírgenes en el tema de la droga. Y lo fuimos por muchos benditos años. Ni un porro. Nada. Despreciábamos instintivamente el formidable desprecio a la razón que es la droga. ¡Y leíamos con fruición a los griegos en nuestra adolescencia! Nunca se nos pasó por la cabeza aturdirnos por puro placer (¿qué placer, por cierto?), por ponernos como motos (ya nos bastábamos a nosotros mismos) o por el mero hecho de aturdirse (¡vaya gilipollez!).
Hubo un tiempo en que sabíamos estar en nuestro sitio. Y si nos teníamos que defender, claro que nos defendíamos. Es más: generalmente defendíamos ideas y principios. A puñetazo limpio, sin duda. A fe que nunca se nos pasó por la cabeza salir a buscar pelea por el mero hecho de buscar pelea. ¡Qué aburrimiento pelearse por asuntos nimios de fútbol o por mero gusto por la violencia! Ahora bien, ¡qué gustazo partirse la cara bien partida cuando eran cosas de ideas o de honor las que motivaban dicha violencia!
Es más. A veces llegábamos a hacer amistad y a perdonar a nuestros enemigos, a los mismos con los que habíamos tenido una trifulca de las de Dios es Cristo. Tampoco nunca se nos pasó por la cabeza el jurar odio eterno a nadie, ni la venganza taimada, ni el rencor cainita. Hasta en la violencia había algo más que un mero fair-play. Aquello era cuestión de principios teológicos: no odiar.
Hubo un tiempo en que nos gustaban mucho las chicas. Mucho (¡a Dios gracias! … habría que añadir en los tiempos que corren). Te encariñabas con una y a veces un “sexceso” biológico te llevaba a algo ciertamente indebido. Pero nunca nos pasó a alguno de nosotros que se acostase con una chica desconocida de la cual por la mañana no supiera ni el nombre. Sin algo de cariño, de conocimiento mutuo, de cierta pasión y chispa que sólo daba una cierta amistad, era casi imposible pensar en lo otro.
Hubo un tiempo en que los chicos jóvenes salíamos de “caza”. Y las chicas nos ponían en nuestro sitio. Alguna chica te enviaba un mensaje o una señal especial. Pero nunca nos pasó que una chica fuera abiertamente explícita en esta materia. ¡Y esa feminidad siempre misteriosa e insinuante era algo formidable así!
Hubo un tiempo en que ni el más depravado de los depravados hubiese aprobado el aborto. Daba pavor tal asesinato criminal de un inocente. La asunción implícita era que los niños eran maravillosos y un poco sagrados si cabe. Nunca, absolutamente nunca, se nos pasó por la cabeza que el aborto fuese una “opción”. No ya que estuviéramos a favor del aborto, sino considerar siquiera su licitud. Era, y es, algo abominable.
Hubo un tiempo donde nuestro tema prevalente de conversación era la justicia, la justicia social. Nos preocupábamos de los pobres, pensábamos en los más humildes. Y hacíamos cosas por ellos sin alarde alguno. Nos conformábamos con poco y aún lo poco que teníamos lo compartíamos entre nosotros. Tampoco nunca se nos pasó entonces el hacer del consumismo, del materialismo y del olvido del necesitado los ejes de nuestra vida. Una vida a base de puros clichés y puras marcas no entraba en nuestras coordenadas.
Si hubiéramos presenciado el ataque de hordas urbanas a mendigos, agresiones a mujeres u otros episodios similares con los que se desayuna uno a diario en los periódicos, hubiéramos acabado malparados … o quizás hubieran acabado malparados ellos. Nunca se nos pasó el permanecer impávidos ante la injusticia, sea fuera ésta del pelaje que fuera. Y estoy orgulloso, mucho, de que nuestra juventud tuviera este distingo.
Hubo un tiempo en que nos sentábamos en una peña, o en el banco de un parque, o en una esquina cualquiera y estábamos charlando allí hasta altísimas horas de la madrugada. Y nunca se nos pasó por la cabeza el tener que gastar dinero sin parar para podernos divertir. Nuestra diversión era la compañía y la amistad. Hablar de lo divino y humano. Éramos animales, pero animales sociales.
Hubo un tiempo cuando cualquier viso no ya de conducta homosexual sino incluso de comportamiento amariconado era mal visto. Y conozco a algún excelente padre de familia hoy día que, dada la sanción social que existía sobre el tema, y posiblemente con este tipo de inclinaciones, acabó más que curado de dicha tendencia (pecando como Dios manda) en los cariñosos, cariñosísimos, brazos de alguna mujer. Nunca llegamos siquiera a imaginar lo de los “comportamientos sexuales alternativos”. Cuestión de derecho natural.
Hubo un tiempo en que el mismo que acababa de echar una blasfemia atronadora a renglón seguido era capaz de invitarnos a entrar en una iglesia a rezar a la Santísima Virgen. ¿Contradictorio? … ¿Brutal incluso? Sí, sin duda. Pero nunca tuvimos el corazón tibio. Mejor contradictorio y brutal que tibio. Con los primeros puede haber perdón; con los segundos –dice Dios- que quiere vomitarlos de su boca.
Hubo un tiempo cuando no nos gloriábamos de nuestros pecados. Y hasta nos faltaba tiempo para irnos a confesar por los mismos. Dios bendiga a aquellos viejos Sacerdotes que aguardaban a las 7 ó 7:30 de la mañana en sus confesionarios cuando uno venía de vuelta a casa de noches cuasi-infinitas y le ponían a uno las pilas y le enderezaban. Pero nunca se nos pasó el considerar el pecado como algo aceptable, loable o siquiera tolerable.
Hubo un tiempo y un lugar donde todavía brillaba la luz de Dios sobre nuestras cabezas y nuestras almas. Cuando sí que pensábamos en Dios, incluso alguno de los amigos con ánimo de denostarle. Cuando la Santísima Virgen era lo más precioso y más bonito del mundo y era puerto seguro, alma de Madre: refugio de pecadores. Cuando al levantarnos, ya frisando el mundo adulto, rezábamos al Ángel de la Guarda la misma oración que aprendimos de los labios de nuestra madre en la más tierna infancia.
Hubo un tiempo en que, creo, pecábamos como Dios manda. Y éramos más felices así. No por pecar, claro está, sino por hacerlo como Dios manda.
¿Me atreveré a proponer –para disgusto de puritanos, escarnio de jansenistas, incomprensión de parvos y escándalo de meapilas- que no pequemos, pero que si hemos de pecar tengamos la decencia de hacerlo como Dios manda (incluida la Confesión, el mucho arrepentimiento y el no menor propósito de enmienda)?

Rafael Castela Santos

terça-feira, agosto 19, 2008

To Fátima or not to Fátima, that's the question ...

Un servidor tiende a sopesar todos estos datos en función de las últimas noticias, a decir de León Bloy. O sea, del Apokalypsis, en grafía de Castellani. Con esta perspectiva única, se me ocurre el neologismo “introspectiva”. Introspectiva que se refiere a algo desde el núcleo espiritual donde se fragua la historia humana –cuyo paroxismo es el libro que corona y cierra las Sagradas Escrituras escrito por Juan Aguila- y desde esta intro-perspectiva se me antoja claro que los países occidentales quedarán peor que nadie.
En el fondo esto que vemos delante de nuestros ojos no es más que el poder transferido al Asia, algo ya pronosticado en el Apokalypsis (recomiendo el libro “The Book of Destiny” del Padre H.B. Kramer a este respecto). Es obvio el poder que el Asia está adquiriendo. Sorprende, incluso en comparación con el año pasado, la gran cantidad de turistas indios que visitan España en estos tiempos. La penetración de los capitales asiáticos en la economía mundial es algo ya inenarrable.
Rusia castigará al mundo, decía la Virgen en Fátima … ¡y China hará el resto …!, añado yo. Perdón por el atrevimiento de apostillar a la Santísima Virgen, pero cuando uno sigue todo el tema militar y geopolítico de cerca no se pueden obviar las ganas que China le tiene en particular a Estados Unidos. Mucho me cuesta creer que los EE.UU. no sean castigados por la formidable potencia China. Las alianzas sinorrusas son buena prueba de ello, así como las compras masivas de armamento por China. Si alguien quiere profundizar en esto, que siga al Padre Paul Kramer, con quien tuvimos oportunidad de cenar en Londres. Él lleva tiempo estudiando todo este tema.
Están quienes equivocadamente o con dolo mienten sobre la Consagración de Rusia. Recordemos que el estado espiritual de Rusia, a día de hoy, es absolutamente deplorable, como el mismo Patriarca Alexis II reconoce. Ergo la Consagración al Inmaculado Corazón de María no se ha producido. Curioso personaje este Patriarca a quien un cuidadoso estudio sobre él hecho estas últimas semanas me ha llevado a admirarlo profundamente. Quiera Dios traerlo en algún momento al seno de la Iglesia Católica, porque independientemente de su odio a Roma uno ve en Alexis II una fuerza viva de la Cristiandad. Y quizás nada mejor que atraerle al seno de la Iglesia Católica mediante la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón.
Recemos para que el Santo Padre la realice pronto … en compañía de los Obispos del mundo, como quería la Madre de Dios, claro está. Recemos, porque a fe que esta Consagración todavía no se ha producido.

Rafael Castela Santos

Haverá consternação dos povos

Leia este artigo completo aqui.

«Muitos acontecimentos recentes podem ser interpretados à luz de alguma profecia dos Evangelhos. Mas nunca, que me lembre, assistimos a um acontecimento onde a profecia poderia perfeitamente ser uma manchete de jornal. (...) Não estou querendo dizer que o mundo vai acabar em pouco tempo. Muito tempo pode decorrer antes do fim do mundo, durante o qual os sinais vão se seguindo para alertar aos católicos atentos sobre a marcha do tempo e do fim dos tempos. Mas não me venham também dizer que não há motivos para se tomar uma atitude forte. O mundo necessita da conversão de milhões e milhões de homens ao único Deus e Senhor Nosso, Jesus Cristo, e sua Igreja Una, Santa, Católica e Apostólica (que não é a invenção de Vaticano II). Evidentemente esta linguagem de conversão, fim do mundo, única Igreja etc. já foi abandonada pelos bispos de Vaticano II há quarenta anos. Após todo esse tempo pregando o falso ecumenismo, como podemos esperar que os bispos chamem o povo à conversão?
Por isso eles vão continuar “comendo e dançando, casando e dando-se em casamento (vivendo do sexo)” e serão levados para o lugar do choro e do ranger dos dentes.
Mas “o meu justo vive da Fé”. Tenhamos pois os olhos da Fé sobrenatural, da dócil submissão de nossas almas à verdade revelada por Deus que é o único modo de vigiar que nos foi dado pelos céus. Vigiar é estar atento às palavras reveladas e mover nossos corações a um amor tão intenso por Deus, nEle mesmo, que possamos deixar de lado tantos atrativos para o pecado e para o abandono da oração. Rezemos o Terço, busquemos no Santo Sacrifício da Missa, a verdadeira, a católica, tridentina, o alimento para a nossa fé. Porque este é o único critério dado por Nosso Senhor para o dia do seu retorno. Ele vai separar os homens entre os que têm fé e os que abandonaram a verdade divina. Mais do que nunca, este ano, Nosso Senhor quis que no tempo do Natal, meditássemos na sua segunda vinda.
A Igreja nos traz, na semana do Natal, uma pequena frase que é cantada hora e outra como antífona: “Jacet in praesépio et in coelo regnat - deita-se na manjedoura aquele mesmo que reina nos Zeus”. Foi essa a recomendação que procurei dar aos fiéis esses dias de confusão pelo bramido do mar e das ondas, e que deixo para nossos leitores: adoremos a Nosso Senhor com verdadeira submissão, atitude de dobrar nossa cabeça altiva e estúpida diante deste Rei que governa o mundo da gruta de Belém, da Cruz de Jerusalém, como do céu. Aproximemo-nos da gruta, estejamos em torno da manjedoura, junto com os pastores. Que nossas almas, ali, respirem fundo de alívio, de esperança, porque o Senhor falou neste Natal terrível e manifestou-se aos homens - Fale, Senhor, que vosso servo escuta! »

Dom Lourenço Fleichman, OSB

(RCS)

domingo, agosto 17, 2008

Crónica de persecución a cristianos IV

Hoy me quedo sin palabras. Otras veces suelo amalgamar varios ejemplos de persecución a cristianos, entre los que siempre destacan los musulmanes, aunque no son los únicos. Hoy basta un ejemplo: Un padre saudí mató a su hija porque ésta se convirtió al Cristianismo.
El Islam es lo que es: una religión inmisericorde. De igual manera que a menudo las muertes en el Islam son precedidas de la ignominia y es frecuente que los hombres sean violados por otros hombres para deshonrarlos –y luego matarlos-, a esta pobre chica que se convirtió a Cristo –Verdadero Dios y Verdadero Hombre- le cortaron la lengua antes de matarla. Muerte horrible, pues la quemaron en la hoguera. No me da hoy la pluma para comentar, así lo dejo a otros con más entereza.
El Islam será nuestro castigo próximamente, por cierto. Poco castigo, quizás, para nuestra apostasía y el brutal colapso moral que nos corroe.
A ti, chica desconocida, de nombre desconocido, que eres mártir, que eres testigo: ruega por nosotros.
¡Señor, atrae a los pueblos hoy día en las tinieblas del Islam para que retornen a Ti!

Rafael Castela Santos

sexta-feira, agosto 15, 2008

Se o sacrifício da Missa se extinguisse

“Se o sacrifício da Missa se extinguisse, não tardaríamos a recair no estado depravado onde se encontravam os povos manchados pelo paganismo e esta será a obra do Anticristo. Ele usará de todos os meios para impedir a celebração da Santa Missa, afim de que este grande contrapeso seja abatido e que Deus ponha fim a todas as coisas, não tendo mais razão para fazê-las subsistir.
Podemos facilmente compreender porque, depois do protestantismo, vemos as forças diminuírem no seio das sociedades. A guerras civis eclodiram, trazendo com elas a desolação e isso unicamente porque a intensidade do sacrifício da Missa diminuiu. É o começo do que acontecerá quando o diabo e seus sequazes forem desencadeados por toda a terra levando a inquietação e a desolação como Daniel nos advertiu.”

Dom Guéranger (Explication de la Sainte Messe)

(RCS)

quinta-feira, agosto 14, 2008

El catolicismo es nuestra historia

El texto original fue sacado de aquí.

«Ese vínculo que une nuestra vida con la vida de la Patria nos obliga a mucho. A lo primero que nos obliga es a conocerla, y no se puede amar lo que se ignora. De aquí voy a deducir una consecuencia: que si es necesario conocer a la nación para amarla, hay que conocer su vida íntima, hay que conocer la directriz de su historia, el principio vital que ha informado su ser y todas las manifestaciones de su genio, y para conocer eso, cuando se trata de España, hay que conocer la Religión Católica.
Pero ¿es verdad que la Religión Católica constituye el elemento predominante y directivo de la Patria y de la nación española? Para negarlo, a fin de eludir la consecuencia de la enseñanza religiosa obligatoria, hay que negar su historia, es decir, negar a España, no tengo más que trazar ante vosotros las líneas más grandes y más generales de esa historia para demostraros que la Religión Católica es la inspiradora de España, la informadora de toda su vida, la que le ha dado el ser, y que sin ella no hay alma, ni carácter, ni espíritu nacional.
Salimos de la unidad externa y poderosa de Roma, que tendió su mano por España, cerca de seis siglos, pero ni con su inmensa red administrativa y militar, ni con la transfusión de su lengua y de su derecho, no con terribles hecatombes que dejaron pavesas y escombros en lo lugares que fueron ciudades heroicas, pudo salvar las diferencias de las razas iberoceltas y de las colonizadoras fenicias y helénicas, que, apoyadas en la diversidad geográfica, latían bajo su yugo, recibiendo su poderosa influencia, pero también devolviéndola y comunicándola en la literatura y en el Imperio. Fué necesaria una unidad más fuerte y más íntima que llegase hasta las conciencias y aunase en un dogma, en una moral y en un culto de almas, y las iluminase con la palabra de los Apóstoles, y las ungiese con sangre de mártires, y las limpiase de la ley pagana en los circos y en los concilios, estrechándolas con una solidaridad interna, que, por ministerio de la Iglesia y del tiempo, se convertirá en alma colectiva. Por eso, cuando el caudillaje militar de los bárbaros se repartió los girones de la púrpura imperial sobre el cadáver de Roma, la Iglesia se interpuso entre el godo, arriano y rudo, y el hispanorromano, católico y culto, y venció a los vencedores, infundiéndoles la fe y el saber de los vencidos.
Cegó en los Concilios Toledanos el abismo que los separaba, formando aquel Código singular, el mejor de su época, el Fuero Juzgo, donde brotaba ya, rompiendo la corteza absolutista, el germen de la Monarquía cristiana, con la diferencia del Rey y del tirano, y se armonizaban los tres grande elementos de la civilización que empezaba: el romanismo, el germanismo y el cristianismo, superior y más poderoso que los dos. Suprimió la ley de castas y la separación familiar, sembrando la semilla de la nacionalidad en un surco tan hondo que podrá crecer y prosperar bajo las olas de la invasión musulmana. Y cuando esa invasión se desborda y las legiones sarracenas se apoderan de las islas y de las grandes ciudades del Mediterráneo, y saltan el Pirineo y hacen temblar a Europa, ¿quien salva la civilización de una catástrofe, organizando la lucha secular de la Reconquista? ¿quién la dirige? ¿de dónde salen los grandes ejércitos que van a pelear desde las montañas hasta las llanuras y de las llanuras hasta el mar? Salen de las cuevas de los eremitas y tienen su base de operaciones en los monasterios de las montañas. Esa reconquista, que es la cruzada de Occidente, no es una serie de guerras como las cruzadas de Oriente, es una sola campaña, un inmenso campo de batalla, donde se dan cita las generaciones y los siglos, guiados por el mismo plan que va trazando la Iglesia con la Cruz en el suelo peninsular. El ejército central sale de la cueva del Auseva; el de la izquierda, baja de los Santuarios de la Burunda y de San Juan de la Peña; el de la extrema izquierda recibe un impulso de los que se extienden por la Marca Hispánica y acampa en Ripoll, y el de la derecha aparecerá en la frontera de Portugal más tarde, sembrando los templos de etapas de su jornada. ¿Y que sucede cuándo los ejércitos avanzan? Alfonso II, apoyándose en algunos núcleos de resistencia que han quedado intactos en Galicia, llevará un día sus fronteras hasta el Miño; Ramiro II, las llevará, después de la memorable batalla de Simancas, hasta el Duero; Alfonso VI, las llevará hasta el Tajo, y Alfonso el Batallador, hasta las Riberas del Ebro, desde Tudela a Zaragoza; y las huestes que recorren la orilla del Mediterráneo, que tendrá que agitarse debajo de sus garras, llegarán con Berenguer IV hasta la desembocadura del Ebro, arrojando a los dominadores más allá de la Ribera de Tortosa; y las que siguen la línea del Atlántico llegaron con Alfonso Enríquez a la desembocadura del Tajo, que los lanzará a la desoladora llanura del Alemtejo. Y cuando una nueva invasión, que parece que trae el desierto y la traslada por encima del estrecho, nos ataca, todos los reyes avanzarán unánimes, porque Alfonso IX de León entrega parte de sus guerreros y se queda de reserva con los demás, y entonces será la Iglesia la que extienda sus mantos de los caballeros de sus órdenes militares para que cubran la tierra empapada con su sangre en el Centro peninsular y puedan pasar sobre ella los reyes confederados alrededor de la Cruz y llevarla en triunfo por el paso del Muradal hasta las colinas de las Navas, y descender después, con un santo que esconde el sayal del armiño, hasta el Guadalquivir, y llegar más tarde a la vega de Granada, y ponerla en sus adarves. Y no se parará allí a dormir el sueño de la victoria realizada, bajo pabellones de laurel; se asomará al mar para cautivarle y educarle con su fe y su genio, y se detendrá un momento a descansar en el pórtico de la Rábida para convertirle en pórtico de un Nuevo Mundo, y, por medio de un sublime terciario, Colón, que anda buscando dinero para una nueva cruzada, protegido por tres frailes, Fray Juan Pérez, Fray Antonio de Marchena y Fray Diego de Deza, y por una reina que lleva por apellido el de la Iglesia, cruzará por rumbos desconocidos el Océano y podrá el nombre de la Virgen, ofreciéndole su empresa a la carabela que dirige; el de San Salvador a la primera isla que descubre, el de Santa Cruz a la primera nave que construye en la Isabela; y al desembarcar en Cádiz, después del segundo viaje, cubrirá su cuerpo con el sayal del franciscano. Y será entonces cuando los guerreros emularán la fe de la legión de misioneros más heroicos que el mundo ha conocido; y, con el ardor del P. Olmedo o el P. Zumárraga, y Anchieta y Montoya, el gran Cortés, apenas pasado Tabasco, pondrá el nombre de Veracruz a la primera ciudad que levante el continente mejicano. Y cuando aquel glorioso aventurero, cuyo centenario vamos a celebrar, Vasco Núñez de Balboa, saliendo de Santa María de Darién con un puñado de españoles, y dominando tribus indias que le secundan o se dispersan, atraviesa, ante los mismos naturales consternados, ríos que se desbordan, pantanos que tienen la muerte en la superficie y en el aire, y selvas jamás cruzadas, itinerario que produce espanto en el ánimo de los viajeros modernos, cuando, después de exceder las fuerzas humanas, ve tenderse ante sus ojos el inmenso mar del Sur como un espejo que quiere reflejar tanto heroísmo, antes de penetrar en él con la espada en la mano o tomar posesión de sus aguas en nombre de los monarcas españoles, caerá de rodillas al lado de su Capellán Andrés de Vera, y entonará aquel Te Deum que con ellos entonará toda nuestra raza, acompañados por el murmullo solemne de las olas del Océano, que pronto va a quedar cautivo entre los brazos de nuestra costa y estrechado por nuestros genio.
Por la Iglesia fuimos con el P. Urdaneta y Elcano a dar la vuelta al planeta, y con San Francisco Javier a evangelizar millones de hombres más allá de las fronteras donde pasaron las victorias de Alejandro.
Por la Religión fuimos a pelear en los pantanos de Flandes, para contrabalancear el poder de la protesta, que hubiera sucumbido sin la hora trágica en que se hundió la Invencible; por ella hicimos la última cruzada de Lepanto; fue nuestra nación, como se ha dicho muy bien, la amazona que salvó a la raza latina de la servidumbre protestante, y la libertad y la moral del servo arbitrio, de la fe sin obras, de la predestinación necesaria, con los teólogos de Trento y con los tercios que pelearon en todos los campos de batalla de Europa; y nosotros fuimos los que todavía, al comenzar el siglo XIX, en las luchas napoleónicas, salvamos a Europa de la tiranía revolucionaria del César, como se ha reconocido, pues fue un francés, Chateaubriand, quien dijo con razón que los cañones de Bailén habían hecho temblar todos los gabinetes europeos.
Y en las contiendas de los siglos XIX y XX, ¿no es verdad que todo gira alrededor de la Cruz? Nuestras luchas civiles, nuestras contiendas políticas, o por afirmaciones o por negaciones, todas se refieren a la Iglesia; y nuestros enemigos de hoy mismo, si se suprimiera el Catolicismo en España, se quedarían asombrados, se quedarían absortos mirándose unos a otros, al encontrarse sin programa. El grado de odio y de opresión a la Iglesia, lo que se ha de cercenar de sus derechos, lo que se han de limitar sus facultades, ese es el programa de los que se llaman anticlericales, de modo que aún como negaciones viven en esa afirmación soberana.»

Juan Vázquez de Mella, 1913

(RCS)

domingo, agosto 10, 2008

A situação presente dos cristãos

“Resulta daí que a situação presente dos cristãos se assemelha mais e mais à dos primeiros cristãos que lutaram por sua fé em um Império Romano cujas forças se conjuravam todas contra eles. Não estamos somente situados numa sociedade cuja alma não é mais cristã, mas cuja forma mesma não o é mais. Nem nossa moral pública se acorda com a que o Estado tolera, nem nossa moral privada com a que se pratica em torno de nós (...)
Não vivemos como os outros, porque de um país onde a pornografia faz viver tantos jornais, onde o nudismo se extravasa dos teatros para as bancas das ruas, onde os crimes mais revoltantes são cotidianamente absolvidos pelos júris dos cidadãos honestos que os julgam em sua alma e consciência, onde todas as formas de exploração industrial, comercial, bancária se expõem à luz do dia – poder-se-á dizer tudo que se queira, salvo que ele representa, mesmo aproximadamente, a imagem de uma sociedade cristã.
Mas o mais grave é que não vivendo como os outros, nós não pensamos mais como eles. Isto é o mais grave, porque de todas as rupturas é a mais profunda. A desordem moral não é privilégio de nossa época; ela existiu sempre, mesmo na Idade Média; mas então ela era considerada como uma desordem, enquanto em nossos dias pretende-se instalar como a ordem mesma. Não é o fato de sua ocorrência o que nos deve espantar; é o fato de que progressivamente ela se faz legalizar. Por outro lado, nada se lhe opõe; desde que o Estado não reconhece nenhuma autoridade espiritual acima dele, não tem outro recurso senão o de laissez-faire ou de decretar uma moral em seu proveito.”

Etienne Gilson, Pour un Ordre Catholique (cit. in «Laicismo e Universidade», A Ordem nov/50)

(RCS)