Hace unos días hubo una conferencia en Lisboa donde se habló de las persecuciones a la Iglesia en distintos países, a saber: Rusia, Portugal, México y España. Entre los conferenciantes estaba el Sacerdote español Don Angel David Martín, historiador. Este Padre se ha especializado en la historia de la persecución a la Iglesia durante la Cruzada y en los años de la ominosa 2ª República española. Allí estaban también Aura Miguel –hablando sobre las persecuciones a los cristianos tras el telón de acero- José Luís Andrade, quien versó sobre los Cristeros mexicanos, o el Padre João Seabra, cuya disertación fue sobre la persecución menos sangrienta pero no menos virulenta en Portugal que aconteció en los años previos hasta que el gran estadista de Salazar trajo de nuevo la paz de Cristo a la nación hermana de Portugal y puso fin a todo ello.
Don Angel David nos invita a ir un paso más allá. Nos invita a reflexionar sobre la intolerancia supina de quienes se proclaman tolerantes. Porque estos tolerantes siempre acaban bañándose en la sangre de los mártires de Cristo. Y es una buena reflexión en estos tiempos en que nuestra actitud como católicos es la de hacernos más y más de un espíritu martirial. La persecución física no puede tardar mucho en caer ahora que toda la artillería del martirio seco y de la persecución ideológica a los cristianos está completamente desplegada.
Nada mejor que ceder la palabra a este excelente historiador.
RCS
Memoria de la intolerancia
“El pasado 28 de junio tuve la fortuna de participar en la ciudad de Lisboa en el Primer Encuentro sobre las persecuciones religiosas del siglo XX organizado por la Asociación Cultural Karol Woytila con el lema: Memoria de la intolerancia. Aura Miguel ―definida en alguna ocasión como la única periodista portuguesa especializada en información sobre la Santa Sede― disertó acerca de la persecución sufrida por católicos y ortodoxos en Rusia y demás países del bloque comunista situados tras el Telón de Acero; el sacerdote João Seabra se ocupó de las conflictivas relaciones Iglesia-Estado en los años de la Primera República portuguesa (1910-1926) un período de gran inestabilidad política en el que se impusieron modelos de laicización estatal imitados después en lugares como la propia Unión Soviética y varias naciones hispanoamericanas. José Luís Andrade expuso detalladamente la epopeya protagonizada por los cristeros en Méjico y al autor de esta reseña le correspondió ocuparse de la persecución religiosa en la Segunda República española (1931-1939) con especial atención a la respuesta dada por la Iglesia que, como es bien sabido, consistió en un apoyo prácticamente sin fisuras al bando nacional en la Guerra Civil y a la nueva situación política creada durante la contienda.
Si evocamos ante nuestros lectores un acto de importancia académica e intelectual como el llevado a cabo el pasado fin de semana en Portugal es, sobre todo, por lo sugerente que resulta el calificativo de intolerancia aplicado a todos aquellos que en el mundo contemporáneo han llevado a cabo una persecución sistemática de cualquier manifestación religiosa. Persecución que ha costado la vida a cientos de miles de personas y que ha sido uno de los principales factores de conflicto en el siglo XX. Persecución que, bajo diversas formas, continúa hoy.
Si algún término han aplicado con reiteración a la Iglesia sus detractores para definirla es el de ser una institución intolerante y que promueve la intolerancia. Y al revés, si hay un valor pregonado por la modernidad laicista es el de la tolerancia. Pero no es solamente que el de tolerancia sea un concepto en sí mismo cuestionable. Para Menéndez Pelayo «La llamada tolerancia es virtud fácil; digámoslo más claro: es enfermedad de épocas de escepticismo o de fe nula. El que nada cree, ni espera en nada, ni se afana y acongoja por la salvación o perdición de las almas, fácilmente puede ser tolerante. Pero tal mansedumbre de carácter no depende sino de una debilidad o eunuquismo de entendimiento». Es que no basta pregonar la tolerancia para ponerla en práctica. No conozco ningún otro lugar ni otra época histórica donde haya existido menos tolerancia que un mundo moderno capaz de persecuciones como las sufridas en Rusia, Méjico y España.
Y es que cuando se adopta la tolerancia como ideología, se abandona ―necesariamente― la tolerancia como virtud. Esta segunda, entendida en su forma clásica, no es sino la aceptación de un mal menor en vistas a evitar uno mayor y, al mismo tiempo, la inspiradora de una conducta respetuosa fundamentada en la humildad que se deriva del conocimiento propio y de las reservas que uno mismo debe imponerse ante el propio juicio. La tolerancia como ideología, en palabras de Alberto Buela, «está vinculada a la sociedad del simulacro, la apariencia, el disimulo, la sospecha, el enmascaramiento». Rasgos, por cierto, típicamente característicos de la sociedad política de nuestros días.”
Angel David Martín, Pbro.
(RCS)
sábado, julho 05, 2008
quinta-feira, julho 03, 2008
Juan Manuel de Prada, Castellani y liberalismo
Vuelvo a colgar otro texto de Juan Manuel de Prada, un escritor y articulista español, gran conocedor, ferviente admirador y seguidor del Padre Leonardo Castellani. Para los que nos siguen habitualmente saben que en A Casa de Sarto somos no sólo tradicionalistas confesos y convictos, sino castellanianos igualmente confesos y convictos.
Sigan, por favor, a Juan Manuel de Prada. Veo en muchos de sus artículos que ha interiorizado el pensamiento del Padre Castellani. ¿Cómo no se iba a hacer eco A Casa de Sarto de quien vierte en moldes nuevos a Castellani? A más a más, Juan Manuel de Prada escribe formidablemente bien. Insisto: no se lo pierdan.
El artículo que aquí reproducimos, titulado “Liberalismo” a secas, está sacado de aquí. Aunque ha salido en Abril no ha perdido vigencia en absoluto.
“Discursos célebres, fundadores de una nueva época, ha habido unos cuantos a lo largo de la historia. El más famoso de todos ellos lo pronunció Jesús y se conoce como Sermón de la Montaña; en el cual se contienen, por cierto, muchas más cosas que las ocho Bienaventuranzas. Está también el discurso fúnebre de Pericles recogido por Tucídides en su «Historia de la guerra del Peloponeso»; está el discurso de Lincoln en Gettysburg, que los niños americanos aprenden de memoria en la escuela; y está el discurso que Churchill pronunció en la Cámara de los Comunes, en el que sólo prometía a los ingleses «sangre, sudor y lágrimas». Pero el discurso más célebre del momento, el discurso que tiene a la derecha española alborozada o mohína -y, en conclusión, meningítica perdida- es el que pronunció Esperanza Aguirre en el Foro de ABC hace unos días. ¿Y cuál es el busilis de ese discurso, que tanta tremolina ha levantado entre los escoliastas? Pues el busilis de ese discurso es la apología del liberalismo.
¿Y qué es eso del liberalismo? Para Esperanza Aguirre ser liberal consiste en considerar que «cada persona debe elegir libremente»; pero es una definición un tanto difusa que lo mismo sirve para definir a un liberal que a un abortista. O a un liberal abortista: ahí tenemos, por ejemplo, al escritor Vargas Llosa retirando su apoyo al PP porque no defendía con suficiente ardor el aborto, que es lo que a su parecer exige un liberalismo de buten. Para mí que eso de proclamarse liberal, antes que una declaración de principios ideológicos, es la última adscripción no peyorativa que le resta a la derecha, toda vez que proclamarse conservador en el Matrix progre es como proclamarse fascista, o siquiera reaccionario. Pero que lo tilden a uno de reaccionario puede ser un timbre de gloria, como lo prueba aquel envío de Antonio Machado a Azorín: «¡Admirable Azorín, el reaccionario/ por asco de la greña jacobina!». El argentino Leonardo Castellani, otro admirable reaccionario por asco de la época que le tocó vivir (menos greñuda que la nuestra, sin embargo), escribió diatribas formidables contra el liberalismo, esa «niebla ponzoñosa» que ha hecho caer al hombre en cinco idolatrías nefastas: 1) Idolatría de la Ciencia, con la cual el hombre quiso hacer otra torre de Babel que llegase hasta el cielo; 2) Idolatría del Progreso, nuevo Becerro de Oro con el cual creyó que haría en poco tiempo otro Paraíso terrenal; 3) Idolatría de la Carne, a la cual se le pidió el cielo y las delicias del Edén, pero la carne desvestida, exhibida, mimada y adorada ha sido a la postre destrozada y amontonada como estiércol; 4) Idolatría del Placer, con la cual se quiere hacer del mundo un perpetuo carnaval y convertir a los hombres en chiquilines agitados e irresponsables; y -last but not least- 5) Idolatría de la libertad, con la cual se quiere hacer de cada hombre un caprichoso caudillejo.
«Esta obsesión de la libertad -nos enseña Castellani- vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas y al poder del Dinero, que también andaban con la obsesión de que los dejasen en paz. Los dejaron en paz: triunfaron sobre el alma y la sangre la técnica y la mercadería; y se inauguró en todo el mundo una época en que nunca se ha hablado tanto de libertad y nunca el hombre ha sido en realidad menos libre». El liberalismo acabó engendrando la libertad enloquecida del Dinero, que fue lo que a la postre trajo el comunismo en el siglo XX; y también ha engendrado, en estos albores del siglo XXI, la creencia no menos enloquecida en una especie de Reino de la Paz Perpetua y las Delicias Universales, producto de la Ciencia, la Libertad y la Democracia; Reino que, básicamente, consiste -como Castellani profetizó con clarividencia- en que «un grupo de sabios socialistas, bajo la coartada de adoración al Hombre, gobiernen el mundo autocráticamente y con poderes tan extraordinarios que no los soñó Licurgo». El liberalismo, en fin, es el caldo de cultivo que la derecha aliña, creando las condiciones sociales, económicas y morales óptimas para el triunfo de la izquierda, que es la que mejor ha sabido vender las falsificaciones de la libertad inventadas por el liberalismo. Falsificaciones catastróficas para el hombre, que creyendo «elegir libremente» no hace sino ahondar en su esclavitud.”
Juan Manuel de Prada
www.juanmanueldeprada.com
(RCS)
Sigan, por favor, a Juan Manuel de Prada. Veo en muchos de sus artículos que ha interiorizado el pensamiento del Padre Castellani. ¿Cómo no se iba a hacer eco A Casa de Sarto de quien vierte en moldes nuevos a Castellani? A más a más, Juan Manuel de Prada escribe formidablemente bien. Insisto: no se lo pierdan.
El artículo que aquí reproducimos, titulado “Liberalismo” a secas, está sacado de aquí. Aunque ha salido en Abril no ha perdido vigencia en absoluto.
“Discursos célebres, fundadores de una nueva época, ha habido unos cuantos a lo largo de la historia. El más famoso de todos ellos lo pronunció Jesús y se conoce como Sermón de la Montaña; en el cual se contienen, por cierto, muchas más cosas que las ocho Bienaventuranzas. Está también el discurso fúnebre de Pericles recogido por Tucídides en su «Historia de la guerra del Peloponeso»; está el discurso de Lincoln en Gettysburg, que los niños americanos aprenden de memoria en la escuela; y está el discurso que Churchill pronunció en la Cámara de los Comunes, en el que sólo prometía a los ingleses «sangre, sudor y lágrimas». Pero el discurso más célebre del momento, el discurso que tiene a la derecha española alborozada o mohína -y, en conclusión, meningítica perdida- es el que pronunció Esperanza Aguirre en el Foro de ABC hace unos días. ¿Y cuál es el busilis de ese discurso, que tanta tremolina ha levantado entre los escoliastas? Pues el busilis de ese discurso es la apología del liberalismo.
¿Y qué es eso del liberalismo? Para Esperanza Aguirre ser liberal consiste en considerar que «cada persona debe elegir libremente»; pero es una definición un tanto difusa que lo mismo sirve para definir a un liberal que a un abortista. O a un liberal abortista: ahí tenemos, por ejemplo, al escritor Vargas Llosa retirando su apoyo al PP porque no defendía con suficiente ardor el aborto, que es lo que a su parecer exige un liberalismo de buten. Para mí que eso de proclamarse liberal, antes que una declaración de principios ideológicos, es la última adscripción no peyorativa que le resta a la derecha, toda vez que proclamarse conservador en el Matrix progre es como proclamarse fascista, o siquiera reaccionario. Pero que lo tilden a uno de reaccionario puede ser un timbre de gloria, como lo prueba aquel envío de Antonio Machado a Azorín: «¡Admirable Azorín, el reaccionario/ por asco de la greña jacobina!». El argentino Leonardo Castellani, otro admirable reaccionario por asco de la época que le tocó vivir (menos greñuda que la nuestra, sin embargo), escribió diatribas formidables contra el liberalismo, esa «niebla ponzoñosa» que ha hecho caer al hombre en cinco idolatrías nefastas: 1) Idolatría de la Ciencia, con la cual el hombre quiso hacer otra torre de Babel que llegase hasta el cielo; 2) Idolatría del Progreso, nuevo Becerro de Oro con el cual creyó que haría en poco tiempo otro Paraíso terrenal; 3) Idolatría de la Carne, a la cual se le pidió el cielo y las delicias del Edén, pero la carne desvestida, exhibida, mimada y adorada ha sido a la postre destrozada y amontonada como estiércol; 4) Idolatría del Placer, con la cual se quiere hacer del mundo un perpetuo carnaval y convertir a los hombres en chiquilines agitados e irresponsables; y -last but not least- 5) Idolatría de la libertad, con la cual se quiere hacer de cada hombre un caprichoso caudillejo.
«Esta obsesión de la libertad -nos enseña Castellani- vino a servir maravillosamente a las fuerzas económicas y al poder del Dinero, que también andaban con la obsesión de que los dejasen en paz. Los dejaron en paz: triunfaron sobre el alma y la sangre la técnica y la mercadería; y se inauguró en todo el mundo una época en que nunca se ha hablado tanto de libertad y nunca el hombre ha sido en realidad menos libre». El liberalismo acabó engendrando la libertad enloquecida del Dinero, que fue lo que a la postre trajo el comunismo en el siglo XX; y también ha engendrado, en estos albores del siglo XXI, la creencia no menos enloquecida en una especie de Reino de la Paz Perpetua y las Delicias Universales, producto de la Ciencia, la Libertad y la Democracia; Reino que, básicamente, consiste -como Castellani profetizó con clarividencia- en que «un grupo de sabios socialistas, bajo la coartada de adoración al Hombre, gobiernen el mundo autocráticamente y con poderes tan extraordinarios que no los soñó Licurgo». El liberalismo, en fin, es el caldo de cultivo que la derecha aliña, creando las condiciones sociales, económicas y morales óptimas para el triunfo de la izquierda, que es la que mejor ha sabido vender las falsificaciones de la libertad inventadas por el liberalismo. Falsificaciones catastróficas para el hombre, que creyendo «elegir libremente» no hace sino ahondar en su esclavitud.”
Juan Manuel de Prada
www.juanmanueldeprada.com
(RCS)
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quinta-feira, julho 03, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
quarta-feira, julho 02, 2008
Estábamos en lo cierto
Aunque supimos de cómo iban las negociaciones entre Roma y la Hermandad de San Pío X en todo momento hemos querido ser discretos. En A Casa de Sarto, utilizando informaciones procedentes tanto de Roma como de Menzingen, estuvimos entre los primeros en poder decir que lo que decía la prensa oficial era falso, que los mass media estaban intoxicando y que se abría una luminosa esperanza porque Monseñor Fellay había dado una respuesta mucho más positiva que lo podían sugerir sus anteriores intervenciones. Ahora una bitácora semi-oficiosa como Rorate Coeli corrobora lo que nosotros decíamos esta misma mañana, aunque la noticia nosotros la teníamos desde ayer mismo. Incluso supe por mí mismo en cuanto tuve noticia de ello que la misteriosa, y providencial, filtración de ciertos hechos había sido hecha a Andrea Tornielli, gran conocedor de los entresijos vaticanos. Trucos viejos de periodista ...
Critiqué, más que duramente –insisto- utilicé un recurso retórico “a lo Quevedo” por mi espoleo a Monseñor Fellay para que estableciera los canales que fuera preciso –sin retraso, sin dilaciones- con Roma. Se me ha dicho de todo, desde que ahora me alineo con los “enemigos”, o que les sirvo, hasta que he hecho un pésimo servicio a la Hermandad de San Pío X. Dos personas me han comprendido un poco más que otros, y a ellos les quiero dar las gracias. En primer lugar a un Sacerdote desconocido norteamericano, un no-tradicionalista que empieza a decir la Misa Tridentina (carry on, Father!), y que me ha calado perfectamente al decirme: “… ultimately people like you are the hardest line of defense for the SSPX …!. Chapeau, Father! Y a La honda de David, que sabía por dónde iban mis tiros de largo alcance. Mi hermano en la Fe JSarto también supo desde el primer momento que mi crítica era por forma, no por fondo, y que mi lealtad hacia la Tradición era la misma que desde que la encontré hace ya unos 20 años. Espero que mi amigo “Chanza” lo comprenda … si es que lo quiere comprender. Sigo estando exactamente donde estaba.
Lo he pasado mal en estos tiempos. No me importa la correspondencia, mucha de amigos y conocidos, poniéndome a parir y tirándome por tierra. Incluso se me ha atacado sin fundamento desde otros lugares del internet. Se me acusaba de socavar la posición de la Hermandad y qué sé yo de otros males. Insisto para nuestros lectores que de no haber tenido la información tan precisa que teníamos en A Casa de Sarto, jamás me hubiese lanzado a escribir de la manera que lo he hecho. Me alegro de que mis sufrimientos morales, psicológicos y físicos en estos últimos días y semanas hayan sido en paralelo con la Hermandad de San Pío X y con la Santa Madre Iglesia. Pero, ¿se acuerda de los dolores de parto la mujer una vez ha dado a luz? Yo ni me acuerdo. Doy gracias enormes a Dios Nuestro Señor por esto y mi alegría es grande de que este primer paso se ha dado.
Ahora espero que una bitácora tan leidísima –pero que se ha comportado de manera tan absolutamente superficial como insultante, amén de errónea, como La Cigüeña de la Torre, rectifique su pésimo post sobre los “lefebvristas” (sic). Pacopepe, a quien muchos llevamos leyendo años, desde cuando era un desconocido autor en la revista Verbo (Speiro) y en Siempre p’alante, me parece a veces demasiado visceral, incluso superficial en alguno de sus análisis, pero tiene una virtud que le honra: se retracta inmediatamente. Espero que un hombre de buen corazón como él haga honor a esta fama de corregir sus yerros que le caracteriza.
Ahora, quiero ir un paso más adelante, como sé que esto llegará a Menzingen y a Roma, me permito una vez más insistir en varios puntos:
1) Que la Hermandad de San Pío X no debe tomarse a mal el poco prudente tempo de los Redentoristas Transalpinos. Ya he dicho que no ha sido prudente el dar las noticias de su regularización justo en este preciso momento. Y ya he dicho que hubiera sido deseable un poco más de lealtad por parte de los Redentoristas hacia la Hermandad, a quien tanto deben. Pero de donde no hay no se puede sacar e, insisto, Roma no ha jugado ninguna táctica de laminado sibilino en este asunto.
2) Que ahora, más que nunca, suplico a todos los Superiores de Distrito y Sacerdotes de la Hermandad que mantengan una postura sin fisuras respecto a Roma. Una cosa quiero decir: me consta de manera fehaciente que la solución canónica que Roma brinda a la Hermandad es una solución blindada. No hay por qué temer en asuntos de Liturgia y de Apostolado. Ni tampoco Roma va a incautarse de propiedad alguna de la Hermandad de San Pío X. Si fuera distinto jamás hubiera yo apoyado un acuerdo con Roma. Lo más peligroso que puede sucedernos es que se pierdan Sacerdotes aquí y allá, y con ellos fieles, por culpa de toda esta situación. Déjese ahora a la cúpula de la Hermandad ahora llevar la negociación con Roma con la mayor serenidad del mundo. A los miembros de la Orden Tercera de la HSPX cabe instarles a lo mismo, pero me atrevo a suplicar por amor de Dios y de su Santa Iglesia idéntica actitud hacia todos los que recibimos el apostolado de la Hermandad de San Pío X.
3) Que nadie, en particular Roma, debiera cebarse con Monseñor Williamson. Voy a defender a Monseñor Williamson a capa y espada. Creo que ha sido víctima de su propia personalidad, de su propia tendencia a la hipérbole, de haber sido discípulo de Winchester College (aunque él diga lo contrario) y, ¿por qué no decirlo? de cierta confusión e indecisión de Monseñor Fellay en las semanas previas. Afirmo, y repito, lo que ya he dicho en A Casa de Sarto: Monseñor Williamson es de los cuatro Obispos el que tiene más Romanitas. Le adorna, además, una formidable inteligencia. Temo que algunos no conocen a Su Ilustrísima suficientemente en el plano personal, donde se muestra como un agudísimo conocedor de la realidad. El que Monseñor Williamson tenga ese toque hiperbólico no quiere decir que esté enfrentado a Roma ni que se cierre en banda a una regularización de la Hermandad con Roma, como un análisis superficial pudiera sugerir. Invito a quienes conocen el percal a que hagan un acopio de hechos. Digo hechos, más que palabras y más que opiniones. Hechos puros y duros. Lo fácil es ahora darle palos a Monseñor Williamson por sus últimas declaraciones. Lo sensato es pensar en los hechos. A buen entendedor pocas palabras sobran.
4) Y lo más importante de todo: que todos los católicos de buen corazón ofrezcan sus sufrimientos cotidianos por la buena marcha de la Iglesia y de la Tradición, amén de cuantas oraciones sean posibles. Quiero dar las gracias muy efusivamente a las religiosas que en este momento están rezando por este motivo. Sin esos pararrayos divinos no íbamos ni a la vuelta de la esquina.
Por mi parte, salvo que haya algo que considere que mis palabras pueden servir un bien público, no tengo más que decir respecto a la negociación entre la Hermandad de San Pío X y Roma.
A Monseñor Fellay mis felicitaciones. Ha demostrado un enorme sentido común y sabiduría, como es propio de un Apóstol. Y también mis felicitaciones al Cardenal Castrillón Hoyos. Ha demostrado generosidad y magnanimidad, como se le supone a un Príncipe de la Iglesia. Pero sobre todo, sobre todo, gracias al Santo Padre. Sé que tiene una espina clavada porque sabe que la excomunión a Monseñor Lefebvre y a todos los demás Obispos fue inicua. Pero, más aún, porque se da cuenta de que sin Tradición la Iglesia no puede volver a ser la levadura que fermente el mundo.
Oremus … et laboremus!
¡Viva Monseñor Lefebvre!
Rafael Castela Santos
Critiqué, más que duramente –insisto- utilicé un recurso retórico “a lo Quevedo” por mi espoleo a Monseñor Fellay para que estableciera los canales que fuera preciso –sin retraso, sin dilaciones- con Roma. Se me ha dicho de todo, desde que ahora me alineo con los “enemigos”, o que les sirvo, hasta que he hecho un pésimo servicio a la Hermandad de San Pío X. Dos personas me han comprendido un poco más que otros, y a ellos les quiero dar las gracias. En primer lugar a un Sacerdote desconocido norteamericano, un no-tradicionalista que empieza a decir la Misa Tridentina (carry on, Father!), y que me ha calado perfectamente al decirme: “… ultimately people like you are the hardest line of defense for the SSPX …!. Chapeau, Father! Y a La honda de David, que sabía por dónde iban mis tiros de largo alcance. Mi hermano en la Fe JSarto también supo desde el primer momento que mi crítica era por forma, no por fondo, y que mi lealtad hacia la Tradición era la misma que desde que la encontré hace ya unos 20 años. Espero que mi amigo “Chanza” lo comprenda … si es que lo quiere comprender. Sigo estando exactamente donde estaba.
Lo he pasado mal en estos tiempos. No me importa la correspondencia, mucha de amigos y conocidos, poniéndome a parir y tirándome por tierra. Incluso se me ha atacado sin fundamento desde otros lugares del internet. Se me acusaba de socavar la posición de la Hermandad y qué sé yo de otros males. Insisto para nuestros lectores que de no haber tenido la información tan precisa que teníamos en A Casa de Sarto, jamás me hubiese lanzado a escribir de la manera que lo he hecho. Me alegro de que mis sufrimientos morales, psicológicos y físicos en estos últimos días y semanas hayan sido en paralelo con la Hermandad de San Pío X y con la Santa Madre Iglesia. Pero, ¿se acuerda de los dolores de parto la mujer una vez ha dado a luz? Yo ni me acuerdo. Doy gracias enormes a Dios Nuestro Señor por esto y mi alegría es grande de que este primer paso se ha dado.
Ahora espero que una bitácora tan leidísima –pero que se ha comportado de manera tan absolutamente superficial como insultante, amén de errónea, como La Cigüeña de la Torre, rectifique su pésimo post sobre los “lefebvristas” (sic). Pacopepe, a quien muchos llevamos leyendo años, desde cuando era un desconocido autor en la revista Verbo (Speiro) y en Siempre p’alante, me parece a veces demasiado visceral, incluso superficial en alguno de sus análisis, pero tiene una virtud que le honra: se retracta inmediatamente. Espero que un hombre de buen corazón como él haga honor a esta fama de corregir sus yerros que le caracteriza.
Ahora, quiero ir un paso más adelante, como sé que esto llegará a Menzingen y a Roma, me permito una vez más insistir en varios puntos:
1) Que la Hermandad de San Pío X no debe tomarse a mal el poco prudente tempo de los Redentoristas Transalpinos. Ya he dicho que no ha sido prudente el dar las noticias de su regularización justo en este preciso momento. Y ya he dicho que hubiera sido deseable un poco más de lealtad por parte de los Redentoristas hacia la Hermandad, a quien tanto deben. Pero de donde no hay no se puede sacar e, insisto, Roma no ha jugado ninguna táctica de laminado sibilino en este asunto.
2) Que ahora, más que nunca, suplico a todos los Superiores de Distrito y Sacerdotes de la Hermandad que mantengan una postura sin fisuras respecto a Roma. Una cosa quiero decir: me consta de manera fehaciente que la solución canónica que Roma brinda a la Hermandad es una solución blindada. No hay por qué temer en asuntos de Liturgia y de Apostolado. Ni tampoco Roma va a incautarse de propiedad alguna de la Hermandad de San Pío X. Si fuera distinto jamás hubiera yo apoyado un acuerdo con Roma. Lo más peligroso que puede sucedernos es que se pierdan Sacerdotes aquí y allá, y con ellos fieles, por culpa de toda esta situación. Déjese ahora a la cúpula de la Hermandad ahora llevar la negociación con Roma con la mayor serenidad del mundo. A los miembros de la Orden Tercera de la HSPX cabe instarles a lo mismo, pero me atrevo a suplicar por amor de Dios y de su Santa Iglesia idéntica actitud hacia todos los que recibimos el apostolado de la Hermandad de San Pío X.
3) Que nadie, en particular Roma, debiera cebarse con Monseñor Williamson. Voy a defender a Monseñor Williamson a capa y espada. Creo que ha sido víctima de su propia personalidad, de su propia tendencia a la hipérbole, de haber sido discípulo de Winchester College (aunque él diga lo contrario) y, ¿por qué no decirlo? de cierta confusión e indecisión de Monseñor Fellay en las semanas previas. Afirmo, y repito, lo que ya he dicho en A Casa de Sarto: Monseñor Williamson es de los cuatro Obispos el que tiene más Romanitas. Le adorna, además, una formidable inteligencia. Temo que algunos no conocen a Su Ilustrísima suficientemente en el plano personal, donde se muestra como un agudísimo conocedor de la realidad. El que Monseñor Williamson tenga ese toque hiperbólico no quiere decir que esté enfrentado a Roma ni que se cierre en banda a una regularización de la Hermandad con Roma, como un análisis superficial pudiera sugerir. Invito a quienes conocen el percal a que hagan un acopio de hechos. Digo hechos, más que palabras y más que opiniones. Hechos puros y duros. Lo fácil es ahora darle palos a Monseñor Williamson por sus últimas declaraciones. Lo sensato es pensar en los hechos. A buen entendedor pocas palabras sobran.
4) Y lo más importante de todo: que todos los católicos de buen corazón ofrezcan sus sufrimientos cotidianos por la buena marcha de la Iglesia y de la Tradición, amén de cuantas oraciones sean posibles. Quiero dar las gracias muy efusivamente a las religiosas que en este momento están rezando por este motivo. Sin esos pararrayos divinos no íbamos ni a la vuelta de la esquina.
Por mi parte, salvo que haya algo que considere que mis palabras pueden servir un bien público, no tengo más que decir respecto a la negociación entre la Hermandad de San Pío X y Roma.
A Monseñor Fellay mis felicitaciones. Ha demostrado un enorme sentido común y sabiduría, como es propio de un Apóstol. Y también mis felicitaciones al Cardenal Castrillón Hoyos. Ha demostrado generosidad y magnanimidad, como se le supone a un Príncipe de la Iglesia. Pero sobre todo, sobre todo, gracias al Santo Padre. Sé que tiene una espina clavada porque sabe que la excomunión a Monseñor Lefebvre y a todos los demás Obispos fue inicua. Pero, más aún, porque se da cuenta de que sin Tradición la Iglesia no puede volver a ser la levadura que fermente el mundo.
Oremus … et laboremus!
¡Viva Monseñor Lefebvre!
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quarta-feira, julho 02, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
El «genio religioso» de Lutero
Sacado de aquí.
«Cuando un periódico abre sus páginas a un maestro, su lectura se convierte en un festín de la inteligencia; y esa bendición acaba de caernos a los lectores de ABC con la incorporación de Eugenio Trías, que ayer se estrenaba con una estimulante tercera titulada «La Biblia y nuestros hábitos lectores». Tan estimulante que me lleva a polemizar con el maestro, solicitando la benevolencia del lector. En su tercera, Trías proponía que la indigencia lectora de los españoles podría tener su origen en el «catolicismo romano», que a diferencia de las confesiones reformadas ha sido reticente «a entregar al feligrés el texto bíblico». Trías considera con buen criterio que leer la Biblia «podría ser el mejor modo de fortalecer la conciencia religiosa». Falta determinar, sin embargo, si la modalidad luterana de lectura bíblica ha traído al mundo el fortalecimiento de tal conciencia, o más bien lo contrario.
La Reforma de Lutero hizo realidad amarga la parábola de la cizaña y el trigo. Lutero, en un rapto megalómano, quiso arrancar antes de tiempo esa cizaña (la corrupción de la Iglesia) y lo que hizo más bien fue desperdigarla. Rompió la unidad de la Iglesia, trayendo a cambio libertad, muchisísima libertad: libre examen, libre expresión de la fe religiosa, libre lectura de la Biblia, etcétera. Tantisísima libertad que, a la postre, el protestantismo se quedó hecho unos zorros; y, si no desapareció del todo, fue porque restauró una serie de cosas -subsistentes en la Iglesia católica- que había empezado por repudiar: liturgia, organización eclesiástica, etcétera. Decía Chesterton que la confianza en nuestro padre no nace de que lo consideremos un montón de verdades, sino alguien que dice la verdad; y las verdades en las que cree el católico no están en un amontonamiento informe de dogmas, sino en la vida viva de la Iglesia, que les da forma y sentido. Esta idea del magisterio vivo de la Iglesia no logró entenderla Lutero, que presentó la inspiración personal de cada hombre aferrado a su Biblia como una liberación de la tiranía papal. Lutero ignoraba -o fingió que ignoraba- que la ayuda del Espíritu prometida a la Iglesia no quiere decir que cada quisque se puede convertir en exegeta cada vez que lee la Biblia.
Ya sabemos cuál es la novedad teológica introducida por Lutero, su «genio religioso». Consiste en decir que Jesús ya sufrió por nuestros pecados y que, por lo tanto, ya estamos perdonados; así que, para salvarnos, basta con que se nos apliquen los méritos de Jesús por medio de la fe. Así, si piensas que crees, esa fe basta; pero cuando no vives como piensas, terminas pensando como vives. La palabra, bien lo sabe Trías, no es en sí misma sabiduría, sino sirvienta de la sabiduría; y, cuando se rebela contra esa servidumbre, se convierte en charlatanería vacua. Como escribió el gran Castellani con su habitual gracejo, «desde que Lutero aseguró a cada lector de la Biblia la asistencia del Espíritu Santo, esta persona de la Santísima Trinidad empezó a decir unas macanas espantosas». La lectura de la Biblia requiere la estrella de la fe, pero también conocimientos culturales sólidos y hábitos curtidos de meditación. La lectura luterana de la Biblia desató la enfermedad de la inteligencia denominada diletantismo, que luego ha contagiado la lectura en general y, por proceso virulento de metástasis, la cultura occidental toda: deseo orgulloso de saber sin estudiar, soberbia de la ignorancia, etcétera; lo cual, naturalmente, no tarda en complicarse con elementos de escepticismo y de destrucción voluptuosa del tesoro heredado de la tradición; elementos que alimentan y fortalecen la muerte de la conciencia religiosa. La lectura de la Biblia preconizada por Lutero ha traído, en definitiva, una suerte de fatuidad intelectual que convierte el deleite del entendimiento en un fin en sí mismo, cuando debería ser un medio para alcanzar la sabiduría. Y los deleites del entendimiento acaban degenerando, inevitablemente, en aberraciones del entendimiento: y, así, hay gente que lee el Cantar de los Cantares como si fuese una especie de Kamasutra finolis, y el Apocalipsis como si fuese un compendio de astrología patafísica, y los Evangelios como si fuesen una colección de dulces consejas moralistas. ¡Bendita reticencia del catolicismo romano a este tipo de lectura bíblica! En esa heroica reticencia subsiste la poca sabiduría que resta en el mundo.»
Juan Manuel de Prada
www.juanmanueldeprada.com
(RCS)
«Cuando un periódico abre sus páginas a un maestro, su lectura se convierte en un festín de la inteligencia; y esa bendición acaba de caernos a los lectores de ABC con la incorporación de Eugenio Trías, que ayer se estrenaba con una estimulante tercera titulada «La Biblia y nuestros hábitos lectores». Tan estimulante que me lleva a polemizar con el maestro, solicitando la benevolencia del lector. En su tercera, Trías proponía que la indigencia lectora de los españoles podría tener su origen en el «catolicismo romano», que a diferencia de las confesiones reformadas ha sido reticente «a entregar al feligrés el texto bíblico». Trías considera con buen criterio que leer la Biblia «podría ser el mejor modo de fortalecer la conciencia religiosa». Falta determinar, sin embargo, si la modalidad luterana de lectura bíblica ha traído al mundo el fortalecimiento de tal conciencia, o más bien lo contrario.
La Reforma de Lutero hizo realidad amarga la parábola de la cizaña y el trigo. Lutero, en un rapto megalómano, quiso arrancar antes de tiempo esa cizaña (la corrupción de la Iglesia) y lo que hizo más bien fue desperdigarla. Rompió la unidad de la Iglesia, trayendo a cambio libertad, muchisísima libertad: libre examen, libre expresión de la fe religiosa, libre lectura de la Biblia, etcétera. Tantisísima libertad que, a la postre, el protestantismo se quedó hecho unos zorros; y, si no desapareció del todo, fue porque restauró una serie de cosas -subsistentes en la Iglesia católica- que había empezado por repudiar: liturgia, organización eclesiástica, etcétera. Decía Chesterton que la confianza en nuestro padre no nace de que lo consideremos un montón de verdades, sino alguien que dice la verdad; y las verdades en las que cree el católico no están en un amontonamiento informe de dogmas, sino en la vida viva de la Iglesia, que les da forma y sentido. Esta idea del magisterio vivo de la Iglesia no logró entenderla Lutero, que presentó la inspiración personal de cada hombre aferrado a su Biblia como una liberación de la tiranía papal. Lutero ignoraba -o fingió que ignoraba- que la ayuda del Espíritu prometida a la Iglesia no quiere decir que cada quisque se puede convertir en exegeta cada vez que lee la Biblia.
Ya sabemos cuál es la novedad teológica introducida por Lutero, su «genio religioso». Consiste en decir que Jesús ya sufrió por nuestros pecados y que, por lo tanto, ya estamos perdonados; así que, para salvarnos, basta con que se nos apliquen los méritos de Jesús por medio de la fe. Así, si piensas que crees, esa fe basta; pero cuando no vives como piensas, terminas pensando como vives. La palabra, bien lo sabe Trías, no es en sí misma sabiduría, sino sirvienta de la sabiduría; y, cuando se rebela contra esa servidumbre, se convierte en charlatanería vacua. Como escribió el gran Castellani con su habitual gracejo, «desde que Lutero aseguró a cada lector de la Biblia la asistencia del Espíritu Santo, esta persona de la Santísima Trinidad empezó a decir unas macanas espantosas». La lectura de la Biblia requiere la estrella de la fe, pero también conocimientos culturales sólidos y hábitos curtidos de meditación. La lectura luterana de la Biblia desató la enfermedad de la inteligencia denominada diletantismo, que luego ha contagiado la lectura en general y, por proceso virulento de metástasis, la cultura occidental toda: deseo orgulloso de saber sin estudiar, soberbia de la ignorancia, etcétera; lo cual, naturalmente, no tarda en complicarse con elementos de escepticismo y de destrucción voluptuosa del tesoro heredado de la tradición; elementos que alimentan y fortalecen la muerte de la conciencia religiosa. La lectura de la Biblia preconizada por Lutero ha traído, en definitiva, una suerte de fatuidad intelectual que convierte el deleite del entendimiento en un fin en sí mismo, cuando debería ser un medio para alcanzar la sabiduría. Y los deleites del entendimiento acaban degenerando, inevitablemente, en aberraciones del entendimiento: y, así, hay gente que lee el Cantar de los Cantares como si fuese una especie de Kamasutra finolis, y el Apocalipsis como si fuese un compendio de astrología patafísica, y los Evangelios como si fuesen una colección de dulces consejas moralistas. ¡Bendita reticencia del catolicismo romano a este tipo de lectura bíblica! En esa heroica reticencia subsiste la poca sabiduría que resta en el mundo.»
Juan Manuel de Prada
www.juanmanueldeprada.com
(RCS)
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quarta-feira, julho 02, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
¿Luz al final del túnel?
Las informaciones obtenidas por A Casa de Sarto en Italia, luego contrastadas por informaciones en Suiza, hablan de una carta que Monseñor Fellay habría escrito al Santo Padre en un tono que permite abrigar cierto espíritu de colaboración entre Roma y la Hermandad de San Pío X. Ayer escribimos que podría haber un rayo de esperanza y nos ratificamos que a día de hoy la situación es mejor, con mucha menos tensión que los días pasados. Podemos afirmar a nuestros lectores que en este momento se abre una vía que puede conducir a algún tipo de acuerdo o arreglo. Esto es nuevo porque las últimas declaraciones de Monseñor Fellay habían dificultado mucho esto y se había creado una tensión a nuestro juicio innecesaria.
Un excelente análisis ha sido realizado en Athanasius contra Mundum, el cual recomendamos fehacientemente. Coincidimos con Athanasius contra Mundum en que condiciones impuestas por Roma nos parecen perfectamente aceptables para la Hermandad pero seguimos percibiendo que Roma trata de manera muy distinta a la Tradición que a aquellos que abiertamente predican herejías no son quitados, siquiera amonestados, de sus cátedras y púlpitos católicos.
Hoy los Redentoristas Transalpinos de Papa Stronsay (Escocia) han anunciado públicamente su regularización canónica con Roma. Lo hacen con una carta en que insisten hasta la saciedad en el gozo que les produce la “comunión plena” con Roma. Quizás fuera bueno que desde la Hermandad de San Pío X no se pensase que Roma está intentando fragmentar la Tradición. En este caso la evidencia indica que todo esto viene de los Redentoristas Transalpinos y que Roma no ha estado jugando ni sucio ni por detrás en todo esto.
Personalmente hubiera deseado que los Redentoristas hubieran permanecido al lado de la Hermandad en estos momentos o que, al menos, hubieran tenido el suficiente tino de anunciarlo públicamente una vez que las negociaciones entre la Hermandad y Roma estuvieran ya sobre raíles. Pero esto, quizás, es mucho esperar de los Redentoristas.
Mi enhorabuena para los Redentoristas Transalpinos.
Rafael Castela Santos
Un excelente análisis ha sido realizado en Athanasius contra Mundum, el cual recomendamos fehacientemente. Coincidimos con Athanasius contra Mundum en que condiciones impuestas por Roma nos parecen perfectamente aceptables para la Hermandad pero seguimos percibiendo que Roma trata de manera muy distinta a la Tradición que a aquellos que abiertamente predican herejías no son quitados, siquiera amonestados, de sus cátedras y púlpitos católicos.
Hoy los Redentoristas Transalpinos de Papa Stronsay (Escocia) han anunciado públicamente su regularización canónica con Roma. Lo hacen con una carta en que insisten hasta la saciedad en el gozo que les produce la “comunión plena” con Roma. Quizás fuera bueno que desde la Hermandad de San Pío X no se pensase que Roma está intentando fragmentar la Tradición. En este caso la evidencia indica que todo esto viene de los Redentoristas Transalpinos y que Roma no ha estado jugando ni sucio ni por detrás en todo esto.
Personalmente hubiera deseado que los Redentoristas hubieran permanecido al lado de la Hermandad en estos momentos o que, al menos, hubieran tenido el suficiente tino de anunciarlo públicamente una vez que las negociaciones entre la Hermandad y Roma estuvieran ya sobre raíles. Pero esto, quizás, es mucho esperar de los Redentoristas.
Mi enhorabuena para los Redentoristas Transalpinos.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quarta-feira, julho 02, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
terça-feira, julho 01, 2008
¿Un poco de esperanza?
Gentileza de La honda de David, quien nos dice que cobremos ánimo, quiero apuntar aquí a un enlace que sostiene que quizás las cosas sean un poco mejores de lo que parecieran.
Monseñor Fellay ha escrito al Cardenal Castrillón Hoyos. Nada sabemos en firme del contenido de esta carta. Quién sabe. A lo mejor las cosas van por buen camino.
Sigamos pues rezando.
Rafael Castela Santos
Monseñor Fellay ha escrito al Cardenal Castrillón Hoyos. Nada sabemos en firme del contenido de esta carta. Quién sabe. A lo mejor las cosas van por buen camino.
Sigamos pues rezando.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
terça-feira, julho 01, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
segunda-feira, junho 30, 2008
Rezando, sin tregua, sin pausa
JSarto nos invitaba a rezar por un motivo noble: la solución canónica a la situación de la Hermandad de San Pío X. Hay mucho más en juego en ello de lo que pudiera parecer a primera vista.
Creo que Monseñor Williamson se equivoca gravemente. Se equivoca porque cree que la Hermandad de San Pío X tendrá que aceptar el Vaticano II. Si esos fueran los términos (o condiciones) que Roma impusiera a la Hermandad, entonces sí que sería mejor no entrar en ningún tipo de negociaciones. Pero resulta que no son esos.
Pongo un caso. Se pide a la Hermandad que no critique a la persona del Santo Padre, pero no dice que no critique al Santo Padre si el Santo Padre sigue enredando (sí, lamentablemente) con asuntos de diálogo interreligioso o ecumenismo o que no ponga a parir a cierto Obispo canario y a cierto Sacerdot@ por organizar (o permitir organizar) una celebración “católica” en una iglesia católica a favor del del “orgullo gay”, como ha acontecido recientemente en esa parte de las Españas. ¿Es que acaso algún sensato se atrevería a proponer entrar en un sitio para que le amordazasen? Si la Roma oficial espera que nos mantengamos callados, es mejor que esperen sentados, no siendo que de pie se cansen. Lo que se nos pide, se nos exige, es que seamos respetuosos en el tono y alusiones personales respecto al Santo Padre, cosa que –empezando por mí mismo- a veces no hemos sido.
Se me ha criticado durísimamente por un anterior post mío sobre este tema y mi correo electrónico está inundado. Debo decir que, admirador acérrimo que soy de Quevedo y no estando vinculado en modo alguno a la Hermandad de San Pío X, pero defendiendo a la Hermandad en su trayectoria –porque sin ellos la Tradición hubiera devenido en algo absolutamente residual- me permití escribirlo en un tono retóricamente “quevediano” que no ha sido comprendido por muchos. El tono era una licencia retórica, nada más; un espoleo en un momento grave. Poco importa ya. De entre las críticas que he recibido, una sensata y cabal, porque cabal es el cerebro y el corazón del hombre que la escribe, Dom Lourenço Fleichman, aquí dejo el enlace. Evidentemente discrepo de Dom Lourenço Fleichman, OSB, pero eso no quiere decir que no le tenga en el mejor y más alto de los aprecios, así como que me reconozco unido a él en el mejor deseo en defensa de la Tradición.
Lo que sí importa es que Roma está harta de la actitud de Monseñor Fellay y que Monseñor Fellay pudiera encontrarse confrontado con un cuerpo de evidencia de sus contradicciones e incoherencias en breve. Será, sin duda, harto doloroso para Monseñor Fellay. Va a sufrir su defectuoso manejo de esta situación como muchos otros de la Hermandad van a pagar caro la mesmerización a que en los últimos días Monseñor Fellay ha sometido a algunos Obispos, Superiores, allegados, primos, tíos y demás familia.
Ciertamente que hay un elemento de política en todo esto pero esto poco me interesa. Lo peor es la torpeza y aquí enlazo con las tesis de Castellani sobre los deberes y cualidades del Superior (en honor a la verdad, la situación actual es francamente difícil, aunque no imposible). Y lo peor de todo es la actitud. Una actitud que no es romana, sino de querer montar el chiringuito aparte. No digo que sea intencionalmente, posiblemente incluso no lo sea (es más, estoy absolutamente convencido del atenuante de inconsciencia y de genuino deseo de defensa de la Fe que hay en todo esto). Pero esto es casi peor, pues denota una actitud de fondo. Aquí, me temo, no hay boliche aparte. De nuevo, mucha culpa tiene la Roma oficial, que no ha hecho más que sacudir a la Tradición durante lustros y ahora Roma se queja ... ¿de que gato escaldado del agua fría huye?
Algunos van a sufrir en sus propias carnes el bochinche de todas estas últimas semanas y meses. La fanfarronería de Monseñor Williamson creyendo que ahora Roma se va a estar quieta, que no va a pasar nada, puede ser letal para él. Supuesto, y esto es una opinión puramente personal, que pudiera estar compartido por Monseñor Fellay. Roma va a sacudir. A troche y moche. Va a dar estopa a base de bien y corremos el riesgo de que por las fanfarronerías de unos pocos paguen muchos inocentes. Y Roma aquí cometería un gravísimo error, que sería el de castigar a inocentes por castigar a unos pocos.
Dios dirá.
Yo sólo espero que Roma tenga la decencia de dejar siempre una avenida honrosa y generosa para solucionar un problema que no es el de Fellay, ni el de los otros Monseñores (Richard Williamson, Alfonso de Galarreta y Tissier de Mallerais). Es un asunto que involucra a cientos de Sacerdotes y docenas y docenas de miles de fieles.
Se ha dicho algo con mucha sensatez en una de las cajetillas de comentarios de A Casa de Sarto, concretamente que Roma no necesita la Hermandad de San Pío X, sino la Tradición. Nada más cierto. Lo único que pasa es que el buque insignia de la Tradición es, precisamente, la Hermandad de San Pío X. Ahí es nada. Ahora bien, para poner las cosas en claro: la Hermandad no es la Tradición ni la Tradición la Hermandad. La Tradición es más grande que la Hermandad. Afortunadamente, claro.
La ironía de todo esto es que nada menos que el Patriarca de Constantinopla estuvo de un modo admirablemente respetuoso nada menos que en Roma nada menos que en la Fiesta de San Pedro y San Pablo. ¿Un signo de acatación del Primado de Pedro, del Papa, sobre los Patriarcados de la Iglesia Ortodoxa? Con comunión de rodillas y sin darla en la mano.
Luego dicen que las circunstancias son iguales que con Juan Pablo II y Pablo VI. Algunos, verdaderamente, se empeñan en negar lo obvio.
¿Creen que las cosas serán iguales con otro Papa? Yo, personalmente, viendo cómo va el mundo, lo dudo. Nos aproximamos hacia el Juicio de las Naciones, hacia el Anticristo, a toda velocidad y convendría preguntarse dónde debemos y dónde tenemos que estar en estos momentos que se avecinan.
Dentro de poco habrá más. Roma en esta ocasión sí va a responder porque este Papa ha hecho algunas cosas erróneas, pero tiene la mejor disposición posible a la Tradición y no es pusilánime como hombre de Fe íntegra que es. El Santo Padre es, además, enormemente celoso de la Sede de Pedro y va a ejercer su autoridad digan lo contrario Agamenón o su porquero, Fellay o Williamson. El guantazo del bávaro –si es que no se evita in extremis- va a doler a más de uno.
Me temo que el “wait and see” and “don’t panic until the last minute” no va a funcionar en esta ocasión, Don Ricardo.
Wait and see, Your Lordship, wait and see …
CODA (para estómagos fuertes y del que se prohíben las siguientes raleas):
Y ahora, sin que tenga nada que ver con todo lo anterior más allá de la mera y casual coincidencia, permitan a este pobre pecador empedernido, católico recalcitrante, carlista redomado (sí, “Chanza”, sí … aunque vayas por ahí acusándome de “azul mahón” y no sé qué otras cosas), algo anticlerical, acérrimo de Quevedo y del Padre Castellani, un chiste verde.
Advierto ahora a estreñidos mentales, miembros de cualesquiera tribu jansenista, calvinistas protestantes y/o neocalvinistas pseudocatólicos, comemierdas con y sin sotana, alfonsinos pro-globalización, meapilas beaturrones, tuercebotas de protocolos casposos, adictos a la prensa rosa, gabachos de “excellent milieu”, modernistas (¡sobre todo esto, la madre que los parió! – madre que, dicen, ejercía un viejo oficio), liberales eclesiásticos y no eclesiásticos, peperos, conservadores burgueses y aburguesados bienpensantes, teólogos de la liberación, socialdemócratas de todo cuño y demás gentes de mal vivir, amén de los castos de oídos, que dejen de leer aquí ahora mismo so pena de escandalizarse. Quien advierte no es traidor.
Dicen que el tonto de Jaimito estaba un día completamente entregado al vicio onanista y con un bote de seven-up en la mano cuando súbitamente en medio de su autoerótica actividad exclamó: “¡Esto es vida … champán y mujeres!”.
¡Huy, qué coincidencia!
Entretanto, por favor, por amor de Dios, por amor de la Santa Madre Iglesia, recemos.
Rafael Castela Santos
Creo que Monseñor Williamson se equivoca gravemente. Se equivoca porque cree que la Hermandad de San Pío X tendrá que aceptar el Vaticano II. Si esos fueran los términos (o condiciones) que Roma impusiera a la Hermandad, entonces sí que sería mejor no entrar en ningún tipo de negociaciones. Pero resulta que no son esos.
Pongo un caso. Se pide a la Hermandad que no critique a la persona del Santo Padre, pero no dice que no critique al Santo Padre si el Santo Padre sigue enredando (sí, lamentablemente) con asuntos de diálogo interreligioso o ecumenismo o que no ponga a parir a cierto Obispo canario y a cierto Sacerdot@ por organizar (o permitir organizar) una celebración “católica” en una iglesia católica a favor del del “orgullo gay”, como ha acontecido recientemente en esa parte de las Españas. ¿Es que acaso algún sensato se atrevería a proponer entrar en un sitio para que le amordazasen? Si la Roma oficial espera que nos mantengamos callados, es mejor que esperen sentados, no siendo que de pie se cansen. Lo que se nos pide, se nos exige, es que seamos respetuosos en el tono y alusiones personales respecto al Santo Padre, cosa que –empezando por mí mismo- a veces no hemos sido.
Se me ha criticado durísimamente por un anterior post mío sobre este tema y mi correo electrónico está inundado. Debo decir que, admirador acérrimo que soy de Quevedo y no estando vinculado en modo alguno a la Hermandad de San Pío X, pero defendiendo a la Hermandad en su trayectoria –porque sin ellos la Tradición hubiera devenido en algo absolutamente residual- me permití escribirlo en un tono retóricamente “quevediano” que no ha sido comprendido por muchos. El tono era una licencia retórica, nada más; un espoleo en un momento grave. Poco importa ya. De entre las críticas que he recibido, una sensata y cabal, porque cabal es el cerebro y el corazón del hombre que la escribe, Dom Lourenço Fleichman, aquí dejo el enlace. Evidentemente discrepo de Dom Lourenço Fleichman, OSB, pero eso no quiere decir que no le tenga en el mejor y más alto de los aprecios, así como que me reconozco unido a él en el mejor deseo en defensa de la Tradición.
Lo que sí importa es que Roma está harta de la actitud de Monseñor Fellay y que Monseñor Fellay pudiera encontrarse confrontado con un cuerpo de evidencia de sus contradicciones e incoherencias en breve. Será, sin duda, harto doloroso para Monseñor Fellay. Va a sufrir su defectuoso manejo de esta situación como muchos otros de la Hermandad van a pagar caro la mesmerización a que en los últimos días Monseñor Fellay ha sometido a algunos Obispos, Superiores, allegados, primos, tíos y demás familia.
Ciertamente que hay un elemento de política en todo esto pero esto poco me interesa. Lo peor es la torpeza y aquí enlazo con las tesis de Castellani sobre los deberes y cualidades del Superior (en honor a la verdad, la situación actual es francamente difícil, aunque no imposible). Y lo peor de todo es la actitud. Una actitud que no es romana, sino de querer montar el chiringuito aparte. No digo que sea intencionalmente, posiblemente incluso no lo sea (es más, estoy absolutamente convencido del atenuante de inconsciencia y de genuino deseo de defensa de la Fe que hay en todo esto). Pero esto es casi peor, pues denota una actitud de fondo. Aquí, me temo, no hay boliche aparte. De nuevo, mucha culpa tiene la Roma oficial, que no ha hecho más que sacudir a la Tradición durante lustros y ahora Roma se queja ... ¿de que gato escaldado del agua fría huye?
Algunos van a sufrir en sus propias carnes el bochinche de todas estas últimas semanas y meses. La fanfarronería de Monseñor Williamson creyendo que ahora Roma se va a estar quieta, que no va a pasar nada, puede ser letal para él. Supuesto, y esto es una opinión puramente personal, que pudiera estar compartido por Monseñor Fellay. Roma va a sacudir. A troche y moche. Va a dar estopa a base de bien y corremos el riesgo de que por las fanfarronerías de unos pocos paguen muchos inocentes. Y Roma aquí cometería un gravísimo error, que sería el de castigar a inocentes por castigar a unos pocos.
Dios dirá.
Yo sólo espero que Roma tenga la decencia de dejar siempre una avenida honrosa y generosa para solucionar un problema que no es el de Fellay, ni el de los otros Monseñores (Richard Williamson, Alfonso de Galarreta y Tissier de Mallerais). Es un asunto que involucra a cientos de Sacerdotes y docenas y docenas de miles de fieles.
Se ha dicho algo con mucha sensatez en una de las cajetillas de comentarios de A Casa de Sarto, concretamente que Roma no necesita la Hermandad de San Pío X, sino la Tradición. Nada más cierto. Lo único que pasa es que el buque insignia de la Tradición es, precisamente, la Hermandad de San Pío X. Ahí es nada. Ahora bien, para poner las cosas en claro: la Hermandad no es la Tradición ni la Tradición la Hermandad. La Tradición es más grande que la Hermandad. Afortunadamente, claro.
La ironía de todo esto es que nada menos que el Patriarca de Constantinopla estuvo de un modo admirablemente respetuoso nada menos que en Roma nada menos que en la Fiesta de San Pedro y San Pablo. ¿Un signo de acatación del Primado de Pedro, del Papa, sobre los Patriarcados de la Iglesia Ortodoxa? Con comunión de rodillas y sin darla en la mano.
Luego dicen que las circunstancias son iguales que con Juan Pablo II y Pablo VI. Algunos, verdaderamente, se empeñan en negar lo obvio.
¿Creen que las cosas serán iguales con otro Papa? Yo, personalmente, viendo cómo va el mundo, lo dudo. Nos aproximamos hacia el Juicio de las Naciones, hacia el Anticristo, a toda velocidad y convendría preguntarse dónde debemos y dónde tenemos que estar en estos momentos que se avecinan.
Dentro de poco habrá más. Roma en esta ocasión sí va a responder porque este Papa ha hecho algunas cosas erróneas, pero tiene la mejor disposición posible a la Tradición y no es pusilánime como hombre de Fe íntegra que es. El Santo Padre es, además, enormemente celoso de la Sede de Pedro y va a ejercer su autoridad digan lo contrario Agamenón o su porquero, Fellay o Williamson. El guantazo del bávaro –si es que no se evita in extremis- va a doler a más de uno.
Me temo que el “wait and see” and “don’t panic until the last minute” no va a funcionar en esta ocasión, Don Ricardo.
Wait and see, Your Lordship, wait and see …
CODA (para estómagos fuertes y del que se prohíben las siguientes raleas):
Y ahora, sin que tenga nada que ver con todo lo anterior más allá de la mera y casual coincidencia, permitan a este pobre pecador empedernido, católico recalcitrante, carlista redomado (sí, “Chanza”, sí … aunque vayas por ahí acusándome de “azul mahón” y no sé qué otras cosas), algo anticlerical, acérrimo de Quevedo y del Padre Castellani, un chiste verde.
Advierto ahora a estreñidos mentales, miembros de cualesquiera tribu jansenista, calvinistas protestantes y/o neocalvinistas pseudocatólicos, comemierdas con y sin sotana, alfonsinos pro-globalización, meapilas beaturrones, tuercebotas de protocolos casposos, adictos a la prensa rosa, gabachos de “excellent milieu”, modernistas (¡sobre todo esto, la madre que los parió! – madre que, dicen, ejercía un viejo oficio), liberales eclesiásticos y no eclesiásticos, peperos, conservadores burgueses y aburguesados bienpensantes, teólogos de la liberación, socialdemócratas de todo cuño y demás gentes de mal vivir, amén de los castos de oídos, que dejen de leer aquí ahora mismo so pena de escandalizarse. Quien advierte no es traidor.
Dicen que el tonto de Jaimito estaba un día completamente entregado al vicio onanista y con un bote de seven-up en la mano cuando súbitamente en medio de su autoerótica actividad exclamó: “¡Esto es vida … champán y mujeres!”.
¡Huy, qué coincidencia!
Entretanto, por favor, por amor de Dios, por amor de la Santa Madre Iglesia, recemos.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
segunda-feira, junho 30, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
sexta-feira, junho 27, 2008
Apelo urgente à oração!
Uma oportuníssima sugestão do “The New Liturgical Movement”, que repercuto neste espaço: rezemos o Rosário para que seja alcançado o fim do litígio canónico entre Roma e a Fraternidade de São Pio X.
A Igreja precisa da Fraternidade, mas a Fraternidade, para uma plena e mais efectiva defesa da tradição, necessita de ter a sua situação institucional totalmente regularizada no seio da Igreja e em comunhão perfeita com Pedro.
A Igreja precisa da Fraternidade, mas a Fraternidade, para uma plena e mais efectiva defesa da tradição, necessita de ter a sua situação institucional totalmente regularizada no seio da Igreja e em comunhão perfeita com Pedro.
quarta-feira, junho 25, 2008
Zapatero es masón ... ¿y Sócrates?
La masonería, asociación discreta (o secreta) que persigue la descristianización del mundo, más todavía de aquellas naciones tradicionalmente católicas, está adquiriendo últimamente posiciones relevantes en España. El historiador y ex ministro Don Ricardo de la Cierva, a quien entrevista César Vidal, nos cuenta en esta entrevista la pertenencia a la masonería de Rodríguez –José Luis Rodríguez Zapatero- y otros siete u ocho ministros españoles del gabinete anterior. Quizás no sea descabellado inferir que el status quo no se haya modificado sustancialmente con el nuevo gobierno.
Cuenta de la Cierva cómo la política española moderna sólo se puede explicar mediante un plan masónico de destrucción de lo que es la esencia constitutiva de España: su catolicidad. Para no perder esta entrevista que no tiene desperdicio.
Mi pregunta es si, observando la marcha de Portugal, no sigue el país hermano semejante trayecto; acaso dos pasos por detrás.
Rafael Castela Santos
Cuenta de la Cierva cómo la política española moderna sólo se puede explicar mediante un plan masónico de destrucción de lo que es la esencia constitutiva de España: su catolicidad. Para no perder esta entrevista que no tiene desperdicio.
Mi pregunta es si, observando la marcha de Portugal, no sigue el país hermano semejante trayecto; acaso dos pasos por detrás.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quarta-feira, junho 25, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
sábado, junho 21, 2008
A viragem antropolátrica ou a heresia modernista em toda a sua fealdade

Acabei de ler "Cien Años de Modernismo - Genealogia del Concilio Vaticano II", de autoria do Padre Dominique Bourmaud, SSPX, publicado pelas Ediciones Fundación San Pio X, de Buenos Aires - pois, de onde mais?! -, Argentina, cuja tradução em língua espanhola foi revista pelos Padres José Maria Mestre Roc e Jesus Mestre Roc, também da SSPX.
Trata-se de um excelente livro, de leitura muito estimulante, onde o autor traça e analisa criticamente o erro modernista desde os seus primórdios, que remontam à pseudo-reforma protestante do século XVI e ao livre exame proposto pelo heresiarca Lutero com o correspondente desprezo pela tradição e autoridade da Igreja, passando pelo primeiro modernismo influenciado determinantemente pela filosofia kantiana, tanto o protestante do século XIX, de Strauss, Schleiermacher e Ritschl, como o "católico" de primórdios do século XX, de Bergson, Blondel, Loisy e Tyrrell, combatido, derrotado e condenado por São Pio X através da encíclica "Pascendi Dominici Gregis", e terminando no neomodernismo "católico" da segunda metade do século XX, que, sob o influxo do existencialismo heideggeriano, teve as suas principais figuras em Teilhard de Chardin, Henri de Lubac, Yves Congar e Karl Rahner.
Como bem recorda o Padre Bourmaud, este neomodernismo foi condenado de modo solene por Pio XII, mediante a encíclica "Humani Generis"; porém, o grande Papa não conseguiria extirpar do seio da Igreja Católica a heresia que já então a corroía terrível e dolorosamente. De facto, apesar de tal condenação, com a protecção que receberia subsequentemente dos Papas João XXIII e Paulo VI, o neomodernismo viria a impor em total impunidade as suas teses heréticas durante o decurso do Concílio Vaticano II, tornando-se no rescaldo deste a corrente doutrinária dominante no interior da Igreja, influindo decisivamente sob a actuação dos Papas Paulo VI e João Paulo II em matérias fulcrais como a falsa liberdade de religião e o falso ecumenismo, e gerando a abominação da desolação que meio século depois está à vista de todos os católicos conscientes e responsáveis.
Aliás, da leitura de "Cien Años de Modernismo" podemos interrogar-nos como foi possível o neomodernismo atingir uma posição tão preponderante dentro da Igreja? É que efectivamente os trabalhos dos seus mentores acima referidos, variando entre a irracionalidade e o absurdo, mostrando-se infestados de gnosticismo imanentista e panteísta, sustentando a impossibilidade de a verdade ser conhecida em termos objectivos, reduzindo-a a um mero fenómeno subjectivo, fruto da experiência pessoal e da consciência individual, que consiste tão-só na adequação do pensamento à vida quotidiana, e diluindo todas as distinções entre natural e sobrenatural, natureza humana e graça divina, não poderiam estar mais afastados da doutrina católica tradicional, a qual tem a sua expressão máxima nos trabalhos teológicos de São Tomás de Aquino. Respondendo à pergunta supra, a verdade é que com o triunfo - ainda que provisório e temporário - do neomodernismo, súmula de todas as heresias, torna-se forçoso concluir que estamos em plena consecução do mistério da iniquidade de que São Paulo fala na 2ª Carta ao Tessalonicenses (2, 3-7) e face a uma horrível inversão na qual o homem passa a adorar-se a si mesmo e não mais a Deus, em suma, perante uma viragem antropolátrica!
Ora, pelo exposto, recomendo vivamente a leitura deste livro a todos os católicos tradicionais, os quais dispõem nele de uma excelente ferramenta de trabalho para melhor conhecerem a heresia modernista e neomodernista em toda a sua fealdade e despojada da pele de cordeiro com a qual costuma ocultar o seu carácter lupino.
Na esteira do excelente "Panorama Católico Internacional", ao mesmo livro faço somente um pequeno reparo: escrito na sua versão original francesa no final do pontificado do Papa João Paulo II, o respectivo autor imputa ao então Cardeal Ratzinger o sobraçar de algumas posições de influência neomodernista. Embora sendo formalmente correcta tal asserção, não é menos certo que o mesmo Cardeal Ratzinger delas paulatinamente se apartou, não correspondendo as mesmas manifestamente ao pensamento doutrinário daquele que agora é o Papa Bento XVI gloriosamente reinante. Seria curial que tal ressalva tivesse sido feita, ao menos na presente edição, o que não sucedeu.
De seguida, e à laia de conclusão, transcrevo um saboroso trecho de "Cien Años de Modernismo", onde o Padre Bourmaud critica a teologia de Karl Rahner, por ele apelidado alternadamente de "maior modernista de todos os tempos" e "príncipe do neomodernismo", epítetos que neste caso concreto estão longe de ser elogiosos. Assim:
"Rahner confiesa sin vacilar que es un téologo diletante, y que no ha estudiado seriamente los tratados clave del tomismo sobre Dios. Pero es mucho peor que un teólogo aficionado, porque hace alarde del tomismo para acabar en el más corrosivo antitomismo. ¿Cómo puede presentarse Rahner como teólogo católico, si explica los misterios fundamentales de nuestra fé bajo un enfoque panteísta que niega las distinciones más elementales? Ésta es la razón por la cual el Padre Fabro, con una exuberancia muy italiana, no escatina cualificativos para fustigar a su enemigo. Acusa a Rahner de ser un deformador sistemático, un kantianizador, que se mueve entre las tesis tomistas como a un sordo en un concierto musical. Lo define como un mistificador confuso que escribe sin pies ni cabeza en un estilo bárbaro repleto de alucinantes barbaridades. Lo llama abanderado del cristianismo inmanentista y corsario de la teología contemporánea. Por esta misma razón el cardenal Siri emite un juicio severo sobre Rahner al decir que su pensamiento no es el camino da la verdad sino del error, porque insensiblemente pone en tela de juicio todos los principios, todos los criterios y todos los fundamentos de la fe.
Hemos señaladao que la confusión entre Dios y el hombre, entre naturaleza y gracia, está en el origen de toda la teología de Rahner. En realidad, el punto de partida de la teología sube de un escalón, el escalón ecumenista. Es el deseo, tal vez loable pero utópico, de querer la salavación de todos los hombres. Su razonamiento es simple pero no llega a ninguna conclusión: puesto que Dios es todopoderoso y quiere salvar a todos los hombres, salva realmente a todos los hombres. La mera toma de conciencia de la grandeza de Dios produce la salvación ipso facto. Todo hombre es un cristiano anónimo, aunque rechace explícitamente todo vínculo con la Iglesia visible y jerárquica: ¡Fuera de la Iglesia hay salvación! El reino de Dios en la tierra es la humanidad entera, de manera que todos se salvan. Por eso, "si el infierno existe, está vacío". El Pueblo de Dios no es la "Iglesia ghetto". Es la Iglesia amplia que "subsiste" en la Iglesia Católica, pero no se reduce sólo a ella.
Esa tesis de salvación universal conduce directamente a un nueva pastoral que paraliza todo esfuerzo misionero, concebido desde entonces como superfluo. Y esto por dos razones. En primer lugar, porque al identificar naturaleza y gracia, se sugiere que todos los hombres están en gracia. Puesto que la gracia es lo mismo que la naturaleza, y todo lo hombre tiene la naturaleza humana, resulta que todo hombre, por el solo hecho de ser hombre, vive en estado de gracia, aunque no sea consciente de ello. De ahí proviene la segunda razón. Puesto que todo hombre, por el hecho de ser hombre, es hermano de Cristo, resulta que todo hombre es cristiano, incluso dentro de un anticristianismo consciente. ¿Para qué cruzar los mares y derramar la propria sangre con el fin de hacer explícito lo que los hombres ya tienen implícitamente, la salvación eterna asegurada? Por eso, Congar explica que hoy en día "nadie puede pretender que hay que salvar almas del infierno para justificar las misiones. Dios las salva sin que ellas conozcan el Evangelio. Si no, todos deberíamos partir a la China".
En materia de esfuerzo misionero, esto es el espíritu dimisionario. En materia de vocación, la tesis del cristiano anónimo firma la revocación del celo apostólico.
Acrescento ainda que "Cien Años de Modernismo" está também disponível em francês, na Clovis-Diffusion, e em inglês, na "Angelus Press". Aos leitores interessados em aprofundar com mais detalhe o tema, sugiro-lhes a leitura da obra " De la Cabala al Progresismo", do Padre Julio Meinvielle.
Foto: de cima para baixo, no sentido dos ponteiros do relógio, os neomodernistas Rahner, Murray (norte-americano, defensor da falsa liberdade de religião), Congar e de Lubac.
Trata-se de um excelente livro, de leitura muito estimulante, onde o autor traça e analisa criticamente o erro modernista desde os seus primórdios, que remontam à pseudo-reforma protestante do século XVI e ao livre exame proposto pelo heresiarca Lutero com o correspondente desprezo pela tradição e autoridade da Igreja, passando pelo primeiro modernismo influenciado determinantemente pela filosofia kantiana, tanto o protestante do século XIX, de Strauss, Schleiermacher e Ritschl, como o "católico" de primórdios do século XX, de Bergson, Blondel, Loisy e Tyrrell, combatido, derrotado e condenado por São Pio X através da encíclica "Pascendi Dominici Gregis", e terminando no neomodernismo "católico" da segunda metade do século XX, que, sob o influxo do existencialismo heideggeriano, teve as suas principais figuras em Teilhard de Chardin, Henri de Lubac, Yves Congar e Karl Rahner.
Como bem recorda o Padre Bourmaud, este neomodernismo foi condenado de modo solene por Pio XII, mediante a encíclica "Humani Generis"; porém, o grande Papa não conseguiria extirpar do seio da Igreja Católica a heresia que já então a corroía terrível e dolorosamente. De facto, apesar de tal condenação, com a protecção que receberia subsequentemente dos Papas João XXIII e Paulo VI, o neomodernismo viria a impor em total impunidade as suas teses heréticas durante o decurso do Concílio Vaticano II, tornando-se no rescaldo deste a corrente doutrinária dominante no interior da Igreja, influindo decisivamente sob a actuação dos Papas Paulo VI e João Paulo II em matérias fulcrais como a falsa liberdade de religião e o falso ecumenismo, e gerando a abominação da desolação que meio século depois está à vista de todos os católicos conscientes e responsáveis.
Aliás, da leitura de "Cien Años de Modernismo" podemos interrogar-nos como foi possível o neomodernismo atingir uma posição tão preponderante dentro da Igreja? É que efectivamente os trabalhos dos seus mentores acima referidos, variando entre a irracionalidade e o absurdo, mostrando-se infestados de gnosticismo imanentista e panteísta, sustentando a impossibilidade de a verdade ser conhecida em termos objectivos, reduzindo-a a um mero fenómeno subjectivo, fruto da experiência pessoal e da consciência individual, que consiste tão-só na adequação do pensamento à vida quotidiana, e diluindo todas as distinções entre natural e sobrenatural, natureza humana e graça divina, não poderiam estar mais afastados da doutrina católica tradicional, a qual tem a sua expressão máxima nos trabalhos teológicos de São Tomás de Aquino. Respondendo à pergunta supra, a verdade é que com o triunfo - ainda que provisório e temporário - do neomodernismo, súmula de todas as heresias, torna-se forçoso concluir que estamos em plena consecução do mistério da iniquidade de que São Paulo fala na 2ª Carta ao Tessalonicenses (2, 3-7) e face a uma horrível inversão na qual o homem passa a adorar-se a si mesmo e não mais a Deus, em suma, perante uma viragem antropolátrica!
Ora, pelo exposto, recomendo vivamente a leitura deste livro a todos os católicos tradicionais, os quais dispõem nele de uma excelente ferramenta de trabalho para melhor conhecerem a heresia modernista e neomodernista em toda a sua fealdade e despojada da pele de cordeiro com a qual costuma ocultar o seu carácter lupino.
Na esteira do excelente "Panorama Católico Internacional", ao mesmo livro faço somente um pequeno reparo: escrito na sua versão original francesa no final do pontificado do Papa João Paulo II, o respectivo autor imputa ao então Cardeal Ratzinger o sobraçar de algumas posições de influência neomodernista. Embora sendo formalmente correcta tal asserção, não é menos certo que o mesmo Cardeal Ratzinger delas paulatinamente se apartou, não correspondendo as mesmas manifestamente ao pensamento doutrinário daquele que agora é o Papa Bento XVI gloriosamente reinante. Seria curial que tal ressalva tivesse sido feita, ao menos na presente edição, o que não sucedeu.
De seguida, e à laia de conclusão, transcrevo um saboroso trecho de "Cien Años de Modernismo", onde o Padre Bourmaud critica a teologia de Karl Rahner, por ele apelidado alternadamente de "maior modernista de todos os tempos" e "príncipe do neomodernismo", epítetos que neste caso concreto estão longe de ser elogiosos. Assim:
"Rahner confiesa sin vacilar que es un téologo diletante, y que no ha estudiado seriamente los tratados clave del tomismo sobre Dios. Pero es mucho peor que un teólogo aficionado, porque hace alarde del tomismo para acabar en el más corrosivo antitomismo. ¿Cómo puede presentarse Rahner como teólogo católico, si explica los misterios fundamentales de nuestra fé bajo un enfoque panteísta que niega las distinciones más elementales? Ésta es la razón por la cual el Padre Fabro, con una exuberancia muy italiana, no escatina cualificativos para fustigar a su enemigo. Acusa a Rahner de ser un deformador sistemático, un kantianizador, que se mueve entre las tesis tomistas como a un sordo en un concierto musical. Lo define como un mistificador confuso que escribe sin pies ni cabeza en un estilo bárbaro repleto de alucinantes barbaridades. Lo llama abanderado del cristianismo inmanentista y corsario de la teología contemporánea. Por esta misma razón el cardenal Siri emite un juicio severo sobre Rahner al decir que su pensamiento no es el camino da la verdad sino del error, porque insensiblemente pone en tela de juicio todos los principios, todos los criterios y todos los fundamentos de la fe.
Hemos señaladao que la confusión entre Dios y el hombre, entre naturaleza y gracia, está en el origen de toda la teología de Rahner. En realidad, el punto de partida de la teología sube de un escalón, el escalón ecumenista. Es el deseo, tal vez loable pero utópico, de querer la salavación de todos los hombres. Su razonamiento es simple pero no llega a ninguna conclusión: puesto que Dios es todopoderoso y quiere salvar a todos los hombres, salva realmente a todos los hombres. La mera toma de conciencia de la grandeza de Dios produce la salvación ipso facto. Todo hombre es un cristiano anónimo, aunque rechace explícitamente todo vínculo con la Iglesia visible y jerárquica: ¡Fuera de la Iglesia hay salvación! El reino de Dios en la tierra es la humanidad entera, de manera que todos se salvan. Por eso, "si el infierno existe, está vacío". El Pueblo de Dios no es la "Iglesia ghetto". Es la Iglesia amplia que "subsiste" en la Iglesia Católica, pero no se reduce sólo a ella.
Esa tesis de salvación universal conduce directamente a un nueva pastoral que paraliza todo esfuerzo misionero, concebido desde entonces como superfluo. Y esto por dos razones. En primer lugar, porque al identificar naturaleza y gracia, se sugiere que todos los hombres están en gracia. Puesto que la gracia es lo mismo que la naturaleza, y todo lo hombre tiene la naturaleza humana, resulta que todo hombre, por el solo hecho de ser hombre, vive en estado de gracia, aunque no sea consciente de ello. De ahí proviene la segunda razón. Puesto que todo hombre, por el hecho de ser hombre, es hermano de Cristo, resulta que todo hombre es cristiano, incluso dentro de un anticristianismo consciente. ¿Para qué cruzar los mares y derramar la propria sangre con el fin de hacer explícito lo que los hombres ya tienen implícitamente, la salvación eterna asegurada? Por eso, Congar explica que hoy en día "nadie puede pretender que hay que salvar almas del infierno para justificar las misiones. Dios las salva sin que ellas conozcan el Evangelio. Si no, todos deberíamos partir a la China".
En materia de esfuerzo misionero, esto es el espíritu dimisionario. En materia de vocación, la tesis del cristiano anónimo firma la revocación del celo apostólico.
Acrescento ainda que "Cien Años de Modernismo" está também disponível em francês, na Clovis-Diffusion, e em inglês, na "Angelus Press". Aos leitores interessados em aprofundar com mais detalhe o tema, sugiro-lhes a leitura da obra " De la Cabala al Progresismo", do Padre Julio Meinvielle.
Foto: de cima para baixo, no sentido dos ponteiros do relógio, os neomodernistas Rahner, Murray (norte-americano, defensor da falsa liberdade de religião), Congar e de Lubac.
sexta-feira, junho 20, 2008
Las profecías de la Hermana María Elena Aiello
“The world will be once more afflicted with great calamity; with bloody revolutions; with great earth- quakes, with famines, with epidemic, with fearful hurricanes, and with floods from rivers and seas. But if men do not return to God, purifying fire will fall from the heavens, like snowstorms, on all peoples, and a great part of humanity will be destroyed.
No longer do men speak according to the true spirit of the Gospel. The immorality of the time has reached a peak. But men do not listen to My motherly warnings, so the world must soon be purified.
Russia will march upon all the nations of Europe, particularly Italy, and will raise her flag over the dome of St. Peter’s. Italy will be severely tried by a great revolution, and Rome will be purified in blood for its many sins, especially those of impurity. The flock is about to be dispersed and the Pope must suffer greatly.
The only valid means for placating Divine Justice is to pray and do penance, returning to God with sincere sorrow for the faults committed, and then the chastisement of Divine Justice will be mitigated by mercy. Humanity will never find peace if it does not return to My Immaculate Heart as Mother of Mercy, and Mediatrix of men; and to the Heart of My Son Jesus.”
Pero hay mucho más que leer en este artículo. Aprovecho para decir que las profecías de María Elena Aiello gozan de la aprobación eclesiástica.
El Cielo lleva advirtiendo tiempo ha de un castigo inminente si no nos arrepentimos, si no hacemos oración y penitencia, como nos explica John Vennari. Es necesario pensar todas estas advertencias y actuar en consecuencia. De una manera u otra la humanidad, incluso aquella parte que rechaza a Dios, acabará conociéndole.
De nosotros depende si queremos entrar en Él por la vía de Su Infinita Misericordia o si lo haremos por la vía de la implacable y también Infinita Justicia Divina.
Rafael Castela Santos
No longer do men speak according to the true spirit of the Gospel. The immorality of the time has reached a peak. But men do not listen to My motherly warnings, so the world must soon be purified.
Russia will march upon all the nations of Europe, particularly Italy, and will raise her flag over the dome of St. Peter’s. Italy will be severely tried by a great revolution, and Rome will be purified in blood for its many sins, especially those of impurity. The flock is about to be dispersed and the Pope must suffer greatly.
The only valid means for placating Divine Justice is to pray and do penance, returning to God with sincere sorrow for the faults committed, and then the chastisement of Divine Justice will be mitigated by mercy. Humanity will never find peace if it does not return to My Immaculate Heart as Mother of Mercy, and Mediatrix of men; and to the Heart of My Son Jesus.”
Pero hay mucho más que leer en este artículo. Aprovecho para decir que las profecías de María Elena Aiello gozan de la aprobación eclesiástica.
El Cielo lleva advirtiendo tiempo ha de un castigo inminente si no nos arrepentimos, si no hacemos oración y penitencia, como nos explica John Vennari. Es necesario pensar todas estas advertencias y actuar en consecuencia. De una manera u otra la humanidad, incluso aquella parte que rechaza a Dios, acabará conociéndole.
De nosotros depende si queremos entrar en Él por la vía de Su Infinita Misericordia o si lo haremos por la vía de la implacable y también Infinita Justicia Divina.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
sexta-feira, junho 20, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
terça-feira, junho 17, 2008
¿Quo vadis, Expaña?
Por tierras españolas las cosas van mal. Ya hay quien dice que España ha muerto como nación. Y esto lo dicen los franceses, enemigos seculares de España, quienes advierten de los riesgos de balcanización española. Supongo que por los riesgos que también conlleva para ellos. El ejemplo más tangible de todo ello es la aparición de una deplorable y deleznable casta autonómica contraria al bien común.
El Profesor Carlos Ruiz Miguel nos advertía del bien moral de la unidad española. Ahí es nada, pero toda esta implosión tiene una importante vertiente inmoral. O amoral, por mejor decir. Hay que releer la fundamentación nacional de España de la pluma del mejor medievalista español vivo, el Profesor Luis Suárez. Quizás no esté de más revisar las opiniones de una serie de personalidades egregias sobre España. La Tradición socio-política de las Españas está ahí. Pero también está la usurpación del Estado por parte de gente siniestra.
En un artículo en Catholic Family News, imposible de enlazar, de Peter Chojnowski se nos explicaba cómo se gestó el vaciamiento político y cultural de la reacción política encabezada por el Generalísimo Francisco Franco, cuando España fue calificada como la “reserva espiritual de Occidente”. Chojnowski concluye con un peso y unos poderosos argumentos que el Opus Dei tiene una responsabilidad máxima en este desaguisado. Recientemente Pedro Fernández Barbadillo, un autor que ya hemos traído a colación para Nova Frente en anteriores ocasiones, describía a España como la “reserva progresista de Occidente”.
Acaso no haya experimento radical más radical que el llevado a cabo en España en estos años. Con todo y con eso no se explica dicha radicalidad sin un vector de venganza histórica. Buen ejemplo de este radicalismo es la existencia en España de al menos 17 leyes que contradicen el consenso secular de Occidente y violan el derecho natural. José Javier Esparza, últimamente más lúcido que nunca, nos advierte del peligro que nos acecha. Peligro del cual el iluminado Rodríguez Zapatero es sólo la tarjeta de presentación.
Una nación no puede ir contra lo que es y lo que ha sido. Ir en contra de la realidad ontológica nacional equivale a suicidio. España no existe ni puede existir sin Cristo como fundamento. No tiene sentido sin El, Rey y Señor de las Españas más, si cabe, que en otros sitios. Sin Jesucristo España se aboca a repetir las taifas medievales, como pronosticara Menéndez Pelayo:
“España, evangelizadora de la mitad del orbe, España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio … Esa es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y los vectones ó de los reyes de taifas”.
Queda el consuelo que la taumaturga y vidente, ampliamente reconocida por las autoridades eclesiásticas y varios Papas, la Venerable María Jesús de Agreda ya dijo en tiempos difíciles para España algo que, confieso, es de los pocos puntales de esperanza que me quedan: «Esta navecilla de España no ha de naufragar jamás, por más que llegue el agua al cuello».
Ni Portugal, que lo dijo la Virgen en Fátima.
¡Qué bendición para estas dos naciones compartir el solar de esta Sefarad, verdadera Tierra Prometida!
Seamos pues fieles a nuestras raíces y a nuestras esencias; que no son otras que Cristo Rey y María Inmaculada.
Así sea.
Rafael Castela Santos
El Profesor Carlos Ruiz Miguel nos advertía del bien moral de la unidad española. Ahí es nada, pero toda esta implosión tiene una importante vertiente inmoral. O amoral, por mejor decir. Hay que releer la fundamentación nacional de España de la pluma del mejor medievalista español vivo, el Profesor Luis Suárez. Quizás no esté de más revisar las opiniones de una serie de personalidades egregias sobre España. La Tradición socio-política de las Españas está ahí. Pero también está la usurpación del Estado por parte de gente siniestra.
En un artículo en Catholic Family News, imposible de enlazar, de Peter Chojnowski se nos explicaba cómo se gestó el vaciamiento político y cultural de la reacción política encabezada por el Generalísimo Francisco Franco, cuando España fue calificada como la “reserva espiritual de Occidente”. Chojnowski concluye con un peso y unos poderosos argumentos que el Opus Dei tiene una responsabilidad máxima en este desaguisado. Recientemente Pedro Fernández Barbadillo, un autor que ya hemos traído a colación para Nova Frente en anteriores ocasiones, describía a España como la “reserva progresista de Occidente”.
Acaso no haya experimento radical más radical que el llevado a cabo en España en estos años. Con todo y con eso no se explica dicha radicalidad sin un vector de venganza histórica. Buen ejemplo de este radicalismo es la existencia en España de al menos 17 leyes que contradicen el consenso secular de Occidente y violan el derecho natural. José Javier Esparza, últimamente más lúcido que nunca, nos advierte del peligro que nos acecha. Peligro del cual el iluminado Rodríguez Zapatero es sólo la tarjeta de presentación.
Una nación no puede ir contra lo que es y lo que ha sido. Ir en contra de la realidad ontológica nacional equivale a suicidio. España no existe ni puede existir sin Cristo como fundamento. No tiene sentido sin El, Rey y Señor de las Españas más, si cabe, que en otros sitios. Sin Jesucristo España se aboca a repetir las taifas medievales, como pronosticara Menéndez Pelayo:
“España, evangelizadora de la mitad del orbe, España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio … Esa es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y los vectones ó de los reyes de taifas”.
Queda el consuelo que la taumaturga y vidente, ampliamente reconocida por las autoridades eclesiásticas y varios Papas, la Venerable María Jesús de Agreda ya dijo en tiempos difíciles para España algo que, confieso, es de los pocos puntales de esperanza que me quedan: «Esta navecilla de España no ha de naufragar jamás, por más que llegue el agua al cuello».
Ni Portugal, que lo dijo la Virgen en Fátima.
¡Qué bendición para estas dos naciones compartir el solar de esta Sefarad, verdadera Tierra Prometida!
Seamos pues fieles a nuestras raíces y a nuestras esencias; que no son otras que Cristo Rey y María Inmaculada.
Así sea.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
terça-feira, junho 17, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
segunda-feira, junho 02, 2008
Restaurar a reverência pelo corpo sacramentado de Cristo
Ao ver estas imagens captadas durante a última Missa Papal da Festividade do Corpo do Deus, ademais da imensa alegria que as mesmas me proporcionaram por nelas Sua Santidade distribuir a comunhão pela forma tradicional, rezei a Deus para que conceda ao Santo Padre a coragem necessária para banir definitivamente outras maneiras de comungar, em especial a irreverente e abjecta comunhão na mão introduzida na Igreja pela acção nefasta do herege Bugnini com a conivência do Papa Paulo VI.
Esta actuação de Bento XVI possibilita também uma excelente ocasião para recordar o ensinamento tradicional sobre a distribuição da comunhão propugnado por São Tomás de Aquino, autêntica muralha de ortodoxia católica contra a qual se esmagam todas as heresias e hereges. Da III parte, questão 82, artigo 3, da Suma Teológica:
"Pertence ao sacerdote distribuir o corpo de Cristo por três motivos. Primeiro, porque é ele que consagra na pessoa de Cristo. Assim como Cristo consagrou o seu corpo na Ceia, assim também distribuiu-o aos discípulos. Por isso, assim como pertence ao sacerdote consagrar o corpo de Cristo, assim também o de distribui-lo.
Segundo, porque o sacerdote se constitui intermediário entre Deus e o povo. Portanto, como lhe pertence apresentar a Deus as oferendas do povo, assim também lhe pertence distribuir ao povo os dons divinamente santificados.
Terceiro, porque por respeito à Eucaristia, nada a deve tocar que não esteja consagrado. Por isso, consagram-se os corporais, os cálices, igualmente as mãos do sacerdote para tocarem este sacramento. Não lícito, pois, a ninguém mais tocá-lo, a não ser em caso de necessidade, por exemplo se cair no chão ou em outro caso semelhante".
sexta-feira, maio 30, 2008
Monges Cistercienses de Stift Heiligenkreuz
Ontem ao final do dia, certamente para compensar uma semana que está a ser extenuante (não falta razão ao meu amigo FSantos), ao abrir a caixa de correio, tive a grata surpresa de nela encontrar à minha espera uma encomenda da Amazon inglesa contendo o belíssimo "Chant - Music For Paradise", dos monges cistercienses de Stif Heiligenkreuz, disco que os catapultou para o topo das tabelas de vendas no Reino Unido. Sobre a qualidade deste trabalho, deixo aos meus leitores a crítica que dele foi feita no magnífico "New Liturgical Movement", ademais do excelente sítio promocional de que o mesmo dispõe na rede.
Recordo que a Abadia de Stif Heiligenkreuz (Santa Cruz), situada nos arredores de Viena, remonta aos começos do século XII (é portanto contemporânea de Alcobaça) e foi visitada pelo Santo Padre Bento XVI durante a viagem que efectuou à Áustria, no passado mês de Setembro de 2007, e não por acaso certamente. Como é possível constatar pelas imagens supra, a Abadia está na vanguarda da "Reforma da Reforma" tão querida ao Papa, e no pleno trilho do espírito com que este pretende que a Liturgia católica seja celebrada.
segunda-feira, maio 26, 2008
Clovis Diffusion




À imagem do que sucede há muito com a sua congénere Angelus Press, de língua inglesa, está finalmente disponível em linha a "Clovis", a editora de língua francesa da Fraternidade Sacerdotal de São Pio X, responsável pela edição de obras absolutamente fulcrais para a prossecução do bom combate da tradição.
Recordo que todos os católicos tradicionais, na medida das suas capacidades e disponibilidades, têm o dever de cultivar, aprofundar e esclarecer a sua fé com recurso ao estudo e leitura dos melhores autores, sob pena de tal fé ficar reduzida a uma mera piedade natural respeitável mas incapaz de resistir aos ataques dos lobos modernistas com pele de cordeiro que lhe possam surgir ao caminho.
Recordo que todos os católicos tradicionais, na medida das suas capacidades e disponibilidades, têm o dever de cultivar, aprofundar e esclarecer a sua fé com recurso ao estudo e leitura dos melhores autores, sob pena de tal fé ficar reduzida a uma mera piedade natural respeitável mas incapaz de resistir aos ataques dos lobos modernistas com pele de cordeiro que lhe possam surgir ao caminho.
Da excelência do traje eclesiástico

"Siete Excelencias de la Sotana", um interessante artigo publicado no blogue "Crux et Gladius" sobre o porte do traje eclesiástico, um dos acessórios da tradição mais odiados pela turba modernista e progressista.
Aproveito a ocasião para lamentar, uma vez mais, o abandono quase total do uso deste traje por parte da maioria do clero português, indício exterior da sua gravíssima laicização, sem paralelo em qualquer outro país europeu, talvez com a excepção de França.
Aproveito a ocasião para lamentar, uma vez mais, o abandono quase total do uso deste traje por parte da maioria do clero português, indício exterior da sua gravíssima laicização, sem paralelo em qualquer outro país europeu, talvez com a excepção de França.
sábado, maio 17, 2008
Ainda o Papa e a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X

Causou evidente comoção entre alguns bons leitores deste espaço, especialmente do Brasil, merecendo mesmo reacção crítica de alguém que muito admiro, o último artigo que o meu amigo Rafael Castela Santos escreveu sobre o ponto da situação das relações entre o Vaticano e a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X. Não irei agora analisar esse artigo, tanto mais que o Rafael já prestou as suas explicações na caixa de comentários respectiva, mas antes dar a minha opinião sobre o tema de fundo que lhe subjaz.
Primeiramente, mentiria se dissesse que não fiquei desiludido com o facto de a FSSPX ainda não ter conseguido chegar a um acordo - que tanto desejo - com Roma; porém, se bem li o comunicado de Monsenhor Fellay, permanecem abertas todas as portas a um diálogo com vista à consecução de tão almejado fim.
É verdade que logo após a publicação do "Summorum Pontificum" defendi aqui o seguinte: "(…)incumbe agora aos tradicionalistas cerrarem fileiras à volta do Papa Bento XVI, gloriosamente reinante, e protegerem-no das investidas selvagens dos lobos modernistas e progressistas"; contudo, não posso deixar de compartilhar as preocupações manifestadas por alguns dos nossos leitores na caixa de comentários, tendo sempre presente que a prudência é por excelência uma virtude cristã. A este respeito, relembro o que o próprio Rafael escreveu em Outubro de 2007, também n'"A Casa de Sarto", e que subscrevo na íntegra:
"Santo Padre: si Su Santidad no nos protege y ampara, quedaremos una vez más a la intemperie, y no por nuestra voluntad, sino por la terquedad y empecinamiento de muchos miembros del Alto Clero y algunos Sacerdotes enfangados en el modernismo –y quién sabe si a veces en cosas peores-. Nosotros no somos católicos tradicionalistas para estar contra Roma o contra el Papa. Todo lo contrario: somos tradicionalistas para estar más con Su Santidad y para ser más romanos si cabe. Santo Padre: le necesitamos. Necesitamos su paternal y providencial tutela. Necesitamos que nos defienda y que impida el socavamiento activo y pasivo del apostolado de la Tradición.Yo no soy canonista, pero estoy seguro de que Su Santidad puede blindar la Tradición. Blindarla para que no sea atacada, erosionada y disminuida. Y blindarla, también, para que no sintamos esa intemperie que a nadie beneficia. ¿Qué hijo pequeño no quiere estar con su madre? ¿Qué madre solícita dormiría tranquila sabiendo que uno de sus pequeñuelos está amenazado, solo y en peligro? ¿Cree que nosotros, simples católicos tradicionalistas de a pie, no añoramos la presencia cálida y maternal, la protección y el amparo de la Santa Madre Iglesia? ¿Quién soy yo para decirle a Su Santidad si una Prelatura Personal, un Patriarcado especial u otra institución canónica es el mejor modo de conseguir esto? Lo que sí me atrevo, humildemente, a expresar a Vuestra Santidad es, precisamente, que queremos estar dentro de la Iglesia pero no para ser hostigados, sino para aportar nuestro grano para que la Fe sin mancha vivifique de nuevo a toda la Iglesia.Su Santidad sabe mejor que nadie, porque el Vicario de Cristo en la tierra sigue gozando de Gracias que nadie más tiene, que el tiempo se nos acaba. No sólo nuestro tiempo personal, pues la Hermana Muerte Corporal puede estarnos esperando a la vuelta de la esquina más próxima, sino el tiempo de este mundo que se precipita hacia el Juicio de las Naciones sin katechon alguno que lo frene. Su predecesor Pablo VI dijo que “el humo de Satanás” había entrado en la Iglesia como consecuencia del Vaticano II. ¿No será entonces mejor motivo para mejor servir a Dios en este mundo y darle Gloria aquí y en el más allá el que la Tradición disipe esos vapores tóxicos y malignos como la luz del amanecer disipa las tinieblas? Como hijo fiel que respeta y venera profundamente a Su Santidad me atrevo a preguntarle con confianza filial, ¿no contribuiría ese blindaje de la Tradición, un blindaje que sólo nos puede dar hoy por hoy el Vicario de Cristo en la tierra, al bien común de la Iglesia?"
Ora, é meu humilde juízo que uma vez garantida por Sua Santidade o Papa Bento XVI a pretendida "blindagem da Tradição", a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X deverá colocar imediatamente um ponto final ao litigio que a opõe a Roma, dado que não é cismática, nem sedevacantista. Assegurada pela pessoa do Sumo Pontífice a salvaguarda da obra de defesa da tradição que a Fraternidade ergueu nestes últimos quase quarenta anos e asseverado que a mesma não será estiolada, nem cairá sob a jurisdição dos hereges modernistas que ao nível episcopal continuam a ser legião, o estado de necessidade que a FSSPX invoca para justificar a sua situação excepcional terá cessado, devendo esta assumir em pleno a sua nova situação jurídica de total regularidade canónica, através da qual se verá definitivamente livre dos rótulos injustos e infames de "excomungada" e "cismática" que ainda a atormentam, pesem todas as clarificações prestadas nos tempos mais recentes por Sua Eminência o Cardeal Castrillón. Desta maneira, permitirá que o combate de defesa da tradição ganhe redobrado alento e dinamismo, atraindo para o seu seio novos fiéis desiludidos com o modernismo e progressismo, em especial jovens.
Contrapor-me-ão alguns leitores que a crise na Igreja continua, que o Papa persiste na defesa do falso ecumenismo do pós-V2 (o que até nem é totalmente correcto), bem como de outras posições doutrinariamente menos claras, ao que eu replico insistindo:
I) Monsenhor Lefebvre fundou a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X, no ano de 1970, para servir a Igreja num momento de crise gravíssima, tendo em vista a ordenação de bons sacerdotes com sólida formação católica tradicional que a pudessem socorrer durante a feroz tormenta que na altura já atravessava; porém, nunca foi sua intenção criar uma igreja paralela, mas antes incardinar tais sacerdotes pelas dioceses do mundo inteiro;
II) A Fraternidade não é cismática, nem sedevacantista, tendo sempre reconhecido o Primado de Pedro e, como tal, a obediência legítima que a este é devida;
III) Em 1988, Monsenhor Lefebvre não hesitou em negociar um acordo com Roma, mau-grado o gravíssimo escândalo que o Papa João Paulo II havia provocado dois anos antes com a realização do encontro ecuménico de Assis.
É certo que a crise na Igreja subsiste, e com que enormidade!
Atente-se ao infame caso português. Missas celebradas segundo o rito tradicional latino-gregoriano fora das capelas da FSSPX, nenhuma! Abusos litúrgicos no "Novus Ordo" paulino, uma constante! Episcopado cismontano, hostil em maior ou menor grau ao Papa, e indigente ao nível doutrinário! Seminários diocesanos que ministram uma deficientíssima formação de pendor totalmente modernista e progressista! Sacerdotes que de teologia conhecem tão-só hereges notórios e perversos como Teilhard de Chardin, Karl Rahner ou Leonardo Boff, que repudiam a obra de São Tomás de Aquino à revelia do recomendado pelos Papas Leão XIII e São Pio X, que tomam como bispo exemplar o apóstata francês Jacques Gaillot, e que se comportam sem o decoro que o seu especialíssimo estado exigiria! Enfim, leigos que se afirmam praticantes, mas que não passam de "católicos" de letreiro e cismáticos "de facto", pelo modo público, reiterado e raivoso como desprezam o magistério eclesial, renegando-o com a defesa que fazem do divórcio, da anticoncepção artificial, do aborto, da eutanásia, da ordenação sacerdotal de mulheres e do desdém da lei natural, quando não arremetem com raiva infernal contra dogmas de fé como a infalibilidade papal, a natureza propiciatória do Santo Sacrifício da Missa, ou mesmo a Imaculada Conceição, a Virgindade Perpétua de Nossa Senhora e a Ressurreição de Cristo!
É óbvio que o Santo Padre Bento XVI não corrobora este estado de coisas, o qual não é um exclusivo português, e, desde que subiu ao Trono de Pedro, tem vindo a dar sinais crescentes de ser sua firme intenção pôr-lhe um cobro. Demonstram-no a sua condenação da hermenêutica da ruptura inerente ao "espírito do V2"; o discurso de Regensburg; a promulgação do "Summorum Pontificum"; a prossecução da reforma da reforma litúrgica de 1969 com os altares decorados em estilo beneditino e as celebrações oficiadas "ad orientem", em latim e com recurso ao gregoriano, num ambiente perfeitamente tradicional de grande reverência, sacralidade e elevação espiritual; a publicação da encíclica "Spe Salvi", recordando aos homens os novíssimos - Morte, Julgamento, Céu ou Inferno - como nenhum Papa o havia feito no pós-V2; ou a clarificação de que a Igreja de Cristo é a Igreja Católica; tudo factos que já diferenciam grandemente o seu pontificado dos desastres que foram os de Paulo VI e João Paulo II, como de resto o reconhece um ilustre tradicionalista que bastante prezo.
Contudo, um Papa isolado nada pode, mau-grado todo o discernimento que o Espírito Santo lhe conceda. Há dois anos, o Padre Domenico Bartolucci, maestro da Capela Sistina, dizia que o Santo Padre era um Napoleão sem generais. Creio que tais declarações não se podem tomar completamente à letra, pois é impossível ignorar o precioso auxílio que o Cardeal Castrillón, Monsenhor Malcolm Ranjith, Monsenhor Guido Marini ou até o Bispo Athanasius Schneider têm prestado a Bento XVI. Mas estes, por si sós, não bastam. O Papa, conforme o presenciaram as Beatas Isabel Canori Mora ou Jacinta de Fátima nas suas visões, continua cercado por quase todos os lados por lobos rapaces, inimigos de Cristo, que se empenham em sabotar as intenções pontifícias, precisando assim de mais generais fiéis que se saibam manter firmes no combate sem tréguas nem quartel que é a defesa da Santa Igreja Católica.
Em face do que disse, que melhores ajudantes de campo poderia ter nesta luta o Sumo Pontífice, que não Monsenhores Bernard Fellay, Tissier de Mallerais, Richard Williamson e Alfonso de Galarreta, secundados por todos os sacerdotes, religiosos, religiosas e fiéis leigos da Fraternidade Sacerdotal de São Pio X, mais o seu poderoso arsenal doutrinário não poluído pela heresia modernista e solidamente ancorado na tradição? Para que os consagrou Monsenhor Lefebvre, se não para o momento crucial que se aproxima? Portanto, se Pedro blindar a tradição e lhes pedir auxílio para a luta, não deverão em hesitar acorrer-lhe pronta, diligente e pressurosamente. "Se o Papa me chama, eu vou, aliás eu corro. Isto é certo. Por obediência. Por filial respeito para com o chefe da Igreja."
Viva a FSSPX! Viva o Papa!
Primeiramente, mentiria se dissesse que não fiquei desiludido com o facto de a FSSPX ainda não ter conseguido chegar a um acordo - que tanto desejo - com Roma; porém, se bem li o comunicado de Monsenhor Fellay, permanecem abertas todas as portas a um diálogo com vista à consecução de tão almejado fim.
É verdade que logo após a publicação do "Summorum Pontificum" defendi aqui o seguinte: "(…)incumbe agora aos tradicionalistas cerrarem fileiras à volta do Papa Bento XVI, gloriosamente reinante, e protegerem-no das investidas selvagens dos lobos modernistas e progressistas"; contudo, não posso deixar de compartilhar as preocupações manifestadas por alguns dos nossos leitores na caixa de comentários, tendo sempre presente que a prudência é por excelência uma virtude cristã. A este respeito, relembro o que o próprio Rafael escreveu em Outubro de 2007, também n'"A Casa de Sarto", e que subscrevo na íntegra:
"Santo Padre: si Su Santidad no nos protege y ampara, quedaremos una vez más a la intemperie, y no por nuestra voluntad, sino por la terquedad y empecinamiento de muchos miembros del Alto Clero y algunos Sacerdotes enfangados en el modernismo –y quién sabe si a veces en cosas peores-. Nosotros no somos católicos tradicionalistas para estar contra Roma o contra el Papa. Todo lo contrario: somos tradicionalistas para estar más con Su Santidad y para ser más romanos si cabe. Santo Padre: le necesitamos. Necesitamos su paternal y providencial tutela. Necesitamos que nos defienda y que impida el socavamiento activo y pasivo del apostolado de la Tradición.Yo no soy canonista, pero estoy seguro de que Su Santidad puede blindar la Tradición. Blindarla para que no sea atacada, erosionada y disminuida. Y blindarla, también, para que no sintamos esa intemperie que a nadie beneficia. ¿Qué hijo pequeño no quiere estar con su madre? ¿Qué madre solícita dormiría tranquila sabiendo que uno de sus pequeñuelos está amenazado, solo y en peligro? ¿Cree que nosotros, simples católicos tradicionalistas de a pie, no añoramos la presencia cálida y maternal, la protección y el amparo de la Santa Madre Iglesia? ¿Quién soy yo para decirle a Su Santidad si una Prelatura Personal, un Patriarcado especial u otra institución canónica es el mejor modo de conseguir esto? Lo que sí me atrevo, humildemente, a expresar a Vuestra Santidad es, precisamente, que queremos estar dentro de la Iglesia pero no para ser hostigados, sino para aportar nuestro grano para que la Fe sin mancha vivifique de nuevo a toda la Iglesia.Su Santidad sabe mejor que nadie, porque el Vicario de Cristo en la tierra sigue gozando de Gracias que nadie más tiene, que el tiempo se nos acaba. No sólo nuestro tiempo personal, pues la Hermana Muerte Corporal puede estarnos esperando a la vuelta de la esquina más próxima, sino el tiempo de este mundo que se precipita hacia el Juicio de las Naciones sin katechon alguno que lo frene. Su predecesor Pablo VI dijo que “el humo de Satanás” había entrado en la Iglesia como consecuencia del Vaticano II. ¿No será entonces mejor motivo para mejor servir a Dios en este mundo y darle Gloria aquí y en el más allá el que la Tradición disipe esos vapores tóxicos y malignos como la luz del amanecer disipa las tinieblas? Como hijo fiel que respeta y venera profundamente a Su Santidad me atrevo a preguntarle con confianza filial, ¿no contribuiría ese blindaje de la Tradición, un blindaje que sólo nos puede dar hoy por hoy el Vicario de Cristo en la tierra, al bien común de la Iglesia?"
Ora, é meu humilde juízo que uma vez garantida por Sua Santidade o Papa Bento XVI a pretendida "blindagem da Tradição", a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X deverá colocar imediatamente um ponto final ao litigio que a opõe a Roma, dado que não é cismática, nem sedevacantista. Assegurada pela pessoa do Sumo Pontífice a salvaguarda da obra de defesa da tradição que a Fraternidade ergueu nestes últimos quase quarenta anos e asseverado que a mesma não será estiolada, nem cairá sob a jurisdição dos hereges modernistas que ao nível episcopal continuam a ser legião, o estado de necessidade que a FSSPX invoca para justificar a sua situação excepcional terá cessado, devendo esta assumir em pleno a sua nova situação jurídica de total regularidade canónica, através da qual se verá definitivamente livre dos rótulos injustos e infames de "excomungada" e "cismática" que ainda a atormentam, pesem todas as clarificações prestadas nos tempos mais recentes por Sua Eminência o Cardeal Castrillón. Desta maneira, permitirá que o combate de defesa da tradição ganhe redobrado alento e dinamismo, atraindo para o seu seio novos fiéis desiludidos com o modernismo e progressismo, em especial jovens.
Contrapor-me-ão alguns leitores que a crise na Igreja continua, que o Papa persiste na defesa do falso ecumenismo do pós-V2 (o que até nem é totalmente correcto), bem como de outras posições doutrinariamente menos claras, ao que eu replico insistindo:
I) Monsenhor Lefebvre fundou a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X, no ano de 1970, para servir a Igreja num momento de crise gravíssima, tendo em vista a ordenação de bons sacerdotes com sólida formação católica tradicional que a pudessem socorrer durante a feroz tormenta que na altura já atravessava; porém, nunca foi sua intenção criar uma igreja paralela, mas antes incardinar tais sacerdotes pelas dioceses do mundo inteiro;
II) A Fraternidade não é cismática, nem sedevacantista, tendo sempre reconhecido o Primado de Pedro e, como tal, a obediência legítima que a este é devida;
III) Em 1988, Monsenhor Lefebvre não hesitou em negociar um acordo com Roma, mau-grado o gravíssimo escândalo que o Papa João Paulo II havia provocado dois anos antes com a realização do encontro ecuménico de Assis.
É certo que a crise na Igreja subsiste, e com que enormidade!
Atente-se ao infame caso português. Missas celebradas segundo o rito tradicional latino-gregoriano fora das capelas da FSSPX, nenhuma! Abusos litúrgicos no "Novus Ordo" paulino, uma constante! Episcopado cismontano, hostil em maior ou menor grau ao Papa, e indigente ao nível doutrinário! Seminários diocesanos que ministram uma deficientíssima formação de pendor totalmente modernista e progressista! Sacerdotes que de teologia conhecem tão-só hereges notórios e perversos como Teilhard de Chardin, Karl Rahner ou Leonardo Boff, que repudiam a obra de São Tomás de Aquino à revelia do recomendado pelos Papas Leão XIII e São Pio X, que tomam como bispo exemplar o apóstata francês Jacques Gaillot, e que se comportam sem o decoro que o seu especialíssimo estado exigiria! Enfim, leigos que se afirmam praticantes, mas que não passam de "católicos" de letreiro e cismáticos "de facto", pelo modo público, reiterado e raivoso como desprezam o magistério eclesial, renegando-o com a defesa que fazem do divórcio, da anticoncepção artificial, do aborto, da eutanásia, da ordenação sacerdotal de mulheres e do desdém da lei natural, quando não arremetem com raiva infernal contra dogmas de fé como a infalibilidade papal, a natureza propiciatória do Santo Sacrifício da Missa, ou mesmo a Imaculada Conceição, a Virgindade Perpétua de Nossa Senhora e a Ressurreição de Cristo!
É óbvio que o Santo Padre Bento XVI não corrobora este estado de coisas, o qual não é um exclusivo português, e, desde que subiu ao Trono de Pedro, tem vindo a dar sinais crescentes de ser sua firme intenção pôr-lhe um cobro. Demonstram-no a sua condenação da hermenêutica da ruptura inerente ao "espírito do V2"; o discurso de Regensburg; a promulgação do "Summorum Pontificum"; a prossecução da reforma da reforma litúrgica de 1969 com os altares decorados em estilo beneditino e as celebrações oficiadas "ad orientem", em latim e com recurso ao gregoriano, num ambiente perfeitamente tradicional de grande reverência, sacralidade e elevação espiritual; a publicação da encíclica "Spe Salvi", recordando aos homens os novíssimos - Morte, Julgamento, Céu ou Inferno - como nenhum Papa o havia feito no pós-V2; ou a clarificação de que a Igreja de Cristo é a Igreja Católica; tudo factos que já diferenciam grandemente o seu pontificado dos desastres que foram os de Paulo VI e João Paulo II, como de resto o reconhece um ilustre tradicionalista que bastante prezo.
Contudo, um Papa isolado nada pode, mau-grado todo o discernimento que o Espírito Santo lhe conceda. Há dois anos, o Padre Domenico Bartolucci, maestro da Capela Sistina, dizia que o Santo Padre era um Napoleão sem generais. Creio que tais declarações não se podem tomar completamente à letra, pois é impossível ignorar o precioso auxílio que o Cardeal Castrillón, Monsenhor Malcolm Ranjith, Monsenhor Guido Marini ou até o Bispo Athanasius Schneider têm prestado a Bento XVI. Mas estes, por si sós, não bastam. O Papa, conforme o presenciaram as Beatas Isabel Canori Mora ou Jacinta de Fátima nas suas visões, continua cercado por quase todos os lados por lobos rapaces, inimigos de Cristo, que se empenham em sabotar as intenções pontifícias, precisando assim de mais generais fiéis que se saibam manter firmes no combate sem tréguas nem quartel que é a defesa da Santa Igreja Católica.
Em face do que disse, que melhores ajudantes de campo poderia ter nesta luta o Sumo Pontífice, que não Monsenhores Bernard Fellay, Tissier de Mallerais, Richard Williamson e Alfonso de Galarreta, secundados por todos os sacerdotes, religiosos, religiosas e fiéis leigos da Fraternidade Sacerdotal de São Pio X, mais o seu poderoso arsenal doutrinário não poluído pela heresia modernista e solidamente ancorado na tradição? Para que os consagrou Monsenhor Lefebvre, se não para o momento crucial que se aproxima? Portanto, se Pedro blindar a tradição e lhes pedir auxílio para a luta, não deverão em hesitar acorrer-lhe pronta, diligente e pressurosamente. "Se o Papa me chama, eu vou, aliás eu corro. Isto é certo. Por obediência. Por filial respeito para com o chefe da Igreja."
Viva a FSSPX! Viva o Papa!
segunda-feira, maio 12, 2008
Tradição sem cedências

Grande e importante entrevista do Cardeal Castrillón, Presidente da Pontifícia Comissão "Ecclesia Dei", sobre todo um conjunto de questões respeitantes à Missa Tradicional de rito latino-gregoriano. Em Roma, há de novo quem saiba falar em termos de sim, sim, não, não!
sábado, maio 10, 2008
Instruções em DVD sobre o modo de se celebrar o Santo Sacrifício da Missa
Através de um correio electrónico da "Una Voce", recebo a notícia de que Fraternidade Sacerdotal de São Pedro acaba de lançar um DVD destinado à instrução dos sacerdotes católicos que pretendam aprender a celebrar o Santo Sacrifício da Missa segundo o rito tradicional latino-gregoriano. Editado numa primeira fase em inglês e espanhol, o DVD pode ser encomendado neste sítio, sendo as suas imagens promocionais supra exibidas excelentes.
É justo recordar que no ano transacto, também a Fraternidade Sacerdotal de São Pio X publicou um óptimo DVD com igual desiderato, que foi inclusive distribuído gratuitamente a todos os sacerdotes portugueses. De tal facto, dei conta aqui em devido tempo; recordo agora também, abaixo, algumas imagens desse DVD.
quinta-feira, maio 08, 2008
¿Cordura?
Las últimas declaraciones públicas de Monseñor Fellay me parecen no desafortunadas, sino desafortunadísimas. No quiere decir esto que un servidor se “enfrente” ahora a la Hermandad Sacerdotal de San Pío X (HSPX), porque ya hay –incluído en el círculo próximo a Monseñor- quien le dirá semejante estupidez, cualesquiera que sean las voces críticas –sensatas o insensatas, fundamentadas o no, cabales o enloquecidas- que puedan surgir alrededor. De mi defensa de la HSPX ya di cuenta desde esta misma atalaya, así que no voy a insistir.
Como no soy ningún religioso, ni miembro de ninguna Orden Tercera, ni estoy inscrito en ninguna tenida, ni soy cliente de tugurios y antros de mal vivir, ni tengo sarpullidos aparicionistas ni sarampiones modernistas, ni nada ... y encima soy algo anticlerical, me voy a permitir llamar ciertas cosas por su nombre. Y como quiero a la HSPX, no voy a permanecer callado.
De hecho mi crítica es más por forma que por fondo.
Cierto, en materia de fondo la Hermandad de San Pío X ha mantenido una postura tan sólida doctrinalmente como aburrida y falta de originalidad. La Tradición de siempre, sin virajes ni adulteraciones, ha sido el bastión sobre el que descansa la postura de la HSPX. A Dios gracias. Y que así sea muchos años. Y no menos cierto ha sido que la Jerarquía, Roma misma, ha actuado de una manera tan injusta como cruel en ocasiones contra la Tradición. De esto último las pruebas son contundentes porque la travesía en el desierto durante los Pontificados de esos dos tahúres eclesiásticos de Pablo VI y de Juan Pablo II ha sido durísima.
Sin embargo decir, o insinuar, que en Roma no han cambiado las cosas es no darse cuenta de lo obvio. Si hasta en las formas ha habido cambios. Ahora en los alrededores de Roma se puede entrar en tiendas de objetos religiosos y ver una orfebrería y unas ropas litúrgicas dignas de dicho nombre, por decir algo de menor calibre; cuando estos mismos sitios durante el Pontificado de Juan Pablo II eran antros lóbregos de feísmo. Negar por otro lado que el Motu Proprio no cambia el status quo, no es ya negar: es ser refractario a la realidad.
¿Dónde está el cambio? Pues pura, lisa y llanamente en el Papa. Que Su Santidad Benedicto XVI no es perfecto, ya lo sabemos. Que no es el Papa que en puridad se podría soñar, no lo es menos. Pero es el Papa. Es el Vicario de Cristo y la Piedra sobre la que se edifica la Iglesia. ¿Cree acaso Fellay que el próximo Papa estando como está el mundo va a ser como Benedicto XVI? Que no lo sueñe. Benedicto XVI es lo mejor que le ha podido pasar a la Tradición en los tiempos que corren y sólo pertenece a los arcanos del Espíritu Santo la fortaleza que tuvo que insuflar al Santo Padre para que pudiera acometer el Motu Proprio con la pléyade de enemigos tan formidables que tiene la Tradición dentro de la Iglesia. ¿Cree honestamente Monseñor Fellay que una crisis de 40 años, como poco, se va a resolver en un abrir y cerrar de ojos?
¿Qué pasa con el Santo Padre? ¿Qué sería mejor que optase por una filosofía más escolástica y se dejase de monsergas fenomenológicas? Sin duda. ¿Qué sería mejor –si es que puede y está de su mano, pues Roma está desbocada- que hubiera hecho otros nombramientos de los que ha hecho? Sin duda. ¿Qué sería mejor que fuera más alto, más guapo, más joven, más fornido y con menos problemas de corazón? También; sin duda. Etcétera.
Pero el quicio de esta cuestión no radica es querer un Santo Padre hecho a nuestra medida. El hecho es analizar con realismo, objetividad y un mínimo de frialdad lo que el Santo Padre ha hecho. Para empezar del Ratzinger de 1965 tiene, a Dios gracias, muy poco que ver con Benedicto XVI. Ha habido un camino de Damasco del Santo Padre y él lleva clavadas dos espinas en su haber, espinas de las que tardando no mucho habrá de responderle a Dios: su dudoso comportamiento en Fátima en relación al Tercer Secreto y su participación en la inicua “excomunión” de Lefebvre. Añádase su terca voluntad, como buen teutón. Fellay no puede negar que el Papa mira con simpatía la Tradición. No es sólo el Motu Proprio. Son montones de hechos. Sus libros, queriendo volver a los esquemas de la Liturgia de siempre (p. ej., su insistencia en decir la Misa mirando hacia el Sagrario, lo cual lo ha materializado). Su empeño en mantener un diálogo abierto con la Tradición. Sus Encíclicas, que revelan una fundamentación tradicional y ya no son aquellos tochos infumables escritos por algún plumífero chikilicuatre cuyas únicas referencias eran al Vaticano II (¡malditos tautólogos!). Etc.
Con todo ese bagaje la peregrina idea de Monseñor Fellay de insinuar que las puertas están cerradas con Roma resulta en una afrenta a la razón y una temeridad culpable. Parece participar Fellay de ese sentimiento tan frecuente en la Tradición de que la solución a todo este problema es divina, cuasi-mística. En todo caso, es una solución súbita. Pues no. En primer lugar ayudémonos nosotros mismos, que Dios nos ayudará. La crisis de la Iglesia, mejor comprendida por la HSPX que por ningún otro sector de la Tradición, tiene ya 40 años como poco y pensar que la solución a la misma va a ser fulminante es pueril.
No sé si todo esto obedece a una especie de táctica ad hoc, quizás estrategia, por parte de Monseñor Fellay. Si así fuera, está tensando la cuerda con Roma en exceso. Peligrosamente diría. Tengo para mí que si esto es un juego táctico Fellay está sobreestimando sus cartas. Como los clérigos cuando dicen “caramba” en realidad quieren decir “coño” dar la callada por respuesta equivale a mandar a tomar por saco. Y eso, mi querido Monseñor Fellay, equivale en diplomacia a una declaración de guerra. Estoy seguro que la siempre admirable nación suiza está contentísima de que Monseñor Fellay no decidiera hacer carrera diplomática. A juzgar por los hechos uno acaba por inferir que si Fellay decidiera secularizarse -¡líbrenos Dios!- su status en la diplomacia sería no sólo el de desempleado, sino el de desempleable. Desempleable vitalicio, debiera añadir.
Que nadie se engañe. El Papa es muy listo. Tiene una mente académica privilegiada y penetrante. Y tiene no sólo conciencia de autoridad sino que sabe cómo ejercerla, con autoritarismo incluso. No va a tolerar en asuntos de su jurisdicción directa, y la situación de la Tradición es uno de ellos, que la gente haga lo que le dé la gana, como le dé la gana y cuando le dé la gana. Para eso es Papa y para eso es bávaro.
Han de darse situaciones muy graves, gravísimas, para que uno tenga que optar por desafiar al Papa. A San Marcel Lefebvre (sí, Santo, aunque no lo quieran canonizar por el momento) no le quedó más remedio. Y bien a su pesar. Porque Monseñor Lefebvre, formado como estaba en un Seminario de Roma, y no en un tugurio jansenista de esos que proliferan en Francia, sí tenía absolutamente clara la necesidad de la Romanitas, virtud que en mayor o menor medida debe adornar a todo católico. Sin excepción.
A muchos tradicionalistas nos gustaría que nos explicaran los prebostes de la HSPX cómo es posible seguir con una posición frente a Roma idéntica a la que –muy a su pesar- tuvo que ejercer Monseñor Lefebvre cuando es posible que las peticiones del Santo Obispo de entonces puedan ser atendidas hoy día. ¿Por qué no se hace el saludable ejercicio de ver qué quería concreta y específicamente Monseñor Lefebvre en 1988 –cuando le negaron todo, hasta el aire- y qué se ofrece por parte de Roma a la Tradición hoy día? A ver si va a resultar que lo que el Fundador de la Hermandad de San Pío X quería en 1988 sí es plausible conseguirlo hoy.
¿O es que Monseñor Fellay quiere montar la fiesta por su cuenta? Ya sé que la HSPX no es herética. Ni cismática. Pero maldita la gracia que nos hace a algunos una actitud, una forma, más en concordancia con lo cismático que con lo verdaderamente católico.
Algunos de nosotros estamos ya hartos (y, ¡vive Dios!, que el cuerpo me pide expresar esta idea de un modo mucho más castizo) de que aquí se dé por zanjada la cuestión. ¿No es también tradición de la Iglesia el solucionar mediante el diálogo esta cuestión? ¿Puede decir Monseñor Fellay con el corazón en la mano si ha encontrado acaso una recepción y una disposición por parte de Roma mejor que las actuales no ya sólo durante sus mandatos como Superior de la HSPX, sino durante toda la historia de la HSPX?
De los Obispos de la HSPX no sabe uno ya qué pensar. Monseñor de Galarreta, un hombre de oración y garra contemplativa como pocos, desaparecido en combate. Monseñor Tissier de Mallerais, profundo y con una gravitas que ya quisiéramos para todo el Episcopado, subido en el ficus, como de costumbre. Y Monseñor Williamson (me disculparán si tengo una debilidad especial por éste por lo listo, lo listísimo que es) haciendo de las suyas, de enfant terrible, últimamente más de enfant que de terrible, para orgullo suyo, vergüenza de muchos y desgracia de todos.
Y todos ellos haciendo mutis por el foro.
Y yo sigo preguntándome: ¿Cómo se explica que un hombre de naturaleza afable y que rezuma amabilidad como Fellay se nos haya vuelto autista? ¿Por ventura es mudo? ¿O simplemente su última Carta es un ejercicio de gilipollez sublime? ¿O acaso un farol de póker de poca monta?
¡Señores Obispos de la Tradición! ¡Despierten! ¿Nos oyen? Hello! Estamos aquí. Somos fieles de a pie que estamos en la Tradición porque queremos ser romanos, cien mil veces -infinitamente- más romanos que los modernistas, no porque queramos permanecer en el limbo del no man’s land por toda la Eternidad. Si somos católicos, Roma es nuestro sitio. Queremos estar bajo la férula de Roma porque como católicos tradicionales que somos queremos joder desde dentro, no obligados a estar jodidos y fuera.
Me temo que uno no puede dar la callada por respuesta a Roma. Quizás en circunstancias excepcionalísimas. Y ahora no se dan. Por tanto, con el debido respeto (pero si hace falta sin ningún respeto también), me atrevo a invitar a Monseñor Fellay a que hable con quien sea menester y a que se llegue –con todas las seguridades y garantías, que eso es el oficio de Fellay- a una solución para que la Tradición esté regularizada dentro de la Iglesia oficial (pues de la Iglesia Mística algunos se tendrían que preguntar quién está dentro y quién fuera). Y que no sobrestime sus bazas ni minusvalore el poder del Vicario de Cristo.
No habrá muchas posibilidades en el futuro de poder regularizar la situación con Roma. Vienen tiempos duros, de hierro.
Ni Monseñor Fellay ni ningún Obispo ni clérigo de la Tradición puede dejar a los simples fieles tirados. Por culpa de esta circunstancia algunos llevamos padeciendo lo indecible. Lo natural para un católico es estar bajo el manto protector de Roma. Lo contranatural es estar a la intemperie, particularmente si no hay necesidad grave de estarlo.
¡Viva la Hermandad de San Pío X! ¡Viva el Papa!
Rafael Castela Santos
Como no soy ningún religioso, ni miembro de ninguna Orden Tercera, ni estoy inscrito en ninguna tenida, ni soy cliente de tugurios y antros de mal vivir, ni tengo sarpullidos aparicionistas ni sarampiones modernistas, ni nada ... y encima soy algo anticlerical, me voy a permitir llamar ciertas cosas por su nombre. Y como quiero a la HSPX, no voy a permanecer callado.
De hecho mi crítica es más por forma que por fondo.
Cierto, en materia de fondo la Hermandad de San Pío X ha mantenido una postura tan sólida doctrinalmente como aburrida y falta de originalidad. La Tradición de siempre, sin virajes ni adulteraciones, ha sido el bastión sobre el que descansa la postura de la HSPX. A Dios gracias. Y que así sea muchos años. Y no menos cierto ha sido que la Jerarquía, Roma misma, ha actuado de una manera tan injusta como cruel en ocasiones contra la Tradición. De esto último las pruebas son contundentes porque la travesía en el desierto durante los Pontificados de esos dos tahúres eclesiásticos de Pablo VI y de Juan Pablo II ha sido durísima.
Sin embargo decir, o insinuar, que en Roma no han cambiado las cosas es no darse cuenta de lo obvio. Si hasta en las formas ha habido cambios. Ahora en los alrededores de Roma se puede entrar en tiendas de objetos religiosos y ver una orfebrería y unas ropas litúrgicas dignas de dicho nombre, por decir algo de menor calibre; cuando estos mismos sitios durante el Pontificado de Juan Pablo II eran antros lóbregos de feísmo. Negar por otro lado que el Motu Proprio no cambia el status quo, no es ya negar: es ser refractario a la realidad.
¿Dónde está el cambio? Pues pura, lisa y llanamente en el Papa. Que Su Santidad Benedicto XVI no es perfecto, ya lo sabemos. Que no es el Papa que en puridad se podría soñar, no lo es menos. Pero es el Papa. Es el Vicario de Cristo y la Piedra sobre la que se edifica la Iglesia. ¿Cree acaso Fellay que el próximo Papa estando como está el mundo va a ser como Benedicto XVI? Que no lo sueñe. Benedicto XVI es lo mejor que le ha podido pasar a la Tradición en los tiempos que corren y sólo pertenece a los arcanos del Espíritu Santo la fortaleza que tuvo que insuflar al Santo Padre para que pudiera acometer el Motu Proprio con la pléyade de enemigos tan formidables que tiene la Tradición dentro de la Iglesia. ¿Cree honestamente Monseñor Fellay que una crisis de 40 años, como poco, se va a resolver en un abrir y cerrar de ojos?
¿Qué pasa con el Santo Padre? ¿Qué sería mejor que optase por una filosofía más escolástica y se dejase de monsergas fenomenológicas? Sin duda. ¿Qué sería mejor –si es que puede y está de su mano, pues Roma está desbocada- que hubiera hecho otros nombramientos de los que ha hecho? Sin duda. ¿Qué sería mejor que fuera más alto, más guapo, más joven, más fornido y con menos problemas de corazón? También; sin duda. Etcétera.
Pero el quicio de esta cuestión no radica es querer un Santo Padre hecho a nuestra medida. El hecho es analizar con realismo, objetividad y un mínimo de frialdad lo que el Santo Padre ha hecho. Para empezar del Ratzinger de 1965 tiene, a Dios gracias, muy poco que ver con Benedicto XVI. Ha habido un camino de Damasco del Santo Padre y él lleva clavadas dos espinas en su haber, espinas de las que tardando no mucho habrá de responderle a Dios: su dudoso comportamiento en Fátima en relación al Tercer Secreto y su participación en la inicua “excomunión” de Lefebvre. Añádase su terca voluntad, como buen teutón. Fellay no puede negar que el Papa mira con simpatía la Tradición. No es sólo el Motu Proprio. Son montones de hechos. Sus libros, queriendo volver a los esquemas de la Liturgia de siempre (p. ej., su insistencia en decir la Misa mirando hacia el Sagrario, lo cual lo ha materializado). Su empeño en mantener un diálogo abierto con la Tradición. Sus Encíclicas, que revelan una fundamentación tradicional y ya no son aquellos tochos infumables escritos por algún plumífero chikilicuatre cuyas únicas referencias eran al Vaticano II (¡malditos tautólogos!). Etc.
Con todo ese bagaje la peregrina idea de Monseñor Fellay de insinuar que las puertas están cerradas con Roma resulta en una afrenta a la razón y una temeridad culpable. Parece participar Fellay de ese sentimiento tan frecuente en la Tradición de que la solución a todo este problema es divina, cuasi-mística. En todo caso, es una solución súbita. Pues no. En primer lugar ayudémonos nosotros mismos, que Dios nos ayudará. La crisis de la Iglesia, mejor comprendida por la HSPX que por ningún otro sector de la Tradición, tiene ya 40 años como poco y pensar que la solución a la misma va a ser fulminante es pueril.
No sé si todo esto obedece a una especie de táctica ad hoc, quizás estrategia, por parte de Monseñor Fellay. Si así fuera, está tensando la cuerda con Roma en exceso. Peligrosamente diría. Tengo para mí que si esto es un juego táctico Fellay está sobreestimando sus cartas. Como los clérigos cuando dicen “caramba” en realidad quieren decir “coño” dar la callada por respuesta equivale a mandar a tomar por saco. Y eso, mi querido Monseñor Fellay, equivale en diplomacia a una declaración de guerra. Estoy seguro que la siempre admirable nación suiza está contentísima de que Monseñor Fellay no decidiera hacer carrera diplomática. A juzgar por los hechos uno acaba por inferir que si Fellay decidiera secularizarse -¡líbrenos Dios!- su status en la diplomacia sería no sólo el de desempleado, sino el de desempleable. Desempleable vitalicio, debiera añadir.
Que nadie se engañe. El Papa es muy listo. Tiene una mente académica privilegiada y penetrante. Y tiene no sólo conciencia de autoridad sino que sabe cómo ejercerla, con autoritarismo incluso. No va a tolerar en asuntos de su jurisdicción directa, y la situación de la Tradición es uno de ellos, que la gente haga lo que le dé la gana, como le dé la gana y cuando le dé la gana. Para eso es Papa y para eso es bávaro.
Han de darse situaciones muy graves, gravísimas, para que uno tenga que optar por desafiar al Papa. A San Marcel Lefebvre (sí, Santo, aunque no lo quieran canonizar por el momento) no le quedó más remedio. Y bien a su pesar. Porque Monseñor Lefebvre, formado como estaba en un Seminario de Roma, y no en un tugurio jansenista de esos que proliferan en Francia, sí tenía absolutamente clara la necesidad de la Romanitas, virtud que en mayor o menor medida debe adornar a todo católico. Sin excepción.
A muchos tradicionalistas nos gustaría que nos explicaran los prebostes de la HSPX cómo es posible seguir con una posición frente a Roma idéntica a la que –muy a su pesar- tuvo que ejercer Monseñor Lefebvre cuando es posible que las peticiones del Santo Obispo de entonces puedan ser atendidas hoy día. ¿Por qué no se hace el saludable ejercicio de ver qué quería concreta y específicamente Monseñor Lefebvre en 1988 –cuando le negaron todo, hasta el aire- y qué se ofrece por parte de Roma a la Tradición hoy día? A ver si va a resultar que lo que el Fundador de la Hermandad de San Pío X quería en 1988 sí es plausible conseguirlo hoy.
¿O es que Monseñor Fellay quiere montar la fiesta por su cuenta? Ya sé que la HSPX no es herética. Ni cismática. Pero maldita la gracia que nos hace a algunos una actitud, una forma, más en concordancia con lo cismático que con lo verdaderamente católico.
Algunos de nosotros estamos ya hartos (y, ¡vive Dios!, que el cuerpo me pide expresar esta idea de un modo mucho más castizo) de que aquí se dé por zanjada la cuestión. ¿No es también tradición de la Iglesia el solucionar mediante el diálogo esta cuestión? ¿Puede decir Monseñor Fellay con el corazón en la mano si ha encontrado acaso una recepción y una disposición por parte de Roma mejor que las actuales no ya sólo durante sus mandatos como Superior de la HSPX, sino durante toda la historia de la HSPX?
De los Obispos de la HSPX no sabe uno ya qué pensar. Monseñor de Galarreta, un hombre de oración y garra contemplativa como pocos, desaparecido en combate. Monseñor Tissier de Mallerais, profundo y con una gravitas que ya quisiéramos para todo el Episcopado, subido en el ficus, como de costumbre. Y Monseñor Williamson (me disculparán si tengo una debilidad especial por éste por lo listo, lo listísimo que es) haciendo de las suyas, de enfant terrible, últimamente más de enfant que de terrible, para orgullo suyo, vergüenza de muchos y desgracia de todos.
Y todos ellos haciendo mutis por el foro.
Y yo sigo preguntándome: ¿Cómo se explica que un hombre de naturaleza afable y que rezuma amabilidad como Fellay se nos haya vuelto autista? ¿Por ventura es mudo? ¿O simplemente su última Carta es un ejercicio de gilipollez sublime? ¿O acaso un farol de póker de poca monta?
¡Señores Obispos de la Tradición! ¡Despierten! ¿Nos oyen? Hello! Estamos aquí. Somos fieles de a pie que estamos en la Tradición porque queremos ser romanos, cien mil veces -infinitamente- más romanos que los modernistas, no porque queramos permanecer en el limbo del no man’s land por toda la Eternidad. Si somos católicos, Roma es nuestro sitio. Queremos estar bajo la férula de Roma porque como católicos tradicionales que somos queremos joder desde dentro, no obligados a estar jodidos y fuera.
Me temo que uno no puede dar la callada por respuesta a Roma. Quizás en circunstancias excepcionalísimas. Y ahora no se dan. Por tanto, con el debido respeto (pero si hace falta sin ningún respeto también), me atrevo a invitar a Monseñor Fellay a que hable con quien sea menester y a que se llegue –con todas las seguridades y garantías, que eso es el oficio de Fellay- a una solución para que la Tradición esté regularizada dentro de la Iglesia oficial (pues de la Iglesia Mística algunos se tendrían que preguntar quién está dentro y quién fuera). Y que no sobrestime sus bazas ni minusvalore el poder del Vicario de Cristo.
No habrá muchas posibilidades en el futuro de poder regularizar la situación con Roma. Vienen tiempos duros, de hierro.
Ni Monseñor Fellay ni ningún Obispo ni clérigo de la Tradición puede dejar a los simples fieles tirados. Por culpa de esta circunstancia algunos llevamos padeciendo lo indecible. Lo natural para un católico es estar bajo el manto protector de Roma. Lo contranatural es estar a la intemperie, particularmente si no hay necesidad grave de estarlo.
¡Viva la Hermandad de San Pío X! ¡Viva el Papa!
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quinta-feira, maio 08, 2008
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
Subscrever:
Mensagens (Atom)