La situación en España se agrava por momentos.
La artillería mediática carga de manera implacable contra todo lo católico, todo lo cristiano y aún todo lo bueno. La blasfemia se generaliza y en ningún país del mundo se pueden escuchar las brutales y soeces expresiones contra todo lo sagrado como en España, tanto en privado como en público. El ataque a la Iglesia es sistemático, constante y perfectamente estudiado. Señalados dirigentes españoles se mofan públicamente de la Corona de Espinas de Nuestro Señor Jesucristo y, al tiempo, regalan y facilitan terrenos para la edificación de mezquitas. El Islam o el Judaísmo, o cualesquiera sectas protestantes e incluso sectas destructivas, reciben todo el apoyo y protección del Gobierno, pero la religión mayoritaria de los españoles –al menos nominalmente- no recibe más que patadas en el bajo vientre, bofetones, escupitazos y latigazos.
España, Barcelona en particular, se ha convertido en la capital mundial del aborto; pero Madrid no le va a la zaga. Hasta trituradoras para machacar y matar a niños que fueron extraídos con vida del vientre materno se han encontrado. Y, lo que es peor, nadie parece ya escandalizarse por esto. Los gobernantes españoles, incluso, justifican a los ya encarcelados y ponen sordina a sus sordidísimos sacrificios humanos. La desvergüenza llega hasta el extremo de que la televisión pública critica de manera inmisericorde que se aplique la ley vigente sobre el aborto y que haya una campaña abogando descaradamente por el aborto libre, sin restricciones de ningún tipo.
El Príncipe dice no querer saber nada de la religión católica y la Casa Real (que ostenta el título de “Sus Católicas Majestades”) declara no asociarse nunca con nada católico. De los socialistas ya sabemos lo que se puede esperar y de los populares –la pretendida oposición autodenominada “centro-derecha”- salen cosas tales como que ellos, de acceder al poder, no modificarán la ley del aborto. Los Obispos, cómplices criminales, callan como putas, como perros mudos que han sido y son durante más de 30 años, acerca de este rechazo a cualquier tipo de bendición divina por la Corona y por los más destacados gobernantes de España. El bajo clero y el pueblo cristiano no pueden estar más desorientados.
La impureza es rampante y se palpa en todos los órdenes: en el público de las imágenes e iconos, en las conversaciones y en una promiscuidad sexual cuyos paroxismos son docenas de miles de adolescentes pidiendo la abortiva píldora del día después sábados y domingos tras las juergas, orgías y aquelarres de los fines de semana. La modestia y el más elemental pudor y decoro ya no tienen cabida en España que otrora hiciera justicia al título concedido por la Santa Sede: “Tierra de María”.
La homosexualidad tiene patente de corso y no sólo por la protección legal a ultranza que se dispensa a los sodomitas, sino porque en manos de homosexuales están todos los nudos claves de la comunicación en España, en particular en la Villa y Corte de Madrid. Hay, de hecho, más protección jurídica para una unión contra-natura entre sodomitas o lesbianas que para un matrimonio católico con familia numerosa, por ejemplo.
El estado de la familia española es agónico. El número de matrimonios desciende y el número de hijos nacido fuera del matrimonio es cada vez mayor. Las cifras de divorcio llegan al 60 % en menores de 50 años en las grandes ciudades, perfectamente equiparables a las cifras más altas de urbes malditas como Londres, París o Nueva York. El invierno demográfico español es ya endémico. Casi 2/3 de los niños que nacen en España son de origen extranjero. La neoesclavitud generada por la tiranía de la necesidad de los dos sueldos para mantener una familia hace que la vida familiar languidezca. La falta de autoridad de los padres es erosionada legalmente hasta el punto de haber declarado delito el darle un azote o un cachete a un niño pequeño que no se comporta como debe. Egoísmos de todo género, clase y condición se conciertan en el hogar moderno español.
Las televisiones están llenas de una basura y una bazofia vomitivas. Videntes, tarotistas, piramidólogos, especialistas en bolas de cristal o en cualquier atrabiliaria variedad neognóstica para consumo de masas tienen toda la cuota de pantalla que quieren. La prensa rosa o del corazón, omnipresente, intoxica y aparta las mentes de muchas españolas y algunos españoles de lo fundamental para llenarles sus pobres cerebros de conocimientos tan vacuos como intrascendentes. El fútbol es ya droga pública, 4 y hasta 5 noches por semana, habiendo dejado de ser un precioso pasatiempo sin más consideraciones. La pornografía no sólo es muy fácilmente accesible, sino que ya moldea las costumbres y usos de lo que otrora fue llamado “la reserva espiritual de Occidente”. Esa alianza de lo cutre, el mal gusto, lo soez y lo procaz, alianza tan inserta en España, tiene mucho que ver con esto.
La injusticia campa por sus fueros. Los delincuentes quedan impunes o con penas ridículas y se encarcela a otros por falsas acusaciones de “violencia de género”. A modo de inciso por “violencia de género” se entiende en España la violencia doméstica que un hombre hace contra una mujer. El 20 % de la violencia doméstica es perpetrado por mujeres, pero en un ejercicio orwelliano sin precedentes estos datos han desaparecido del Instituto Nacional de Estadística. La persecución a la masculinidad, a la paternidad del varón o a cualquier forma que sea patriarcal, o que simplemente sea interpretada como tal, es palpable.
La inmigración es literalmente insoportable. El año pasado de toda la inmigración a Europa el 70 % recaló y se concentró en España. Hay ciudades, como Zaragoza, donde la presencia de moros es ya aberrante. Como aberrante es la solicitud de una asociación musulmana de que le sea “devuelta” (sic) la Basílica del Pilar de Zaragoza, ciudad esta donde la Virgen María vino en carne mortal a confortar y animar la predicación del Apóstol Santiago, al que debemos la Fe en la Península Ibérica por singularísimo privilegio para España y Portugal, pues no en vano este Apóstol era uno de los tres preferidos del Señor y de los que vieron Su Gloria en el Tabor. Hay zonas en muchas capitales españolas ya convertidas en verdaderos ghettos musulmanes.
La delincuencia e inseguridad no hacen sino crecer, pese a toda la ingeniería social y manipulación a que son sometidos los hechos para descafeinarlos y hacerlos así mínimamente potables. Los crímenes son cada vez más violentos y perversos. Las mafias de todo tipo, incluyendo las mafias que secuestran niños para inconfesables fines pederastas y/o satánicos, campan por sus fueros sin siquiera ser mencionadas. España no es un sólo un paraíso de la droga sino una plataforma desde la cual la cocaína, amén de otros estimulantes, y el cannabis se exportan a toda Europa.
La juventud española perece en un océano de drogas, alcohol y pésima formación. La educación es una de las peores de cualquier país occidental, y eso que los estándares mundiales han sido rebajados hasta el punto de lindar ya en el embrutecimiento descarado de niños y jóvenes. No hay reacción porque no puede haberla: los jóvenes están presos del hedonismo sexual, los placeres etéreos de las drogas y la más mínima formación humanística y científica seria.
En el terreno social los beneficios obtenidos por grandes empresas y por bancos son literalmente obscenos. Entretanto el diferencial entre la clase media y los poderosos crece en proporciones geométricas año a año. La carga impositiva es la más alta de Europa y ya hablan los políticos españoles de cargarnos el 21 % de IVA, como en Portugal, lo cual no deja de ser un latrocinio legalizado. Las hipotecas ahogan la vida familiar española y muchísimas capas sociales viven simplemente para sobrevivir. Hay hipotecas ya a 40 y 50 años, con lo cual la siguiente generación heredará deudas como parte del patrimonio. El número de pobres crece y la situación de las clases populares es a veces, cada vez más insoportable. La injusticia social es un hecho. La subida de precios del verano para acá en productos básicos es aterradora.
La economía hace aguas. El motor de la economía española, la construcción –que supone el 30 % de la economía española-, se deshace presa de sus propias redes de especulación y usura (pecado este último del que ya ni la Iglesia habla). El endeudamiento exterior de España es el más alto del mundo, superando incluso al de Estados Unidos en términos porcentuales y algo parejo cabe decir del déficit de comercio exterior. Las empresas españolas se van a Marruecos, a alimentar al enemigo potencial más grande de España, o a darles poder al Asia, ora China ora la India. El turismo español se resquebraja. Los campos están abandonados y se abandonan aún más porque los agricultores no pueden soportar unos precios inicuos donde la parte del león, como siempre, se lo llevan intermediarios y las multinacionales de las grandes superficies. Estos, salvo rarísimas excepciones, tratan con tiranía y desprecio a los productores. La crisis económica que amenaza a España puede ser de proporciones monstruosas. Lo peor de todo es que ni siquiera hay resortes para salir de la crisis. La argentinización económica de España está ya en ciernes.
A pesar de lo anterior la gente sigue gastando el dinero que no tiene. Los créditos y el endeudamiento familiar también son enormes. Incluso a pesar de la pésima marcha de las cosas el materialismo, encarnado en el consumismo, ha sido el paisaje urbano más consistente en estas pasadas fechas navideñas.
La descomposición política es notoria. Un perverso e inicuo sistema autonómico, que nada tiene que ver con el sano regionalismo prescrito por la tradición política española, está ya a un paso de conseguir no ya la implosión y descuartizamiento de España, sino la balcanización de la misma. Las oligarquías políticas reparten prebendas y regalías en íntima unión con las oligarquías plutocráticas, algo enormemente palpable en todas las corrupciones y corruptelas de obras y licitaciones públicas, con mordidas y comisiones verdaderamente escandalosas, en particular en Cataluña. En nombre de una libertad abstracta se han conculcado más libertades reales y concretas que nunca en la historia de España.
Esta descomposición política se acompaña de una imposición a machamartillo de sus propios y corrosivos parámetros “kulturales”. El laicismo radical, el anticlericalismo, el antimilitarismo, el pensamiento único, lo políticamente correcto, la castración de la disensión, el silencio atroz sobre los que piensan distinto cuando no el escarnio, el vilipendio, la burla, la calumnia y la mentira sobre quienes no participan de la intolerancia de los tolerantes alcanza paroxismos tales como la repugnante asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, de rancio sabor a compás, escuadra y plomada.
Se podrían seguir dando más datos pero … ¿para qué? ¿Acaso no son estos suficientes?
En síntesis: una proliferación en cantidad e intensidad, así como en su cualidad, del pecado en todos los órdenes. Más aún: un incremento sin precedentes incluso de aquellos pecados que claman venganza al Cielo. Más aún todavía: una voladura prácticamente total de cualquier referente al Derecho Natural. En resumen: todas las claves de la caída. Aborto, injusticia social, inmigración incontrolada de grandes masas no asimilables, sincretismo religioso, desprecio reverencial por lo sagrado, destrucción de la familia, homosexualidad, vicios de todo tipo, pan y circo …
En términos puramente humanos España ha firmado su sentencia de muerte. Sentencia por lo demás irremisible. Sólo un milagro podrá ya salvar a España. Pero los milagros se dan y existen. Precisan, eso sí, de Fe previa.
Pero de la lectura sobrenatural de esta realidad aquí descrita hablaremos otro día.
Insisto: humanamente hablando España está condenada a morir.
Se lo merece. Si la sal ya no sala, como dijo Nuestro Señor, se la tira. Se la arroja. Lo que no sirve se echa el fuego. Y si España ya no va a volver a ser la luz misionera de Cristo y la espada de la Cristiandad, la luz de Trento y el martillo de herejes, entonces es mejor que el Señor nos destruya de manera completa y absoluta. Y cuanto antes mejor. Porque siendo como hoy día somos los españoles no merecemos vivir. No merecemos existir.
Un pueblo apartado de la misión que la Providencia le confió es un pueblo destinado al matadero o, sencillamente, a la autodestrucción. Es mejor así para un pueblo que es descendiente de los que hicieron posible que la mayor parte de la Cristiandad rece hoy en castellano, universalmente conocido como español.
Rafael Castela Santos
terça-feira, janeiro 15, 2008
segunda-feira, dezembro 31, 2007
Meditações de Fátima

Uma vez mais, um excelente artigo escrito pelo Manuel Azinhal, sempre fiel à verdadeira tradição.
Olhando a nova e a antiga igreja de Fátima ressalta a diferença dos perfis. Uma eleva-se para o céu, a outra agarra-se ao chão. Dei por mim a pensar como isto pode expressar a diferença entre a religião dos homens que construíram as catedrais e a religiosidade destes que dirigem estas construções modernas. Uns tudo faziam a pensar no céu, estes não têm lugar no seu espírito para nada que ultrapasse o plano das coisas da terra. Conta-se daqueles operários que se esmeravam nos cimos das grandes catedrais góticas a esculpir rendilhados de pedra, que ninguém poderia jamais observar da terra, que ao ser-lhes perguntada a razão respondiam muito simplesmente que lhes bastava que o seu trabalho pudesse ser visto do céu.
É perturbante a diferença da atitude religiosa que domina o Ocidente cristão dos tempos actuais e aquela que fez a cristandade gloriosa. Dantes os homens pensavam em Deus para se moldarem à vontade d'Ele; agora os que ainda se dirigem a Deus é frequentemente para lhe exigir que Ele faça a vontade deles; e zangam-se quando o Criador não lhes faz o jeito. Querem pouco mais do que um Deus prestador de serviços. [Continuar a ler aqui]
Olhando a nova e a antiga igreja de Fátima ressalta a diferença dos perfis. Uma eleva-se para o céu, a outra agarra-se ao chão. Dei por mim a pensar como isto pode expressar a diferença entre a religião dos homens que construíram as catedrais e a religiosidade destes que dirigem estas construções modernas. Uns tudo faziam a pensar no céu, estes não têm lugar no seu espírito para nada que ultrapasse o plano das coisas da terra. Conta-se daqueles operários que se esmeravam nos cimos das grandes catedrais góticas a esculpir rendilhados de pedra, que ninguém poderia jamais observar da terra, que ao ser-lhes perguntada a razão respondiam muito simplesmente que lhes bastava que o seu trabalho pudesse ser visto do céu.
É perturbante a diferença da atitude religiosa que domina o Ocidente cristão dos tempos actuais e aquela que fez a cristandade gloriosa. Dantes os homens pensavam em Deus para se moldarem à vontade d'Ele; agora os que ainda se dirigem a Deus é frequentemente para lhe exigir que Ele faça a vontade deles; e zangam-se quando o Criador não lhes faz o jeito. Querem pouco mais do que um Deus prestador de serviços. [Continuar a ler aqui]
domingo, dezembro 30, 2007
Cardeal Stickler

Falecido no passado dia 13 de Dezembro, o Cardeal Alfons Maria Stickler, S.D.B., (1910 - 2007) foi um dos grandes amigos que a tradição católica manteve sempre em Roma, mesmo nos momentos mais negros: sacerdote exemplar de Cristo e autêntico Príncipe da Igreja, defendeu de modo infatigável as virtudes do rito latino-gregoriano, tridentino ou de São Pio V face aos defeitos do rito reformado de Paulo VI.
Em homenagem à sua memória, "A Casa de Sarto" deixa aqui a ligação para dois artigos fundamentais da autoria deste eminente Cardeal, muito estimado pelo Papa Bento XVI, nos quais se demonstra não só o carácter profundamente antitradicional da reforma litúrgica de 1969, mas também que a mesma nem sequer respeitou as intenções dos padres conciliares que aprovaram a Constituição sobre a Sagrada Liturgia durante o V2:
- "Recuerdos de un perito del Concilio Vaticano II";
- "Atractivo de la Misa Tridentina".
Em homenagem à sua memória, "A Casa de Sarto" deixa aqui a ligação para dois artigos fundamentais da autoria deste eminente Cardeal, muito estimado pelo Papa Bento XVI, nos quais se demonstra não só o carácter profundamente antitradicional da reforma litúrgica de 1969, mas também que a mesma nem sequer respeitou as intenções dos padres conciliares que aprovaram a Constituição sobre a Sagrada Liturgia durante o V2:
- "Recuerdos de un perito del Concilio Vaticano II";
- "Atractivo de la Misa Tridentina".
Que descanse na Paz do Senhor!
segunda-feira, dezembro 24, 2007
domingo, dezembro 23, 2007
Do Tratado e dos tratantes

Há muito tempo que não abordo neste espaço assuntos que não estejam directamente relacionados com a temática religiosa católica tradicional. A verdade é que a minha paciência para outras matérias é cada vez menor: de facto, estas, por mais importância que aparentem ter, serão sempre efémeras e transitórias face às questões que bulem directamente com o destino eterno de cada um e todos os homens.
Sem prejuízo, abro hoje uma excepção ao que ficou dito no parágrafo anterior, para escrever sobre a polémica surgida à volta da possibilidade de submeter a referendo popular o Tratado de Lisboa, o qual mais não é do que um novo passo - importante e determinado - para a instauração da república universal anticristã, meta última das sociedades discretas, dos clubes de opinião e grupos de pressão que a partir da penumbra impõem a sua ditadura de facto às sociedades ocidentais contemporâneas.
Ouço vários daqueles que fazem frequentes "profissões de fé" democráticas, como são os casos do presidente da comissão europeia ou do primeiro-ministro português, sustentarem a desnecessidade de sujeitar a referendo o novo tratado, não só porque isso colocaria em causa os pressupostos da democracia representativa, mas também porque o eleitorado não se encontra tecnicamente preparado para apreciar as complexas questões que o mesmo tratado aborda.
Por mim, e por uma questão de formação, sempre entendi que a representação - qualquer que ela seja - nunca deve deixar de ser feita nos estritos limites previamente estipulados pelo representado, ocorrendo abuso de representação sempre que aqueles limites sejam ultrapassados pelo representante. Em tal situação, o representado pode e deve avocar a si os poderes temporariamente delegados no representante, o que no caso da representação política se efectuará através do recurso à figura do referendo popular.
Assim, compreende-se a razão pela qual os políticos democratas impolutos que existem por essa Europa fora abominam a possibilidade de referendar o Tratado de Lisboa: porque não concebem que se coloque em causa a sua actuação de serventuários e executores da ditadura partidocrática vigente, cujas grandes linhas de orientação são definidas bem longe do espaço público nos conciliábulos das sociedades, clubes e grupos acima referidos, dos quais os ditos políticos não passam de meras marionetas sem personalidade.
Mais grave ainda é escutar tais abencerragens a sustentar que o eleitorado não está genericamente apto para julgar as difíceis matérias regulamentadas pelo Tratado de Lisboa: eu, que sou católico defensor da tradição e monárquico, que à maneira do grande tomista chileno Padre Osvaldo Lira destrinço entre soberania política e soberania social, que acredito que o poder político tem a sua origem em Deus, que creio que a legitimidade do mesmo poder se afere não só relativamente à sua origem mas também quanto ao seu exercício, até poderia concordar com tal perspectiva; todavia, ao constatá-la sobraçada pelos defensores dos imortais princípios de 1789, incondicionais da soberania popular e fundamentalistas do democratismo, mais do que me sentir encontrar perante hipócritas, julgo estar face a autênticos tratantes desprovidos de quaisquer escrúpulos!
Afinal, os eleitores não têm capacidade para referendar o Tratado, mas possuem-na para eleger aqueles que o negociaram e eventualmente ratificarão! Estranho paradoxo! De facto, os democráticos são gente muito estranha!
Sem prejuízo, abro hoje uma excepção ao que ficou dito no parágrafo anterior, para escrever sobre a polémica surgida à volta da possibilidade de submeter a referendo popular o Tratado de Lisboa, o qual mais não é do que um novo passo - importante e determinado - para a instauração da república universal anticristã, meta última das sociedades discretas, dos clubes de opinião e grupos de pressão que a partir da penumbra impõem a sua ditadura de facto às sociedades ocidentais contemporâneas.
Ouço vários daqueles que fazem frequentes "profissões de fé" democráticas, como são os casos do presidente da comissão europeia ou do primeiro-ministro português, sustentarem a desnecessidade de sujeitar a referendo o novo tratado, não só porque isso colocaria em causa os pressupostos da democracia representativa, mas também porque o eleitorado não se encontra tecnicamente preparado para apreciar as complexas questões que o mesmo tratado aborda.
Por mim, e por uma questão de formação, sempre entendi que a representação - qualquer que ela seja - nunca deve deixar de ser feita nos estritos limites previamente estipulados pelo representado, ocorrendo abuso de representação sempre que aqueles limites sejam ultrapassados pelo representante. Em tal situação, o representado pode e deve avocar a si os poderes temporariamente delegados no representante, o que no caso da representação política se efectuará através do recurso à figura do referendo popular.
Assim, compreende-se a razão pela qual os políticos democratas impolutos que existem por essa Europa fora abominam a possibilidade de referendar o Tratado de Lisboa: porque não concebem que se coloque em causa a sua actuação de serventuários e executores da ditadura partidocrática vigente, cujas grandes linhas de orientação são definidas bem longe do espaço público nos conciliábulos das sociedades, clubes e grupos acima referidos, dos quais os ditos políticos não passam de meras marionetas sem personalidade.
Mais grave ainda é escutar tais abencerragens a sustentar que o eleitorado não está genericamente apto para julgar as difíceis matérias regulamentadas pelo Tratado de Lisboa: eu, que sou católico defensor da tradição e monárquico, que à maneira do grande tomista chileno Padre Osvaldo Lira destrinço entre soberania política e soberania social, que acredito que o poder político tem a sua origem em Deus, que creio que a legitimidade do mesmo poder se afere não só relativamente à sua origem mas também quanto ao seu exercício, até poderia concordar com tal perspectiva; todavia, ao constatá-la sobraçada pelos defensores dos imortais princípios de 1789, incondicionais da soberania popular e fundamentalistas do democratismo, mais do que me sentir encontrar perante hipócritas, julgo estar face a autênticos tratantes desprovidos de quaisquer escrúpulos!
Afinal, os eleitores não têm capacidade para referendar o Tratado, mas possuem-na para eleger aqueles que o negociaram e eventualmente ratificarão! Estranho paradoxo! De facto, os democráticos são gente muito estranha!
Corso carnavalesco em tempo natalício ou o desfile de horrores

O Manuel Azinhal conta-nos que uma vez mais os hereges modernistas e progressistas que abundam no clero português decidiram dar um ar da sua pouca graça, desta vez, após terem sido convidados pelo jornal Semanário a responder à pergunta "O que é que Jesus Cristo hoje denunciaria?". Para tal peça jornalística - um autêntico mimo com o inevitável contributo do Ordinário Torgal -, só faltaram ser ouvidos o Patriarca Policarpo e o Romântico Cleto, ademais de Monsenhor Guerra, do Cónego Rego e do Padre Borga; contudo, então já não estaríamos perante um trabalho de jornalismo, mas frente a um corso carnavalesco antecipado para o tempo natalício ou um autêntico desfile de horrores! E, depois de tudo isto, esta tropa ainda se admira com a monumental repreensão que há bem pouco levou do Santo Padre em pleno Vaticano!
Ediciones San Vicente Ferrer



As cenas tristes feitas recentemente por alguns figurões do liberalismo caseiro, trouxeram-me iniludivelmente à memória a famosa obra do Padre Don Félix de Sardà i Salvany, que São Pio X mandou elogiar publicamente, intitulada "El Liberalismo es Pecado".
Demonstrando que de um mal pode resultar bem maior, eis uma excelente oportunidade para apresentar as "Ediciones San Vicente Ferrer", que se dedicam, tal como a congénere francesa "Editions Saint Remi", a publicar e tornar acessíveis ao leitor contemporâneo autores figuras de proa da reacção católica antiliberal e antimodernista da segunda metade do século XIX e primeira do XX, neste caso, em língua espanhola.
Dos trabalhos já editados, deixo supra uma pequena mas muito interessante amostra. Leiamos mais para sermos católicos verdadeiramente esclarecidos, e não nos deixarmos iludir pelos sofismas dos leões rugidores de heresias que por aí pululam, sempre preparados para nos devorarem espiritualmente à primeira oportunidade de que disponham.
Demonstrando que de um mal pode resultar bem maior, eis uma excelente oportunidade para apresentar as "Ediciones San Vicente Ferrer", que se dedicam, tal como a congénere francesa "Editions Saint Remi", a publicar e tornar acessíveis ao leitor contemporâneo autores figuras de proa da reacção católica antiliberal e antimodernista da segunda metade do século XIX e primeira do XX, neste caso, em língua espanhola.
Dos trabalhos já editados, deixo supra uma pequena mas muito interessante amostra. Leiamos mais para sermos católicos verdadeiramente esclarecidos, e não nos deixarmos iludir pelos sofismas dos leões rugidores de heresias que por aí pululam, sempre preparados para nos devorarem espiritualmente à primeira oportunidade de que disponham.
domingo, dezembro 16, 2007
Progress of unbelief
Now is the Autumm of the Tree of Life;
Its leaves are shed upon the unthankful earth,
Wich lets them whirl, a prey to the winds’ strife,
Heartless to store them for the months of dearth.
Men close the door, and dress the cheerful hearth,
Self-trusting still; and in his comely gear
Of precept and of rite, a household Baal rear.
But I will out amid the sleet, and view
Each shrivelling stalk and silent-falling leaf.
Truth after truth, of choicest scent and hue,
Fades, and in fading stirs the Angel’s gfief.
Unanswer’d here; for she, once pattern chief
Of faith, muy Country, now gross hearted grown,
Waits but to burn the stem before her idol’s throne.
Cardinal John Newman
Its leaves are shed upon the unthankful earth,
Wich lets them whirl, a prey to the winds’ strife,
Heartless to store them for the months of dearth.
Men close the door, and dress the cheerful hearth,
Self-trusting still; and in his comely gear
Of precept and of rite, a household Baal rear.
But I will out amid the sleet, and view
Each shrivelling stalk and silent-falling leaf.
Truth after truth, of choicest scent and hue,
Fades, and in fading stirs the Angel’s gfief.
Unanswer’d here; for she, once pattern chief
Of faith, muy Country, now gross hearted grown,
Waits but to burn the stem before her idol’s throne.
Cardinal John Newman
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
domingo, dezembro 16, 2007
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
segunda-feira, dezembro 10, 2007
"Spe Salvi", a nova encíclica papal

Acabei de ler a nova encíclica escrita pelo Papa Bento XVI, "Spe Salvi": trata-se de um documento que está muito distante do estilo lacónico, incisivo e directo a que os Papas sociais pré-conciliares nos habituaram, dado ser bastante heterodoxo quanto à forma como se encontra redigido, porém absolutamente ortodoxo quanto à mensagem final que transmite.
Desta, saliento primeiramente a crítica que o Santo Padre faz da idade moderna e subsequentemente do Cristianismo moderno, afirmando a necessidade que este último tem de retornar às suas raízes para se reencontrar, o que não pode deixar de significar um regresso à tradição. Do ponto 22 da encíclica:
É preciso que, na autocrítica da idade moderna, conflua também uma autocrítica do cristianismo moderno, que deve aprender sempre de novo a compreender-se a si mesmo a partir das próprias raízes.
Igualmente merecedor de grande realce, por colidir directa e frontalmente com o espírito do V-2 e a hermenêutica de ruptura a ele associada, é o ensinamento de Sua Santidade de que o homem dito moderno, ao contrário do que se chegou a supor mesmo dentro da Igreja, não é ontológica e axiologicamente distinto dos homens de outras eras históricas, permanecendo antes um ser decaído, atingido pelo pecado original e eventualmente propenso à prática do mal. Do ponto 21, onde de permeio o totalitarismo comunista é explicitamente condenado:
Com a sua vitória, porém, tornou-se evidente também o erro fundamental de Marx. Ele indicou com exactidão o modo como realizar o derrubamento. Mas, não nos disse, como as coisas deveriam proceder depois. Ele supunha simplesmente que, com a expropriação da classe dominante, a queda do poder político e a socialização dos meios de produção, ter-se-ia realizado a Nova Jerusalém. Com efeito, então ficariam anuladas todas as contradições; o homem e o mundo haveriam finalmente de ver claro em si próprios. Então tudo poderia proceder espontaneamente pelo recto caminho, porque tudo pertenceria a todos e todos haviam de querer o melhor um para o outro. Assim, depois de cumprida a revolução, Lenin deu-se conta de que, nos escritos do mestre, não se achava qualquer indicação sobre o modo como proceder. É verdade que ele tinha falado da fase intermédia da ditadura do proletariado como de uma necessidade que, porém, num segundo momento ela mesma se demonstraria caduca. Esta «fase intermédia» conhecêmo-la muito bem e sabemos também como depois evoluiu, não dando à luz o mundo sadio, mas deixando atrás de si uma destruição desoladora. Marx não falhou só ao deixar de idealizar os ordenamentos necessários para o mundo novo; com efeito, já não deveria haver mais necessidade deles. O facto de não dizer nada sobre isso é lógica consequência da sua perspectiva. O seu erro situa-se numa profundidade maior. Ele esqueceu que o homem permanece sempre homem. Esqueceu o homem e a sua liberdade. Esqueceu que a liberdade permanece sempre liberdade, inclusive para o mal. Pensava que, uma vez colocada em ordem a economia, tudo se arranjaria. O seu verdadeiro erro é o materialismo: de facto, o homem não é só o produto de condições económicas nem se pode curá-lo apenas do exterior criando condições económicas favoráveis.
Mas notável, acima de tudo, é o tema de fundo que anima toda a "Spe Salvi": de forma de todo inédita na Igreja pós-conciliar, mas totalmente tradicional, o Papa Bento XVI recorda ao homem de hoje o seu destino último, afinal o destino do homem de sempre: morte, julgamento, céu (a esperança de todos os cristãos) ou inferno. Dos pontos 45, 46, 47 e 48:
Com a morte, a opção de vida feita pelo homem torna-se definitiva; esta sua vida está diante do Juiz. A sua opção, que tomou forma ao longo de toda a vida, pode ter caracteres diversos. Pode haver pessoas que destruíram totalmente em si próprias o desejo da verdade e a disponibilidade para o amor; pessoas nas quais tudo se tornou mentira; pessoas que viveram para o ódio e espezinharam o amor em si mesmas. Trata-se de uma perspectiva terrível, mas algumas figuras da nossa mesma história deixam entrever, de forma assustadora, perfis deste género. Em tais indivíduos, não haveria nada de remediável e a destruição do bem seria irrevogável: é já isto que se indica com a palavra inferno.
(…)
Mas, segundo a nossa experiência, nem um nem outro são o caso normal da existência humana. Na maioria dos homens – como podemos supor – perdura no mais profundo da sua essência uma derradeira abertura interior para a verdade, para o amor, para Deus. Nas opções concretas da vida, porém, aquela é sepultada sob repetidos compromissos com o mal: muita sujeira cobre a pureza, da qual, contudo, permanece a sede e que, apesar de tudo, ressurge sempre de toda a abjecção e continua presente na alma. O que acontece a tais indivíduos quando comparecem diante do Juiz? Será que todas as coisas imundas que acumularam na sua vida se tornarão de repente irrelevantes? Ou acontecerá algo de diverso?
(…)
O encontro com Ele é o acto decisivo do Juízo. Ante o seu olhar, funde-se toda a falsidade. É o encontro com Ele que, queimando-nos, nos transforma e liberta para nos tornar verdadeiramente nós mesmos. As coisas edificadas durante a vida podem então revelar-se palha seca, pura fanfarronice e desmoronar-se. Porém, na dor deste encontro, em que o impuro e o nocivo do nosso ser se tornam evidentes, está a salvação. O seu olhar, o toque do seu coração cura-nos através de uma transformação certamente dolorosa «como pelo fogo». Contudo, é uma dor feliz, em que o poder santo do seu amor nos penetra como chama, consentindo-nos no final sermos totalmente nós mesmos e, por isso mesmo totalmente de Deus. Deste modo, torna-se evidente também a compenetração entre justiça e graça: o nosso modo de viver não é irrelevante, mas a nossa sujeira não nos mancha para sempre, se ao menos continuámos inclinados para Cristo, para a verdade e para o amor. (…) O Juízo de Deus é esperança quer porque é justiça, quer porque é graça. Se fosse somente graça que torna irrelevante tudo o que é terreno, Deus ficar-nos-ia devedor da resposta à pergunta acerca da justiça – pergunta que se nos apresenta decisiva diante da história e do mesmo Deus. E, se fosse pura justiça, o Juízo em definitivo poderia ser para todos nós só motivo de temor. A encarnação de Deus em Cristo uniu de tal modo um à outra, o juízo à graça, que a justiça ficou estabelecida com firmeza: todos nós cuidamos da nossa salvação «com temor e tremor» (Fil 2,12). Apesar de tudo, a graça permite-nos a todos nós esperar e caminhar cheios de confiança ao encontro do Juiz que conhecemos como nosso «advogado», parakletos (cf. 1 Jo 2,1).
(…) nenhum homem é uma mônada fechada em si mesma. As nossas vidas estão em profunda comunhão entre si; através de numerosas interacções, estão concatenadas uma com a outra. Ninguém vive só. Ninguém peca sozinho. Ninguém se salva sozinho. Continuamente entra na minha existência a vida dos outros: naquilo que penso, digo, faço e realizo. E, vice-versa, a minha vida entra na dos outros: tanto para o mal como para o bem. Deste modo, a minha intercessão pelo outro não é de forma alguma uma coisa que lhe é estranha, uma coisa exterior, nem mesmo após a morte. Na trama do ser, o meu agradecimento a ele, a minha oração por ele pode significar uma pequena etapa da sua purificação. E, para isso, não é preciso converter o tempo terreno no tempo de Deus: na comunhão das almas fica superado o simples tempo terreno. Nunca é tarde demais para tocar o coração do outro, nem é jamais inútil. Assim se esclarece melhor um elemento importante do conceito cristão de esperança. A nossa esperança é sempre essencialmente também esperança para os outros; só assim é verdadeiramente esperança também para mim. Como cristãos, não basta perguntarmo-nos: como posso salvar-me a mim mesmo? Deveremos antes perguntar-nos: o que posso fazer a fim de que os outros sejam salvos e nasça também para eles a estrela da esperança? Então terei feito também o máximo pela minha salvação pessoal.
Por todo o exposto, compartilho a opinião dos nossos amigos do "Rorate-Caeli", que, a propósito de um artigo escrito sobre a "Spe Salvi" pelo reputado jornalista católico italiano António Socci, chamam com inteira propriedade a tal encíclica a anti-"Gaudim et Spes", por contraponto ao falso optimismo progressista da constituição pastoral aprovada pelo V-2.
Desta, saliento primeiramente a crítica que o Santo Padre faz da idade moderna e subsequentemente do Cristianismo moderno, afirmando a necessidade que este último tem de retornar às suas raízes para se reencontrar, o que não pode deixar de significar um regresso à tradição. Do ponto 22 da encíclica:
É preciso que, na autocrítica da idade moderna, conflua também uma autocrítica do cristianismo moderno, que deve aprender sempre de novo a compreender-se a si mesmo a partir das próprias raízes.
Igualmente merecedor de grande realce, por colidir directa e frontalmente com o espírito do V-2 e a hermenêutica de ruptura a ele associada, é o ensinamento de Sua Santidade de que o homem dito moderno, ao contrário do que se chegou a supor mesmo dentro da Igreja, não é ontológica e axiologicamente distinto dos homens de outras eras históricas, permanecendo antes um ser decaído, atingido pelo pecado original e eventualmente propenso à prática do mal. Do ponto 21, onde de permeio o totalitarismo comunista é explicitamente condenado:
Com a sua vitória, porém, tornou-se evidente também o erro fundamental de Marx. Ele indicou com exactidão o modo como realizar o derrubamento. Mas, não nos disse, como as coisas deveriam proceder depois. Ele supunha simplesmente que, com a expropriação da classe dominante, a queda do poder político e a socialização dos meios de produção, ter-se-ia realizado a Nova Jerusalém. Com efeito, então ficariam anuladas todas as contradições; o homem e o mundo haveriam finalmente de ver claro em si próprios. Então tudo poderia proceder espontaneamente pelo recto caminho, porque tudo pertenceria a todos e todos haviam de querer o melhor um para o outro. Assim, depois de cumprida a revolução, Lenin deu-se conta de que, nos escritos do mestre, não se achava qualquer indicação sobre o modo como proceder. É verdade que ele tinha falado da fase intermédia da ditadura do proletariado como de uma necessidade que, porém, num segundo momento ela mesma se demonstraria caduca. Esta «fase intermédia» conhecêmo-la muito bem e sabemos também como depois evoluiu, não dando à luz o mundo sadio, mas deixando atrás de si uma destruição desoladora. Marx não falhou só ao deixar de idealizar os ordenamentos necessários para o mundo novo; com efeito, já não deveria haver mais necessidade deles. O facto de não dizer nada sobre isso é lógica consequência da sua perspectiva. O seu erro situa-se numa profundidade maior. Ele esqueceu que o homem permanece sempre homem. Esqueceu o homem e a sua liberdade. Esqueceu que a liberdade permanece sempre liberdade, inclusive para o mal. Pensava que, uma vez colocada em ordem a economia, tudo se arranjaria. O seu verdadeiro erro é o materialismo: de facto, o homem não é só o produto de condições económicas nem se pode curá-lo apenas do exterior criando condições económicas favoráveis.
Mas notável, acima de tudo, é o tema de fundo que anima toda a "Spe Salvi": de forma de todo inédita na Igreja pós-conciliar, mas totalmente tradicional, o Papa Bento XVI recorda ao homem de hoje o seu destino último, afinal o destino do homem de sempre: morte, julgamento, céu (a esperança de todos os cristãos) ou inferno. Dos pontos 45, 46, 47 e 48:
Com a morte, a opção de vida feita pelo homem torna-se definitiva; esta sua vida está diante do Juiz. A sua opção, que tomou forma ao longo de toda a vida, pode ter caracteres diversos. Pode haver pessoas que destruíram totalmente em si próprias o desejo da verdade e a disponibilidade para o amor; pessoas nas quais tudo se tornou mentira; pessoas que viveram para o ódio e espezinharam o amor em si mesmas. Trata-se de uma perspectiva terrível, mas algumas figuras da nossa mesma história deixam entrever, de forma assustadora, perfis deste género. Em tais indivíduos, não haveria nada de remediável e a destruição do bem seria irrevogável: é já isto que se indica com a palavra inferno.
(…)
Mas, segundo a nossa experiência, nem um nem outro são o caso normal da existência humana. Na maioria dos homens – como podemos supor – perdura no mais profundo da sua essência uma derradeira abertura interior para a verdade, para o amor, para Deus. Nas opções concretas da vida, porém, aquela é sepultada sob repetidos compromissos com o mal: muita sujeira cobre a pureza, da qual, contudo, permanece a sede e que, apesar de tudo, ressurge sempre de toda a abjecção e continua presente na alma. O que acontece a tais indivíduos quando comparecem diante do Juiz? Será que todas as coisas imundas que acumularam na sua vida se tornarão de repente irrelevantes? Ou acontecerá algo de diverso?
(…)
O encontro com Ele é o acto decisivo do Juízo. Ante o seu olhar, funde-se toda a falsidade. É o encontro com Ele que, queimando-nos, nos transforma e liberta para nos tornar verdadeiramente nós mesmos. As coisas edificadas durante a vida podem então revelar-se palha seca, pura fanfarronice e desmoronar-se. Porém, na dor deste encontro, em que o impuro e o nocivo do nosso ser se tornam evidentes, está a salvação. O seu olhar, o toque do seu coração cura-nos através de uma transformação certamente dolorosa «como pelo fogo». Contudo, é uma dor feliz, em que o poder santo do seu amor nos penetra como chama, consentindo-nos no final sermos totalmente nós mesmos e, por isso mesmo totalmente de Deus. Deste modo, torna-se evidente também a compenetração entre justiça e graça: o nosso modo de viver não é irrelevante, mas a nossa sujeira não nos mancha para sempre, se ao menos continuámos inclinados para Cristo, para a verdade e para o amor. (…) O Juízo de Deus é esperança quer porque é justiça, quer porque é graça. Se fosse somente graça que torna irrelevante tudo o que é terreno, Deus ficar-nos-ia devedor da resposta à pergunta acerca da justiça – pergunta que se nos apresenta decisiva diante da história e do mesmo Deus. E, se fosse pura justiça, o Juízo em definitivo poderia ser para todos nós só motivo de temor. A encarnação de Deus em Cristo uniu de tal modo um à outra, o juízo à graça, que a justiça ficou estabelecida com firmeza: todos nós cuidamos da nossa salvação «com temor e tremor» (Fil 2,12). Apesar de tudo, a graça permite-nos a todos nós esperar e caminhar cheios de confiança ao encontro do Juiz que conhecemos como nosso «advogado», parakletos (cf. 1 Jo 2,1).
(…) nenhum homem é uma mônada fechada em si mesma. As nossas vidas estão em profunda comunhão entre si; através de numerosas interacções, estão concatenadas uma com a outra. Ninguém vive só. Ninguém peca sozinho. Ninguém se salva sozinho. Continuamente entra na minha existência a vida dos outros: naquilo que penso, digo, faço e realizo. E, vice-versa, a minha vida entra na dos outros: tanto para o mal como para o bem. Deste modo, a minha intercessão pelo outro não é de forma alguma uma coisa que lhe é estranha, uma coisa exterior, nem mesmo após a morte. Na trama do ser, o meu agradecimento a ele, a minha oração por ele pode significar uma pequena etapa da sua purificação. E, para isso, não é preciso converter o tempo terreno no tempo de Deus: na comunhão das almas fica superado o simples tempo terreno. Nunca é tarde demais para tocar o coração do outro, nem é jamais inútil. Assim se esclarece melhor um elemento importante do conceito cristão de esperança. A nossa esperança é sempre essencialmente também esperança para os outros; só assim é verdadeiramente esperança também para mim. Como cristãos, não basta perguntarmo-nos: como posso salvar-me a mim mesmo? Deveremos antes perguntar-nos: o que posso fazer a fim de que os outros sejam salvos e nasça também para eles a estrela da esperança? Então terei feito também o máximo pela minha salvação pessoal.
Por todo o exposto, compartilho a opinião dos nossos amigos do "Rorate-Caeli", que, a propósito de um artigo escrito sobre a "Spe Salvi" pelo reputado jornalista católico italiano António Socci, chamam com inteira propriedade a tal encíclica a anti-"Gaudim et Spes", por contraponto ao falso optimismo progressista da constituição pastoral aprovada pelo V-2.
domingo, dezembro 09, 2007
Festa da Padroeira
Naquele tempo: o anjo Gabriel foi enviado por Deus a uma cidade da Galileia chamada Nazaré, a uma Virgem desposada com um varão, que se chamava José, da Casa de David. O nome da Virgem era Maria. Entrando o anjo onde ela estava, disse-lhe: "Salve, ó cheia de graça! O Senhor está contigo: Bendita és tu entre as mulheres!" (Lc 1, 26-28)
Foto: 8 de Dezembro de 2007, Missa da Imaculada Conceição, Padroeira de Portugal, Casa do Menino Jesus de Praga (Priorado FSSPX), Fátima.
Foto: 8 de Dezembro de 2007, Missa da Imaculada Conceição, Padroeira de Portugal, Casa do Menino Jesus de Praga (Priorado FSSPX), Fátima.
Pobre Portugal!

"Poor Portugal", artigo de leitura imprescindível no "Rorate-Caeli". Eis a forma absolutamente arrasadora como são qualificados os bispos portugueses num dos mais importantes e influentes sítios católicos tradicionais da rede, a propósito da reacção dos mesmos à recente reprimenda que o Santo Padre lhes ministrou em Roma, bem como da posição por eles assumida face ao Motu Proprio "Summorum Pontificum":
Naturally, what is considered the worst episcopate in Western Europe - due to its intellectual indigence and to the unanimous unfriendliness of its Bishops to any measures of restoration by Rome (while Bishops who support Benedict's measures are found even in the Netherlands, Belgium, and Britain) - would not be moved by such words.
Eu não diria melhor. A situação de autêntico escândalo em que se encontra a Igreja em Portugal tem de ser denunciada pública e sonoramente! À consideração de Monsenhor Malcolm Ranjith, de Sua Eminência o Cardeal Castrillón Hoyos, e de Sua Santidade o Papa Bento XVI.
Naturally, what is considered the worst episcopate in Western Europe - due to its intellectual indigence and to the unanimous unfriendliness of its Bishops to any measures of restoration by Rome (while Bishops who support Benedict's measures are found even in the Netherlands, Belgium, and Britain) - would not be moved by such words.
Eu não diria melhor. A situação de autêntico escândalo em que se encontra a Igreja em Portugal tem de ser denunciada pública e sonoramente! À consideração de Monsenhor Malcolm Ranjith, de Sua Eminência o Cardeal Castrillón Hoyos, e de Sua Santidade o Papa Bento XVI.
terça-feira, dezembro 04, 2007
Apetências e urticárias modernistas dos bispos portugueses

Durante os últimos quinze dias, durante os quais me foi impossível publicar aqui o que quer que fosse devido a múltiplos afazeres de ordem familiar e profissional, ocorreram duas situações que não posso deixar de comentar e ambas relacionadas - uma vez mais… - com a atitude negativa dos bispos portugueses face à Missa de rito latino-gregoriano.
Primeiramente, durante a visita "ad limina" que fizeram a Roma, e mau-grado a severa repreensão que o Santo Padre Bento XVI justamente lhes ministrou, Suas Excelências Reverendíssimas nem por isso tiveram pejo em afirmar, a propósito da promulgação do Motu Proprio "Summorum Pontificum", que em Portugal existe pouca apetência pela Missa tradicional. Não nego tal factualidade, mas essa pouca apetência é essencialmente imputável aos senhores bispos em razão da concepção doutrinária herética modernista que perfilham sobre a Missa, e não ao desinteresse dos fiéis, como os mesmos pretenderam fazer crer em Roma.
Na verdade, tenho conhecimento de que durante a vigência do Motu Proprio "Ecclesia Dei", do Papa João Paulo II, numa diocese portuguesa, e pelo menos por duas vezes, foram encetadas as necessárias diligências (nas quais, sublinho, não participei) junto do respectivo bispo titular para que este autorizasse a celebração da Missa segundo o rito tradicional; porém, o mesmo não só não deu qualquer provimento a tais diligências, como ao invés as frustrou liminarmente. E, de facto, se existe um rito pelo qual os católicos revelam pouca apetência, esse é seguramente o rito paulino resultante da reforma litúrgica de 1969, responsável - em conjunto com a secularização galopante das sociedades ocidentais - pela queda abrupta da prática religiosa entre os crentes, devido ao completo desprovimento de espírito de fé católica de que padece, cifrando-se por esta razão entre nós, na actualidade, a prática dominical numa média miserável de 20%... Aliás, fosse oficiado nas igrejas portuguesas o rito latino-gregoriano em igualdade de circunstâncias com o rito paulino, e no prazo de seis meses a dois anos o rito tradicional registaria um enorme acréscimo de novos fiéis, especialmente jovens, em detrimento do rito reformado, a exemplo do que tem sucedido no resto do mundo católico, enquanto muitos outros fiéis reatariam a prática entretanto abandonada. De resto, este é exactamente o grande pavor inconfessado dos senhores bispos!
Assim, o cerne desta questão reside no facto de o episcopado lusitano se ter afastado no pós-V2 da teologia tradicional católica sobre o Santo Sacrifício da Missa definida explícita e infalivelmente pelo Concílio de Trento, adoptando antes o oposto daquela decorrente da heresia protestante, e que tão decisivamente influenciou o modernismo. Em consequência, os senhores bispos não conseguem tolerar um rito que afirma explicitamente a Missa como sendo a renovação não sangrenta do sacrifício de Cristo na Cruz, oferecido em apaziguamento não só dos pecados dos fiéis vivos com vista à obtenção das graças que permitam que estes se salvem para a vida eterna e evitem a perdição para sempre no Inferno, mas também a redução das penas e padecimentos dos fiéis defuntos no Purgatório, e muito menos conceber que o mesmo rito no seu momento mais solene - o Cânon Romano - proclame a Igreja Católica como sendo a Igreja de Cristo chefiada visivelmente pelo Papa e constituída por todos os crentes cultores da ortodoxia católica; a intercessão dos santos, muito em especial de Nossa Senhora; e a diferenciação explícita entre o sacerdócio do celebrante ordenado e o sacerdócio comum dos fiéis.
Efectivamente, como compatibilizar estas verdades fundamentais do Catolicismo expressadas pelo rito latino-gregoriano, tridentino ou de São Pio V, com o ecumenismo sincretista jacobino sufragado pelos senhores bispos, ao qual o rito paulino (em si mesmo, válido e não herético, mas teologicamente deficiente e imperfeito) tentou dar acolhimento no seio da Igreja? Impossível de tal ser feito! No rito tradicional não há lugar para a concepção herética protestante de que a Missa é uma mera refeição memorial da paixão e morte de Cristo, ou, quanto muito, um mero sacrifício de louvor sem natureza propiciatória; e, ainda menos, para as heresias da justificação e salvação universal de todos os homens independentemente dos seus méritos, ou do sacerdócio indiferenciado de todos os membros do "Povo de Deus".
Ora, pelo exposto, e não por outra causa, é que os nossos bispos não aceitam o rito tradicional, subjugados que estão pela heresia modernista.
Pelas mesmas razões, e passo à análise da segunda situação objecto deste artigo, conseguem agora compreender-se melhor as deploráveis afirmações produzidas pelo Presidente da Conferência Episcopal Portuguesa, o Arcebispo Primaz de Braga, D. Jorge Ortiga (foto acima), acerca do rito latino-gregoriano, em entrevista concedida ao "Expresso".
Diz o titular da arquidiocese de Braga, a qual em tempos históricos ainda não distantes costumava ser ocupada por homens que prestavam com frequência serviços relevantes à Igreja e à Pátria, que o Papa Bento XVI estabeleceu no "Summorum Pontificum" várias restrições à celebração da Missa tradicional! Todavia não esclarece quais sejam essas restrições, porque nem sequer pode fazê-lo, dado elas não existirem, bem sabendo que com tal afirmação está a inverter audazmente e por completo as verdadeiras intenções do Sumo Pontífice Romano. Pateticamente, em defesa da sua estranha posição - cujos verdadeiros motivos já se viu quais sejam na primeira parte deste artigo - sustenta que muitos dos sacerdotes ordenados nos anos mais recentes desconhecem a língua latina. Tal ponto de vista seria cómico, não fosse tão trágico e sintomaticamente elucidativo do caótico estado a que chegaram os seminários nacionais, presentemente locais de autêntica heterodoxia anticatólica a merecerem uma demorada e minuciosa visita por parte de uma Cardeal inspector vindo directamente de Roma. É que, tanto quanto sei, o latim continua a ser a língua oficial da Igreja Católica, na qual todos os seus documentos oficiais são redigidos, e ainda a língua litúrgica da Igreja do Ocidente. Parece que aqui os bispos portugueses, com o presidente da Conferência Episcopal à cabeça, se olvidaram do prescrito na encíclica "Veterum Sapientiae", do… Papa João XXIII.
É certo que Dom Jorge Ortiga, ao menos em teoria, não refuta totalmente a possibilidade de a Missa ser celebrada segundo o rito latino-gregoriano, mas sempre acrescenta que tais celebrações não podem ser ocasião de afirmação de uma mentalidade pré-V2. Uma mentalidade pré-V2?!!! Estranho conceito que provocaria legítimas interrogações a Santo Atanásio, Santo Agostinho, São Tomás de Aquino, São Pio V, São Leonardo de Porto Maurício, Santo Afonso Maria do Ligório, São João Maria Vianney ou São Pio X! O que é isso?!!! Na Missa de rito latino-gregoriano acentua-se única e exclusivamente - sim - a essência católica de todos os que nela participam, cada um na sua função! Uma vez mais D. Jorge Ortiga desilude: à revelia do magistério do Santo Padre sobre a hermenêutica da continuidade, supondo-se ainda algures nos anos 60/80, entre os pontificados de Paulo VI e João Paulo II, afirma-se propugnador do "espírito do V-2" e da hermenêutica da ruptura a ele adstrito, como se porventura a tradição inexistisse e a Igreja tivesse começado em tão-só em 1965.
Primeiramente, durante a visita "ad limina" que fizeram a Roma, e mau-grado a severa repreensão que o Santo Padre Bento XVI justamente lhes ministrou, Suas Excelências Reverendíssimas nem por isso tiveram pejo em afirmar, a propósito da promulgação do Motu Proprio "Summorum Pontificum", que em Portugal existe pouca apetência pela Missa tradicional. Não nego tal factualidade, mas essa pouca apetência é essencialmente imputável aos senhores bispos em razão da concepção doutrinária herética modernista que perfilham sobre a Missa, e não ao desinteresse dos fiéis, como os mesmos pretenderam fazer crer em Roma.
Na verdade, tenho conhecimento de que durante a vigência do Motu Proprio "Ecclesia Dei", do Papa João Paulo II, numa diocese portuguesa, e pelo menos por duas vezes, foram encetadas as necessárias diligências (nas quais, sublinho, não participei) junto do respectivo bispo titular para que este autorizasse a celebração da Missa segundo o rito tradicional; porém, o mesmo não só não deu qualquer provimento a tais diligências, como ao invés as frustrou liminarmente. E, de facto, se existe um rito pelo qual os católicos revelam pouca apetência, esse é seguramente o rito paulino resultante da reforma litúrgica de 1969, responsável - em conjunto com a secularização galopante das sociedades ocidentais - pela queda abrupta da prática religiosa entre os crentes, devido ao completo desprovimento de espírito de fé católica de que padece, cifrando-se por esta razão entre nós, na actualidade, a prática dominical numa média miserável de 20%... Aliás, fosse oficiado nas igrejas portuguesas o rito latino-gregoriano em igualdade de circunstâncias com o rito paulino, e no prazo de seis meses a dois anos o rito tradicional registaria um enorme acréscimo de novos fiéis, especialmente jovens, em detrimento do rito reformado, a exemplo do que tem sucedido no resto do mundo católico, enquanto muitos outros fiéis reatariam a prática entretanto abandonada. De resto, este é exactamente o grande pavor inconfessado dos senhores bispos!
Assim, o cerne desta questão reside no facto de o episcopado lusitano se ter afastado no pós-V2 da teologia tradicional católica sobre o Santo Sacrifício da Missa definida explícita e infalivelmente pelo Concílio de Trento, adoptando antes o oposto daquela decorrente da heresia protestante, e que tão decisivamente influenciou o modernismo. Em consequência, os senhores bispos não conseguem tolerar um rito que afirma explicitamente a Missa como sendo a renovação não sangrenta do sacrifício de Cristo na Cruz, oferecido em apaziguamento não só dos pecados dos fiéis vivos com vista à obtenção das graças que permitam que estes se salvem para a vida eterna e evitem a perdição para sempre no Inferno, mas também a redução das penas e padecimentos dos fiéis defuntos no Purgatório, e muito menos conceber que o mesmo rito no seu momento mais solene - o Cânon Romano - proclame a Igreja Católica como sendo a Igreja de Cristo chefiada visivelmente pelo Papa e constituída por todos os crentes cultores da ortodoxia católica; a intercessão dos santos, muito em especial de Nossa Senhora; e a diferenciação explícita entre o sacerdócio do celebrante ordenado e o sacerdócio comum dos fiéis.
Efectivamente, como compatibilizar estas verdades fundamentais do Catolicismo expressadas pelo rito latino-gregoriano, tridentino ou de São Pio V, com o ecumenismo sincretista jacobino sufragado pelos senhores bispos, ao qual o rito paulino (em si mesmo, válido e não herético, mas teologicamente deficiente e imperfeito) tentou dar acolhimento no seio da Igreja? Impossível de tal ser feito! No rito tradicional não há lugar para a concepção herética protestante de que a Missa é uma mera refeição memorial da paixão e morte de Cristo, ou, quanto muito, um mero sacrifício de louvor sem natureza propiciatória; e, ainda menos, para as heresias da justificação e salvação universal de todos os homens independentemente dos seus méritos, ou do sacerdócio indiferenciado de todos os membros do "Povo de Deus".
Ora, pelo exposto, e não por outra causa, é que os nossos bispos não aceitam o rito tradicional, subjugados que estão pela heresia modernista.
Pelas mesmas razões, e passo à análise da segunda situação objecto deste artigo, conseguem agora compreender-se melhor as deploráveis afirmações produzidas pelo Presidente da Conferência Episcopal Portuguesa, o Arcebispo Primaz de Braga, D. Jorge Ortiga (foto acima), acerca do rito latino-gregoriano, em entrevista concedida ao "Expresso".
Diz o titular da arquidiocese de Braga, a qual em tempos históricos ainda não distantes costumava ser ocupada por homens que prestavam com frequência serviços relevantes à Igreja e à Pátria, que o Papa Bento XVI estabeleceu no "Summorum Pontificum" várias restrições à celebração da Missa tradicional! Todavia não esclarece quais sejam essas restrições, porque nem sequer pode fazê-lo, dado elas não existirem, bem sabendo que com tal afirmação está a inverter audazmente e por completo as verdadeiras intenções do Sumo Pontífice Romano. Pateticamente, em defesa da sua estranha posição - cujos verdadeiros motivos já se viu quais sejam na primeira parte deste artigo - sustenta que muitos dos sacerdotes ordenados nos anos mais recentes desconhecem a língua latina. Tal ponto de vista seria cómico, não fosse tão trágico e sintomaticamente elucidativo do caótico estado a que chegaram os seminários nacionais, presentemente locais de autêntica heterodoxia anticatólica a merecerem uma demorada e minuciosa visita por parte de uma Cardeal inspector vindo directamente de Roma. É que, tanto quanto sei, o latim continua a ser a língua oficial da Igreja Católica, na qual todos os seus documentos oficiais são redigidos, e ainda a língua litúrgica da Igreja do Ocidente. Parece que aqui os bispos portugueses, com o presidente da Conferência Episcopal à cabeça, se olvidaram do prescrito na encíclica "Veterum Sapientiae", do… Papa João XXIII.
É certo que Dom Jorge Ortiga, ao menos em teoria, não refuta totalmente a possibilidade de a Missa ser celebrada segundo o rito latino-gregoriano, mas sempre acrescenta que tais celebrações não podem ser ocasião de afirmação de uma mentalidade pré-V2. Uma mentalidade pré-V2?!!! Estranho conceito que provocaria legítimas interrogações a Santo Atanásio, Santo Agostinho, São Tomás de Aquino, São Pio V, São Leonardo de Porto Maurício, Santo Afonso Maria do Ligório, São João Maria Vianney ou São Pio X! O que é isso?!!! Na Missa de rito latino-gregoriano acentua-se única e exclusivamente - sim - a essência católica de todos os que nela participam, cada um na sua função! Uma vez mais D. Jorge Ortiga desilude: à revelia do magistério do Santo Padre sobre a hermenêutica da continuidade, supondo-se ainda algures nos anos 60/80, entre os pontificados de Paulo VI e João Paulo II, afirma-se propugnador do "espírito do V-2" e da hermenêutica da ruptura a ele adstrito, como se porventura a tradição inexistisse e a Igreja tivesse começado em tão-só em 1965.
domingo, dezembro 02, 2007
No hay que leer entre líneas
La última Encíclica del Santo Padre sobre la Esperanza da algunos motivos de esperanza.
En primer lugar en toda la Encíclica no hay ni una sola referencia al Vaticano II. Compárese esto, por ejemplo, con las tautologías de la época de Juan Pablo II, donde toda referencia era –única y exclusivamente- del Vaticano II. Está claro que Benedicto XVI tiene una idea clara de que la Iglesia tiene 2000 años o, incluso, 6000. Porque todas las Profecías del Antiguo Testamento tienen su cumplimiento en Cristo. Y es que la Iglesia que Nuestro Señor fundó no empieza en el Vaticano II. Y todo esto dejando de lado la pobreza doctrinal y la anfibología calculada del Vaticano II. Y todo esto dejando de lado que el Concilio Vaticano II es pastoral, no dogmático, como así quiso que fuera Pablo VI. El caso es que para esta Encíclica Benedicto XVI no ha contado con el Vaticano II. ¡Qué Dios le bendiga!
En segundo lugar analiza el Santo Padre en dicha Encíclica la íntima conexión que existe entre el Bautismo y la Esperanza. No es novedoso este tema, pues ya fue tocado por más teólogos en el pasado. Lo que sí es relevante es que Benedicto XVI no sigue la liturgia moderno/modernista al uso, sino que sigue, al desmenuzar concienzudamente la Liturgia del Sacramento del Bautismo, la Liturgia de siempre, la Tridentina. Todo un mensaje de fondo para tanto tóxico en posiciones del Alto Clero cuyo desprecio por la Tradición es hiriente.
Lo mejor de todo es que esta pseudoiglesia modernista se muere. Por falta de vocaciones, por inanición, por falta de sustancia, por ramplonería, por horterada, por feísmo, por protestantización, por falta de principios, por incoherencia ... Esta pseudoiglesia modernista, la misma que desprecia la Liturgia sempiterna, la misma cuyo único leit motiv es el ataque a la Tradición, tiene los años contados. Así reviente. Cuanto antes, tanto mejor.
Benedicto XVI, en su empeño de restaurar la Iglesia, no va a sacar petróleo de liturgias adulteradas. Va a las fuentes de agua viva: a la Tradición misma. Sólo en la Tradición hay Vida.
De los Obispos, particularmente de los Obispos portugueses y españoles, no se debería esperar nada. Empero, del Obispo de Roma, del Santo Padre, cabe seguir teniendo esperanza.
A buen entendedor, pocas palabras sobran. No hay que leer entre líneas.
Rafael Castela Santos
En primer lugar en toda la Encíclica no hay ni una sola referencia al Vaticano II. Compárese esto, por ejemplo, con las tautologías de la época de Juan Pablo II, donde toda referencia era –única y exclusivamente- del Vaticano II. Está claro que Benedicto XVI tiene una idea clara de que la Iglesia tiene 2000 años o, incluso, 6000. Porque todas las Profecías del Antiguo Testamento tienen su cumplimiento en Cristo. Y es que la Iglesia que Nuestro Señor fundó no empieza en el Vaticano II. Y todo esto dejando de lado la pobreza doctrinal y la anfibología calculada del Vaticano II. Y todo esto dejando de lado que el Concilio Vaticano II es pastoral, no dogmático, como así quiso que fuera Pablo VI. El caso es que para esta Encíclica Benedicto XVI no ha contado con el Vaticano II. ¡Qué Dios le bendiga!
En segundo lugar analiza el Santo Padre en dicha Encíclica la íntima conexión que existe entre el Bautismo y la Esperanza. No es novedoso este tema, pues ya fue tocado por más teólogos en el pasado. Lo que sí es relevante es que Benedicto XVI no sigue la liturgia moderno/modernista al uso, sino que sigue, al desmenuzar concienzudamente la Liturgia del Sacramento del Bautismo, la Liturgia de siempre, la Tridentina. Todo un mensaje de fondo para tanto tóxico en posiciones del Alto Clero cuyo desprecio por la Tradición es hiriente.
Lo mejor de todo es que esta pseudoiglesia modernista se muere. Por falta de vocaciones, por inanición, por falta de sustancia, por ramplonería, por horterada, por feísmo, por protestantización, por falta de principios, por incoherencia ... Esta pseudoiglesia modernista, la misma que desprecia la Liturgia sempiterna, la misma cuyo único leit motiv es el ataque a la Tradición, tiene los años contados. Así reviente. Cuanto antes, tanto mejor.
Benedicto XVI, en su empeño de restaurar la Iglesia, no va a sacar petróleo de liturgias adulteradas. Va a las fuentes de agua viva: a la Tradición misma. Sólo en la Tradición hay Vida.
De los Obispos, particularmente de los Obispos portugueses y españoles, no se debería esperar nada. Empero, del Obispo de Roma, del Santo Padre, cabe seguir teniendo esperanza.
A buen entendedor, pocas palabras sobran. No hay que leer entre líneas.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
domingo, dezembro 02, 2007
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
quarta-feira, novembro 14, 2007
En un mes de Octubre de hace 476 años
… la Cristiandad detuvo al Islam al vencer, y sin paliativos, al turco. Nos lo cuenta en un bello artículo la ágil pluma de José Javier Esparza y ya nos lo había contado Don Miguel de Cervantes, que allí perdió un brazo, “en la más alta ocasión que vieron los siglos”.
Pues eso: no sólo en aquel mes del Rosario, sino en todos los meses de todos los años, la mejor arma para detener al Islam será, una vez más, rezar el Rosario. Como precisamente acababan de hacer todos aquellos miles de españoles, genoveses, romanos y demás.
Como después en la Cruzada de 1936 contra la hidra roja. Como en Austria, de donde los rusos fueron expulsados. Como antes cuando el gnosticismo cátaro-albigense amenazaba no ya el mediodía francés, sino toda Europa. Como tantas y tantas veces ...
Redoblemos pues nuestros esfuerzos en esta oración que la Virgen María misma entregó a Santo Domingo. Ella, que es como un ejército poderosísimo en formación de combate, nos dio la pauta.
¿No nos dijo acaso la Virgen en Fátima que no hay problema que no encuentre su solución en el Rosario?
Oremus.
Rafael Castela Santos
Pues eso: no sólo en aquel mes del Rosario, sino en todos los meses de todos los años, la mejor arma para detener al Islam será, una vez más, rezar el Rosario. Como precisamente acababan de hacer todos aquellos miles de españoles, genoveses, romanos y demás.
Como después en la Cruzada de 1936 contra la hidra roja. Como en Austria, de donde los rusos fueron expulsados. Como antes cuando el gnosticismo cátaro-albigense amenazaba no ya el mediodía francés, sino toda Europa. Como tantas y tantas veces ...
Redoblemos pues nuestros esfuerzos en esta oración que la Virgen María misma entregó a Santo Domingo. Ella, que es como un ejército poderosísimo en formación de combate, nos dio la pauta.
¿No nos dijo acaso la Virgen en Fátima que no hay problema que no encuentre su solución en el Rosario?
Oremus.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quarta-feira, novembro 14, 2007
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
segunda-feira, novembro 12, 2007
CIEL 2007

O presidente do Centro Internacional de Estudos Litúrgicos (CIEL), Loïc Mérian, enviou-me um correio electrónico a anunciar as jornadas CIEL 2007, que se realizarão já nos próximos dias 14 a 18, este ano em Roma. Não poderei estar presente, embora o excelente programa previsto a isso me tentasse. Aqui o deixo aos meus leitores, esperando ler brevemente notícias sobre estas jornadas no "The New Liturgical Movement" e no "Le Salon Beige".
O que se passa em Espanha

Em Março de 2007, o então Bispo de Pamplona (diocese onde se celebra regularmente a Missa de rito latino-gregoriano), Monsenhor Fernando Sebastián Aguilar, publicou uma interessantíssima carta pastoral na qual analisa o ambiente político que presentemente se vive em Espanha e a forma como o mesmo se repercute na situação actual da Igreja Católica no país vizinho. Trata-se de um documento notável, que peca apenas por cair na tentação de defender a falsa concepção de liberdade religiosa do pós-V2. A sua leitura integral, que aconselho, pode ser feita aqui. Por ora, deixo publicados neste espaço algumas passagens mais significativas, susceptíveis de terem também aplicação, nas devidas proporções, à conjuntura portuguesa:
(...)
Más recientemente, el laicismo vuelve a resurgir en los últimos años del franquismo y en los meses de la transición. Podríamos recordar muchos pronunciamientos, como p.e. el llamado “Documento rojo” del PSOE sobre la enseñanza. Después de un tiempo de tensiones y titubeos, la transición clarificada y aceptada como una operación de CONSENSO, significa un esfuerzo de reconciliación, con la voluntad de superar las tensiones e incomprensiones del pasado. En la fase preconstitucional se elaboran cinco líneas de pacto o de consenso: monarquía o república, capitalismo o socialismo, centralismo o autonomismo, continuidad o revolución, confesionalidad o laicismo. El articulo 16 de la Constitución es fruto de un pacto general.
Con el gobierno Zapatero han quedado cuestionados estos pactos constitucionales. Se considera que la transición estuvo demasiado condicionada por el franquismo. Por lo que a nosotros nos interesa, la aconfesionalidad descrita en el art. 16 se quiere interpretar en el sentido de un laicismo excluyente que no aparece en nuestra Constitución. Se pretende imponer el laicismo estricto como ideología dominante y excluyente. Da la impresión de que el equipo del Gobierno actúa como si la Transición hubiera estado demasiado condicionada por el franquismo, como si no hubiera sido un acto legítimo del pueblo soberano. La verdadera soberanía estaría mejor expresada en la Constitución del 31. Según esta mentalidad, en la actualidad tendríamos que empalmar con la legitimidad democrática de la IIª República saltándonos más de setenta años de historia. ¿Quiere esto decir que se quiere también volver al laicismo excluyente de los art. 26 y 27 de la Constitución republicana? Sería una decisión arbitraria muy peligrosa.
Directamente este proyecto puede no estar pensado contra la Iglesia. Quizás lo que se pretende directamente es cerrar el camino del poder a la derecha, con el fin de perpetuarse en el poder. De todos modos en lo que ahora se llama despectiva e injustamente, “extrema derecha”, aunque sea injusto y carente de lógica, queda también incluida la Iglesia, por la menos la Iglesia jerárquica, la Iglesia ortodoxa, da igual la de Juan Pablo II que la de Benedicto XVI. Solo se salvaría de esta exclusión la Iglesia “progresista” es decir, la Iglesia enfrentada con la jerarquía, los grupos cristianos más condescendientes con los gustos de la cultura secularista y agnóstica. Esto es lo que aparece en el Pacto del Tinell. Es el proyecto de formar una sociedad democrática sólo con la izquierda. Porque la derecha es franquista, es extrema derecha no democrática. La nueva mayoría obtenida por el PSOE mediante los acuerdos con la extrema izquierda y los nacionalistas radicales ha abierto la posibilidad de una política de cambio cultural que se parece mucho a una verdadera revolución cultural, en la cual uno de los cambios fundamentales sería la implantación del laicismo excluyente y la consecuente marginación no sólo de la Iglesia sino del cristianismo.
(...)
Es conocido de todos el Manifiesto socialista aparecido con ocasión del XXº aniversario de la Constitución con el nombre de “Democracia, Laicismo y Educación para la Ciudadanía”. Su contenido se puede resumir en dos afirmaciones y un corolario.
1ª, Las religiones monoteístas son fundamentalistas, fuentes de conflictos, incompatibles con la democracia.
2ª, Es preciso edificar la convivencia democrática sobre otros principios éticos sin ninguna referencia religiosa que sean como la base moral de la democracia. Es competencia del Gobierno formular y proponer a la sociedad este denominador común de los principios éticos democráticos. Esta base moral de la democracia no puede consistir en el reconocimiento de ninguna ley moral objetiva y vinculante, en un Estado no confesional (laico) la moral sólo puede ser consensuada y contingente, mudable, lo moral es lo legal.
Corolario: La nueva asignatura escolar “Educación para la Ciudadanía” es el instrumento principal para la implantación de esta moral cívica.
Es justo advertir que este Manifiesto que nació con la pretensión de que fuera asumido oficialmente por el PSOE no llegó a serlo. Pero no deja de ser expresión de lo que piensan hoy muchos de los socialistas influyentes y dirigentes.
No es fácil describir la ideología vigente actualmente en el PSOE y en el equipo de Gobierno. Me inclino a pensar que es un laicismo romántico y radical que históricamente se elabora a partir del antifranquismo erigido como ideología. El contenido de esta ideología, en sus rasgos esenciales, sería algo parecido a esto: La República era democrática y justa, los sublevados fueron el mal absoluto, la destrucción del orden republicano y democrático. Nada de lo que nace del franquismo puede ser considerado políticamente válido. La transición democrática del 78 tampoco es aceptable. Se tendría que haber hecho borrón y cuenta nueva. Recordemos que la tesis defendida por el Partido Socialista, en un primer momento, era la de la ruptura institucional y política, que suponía eliminar los puntos de vista y las instituciones de los vencedores, buscando la continuidad con los puntos de vista y las instituciones de la República, aunque fuera dejando fuera la media España que veía las cosas de otra manera. En esta mentalidad no se tiene en cuenta que este planteamiento vuelve a levantar los enfrentamientos de aquel período, mantiene los exclusivismos que dieron lugar a la guerra civil, que se fueron mitigando lentamente durante los largos años del franquismo, y luego en la Constitución consensuada quisimos expresamente superar. A partir de la Constitución del 78 ya no hay ni franquistas ni antifranquistas. Todos fueron reconocidos como demócratas. Ni los partidos ni las clasificaciones coinciden con las anteriores. Era un principio nuevo, sin vencedores ni vencidos. Ahora en cambio se quieren recuperar las clasificaciones de antaño, las derechas son franquistas y solo las instituciones y personas izquierdas son verdaderamente democráticas. Como no podía ser menos, se desconoce la contribución histórica de la Iglesia al advenimiento de la democracia, se la presenta como aliada del franquismo, fuente de sentimientos autoritarios, y en consecuencia incompatible con una verdadera democracia.
Si parece que este análisis es parcial o exagerado, basta con atenerse a los hechos: Pacto del Tinell, leyes de enseñanza, dificultades para la clase de religión, criterios sobre el aborto y sexualidad, disolución del concepto de matrimonio, divorcio exprés y sin razones, fecundación in vitro, clonación, manipulación de embriones, ideología de género, negación de la moral objetiva, encumbramiento de las instituciones políticas como fuente de moralidad, alianza con los grandes medios de comunicación, pacto con los partidos nacionalistas y de extrema izquierda, forma negociada de terminar con el terrorismo, exclusión del PP de la alternancia en el poder.
(...)
(...) existe también un rechazo real de la Iglesia en muchos cristianos, o por lo menos una connivencia con los rechazos provenientes de los no cristianos, que comparten el reconocimiento de los criterios de la cultura dominante y piensan que la Iglesia tendría que cambiar para acomodarse a los postulados de la modernidad en sus pronunciamientos doctrinales y sobre todo en sus enseñanzas morales. Se oye muchas veces “La Iglesia tiene que cambiar”. En el fondo con ello se quiere decir que tiene que acomodar sus enseñanzas morales a lo que es uso común en la sociedad actual, en temas de moral sexual, divorcio, familia, control de la fertilidad, bioética, etc. ¿Por qué no aceptar también el aborto, la eutanasia, las mentiras y estafas tan frecuentes, las mil injusticias económicas existentes? Así se acabarían los conflictos. Y también se acabaría la verdad del cristianismo.
No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás sin darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto de la Iglesia católica y del mismo cristianismo. Se da por supuesto que la Iglesia del Papa y de los Obispos, la Iglesia católica en cuanto tal, es esencialmente fundamentalista, atrabiliaria, irracional e intransigente, contraria a la ciencia y a la libertad, y por eso mismo anacrónica, incompatible con la democracia y con el verdadero progreso de la humanidad, por lo cual, por métodos más o menos tolerables, se quiere disminuir la influencia de la Iglesia en la vida social y por eso mismo desprestigiarla y debilitarla numéricamente y espiritualmente. En realidad, lo que estamos viviendo no es un enfrentamiento político de más o menos hondura, no es un enfrentamiento entre derechas e izquierdas, sino que es un enfrentamiento mucho más radical entre una concepción religiosa y una concepción atea de la sociedad y de la vida. Lo que está en debate es la decisión a favor de una cultura deísta previamente existente o de una cultura innovadora integralmente y consecuentemente atea. Esta disyuntiva es la que está en el fondo y en buena parte en el origen de las divergencias en la valoración y en la interpretación de la realidad histórica de España, así como en el deseo de construir una nueva sociedad y una nueva España que requiere la mutación y hasta la quiebra institucional y cultural de la España tradicional.
Como remate final da citação feita, e para compreensão de todo o exposto, sugiro ainda a leitura desta entrevista politicamente incorrectíssima concedida pelo historiador Ricardo de la Cierva, há dois anos atrás, à Solidaridad.Net.
(...)
Más recientemente, el laicismo vuelve a resurgir en los últimos años del franquismo y en los meses de la transición. Podríamos recordar muchos pronunciamientos, como p.e. el llamado “Documento rojo” del PSOE sobre la enseñanza. Después de un tiempo de tensiones y titubeos, la transición clarificada y aceptada como una operación de CONSENSO, significa un esfuerzo de reconciliación, con la voluntad de superar las tensiones e incomprensiones del pasado. En la fase preconstitucional se elaboran cinco líneas de pacto o de consenso: monarquía o república, capitalismo o socialismo, centralismo o autonomismo, continuidad o revolución, confesionalidad o laicismo. El articulo 16 de la Constitución es fruto de un pacto general.
Con el gobierno Zapatero han quedado cuestionados estos pactos constitucionales. Se considera que la transición estuvo demasiado condicionada por el franquismo. Por lo que a nosotros nos interesa, la aconfesionalidad descrita en el art. 16 se quiere interpretar en el sentido de un laicismo excluyente que no aparece en nuestra Constitución. Se pretende imponer el laicismo estricto como ideología dominante y excluyente. Da la impresión de que el equipo del Gobierno actúa como si la Transición hubiera estado demasiado condicionada por el franquismo, como si no hubiera sido un acto legítimo del pueblo soberano. La verdadera soberanía estaría mejor expresada en la Constitución del 31. Según esta mentalidad, en la actualidad tendríamos que empalmar con la legitimidad democrática de la IIª República saltándonos más de setenta años de historia. ¿Quiere esto decir que se quiere también volver al laicismo excluyente de los art. 26 y 27 de la Constitución republicana? Sería una decisión arbitraria muy peligrosa.
Directamente este proyecto puede no estar pensado contra la Iglesia. Quizás lo que se pretende directamente es cerrar el camino del poder a la derecha, con el fin de perpetuarse en el poder. De todos modos en lo que ahora se llama despectiva e injustamente, “extrema derecha”, aunque sea injusto y carente de lógica, queda también incluida la Iglesia, por la menos la Iglesia jerárquica, la Iglesia ortodoxa, da igual la de Juan Pablo II que la de Benedicto XVI. Solo se salvaría de esta exclusión la Iglesia “progresista” es decir, la Iglesia enfrentada con la jerarquía, los grupos cristianos más condescendientes con los gustos de la cultura secularista y agnóstica. Esto es lo que aparece en el Pacto del Tinell. Es el proyecto de formar una sociedad democrática sólo con la izquierda. Porque la derecha es franquista, es extrema derecha no democrática. La nueva mayoría obtenida por el PSOE mediante los acuerdos con la extrema izquierda y los nacionalistas radicales ha abierto la posibilidad de una política de cambio cultural que se parece mucho a una verdadera revolución cultural, en la cual uno de los cambios fundamentales sería la implantación del laicismo excluyente y la consecuente marginación no sólo de la Iglesia sino del cristianismo.
(...)
Es conocido de todos el Manifiesto socialista aparecido con ocasión del XXº aniversario de la Constitución con el nombre de “Democracia, Laicismo y Educación para la Ciudadanía”. Su contenido se puede resumir en dos afirmaciones y un corolario.
1ª, Las religiones monoteístas son fundamentalistas, fuentes de conflictos, incompatibles con la democracia.
2ª, Es preciso edificar la convivencia democrática sobre otros principios éticos sin ninguna referencia religiosa que sean como la base moral de la democracia. Es competencia del Gobierno formular y proponer a la sociedad este denominador común de los principios éticos democráticos. Esta base moral de la democracia no puede consistir en el reconocimiento de ninguna ley moral objetiva y vinculante, en un Estado no confesional (laico) la moral sólo puede ser consensuada y contingente, mudable, lo moral es lo legal.
Corolario: La nueva asignatura escolar “Educación para la Ciudadanía” es el instrumento principal para la implantación de esta moral cívica.
Es justo advertir que este Manifiesto que nació con la pretensión de que fuera asumido oficialmente por el PSOE no llegó a serlo. Pero no deja de ser expresión de lo que piensan hoy muchos de los socialistas influyentes y dirigentes.
No es fácil describir la ideología vigente actualmente en el PSOE y en el equipo de Gobierno. Me inclino a pensar que es un laicismo romántico y radical que históricamente se elabora a partir del antifranquismo erigido como ideología. El contenido de esta ideología, en sus rasgos esenciales, sería algo parecido a esto: La República era democrática y justa, los sublevados fueron el mal absoluto, la destrucción del orden republicano y democrático. Nada de lo que nace del franquismo puede ser considerado políticamente válido. La transición democrática del 78 tampoco es aceptable. Se tendría que haber hecho borrón y cuenta nueva. Recordemos que la tesis defendida por el Partido Socialista, en un primer momento, era la de la ruptura institucional y política, que suponía eliminar los puntos de vista y las instituciones de los vencedores, buscando la continuidad con los puntos de vista y las instituciones de la República, aunque fuera dejando fuera la media España que veía las cosas de otra manera. En esta mentalidad no se tiene en cuenta que este planteamiento vuelve a levantar los enfrentamientos de aquel período, mantiene los exclusivismos que dieron lugar a la guerra civil, que se fueron mitigando lentamente durante los largos años del franquismo, y luego en la Constitución consensuada quisimos expresamente superar. A partir de la Constitución del 78 ya no hay ni franquistas ni antifranquistas. Todos fueron reconocidos como demócratas. Ni los partidos ni las clasificaciones coinciden con las anteriores. Era un principio nuevo, sin vencedores ni vencidos. Ahora en cambio se quieren recuperar las clasificaciones de antaño, las derechas son franquistas y solo las instituciones y personas izquierdas son verdaderamente democráticas. Como no podía ser menos, se desconoce la contribución histórica de la Iglesia al advenimiento de la democracia, se la presenta como aliada del franquismo, fuente de sentimientos autoritarios, y en consecuencia incompatible con una verdadera democracia.
Si parece que este análisis es parcial o exagerado, basta con atenerse a los hechos: Pacto del Tinell, leyes de enseñanza, dificultades para la clase de religión, criterios sobre el aborto y sexualidad, disolución del concepto de matrimonio, divorcio exprés y sin razones, fecundación in vitro, clonación, manipulación de embriones, ideología de género, negación de la moral objetiva, encumbramiento de las instituciones políticas como fuente de moralidad, alianza con los grandes medios de comunicación, pacto con los partidos nacionalistas y de extrema izquierda, forma negociada de terminar con el terrorismo, exclusión del PP de la alternancia en el poder.
(...)
(...) existe también un rechazo real de la Iglesia en muchos cristianos, o por lo menos una connivencia con los rechazos provenientes de los no cristianos, que comparten el reconocimiento de los criterios de la cultura dominante y piensan que la Iglesia tendría que cambiar para acomodarse a los postulados de la modernidad en sus pronunciamientos doctrinales y sobre todo en sus enseñanzas morales. Se oye muchas veces “La Iglesia tiene que cambiar”. En el fondo con ello se quiere decir que tiene que acomodar sus enseñanzas morales a lo que es uso común en la sociedad actual, en temas de moral sexual, divorcio, familia, control de la fertilidad, bioética, etc. ¿Por qué no aceptar también el aborto, la eutanasia, las mentiras y estafas tan frecuentes, las mil injusticias económicas existentes? Así se acabarían los conflictos. Y también se acabaría la verdad del cristianismo.
No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás sin darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto de la Iglesia católica y del mismo cristianismo. Se da por supuesto que la Iglesia del Papa y de los Obispos, la Iglesia católica en cuanto tal, es esencialmente fundamentalista, atrabiliaria, irracional e intransigente, contraria a la ciencia y a la libertad, y por eso mismo anacrónica, incompatible con la democracia y con el verdadero progreso de la humanidad, por lo cual, por métodos más o menos tolerables, se quiere disminuir la influencia de la Iglesia en la vida social y por eso mismo desprestigiarla y debilitarla numéricamente y espiritualmente. En realidad, lo que estamos viviendo no es un enfrentamiento político de más o menos hondura, no es un enfrentamiento entre derechas e izquierdas, sino que es un enfrentamiento mucho más radical entre una concepción religiosa y una concepción atea de la sociedad y de la vida. Lo que está en debate es la decisión a favor de una cultura deísta previamente existente o de una cultura innovadora integralmente y consecuentemente atea. Esta disyuntiva es la que está en el fondo y en buena parte en el origen de las divergencias en la valoración y en la interpretación de la realidad histórica de España, así como en el deseo de construir una nueva sociedad y una nueva España que requiere la mutación y hasta la quiebra institucional y cultural de la España tradicional.
Como remate final da citação feita, e para compreensão de todo o exposto, sugiro ainda a leitura desta entrevista politicamente incorrectíssima concedida pelo historiador Ricardo de la Cierva, há dois anos atrás, à Solidaridad.Net.
sábado, novembro 03, 2007
Memória Histórica
Pobre Espanha! Quando as Cortes convidam um criminoso como o comunista Santiago Carrillo, o sanguinário assassino de Paracuellos del Jarama, para assistir em lugar de honra à aprovação da abjecta "Lei da Memória", algo vai muito mal no país vizinho, num sinal de que aí se perderam as mais elementares noções de decoro e vergonha, e se franqueou um novo limite de degradação moral e infâmia, insultando e executando uma segunda vez, agora simbolicamente mas sempre com crueldade, os milhares de vítimas deste algoz sem escrúpulos.
Ler também:
- o artigo que sobre a questão da "Lei da Memória" espanhola escreveu Dom Lourenço Fleichmann, na "Permanência";
- Pio Moa: "La Memória Histórica está hecha por quienes se identifican con los criminales".
Consultar ainda o excelente sítio "Persecución Religiosa" acerca do martírio da Igreja Católica sob a IIª República Espanhola, com especial incidência na figura dos beatificados no passado dia 28 de Outubro.
Mártires: testimonios

En la pasada Festividad de Cristo Rey se beatificó a casi 500 mártires. Mártires de la Cruzada española de 1936 donde la religión católica fue perseguida hasta extremos inenarrables. Dejando de lado las atrocidades del otro lado de la Cortina de Hierro, la persecución religiosa en España durante la Segunda República y durante la Guerra Civil constituyen la mayor persecución a católicos de la historia, superior incluso a la persecución de Diocleciano en Roma.
Sirvan las siguientes muestras:
«Monseñor Laplana era Obispo de Cuenca en 1936, detenido el 28 de julio junto a su mayordomo y su secretario por un grupo de milicianos fueron introducidos en un autobús y llevados a un punto de la carretera de Villar de Olalla, allí los milicianos discutieron la forma en que iban a asesinar a los religiosos, ya que algunos proponían matarles a hachazos. Se impuso el criterio del cabecilla, Emilio Sánchez Bermejo, y se les mató a tiros. Monseñor Lapana recibió un tiro en la palma de la mano mientras intentaba bendecir a sus asesinos, que el alcanzó en la cabeza. Después los milicianos izquierdistas se ensañaron con los cadáveres. En la exhumación, que tuvo lugar el 16 de octubre de 1940, se dio a conocer las brutalidades cometidas:«La tapa de los sesos, que le había sido saltada violentamente, estaba colocada junto al hombro derecho; las dos piernas le habían sido rotas a golpes por encima de las rodillas; una parte de sus piernas fueron quemadas y sus ropas habían sido presa del fuego».
Francisco Güell Albert, párroco de Bellprat. Detenido el 27 de julio, llevado por milicianos al lugar de Rocas de Paratge, recibió un disparo en la cabeza y otro en el vientre, empujado su cuerpo por un barranco fue dejado por muerto. Unos vecinos le encuentran aún vivo y el trasladan al hospital de Igualada, vísperas de su alta los milicianos alertados por un médico, le vuelven a apresar en el hospital, trasladan a Pla de les Malles, donde le asesinan definitivamente.
Antonio Sierra Leyva, ex beneficiado de la catedral de Guadix, golpeado brutalmente por milicianos para conseguir que blasfemara, tras no lograrlo, le rocían de gasolina y prenden fuego, enterrándole vivo mientras repetía en su agonía “Padre perdónalos”.
Antonio Roig Guash, Sacerdote en Formentera, apresado el 7 de agosto de 1936, los milicianos le dispararon varias veces en las piernas para conseguir que dijera “Muera Dios”, Muera Cristo”, el sacerdote contestó “Viva Cristo Rey”, tras lo que fue acribillado a tiros.
P. Perfecto Carrascosa, franciscano, que huyó del convento de San Antonio de la calle Duque de Sesto en Madrid, donde los rojos habían asesinado ya a tres frailes, a su pueblo natal Villacañas (Toledo). Allí es apresado y salvajemente torturado. Entre el 19 y el 23 de septiembre recibe varias palizas por parte de los milicianos que quieren que llame puta a su madre y a la Virgen María. El religioso contesta: “mi madre no pudo serlo; no lo ha sido; bien lo sabéis; más la Santísima Virgen fue siempre inmaculada”. Los milicianos le causaron quemaduras con velas, llegando a abrasarle los testículos y le hicieron tragar las velas encendidas, tras lo cual, fue fusilado cerca de Tembleque.” »
(artículo sacado de Minuto Digital que se puede terminar de leer aquí)
(RCS)
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
sábado, novembro 03, 2007
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
segunda-feira, outubro 29, 2007
Sus "Católicas" Majestades
Ni Don Juan Carlos estuvo ni la Casa Real mandó representación alguna a la beatificación de 498 españoles, mártires del sectarismo rojo. Ni Su Alteza Real Don Felipe tolera la más mínima presencia católica en sus actos protocolarios. Todo un signo patognomónico de quién está al frente en España.
Delenda est Monarchia.
Quizás sea por esto que el Cardenal Castrillón Hoyos sí se acerco a Don Sixto de Borbón en Roma. Don Sixto representa la rama legitimista y tradicional y carlista de la Casa Real española. Y Don Sixto sí que estuvo presente en la beatificación de los mártires. Todo un gesto que se explica a sí mismo.
¡Viva Don Sixto!
Y muchas gracias, Eminencia.
A buen entendedor …
Rafael Castela Santos
Delenda est Monarchia.
Quizás sea por esto que el Cardenal Castrillón Hoyos sí se acerco a Don Sixto de Borbón en Roma. Don Sixto representa la rama legitimista y tradicional y carlista de la Casa Real española. Y Don Sixto sí que estuvo presente en la beatificación de los mártires. Todo un gesto que se explica a sí mismo.
¡Viva Don Sixto!
Y muchas gracias, Eminencia.
A buen entendedor …
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
segunda-feira, outubro 29, 2007
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
domingo, outubro 28, 2007
Reflexão para a Festa de Cristo-Rei

Que sentido faz a Igreja pós-conciliar declarar a inexequibilidade do Reino Social de Nosso Senhor Jesus Cristo, sob pretexto da sua incompatibilidade com a contemporaneidade, e todavia continuar a rezar e a pedir no "Pai Nosso" "Venha a nós o vosso reino, seja feita a vossa vontade assim na terra como no Céu"? Nenhum...
A este respeito, e a propósito da Festa de Cristo-Rei, que no calendário litúrgico tradicional se comemora este Domingo, transcrevo oportuna reflexão de Monsenhor Lefebvre, efectuada originalmente numa célebre homília proferida na cidade francesa de Lille, em Agosto de 1976, e que mantém toda actualidade nos dias que correm:
On ne veut plus du règne social de Notre Seigneur Jésus-Christ, sous prétexte qu'il n'est plus possible. Mais une chose est que cela ne soit plus possible, autre chose est que nous prenions cela comme principe et que par conséquent nous ne recherchions plus ce règne de Notre Seigneur Jésus-Christ. Que disons-nous tous les jours dans le "Notre Père"? "Que votre règne arrive, que votre volonté soit fait sur la terre comme au Ciel". Qu'est-ce que c'est ce règne? De même dans le "Gloria" nous chantons: "Tu solus Dominus, Tu solus Altissimus Jesu Christe", "vous êtes le seul Seigneur, vous êtes le seul Trés-Haut, Jésus-Christ". Nous le chanterions, et dès que nous serions sortis, nous dirions: "Non, il ne faut plus que Notre Seigneur Jésus-Christ règne sur nous". Alors vivons-nous dans l'illogisme, sommes-nous catholiques ou non? Si nous sommes chrétiens, nous devons rechercher le règne de Notre Seigneur Jésus-Christ. La paix sur cette terre est à cette condition.
A este respeito, e a propósito da Festa de Cristo-Rei, que no calendário litúrgico tradicional se comemora este Domingo, transcrevo oportuna reflexão de Monsenhor Lefebvre, efectuada originalmente numa célebre homília proferida na cidade francesa de Lille, em Agosto de 1976, e que mantém toda actualidade nos dias que correm:
On ne veut plus du règne social de Notre Seigneur Jésus-Christ, sous prétexte qu'il n'est plus possible. Mais une chose est que cela ne soit plus possible, autre chose est que nous prenions cela comme principe et que par conséquent nous ne recherchions plus ce règne de Notre Seigneur Jésus-Christ. Que disons-nous tous les jours dans le "Notre Père"? "Que votre règne arrive, que votre volonté soit fait sur la terre comme au Ciel". Qu'est-ce que c'est ce règne? De même dans le "Gloria" nous chantons: "Tu solus Dominus, Tu solus Altissimus Jesu Christe", "vous êtes le seul Seigneur, vous êtes le seul Trés-Haut, Jésus-Christ". Nous le chanterions, et dès que nous serions sortis, nous dirions: "Non, il ne faut plus que Notre Seigneur Jésus-Christ règne sur nous". Alors vivons-nous dans l'illogisme, sommes-nous catholiques ou non? Si nous sommes chrétiens, nous devons rechercher le règne de Notre Seigneur Jésus-Christ. La paix sur cette terre est à cette condition.
Subscrever:
Mensagens (Atom)
