Prevengo a nuestros dos, o quizás tres, lectores (incluyendo a JSarto y a mí mismo en ese nutrido grupo) que el post que viene a continuación es largo: 4800 palabras.
Sebastián Randle es el autor de la biografía sobre el Padre Leonardo Castellani o del libro La Gran Conversación, donde Castellani tertulia con el Cardenal Newman. En el internet, y gracias a los buenos oficios de nuestros hermanos en la Fe de Stat Veritas, particularmente del buenazo de Don Mariano, se puede leer la conferencia de Sebastián Randle sobre los dones proféticos del Padre Castellani o escuchar al Padre de viva voz o incluso leer algo en inglés sobre él.
Don Sebastián Randle es hijo de Don Patricio Randle, del “viejo Randle”, como le dicen por aquellos pagos, que fuera profesor de Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, y cuya obra ensayística es en extremo interesante. A botepronto recomendaría su libro contra el cientifismo (como algo opuesto a lo científico) y su librito “La guerra inconclusa del Atlántico Sur”.
Pues Sebas Randle nos obsequia en primicia para A Casa de Sarto con un texto suyo de corte escolástico-tomista acabado, sagaz y penetrante sobre si un culto indecoroso (como sería –y esta apostilla es mía- el del Novus Ordo, por ejemplo), puede agradar a Dios. Más que glosar yo este fenomenal trabajito de Sebastián Randle es mejor sumergirse en él. Apreciará uno su fineza, por ejemplo, al abordar la ekumene (que no ecumenismo) imposible con anglocatólicos y ortodoxos por mor del espíritu bajoprotestantista que parece inspira a la liturgia post-Vaticano II.
Sin más, pero sin dejar de rogar a Stat Veritas que incluyan este trabajo en su página, les dejo con Sebastián Randle. De la mano de él A Casa de Sarto hoy está honda, profunda y firmemente anclada en los presupuestos teológicos y metafísicos con los que tanto se identifica esta casa.
(RCS)
De si un culto indecoroso puede agradar a Dios.
Dificultades: Parece que un culto externamente indecoroso puede agradar a Dios.
1.- Que el Apóstol Pablo (Hebreos I:2) ha dicho que la novedad del culto cristiano está en su fundamento que es el sacrificio perfecto y definitivo de Cristo, Hijo de Dios. De tal manera que en la presente dispensación todo culto verdadero fluye del costado del cuerpo de Cristo quién en su pasión y muerte “se ofreció una sola vez” (Hebreos, IX:8) entregándose “por nosotros como oblación y víctima a Dios” (Efesios V:2), razón por la cual todo culto agradable a Dios no será sino mística reproducción de aquel sacrificio arquetípico. Ahora bien, en aquella oportunidad en su manifestación exterior aquel sumo sacrificio resultó indecoroso en varios registros según aquello del Deuteronomio (XXI:23) “Maldito es de Dios el que es colgado de un madero”: así, la víctima compareció desfigurada, como anticipó el Profeta puesto que no tenía “ni apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas, ni aspecto que nos agrade” (Is. LIII:2). En efecto, la víctima apareció como “el desecho de los hombres [...] como alguien de quien uno aparta su rostro, le deshonramos y le desestimamos” (Is. LIII:3). Y Cristo sacerdote antes de morir sacrificado en la Cruz rezó con las palabras del salmista diciendo que era “gusano y no hombre, oprobio de los hombres y desecho de la plebe” (Ps. XXII:7). Por lo demás, a excepción de unos pocos¾¾y de modo singular su Santísima Madre¾¾la conducta de quienes asistieron a este sacrificio fue del todo indecorosa, meneando la cabeza, blasfemando, escarneciendo e injuriándolo (Mc. XV:29-31). En efecto los allí presentes lo desnudaron, insultaron, se burlaban de El (Mt. XXVII:35, 39, 41) y en general lo zahirieron de todas las maneras posibles (Lc. XXIII:35), tal como lo había profetizado el Salmista (Ps. XXII:8). O bien, como lo expresa el Aquinate (S. Th. III, q. XLVI, a. 5), “Cristo sufrió en sus amigos que le abandonaban; en su reputación, por las blasfemias proferidas contra El; en su honra y gloria, por las burlas y afrentas que se le causaron; en sus cosas, porque hasta fue despojado de sus vestidos; en su alma, por la tristeza, tedio y temor; y en su cuerpo, por las heridas y azotes”. Y sin embargo este sacrificio resultó eminentemente agradable a Dios y si algún culto le agrada es por razón de la pasión y muerte de su Hijo. Luego, si todo culto externamente verdadero procede de éste, se sigue que un culto indecoroso puede agradarle.
2.- Que el Apóstol (Hebreos X:10) ha dicho que “hemos sido santificados de una vez y para siempre por la oblación del cuerpo de Jesucristo” y por consiguiente, en la presente dispensación el decoro exterior en el culto resulta irrelevante con tal de llegarnos, como pide San Pablo en la misma carta (X:22) a la “común reunión” con “corazón sincero, en plenitud de fe, limpiados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura”. Reunidas estas condiciones en quienes le rinden culto -aunque la liturgia incluya rúbricas y rituales que a algunos pueden parecer indecorosos- agrada a Dios.
3.- Dice el Doctor Común (S. Th. II-II, q. 93, a. 1) “incurre en vicio de falsedad la persona que ofrece a Dios en nombre de la Iglesia un culto contrario a los ritos establecidos por ella en virtud de su autoridad divina, y practicados como ella acostumbra”. Pero hay quienes han objetado como indecorosas ciertas prácticas introducidas por la Santa Iglesia y que se han hecho costumbre tales como celebrar de cara al pueblo reemplazando el altar sacrificial por una mesa que evoca una cena, autorizando la comunión de pie, abolición de la mantilla en las mujeres quienes gozan ahora de permisión para servir en el altar, se abolió la costumbre de comulgar de rodillas y se permite la comunión en la mano, además de haberse introducido el uso de instrumentos musicales profanos tales como la guitarra y cánticos con letras que conspiran contra el decoro propio de lo sacro o, simplemente, contra el decoro. Tales innovaciones, y experimentos de diversa laya y reformas litúrgicas varias fueron introducidas o permitidas por la Iglesia. Toda vez que todo eso se ha hecho con una autoridad que procede de Dios, aún cuando se considere que tales reformas conspiran contra el decoro propio de lo sacro, no puede decirse que desagrada a Dios.
4.- Que cabe recordar aquello de “Ecclesia semper reformanda”. Así, las rúbricas y ceremonias litúrgicas han variado a los largo de los siglos, celebrándose diferentes ritos en distintos lugares con lo que resulta sumamente difícil determinar cuáles de esos accidentes externos del culto son decorosos y cuáles no. Es por esto que resultaría presuntuoso realizar un juicio definitivo sobre la cuestión debiendo el cristiano presumir que los ritos establecidos por la Iglesia y celebrados tal como está indicado agradan a Dios, más allá de las preferencias e inclinaciones estéticas de cada cual.
5.- En su oración sacerdotal (Juan XVII:21-23) Cristo rogó al padre por la unidad de sus discípulos. Con el fin de favorecer tal unidad la Iglesia resolvió derogar antiguas costumbres -como el uso del latín, el altar, las imágenes de la Santísima Virgen, los velos cuaresmales, etc.- lo que permitiría un mayor acercamiento de los hermanos separados. De tal modo que si en el culto se introdujeron nuevas prácticas que a algunos les parecen indecorosas, deben recordar que el fin con el que se llevaron a cabo tales reformas era el de propiciar la unidad de los cristianos, lo que agradaría más a Dios que la conservación de una liturgia que obstaculizaría tan santo propósito.
Sed contra: Que Santo Tomás (Contra Gentes, III, Cap CXIX) recuerda que “Dios proveyó al hombre de manera que también en las cosas sensibles se le hiciese recordación de Dios [...] para excitarse a las cosas divinas, como son las postraciones, genuflexiones, clamores vocales y cantos [...] para que mediante estas obras sensibles nuestra intención se diriga a Dios y se encienda en afecto [...] para a su modo darle reverencia [...] rindiéndole el honor de la piedad”, con lo que se cumple el “deseo” del Padre, que es el de tener adoradores en espíritu y en verdad (Juan, IV:23). Ahora bien, si las manifestaciones externas de un culto distrayesen a los fieles impidiéndoles dirigirse a Dios, encenderse en afecto, tributándole reverencia con verdadera piedad, sería por fuerza un culto indecoroso y en esa medida, no puede agradarle a Dios.
Respuesta: Que, como lo señalara el venerable Cardenal Newman (Parochial & Plain Sermons, VIII, Sermón 1, Reverence in Worship) “en general, la reverencia por las cosas sagradas ha sido nota distintiva de los cristianos practicantes, mientras que la falta de reverencia ha sido, en general, nota de los cristianos no-practicantes” llegando a preguntarse el Cardenal en el mismo lugar “¿cómo puede nadie ni por un instante imaginar que tiene fe en Dios y sin embargo permitirse ser irreverente hacia El?” para recordar luego que “incluso en la religiones paganas siempre se consideró a la fe y la reverencia como idénticas”. Pero el mismo Cardenal también advirtió que quienes apostatan de la Iglesia de Cristo “han caído en errores peores que los paganos. Constituyen la excepción ante la voz concordante del mundo entero en todo tiempo y lugar; rompen con el sufragio unánime de la humanidad al creer, por lo menos con su conducta, que el temor reverencial de Dios (awe) no constituye el primero de los deberes religiosos [...] En efecto, algunos consideran al temor reverencial como si fuera una superstición y a la reverencia como una esclavitud. Se han acostumbrado a comportarse con familiaridad y entera libertad respecto de las cosas sagradas, como si dijéramos, por principio”.
Mas conviene advertir con otro Cardenal (Bona, De divina psalmodia, cap. 19, II, 1), que “aunque en efecto las ceremonias no contengan en sí ninguna perfección y santidad, sin embargo son actos externos de religión que, como signos estimulan el alma a la veneración de las cosas sagradas, elevan la mente a la realidades sobrenaturales, nutren la piedad, fomentan la caridad, acrecientan la fe, robustecen la devoción, instruyen a los sencillos, adornan el culto de Dios, conservan la religión y distinguen a los verdaderos cristianos de los falsos y de los heterodoxos”. Y como recomienda el Catecismo Romano en su explicación de la primera petición de la Oración Dominical (Cuarta Parte, Cap. I, 4), al pedir que el nombre de Dios sea santificado se indica que los hombres deben “honrarlo y exaltarlo con alabanzas y plegarias a imitación de la gloria que recibe de los santos en el cielo; que el honor y culto de Dios debe estar constantemente en los labios, en la mente y en el corazón de todos los hombres, traduciéndose en respetuosa veneración y en expresiones de alabanza al Dios sublime, santo y glorioso”.
Pues bien, como recuerda San Agustín (De Civ. Dei, X) “el sacrificio visible que exteriormente se le ofrece a Dios es el signo invisible del sacrificio con el que uno se ofrece a sí mismo y sus cosas en obsequio a Dios”. Dicho esto, conviene que la distancia entre el signo y lo significado no sea tanta que el signo desmienta lo que se quiere significar. Pues, como señala el Aquinate (S. Th. II-II, q. 93, a. 1) “mentir es mostrar exteriormente con signos lo contrario de la verdad. Y así como una cosa puede manifestarse con palabras, del mismo modo puede expresarse con hechos [...] y si con tal culto exterior se expresa algo falso, en este caso el culto será pernicioso”, como cuando se practica un culto que tiende a crear la impresión de que sólo importa la humanidad de Cristo, y ésta entendida como un hombre desprovisto de inteligencia, carente de virilidad, sentimental y muy poco parecido al retrato que de El no suministran los Evangelios. Que es lo que Boulgakoff dio en llamar la herejía del “jesusismo”.
Es para evitar cosas como éstas que el Apóstol (I Cor. XIV:40) pidió que “en todas las iglesias de los santos [...] se haga todo con decoro y orden”, y es la razón por la que Teresa de Jesús (Vida, XIII, 16) suplicaba que “de devociones a bobas nos libre Dios”. Por lo mismo San Pedro (I Pedro, IV:1) nos recomienda ser “prudentes y sobrios” para poder dedicarnos a la oración. Todas estas recomendaciones (y muchas más) están dirigidas a asegurar un “culto racional” (Rom. XII:1) externamente decoroso para la edificación de los fieles y mayor gloria de Dios.
Mas puede preguntarse alguno en qué consiste el decoro en la acción litúrgica, cosa que resulta fácil de entender si se tiene en cuenta que los rituales son expresión de la fe verdadera (a punto tal que muchas veces se recurre a los ritos como fuente teológica para responder a cuestiones controvertidas) y que, “por su estrecha relación con los dogmas [...] debe conformarse a los dictámenes de la fe católica proclamados por la autoridad del Magisterio supremo” (Mediator Dei, nº29) y que, por tanto, resulta indecorosa toda acción litúrgica que falsifique, desmienta, empalidezca o rebaje las verdades de la fe católica.
Por otra parte conviene recordar que, siguiendo una tradición multisecular un Papa en ejercicio de la plenitud del Magisterio (Pío XII, en la encíclica Mediator Dei, 1947) habiendo manifestado que “son de alabar los que se afanan por que la Liturgia, aun externamente, sea una acción sagrada en la cual tomen realmente parte todos los presentes” y reconociendo que “esto puede hacerse de muchas maneras” (nº 66), advirtió gravemente que, por el contrario, sería verdadera desgracia para la Iglesia, que, 1) se desconociera que el Sumo Pontífice es el único con derecho a reconocer y establecer todo lo referente a modificaciones del culto (nº 38 y 44); 2) A la vez, este Papa, invocando su título de sucesor de Pedro (nº 44), reprobó “severamente” a quienes introducen nuevas costumbres litúrgicas y advirtió de los peligros que entraña recurrir al uso de lenguas vernáculas en la celebración del Sacrificio Eucarístico, trasladar fiestas “fijadas ya por estimables razones”, o excluir algunos textos de la Escritura de las oraciones públicas por considerarlas “poco apropiadas y oportunas para nuestros días” (nº 39); 3) También el mismo Papa reprueba a quienes “creen que el pueblo tiene verdadero poder sacerdotal y que los sacerdotes obran solamente en virtud de una delegación de la comunidad” (nº 53); 5) Con igual autoridad, este Papa deplora el parecer de quienes pretenden negar el carácter sacrificial de la Misa, advirtiendo expresamente que “de ningún modo se requiere que el pueblo ratifique lo que hace el ministro del altar” (nº 60) y lamenta el parecer de quienes “afirman capciosamente que aquí no se trata sólo de un Sacrificio, sino del Sacrificio y del convite de la comunidad fraterna” (nº 71); extendiéndose también en análogas advertencias, 6) en torno a la música sagrada (nº 113) que no deben tener “sabor profano” (nº 115), instando además a que, 7) se vele en todo tiempo por el decoro, la piedad y la modestia cristiana (nº 118), y en síntesis recomienda que “en todo lo que atañe a la Liturgia, deben ante todo brillar estas tres virtudes, de las que habla Nuestro Predecesor, Pío X, a saber: la santidad, del todo opuesta a novedades de sabor mundano; la dignidad de las imágenes y formas a cuya disposición y servicio deben estar las genuinas y elevadas artes; y el espíritu universalista que, sin contravenir en nada las legítimas modalidades y usos regionales, patentice la unidad de la Iglesia” (nº 111, las cursivas son originales).
Así, con innumerables instrucciones, advertencias y reformas, desde que fue fundada, la Iglesia veló en todo tiempo y lugar por el decoro externo en el culto. Y en iguales términos se han propuesto análogas recomendaciones en la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, aunque es a partir de este documento que en materia litúrgica se procedió a delegar facultades otrora reservadas exclusivamente a la Santa Sede.
Ahora bien, si muchos (o incluso la mayoría) de los obispos, prelados, peritos, o comunidades religiosas han abusado de las prerrogativas que dicha Constitución les ha concedido no parece exacto decir que tales innovaciones fueron establecidas por la Iglesia con autoridad divina, sobre todo cuando los delegatarios desobedecieron lo expuesto prolija, clara y reiteradamente por el magisterio rompiendo de ese modo con tradiciones venerables y muy especialmente cuando tales rúbricas se contraponen manifiestamente a antiquísimas costumbres codificadas por el rito Romano que en buena parte procede por lo menos desde el s. III y que expresa decorosamente la verdadera fe católica desde los tiempos apostólicos.
Y en la medida en que estas audaces reformas han sido impuestas a la grey al amparo de un régimen jurídico sumamente indulgente desatendiendo antiguas costumbres -quienes han procedido así, “como queriendo ejercer dominio sobre la herencia” (I Pedro, V:3), han puesto en peligro la fe de muchos induciendo a confusión a los feligreses y fomentando prácticas desacralizadoras que difícilmente agradarían a Dios en la medida en que “trocaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y dieron culto a la creatura antes que al Creador” (Romanos, I:25) contra la expresa recomendación del Apóstol (I Cor. VIII:9): “Cuidad, empero, de que esta libertad vuestra no sirva de tropiezo para los débiles”.
Por lo demás, debe decirse que quienes así se comportan rebajan la Jerarquía de Dios y, como dice el Aquinate (Escritos de Catequesis, comentando el Primer Mandamiento de la ley) , “el que niega al rey la sumisión debida, es traidor. Esto es lo que hacen con Dios algunos [...] cosa que desagrada extraordinariamente a Dios”, puesto que resulta igualmente idolátrico el culto rendido a “dioses extraños” como el retaceo en la veneración, piedad y gravedad que exige el culto de Dios.
Por último, seimpre conviene recordar que ha sido profetizada para los tiempos finales “la abominación de la desolación predicha por el profeta Daniel, instalada en el lugar santo” (Mt. XXIV:15) o, como lo dice otro Evangelista “instalada en el lugar donde no debe estar”, (Mc. XIII:14). Estas palabras de Nuestro Señor y que remiten a la expresión del profeta Daniel (XII:11, IC:27 y XI:31, en hebreo, “shíqqûç shômem”) constituyen “palabras cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (Dan. XII:9) y, por tanto resultan de difícil inteligencia. Con todo, se colige del texto de Daniel que previo a la instalación de la abominación quedará abolido el sacrificio perpetuo y por esta razón los Padres interpretaron que -si bien no pueden precisar su exacta naturaleza- con estas palabras se refiere a alguna clase de culto idolátrico, o una profanación en grado extremo, que en modo alguno puede agradar a Dios.
Soluciones
A la objeción primera, debe señalarse con San Juan Damasceno (Expositio super Orthodoxa Fide, cap. XII) que “cuando el Señor fue crucificado, contemplaba el occidente, y es por esta razón que nosotros lo adoramos con la cara vuelta hacia El”, esto es, hacia el Este, que es por donde sale el sol. Ahora bien, es de saber que, como lo expresa el Aquinate (S. Th. III, q. XLVIII, a. 3, ad. 3), “por parte de sus matadores la pasión de Cristo fue un crimen, pero por parte del que la sufrió por caridad fue un sacrificio. Por lo cual este sacrificio se dice haberlo ofrecido el mismo Cristo, mas no aquellos que lo mataron”. Esto no quita que siempre conviene recordar que, en cierto modo, cada uno con sus pecados ha participado en ese deicidio por lo que todo culto decoroso por fuerza incluirá gestos externos que signifiquen nuestra debida compunción, a ejemplo del publicano de la Parábola (Lc. XVIII:13) que “salió justificado” y que se expresa adecuadamente en el Kirie y el Agnus Dei. Pero ciertamente sería disparate pretender que reactuemos los sentimientos de quienes lo insultaron, zahirieron y finalmente crucificaron. Muy por el contrario, como lo pide San Pablo (Fil. II:5) corresponde que asumamos “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” y que protestemos con el mismo Apóstol que está “clavado juntamente con Cristo en la Cruz” (Gál. II:19).
Ahora bien, como dijera el Aquinate (II-II, q. 93, a. 2) “el fin del culto divino es que el hombre dé gloria a Dios y se someta a El con alma y cuerpo”. Y en la medida en que el culto se corresponda con su razón de fin necesariamente será decoroso.
A la objeción segunda, Que, como dijera el Apóstol (Rom X:10) “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salud”, siendo que una cosa debe expresar la otra. Pues bien, como dijera el Aquinate (Super Ep. Sancti Pauli Apost. ad Rom. expositio, XII:1), “en los actos externos se debe aplicar la medida de la discreción en atención a la caridad” y en otro lugar (S. Th. II-II, q. 93, a. 1, ad. 2), que “los hombres fueron instruidos en esto mediante preceptos exteriores, cuya infracción es perniciosa”. En efecto, si bien las ceremonias con que se administran los sacramentos no pertenecen a su esencia [...] de tal modo que en caso de urgente necesidad pueden omitirse [ya que] era necesario rodear los misterios sagrados de un culto religioso para que aprendiéramos a tratar santamente las cosas santas. Y es por esta razón que en el Concilio de Trento (Denz. 856) se estableció que “Si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados de la Iglesia católica que suelen usarse en la solemne administración de los sacramentos pueden despreciarse o ser omitidos por el ministro a su arbitrio sin pecado, o mudados en otros por obra de cualquier pastor de las iglesias, sea anatema”.
A la objeción tercera, que si bien las rúbricas litúrgicas han variado a lo largo de los siglos estableciéndose diferentes formas de culto en distintos lugares, conviene saber que tales variaciones han sido siempre producto de desarrollos lentos y orgánicos que han ido surgiendo según las circunstancias e idiosincracia de las regiones. Semejante variedad en el modo de celebración litúrgica fue siempre supervisada y homologada en diversos grados por la Sede Apostólica que en todo tiempo y lugar veló para que la ley de la oración no desmintiera la de la fe (“lex orandi, lex credendi”), lo que garantizaba una mínima uniformidad en todas partes como las distintas partes de la misa, su carácter sacrificial, la necesidad de leer determinados textos y respetar determinadas fiestas, etc. Ahora bien, debido a las reformas litúrgicas introducidas por los protestantes en el s. XVI que, precisamente, conspiraban contra la fe, la Iglesia Católica, echando mano a la lengua universal latina y con el auxilio de la imprenta, codificó antiguas rúbricas litúrgicas en el llamado Rito Romano que durante cuatro siglos sirvió como referencia estable y uniforme para las iglesias locales, preservando así la unidad de la fe y del culto en todas las regiones del mundo. Y quedó claramente establecido que “el Sumo Pontífice es el único que tiene derecho a reconocer y establecer cualquier costumbre cuando se trata de culto, a introducir y aprobar nuevos ritos y a cambiar los que estime deben ser cambiados” (Encíclica “Mediator Dei”, nº 38).
Eso último fue sustancialmente modificado en el Concilio Vaticano II, que en su Constitución Sacrosanctum Concilium si bien reconoce que “la reglamentación de la sagrada Liturgia es de competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica; (y que ésta) reside en la Sede Apostólica” (S.C. nº 22) mandó revisar “cuanto antes los libros litúrgicos, valiéndose de peritos y consultando a Obispos de diversas regiones del mundo” (S.C. nº 25), lo que equivale a una delegación de las facultades que hasta entonces era exclusivo resorte de Roma. Por lo demás, y pese a la explícita admonición de San Pablo (Rom. XII: 1-2) para que los cristianos celebraran “un culto racional [...] sin conformarse con el mundo”, dispuso tal Concilio “adaptar mejor a la necesidades de nuestro tiempo las instituciones sujetas a cambio” y en especial, las litúrgicas (S.C. nº 1).
Semejante delegación de potestades litúrgicas en episcopados, comisiones diocesanas y, por fin, diversos peritos, creo un ambiente de general desorden que permitió la introducción de diversas prácticas ajenas a la tradición de la Iglesia y muy conformes con el siglo, tales como las enumeradas en la objeción que aquí nos ocupa. Ahora bien, conviene recordar con Santo Tomás (S. Th. II-II, q. 168, a. 1, ad. 3) que “los movimientos exteriores son signos de la disposición interior y su moderación pertenece a la virtud de la verdad por la cual nos mostramos, en las palabras y en las acciones, como somos interiormente”, de dónde la gravedad de lo ocurrido. En efecto, en los días que corren se constata frecuentemente en el culto debido a Dios diversas prácticas indecorosas y numerosas faltas a la gravedad y reverencia que le son debidas, trayéndonos a la memoria lo que dijera el Cardenal Newman sobre aquellos que se comportan en el templo como si estuvieran en su casa y no en la Casa de Dios: “Todo lo que puedo decir es que estos se animan a hacer en la presencia de Dios lo que no se atreven ni los Querubines ni los Serafines [...] pues ellos se velan la faz y, como si no se atrevieran a dirigirse a Dios, Lo alaban dirigiéndose unos a otros, con pocas palabras y continuamente repitiendo “Santo, Santo, Santo, Señor Dios de Sabaoth”. Esto, porque, como lo expresa el Aquinate (S. Th. II-II, q. 101, a.2, primera objeción) “las cosas del culto divino deben revestir la máxima gravedad”.
Y así, no por casualidad vino a suceder que, poco después de introducidas toda clase de rituales, rúbricas y permisiones indecorosas, un Papa denunció en dos oportunidades que “por una grieta, el humo de Satanás se había infiltrado en la Iglesia”. Y así como el Apóstol (Hechos, XVII:23) dijo que los atenienses habían adorado al Dios verdadero sin saberlo, igualmente puede que llegue un tiempo en que la grey cristiana, sabiéndolo formalmente o no, adore “al dragón” (Apocalipsis XIII:8) bajo fachada de una adoración al Dios único, de tal modo que resulte extremadamente difícil distinguir el trigo de la cizaña.
Y aunque, como hemos dicho, resulta posible tributar un culto interior agradable a Dios en medio de rituales y liturgias externamente indecorosas, siempre conviene recordar con San Pedro (I Pedro, I:17) que “si llamamos Padre a Aquel que, sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conviene vivir en temor durante el tiempo de nuestra peregrinación” sabiendo que “en el tiempo oportuno” (Salmo CXLIV:15) Dios “enviará sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que cometen la iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego” siendo que “recién entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo, XIII:41-43) y entonces “publicarán la gloria de tu reino, y pregonarán tu potestad, haciendo conocer a los hijos de los hombres tu poder y el magnífico esplendor de tu reino” (Salmo CXLIV:11-12).
A la objeción cuarta, debe recordarse que el fin del culto es Dios en quien, según el Apóstol Santiago (I:16) “no hay mudanza ni sombra de variación”. Y si bien entre los hombres puede haber mudanza y variación en las rúbricas rituales, todas ellas deben cumplir con su fin. Porque, como expresa el Aquinate (Contra Gentes, III, cap. CXXI) “así como mediante las cosas corporales y sensibles la mente del hombre puede elevarse a Dios, si alguno usa de ellas del modo debido en reverencia de Dios, así también el uso indebido de ellas o bien abstrae la mente totalmente de Dios cuando la voluntad se fija en las cosas inferiores, o bien retarda la intención de la mente hacia Dios cuando nos aficionamos a esas cosas más allá de lo que es menester”. De donde puede colegirse cuando un culto agrada a Dios y cuando no. Por lo demás, todas las cosas derivan su nobleza de su fin. Y siendo que el fin del culto a Dios reside en tributarle reverencia y piedad mediante “sacrificios de alabanza” (Hebreos XIII:15), se nos exige un “culto racional” (Romanos XII:1) y, en cambio, toda manifestación externa del culto que no se ordene a su fin propio resulta irracional y en esa medida resulta indecorosa y por tanto no es verdadero culto ni puede agradar a Dios.
Por lo demás, como lo ha expresado C.S. Lewis (Carta a Mrs. Arnold, 1-IV-52, en Letters of C.S. Lewis, London, Collins, 1988, p. 420), toda novedad en el culto conspira contra la verdadera devoción: “Un ritual litúrgico fijo tiene la ventaja de que sabemos qué nos espera. En cambio las oraciones públicas ex tempore tienen esta dificultad: no sabemos si podemos unirnos a ellas [ya que] podrían ser falsas o heréticas. Es así que nos vemos compelidos a desarrollar simultáneamente dos actividades recíprocamente incompatibles: la crítica y la devocional. En una forma litúrgica fijada en el tiempo no hay sorpresas puesto que las conocemos desde antes: los rituales preestablecidos permiten que uno se dedique a sus devociones con entera libertad. Por otra parte, encuentro que cuanto más rígidos son, más fácil resulta evitar las distracciones [...] A su través resplandece la forma permanente de la cristiandad. No veo cómo el método de la liturgia ex tempore puede dejar de convertirse en algo provinciano y creo que tiende a dirigir la atención más hacia el ministro que a Dios”. A lo que puede agregarse que cuanta menos variación haya en el culto, mayor noticia tendremos de la inmutabilidad del Eterno.
A la objeción quinta, debe decirse que en modo alguno es lícito empañar las verdades de fe para acercarse a quienes las niegan (tales, por ejemplo, como el culto de hiperdulía hacia la Santísima Virgen, el primado de Pedro o el carácter sacrificial de la misa), lo que resultaría en infidelidad y doble engaño hacia los fieles católicos y hacia los que no lo son -que merecen mejor trato de parte nuestra, singularmente franqueza y autenticidad, requisitos que se comprometerían si se intentara ocultar o disfrazar tales dogmas de fe, cosa que no podría agradarles a ellos ni a Dios.
Por lo demás, si los dogmas de la fe alejan a algunos de la Iglesia, debe recordarse con San Gregorio (Hom. 7 in Ezech.) que “cuando de la verdad nace el escándalo, debe más soportarse éste que abandonar la verdad”.
Por lo demás las prácticas introducidas en la liturgia pueden, tal vez, agradar a quienes blasonan de ser secularizantes, especialmente entre los protestantes de distintas confesiones, como es el caso de algunos entre los luteranos y calvinistas, pero al mismo tiempo ha contribuido a alejar y dificultar cualquier acercamiento ecuménico con quienes practican un culto decoroso hacia Dios tales como el que practican los anglocatólicos y muy señaladamente los ortodoxos de todos los patriarcados quienes se destacan por la piadosa custodia de venerables tradiciones y el empeño puesto en conservar antiquísimos y muy bellos rituales.
Y que, al conservar amorosamente un culto grave, reverente y piadoso, agradan a Dios.
Laus Deo
Sebastián Randle
terça-feira, maio 01, 2007
sexta-feira, abril 27, 2007
Sobre o limbo - 2

A notícia da suposta abolição do limbo recentemente dada pelos órgãos de comunicação social, ademais de demonstrar a ignorância de tais órgãos - senão mesmo má fé - sempre que abordam matérias relacionadas com a doutrina de fé e moral católicas, é bem sintomática do estranho desiderato do homem moderno de organizar uma religião à sua imagem e semelhança, compatibilizada com todas as suas imperfeições, ainda que contrárias à verdade divina. De facto, ao tomarem o seu desejo pela realidade e noticiarem o pretenso fim do limbo, os meios de comunicação social dão eco a um indisfarçado e antiquíssimo desejo de desobediência e revolta face às leis divina e moral, à pretensão do homem auto-endeusado de viver num mundo sem queda inicial e pecado original, em que todos se salvam independentemente dos seus méritos e onde, consequentemente, nem a Santa Igreja Católica, nem os sacramentos de que esta é administradora (entre os quais, o Baptismo remissor do pecado original) são necessários para coisa alguma.
Ora, a verdade é que Sua Santidade Bento XVI não aboliu a existência do limbo, nem o poderia ter feito, não só por a esse hipotético intento se opor a doutrina dogmática e infalivelmente definida pelos Concílios Ecuménicos de Lião II (1274) e Florença (1438-45) de que todos os que morrem em estado de pecado original ficam privados da visão beatífica de Deus, ainda que a pena que sofram seja distinta da aplicável àqueles que falecem em estado de pecado mortal, mas também pelo facto de ao menos um Papa - Pio VI condenando os erros do Sínodo de Pistóia através da Bula "Auctorem Fidei" (1794) - ter expressamente admitido a existência do limbo em acto de magistério ordinário tratando de matéria de fé e, portanto, beneficiando de uma presunção de infalibilidade, na medida em que conforme ao ensinamento tradicional da Igreja.
Sobre este importante e complexo assunto, para uma análise mais aprofundada e detalhada do mesmo, sugiro igualmente a leitura dos seguintes artigos:
- "Vá para o Limbo!", do punho sempre sábio e autorizado do Senhor Dom Lourenço Fleichman, OSB, publicado na Permanência;
- "Limbo in Limbo", editado no "Athanasius Contra Mundum", seguramente um dos melhores espaços católicos tradicionais de toda a blogosfera;
- "Estupidario: La "Abolición" del Limbo", no excelente "El Sacristán Serrano", defensor da tradição em terras andinas do Perú.
Ora, a verdade é que Sua Santidade Bento XVI não aboliu a existência do limbo, nem o poderia ter feito, não só por a esse hipotético intento se opor a doutrina dogmática e infalivelmente definida pelos Concílios Ecuménicos de Lião II (1274) e Florença (1438-45) de que todos os que morrem em estado de pecado original ficam privados da visão beatífica de Deus, ainda que a pena que sofram seja distinta da aplicável àqueles que falecem em estado de pecado mortal, mas também pelo facto de ao menos um Papa - Pio VI condenando os erros do Sínodo de Pistóia através da Bula "Auctorem Fidei" (1794) - ter expressamente admitido a existência do limbo em acto de magistério ordinário tratando de matéria de fé e, portanto, beneficiando de uma presunção de infalibilidade, na medida em que conforme ao ensinamento tradicional da Igreja.
Sobre este importante e complexo assunto, para uma análise mais aprofundada e detalhada do mesmo, sugiro igualmente a leitura dos seguintes artigos:
- "Vá para o Limbo!", do punho sempre sábio e autorizado do Senhor Dom Lourenço Fleichman, OSB, publicado na Permanência;
- "Limbo in Limbo", editado no "Athanasius Contra Mundum", seguramente um dos melhores espaços católicos tradicionais de toda a blogosfera;
- "Estupidario: La "Abolición" del Limbo", no excelente "El Sacristán Serrano", defensor da tradição em terras andinas do Perú.
quinta-feira, abril 26, 2007
Carta a minha filha. Da Europa à Anti-Europa.

Um dos textos mais comovedores e bonitos que ultimamente tenho lido, da autoria do meu amigo Rafael.
Publicado na "Alameda Digital", que número a número, pelo nível de elevação cultural demonstrado, se vai solidificando como marco de referência imprescindível no campo das publicações de ideias alternativas, no caso, da direita dos valores e de inspiração católica.
Publicado na "Alameda Digital", que número a número, pelo nível de elevação cultural demonstrado, se vai solidificando como marco de referência imprescindível no campo das publicações de ideias alternativas, no caso, da direita dos valores e de inspiração católica.
Da derrota natural e vitória sobrenatural

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
(...)
El misterio de la Santa Misa que reproduce y separa, bajo la doble consagración, el cuerpo de la sangre, es el centro de la religión, del culto de la fe católica y por esto es tan combatida por Satanás. Porque si él venció naturalmente a nuestro Señor, nuestro Señor a su vez lo derrotó a él sobrenaturalmente; ese es el gran misterio católico y de la Iglesia, que así como nuestro Señor fue derrotado naturalmente y venció sobrenaturalmente, lo mismo le ocurrirá a la Iglesia, a la que hoy vemos derrotada ante el mundo y ante el poder del mundo, pero esa es una derrota natural. La victoria será sobrenatural, una victoria de la fe. No es una victoria de conquista, del mesianismo material, de combate material, como querían y quieren los judíos y muchos católicos que reducen la religión a sus ambiciones políticas; otra cosa es que la política está subordinada a la religión, a la Iglesia, pero cuantos no hacen apostolado en nombre de la política y no en nombre de Cristo? Cosa que es un grave error.
Nuestro Señor se anonadó, pero no como interpretan muchos sacerdotes que de teología poco saben; que nuestro Señor se anonadó por el hecho de encarnarse; eso es una estupidez. El anonadamiento no está en el hecho de encarnarse, porque en el hecho de encarnarse está justamente la grandeza de Dios, que sin dejar de ser Dios asume la naturaleza humana; el anonadamiento consiste en tomar una naturaleza humana en la cual Él interrumpe la participación de la gloria divina, para ser apto la sufrimiento y a la muerte. En eso está el anonadamiento, en no asumir esa naturaleza gloriosa por el contacto de la naturaleza divina; esa es la diferencia. Se anonadó, haciéndose siervo, súbdito del sufrimiento y de la muerte para redimirnos, porque si Él no obstaculiza esa participación de la gloria de su divinidad en el cuerpo de naturaleza humana que Él tomó, no hubiera podido morir en la Cruz, no hubiera habido pasión por nuestra redención, para rescatarnos con un precio. Y tal precio fue el de su sangre y la sangre es muerte, la efusión de la sangre es la muerte, representa la muerte.
(...)
Nuestro Señor se anonadó, pero también resuscitó por su próprio poder y Él nos pide que le sigamos en esa muerte y esa muerte nosostros la pasamos sacramentalmente por el bautismo, que es una muerte sacramental y una resurrección también sacramental y sobrenatural del nuevo hombre. Estimados hermanos, la vida católica cristiana se basa en desarrollar la gracia recibida en el bautismo y en ese desarrollo consiste la santidad, como lo hace ver San Luis Maria Gignion Montfort.
Pidadamos a nuestra Señora que podamos llevar esa vida sobrenatural basada en la fe y en la gracia que recibimos en el bautismo, que se desarrolle plenamente en nosostros y cuando esto ocurra, después de muchos sacrificios, abnegaciones y renuncias, habremos llegado a la verdadera santidad.
Padre Basílio Méramo - Sermão do Segundo Domingo de Paixão - 8 de Abril de 2001
(...)
El misterio de la Santa Misa que reproduce y separa, bajo la doble consagración, el cuerpo de la sangre, es el centro de la religión, del culto de la fe católica y por esto es tan combatida por Satanás. Porque si él venció naturalmente a nuestro Señor, nuestro Señor a su vez lo derrotó a él sobrenaturalmente; ese es el gran misterio católico y de la Iglesia, que así como nuestro Señor fue derrotado naturalmente y venció sobrenaturalmente, lo mismo le ocurrirá a la Iglesia, a la que hoy vemos derrotada ante el mundo y ante el poder del mundo, pero esa es una derrota natural. La victoria será sobrenatural, una victoria de la fe. No es una victoria de conquista, del mesianismo material, de combate material, como querían y quieren los judíos y muchos católicos que reducen la religión a sus ambiciones políticas; otra cosa es que la política está subordinada a la religión, a la Iglesia, pero cuantos no hacen apostolado en nombre de la política y no en nombre de Cristo? Cosa que es un grave error.
Nuestro Señor se anonadó, pero no como interpretan muchos sacerdotes que de teología poco saben; que nuestro Señor se anonadó por el hecho de encarnarse; eso es una estupidez. El anonadamiento no está en el hecho de encarnarse, porque en el hecho de encarnarse está justamente la grandeza de Dios, que sin dejar de ser Dios asume la naturaleza humana; el anonadamiento consiste en tomar una naturaleza humana en la cual Él interrumpe la participación de la gloria divina, para ser apto la sufrimiento y a la muerte. En eso está el anonadamiento, en no asumir esa naturaleza gloriosa por el contacto de la naturaleza divina; esa es la diferencia. Se anonadó, haciéndose siervo, súbdito del sufrimiento y de la muerte para redimirnos, porque si Él no obstaculiza esa participación de la gloria de su divinidad en el cuerpo de naturaleza humana que Él tomó, no hubiera podido morir en la Cruz, no hubiera habido pasión por nuestra redención, para rescatarnos con un precio. Y tal precio fue el de su sangre y la sangre es muerte, la efusión de la sangre es la muerte, representa la muerte.
(...)
Nuestro Señor se anonadó, pero también resuscitó por su próprio poder y Él nos pide que le sigamos en esa muerte y esa muerte nosostros la pasamos sacramentalmente por el bautismo, que es una muerte sacramental y una resurrección también sacramental y sobrenatural del nuevo hombre. Estimados hermanos, la vida católica cristiana se basa en desarrollar la gracia recibida en el bautismo y en ese desarrollo consiste la santidad, como lo hace ver San Luis Maria Gignion Montfort.
Pidadamos a nuestra Señora que podamos llevar esa vida sobrenatural basada en la fe y en la gracia que recibimos en el bautismo, que se desarrolle plenamente en nosostros y cuando esto ocurra, después de muchos sacrificios, abnegaciones y renuncias, habremos llegado a la verdadera santidad.
Padre Basílio Méramo - Sermão do Segundo Domingo de Paixão - 8 de Abril de 2001
Sermões do Padre Basílio Méramo

Neste sítio argentino dedicado à defesa da Santa Missa Tridentina, tive a grata surpresa de descobrir uma compilação de parte dos magníficos sermões do Padre Basílio Méramo, no caso proferidos entre os anos de 2001 e 2003, numa altura em que este ilustre sacerdote era responsável pelo Priorado de Fraternidade de São Pio X em Bogotá, na Colômbia, e que mais tarde o autor destas linhas viria a conhecer em Lisboa. Trata-se de uma leitura absolutamente recomendada a católicos incondicionais da tradição, mas de todo desaconselhada não só aos habituais hereges modernistas e progressistas, mas também a neocatólicos engomadinhos preocupados com as susceptibilidades do mundo, os quais se esquecem vezes demais de que a obediência formal ao direito canónico nunca se pode sobrepor à prévia obediência material à fé e moral católicas de sempre.
segunda-feira, abril 23, 2007
Crónica de persecución a cristianos 3 (la verdadera faz del Islam)
Hay unos 20 millones de católicos que viven en países musulmanes. La suerte de esta minoría es sistemáticamente silenciada, incluso por el Vaticano. Pero su sino es terrible en los tiempos que corren. Por otro lado, huelga decirlo para quienes vivimos en el viejo continente, los musulmanes en Europa no se integran. En este suicidio de las ideas, que precede al suicidio físico, de la Cristiandad, queda claro la culpa inmensa y ubicua de los musulmanes en la persecución a cristianos.
Había un país, Irak, donde la minoría católica caldea era relativamente respetada. Un caso único en el mundo musulmán. Como siempre que los anglosajones meten sus pezuñas en estos territorios, uno de las plagas que irremisiblemente atraen es la radicalización del Islam. Fruto de ello son las decapitaciones de Sacerdotes o la crucifixión de niños católicos en Irak.
En Turquía, un enemigo cualificado y sempiterno de Europa que los Estados Unidos siguen presionando para que sea admitido –contra natura- en Europa (o mejor, en esa antesala del Anticristo llamada Unión Europea) vender Biblias te cuesta, literalmente, la cabeza. Degollar cristianos es una tarea en la que los musulmanes llevan acumulada una secular experiencia y destreza. Y hablamos de Turquía, un país “moderado”. En otros países “moderados”, como Egipto, convertirse al cristianismo es garantía segura de persecución. En otros algo menos “moderados”, como Afganistán, la conversión al cristianismo está castigada con la pena capital. Sin embargo la protesta mundial en algún caso ha logrado librar de las garras de la barbarie a algún pobre cristiano.
En Israel los cristianos están de facto perseguidos, a veces más por omisión que por acción directa por parte de los judíos. Lo peor en Israel no son, sin embargo, los judíos, sino los musulmanes. En Tierra Santa hay una mafia islámica que persigue sistemáticamente a los cristianos, de una manera organizada. Para escarnio de la estupidez de los racialistas y neonazis, quienes creen que es la raza lo que determina el mundo, se demuestra que es la religión, como es el hecho de la persecución de palestinos cristianos por parte de palestinos musulmanes, como el enlace anterior prueba.
En el Líbano los cristianos se ven tan acorralados que han llegado a pedir ayuda a Israel para poder luchar contra el Islam que les persigue. En el país de los cedros, otrora considerado como “la Suiza del Medio Oriente”, se desarrolla una masacre de cristianos a manos musulmanas de las que no se dice apenas nada. En otras latitudes, en Nigeria, país constituido de cientos de tribus y dos comunidades –la cristiana y la musulmana- los ataques, muertes, asesinatos, persecuciones y masacres de cristianos son cosa normal. En Febrero del 2006 un mínimo de 16 cristianos nigerianos fueron matados y centenares heridos por la publicación de unas viñetas sobre Mahoma … ¡en Dinamarca! Y, como en el Líbano, estas matanzas de cristianos cometidas por musulmanes quedan a menudo inéditas y/o se pasa página rápidamente sobre ellas. ¿Qué decir del Sudán, donde –con la aquiescencia de los anglosajones en sus juegos petrolíferos- sigue la matanza de cristianos y animistas del sur a manos de los islamistas del norte?
En el internet todavía es posible desmarcarse de los intoxicantes y narcotizantes media. Existen páginas en castellano, como Los Abusos del Islam o Totalitarismo y Terrorismo islámico, donde es posible encontrar denuncias de todo ello. Adviértase que estas bitácoras mencionadas tienen un cierto sesgo liberal y neocon, pero los hechos son los hechos.
Las intenciones del Islam de “liberar” la Península Ibérica deberían ser de todos conocidas. Que españoles y portugueses saquen las consecuencias que consideren oportunas. “Al-Andalus”, atavismo con el que el irredentismo musulmán designa a la Península Ibérica, estuvo cientos de años tras el yugo islámico y la vida para los nativos y los no-traidores fue un infierno. La Reconquista (es decir, volver a conquistar lo que ya era nuestro) fue una auténtica ordalía. Más conviene recordar estas cosas.
De todas maneras el deseo del Islam de expandirse por todo el mundo y constituir un Estado global sólo es parangonable al similar experimento comunista. No sería pues extraño que este Occidente nuestro, apóstata y perverso, fuera pues castigado por una coalición comunista sinorrusa y una alianza de los países musulmanes. En el Antiguo Testamento leemos que cada vez que Israel se desviaba de los mandatos divinos, era castigado con los pueblos limítrofes. Esta Europa masónica y corrupta limita con rusos por el norte y con musulmanes en el sur y dentro de sí misma. El Islam sería, pues, la quinta columna ideal.
Prueba de ese intento de expansión en todos los órdenes ha sido el intento de otros “moderados”, en este caso Arabia Saudí, de hacerse con el control de muchos colegios privados en el área de Madrid. Por una vez, y ojalá sirva de precedente, las autoridades regionales madrileñas tomaron cartas en el asunto y abortaron esto. Lo cual demuestra que una acción política basada en un justo aprecio de la realidad externa, la fundamental distinción amigo-enemigo que Carl Schmitt señalase y una voluntad política decidida todavía pueden hacer muchas cosas.
Rusos, chinos y musulmanes darán forma al merecido castigo por nuestros pecados y nuestra apostasía.
Rafael Castela Santos
Había un país, Irak, donde la minoría católica caldea era relativamente respetada. Un caso único en el mundo musulmán. Como siempre que los anglosajones meten sus pezuñas en estos territorios, uno de las plagas que irremisiblemente atraen es la radicalización del Islam. Fruto de ello son las decapitaciones de Sacerdotes o la crucifixión de niños católicos en Irak.
En Turquía, un enemigo cualificado y sempiterno de Europa que los Estados Unidos siguen presionando para que sea admitido –contra natura- en Europa (o mejor, en esa antesala del Anticristo llamada Unión Europea) vender Biblias te cuesta, literalmente, la cabeza. Degollar cristianos es una tarea en la que los musulmanes llevan acumulada una secular experiencia y destreza. Y hablamos de Turquía, un país “moderado”. En otros países “moderados”, como Egipto, convertirse al cristianismo es garantía segura de persecución. En otros algo menos “moderados”, como Afganistán, la conversión al cristianismo está castigada con la pena capital. Sin embargo la protesta mundial en algún caso ha logrado librar de las garras de la barbarie a algún pobre cristiano.
En Israel los cristianos están de facto perseguidos, a veces más por omisión que por acción directa por parte de los judíos. Lo peor en Israel no son, sin embargo, los judíos, sino los musulmanes. En Tierra Santa hay una mafia islámica que persigue sistemáticamente a los cristianos, de una manera organizada. Para escarnio de la estupidez de los racialistas y neonazis, quienes creen que es la raza lo que determina el mundo, se demuestra que es la religión, como es el hecho de la persecución de palestinos cristianos por parte de palestinos musulmanes, como el enlace anterior prueba.
En el Líbano los cristianos se ven tan acorralados que han llegado a pedir ayuda a Israel para poder luchar contra el Islam que les persigue. En el país de los cedros, otrora considerado como “la Suiza del Medio Oriente”, se desarrolla una masacre de cristianos a manos musulmanas de las que no se dice apenas nada. En otras latitudes, en Nigeria, país constituido de cientos de tribus y dos comunidades –la cristiana y la musulmana- los ataques, muertes, asesinatos, persecuciones y masacres de cristianos son cosa normal. En Febrero del 2006 un mínimo de 16 cristianos nigerianos fueron matados y centenares heridos por la publicación de unas viñetas sobre Mahoma … ¡en Dinamarca! Y, como en el Líbano, estas matanzas de cristianos cometidas por musulmanes quedan a menudo inéditas y/o se pasa página rápidamente sobre ellas. ¿Qué decir del Sudán, donde –con la aquiescencia de los anglosajones en sus juegos petrolíferos- sigue la matanza de cristianos y animistas del sur a manos de los islamistas del norte?
En el internet todavía es posible desmarcarse de los intoxicantes y narcotizantes media. Existen páginas en castellano, como Los Abusos del Islam o Totalitarismo y Terrorismo islámico, donde es posible encontrar denuncias de todo ello. Adviértase que estas bitácoras mencionadas tienen un cierto sesgo liberal y neocon, pero los hechos son los hechos.
Las intenciones del Islam de “liberar” la Península Ibérica deberían ser de todos conocidas. Que españoles y portugueses saquen las consecuencias que consideren oportunas. “Al-Andalus”, atavismo con el que el irredentismo musulmán designa a la Península Ibérica, estuvo cientos de años tras el yugo islámico y la vida para los nativos y los no-traidores fue un infierno. La Reconquista (es decir, volver a conquistar lo que ya era nuestro) fue una auténtica ordalía. Más conviene recordar estas cosas.
De todas maneras el deseo del Islam de expandirse por todo el mundo y constituir un Estado global sólo es parangonable al similar experimento comunista. No sería pues extraño que este Occidente nuestro, apóstata y perverso, fuera pues castigado por una coalición comunista sinorrusa y una alianza de los países musulmanes. En el Antiguo Testamento leemos que cada vez que Israel se desviaba de los mandatos divinos, era castigado con los pueblos limítrofes. Esta Europa masónica y corrupta limita con rusos por el norte y con musulmanes en el sur y dentro de sí misma. El Islam sería, pues, la quinta columna ideal.
Prueba de ese intento de expansión en todos los órdenes ha sido el intento de otros “moderados”, en este caso Arabia Saudí, de hacerse con el control de muchos colegios privados en el área de Madrid. Por una vez, y ojalá sirva de precedente, las autoridades regionales madrileñas tomaron cartas en el asunto y abortaron esto. Lo cual demuestra que una acción política basada en un justo aprecio de la realidad externa, la fundamental distinción amigo-enemigo que Carl Schmitt señalase y una voluntad política decidida todavía pueden hacer muchas cosas.
Rusos, chinos y musulmanes darán forma al merecido castigo por nuestros pecados y nuestra apostasía.
Rafael Castela Santos
domingo, abril 22, 2007
Recordando a los héroes
En este momento en que vivimos, esta hora de alfeñiques y enanos, mentales y espirituales, no puede uno por menos de recordar la gesta de la reconquista de Malvinas hace 25 años, precisamente, este mes.
De entre las varias cosas que he leído me gustó mucho el editorial de la Revista Cabildo, firmado por Antonio Caponnetto, gran orador y gran patriota (que ellos, “a la portuguesa”, llaman “nacionalista”) argentino. Ahí queda el enlace que aboca a él.
Andando los años me encontré con algún combatiente británico que luchó allá. Reconocía la valentía, así como la falta de preparación, de aquellos soldados de reemplazo que vertieron su sangre para que el Derecho Internacional no prescriba, para que la reclamación de integridad territorial de la Argentina no sea papel mojado. Como estos viejos y no menos, siempre, formidables soldados ingleses reconocían, la actuación de la Fuerza Aérea Argentina fue heroica.
Pero más allá de esa valoración a ras de tierra suele haber en las guerras una significación metapolítica que la hábil pluma de Antonio Caponnetto nos desbroza:
“Era justa la guerra, quede en claro, precisamente por su hondo e irrenunciable significado teológico. Porque como bien lo ha columbrado Alberto Caturelli, se lidiaba contra Albión, que es la apostasía; contra Leviatán, que es la Serpiente; contra Gog, que es la usura. Porque se luchaba por una soberanía, que no es únicamente señorío sobre el paisaje, sino y ante todo restauración de la Principalía de Jesucristo: La que el hereje desterró de nuestras Islas, desde el mismo día que las poseyó por la fuerza. No fue obra de la casualidad sino de la Providencia, que el operativo militar que restituyó aquel terreno austral injustamente arrebatado, llevase por nombre el de Nuestra Señora del Rosario.”
Hoy día, en esta hora de los enanos que nos toca sufrir, son los antihéroes quienes dominan. Gracias a aquellos héroes, denostados por el poder establecido de un infame y terrorista Presidente, como Kirchner, no sólo se salvó el honor sino que también la legitimidad de la reclamación irrenunciable sigue en pie. Pero los políticos argentinos denigran sin cesar todo lo que allí aconteció, posiblemente lo último noble conseguido por las Españas argentinas hasta hoy en día. Como antihéroe y apátrida era aquel liberaloide Presidente español, encima renegado de su propia sangre pues era sobrino del valiente diputado Calvo Sotelo asesinado por la hidra marxista en 1936, quien se atrevió a espetar aquello de “las Malvinas son un problema distinto y distante” [de Gibraltar]. Este mentecato (el sobrino, el infame) era incapaz de ver hasta lo obvio: que el latrocinio era cometido por los mismos fenicios, con idénticos propósitos y parecidos resultados.
La réplica a Calvo Sotelo (el sobrino, el infame) se la dio el pueblo español, que en número de un millón llenó la Plaza de Oriente y aledaños donde las albicelestes y las rojigualdas se fundían en un solo grito en reclamar para las Españas de uno y otro lado del charco la integridad territorial. Calvo Sotelo (el sobrino, el infame) se alineaba así con gobernantes como Carlos IV, que entregó España a Francia. Y el pueblo español, que el 2 de Mayo de 1808 empezara con la proclama del modestísimo Alcalde de Móstoles la lucha contra el invasor francés que el Rey y el valido Godoy y todos los demás afrancesados acataban, se volvió a levantar en Madrid en contra del parecer del entonces Presidente (el sobrino, el infame).
Algún día algunos gauchos de origen español y unas cuantas preciosas porteñas (¡Señor, qué difícil nos pones la práctica de ciertas virtudes a veces!) van a llenar aquellas rudas islas de criollos. O eso decía el tango. Tango que acabará por volverse profecía.
Entretanto Malvinas es una derrota, otra más. La penúltima. O quizás la antepenúltima. Como las derrotas de los federales, las de los carlistas, de los miguelistas, las de los defensores pontificios, las de los confederados o de los cristeros. Pero de igual modo que las victorias son premios, las derrotas son lecciones que Dios da. En esta Iglesia en que nos encontramos, la Quinta a decir del Apokalypsis, las lecciones son muchas y los premios pocos.
Que cada cual saque sus propia lección dejando claro que la primera de todas, y no la menor, es el loor a esos héroes que yacen en el cementerio de Malvinas o en el fondo del Atlántico Sur. La segunda es que todos los pueblos de moral púnica han acabado siempre mal, como bien quedó patente con Cartago.
¡Cuánto desearía que esta nación inglesa, a la que tanto tengo que agradecer y tanto amo, volviera a ser esa Inglaterra de Tolkien, de Chesterton y de Belloc; la de San Eduardo y la de Alfredo el Grande con la que me siento tan identificado! ¡Quiera Dios que esa visión que tuvo el Santo Cura de Ars, de una Inglaterra magnificente por su retorno al catolicismo, su cultura, saber y santidad sea absolutamente cierta! ¡Cuánto desearía que Inglaterra volviese a ser, una vez más, la nación más monástica de la Cristiandad, como otrora lo fue! ¡Cuánto desearía que la amargura de ese escritorazo de Evelyn Waugh por su propia Patria se transmutase en sonrisa feliz en el más allá! ¡Cuánto la de esa idea tan trabada, tan equilibrada y tan perfecta que el Cardenal Newman tenía sobre tantas cosas tomase carne en su propia nación! ¡Cuánto desearía que Inglaterra dejase de ser fenicia y volviese a ser romana, en todos los sentidos de la palabra!
Malvinas: ¡Volveremos!
Rafael Castela Santos
De entre las varias cosas que he leído me gustó mucho el editorial de la Revista Cabildo, firmado por Antonio Caponnetto, gran orador y gran patriota (que ellos, “a la portuguesa”, llaman “nacionalista”) argentino. Ahí queda el enlace que aboca a él.
Andando los años me encontré con algún combatiente británico que luchó allá. Reconocía la valentía, así como la falta de preparación, de aquellos soldados de reemplazo que vertieron su sangre para que el Derecho Internacional no prescriba, para que la reclamación de integridad territorial de la Argentina no sea papel mojado. Como estos viejos y no menos, siempre, formidables soldados ingleses reconocían, la actuación de la Fuerza Aérea Argentina fue heroica.
Pero más allá de esa valoración a ras de tierra suele haber en las guerras una significación metapolítica que la hábil pluma de Antonio Caponnetto nos desbroza:
“Era justa la guerra, quede en claro, precisamente por su hondo e irrenunciable significado teológico. Porque como bien lo ha columbrado Alberto Caturelli, se lidiaba contra Albión, que es la apostasía; contra Leviatán, que es la Serpiente; contra Gog, que es la usura. Porque se luchaba por una soberanía, que no es únicamente señorío sobre el paisaje, sino y ante todo restauración de la Principalía de Jesucristo: La que el hereje desterró de nuestras Islas, desde el mismo día que las poseyó por la fuerza. No fue obra de la casualidad sino de la Providencia, que el operativo militar que restituyó aquel terreno austral injustamente arrebatado, llevase por nombre el de Nuestra Señora del Rosario.”
Hoy día, en esta hora de los enanos que nos toca sufrir, son los antihéroes quienes dominan. Gracias a aquellos héroes, denostados por el poder establecido de un infame y terrorista Presidente, como Kirchner, no sólo se salvó el honor sino que también la legitimidad de la reclamación irrenunciable sigue en pie. Pero los políticos argentinos denigran sin cesar todo lo que allí aconteció, posiblemente lo último noble conseguido por las Españas argentinas hasta hoy en día. Como antihéroe y apátrida era aquel liberaloide Presidente español, encima renegado de su propia sangre pues era sobrino del valiente diputado Calvo Sotelo asesinado por la hidra marxista en 1936, quien se atrevió a espetar aquello de “las Malvinas son un problema distinto y distante” [de Gibraltar]. Este mentecato (el sobrino, el infame) era incapaz de ver hasta lo obvio: que el latrocinio era cometido por los mismos fenicios, con idénticos propósitos y parecidos resultados.
La réplica a Calvo Sotelo (el sobrino, el infame) se la dio el pueblo español, que en número de un millón llenó la Plaza de Oriente y aledaños donde las albicelestes y las rojigualdas se fundían en un solo grito en reclamar para las Españas de uno y otro lado del charco la integridad territorial. Calvo Sotelo (el sobrino, el infame) se alineaba así con gobernantes como Carlos IV, que entregó España a Francia. Y el pueblo español, que el 2 de Mayo de 1808 empezara con la proclama del modestísimo Alcalde de Móstoles la lucha contra el invasor francés que el Rey y el valido Godoy y todos los demás afrancesados acataban, se volvió a levantar en Madrid en contra del parecer del entonces Presidente (el sobrino, el infame).
Algún día algunos gauchos de origen español y unas cuantas preciosas porteñas (¡Señor, qué difícil nos pones la práctica de ciertas virtudes a veces!) van a llenar aquellas rudas islas de criollos. O eso decía el tango. Tango que acabará por volverse profecía.
Entretanto Malvinas es una derrota, otra más. La penúltima. O quizás la antepenúltima. Como las derrotas de los federales, las de los carlistas, de los miguelistas, las de los defensores pontificios, las de los confederados o de los cristeros. Pero de igual modo que las victorias son premios, las derrotas son lecciones que Dios da. En esta Iglesia en que nos encontramos, la Quinta a decir del Apokalypsis, las lecciones son muchas y los premios pocos.
Que cada cual saque sus propia lección dejando claro que la primera de todas, y no la menor, es el loor a esos héroes que yacen en el cementerio de Malvinas o en el fondo del Atlántico Sur. La segunda es que todos los pueblos de moral púnica han acabado siempre mal, como bien quedó patente con Cartago.
¡Cuánto desearía que esta nación inglesa, a la que tanto tengo que agradecer y tanto amo, volviera a ser esa Inglaterra de Tolkien, de Chesterton y de Belloc; la de San Eduardo y la de Alfredo el Grande con la que me siento tan identificado! ¡Quiera Dios que esa visión que tuvo el Santo Cura de Ars, de una Inglaterra magnificente por su retorno al catolicismo, su cultura, saber y santidad sea absolutamente cierta! ¡Cuánto desearía que Inglaterra volviese a ser, una vez más, la nación más monástica de la Cristiandad, como otrora lo fue! ¡Cuánto desearía que la amargura de ese escritorazo de Evelyn Waugh por su propia Patria se transmutase en sonrisa feliz en el más allá! ¡Cuánto la de esa idea tan trabada, tan equilibrada y tan perfecta que el Cardenal Newman tenía sobre tantas cosas tomase carne en su propia nación! ¡Cuánto desearía que Inglaterra dejase de ser fenicia y volviese a ser romana, en todos los sentidos de la palabra!
Malvinas: ¡Volveremos!
Rafael Castela Santos
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domingo, abril 22, 2007
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segunda-feira, abril 16, 2007
Breves - 21

- Atormentado pela indisponibilidade de tempo livre e acometido pelo cansaço físico e mental, fruto do excesso de trabalho que me continua a perseguir e também do facto de já ter gozado as últimas férias há oito meses, a verdade é que me tem faltado tanto a capacidade como a vontade para actualizar este espaço com mais regularidade, sem prejuízo de não esquecer os meus leitores e de continuar a reflectir sobre a actualidade, pelo que aqui deixo mais um conjunto de "Breves".
- Apesar de há muito não escrever acerca da questão do prometido "Motu Proprio"papal sobre a plena libertação da Missa tradicional de rito latino-gregoriano, por motivos que oportunamente expliquei, parece-me de assinalar a importante evolução ocorrida nas últimas semanas quanto a esta matéria: em entrevista concedida ao parisiense "Le Figaro", o Secretário de Estado do Vaticano, Cardeal Tarcisio Bertone, confirmou a existência do referido "Motu Proprio", bem como a intenção do Papa Bento XVI em levar avante a sua publicação, sem contudo ter precisado qualquer data para a ocorrência de tal evento. Ora, a este propósito, recomendo a leitura de um dos mais recentes artigos do Professor Orlando Fedeli, da Associação Montfort, o qual, em resumo e fundadamente (no que é corroborado pelo sempre bem informado "Rorate- Caeli"), sustenta que o "Motu Proprio" há-de inevitavelmente acabar por vir à luz do dia.
- E enquanto se aguarda a chegada do "Motu Proprio", merece ser destacada a homília proferida por Sua Santidade no passado dia 25 de Março, Terceiro Domingo da Quaresma, ao recordar aquela que é talvez a mais impopular de todas as verdades de fé para as mentes modernas e modernistas: a existência do Inferno, lugar de perdição eterna para todos os que morrem privados voluntariamente da graça divina. É certo que Cristo, pelo seu sacrifício na Cruz, redimiu totalidade dos homens, e através da Igreja coloca à disposição destes últimos os meios próprios - os sacramentos e os sacramentais - para perseverarem na graça que permite a salvação final e o evitar de tão terrível destino; mas na base de tal salvação há-de estar a vontade livremente assumida de cada homem de optar pelo bem ou mal, com o aceitar de todas as consequências que de tal escolha decorrem. Em resumo, o Papa dá mais uma machadada vigorosa a um dos erros brotados do nefasto "espírito do V2", ou seja, o da salvação universal de todos os homens, independentemente dos méritos que revelem.
- E, de resto, como não poderia existir o Inferno, quando no mundo contemporâneo os seus agentes, mais do que em qualquer outra época da História, manifestam com ardor toda a sua fúria e ódio contra Cristo e a verdade por Ele revelada, de que a Santa Igreja Católica é depositária?
- Dia 10 de Abril de 2007, mais uma data coberta de infâmia para o sistema político português: o Presidente da República, Cavaco Silva, traindo a sua base de apoio eleitoral, numa actuação calculista de baixa política e em nome da manutenção de uma falsa estabilidade que não passa de pura conivência com o erro mais abjecto, promulgou a lei que liberaliza a prática do aborto em Portugal. Que diferença para pior relativamente ao Rei Balduíno I dos Belgas, o qual em 1990 se recusou a apor a sua assinatura numa lei com igual conteúdo na Bélgica, facto que levou o parlamento desse país, dominado por forças partidárias de matriz jacobina e socialista, a ameaçá-lo com a deposição do trono! Cavaco Silva, demonstrando à saciedade toda a sua inépcia para o combate doutrinário político puro e confirmando a sua crassa mediocridade tecnocrática, revela-se neste caso um estranho híbrido de Rei Herodes criminoso e de Pôncio Pilatos cobarde.
- No momento em que escrevo este artigo, estou a ouvir na Rádio Cristiandad uma magnífica conferência proferida por Monsenhor Richard Williamson sobre a mensagem de Fátima. Este bispo da Fraternidade de São Pio X reside presentemente na Argentina, onde exerce as funções de Reitor do Seminário de La Reja. A Argentina! Talvez seja o melhor país do mundo para a tradição católica, como diz o Rafael! Belo país que produziu uma plêiade de homens como Leonardo Castellani, Júlio Meinvielle, Hugo Wast, Bruno Jordan Genta, Carlos Sacheri ou Alfredo Saenz, entre outros. Bom, seguido de perto pelo Brasil de Gustavo Corção e de Dom António de Castro Mayer, que eu não quero criar conflitos entre os meus muitos, bons e pacientes leitores de ambos os países!
- Apesar de há muito não escrever acerca da questão do prometido "Motu Proprio"papal sobre a plena libertação da Missa tradicional de rito latino-gregoriano, por motivos que oportunamente expliquei, parece-me de assinalar a importante evolução ocorrida nas últimas semanas quanto a esta matéria: em entrevista concedida ao parisiense "Le Figaro", o Secretário de Estado do Vaticano, Cardeal Tarcisio Bertone, confirmou a existência do referido "Motu Proprio", bem como a intenção do Papa Bento XVI em levar avante a sua publicação, sem contudo ter precisado qualquer data para a ocorrência de tal evento. Ora, a este propósito, recomendo a leitura de um dos mais recentes artigos do Professor Orlando Fedeli, da Associação Montfort, o qual, em resumo e fundadamente (no que é corroborado pelo sempre bem informado "Rorate- Caeli"), sustenta que o "Motu Proprio" há-de inevitavelmente acabar por vir à luz do dia.
- E enquanto se aguarda a chegada do "Motu Proprio", merece ser destacada a homília proferida por Sua Santidade no passado dia 25 de Março, Terceiro Domingo da Quaresma, ao recordar aquela que é talvez a mais impopular de todas as verdades de fé para as mentes modernas e modernistas: a existência do Inferno, lugar de perdição eterna para todos os que morrem privados voluntariamente da graça divina. É certo que Cristo, pelo seu sacrifício na Cruz, redimiu totalidade dos homens, e através da Igreja coloca à disposição destes últimos os meios próprios - os sacramentos e os sacramentais - para perseverarem na graça que permite a salvação final e o evitar de tão terrível destino; mas na base de tal salvação há-de estar a vontade livremente assumida de cada homem de optar pelo bem ou mal, com o aceitar de todas as consequências que de tal escolha decorrem. Em resumo, o Papa dá mais uma machadada vigorosa a um dos erros brotados do nefasto "espírito do V2", ou seja, o da salvação universal de todos os homens, independentemente dos méritos que revelem.
- E, de resto, como não poderia existir o Inferno, quando no mundo contemporâneo os seus agentes, mais do que em qualquer outra época da História, manifestam com ardor toda a sua fúria e ódio contra Cristo e a verdade por Ele revelada, de que a Santa Igreja Católica é depositária?
- Dia 10 de Abril de 2007, mais uma data coberta de infâmia para o sistema político português: o Presidente da República, Cavaco Silva, traindo a sua base de apoio eleitoral, numa actuação calculista de baixa política e em nome da manutenção de uma falsa estabilidade que não passa de pura conivência com o erro mais abjecto, promulgou a lei que liberaliza a prática do aborto em Portugal. Que diferença para pior relativamente ao Rei Balduíno I dos Belgas, o qual em 1990 se recusou a apor a sua assinatura numa lei com igual conteúdo na Bélgica, facto que levou o parlamento desse país, dominado por forças partidárias de matriz jacobina e socialista, a ameaçá-lo com a deposição do trono! Cavaco Silva, demonstrando à saciedade toda a sua inépcia para o combate doutrinário político puro e confirmando a sua crassa mediocridade tecnocrática, revela-se neste caso um estranho híbrido de Rei Herodes criminoso e de Pôncio Pilatos cobarde.
- No momento em que escrevo este artigo, estou a ouvir na Rádio Cristiandad uma magnífica conferência proferida por Monsenhor Richard Williamson sobre a mensagem de Fátima. Este bispo da Fraternidade de São Pio X reside presentemente na Argentina, onde exerce as funções de Reitor do Seminário de La Reja. A Argentina! Talvez seja o melhor país do mundo para a tradição católica, como diz o Rafael! Belo país que produziu uma plêiade de homens como Leonardo Castellani, Júlio Meinvielle, Hugo Wast, Bruno Jordan Genta, Carlos Sacheri ou Alfredo Saenz, entre outros. Bom, seguido de perto pelo Brasil de Gustavo Corção e de Dom António de Castro Mayer, que eu não quero criar conflitos entre os meus muitos, bons e pacientes leitores de ambos os países!
domingo, abril 15, 2007
De un país de moral púnica ...
En la historia existieron países que se quisieron hacer con el poder del mar, no por expandir la Fe de Cristo sobre la faz de la Tierra, pues esa gloria les corresponde –y les corresponde sólo- a españoles y portugueses, sino para hacerse con el comercio. Cartago es su referente. Una oligarquía de comerciantes, mercaderes, mercachifles y tenderos los dominaba. Se hacían con la mar para trapichear y comerciar. El engaño estaba y está en su médula. Propenden a hacer sacrificios humanos, sea ofrendando víctimas humanas a Astarté, matando indios, o siendo los grandes apóstoles de esa religión invertida del proabortismo. Adoran a Mamonna. Lo financiero está en el eje de su pensamiento, palabra, obra y hasta de sus omisiones también.
Son epígonos del Anticristo.
En la historia humana ha habido varios, pero en época reciente han destacado dos: holandeses e ingleses, los de la vieja Inglaterra y los de la Nueva Inglaterra (son los mismos). No en vano el Padre Leonardo Castellani llamaba a los Estados Unidos “el Ultimo Imperio”. Ultimo ha de ser, porque será coronado (quizás sobre sus propias cenizas) por el Anticristo. Usurpan territorios que no les corresponden, como en Gibraltar o Malvinas, para controlar los estrechos, todos los importantes bajo su atenta mirada. Se gobiernan por plutócratas. Abortan por millones. Y en Nueva York y Londres se sirve pura, limpia y con un honradísimo ethos farisaico al dinero al tiempo que sus sanhedrines de distinto pelaje se afanan en silenciar a Cristo. ¡Menuda hoja de servicios para el más allá!
Es su hora. Creerán incluso que están creciendo porque su sombra se va alargando. No es eso. Es simplemente su sol. Sí, su sol, el cual se está poniendo. La medianoche se aproxima para todos, aunque la de ellos será incluso algo más cerrada.
Rafael Castela Santos
Son epígonos del Anticristo.
En la historia humana ha habido varios, pero en época reciente han destacado dos: holandeses e ingleses, los de la vieja Inglaterra y los de la Nueva Inglaterra (son los mismos). No en vano el Padre Leonardo Castellani llamaba a los Estados Unidos “el Ultimo Imperio”. Ultimo ha de ser, porque será coronado (quizás sobre sus propias cenizas) por el Anticristo. Usurpan territorios que no les corresponden, como en Gibraltar o Malvinas, para controlar los estrechos, todos los importantes bajo su atenta mirada. Se gobiernan por plutócratas. Abortan por millones. Y en Nueva York y Londres se sirve pura, limpia y con un honradísimo ethos farisaico al dinero al tiempo que sus sanhedrines de distinto pelaje se afanan en silenciar a Cristo. ¡Menuda hoja de servicios para el más allá!
Es su hora. Creerán incluso que están creciendo porque su sombra se va alargando. No es eso. Es simplemente su sol. Sí, su sol, el cual se está poniendo. La medianoche se aproxima para todos, aunque la de ellos será incluso algo más cerrada.
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sábado, abril 14, 2007
¿Motu Proprio ...?
El internet ha estado lleno estos días de vaticinios, profecías y –sobre todo- pensamientos desiderativos acerca de la proclamación del Motu Proprio. La recuperación de la Misa Tridentina sería un primer paso, ciertamente no suficiente, pero sí importante y necesario para una vuelta de la Iglesia Católica a la solidez doctrinal que nunca debió abandonar.
Negar que el Santo Padre está intentando hacer algo de todo esto sería necio. A Dios gracias hay una diferencia enorme entre el Ratzinger de 1965 y Benedicto XVI. No sólo el Papa es un intelectual privilegiado, como demuestran sus discursos y artículos, sino que tiene una cualidad que le adorna y ante la que me descubro, mucho más en un hombre que podría, legítimamente, sentirse orgulloso de los dones académicos que Dios le ha dado, que no son pocos. El Santo Padre es un hombre humilde y cuando ha sido capaz de ver la verdad en un punto o aspecto no le han dolido prendas para seguirla y arrojar por la borda cualesquiera posiciones equivocadas en las que antes hubiera podido hallarse. Es más, el Papa ha demostrado una gran solidez teológica; su hándicap pudiera estar en el seguimiento de corrientes filosóficas no tomistas. Pero sobre estas materias habrá expertos que puedan arrojar mucha más y mejor luz.
Es verdad que en muchas filas tradicionalistas se espera más de él. Pero no es menos cierto que está intentando, por activa y por pasiva, despertar a este pueblo católico que ha abandonado a su Salvador. Sus discursos, sus actos, un nuevo estilo y manera de hacer las cosas dicen mucho de él, y en mi modesta opinión –ahora más que nunca y sin que esto signifique abdicar de convicción alguna- los tradicionalistas deberíamos cerrar filas en torno al Papa.
Puede objetarse que algunos de los nombramientos que han acontecido bajo la égida de S.S. Benedicto XVI, como por ejemplo el de Kasper, son verdaderamente escandalosos. Empero no se puede negar que muchos de estos nombramientos corresponden a la maquinaria vaticana y no al Santo Padre como tal.
Hay, entre los tradicionalistas, quienes desafortunadamente vienen para montar su grupúsculo y su cenáculo, infectos de no poco espíritu de rebeldía y rebelión. El verdadero tradicionalista lo es, precisamente, para ser más Católico, más Apostólico y más Romano. Y déjeseme subrayar esto último: más Romano. Hay, entre los tradicionalistas, quienes no son capaces de ver que la distancia con Roma acaba por crearnos problemas, como algunos de jurisdicción canónica que pudieran tornarse en espinosos, como puede ser los asuntos de jurisdicción matrimonial. Bien es verdad que Roma tiene mucha culpa también por tolerar que las Diócesis, en claro abandono de la doctrina sobre la administración extraordinaria del Sacramento, lleguen al ridículo extremo de considerar inválidos todos los Sacramentos administrados por Sacerdotes tradicionalistas a los que, por otro lado, esas mismas Diócesis niegan el pan y la sal por el mero “delito” de desear y amar la venerable Liturgia de siempre. Si Roma pusiera orden, con el Código de Derecho Canónico en la mano, ciertas actitudes díscolas entre las filas tradicionales quedarían neutralizadas ipso facto. Pero también hay que reconocer que la posición canónica de ciertos tradicionalistas, quienes reclaman jurisdicciones inexistentes, es difícilmente sustentable o cuando menos erizada. El ser tradicionalista no da derecho a todo.
Existen, entre los tradicionalistas, algunas gentes que creen que, poco menos, el Papa tiene que pedir perdón por los excesos del Vaticano II y del post-Vaticano II. Valiente error. Guste o no guste, hay ciertas cosas que pertenecen a la administración del bien común, y eso, ejercido con prudencia (y no otra cosa) es la verdadera política. Para muchas almas débiles y poco formadas tal declaración de Roma podría ser hasta contraproducente. Roma puede dar pasos enormes para integrar uno de los poquísimos sectores de la Iglesia en franco crecimiento, como es la Tradición, con detalles mucho menos altisonantes, pero igualmente efectivos, sin tener que exponerse públicamente. Por ejemplo, se me ocurre, que la canonización de Monseñor Lefebvre sería borrar de un plumazo todas las dudas que puede haber sobre su falsa y sectaria excomunión, aspecto éste ya reconocido en privado por Obispos y Príncipes de la Iglesia como yerrado. Esperar que Roma se auto-impute errores de manera salvaje, como algunos tradicionalistas pretenden, es cuando menos pueril.
Escribo estas líneas ya en Sábado Santo, al filo de la medianoche, cuando en la oscuridad y desolación de la conmemoración de la Sacrosanta Muerte de Nuestro Señor Jesucristo anticipamos el momento feliz de mañana, cuando volvamos a la tumba de Cristo para ver la piedra movida y la Sábana Santa doblada y loar a Cristo resucitado. De igual modo la oscuridad y desolación de la Iglesia, a la que queda noche por recorrer en estos momentos aciagos, ha de encontrar ese momento feliz donde la Gracia vuelva a fluir libremente a través de la Liturgia de siempre.
Que el Santo Padre dé muestras de apoyo genuino a esa Liturgia de la manera que Su Santidad considere más oportuno, a la par que se ofrezca alguna solución canónica para que jamás los Sacerdotes tradicionalistas puedan ser hostigados por su defensa y práctica de la Liturgia de siempre sería muy de desear. Hay entre los tradicionalistas quienes no son capaces de separar el trigo de la paja, y creen que todo es conspiración por parte de Roma. No es así, y hay muchos sectores de la Iglesia oficial que desean que la Tradición tenga status oficial y, si se puede expresar así, santuario.
El deseo más grande sería que el Santo Padre (¡y ojalá fuera en medio de una Misa Tridentina!) consagre a Rusia al Inmaculado Corazón de María en compañía y unión de todos los Obispos del mundo. Ojalá que el Papa sea más y más consciente de que el pedido de Nuestra Señora en Fátima sería la conjura de muchísimos peligros y abismos sin nombre que se ciernen sobre esta humanidad doliente tan necesitada de Cristo como olvidada del Salvador.
Por estas tres cosas (el Motu Proprio, el status de la Tradición dentro de la Iglesia y la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón), pero sobre todo por la última hemos de rezar con fervor y esperanza.
Precisamente por eso: porque, al final, Su Inmaculado Corazón triunfará.
Rafael Castela Santos
Negar que el Santo Padre está intentando hacer algo de todo esto sería necio. A Dios gracias hay una diferencia enorme entre el Ratzinger de 1965 y Benedicto XVI. No sólo el Papa es un intelectual privilegiado, como demuestran sus discursos y artículos, sino que tiene una cualidad que le adorna y ante la que me descubro, mucho más en un hombre que podría, legítimamente, sentirse orgulloso de los dones académicos que Dios le ha dado, que no son pocos. El Santo Padre es un hombre humilde y cuando ha sido capaz de ver la verdad en un punto o aspecto no le han dolido prendas para seguirla y arrojar por la borda cualesquiera posiciones equivocadas en las que antes hubiera podido hallarse. Es más, el Papa ha demostrado una gran solidez teológica; su hándicap pudiera estar en el seguimiento de corrientes filosóficas no tomistas. Pero sobre estas materias habrá expertos que puedan arrojar mucha más y mejor luz.
Es verdad que en muchas filas tradicionalistas se espera más de él. Pero no es menos cierto que está intentando, por activa y por pasiva, despertar a este pueblo católico que ha abandonado a su Salvador. Sus discursos, sus actos, un nuevo estilo y manera de hacer las cosas dicen mucho de él, y en mi modesta opinión –ahora más que nunca y sin que esto signifique abdicar de convicción alguna- los tradicionalistas deberíamos cerrar filas en torno al Papa.
Puede objetarse que algunos de los nombramientos que han acontecido bajo la égida de S.S. Benedicto XVI, como por ejemplo el de Kasper, son verdaderamente escandalosos. Empero no se puede negar que muchos de estos nombramientos corresponden a la maquinaria vaticana y no al Santo Padre como tal.
Hay, entre los tradicionalistas, quienes desafortunadamente vienen para montar su grupúsculo y su cenáculo, infectos de no poco espíritu de rebeldía y rebelión. El verdadero tradicionalista lo es, precisamente, para ser más Católico, más Apostólico y más Romano. Y déjeseme subrayar esto último: más Romano. Hay, entre los tradicionalistas, quienes no son capaces de ver que la distancia con Roma acaba por crearnos problemas, como algunos de jurisdicción canónica que pudieran tornarse en espinosos, como puede ser los asuntos de jurisdicción matrimonial. Bien es verdad que Roma tiene mucha culpa también por tolerar que las Diócesis, en claro abandono de la doctrina sobre la administración extraordinaria del Sacramento, lleguen al ridículo extremo de considerar inválidos todos los Sacramentos administrados por Sacerdotes tradicionalistas a los que, por otro lado, esas mismas Diócesis niegan el pan y la sal por el mero “delito” de desear y amar la venerable Liturgia de siempre. Si Roma pusiera orden, con el Código de Derecho Canónico en la mano, ciertas actitudes díscolas entre las filas tradicionales quedarían neutralizadas ipso facto. Pero también hay que reconocer que la posición canónica de ciertos tradicionalistas, quienes reclaman jurisdicciones inexistentes, es difícilmente sustentable o cuando menos erizada. El ser tradicionalista no da derecho a todo.
Existen, entre los tradicionalistas, algunas gentes que creen que, poco menos, el Papa tiene que pedir perdón por los excesos del Vaticano II y del post-Vaticano II. Valiente error. Guste o no guste, hay ciertas cosas que pertenecen a la administración del bien común, y eso, ejercido con prudencia (y no otra cosa) es la verdadera política. Para muchas almas débiles y poco formadas tal declaración de Roma podría ser hasta contraproducente. Roma puede dar pasos enormes para integrar uno de los poquísimos sectores de la Iglesia en franco crecimiento, como es la Tradición, con detalles mucho menos altisonantes, pero igualmente efectivos, sin tener que exponerse públicamente. Por ejemplo, se me ocurre, que la canonización de Monseñor Lefebvre sería borrar de un plumazo todas las dudas que puede haber sobre su falsa y sectaria excomunión, aspecto éste ya reconocido en privado por Obispos y Príncipes de la Iglesia como yerrado. Esperar que Roma se auto-impute errores de manera salvaje, como algunos tradicionalistas pretenden, es cuando menos pueril.
Escribo estas líneas ya en Sábado Santo, al filo de la medianoche, cuando en la oscuridad y desolación de la conmemoración de la Sacrosanta Muerte de Nuestro Señor Jesucristo anticipamos el momento feliz de mañana, cuando volvamos a la tumba de Cristo para ver la piedra movida y la Sábana Santa doblada y loar a Cristo resucitado. De igual modo la oscuridad y desolación de la Iglesia, a la que queda noche por recorrer en estos momentos aciagos, ha de encontrar ese momento feliz donde la Gracia vuelva a fluir libremente a través de la Liturgia de siempre.
Que el Santo Padre dé muestras de apoyo genuino a esa Liturgia de la manera que Su Santidad considere más oportuno, a la par que se ofrezca alguna solución canónica para que jamás los Sacerdotes tradicionalistas puedan ser hostigados por su defensa y práctica de la Liturgia de siempre sería muy de desear. Hay entre los tradicionalistas quienes no son capaces de separar el trigo de la paja, y creen que todo es conspiración por parte de Roma. No es así, y hay muchos sectores de la Iglesia oficial que desean que la Tradición tenga status oficial y, si se puede expresar así, santuario.
El deseo más grande sería que el Santo Padre (¡y ojalá fuera en medio de una Misa Tridentina!) consagre a Rusia al Inmaculado Corazón de María en compañía y unión de todos los Obispos del mundo. Ojalá que el Papa sea más y más consciente de que el pedido de Nuestra Señora en Fátima sería la conjura de muchísimos peligros y abismos sin nombre que se ciernen sobre esta humanidad doliente tan necesitada de Cristo como olvidada del Salvador.
Por estas tres cosas (el Motu Proprio, el status de la Tradición dentro de la Iglesia y la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón), pero sobre todo por la última hemos de rezar con fervor y esperanza.
Precisamente por eso: porque, al final, Su Inmaculado Corazón triunfará.
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quarta-feira, abril 04, 2007
Paixão de Jesus Cristo

A primeira vereda de Jesus Cristo foi a perseguição judaica; a segunda, o patíbulo da cruz. Chama-se vereda por ser uma espécie de meia viagem. De facto, "semis" ou "semissis" significa metade. Estes caminhos foram pacíficos, isto é, estabeleceram a paz connosco. Donde Isaías: A disciplina que nos devia trazer a paz caiu sobre ele, e nós fomos sarados com as suas pisaduras. Disciplina, no étimo latino, quer dizer aprender tudo. O Filho de Deus tomou por nós a disciplina da Paixão, a fim de pacificar com o seu sangue o que está no céu e na terra, reconciliando o género humano com Deus Pai. Atende, ó homem miserável, quanta era a discórdia entre ti e Deus Pai. Nunca poderias reconciliar-te com Ele senão pelo castigo do seu Filho. Considera, ó pecador, quão graves eram as tuas feridas, que só puderam curar-se com as chagas de Jesus Cristo. E porque as tuas feridas eram de morte, e de morte eterna, o Filho de Deus morreu por ti. A dor constitui o remédio da dor. Por favor, não sejas, portanto, ingrato para com o homem rico, Filho de Deus e do homem. Ele curou as tuas chagas com as suas; com a sua morte restituiu-te à vida, estando tu morto. Constitui-te feitor dos seus bens, para os conservares, não para os dissipares.
Santo António de Lisboa
Santo António de Lisboa
A confissão liberta da angústia

Na confissão há sublimidade. Sublime quer dizer excelso, como que acima do limiar. No limiar está a entrada e a saída, que significam o nascimento e a morte. No nascimento, há miséria; na morte, angústia. A confissão, porém, põe no sublime, sobre o limiar, porque tira da miséria e liberta da angústia. A confissão pôs o ladrão no sublime, porque o libertou da miséria e da angústia. Por isso, mereceu ouvir: Estarás hoje comigo no paraíso. Com Jesus não há miséria alguma, mas a glória total; no paraíso não há angústia alguma, mas a alegria total.
Na restituição do pecador convertido à sua mãe há a profundidade da divina misericórdia. Ó profundidade da divina clemência, longe do fundo da inteligência humana.
Santo António de Lisboa
Na restituição do pecador convertido à sua mãe há a profundidade da divina misericórdia. Ó profundidade da divina clemência, longe do fundo da inteligência humana.
Santo António de Lisboa
Santo António de Lisboa

Numa escolha pessoal, em artigo recentemente publicado neste espaço, mencionei Santo António como sendo um dos maiores portugueses de sempre. De facto, no nosso País, fixados que estamos no seu lado popular - os objectos perdidos, os casamentos e as sardinhas assadas -, temos a tendência para esquecer que este santo é o único Doutor da Igreja português, senhor de uma estrita ortodoxia doutrinária que lhe valeu o epíteto nada ecuménico, mas muito católico, de "Martelo dos Hereges". São de sua autoria os dois pequenos textos que de seguida transcrevo, extraídos do volume I dos "Sermões de Santo António", antologia temática coligida por Henrique Pinto Rema, O.F.M., e editada pela Lello Editores, em Junho de 2000, os quais se enquadram na perfeição no tempo de Quaresma que presentemente atravessamos.
O mistério da iniquidade

Não tenho tido tempo para dedicar ao blogue, já que entre afazeres profissionais e compromissos familiares, os escassos momentos livres de que ainda vou dispondo invisto-os na leitura: ao contrário da escrever, ler para mim foi sempre uma necessidade quase tão grande como respirar.
Por estes dias, tenho andado entretido com as quase oitocentas páginas do livro de que acima reproduzo a capa: interessantíssimo, que desperta e prende verdadeiramente a atenção desde as primeiras páginas, ainda que muito penoso por confirmar os receios mais sombrios acerca do assunto.
A interpretação da História à luz dos ensinamentos da fé e moral cristãs, bem como a compreensão do actuar do mistério da iniquidade no mundo terreno foi um campo a que se dedicou com constância o melhor pensamento da tradição católica, o qual na segunda metade do século XIX e primeira do século XX teve alguns dos seus mais brilhantes expoentes nas pessoas de Cretineau-Joly, Monsenhores Gaume, Delassus e Jouin. Abandonado a nível oficial depois do Concílio Vaticano II, nem por isso deixou de ter os seus cultores no campo da tradição, de que Epiphanius, autor italiano que escreve sob tal pseudónimo, é talvez o mais notável exemplo contemporâneo, revelando um conhecimento enciclopédico sobre o tema no seu "Maçonnerie et Séctes Secrètes: Le Côté Caché de l'Histoire"[1].
Para este autor, a grave questão da hora presente reside eminentemente no abandono da ordem natural cristã imposto às nações ocidentais, decorrendo a generalidade dos problemas com que estas se debatem de tal causa inicial.
Como exemplo do que afirmo, da referida obra, aqui deixo para apreciação dos meus leitores os dois seguintes extractos. Primeiro:
"Tenter une explication du monde actuel en se limitant à recourir au déterminisme des lois physiques, ou aux principes économiques ou sociologiques, c'est une vision superficielle des choses qui ne peut satisfaireceux qui recherchent selon la verité: il faut se tourner dans une autre direction, pousser les recherches bien plus en profondeur en partant de la realité de l'homme: un être libre d'adhérer au Bien ou au Mal et pour cela même être en mesure de s'organiser pour les pratiquer l'un ou l'autre. La Loi parfaite de l'Évangile a soutenu l'homme depuis de longs siécles, éclairant son chemin et le soutenant dans cette espérance d'éternitéb qu'il concrétisa en édifiant la grande civilisation chrétienne - la cité terrestre élevée le plus possible à l'image de celle de Dieu.
Ainsi nous ne pouvons pas renoncer, par symétrie, à tenter de découvrir une rupture, une blessure dans l'histoire de l'homme, qui a permis au mal de s'organiser avec un dépôt doctrinal, un plan de domination de l'homme sur l'homme, une hiérarchie occulte qui veille à sa réalisation et à la fidèle transmission de ce dépôt, un parcours à accomplir pour asservir l'humanité à la "potestas tenebrarum", en un mot une vraie CONTRE-ÉGLISE tendant à s'approprier toute valeur religieuse et politique.
(...)
Les prodromes de la rupture se manifestant clairement dans la Réforme, en développant les objectifs d'attaque dans les deux directions de l'Empire et de la Paupaté. Et il ne pouvait pas en aller autrement: l'affirmation du libre examen exclut de par sa nature l'existence d'une Vérité objective, le protestant se donnant autant de verités qu'il y a d'interprétations individuelles; or, si chacun peut s'enorgueillir d'une vérité qui lui est propre, l'unique erreur est de soutenir qu'il existe une vérité unique. Il s'ensuit l'introduction d'un relativisme personnel sur ce qui est Bien et Juste. Il en résulte l'invalidation du principe d'autorité par l'orgueil de qui estime posséder sa propre verité et entend la faire valoir. Les hiérarchies naturelles devaient donc être balayées, en tant qu'obstacle à l'affirmation du propre moi, de sa verité. On réservera la plus grande haine et la plus grande aversion à l'Église catholique, maîtresse dans le domaine spirituel et guide dans le temporel, dépositaire en son chef visible, le Pape, du message du Divin Maître qui nie toute autre voie de salut en dehors de Lui, traitant de voleurs et de brigands ceux qui s'étaient jusqu'alors annoncé en Son nom.
Ainsi, la Contre-Église ne pouvait que s'enraciner et croître dans un terrain protestant. Nous tenterons donc de caractériser le parcours de la gnose qui, ressuscitée à la Renaissance, incarnée par les alchimistes et les Rose -Croix du XVIIIe siècle, s'articule à travers les loges martinistes , les Illuminés de Bavière, le mouvement Synarchique, arrivant, à travers notre siècle tourmenté, jusqu'aux grandes assises mondialistes de l'O.N.U. et de l'U.N.E.S.C.O. et, dans le domaine religieux, à ce dramatique et terrible événement que fut, pour la catholicité, le Concile Vatican II, suivi par le premier acte de la constitution du pendant religieux de l'O.N.U., avec la Journée de Prière de toutes les religions à Assise.
Aujourd'hui, au seuil du Gouvernement Mondial politique et économique, l'ennemi à abattre est encore l'Église catholique, unique voie de salut pour l'humanité. C'est ici qu'aura lieu la lutte final, ici que que les forces du mal concentreront tous leurs efforts, en applaudissant depuis le pupitre des mass-media à toute initiative engagée dans leur direction et en condamnant aussi bruyamment toute tentative de retour dans le giron de la Tradition catholique, de l'enseignement dogmatique de toujours. Aujourd'hui la crise que secoue l'Église est macroscopique, inégalable, et son rôle de dépositaire unique de la Vérité est mis en discussion dans des assemblées démocratiques par les hommes d'Église eux mêmes au nom d'un oecuménisme élargi à toutes les fausses religions, à toutes les erreurs. Ces hommes d'Église ont à coeur, plus que le salut des âmes, des attentes utopiques dans les domaines de la philantropie et de la societé, et pendant ce temps la catholicité este envahie par un pacifisme et une neutralité intellectuelle qu'elle n'a jamais connu dans sa longue histoire".
E de seguida:
"Évidemment le plus grand obstacle pour les mondialistes est constitué par l'Europe, berceau de la civilisation chrétienne qui l'a formée et qui, comme un phare, en a répandu le message dans le monde, par ses traditions enracinées dans les différents peuples de la Chrétienté dans le lit de laquelle la culture a atteint des sommets incomparables en atteignant dans le social cette unité dans la pluralité et dans la diversité, qui est un attribut seulement catholique et qui est synonime d'ordre, de véritable fraternité, de beauté et d'harmonie.
Pour unir l'Europe sur des bases différentes, sur des bases humaines ou, pire, pour construire l'unité européenne sur une convergence de simples intérêts économiques et financiers, il faut donc enlever à la racine cette mémoire historique, cette conscience d'un passé éclatant, cette persistance d'un type d'homme "naturaliter christianus", inseré dans sa terre, avec ses traditions, ses lois et ses usages. Pousser à un état d'anarchie généralisé, isoler l'individu dans sons egoïsme, rétablir la barbarie pré-chrétienne dans la société, mélanger des races différentes en les déracinant de leur terre, en un mot, enterrer les Nations, ce sont-là, comme chacun peut constater aujourd'hui, les lignes directrices suivies par les mondialistes.
Un homme sans racines, sans traditions, sans références, sans terre, sans autre but dans la vie que le plaisir ou l'accumulation de richesses personelles, voilá exactement le modèle recherché par ces mondialistes: des marionettes, une masse docile dont les prétentions ne dépassent pas le bien-être matériel et dont la vision du monde, vaste seulement en apparence, ne dépasse pas en réalité les limites de sa médiocre existence.
Les hommes des sectes savent bien tout cela. Ils surveillent attentivement et se hâtent d'intervenir pour étouffer tout signe timide (nous ne dirons pas même pas de restauration catholique aprés Vatican II) de réévocation de la grandeur de l?Europe médievále".
[1] À venda em SA D.P.F. (Diffusion de la Pensée Française), BP 1, 86190 Chiré-en-Montreuil, França - Preço: € 39,50 + portes de correio. Um preço pouco simpático, mas as oitocentas páginas do livro valem-no.
Por estes dias, tenho andado entretido com as quase oitocentas páginas do livro de que acima reproduzo a capa: interessantíssimo, que desperta e prende verdadeiramente a atenção desde as primeiras páginas, ainda que muito penoso por confirmar os receios mais sombrios acerca do assunto.
A interpretação da História à luz dos ensinamentos da fé e moral cristãs, bem como a compreensão do actuar do mistério da iniquidade no mundo terreno foi um campo a que se dedicou com constância o melhor pensamento da tradição católica, o qual na segunda metade do século XIX e primeira do século XX teve alguns dos seus mais brilhantes expoentes nas pessoas de Cretineau-Joly, Monsenhores Gaume, Delassus e Jouin. Abandonado a nível oficial depois do Concílio Vaticano II, nem por isso deixou de ter os seus cultores no campo da tradição, de que Epiphanius, autor italiano que escreve sob tal pseudónimo, é talvez o mais notável exemplo contemporâneo, revelando um conhecimento enciclopédico sobre o tema no seu "Maçonnerie et Séctes Secrètes: Le Côté Caché de l'Histoire"[1].
Para este autor, a grave questão da hora presente reside eminentemente no abandono da ordem natural cristã imposto às nações ocidentais, decorrendo a generalidade dos problemas com que estas se debatem de tal causa inicial.
Como exemplo do que afirmo, da referida obra, aqui deixo para apreciação dos meus leitores os dois seguintes extractos. Primeiro:
"Tenter une explication du monde actuel en se limitant à recourir au déterminisme des lois physiques, ou aux principes économiques ou sociologiques, c'est une vision superficielle des choses qui ne peut satisfaireceux qui recherchent selon la verité: il faut se tourner dans une autre direction, pousser les recherches bien plus en profondeur en partant de la realité de l'homme: un être libre d'adhérer au Bien ou au Mal et pour cela même être en mesure de s'organiser pour les pratiquer l'un ou l'autre. La Loi parfaite de l'Évangile a soutenu l'homme depuis de longs siécles, éclairant son chemin et le soutenant dans cette espérance d'éternitéb qu'il concrétisa en édifiant la grande civilisation chrétienne - la cité terrestre élevée le plus possible à l'image de celle de Dieu.
Ainsi nous ne pouvons pas renoncer, par symétrie, à tenter de découvrir une rupture, une blessure dans l'histoire de l'homme, qui a permis au mal de s'organiser avec un dépôt doctrinal, un plan de domination de l'homme sur l'homme, une hiérarchie occulte qui veille à sa réalisation et à la fidèle transmission de ce dépôt, un parcours à accomplir pour asservir l'humanité à la "potestas tenebrarum", en un mot une vraie CONTRE-ÉGLISE tendant à s'approprier toute valeur religieuse et politique.
(...)
Les prodromes de la rupture se manifestant clairement dans la Réforme, en développant les objectifs d'attaque dans les deux directions de l'Empire et de la Paupaté. Et il ne pouvait pas en aller autrement: l'affirmation du libre examen exclut de par sa nature l'existence d'une Vérité objective, le protestant se donnant autant de verités qu'il y a d'interprétations individuelles; or, si chacun peut s'enorgueillir d'une vérité qui lui est propre, l'unique erreur est de soutenir qu'il existe une vérité unique. Il s'ensuit l'introduction d'un relativisme personnel sur ce qui est Bien et Juste. Il en résulte l'invalidation du principe d'autorité par l'orgueil de qui estime posséder sa propre verité et entend la faire valoir. Les hiérarchies naturelles devaient donc être balayées, en tant qu'obstacle à l'affirmation du propre moi, de sa verité. On réservera la plus grande haine et la plus grande aversion à l'Église catholique, maîtresse dans le domaine spirituel et guide dans le temporel, dépositaire en son chef visible, le Pape, du message du Divin Maître qui nie toute autre voie de salut en dehors de Lui, traitant de voleurs et de brigands ceux qui s'étaient jusqu'alors annoncé en Son nom.
Ainsi, la Contre-Église ne pouvait que s'enraciner et croître dans un terrain protestant. Nous tenterons donc de caractériser le parcours de la gnose qui, ressuscitée à la Renaissance, incarnée par les alchimistes et les Rose -Croix du XVIIIe siècle, s'articule à travers les loges martinistes , les Illuminés de Bavière, le mouvement Synarchique, arrivant, à travers notre siècle tourmenté, jusqu'aux grandes assises mondialistes de l'O.N.U. et de l'U.N.E.S.C.O. et, dans le domaine religieux, à ce dramatique et terrible événement que fut, pour la catholicité, le Concile Vatican II, suivi par le premier acte de la constitution du pendant religieux de l'O.N.U., avec la Journée de Prière de toutes les religions à Assise.
Aujourd'hui, au seuil du Gouvernement Mondial politique et économique, l'ennemi à abattre est encore l'Église catholique, unique voie de salut pour l'humanité. C'est ici qu'aura lieu la lutte final, ici que que les forces du mal concentreront tous leurs efforts, en applaudissant depuis le pupitre des mass-media à toute initiative engagée dans leur direction et en condamnant aussi bruyamment toute tentative de retour dans le giron de la Tradition catholique, de l'enseignement dogmatique de toujours. Aujourd'hui la crise que secoue l'Église est macroscopique, inégalable, et son rôle de dépositaire unique de la Vérité est mis en discussion dans des assemblées démocratiques par les hommes d'Église eux mêmes au nom d'un oecuménisme élargi à toutes les fausses religions, à toutes les erreurs. Ces hommes d'Église ont à coeur, plus que le salut des âmes, des attentes utopiques dans les domaines de la philantropie et de la societé, et pendant ce temps la catholicité este envahie par un pacifisme et une neutralité intellectuelle qu'elle n'a jamais connu dans sa longue histoire".
E de seguida:
"Évidemment le plus grand obstacle pour les mondialistes est constitué par l'Europe, berceau de la civilisation chrétienne qui l'a formée et qui, comme un phare, en a répandu le message dans le monde, par ses traditions enracinées dans les différents peuples de la Chrétienté dans le lit de laquelle la culture a atteint des sommets incomparables en atteignant dans le social cette unité dans la pluralité et dans la diversité, qui est un attribut seulement catholique et qui est synonime d'ordre, de véritable fraternité, de beauté et d'harmonie.
Pour unir l'Europe sur des bases différentes, sur des bases humaines ou, pire, pour construire l'unité européenne sur une convergence de simples intérêts économiques et financiers, il faut donc enlever à la racine cette mémoire historique, cette conscience d'un passé éclatant, cette persistance d'un type d'homme "naturaliter christianus", inseré dans sa terre, avec ses traditions, ses lois et ses usages. Pousser à un état d'anarchie généralisé, isoler l'individu dans sons egoïsme, rétablir la barbarie pré-chrétienne dans la société, mélanger des races différentes en les déracinant de leur terre, en un mot, enterrer les Nations, ce sont-là, comme chacun peut constater aujourd'hui, les lignes directrices suivies par les mondialistes.
Un homme sans racines, sans traditions, sans références, sans terre, sans autre but dans la vie que le plaisir ou l'accumulation de richesses personelles, voilá exactement le modèle recherché par ces mondialistes: des marionettes, une masse docile dont les prétentions ne dépassent pas le bien-être matériel et dont la vision du monde, vaste seulement en apparence, ne dépasse pas en réalité les limites de sa médiocre existence.
Les hommes des sectes savent bien tout cela. Ils surveillent attentivement et se hâtent d'intervenir pour étouffer tout signe timide (nous ne dirons pas même pas de restauration catholique aprés Vatican II) de réévocation de la grandeur de l?Europe médievále".
[1] À venda em SA D.P.F. (Diffusion de la Pensée Française), BP 1, 86190 Chiré-en-Montreuil, França - Preço: € 39,50 + portes de correio. Um preço pouco simpático, mas as oitocentas páginas do livro valem-no.
Religio Christiana

Após três anos de labuta blogosférica, vezes demais sem a qualidade e a regularidade desejada, "A Casa de Sarto" está finalmente acompanhada nesta aventura por mais um blogue católico tradicional português - "Religio Christiana". De autoria de um jovem de vinte anos, postulante de uma ordem religiosa, propõe-se travar o bom combate da defesa da fé e moral católicas de sempre contra as investidas do modernismo e do progressismo heréticos. Recomendo-o, pois, a todos os meus leitores, fazendo votos para que este novo espaço frutifique nos seus intentos, para além de desejar que Deus conceda as maiores graças à vocação religiosa do seu responsável.
sábado, março 31, 2007
¿Caballeros católicos ...?
Creo que es lícito preguntarse si los caballeros católicos son una especie en extinción.
Rafael Castela Santos
Rafael Castela Santos
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Rafael Castela Santos
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sábado, março 31, 2007
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quarta-feira, março 28, 2007
O homem do momento

É Salazar! A sua vitória no concurso "Grandes Portugueses" organizado pela RTP tem valor relativo, sem prejuízo de haver exasperado os "democráticos", o que é sempre bom e divertido de se constatar. O modo inepto como a televisão pública o tentou banir num primeiro momento dos candidatos a serem submetidos à escolha dos telespectadores revelou-se afinal desastroso, provocando um efeito oposto ao pretendido pelos mentores de tal desiderato: em vez de o marginalizarem, promoveram-no involuntariamente!
Apesar de me parecer algo forçado considerar Salazar "o maior português de sempre" - um título que com propriedade mereceria ser discutido entre o Infante Dom Henrique, Nuno Álvares Pereira e Dom Afonso Henriques -, não me choca em absoluto incluir o antigo Presidente do Conselho numa lista dos dez portugueses mais relevantes de todos os tempos, onde para além das figuras já indicadas, também constariam Vasco da Gama, Luís de Camões, Afonso de Albuquerque, Dom João de Castro, Santo António e Dom Miguel).
Tratando-se de um governante humano, Salazar reflectiu a imperfeição inerente a tal condição, sendo ocioso repetir os defeitos de que a sua governação padeceu - numa perspectiva de direita dos valores e não da vulgata esquerdista, claro está - , a começar pela tendência para o compromisso com forças nada monárquicas e ainda menos católicas, passando pelo alheamento parcial face às legítimas aspirações sócio-económicas do homem médio da época, e até à permissividade para com a traição burguesa de uma certa alta sociedade grande beneficiária material da existência do Estado Novo, mas que o desprezava profundamente nos seus princípios fundamentais e essência. Sem prejuízo, Salazar nunca traiu, sempre serviu e jamais se serviu, ou seja, foi todo o inverso daqueles que desgovernam Portugal há já trinta e três anos, os quais não hesitam em utilizar em proveito próprio, pessoal e privado a coisa pública e fazer responder solidária e ilimitadamente pelos seus desvarios o património de todos os portugueses. E nesta diferença - no seu carácter probo, honrado e íntegro - reside a principal razão do triunfo no concurso televisivo! Trinta e sete anos decorridos desde a sua morte, trinta e três anos passados sobre o pronunciamento do 25 de Abril, Salazar, que se fosse vivo teria cento e dezoito anos, assume o papel de principal opositor ao regime vigente e ao iníquo governo socrático que o personifica! E os "democráticos" bem o sabem que assim é!
Apesar de me parecer algo forçado considerar Salazar "o maior português de sempre" - um título que com propriedade mereceria ser discutido entre o Infante Dom Henrique, Nuno Álvares Pereira e Dom Afonso Henriques -, não me choca em absoluto incluir o antigo Presidente do Conselho numa lista dos dez portugueses mais relevantes de todos os tempos, onde para além das figuras já indicadas, também constariam Vasco da Gama, Luís de Camões, Afonso de Albuquerque, Dom João de Castro, Santo António e Dom Miguel).
Tratando-se de um governante humano, Salazar reflectiu a imperfeição inerente a tal condição, sendo ocioso repetir os defeitos de que a sua governação padeceu - numa perspectiva de direita dos valores e não da vulgata esquerdista, claro está - , a começar pela tendência para o compromisso com forças nada monárquicas e ainda menos católicas, passando pelo alheamento parcial face às legítimas aspirações sócio-económicas do homem médio da época, e até à permissividade para com a traição burguesa de uma certa alta sociedade grande beneficiária material da existência do Estado Novo, mas que o desprezava profundamente nos seus princípios fundamentais e essência. Sem prejuízo, Salazar nunca traiu, sempre serviu e jamais se serviu, ou seja, foi todo o inverso daqueles que desgovernam Portugal há já trinta e três anos, os quais não hesitam em utilizar em proveito próprio, pessoal e privado a coisa pública e fazer responder solidária e ilimitadamente pelos seus desvarios o património de todos os portugueses. E nesta diferença - no seu carácter probo, honrado e íntegro - reside a principal razão do triunfo no concurso televisivo! Trinta e sete anos decorridos desde a sua morte, trinta e três anos passados sobre o pronunciamento do 25 de Abril, Salazar, que se fosse vivo teria cento e dezoito anos, assume o papel de principal opositor ao regime vigente e ao iníquo governo socrático que o personifica! E os "democráticos" bem o sabem que assim é!
terça-feira, março 27, 2007
No terceiro aniversário do "Pasquim da Reacção"

Aquando da comemoração do primeiro aniversário do "Pasquim da Reacção", felicitei o Corcunda pelo elevadíssimo nível e distinção que tem sabido manter na blogosfera, qualidades que tornaram o espaço de que é responsável em algo verdadeiramente ímpar e de visita obrigatória diária; dois anos depois, reitero em pleno as considerações que então teci. E porque aos aniversariantes é hábito oferecer-se uma prenda, aqui deixo estas linhas de Frei Fortunato de São Boavenura, bem a propósito retiradas do célebre "Punhal dos Corcundas" (1824) e citadas em "Os Nossos Mestres ou o Breviário da Contra-Revolução", obra coligida por Fernando Campos:
- A questão que mais vezes me tem feito dar voltas ao juízo é a da soberania do povo. Havia sete séculos que se dizia que a soberania estava no Rei. Em todo este espaço Portugal formou-se em Reino, ganhou poder, caiu, levantou-se, e sempre se engradeceu. Quem notando estes acontecimentos não via que a soberania posta em El-Rei está muito bem posta? Todavia depois de 24 de Agosto começou a dizer-se que a soberania residia essencialmente na nação, isto é, que a nação não é nação sem ser soberana! Confesso que ouvindo esta doutrina senti em mim certa comoção estranha, e tal qual se sente pela aparição de fenómenos imprevistos, espantosos e anteriormente ignorados.
- Assentemos de uma vez que nunca o Povo se diz soberano para outro fim mais do que cair toda a soberania nas mãos de um punhado de aventureiros, que desta arte lhe fazem a boca doce, enquanto mui a salvo, e a despeito da moral cristã e dos princípios mais vulgares de decência, vão enchendo a bolsa.
- Desta soberania armada no ar entrei a desconfiar ainda mais quando vi seus efeitos práticos. Dizia-se que o povo havia de nomear quem lhe fizesse as leis, e que El-Rei devia executá-las à risca. Mas na nomeação de deputados vi que tudo era ambição e maranha. O povo não sabia ler, e nomeava por escrito quem os mais poderosos e os mais manhosos queriam para seus representantes. Ele profanou a autoridade de deputados, dando-lhes apelidos que nem ao diabo lembram. Profanou-a dando aos deputados os nomes de pais da pátria, de legisladores, de reformadores dos abusos, de liberais, etc., e bem sabia eu que os antigos davam raras vezes o nome de pai da pátria, e só a varões ao pé dos quais Fern. Th., M. B. C., etc., são como um ratinho ao pé de um elefante da Ásia.
- Mas quando eu vi o Salão das Cortes cheio de bandalhos e petimetres, tão fofos como um sapo inchado, vomitando sandices e minando os alicerces da Religião e da Monarquia, desenganei-me de que a tal soberania era uma farsa armada para certos fins. Que diabo de soberania é esta (dizia eu) que traz inquieta a nação, espalha a impiedade, persegue os bons, desmancha a máquina da Monarquia, excita a guerra civil, provoca as tropas ultramontanas e prepara a anarquia? É para isto que foi proclamada a soberania do povo?
- A soberania do povo.
De que na antiguidade sagrada ou profana, por mais que se busque, não aparecem vestígios, antes pelo contrário quanto mais perto da origem da sociedade chegam os trabalhos e exames históricos, vai-se parar constantemente em algum Rei, ou Juiz, ou Magistrado Supremo… o que é tão certo que o ditado vulgar, "haja um que nos governe", já o era mil anos antes que Jesus Cristo viesse ao mundo…
- Um Rei deve ser clemente; e já dizia um filósofo antigo (Séneca) que era tão indecoroso a um Rei o perdoar a todos, como o castigar a todos; há porém muitos lances em que uma desmesurada clemência é um crime de que o Rei dos Reis lhe tomará uma estreitíssima conta.
- A questão que mais vezes me tem feito dar voltas ao juízo é a da soberania do povo. Havia sete séculos que se dizia que a soberania estava no Rei. Em todo este espaço Portugal formou-se em Reino, ganhou poder, caiu, levantou-se, e sempre se engradeceu. Quem notando estes acontecimentos não via que a soberania posta em El-Rei está muito bem posta? Todavia depois de 24 de Agosto começou a dizer-se que a soberania residia essencialmente na nação, isto é, que a nação não é nação sem ser soberana! Confesso que ouvindo esta doutrina senti em mim certa comoção estranha, e tal qual se sente pela aparição de fenómenos imprevistos, espantosos e anteriormente ignorados.
- Assentemos de uma vez que nunca o Povo se diz soberano para outro fim mais do que cair toda a soberania nas mãos de um punhado de aventureiros, que desta arte lhe fazem a boca doce, enquanto mui a salvo, e a despeito da moral cristã e dos princípios mais vulgares de decência, vão enchendo a bolsa.
- Desta soberania armada no ar entrei a desconfiar ainda mais quando vi seus efeitos práticos. Dizia-se que o povo havia de nomear quem lhe fizesse as leis, e que El-Rei devia executá-las à risca. Mas na nomeação de deputados vi que tudo era ambição e maranha. O povo não sabia ler, e nomeava por escrito quem os mais poderosos e os mais manhosos queriam para seus representantes. Ele profanou a autoridade de deputados, dando-lhes apelidos que nem ao diabo lembram. Profanou-a dando aos deputados os nomes de pais da pátria, de legisladores, de reformadores dos abusos, de liberais, etc., e bem sabia eu que os antigos davam raras vezes o nome de pai da pátria, e só a varões ao pé dos quais Fern. Th., M. B. C., etc., são como um ratinho ao pé de um elefante da Ásia.
- Mas quando eu vi o Salão das Cortes cheio de bandalhos e petimetres, tão fofos como um sapo inchado, vomitando sandices e minando os alicerces da Religião e da Monarquia, desenganei-me de que a tal soberania era uma farsa armada para certos fins. Que diabo de soberania é esta (dizia eu) que traz inquieta a nação, espalha a impiedade, persegue os bons, desmancha a máquina da Monarquia, excita a guerra civil, provoca as tropas ultramontanas e prepara a anarquia? É para isto que foi proclamada a soberania do povo?
- A soberania do povo.
De que na antiguidade sagrada ou profana, por mais que se busque, não aparecem vestígios, antes pelo contrário quanto mais perto da origem da sociedade chegam os trabalhos e exames históricos, vai-se parar constantemente em algum Rei, ou Juiz, ou Magistrado Supremo… o que é tão certo que o ditado vulgar, "haja um que nos governe", já o era mil anos antes que Jesus Cristo viesse ao mundo…
- Um Rei deve ser clemente; e já dizia um filósofo antigo (Séneca) que era tão indecoroso a um Rei o perdoar a todos, como o castigar a todos; há porém muitos lances em que uma desmesurada clemência é um crime de que o Rei dos Reis lhe tomará uma estreitíssima conta.
segunda-feira, março 26, 2007
La batalla que se aproxima
El siempre excelente Vázquez de Mella escribió este artículo en El Correo Español, decano de la prensa vasca, en 1891. Sorprende que algo escrito hace más de cien años siga conservando la prístina actualidad con que Don Juan Vázquez de Mella dio vida a esta pieza suya. Los dos últimos párrafos, donde contrapone la esclavitud del amor libremente escogida versus la esclavitud del odio impuesta por la fuerza, son verdaderamente apoteósicos.
“Una de las frases hechas y de los lugares comunes que sirven de relleno en las disertaciones y escritos de los modernos charlatanes y sociólogos es, sin duda, la de que estamos en un período de transición. Los mismos que repiten de continuo la frase no comprenden su verdadero sentido, y procuran traducirla de un modo harto optimista, suponiendo que con ella se quiere indicar el cambio que se está operando en el seno de las sociedades entre el antiguo régimen cristiano, fundado en el derecho católico, y el régimen moderno, fundado en el derecho nuevo, entendiendo por éste la democracia individualista o armónica que se va lentamente estableciendo sobre los restos del antiguo mundo, ya carcomido y decrépito.
Pero, en realidad, a poco que se medite y observe, es otra la transición que estamos presenciando y otro muy distinto el combate que se libra en el mundo. El liberalismo individualista y ecléctico, radical y doctrinario, fue indudablemente durante gran parte del siglo, y aún lo es para algunos espíritus rezagados, el supremo ideal que pugnaba por entronizarse en los pueblos, y que explicaba con sus contiendas la convulsión de la sociedad moderna, periodo angustiosísimo que terminaría de un modo feliz cuando las nuevas ideas hubiesen pasado de los espíritus a los hechos y gracias a ellas Cristo bajase del altar para ceder el puesto a la razón emancipada del yugo de su Cruz.
Mas sucedió al revés precisamente de lo que esperaban los modernos redentores de la Humanidad. El mundo por ellos combatido cayó al suelo en el orden político, manteniéndose firme en el social, a pesar de las violentas acometidas y de los sacudimientos con que trataron de remover sus cimientos seculares. En cambio, la nueva creación revolucionaria, dando muestras de la consistencia y solidez del principio racionalista que le sirvió de pedestal, no ha llegado a celebrar el primer centenario sin que ya aparezca cuarteada toda la fábrica, agrietados los muros y próxima a derrumbarse con estrépito, a pesar de haber empleado la mayor parte del tiempo, no en añadirle nuevas dependencias, sino en revocar la fachada y poner al edificio andamiaje, a fin de que pudiese prolongar su mísera existencia, retardando lo más posible el descrédito de los arquitectos. Todo fue en vano. El edificio político y económico ahí está arruinándose, como todos los edificios, por la techumbre, que es lo primero que se deteriora y destruye.
¡Cosa verdaderamente notable! La revolución política termina su evolución precisamente en el momento en que empieza a cundir por todas partes su descrédito. Diríase que Dios esperaba que los obreros de la nueva babel lanzasen el primer grito de júbilo al ver lo adelantado de su obra, para castigar su soberbia mostrándoles lo estéril y miserable de la empresa de que se enorgullecían. Libertad de pensamiento y de palabra contra el deber de absoluta dependencia que liga al hombre con Dios; soberanía individual y colectiva contra la natural subordinación del súbdito a la autoridad legítima; libertad económica contra la relación de caridad y de justicia que liga a los fuertes y poderosos con los débiles y pobres; todas las libertades revolucionarias están ahí de cuerpo presente, demostrándonos con sus desastrosos efectos la aberración del principio que las alimenta.
La lucha de sectas, escuelas y partidos, desgarrando los espíritus y encendiendo la guerra en la inteligencias y en los corazones; la serie interminable de oligarquías que con nombres diversos hacen pasar su voluntad tiránica por la que se suponía que había de brotar de la masa social, y, por último, la muchedumbre obrera, que dice a sus libertadores que le devuelvan la antigua reglamentación, porque tanta libertad liberal la ahoga con la argolla de la miseria; todo esto constituye el gran proceso de la revolución, dándose la muerte con la piqueta con que se había propuesto no dejar en su sitio una sola piedra del antiguo alcázar, cuya belleza y majestad ni siquiera quiso comprender.
No es, por lo tanto, el mundo cristiano el que se derrumba para que sobre sus escombros se alce el paganismo restaurado. La idea católica, a pesar de todas las propagandas revolucionarias, sigue siendo la savia de que todavía reciben las naciones la vida que les resta. Si ha perdido su influjo en los Estados, aún conserva la divina virtualidad para volver a ejercerla en tiempo no lejano con la misma eficacia de otros siglos. Lo que cae y se desmorona es el edificio liberal, apenas levantado.
Un nuevo orden social y económico, que en todo lo que encierra de bueno es la reproducción del antiguo régimen cristiano, y que en todo lo que encierra lo malo, que es mucho, es la exageración del principio liberal, cuyos efectos trata de evitar, es lo que ahora se levanta. La revolución liberal política desaparece, y se va a comenzar la social. Su triunfo será más efímero que la primera, pero no lo será la enseñanza que la sociedad deducirá de la catástrofe, porque el día en que se plantee la última consecuencia social de la revolución será el primer día de la verdadera restauración cristiana de la sociedad.
En la nueva lucha, los liberalismos individualistas y eclécticos serán apartados por los combatientes con desprecio, para que ambos adversarios puedan dirimir sin estorbos enojosos la suprema cuestión. Y es preciso estar ciegos para no ver que los nuevos y únicos contendientes serán el verdadero socialismo católico de la Iglesia, que proclama la esclavitud voluntaria de la caridad y el sacrificio, y el socialismo ateo de la Revolución, que afirma la esclavitud por la fuerza y la tiranía del dios Estado.”
Juan Vázquez de Mella
(RCS)
“Una de las frases hechas y de los lugares comunes que sirven de relleno en las disertaciones y escritos de los modernos charlatanes y sociólogos es, sin duda, la de que estamos en un período de transición. Los mismos que repiten de continuo la frase no comprenden su verdadero sentido, y procuran traducirla de un modo harto optimista, suponiendo que con ella se quiere indicar el cambio que se está operando en el seno de las sociedades entre el antiguo régimen cristiano, fundado en el derecho católico, y el régimen moderno, fundado en el derecho nuevo, entendiendo por éste la democracia individualista o armónica que se va lentamente estableciendo sobre los restos del antiguo mundo, ya carcomido y decrépito.
Pero, en realidad, a poco que se medite y observe, es otra la transición que estamos presenciando y otro muy distinto el combate que se libra en el mundo. El liberalismo individualista y ecléctico, radical y doctrinario, fue indudablemente durante gran parte del siglo, y aún lo es para algunos espíritus rezagados, el supremo ideal que pugnaba por entronizarse en los pueblos, y que explicaba con sus contiendas la convulsión de la sociedad moderna, periodo angustiosísimo que terminaría de un modo feliz cuando las nuevas ideas hubiesen pasado de los espíritus a los hechos y gracias a ellas Cristo bajase del altar para ceder el puesto a la razón emancipada del yugo de su Cruz.
Mas sucedió al revés precisamente de lo que esperaban los modernos redentores de la Humanidad. El mundo por ellos combatido cayó al suelo en el orden político, manteniéndose firme en el social, a pesar de las violentas acometidas y de los sacudimientos con que trataron de remover sus cimientos seculares. En cambio, la nueva creación revolucionaria, dando muestras de la consistencia y solidez del principio racionalista que le sirvió de pedestal, no ha llegado a celebrar el primer centenario sin que ya aparezca cuarteada toda la fábrica, agrietados los muros y próxima a derrumbarse con estrépito, a pesar de haber empleado la mayor parte del tiempo, no en añadirle nuevas dependencias, sino en revocar la fachada y poner al edificio andamiaje, a fin de que pudiese prolongar su mísera existencia, retardando lo más posible el descrédito de los arquitectos. Todo fue en vano. El edificio político y económico ahí está arruinándose, como todos los edificios, por la techumbre, que es lo primero que se deteriora y destruye.
¡Cosa verdaderamente notable! La revolución política termina su evolución precisamente en el momento en que empieza a cundir por todas partes su descrédito. Diríase que Dios esperaba que los obreros de la nueva babel lanzasen el primer grito de júbilo al ver lo adelantado de su obra, para castigar su soberbia mostrándoles lo estéril y miserable de la empresa de que se enorgullecían. Libertad de pensamiento y de palabra contra el deber de absoluta dependencia que liga al hombre con Dios; soberanía individual y colectiva contra la natural subordinación del súbdito a la autoridad legítima; libertad económica contra la relación de caridad y de justicia que liga a los fuertes y poderosos con los débiles y pobres; todas las libertades revolucionarias están ahí de cuerpo presente, demostrándonos con sus desastrosos efectos la aberración del principio que las alimenta.
La lucha de sectas, escuelas y partidos, desgarrando los espíritus y encendiendo la guerra en la inteligencias y en los corazones; la serie interminable de oligarquías que con nombres diversos hacen pasar su voluntad tiránica por la que se suponía que había de brotar de la masa social, y, por último, la muchedumbre obrera, que dice a sus libertadores que le devuelvan la antigua reglamentación, porque tanta libertad liberal la ahoga con la argolla de la miseria; todo esto constituye el gran proceso de la revolución, dándose la muerte con la piqueta con que se había propuesto no dejar en su sitio una sola piedra del antiguo alcázar, cuya belleza y majestad ni siquiera quiso comprender.
No es, por lo tanto, el mundo cristiano el que se derrumba para que sobre sus escombros se alce el paganismo restaurado. La idea católica, a pesar de todas las propagandas revolucionarias, sigue siendo la savia de que todavía reciben las naciones la vida que les resta. Si ha perdido su influjo en los Estados, aún conserva la divina virtualidad para volver a ejercerla en tiempo no lejano con la misma eficacia de otros siglos. Lo que cae y se desmorona es el edificio liberal, apenas levantado.
Un nuevo orden social y económico, que en todo lo que encierra de bueno es la reproducción del antiguo régimen cristiano, y que en todo lo que encierra lo malo, que es mucho, es la exageración del principio liberal, cuyos efectos trata de evitar, es lo que ahora se levanta. La revolución liberal política desaparece, y se va a comenzar la social. Su triunfo será más efímero que la primera, pero no lo será la enseñanza que la sociedad deducirá de la catástrofe, porque el día en que se plantee la última consecuencia social de la revolución será el primer día de la verdadera restauración cristiana de la sociedad.
En la nueva lucha, los liberalismos individualistas y eclécticos serán apartados por los combatientes con desprecio, para que ambos adversarios puedan dirimir sin estorbos enojosos la suprema cuestión. Y es preciso estar ciegos para no ver que los nuevos y únicos contendientes serán el verdadero socialismo católico de la Iglesia, que proclama la esclavitud voluntaria de la caridad y el sacrificio, y el socialismo ateo de la Revolución, que afirma la esclavitud por la fuerza y la tiranía del dios Estado.”
Juan Vázquez de Mella
(RCS)
terça-feira, março 20, 2007
Os setenta anos da "Divini Redemptoris"

Há exactamente setenta anos, no dia 19 de Março de 1937, por intermédio da Encíclica "Divini Redemptoris", o Papa Pio XI condenava formal e solenemente o comunismo ateu, apodando-o com precisão lapidar de "intrinsecamente perverso". Para ler e reflectir num tempo em que a ideologia comunista (que não deve ser confundida com o defunto sovietismo) penetrou profundamente no próprio seio da Igreja Católica, para além de continuar a produzir em pleno todos os seus devastadores efeitos espirituais e materiais, já que a mesma outra coisa não é do que o consumar da revolução anticristã ao nível mais extremo e radical. Relembremos portanto um trecho de tão notável documento:
Premunir-se contra as ciladas do comunismo
57. Sobre este ponto insistimos na Nossa Alocução, de 12 de Maio do ano passado, mas julgamos necessário, Veneráveis Irmãos, chamar de novo sobre ele, de modo particular, a vossa atenção. Ao princípio, o comunismo mostrou-se tal qual era em toda a sua perversidade; mas bem depressa se capacitou de que desse modo afastava de si os povos; e por isso mudou de táctica e procura atrair as multidões com vários enganos, ocultando os seus desígnios sob a máscara de ideais, em si bons e atraentes. Assim, vendo o desejo geral de paz, os chefes do comunismo fingem ser os mais zelosos fautores e propagandistas do movimento a favor da paz mundial; mas ao mesmo tempo excitam a uma luta de classes que faz correr rios de sangue, e, sentindo que não têm garantias internas de paz, recorrem a armamentos ilimitados. Assim, sob vários nomes que nem por sombras aludem ao comunismo, fundam associações e periódicos que servem depois unicamente para fazerem penetrar as suas ideias em meios, que doutra forma lhe não seriam facilmente acessíveis, procuram até com perfídia infiltrar-se em associações católicas e religiosas. Assim, em outras partes, sem renunciarem um ponto a seus perversos princípios, convidam os católicos a colaborar com eles no campo chamado humanitário e caritativo, propondo às vezes, até coisas completamente conformes ao espírito cristão e à doutrina da Igreja. Em outras partes levam a hipocrisia até fazer crer que o comunismo, em países de maior fé e de maior cultura, tomará outro aspecto mais brando, não impedirá o culto religioso e respeitará a liberdade das consciências. Há até quem, reportando-se a certas alterações recentemente introduzidas na legislação soviética, deduz que o comunismo está em vésperas de abandonar o seu programa de luta contra Deus.
58. Procurai, Veneráveis Irmãos, que os fiéis não se deixem enganar! O comunismo é intrinsecamente perverso e não se pode admitir em campo nenhum a colaboração com ele, da parte de quem quer que deseje salvar a civilização cristã. E, se alguns, induzidos em erro, cooperassem para a vitória do comunismo no seu país, seriam os primeiros a cair como vítimas do seu erro; e quanto mais se distinguem pela antiguidade e grandeza da sua civilização cristã as regiões aonde o comunismo consegue penetrar, tanto mais devastador lá se manifesta o ódio dos “sem-Deus”. (destaques meus)
Premunir-se contra as ciladas do comunismo
57. Sobre este ponto insistimos na Nossa Alocução, de 12 de Maio do ano passado, mas julgamos necessário, Veneráveis Irmãos, chamar de novo sobre ele, de modo particular, a vossa atenção. Ao princípio, o comunismo mostrou-se tal qual era em toda a sua perversidade; mas bem depressa se capacitou de que desse modo afastava de si os povos; e por isso mudou de táctica e procura atrair as multidões com vários enganos, ocultando os seus desígnios sob a máscara de ideais, em si bons e atraentes. Assim, vendo o desejo geral de paz, os chefes do comunismo fingem ser os mais zelosos fautores e propagandistas do movimento a favor da paz mundial; mas ao mesmo tempo excitam a uma luta de classes que faz correr rios de sangue, e, sentindo que não têm garantias internas de paz, recorrem a armamentos ilimitados. Assim, sob vários nomes que nem por sombras aludem ao comunismo, fundam associações e periódicos que servem depois unicamente para fazerem penetrar as suas ideias em meios, que doutra forma lhe não seriam facilmente acessíveis, procuram até com perfídia infiltrar-se em associações católicas e religiosas. Assim, em outras partes, sem renunciarem um ponto a seus perversos princípios, convidam os católicos a colaborar com eles no campo chamado humanitário e caritativo, propondo às vezes, até coisas completamente conformes ao espírito cristão e à doutrina da Igreja. Em outras partes levam a hipocrisia até fazer crer que o comunismo, em países de maior fé e de maior cultura, tomará outro aspecto mais brando, não impedirá o culto religioso e respeitará a liberdade das consciências. Há até quem, reportando-se a certas alterações recentemente introduzidas na legislação soviética, deduz que o comunismo está em vésperas de abandonar o seu programa de luta contra Deus.
58. Procurai, Veneráveis Irmãos, que os fiéis não se deixem enganar! O comunismo é intrinsecamente perverso e não se pode admitir em campo nenhum a colaboração com ele, da parte de quem quer que deseje salvar a civilização cristã. E, se alguns, induzidos em erro, cooperassem para a vitória do comunismo no seu país, seriam os primeiros a cair como vítimas do seu erro; e quanto mais se distinguem pela antiguidade e grandeza da sua civilização cristã as regiões aonde o comunismo consegue penetrar, tanto mais devastador lá se manifesta o ódio dos “sem-Deus”. (destaques meus)
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