En este momento en que vivimos, esta hora de alfeñiques y enanos, mentales y espirituales, no puede uno por menos de recordar la gesta de la reconquista de Malvinas hace 25 años, precisamente, este mes.
De entre las varias cosas que he leído me gustó mucho el editorial de la Revista Cabildo, firmado por Antonio Caponnetto, gran orador y gran patriota (que ellos, “a la portuguesa”, llaman “nacionalista”) argentino. Ahí queda el enlace que aboca a él.
Andando los años me encontré con algún combatiente británico que luchó allá. Reconocía la valentía, así como la falta de preparación, de aquellos soldados de reemplazo que vertieron su sangre para que el Derecho Internacional no prescriba, para que la reclamación de integridad territorial de la Argentina no sea papel mojado. Como estos viejos y no menos, siempre, formidables soldados ingleses reconocían, la actuación de la Fuerza Aérea Argentina fue heroica.
Pero más allá de esa valoración a ras de tierra suele haber en las guerras una significación metapolítica que la hábil pluma de Antonio Caponnetto nos desbroza:
“Era justa la guerra, quede en claro, precisamente por su hondo e irrenunciable significado teológico. Porque como bien lo ha columbrado Alberto Caturelli, se lidiaba contra Albión, que es la apostasía; contra Leviatán, que es la Serpiente; contra Gog, que es la usura. Porque se luchaba por una soberanía, que no es únicamente señorío sobre el paisaje, sino y ante todo restauración de la Principalía de Jesucristo: La que el hereje desterró de nuestras Islas, desde el mismo día que las poseyó por la fuerza. No fue obra de la casualidad sino de la Providencia, que el operativo militar que restituyó aquel terreno austral injustamente arrebatado, llevase por nombre el de Nuestra Señora del Rosario.”
Hoy día, en esta hora de los enanos que nos toca sufrir, son los antihéroes quienes dominan. Gracias a aquellos héroes, denostados por el poder establecido de un infame y terrorista Presidente, como Kirchner, no sólo se salvó el honor sino que también la legitimidad de la reclamación irrenunciable sigue en pie. Pero los políticos argentinos denigran sin cesar todo lo que allí aconteció, posiblemente lo último noble conseguido por las Españas argentinas hasta hoy en día. Como antihéroe y apátrida era aquel liberaloide Presidente español, encima renegado de su propia sangre pues era sobrino del valiente diputado Calvo Sotelo asesinado por la hidra marxista en 1936, quien se atrevió a espetar aquello de “las Malvinas son un problema distinto y distante” [de Gibraltar]. Este mentecato (el sobrino, el infame) era incapaz de ver hasta lo obvio: que el latrocinio era cometido por los mismos fenicios, con idénticos propósitos y parecidos resultados.
La réplica a Calvo Sotelo (el sobrino, el infame) se la dio el pueblo español, que en número de un millón llenó la Plaza de Oriente y aledaños donde las albicelestes y las rojigualdas se fundían en un solo grito en reclamar para las Españas de uno y otro lado del charco la integridad territorial. Calvo Sotelo (el sobrino, el infame) se alineaba así con gobernantes como Carlos IV, que entregó España a Francia. Y el pueblo español, que el 2 de Mayo de 1808 empezara con la proclama del modestísimo Alcalde de Móstoles la lucha contra el invasor francés que el Rey y el valido Godoy y todos los demás afrancesados acataban, se volvió a levantar en Madrid en contra del parecer del entonces Presidente (el sobrino, el infame).
Algún día algunos gauchos de origen español y unas cuantas preciosas porteñas (¡Señor, qué difícil nos pones la práctica de ciertas virtudes a veces!) van a llenar aquellas rudas islas de criollos. O eso decía el tango. Tango que acabará por volverse profecía.
Entretanto Malvinas es una derrota, otra más. La penúltima. O quizás la antepenúltima. Como las derrotas de los federales, las de los carlistas, de los miguelistas, las de los defensores pontificios, las de los confederados o de los cristeros. Pero de igual modo que las victorias son premios, las derrotas son lecciones que Dios da. En esta Iglesia en que nos encontramos, la Quinta a decir del Apokalypsis, las lecciones son muchas y los premios pocos.
Que cada cual saque sus propia lección dejando claro que la primera de todas, y no la menor, es el loor a esos héroes que yacen en el cementerio de Malvinas o en el fondo del Atlántico Sur. La segunda es que todos los pueblos de moral púnica han acabado siempre mal, como bien quedó patente con Cartago.
¡Cuánto desearía que esta nación inglesa, a la que tanto tengo que agradecer y tanto amo, volviera a ser esa Inglaterra de Tolkien, de Chesterton y de Belloc; la de San Eduardo y la de Alfredo el Grande con la que me siento tan identificado! ¡Quiera Dios que esa visión que tuvo el Santo Cura de Ars, de una Inglaterra magnificente por su retorno al catolicismo, su cultura, saber y santidad sea absolutamente cierta! ¡Cuánto desearía que Inglaterra volviese a ser, una vez más, la nación más monástica de la Cristiandad, como otrora lo fue! ¡Cuánto desearía que la amargura de ese escritorazo de Evelyn Waugh por su propia Patria se transmutase en sonrisa feliz en el más allá! ¡Cuánto la de esa idea tan trabada, tan equilibrada y tan perfecta que el Cardenal Newman tenía sobre tantas cosas tomase carne en su propia nación! ¡Cuánto desearía que Inglaterra dejase de ser fenicia y volviese a ser romana, en todos los sentidos de la palabra!
Malvinas: ¡Volveremos!
Rafael Castela Santos
domingo, abril 22, 2007
segunda-feira, abril 16, 2007
Breves - 21

- Atormentado pela indisponibilidade de tempo livre e acometido pelo cansaço físico e mental, fruto do excesso de trabalho que me continua a perseguir e também do facto de já ter gozado as últimas férias há oito meses, a verdade é que me tem faltado tanto a capacidade como a vontade para actualizar este espaço com mais regularidade, sem prejuízo de não esquecer os meus leitores e de continuar a reflectir sobre a actualidade, pelo que aqui deixo mais um conjunto de "Breves".
- Apesar de há muito não escrever acerca da questão do prometido "Motu Proprio"papal sobre a plena libertação da Missa tradicional de rito latino-gregoriano, por motivos que oportunamente expliquei, parece-me de assinalar a importante evolução ocorrida nas últimas semanas quanto a esta matéria: em entrevista concedida ao parisiense "Le Figaro", o Secretário de Estado do Vaticano, Cardeal Tarcisio Bertone, confirmou a existência do referido "Motu Proprio", bem como a intenção do Papa Bento XVI em levar avante a sua publicação, sem contudo ter precisado qualquer data para a ocorrência de tal evento. Ora, a este propósito, recomendo a leitura de um dos mais recentes artigos do Professor Orlando Fedeli, da Associação Montfort, o qual, em resumo e fundadamente (no que é corroborado pelo sempre bem informado "Rorate- Caeli"), sustenta que o "Motu Proprio" há-de inevitavelmente acabar por vir à luz do dia.
- E enquanto se aguarda a chegada do "Motu Proprio", merece ser destacada a homília proferida por Sua Santidade no passado dia 25 de Março, Terceiro Domingo da Quaresma, ao recordar aquela que é talvez a mais impopular de todas as verdades de fé para as mentes modernas e modernistas: a existência do Inferno, lugar de perdição eterna para todos os que morrem privados voluntariamente da graça divina. É certo que Cristo, pelo seu sacrifício na Cruz, redimiu totalidade dos homens, e através da Igreja coloca à disposição destes últimos os meios próprios - os sacramentos e os sacramentais - para perseverarem na graça que permite a salvação final e o evitar de tão terrível destino; mas na base de tal salvação há-de estar a vontade livremente assumida de cada homem de optar pelo bem ou mal, com o aceitar de todas as consequências que de tal escolha decorrem. Em resumo, o Papa dá mais uma machadada vigorosa a um dos erros brotados do nefasto "espírito do V2", ou seja, o da salvação universal de todos os homens, independentemente dos méritos que revelem.
- E, de resto, como não poderia existir o Inferno, quando no mundo contemporâneo os seus agentes, mais do que em qualquer outra época da História, manifestam com ardor toda a sua fúria e ódio contra Cristo e a verdade por Ele revelada, de que a Santa Igreja Católica é depositária?
- Dia 10 de Abril de 2007, mais uma data coberta de infâmia para o sistema político português: o Presidente da República, Cavaco Silva, traindo a sua base de apoio eleitoral, numa actuação calculista de baixa política e em nome da manutenção de uma falsa estabilidade que não passa de pura conivência com o erro mais abjecto, promulgou a lei que liberaliza a prática do aborto em Portugal. Que diferença para pior relativamente ao Rei Balduíno I dos Belgas, o qual em 1990 se recusou a apor a sua assinatura numa lei com igual conteúdo na Bélgica, facto que levou o parlamento desse país, dominado por forças partidárias de matriz jacobina e socialista, a ameaçá-lo com a deposição do trono! Cavaco Silva, demonstrando à saciedade toda a sua inépcia para o combate doutrinário político puro e confirmando a sua crassa mediocridade tecnocrática, revela-se neste caso um estranho híbrido de Rei Herodes criminoso e de Pôncio Pilatos cobarde.
- No momento em que escrevo este artigo, estou a ouvir na Rádio Cristiandad uma magnífica conferência proferida por Monsenhor Richard Williamson sobre a mensagem de Fátima. Este bispo da Fraternidade de São Pio X reside presentemente na Argentina, onde exerce as funções de Reitor do Seminário de La Reja. A Argentina! Talvez seja o melhor país do mundo para a tradição católica, como diz o Rafael! Belo país que produziu uma plêiade de homens como Leonardo Castellani, Júlio Meinvielle, Hugo Wast, Bruno Jordan Genta, Carlos Sacheri ou Alfredo Saenz, entre outros. Bom, seguido de perto pelo Brasil de Gustavo Corção e de Dom António de Castro Mayer, que eu não quero criar conflitos entre os meus muitos, bons e pacientes leitores de ambos os países!
- Apesar de há muito não escrever acerca da questão do prometido "Motu Proprio"papal sobre a plena libertação da Missa tradicional de rito latino-gregoriano, por motivos que oportunamente expliquei, parece-me de assinalar a importante evolução ocorrida nas últimas semanas quanto a esta matéria: em entrevista concedida ao parisiense "Le Figaro", o Secretário de Estado do Vaticano, Cardeal Tarcisio Bertone, confirmou a existência do referido "Motu Proprio", bem como a intenção do Papa Bento XVI em levar avante a sua publicação, sem contudo ter precisado qualquer data para a ocorrência de tal evento. Ora, a este propósito, recomendo a leitura de um dos mais recentes artigos do Professor Orlando Fedeli, da Associação Montfort, o qual, em resumo e fundadamente (no que é corroborado pelo sempre bem informado "Rorate- Caeli"), sustenta que o "Motu Proprio" há-de inevitavelmente acabar por vir à luz do dia.
- E enquanto se aguarda a chegada do "Motu Proprio", merece ser destacada a homília proferida por Sua Santidade no passado dia 25 de Março, Terceiro Domingo da Quaresma, ao recordar aquela que é talvez a mais impopular de todas as verdades de fé para as mentes modernas e modernistas: a existência do Inferno, lugar de perdição eterna para todos os que morrem privados voluntariamente da graça divina. É certo que Cristo, pelo seu sacrifício na Cruz, redimiu totalidade dos homens, e através da Igreja coloca à disposição destes últimos os meios próprios - os sacramentos e os sacramentais - para perseverarem na graça que permite a salvação final e o evitar de tão terrível destino; mas na base de tal salvação há-de estar a vontade livremente assumida de cada homem de optar pelo bem ou mal, com o aceitar de todas as consequências que de tal escolha decorrem. Em resumo, o Papa dá mais uma machadada vigorosa a um dos erros brotados do nefasto "espírito do V2", ou seja, o da salvação universal de todos os homens, independentemente dos méritos que revelem.
- E, de resto, como não poderia existir o Inferno, quando no mundo contemporâneo os seus agentes, mais do que em qualquer outra época da História, manifestam com ardor toda a sua fúria e ódio contra Cristo e a verdade por Ele revelada, de que a Santa Igreja Católica é depositária?
- Dia 10 de Abril de 2007, mais uma data coberta de infâmia para o sistema político português: o Presidente da República, Cavaco Silva, traindo a sua base de apoio eleitoral, numa actuação calculista de baixa política e em nome da manutenção de uma falsa estabilidade que não passa de pura conivência com o erro mais abjecto, promulgou a lei que liberaliza a prática do aborto em Portugal. Que diferença para pior relativamente ao Rei Balduíno I dos Belgas, o qual em 1990 se recusou a apor a sua assinatura numa lei com igual conteúdo na Bélgica, facto que levou o parlamento desse país, dominado por forças partidárias de matriz jacobina e socialista, a ameaçá-lo com a deposição do trono! Cavaco Silva, demonstrando à saciedade toda a sua inépcia para o combate doutrinário político puro e confirmando a sua crassa mediocridade tecnocrática, revela-se neste caso um estranho híbrido de Rei Herodes criminoso e de Pôncio Pilatos cobarde.
- No momento em que escrevo este artigo, estou a ouvir na Rádio Cristiandad uma magnífica conferência proferida por Monsenhor Richard Williamson sobre a mensagem de Fátima. Este bispo da Fraternidade de São Pio X reside presentemente na Argentina, onde exerce as funções de Reitor do Seminário de La Reja. A Argentina! Talvez seja o melhor país do mundo para a tradição católica, como diz o Rafael! Belo país que produziu uma plêiade de homens como Leonardo Castellani, Júlio Meinvielle, Hugo Wast, Bruno Jordan Genta, Carlos Sacheri ou Alfredo Saenz, entre outros. Bom, seguido de perto pelo Brasil de Gustavo Corção e de Dom António de Castro Mayer, que eu não quero criar conflitos entre os meus muitos, bons e pacientes leitores de ambos os países!
domingo, abril 15, 2007
De un país de moral púnica ...
En la historia existieron países que se quisieron hacer con el poder del mar, no por expandir la Fe de Cristo sobre la faz de la Tierra, pues esa gloria les corresponde –y les corresponde sólo- a españoles y portugueses, sino para hacerse con el comercio. Cartago es su referente. Una oligarquía de comerciantes, mercaderes, mercachifles y tenderos los dominaba. Se hacían con la mar para trapichear y comerciar. El engaño estaba y está en su médula. Propenden a hacer sacrificios humanos, sea ofrendando víctimas humanas a Astarté, matando indios, o siendo los grandes apóstoles de esa religión invertida del proabortismo. Adoran a Mamonna. Lo financiero está en el eje de su pensamiento, palabra, obra y hasta de sus omisiones también.
Son epígonos del Anticristo.
En la historia humana ha habido varios, pero en época reciente han destacado dos: holandeses e ingleses, los de la vieja Inglaterra y los de la Nueva Inglaterra (son los mismos). No en vano el Padre Leonardo Castellani llamaba a los Estados Unidos “el Ultimo Imperio”. Ultimo ha de ser, porque será coronado (quizás sobre sus propias cenizas) por el Anticristo. Usurpan territorios que no les corresponden, como en Gibraltar o Malvinas, para controlar los estrechos, todos los importantes bajo su atenta mirada. Se gobiernan por plutócratas. Abortan por millones. Y en Nueva York y Londres se sirve pura, limpia y con un honradísimo ethos farisaico al dinero al tiempo que sus sanhedrines de distinto pelaje se afanan en silenciar a Cristo. ¡Menuda hoja de servicios para el más allá!
Es su hora. Creerán incluso que están creciendo porque su sombra se va alargando. No es eso. Es simplemente su sol. Sí, su sol, el cual se está poniendo. La medianoche se aproxima para todos, aunque la de ellos será incluso algo más cerrada.
Rafael Castela Santos
Son epígonos del Anticristo.
En la historia humana ha habido varios, pero en época reciente han destacado dos: holandeses e ingleses, los de la vieja Inglaterra y los de la Nueva Inglaterra (son los mismos). No en vano el Padre Leonardo Castellani llamaba a los Estados Unidos “el Ultimo Imperio”. Ultimo ha de ser, porque será coronado (quizás sobre sus propias cenizas) por el Anticristo. Usurpan territorios que no les corresponden, como en Gibraltar o Malvinas, para controlar los estrechos, todos los importantes bajo su atenta mirada. Se gobiernan por plutócratas. Abortan por millones. Y en Nueva York y Londres se sirve pura, limpia y con un honradísimo ethos farisaico al dinero al tiempo que sus sanhedrines de distinto pelaje se afanan en silenciar a Cristo. ¡Menuda hoja de servicios para el más allá!
Es su hora. Creerán incluso que están creciendo porque su sombra se va alargando. No es eso. Es simplemente su sol. Sí, su sol, el cual se está poniendo. La medianoche se aproxima para todos, aunque la de ellos será incluso algo más cerrada.
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sábado, abril 14, 2007
¿Motu Proprio ...?
El internet ha estado lleno estos días de vaticinios, profecías y –sobre todo- pensamientos desiderativos acerca de la proclamación del Motu Proprio. La recuperación de la Misa Tridentina sería un primer paso, ciertamente no suficiente, pero sí importante y necesario para una vuelta de la Iglesia Católica a la solidez doctrinal que nunca debió abandonar.
Negar que el Santo Padre está intentando hacer algo de todo esto sería necio. A Dios gracias hay una diferencia enorme entre el Ratzinger de 1965 y Benedicto XVI. No sólo el Papa es un intelectual privilegiado, como demuestran sus discursos y artículos, sino que tiene una cualidad que le adorna y ante la que me descubro, mucho más en un hombre que podría, legítimamente, sentirse orgulloso de los dones académicos que Dios le ha dado, que no son pocos. El Santo Padre es un hombre humilde y cuando ha sido capaz de ver la verdad en un punto o aspecto no le han dolido prendas para seguirla y arrojar por la borda cualesquiera posiciones equivocadas en las que antes hubiera podido hallarse. Es más, el Papa ha demostrado una gran solidez teológica; su hándicap pudiera estar en el seguimiento de corrientes filosóficas no tomistas. Pero sobre estas materias habrá expertos que puedan arrojar mucha más y mejor luz.
Es verdad que en muchas filas tradicionalistas se espera más de él. Pero no es menos cierto que está intentando, por activa y por pasiva, despertar a este pueblo católico que ha abandonado a su Salvador. Sus discursos, sus actos, un nuevo estilo y manera de hacer las cosas dicen mucho de él, y en mi modesta opinión –ahora más que nunca y sin que esto signifique abdicar de convicción alguna- los tradicionalistas deberíamos cerrar filas en torno al Papa.
Puede objetarse que algunos de los nombramientos que han acontecido bajo la égida de S.S. Benedicto XVI, como por ejemplo el de Kasper, son verdaderamente escandalosos. Empero no se puede negar que muchos de estos nombramientos corresponden a la maquinaria vaticana y no al Santo Padre como tal.
Hay, entre los tradicionalistas, quienes desafortunadamente vienen para montar su grupúsculo y su cenáculo, infectos de no poco espíritu de rebeldía y rebelión. El verdadero tradicionalista lo es, precisamente, para ser más Católico, más Apostólico y más Romano. Y déjeseme subrayar esto último: más Romano. Hay, entre los tradicionalistas, quienes no son capaces de ver que la distancia con Roma acaba por crearnos problemas, como algunos de jurisdicción canónica que pudieran tornarse en espinosos, como puede ser los asuntos de jurisdicción matrimonial. Bien es verdad que Roma tiene mucha culpa también por tolerar que las Diócesis, en claro abandono de la doctrina sobre la administración extraordinaria del Sacramento, lleguen al ridículo extremo de considerar inválidos todos los Sacramentos administrados por Sacerdotes tradicionalistas a los que, por otro lado, esas mismas Diócesis niegan el pan y la sal por el mero “delito” de desear y amar la venerable Liturgia de siempre. Si Roma pusiera orden, con el Código de Derecho Canónico en la mano, ciertas actitudes díscolas entre las filas tradicionales quedarían neutralizadas ipso facto. Pero también hay que reconocer que la posición canónica de ciertos tradicionalistas, quienes reclaman jurisdicciones inexistentes, es difícilmente sustentable o cuando menos erizada. El ser tradicionalista no da derecho a todo.
Existen, entre los tradicionalistas, algunas gentes que creen que, poco menos, el Papa tiene que pedir perdón por los excesos del Vaticano II y del post-Vaticano II. Valiente error. Guste o no guste, hay ciertas cosas que pertenecen a la administración del bien común, y eso, ejercido con prudencia (y no otra cosa) es la verdadera política. Para muchas almas débiles y poco formadas tal declaración de Roma podría ser hasta contraproducente. Roma puede dar pasos enormes para integrar uno de los poquísimos sectores de la Iglesia en franco crecimiento, como es la Tradición, con detalles mucho menos altisonantes, pero igualmente efectivos, sin tener que exponerse públicamente. Por ejemplo, se me ocurre, que la canonización de Monseñor Lefebvre sería borrar de un plumazo todas las dudas que puede haber sobre su falsa y sectaria excomunión, aspecto éste ya reconocido en privado por Obispos y Príncipes de la Iglesia como yerrado. Esperar que Roma se auto-impute errores de manera salvaje, como algunos tradicionalistas pretenden, es cuando menos pueril.
Escribo estas líneas ya en Sábado Santo, al filo de la medianoche, cuando en la oscuridad y desolación de la conmemoración de la Sacrosanta Muerte de Nuestro Señor Jesucristo anticipamos el momento feliz de mañana, cuando volvamos a la tumba de Cristo para ver la piedra movida y la Sábana Santa doblada y loar a Cristo resucitado. De igual modo la oscuridad y desolación de la Iglesia, a la que queda noche por recorrer en estos momentos aciagos, ha de encontrar ese momento feliz donde la Gracia vuelva a fluir libremente a través de la Liturgia de siempre.
Que el Santo Padre dé muestras de apoyo genuino a esa Liturgia de la manera que Su Santidad considere más oportuno, a la par que se ofrezca alguna solución canónica para que jamás los Sacerdotes tradicionalistas puedan ser hostigados por su defensa y práctica de la Liturgia de siempre sería muy de desear. Hay entre los tradicionalistas quienes no son capaces de separar el trigo de la paja, y creen que todo es conspiración por parte de Roma. No es así, y hay muchos sectores de la Iglesia oficial que desean que la Tradición tenga status oficial y, si se puede expresar así, santuario.
El deseo más grande sería que el Santo Padre (¡y ojalá fuera en medio de una Misa Tridentina!) consagre a Rusia al Inmaculado Corazón de María en compañía y unión de todos los Obispos del mundo. Ojalá que el Papa sea más y más consciente de que el pedido de Nuestra Señora en Fátima sería la conjura de muchísimos peligros y abismos sin nombre que se ciernen sobre esta humanidad doliente tan necesitada de Cristo como olvidada del Salvador.
Por estas tres cosas (el Motu Proprio, el status de la Tradición dentro de la Iglesia y la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón), pero sobre todo por la última hemos de rezar con fervor y esperanza.
Precisamente por eso: porque, al final, Su Inmaculado Corazón triunfará.
Rafael Castela Santos
Negar que el Santo Padre está intentando hacer algo de todo esto sería necio. A Dios gracias hay una diferencia enorme entre el Ratzinger de 1965 y Benedicto XVI. No sólo el Papa es un intelectual privilegiado, como demuestran sus discursos y artículos, sino que tiene una cualidad que le adorna y ante la que me descubro, mucho más en un hombre que podría, legítimamente, sentirse orgulloso de los dones académicos que Dios le ha dado, que no son pocos. El Santo Padre es un hombre humilde y cuando ha sido capaz de ver la verdad en un punto o aspecto no le han dolido prendas para seguirla y arrojar por la borda cualesquiera posiciones equivocadas en las que antes hubiera podido hallarse. Es más, el Papa ha demostrado una gran solidez teológica; su hándicap pudiera estar en el seguimiento de corrientes filosóficas no tomistas. Pero sobre estas materias habrá expertos que puedan arrojar mucha más y mejor luz.
Es verdad que en muchas filas tradicionalistas se espera más de él. Pero no es menos cierto que está intentando, por activa y por pasiva, despertar a este pueblo católico que ha abandonado a su Salvador. Sus discursos, sus actos, un nuevo estilo y manera de hacer las cosas dicen mucho de él, y en mi modesta opinión –ahora más que nunca y sin que esto signifique abdicar de convicción alguna- los tradicionalistas deberíamos cerrar filas en torno al Papa.
Puede objetarse que algunos de los nombramientos que han acontecido bajo la égida de S.S. Benedicto XVI, como por ejemplo el de Kasper, son verdaderamente escandalosos. Empero no se puede negar que muchos de estos nombramientos corresponden a la maquinaria vaticana y no al Santo Padre como tal.
Hay, entre los tradicionalistas, quienes desafortunadamente vienen para montar su grupúsculo y su cenáculo, infectos de no poco espíritu de rebeldía y rebelión. El verdadero tradicionalista lo es, precisamente, para ser más Católico, más Apostólico y más Romano. Y déjeseme subrayar esto último: más Romano. Hay, entre los tradicionalistas, quienes no son capaces de ver que la distancia con Roma acaba por crearnos problemas, como algunos de jurisdicción canónica que pudieran tornarse en espinosos, como puede ser los asuntos de jurisdicción matrimonial. Bien es verdad que Roma tiene mucha culpa también por tolerar que las Diócesis, en claro abandono de la doctrina sobre la administración extraordinaria del Sacramento, lleguen al ridículo extremo de considerar inválidos todos los Sacramentos administrados por Sacerdotes tradicionalistas a los que, por otro lado, esas mismas Diócesis niegan el pan y la sal por el mero “delito” de desear y amar la venerable Liturgia de siempre. Si Roma pusiera orden, con el Código de Derecho Canónico en la mano, ciertas actitudes díscolas entre las filas tradicionales quedarían neutralizadas ipso facto. Pero también hay que reconocer que la posición canónica de ciertos tradicionalistas, quienes reclaman jurisdicciones inexistentes, es difícilmente sustentable o cuando menos erizada. El ser tradicionalista no da derecho a todo.
Existen, entre los tradicionalistas, algunas gentes que creen que, poco menos, el Papa tiene que pedir perdón por los excesos del Vaticano II y del post-Vaticano II. Valiente error. Guste o no guste, hay ciertas cosas que pertenecen a la administración del bien común, y eso, ejercido con prudencia (y no otra cosa) es la verdadera política. Para muchas almas débiles y poco formadas tal declaración de Roma podría ser hasta contraproducente. Roma puede dar pasos enormes para integrar uno de los poquísimos sectores de la Iglesia en franco crecimiento, como es la Tradición, con detalles mucho menos altisonantes, pero igualmente efectivos, sin tener que exponerse públicamente. Por ejemplo, se me ocurre, que la canonización de Monseñor Lefebvre sería borrar de un plumazo todas las dudas que puede haber sobre su falsa y sectaria excomunión, aspecto éste ya reconocido en privado por Obispos y Príncipes de la Iglesia como yerrado. Esperar que Roma se auto-impute errores de manera salvaje, como algunos tradicionalistas pretenden, es cuando menos pueril.
Escribo estas líneas ya en Sábado Santo, al filo de la medianoche, cuando en la oscuridad y desolación de la conmemoración de la Sacrosanta Muerte de Nuestro Señor Jesucristo anticipamos el momento feliz de mañana, cuando volvamos a la tumba de Cristo para ver la piedra movida y la Sábana Santa doblada y loar a Cristo resucitado. De igual modo la oscuridad y desolación de la Iglesia, a la que queda noche por recorrer en estos momentos aciagos, ha de encontrar ese momento feliz donde la Gracia vuelva a fluir libremente a través de la Liturgia de siempre.
Que el Santo Padre dé muestras de apoyo genuino a esa Liturgia de la manera que Su Santidad considere más oportuno, a la par que se ofrezca alguna solución canónica para que jamás los Sacerdotes tradicionalistas puedan ser hostigados por su defensa y práctica de la Liturgia de siempre sería muy de desear. Hay entre los tradicionalistas quienes no son capaces de separar el trigo de la paja, y creen que todo es conspiración por parte de Roma. No es así, y hay muchos sectores de la Iglesia oficial que desean que la Tradición tenga status oficial y, si se puede expresar así, santuario.
El deseo más grande sería que el Santo Padre (¡y ojalá fuera en medio de una Misa Tridentina!) consagre a Rusia al Inmaculado Corazón de María en compañía y unión de todos los Obispos del mundo. Ojalá que el Papa sea más y más consciente de que el pedido de Nuestra Señora en Fátima sería la conjura de muchísimos peligros y abismos sin nombre que se ciernen sobre esta humanidad doliente tan necesitada de Cristo como olvidada del Salvador.
Por estas tres cosas (el Motu Proprio, el status de la Tradición dentro de la Iglesia y la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón), pero sobre todo por la última hemos de rezar con fervor y esperanza.
Precisamente por eso: porque, al final, Su Inmaculado Corazón triunfará.
Rafael Castela Santos
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quarta-feira, abril 04, 2007
Paixão de Jesus Cristo

A primeira vereda de Jesus Cristo foi a perseguição judaica; a segunda, o patíbulo da cruz. Chama-se vereda por ser uma espécie de meia viagem. De facto, "semis" ou "semissis" significa metade. Estes caminhos foram pacíficos, isto é, estabeleceram a paz connosco. Donde Isaías: A disciplina que nos devia trazer a paz caiu sobre ele, e nós fomos sarados com as suas pisaduras. Disciplina, no étimo latino, quer dizer aprender tudo. O Filho de Deus tomou por nós a disciplina da Paixão, a fim de pacificar com o seu sangue o que está no céu e na terra, reconciliando o género humano com Deus Pai. Atende, ó homem miserável, quanta era a discórdia entre ti e Deus Pai. Nunca poderias reconciliar-te com Ele senão pelo castigo do seu Filho. Considera, ó pecador, quão graves eram as tuas feridas, que só puderam curar-se com as chagas de Jesus Cristo. E porque as tuas feridas eram de morte, e de morte eterna, o Filho de Deus morreu por ti. A dor constitui o remédio da dor. Por favor, não sejas, portanto, ingrato para com o homem rico, Filho de Deus e do homem. Ele curou as tuas chagas com as suas; com a sua morte restituiu-te à vida, estando tu morto. Constitui-te feitor dos seus bens, para os conservares, não para os dissipares.
Santo António de Lisboa
Santo António de Lisboa
A confissão liberta da angústia

Na confissão há sublimidade. Sublime quer dizer excelso, como que acima do limiar. No limiar está a entrada e a saída, que significam o nascimento e a morte. No nascimento, há miséria; na morte, angústia. A confissão, porém, põe no sublime, sobre o limiar, porque tira da miséria e liberta da angústia. A confissão pôs o ladrão no sublime, porque o libertou da miséria e da angústia. Por isso, mereceu ouvir: Estarás hoje comigo no paraíso. Com Jesus não há miséria alguma, mas a glória total; no paraíso não há angústia alguma, mas a alegria total.
Na restituição do pecador convertido à sua mãe há a profundidade da divina misericórdia. Ó profundidade da divina clemência, longe do fundo da inteligência humana.
Santo António de Lisboa
Na restituição do pecador convertido à sua mãe há a profundidade da divina misericórdia. Ó profundidade da divina clemência, longe do fundo da inteligência humana.
Santo António de Lisboa
Santo António de Lisboa

Numa escolha pessoal, em artigo recentemente publicado neste espaço, mencionei Santo António como sendo um dos maiores portugueses de sempre. De facto, no nosso País, fixados que estamos no seu lado popular - os objectos perdidos, os casamentos e as sardinhas assadas -, temos a tendência para esquecer que este santo é o único Doutor da Igreja português, senhor de uma estrita ortodoxia doutrinária que lhe valeu o epíteto nada ecuménico, mas muito católico, de "Martelo dos Hereges". São de sua autoria os dois pequenos textos que de seguida transcrevo, extraídos do volume I dos "Sermões de Santo António", antologia temática coligida por Henrique Pinto Rema, O.F.M., e editada pela Lello Editores, em Junho de 2000, os quais se enquadram na perfeição no tempo de Quaresma que presentemente atravessamos.
O mistério da iniquidade

Não tenho tido tempo para dedicar ao blogue, já que entre afazeres profissionais e compromissos familiares, os escassos momentos livres de que ainda vou dispondo invisto-os na leitura: ao contrário da escrever, ler para mim foi sempre uma necessidade quase tão grande como respirar.
Por estes dias, tenho andado entretido com as quase oitocentas páginas do livro de que acima reproduzo a capa: interessantíssimo, que desperta e prende verdadeiramente a atenção desde as primeiras páginas, ainda que muito penoso por confirmar os receios mais sombrios acerca do assunto.
A interpretação da História à luz dos ensinamentos da fé e moral cristãs, bem como a compreensão do actuar do mistério da iniquidade no mundo terreno foi um campo a que se dedicou com constância o melhor pensamento da tradição católica, o qual na segunda metade do século XIX e primeira do século XX teve alguns dos seus mais brilhantes expoentes nas pessoas de Cretineau-Joly, Monsenhores Gaume, Delassus e Jouin. Abandonado a nível oficial depois do Concílio Vaticano II, nem por isso deixou de ter os seus cultores no campo da tradição, de que Epiphanius, autor italiano que escreve sob tal pseudónimo, é talvez o mais notável exemplo contemporâneo, revelando um conhecimento enciclopédico sobre o tema no seu "Maçonnerie et Séctes Secrètes: Le Côté Caché de l'Histoire"[1].
Para este autor, a grave questão da hora presente reside eminentemente no abandono da ordem natural cristã imposto às nações ocidentais, decorrendo a generalidade dos problemas com que estas se debatem de tal causa inicial.
Como exemplo do que afirmo, da referida obra, aqui deixo para apreciação dos meus leitores os dois seguintes extractos. Primeiro:
"Tenter une explication du monde actuel en se limitant à recourir au déterminisme des lois physiques, ou aux principes économiques ou sociologiques, c'est une vision superficielle des choses qui ne peut satisfaireceux qui recherchent selon la verité: il faut se tourner dans une autre direction, pousser les recherches bien plus en profondeur en partant de la realité de l'homme: un être libre d'adhérer au Bien ou au Mal et pour cela même être en mesure de s'organiser pour les pratiquer l'un ou l'autre. La Loi parfaite de l'Évangile a soutenu l'homme depuis de longs siécles, éclairant son chemin et le soutenant dans cette espérance d'éternitéb qu'il concrétisa en édifiant la grande civilisation chrétienne - la cité terrestre élevée le plus possible à l'image de celle de Dieu.
Ainsi nous ne pouvons pas renoncer, par symétrie, à tenter de découvrir une rupture, une blessure dans l'histoire de l'homme, qui a permis au mal de s'organiser avec un dépôt doctrinal, un plan de domination de l'homme sur l'homme, une hiérarchie occulte qui veille à sa réalisation et à la fidèle transmission de ce dépôt, un parcours à accomplir pour asservir l'humanité à la "potestas tenebrarum", en un mot une vraie CONTRE-ÉGLISE tendant à s'approprier toute valeur religieuse et politique.
(...)
Les prodromes de la rupture se manifestant clairement dans la Réforme, en développant les objectifs d'attaque dans les deux directions de l'Empire et de la Paupaté. Et il ne pouvait pas en aller autrement: l'affirmation du libre examen exclut de par sa nature l'existence d'une Vérité objective, le protestant se donnant autant de verités qu'il y a d'interprétations individuelles; or, si chacun peut s'enorgueillir d'une vérité qui lui est propre, l'unique erreur est de soutenir qu'il existe une vérité unique. Il s'ensuit l'introduction d'un relativisme personnel sur ce qui est Bien et Juste. Il en résulte l'invalidation du principe d'autorité par l'orgueil de qui estime posséder sa propre verité et entend la faire valoir. Les hiérarchies naturelles devaient donc être balayées, en tant qu'obstacle à l'affirmation du propre moi, de sa verité. On réservera la plus grande haine et la plus grande aversion à l'Église catholique, maîtresse dans le domaine spirituel et guide dans le temporel, dépositaire en son chef visible, le Pape, du message du Divin Maître qui nie toute autre voie de salut en dehors de Lui, traitant de voleurs et de brigands ceux qui s'étaient jusqu'alors annoncé en Son nom.
Ainsi, la Contre-Église ne pouvait que s'enraciner et croître dans un terrain protestant. Nous tenterons donc de caractériser le parcours de la gnose qui, ressuscitée à la Renaissance, incarnée par les alchimistes et les Rose -Croix du XVIIIe siècle, s'articule à travers les loges martinistes , les Illuminés de Bavière, le mouvement Synarchique, arrivant, à travers notre siècle tourmenté, jusqu'aux grandes assises mondialistes de l'O.N.U. et de l'U.N.E.S.C.O. et, dans le domaine religieux, à ce dramatique et terrible événement que fut, pour la catholicité, le Concile Vatican II, suivi par le premier acte de la constitution du pendant religieux de l'O.N.U., avec la Journée de Prière de toutes les religions à Assise.
Aujourd'hui, au seuil du Gouvernement Mondial politique et économique, l'ennemi à abattre est encore l'Église catholique, unique voie de salut pour l'humanité. C'est ici qu'aura lieu la lutte final, ici que que les forces du mal concentreront tous leurs efforts, en applaudissant depuis le pupitre des mass-media à toute initiative engagée dans leur direction et en condamnant aussi bruyamment toute tentative de retour dans le giron de la Tradition catholique, de l'enseignement dogmatique de toujours. Aujourd'hui la crise que secoue l'Église est macroscopique, inégalable, et son rôle de dépositaire unique de la Vérité est mis en discussion dans des assemblées démocratiques par les hommes d'Église eux mêmes au nom d'un oecuménisme élargi à toutes les fausses religions, à toutes les erreurs. Ces hommes d'Église ont à coeur, plus que le salut des âmes, des attentes utopiques dans les domaines de la philantropie et de la societé, et pendant ce temps la catholicité este envahie par un pacifisme et une neutralité intellectuelle qu'elle n'a jamais connu dans sa longue histoire".
E de seguida:
"Évidemment le plus grand obstacle pour les mondialistes est constitué par l'Europe, berceau de la civilisation chrétienne qui l'a formée et qui, comme un phare, en a répandu le message dans le monde, par ses traditions enracinées dans les différents peuples de la Chrétienté dans le lit de laquelle la culture a atteint des sommets incomparables en atteignant dans le social cette unité dans la pluralité et dans la diversité, qui est un attribut seulement catholique et qui est synonime d'ordre, de véritable fraternité, de beauté et d'harmonie.
Pour unir l'Europe sur des bases différentes, sur des bases humaines ou, pire, pour construire l'unité européenne sur une convergence de simples intérêts économiques et financiers, il faut donc enlever à la racine cette mémoire historique, cette conscience d'un passé éclatant, cette persistance d'un type d'homme "naturaliter christianus", inseré dans sa terre, avec ses traditions, ses lois et ses usages. Pousser à un état d'anarchie généralisé, isoler l'individu dans sons egoïsme, rétablir la barbarie pré-chrétienne dans la société, mélanger des races différentes en les déracinant de leur terre, en un mot, enterrer les Nations, ce sont-là, comme chacun peut constater aujourd'hui, les lignes directrices suivies par les mondialistes.
Un homme sans racines, sans traditions, sans références, sans terre, sans autre but dans la vie que le plaisir ou l'accumulation de richesses personelles, voilá exactement le modèle recherché par ces mondialistes: des marionettes, une masse docile dont les prétentions ne dépassent pas le bien-être matériel et dont la vision du monde, vaste seulement en apparence, ne dépasse pas en réalité les limites de sa médiocre existence.
Les hommes des sectes savent bien tout cela. Ils surveillent attentivement et se hâtent d'intervenir pour étouffer tout signe timide (nous ne dirons pas même pas de restauration catholique aprés Vatican II) de réévocation de la grandeur de l?Europe médievále".
[1] À venda em SA D.P.F. (Diffusion de la Pensée Française), BP 1, 86190 Chiré-en-Montreuil, França - Preço: € 39,50 + portes de correio. Um preço pouco simpático, mas as oitocentas páginas do livro valem-no.
Por estes dias, tenho andado entretido com as quase oitocentas páginas do livro de que acima reproduzo a capa: interessantíssimo, que desperta e prende verdadeiramente a atenção desde as primeiras páginas, ainda que muito penoso por confirmar os receios mais sombrios acerca do assunto.
A interpretação da História à luz dos ensinamentos da fé e moral cristãs, bem como a compreensão do actuar do mistério da iniquidade no mundo terreno foi um campo a que se dedicou com constância o melhor pensamento da tradição católica, o qual na segunda metade do século XIX e primeira do século XX teve alguns dos seus mais brilhantes expoentes nas pessoas de Cretineau-Joly, Monsenhores Gaume, Delassus e Jouin. Abandonado a nível oficial depois do Concílio Vaticano II, nem por isso deixou de ter os seus cultores no campo da tradição, de que Epiphanius, autor italiano que escreve sob tal pseudónimo, é talvez o mais notável exemplo contemporâneo, revelando um conhecimento enciclopédico sobre o tema no seu "Maçonnerie et Séctes Secrètes: Le Côté Caché de l'Histoire"[1].
Para este autor, a grave questão da hora presente reside eminentemente no abandono da ordem natural cristã imposto às nações ocidentais, decorrendo a generalidade dos problemas com que estas se debatem de tal causa inicial.
Como exemplo do que afirmo, da referida obra, aqui deixo para apreciação dos meus leitores os dois seguintes extractos. Primeiro:
"Tenter une explication du monde actuel en se limitant à recourir au déterminisme des lois physiques, ou aux principes économiques ou sociologiques, c'est une vision superficielle des choses qui ne peut satisfaireceux qui recherchent selon la verité: il faut se tourner dans une autre direction, pousser les recherches bien plus en profondeur en partant de la realité de l'homme: un être libre d'adhérer au Bien ou au Mal et pour cela même être en mesure de s'organiser pour les pratiquer l'un ou l'autre. La Loi parfaite de l'Évangile a soutenu l'homme depuis de longs siécles, éclairant son chemin et le soutenant dans cette espérance d'éternitéb qu'il concrétisa en édifiant la grande civilisation chrétienne - la cité terrestre élevée le plus possible à l'image de celle de Dieu.
Ainsi nous ne pouvons pas renoncer, par symétrie, à tenter de découvrir une rupture, une blessure dans l'histoire de l'homme, qui a permis au mal de s'organiser avec un dépôt doctrinal, un plan de domination de l'homme sur l'homme, une hiérarchie occulte qui veille à sa réalisation et à la fidèle transmission de ce dépôt, un parcours à accomplir pour asservir l'humanité à la "potestas tenebrarum", en un mot une vraie CONTRE-ÉGLISE tendant à s'approprier toute valeur religieuse et politique.
(...)
Les prodromes de la rupture se manifestant clairement dans la Réforme, en développant les objectifs d'attaque dans les deux directions de l'Empire et de la Paupaté. Et il ne pouvait pas en aller autrement: l'affirmation du libre examen exclut de par sa nature l'existence d'une Vérité objective, le protestant se donnant autant de verités qu'il y a d'interprétations individuelles; or, si chacun peut s'enorgueillir d'une vérité qui lui est propre, l'unique erreur est de soutenir qu'il existe une vérité unique. Il s'ensuit l'introduction d'un relativisme personnel sur ce qui est Bien et Juste. Il en résulte l'invalidation du principe d'autorité par l'orgueil de qui estime posséder sa propre verité et entend la faire valoir. Les hiérarchies naturelles devaient donc être balayées, en tant qu'obstacle à l'affirmation du propre moi, de sa verité. On réservera la plus grande haine et la plus grande aversion à l'Église catholique, maîtresse dans le domaine spirituel et guide dans le temporel, dépositaire en son chef visible, le Pape, du message du Divin Maître qui nie toute autre voie de salut en dehors de Lui, traitant de voleurs et de brigands ceux qui s'étaient jusqu'alors annoncé en Son nom.
Ainsi, la Contre-Église ne pouvait que s'enraciner et croître dans un terrain protestant. Nous tenterons donc de caractériser le parcours de la gnose qui, ressuscitée à la Renaissance, incarnée par les alchimistes et les Rose -Croix du XVIIIe siècle, s'articule à travers les loges martinistes , les Illuminés de Bavière, le mouvement Synarchique, arrivant, à travers notre siècle tourmenté, jusqu'aux grandes assises mondialistes de l'O.N.U. et de l'U.N.E.S.C.O. et, dans le domaine religieux, à ce dramatique et terrible événement que fut, pour la catholicité, le Concile Vatican II, suivi par le premier acte de la constitution du pendant religieux de l'O.N.U., avec la Journée de Prière de toutes les religions à Assise.
Aujourd'hui, au seuil du Gouvernement Mondial politique et économique, l'ennemi à abattre est encore l'Église catholique, unique voie de salut pour l'humanité. C'est ici qu'aura lieu la lutte final, ici que que les forces du mal concentreront tous leurs efforts, en applaudissant depuis le pupitre des mass-media à toute initiative engagée dans leur direction et en condamnant aussi bruyamment toute tentative de retour dans le giron de la Tradition catholique, de l'enseignement dogmatique de toujours. Aujourd'hui la crise que secoue l'Église est macroscopique, inégalable, et son rôle de dépositaire unique de la Vérité est mis en discussion dans des assemblées démocratiques par les hommes d'Église eux mêmes au nom d'un oecuménisme élargi à toutes les fausses religions, à toutes les erreurs. Ces hommes d'Église ont à coeur, plus que le salut des âmes, des attentes utopiques dans les domaines de la philantropie et de la societé, et pendant ce temps la catholicité este envahie par un pacifisme et une neutralité intellectuelle qu'elle n'a jamais connu dans sa longue histoire".
E de seguida:
"Évidemment le plus grand obstacle pour les mondialistes est constitué par l'Europe, berceau de la civilisation chrétienne qui l'a formée et qui, comme un phare, en a répandu le message dans le monde, par ses traditions enracinées dans les différents peuples de la Chrétienté dans le lit de laquelle la culture a atteint des sommets incomparables en atteignant dans le social cette unité dans la pluralité et dans la diversité, qui est un attribut seulement catholique et qui est synonime d'ordre, de véritable fraternité, de beauté et d'harmonie.
Pour unir l'Europe sur des bases différentes, sur des bases humaines ou, pire, pour construire l'unité européenne sur une convergence de simples intérêts économiques et financiers, il faut donc enlever à la racine cette mémoire historique, cette conscience d'un passé éclatant, cette persistance d'un type d'homme "naturaliter christianus", inseré dans sa terre, avec ses traditions, ses lois et ses usages. Pousser à un état d'anarchie généralisé, isoler l'individu dans sons egoïsme, rétablir la barbarie pré-chrétienne dans la société, mélanger des races différentes en les déracinant de leur terre, en un mot, enterrer les Nations, ce sont-là, comme chacun peut constater aujourd'hui, les lignes directrices suivies par les mondialistes.
Un homme sans racines, sans traditions, sans références, sans terre, sans autre but dans la vie que le plaisir ou l'accumulation de richesses personelles, voilá exactement le modèle recherché par ces mondialistes: des marionettes, une masse docile dont les prétentions ne dépassent pas le bien-être matériel et dont la vision du monde, vaste seulement en apparence, ne dépasse pas en réalité les limites de sa médiocre existence.
Les hommes des sectes savent bien tout cela. Ils surveillent attentivement et se hâtent d'intervenir pour étouffer tout signe timide (nous ne dirons pas même pas de restauration catholique aprés Vatican II) de réévocation de la grandeur de l?Europe médievále".
[1] À venda em SA D.P.F. (Diffusion de la Pensée Française), BP 1, 86190 Chiré-en-Montreuil, França - Preço: € 39,50 + portes de correio. Um preço pouco simpático, mas as oitocentas páginas do livro valem-no.
Religio Christiana

Após três anos de labuta blogosférica, vezes demais sem a qualidade e a regularidade desejada, "A Casa de Sarto" está finalmente acompanhada nesta aventura por mais um blogue católico tradicional português - "Religio Christiana". De autoria de um jovem de vinte anos, postulante de uma ordem religiosa, propõe-se travar o bom combate da defesa da fé e moral católicas de sempre contra as investidas do modernismo e do progressismo heréticos. Recomendo-o, pois, a todos os meus leitores, fazendo votos para que este novo espaço frutifique nos seus intentos, para além de desejar que Deus conceda as maiores graças à vocação religiosa do seu responsável.
sábado, março 31, 2007
¿Caballeros católicos ...?
Creo que es lícito preguntarse si los caballeros católicos son una especie en extinción.
Rafael Castela Santos
Rafael Castela Santos
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Rafael Castela Santos
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sábado, março 31, 2007
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quarta-feira, março 28, 2007
O homem do momento

É Salazar! A sua vitória no concurso "Grandes Portugueses" organizado pela RTP tem valor relativo, sem prejuízo de haver exasperado os "democráticos", o que é sempre bom e divertido de se constatar. O modo inepto como a televisão pública o tentou banir num primeiro momento dos candidatos a serem submetidos à escolha dos telespectadores revelou-se afinal desastroso, provocando um efeito oposto ao pretendido pelos mentores de tal desiderato: em vez de o marginalizarem, promoveram-no involuntariamente!
Apesar de me parecer algo forçado considerar Salazar "o maior português de sempre" - um título que com propriedade mereceria ser discutido entre o Infante Dom Henrique, Nuno Álvares Pereira e Dom Afonso Henriques -, não me choca em absoluto incluir o antigo Presidente do Conselho numa lista dos dez portugueses mais relevantes de todos os tempos, onde para além das figuras já indicadas, também constariam Vasco da Gama, Luís de Camões, Afonso de Albuquerque, Dom João de Castro, Santo António e Dom Miguel).
Tratando-se de um governante humano, Salazar reflectiu a imperfeição inerente a tal condição, sendo ocioso repetir os defeitos de que a sua governação padeceu - numa perspectiva de direita dos valores e não da vulgata esquerdista, claro está - , a começar pela tendência para o compromisso com forças nada monárquicas e ainda menos católicas, passando pelo alheamento parcial face às legítimas aspirações sócio-económicas do homem médio da época, e até à permissividade para com a traição burguesa de uma certa alta sociedade grande beneficiária material da existência do Estado Novo, mas que o desprezava profundamente nos seus princípios fundamentais e essência. Sem prejuízo, Salazar nunca traiu, sempre serviu e jamais se serviu, ou seja, foi todo o inverso daqueles que desgovernam Portugal há já trinta e três anos, os quais não hesitam em utilizar em proveito próprio, pessoal e privado a coisa pública e fazer responder solidária e ilimitadamente pelos seus desvarios o património de todos os portugueses. E nesta diferença - no seu carácter probo, honrado e íntegro - reside a principal razão do triunfo no concurso televisivo! Trinta e sete anos decorridos desde a sua morte, trinta e três anos passados sobre o pronunciamento do 25 de Abril, Salazar, que se fosse vivo teria cento e dezoito anos, assume o papel de principal opositor ao regime vigente e ao iníquo governo socrático que o personifica! E os "democráticos" bem o sabem que assim é!
Apesar de me parecer algo forçado considerar Salazar "o maior português de sempre" - um título que com propriedade mereceria ser discutido entre o Infante Dom Henrique, Nuno Álvares Pereira e Dom Afonso Henriques -, não me choca em absoluto incluir o antigo Presidente do Conselho numa lista dos dez portugueses mais relevantes de todos os tempos, onde para além das figuras já indicadas, também constariam Vasco da Gama, Luís de Camões, Afonso de Albuquerque, Dom João de Castro, Santo António e Dom Miguel).
Tratando-se de um governante humano, Salazar reflectiu a imperfeição inerente a tal condição, sendo ocioso repetir os defeitos de que a sua governação padeceu - numa perspectiva de direita dos valores e não da vulgata esquerdista, claro está - , a começar pela tendência para o compromisso com forças nada monárquicas e ainda menos católicas, passando pelo alheamento parcial face às legítimas aspirações sócio-económicas do homem médio da época, e até à permissividade para com a traição burguesa de uma certa alta sociedade grande beneficiária material da existência do Estado Novo, mas que o desprezava profundamente nos seus princípios fundamentais e essência. Sem prejuízo, Salazar nunca traiu, sempre serviu e jamais se serviu, ou seja, foi todo o inverso daqueles que desgovernam Portugal há já trinta e três anos, os quais não hesitam em utilizar em proveito próprio, pessoal e privado a coisa pública e fazer responder solidária e ilimitadamente pelos seus desvarios o património de todos os portugueses. E nesta diferença - no seu carácter probo, honrado e íntegro - reside a principal razão do triunfo no concurso televisivo! Trinta e sete anos decorridos desde a sua morte, trinta e três anos passados sobre o pronunciamento do 25 de Abril, Salazar, que se fosse vivo teria cento e dezoito anos, assume o papel de principal opositor ao regime vigente e ao iníquo governo socrático que o personifica! E os "democráticos" bem o sabem que assim é!
terça-feira, março 27, 2007
No terceiro aniversário do "Pasquim da Reacção"

Aquando da comemoração do primeiro aniversário do "Pasquim da Reacção", felicitei o Corcunda pelo elevadíssimo nível e distinção que tem sabido manter na blogosfera, qualidades que tornaram o espaço de que é responsável em algo verdadeiramente ímpar e de visita obrigatória diária; dois anos depois, reitero em pleno as considerações que então teci. E porque aos aniversariantes é hábito oferecer-se uma prenda, aqui deixo estas linhas de Frei Fortunato de São Boavenura, bem a propósito retiradas do célebre "Punhal dos Corcundas" (1824) e citadas em "Os Nossos Mestres ou o Breviário da Contra-Revolução", obra coligida por Fernando Campos:
- A questão que mais vezes me tem feito dar voltas ao juízo é a da soberania do povo. Havia sete séculos que se dizia que a soberania estava no Rei. Em todo este espaço Portugal formou-se em Reino, ganhou poder, caiu, levantou-se, e sempre se engradeceu. Quem notando estes acontecimentos não via que a soberania posta em El-Rei está muito bem posta? Todavia depois de 24 de Agosto começou a dizer-se que a soberania residia essencialmente na nação, isto é, que a nação não é nação sem ser soberana! Confesso que ouvindo esta doutrina senti em mim certa comoção estranha, e tal qual se sente pela aparição de fenómenos imprevistos, espantosos e anteriormente ignorados.
- Assentemos de uma vez que nunca o Povo se diz soberano para outro fim mais do que cair toda a soberania nas mãos de um punhado de aventureiros, que desta arte lhe fazem a boca doce, enquanto mui a salvo, e a despeito da moral cristã e dos princípios mais vulgares de decência, vão enchendo a bolsa.
- Desta soberania armada no ar entrei a desconfiar ainda mais quando vi seus efeitos práticos. Dizia-se que o povo havia de nomear quem lhe fizesse as leis, e que El-Rei devia executá-las à risca. Mas na nomeação de deputados vi que tudo era ambição e maranha. O povo não sabia ler, e nomeava por escrito quem os mais poderosos e os mais manhosos queriam para seus representantes. Ele profanou a autoridade de deputados, dando-lhes apelidos que nem ao diabo lembram. Profanou-a dando aos deputados os nomes de pais da pátria, de legisladores, de reformadores dos abusos, de liberais, etc., e bem sabia eu que os antigos davam raras vezes o nome de pai da pátria, e só a varões ao pé dos quais Fern. Th., M. B. C., etc., são como um ratinho ao pé de um elefante da Ásia.
- Mas quando eu vi o Salão das Cortes cheio de bandalhos e petimetres, tão fofos como um sapo inchado, vomitando sandices e minando os alicerces da Religião e da Monarquia, desenganei-me de que a tal soberania era uma farsa armada para certos fins. Que diabo de soberania é esta (dizia eu) que traz inquieta a nação, espalha a impiedade, persegue os bons, desmancha a máquina da Monarquia, excita a guerra civil, provoca as tropas ultramontanas e prepara a anarquia? É para isto que foi proclamada a soberania do povo?
- A soberania do povo.
De que na antiguidade sagrada ou profana, por mais que se busque, não aparecem vestígios, antes pelo contrário quanto mais perto da origem da sociedade chegam os trabalhos e exames históricos, vai-se parar constantemente em algum Rei, ou Juiz, ou Magistrado Supremo… o que é tão certo que o ditado vulgar, "haja um que nos governe", já o era mil anos antes que Jesus Cristo viesse ao mundo…
- Um Rei deve ser clemente; e já dizia um filósofo antigo (Séneca) que era tão indecoroso a um Rei o perdoar a todos, como o castigar a todos; há porém muitos lances em que uma desmesurada clemência é um crime de que o Rei dos Reis lhe tomará uma estreitíssima conta.
- A questão que mais vezes me tem feito dar voltas ao juízo é a da soberania do povo. Havia sete séculos que se dizia que a soberania estava no Rei. Em todo este espaço Portugal formou-se em Reino, ganhou poder, caiu, levantou-se, e sempre se engradeceu. Quem notando estes acontecimentos não via que a soberania posta em El-Rei está muito bem posta? Todavia depois de 24 de Agosto começou a dizer-se que a soberania residia essencialmente na nação, isto é, que a nação não é nação sem ser soberana! Confesso que ouvindo esta doutrina senti em mim certa comoção estranha, e tal qual se sente pela aparição de fenómenos imprevistos, espantosos e anteriormente ignorados.
- Assentemos de uma vez que nunca o Povo se diz soberano para outro fim mais do que cair toda a soberania nas mãos de um punhado de aventureiros, que desta arte lhe fazem a boca doce, enquanto mui a salvo, e a despeito da moral cristã e dos princípios mais vulgares de decência, vão enchendo a bolsa.
- Desta soberania armada no ar entrei a desconfiar ainda mais quando vi seus efeitos práticos. Dizia-se que o povo havia de nomear quem lhe fizesse as leis, e que El-Rei devia executá-las à risca. Mas na nomeação de deputados vi que tudo era ambição e maranha. O povo não sabia ler, e nomeava por escrito quem os mais poderosos e os mais manhosos queriam para seus representantes. Ele profanou a autoridade de deputados, dando-lhes apelidos que nem ao diabo lembram. Profanou-a dando aos deputados os nomes de pais da pátria, de legisladores, de reformadores dos abusos, de liberais, etc., e bem sabia eu que os antigos davam raras vezes o nome de pai da pátria, e só a varões ao pé dos quais Fern. Th., M. B. C., etc., são como um ratinho ao pé de um elefante da Ásia.
- Mas quando eu vi o Salão das Cortes cheio de bandalhos e petimetres, tão fofos como um sapo inchado, vomitando sandices e minando os alicerces da Religião e da Monarquia, desenganei-me de que a tal soberania era uma farsa armada para certos fins. Que diabo de soberania é esta (dizia eu) que traz inquieta a nação, espalha a impiedade, persegue os bons, desmancha a máquina da Monarquia, excita a guerra civil, provoca as tropas ultramontanas e prepara a anarquia? É para isto que foi proclamada a soberania do povo?
- A soberania do povo.
De que na antiguidade sagrada ou profana, por mais que se busque, não aparecem vestígios, antes pelo contrário quanto mais perto da origem da sociedade chegam os trabalhos e exames históricos, vai-se parar constantemente em algum Rei, ou Juiz, ou Magistrado Supremo… o que é tão certo que o ditado vulgar, "haja um que nos governe", já o era mil anos antes que Jesus Cristo viesse ao mundo…
- Um Rei deve ser clemente; e já dizia um filósofo antigo (Séneca) que era tão indecoroso a um Rei o perdoar a todos, como o castigar a todos; há porém muitos lances em que uma desmesurada clemência é um crime de que o Rei dos Reis lhe tomará uma estreitíssima conta.
segunda-feira, março 26, 2007
La batalla que se aproxima
El siempre excelente Vázquez de Mella escribió este artículo en El Correo Español, decano de la prensa vasca, en 1891. Sorprende que algo escrito hace más de cien años siga conservando la prístina actualidad con que Don Juan Vázquez de Mella dio vida a esta pieza suya. Los dos últimos párrafos, donde contrapone la esclavitud del amor libremente escogida versus la esclavitud del odio impuesta por la fuerza, son verdaderamente apoteósicos.
“Una de las frases hechas y de los lugares comunes que sirven de relleno en las disertaciones y escritos de los modernos charlatanes y sociólogos es, sin duda, la de que estamos en un período de transición. Los mismos que repiten de continuo la frase no comprenden su verdadero sentido, y procuran traducirla de un modo harto optimista, suponiendo que con ella se quiere indicar el cambio que se está operando en el seno de las sociedades entre el antiguo régimen cristiano, fundado en el derecho católico, y el régimen moderno, fundado en el derecho nuevo, entendiendo por éste la democracia individualista o armónica que se va lentamente estableciendo sobre los restos del antiguo mundo, ya carcomido y decrépito.
Pero, en realidad, a poco que se medite y observe, es otra la transición que estamos presenciando y otro muy distinto el combate que se libra en el mundo. El liberalismo individualista y ecléctico, radical y doctrinario, fue indudablemente durante gran parte del siglo, y aún lo es para algunos espíritus rezagados, el supremo ideal que pugnaba por entronizarse en los pueblos, y que explicaba con sus contiendas la convulsión de la sociedad moderna, periodo angustiosísimo que terminaría de un modo feliz cuando las nuevas ideas hubiesen pasado de los espíritus a los hechos y gracias a ellas Cristo bajase del altar para ceder el puesto a la razón emancipada del yugo de su Cruz.
Mas sucedió al revés precisamente de lo que esperaban los modernos redentores de la Humanidad. El mundo por ellos combatido cayó al suelo en el orden político, manteniéndose firme en el social, a pesar de las violentas acometidas y de los sacudimientos con que trataron de remover sus cimientos seculares. En cambio, la nueva creación revolucionaria, dando muestras de la consistencia y solidez del principio racionalista que le sirvió de pedestal, no ha llegado a celebrar el primer centenario sin que ya aparezca cuarteada toda la fábrica, agrietados los muros y próxima a derrumbarse con estrépito, a pesar de haber empleado la mayor parte del tiempo, no en añadirle nuevas dependencias, sino en revocar la fachada y poner al edificio andamiaje, a fin de que pudiese prolongar su mísera existencia, retardando lo más posible el descrédito de los arquitectos. Todo fue en vano. El edificio político y económico ahí está arruinándose, como todos los edificios, por la techumbre, que es lo primero que se deteriora y destruye.
¡Cosa verdaderamente notable! La revolución política termina su evolución precisamente en el momento en que empieza a cundir por todas partes su descrédito. Diríase que Dios esperaba que los obreros de la nueva babel lanzasen el primer grito de júbilo al ver lo adelantado de su obra, para castigar su soberbia mostrándoles lo estéril y miserable de la empresa de que se enorgullecían. Libertad de pensamiento y de palabra contra el deber de absoluta dependencia que liga al hombre con Dios; soberanía individual y colectiva contra la natural subordinación del súbdito a la autoridad legítima; libertad económica contra la relación de caridad y de justicia que liga a los fuertes y poderosos con los débiles y pobres; todas las libertades revolucionarias están ahí de cuerpo presente, demostrándonos con sus desastrosos efectos la aberración del principio que las alimenta.
La lucha de sectas, escuelas y partidos, desgarrando los espíritus y encendiendo la guerra en la inteligencias y en los corazones; la serie interminable de oligarquías que con nombres diversos hacen pasar su voluntad tiránica por la que se suponía que había de brotar de la masa social, y, por último, la muchedumbre obrera, que dice a sus libertadores que le devuelvan la antigua reglamentación, porque tanta libertad liberal la ahoga con la argolla de la miseria; todo esto constituye el gran proceso de la revolución, dándose la muerte con la piqueta con que se había propuesto no dejar en su sitio una sola piedra del antiguo alcázar, cuya belleza y majestad ni siquiera quiso comprender.
No es, por lo tanto, el mundo cristiano el que se derrumba para que sobre sus escombros se alce el paganismo restaurado. La idea católica, a pesar de todas las propagandas revolucionarias, sigue siendo la savia de que todavía reciben las naciones la vida que les resta. Si ha perdido su influjo en los Estados, aún conserva la divina virtualidad para volver a ejercerla en tiempo no lejano con la misma eficacia de otros siglos. Lo que cae y se desmorona es el edificio liberal, apenas levantado.
Un nuevo orden social y económico, que en todo lo que encierra de bueno es la reproducción del antiguo régimen cristiano, y que en todo lo que encierra lo malo, que es mucho, es la exageración del principio liberal, cuyos efectos trata de evitar, es lo que ahora se levanta. La revolución liberal política desaparece, y se va a comenzar la social. Su triunfo será más efímero que la primera, pero no lo será la enseñanza que la sociedad deducirá de la catástrofe, porque el día en que se plantee la última consecuencia social de la revolución será el primer día de la verdadera restauración cristiana de la sociedad.
En la nueva lucha, los liberalismos individualistas y eclécticos serán apartados por los combatientes con desprecio, para que ambos adversarios puedan dirimir sin estorbos enojosos la suprema cuestión. Y es preciso estar ciegos para no ver que los nuevos y únicos contendientes serán el verdadero socialismo católico de la Iglesia, que proclama la esclavitud voluntaria de la caridad y el sacrificio, y el socialismo ateo de la Revolución, que afirma la esclavitud por la fuerza y la tiranía del dios Estado.”
Juan Vázquez de Mella
(RCS)
“Una de las frases hechas y de los lugares comunes que sirven de relleno en las disertaciones y escritos de los modernos charlatanes y sociólogos es, sin duda, la de que estamos en un período de transición. Los mismos que repiten de continuo la frase no comprenden su verdadero sentido, y procuran traducirla de un modo harto optimista, suponiendo que con ella se quiere indicar el cambio que se está operando en el seno de las sociedades entre el antiguo régimen cristiano, fundado en el derecho católico, y el régimen moderno, fundado en el derecho nuevo, entendiendo por éste la democracia individualista o armónica que se va lentamente estableciendo sobre los restos del antiguo mundo, ya carcomido y decrépito.
Pero, en realidad, a poco que se medite y observe, es otra la transición que estamos presenciando y otro muy distinto el combate que se libra en el mundo. El liberalismo individualista y ecléctico, radical y doctrinario, fue indudablemente durante gran parte del siglo, y aún lo es para algunos espíritus rezagados, el supremo ideal que pugnaba por entronizarse en los pueblos, y que explicaba con sus contiendas la convulsión de la sociedad moderna, periodo angustiosísimo que terminaría de un modo feliz cuando las nuevas ideas hubiesen pasado de los espíritus a los hechos y gracias a ellas Cristo bajase del altar para ceder el puesto a la razón emancipada del yugo de su Cruz.
Mas sucedió al revés precisamente de lo que esperaban los modernos redentores de la Humanidad. El mundo por ellos combatido cayó al suelo en el orden político, manteniéndose firme en el social, a pesar de las violentas acometidas y de los sacudimientos con que trataron de remover sus cimientos seculares. En cambio, la nueva creación revolucionaria, dando muestras de la consistencia y solidez del principio racionalista que le sirvió de pedestal, no ha llegado a celebrar el primer centenario sin que ya aparezca cuarteada toda la fábrica, agrietados los muros y próxima a derrumbarse con estrépito, a pesar de haber empleado la mayor parte del tiempo, no en añadirle nuevas dependencias, sino en revocar la fachada y poner al edificio andamiaje, a fin de que pudiese prolongar su mísera existencia, retardando lo más posible el descrédito de los arquitectos. Todo fue en vano. El edificio político y económico ahí está arruinándose, como todos los edificios, por la techumbre, que es lo primero que se deteriora y destruye.
¡Cosa verdaderamente notable! La revolución política termina su evolución precisamente en el momento en que empieza a cundir por todas partes su descrédito. Diríase que Dios esperaba que los obreros de la nueva babel lanzasen el primer grito de júbilo al ver lo adelantado de su obra, para castigar su soberbia mostrándoles lo estéril y miserable de la empresa de que se enorgullecían. Libertad de pensamiento y de palabra contra el deber de absoluta dependencia que liga al hombre con Dios; soberanía individual y colectiva contra la natural subordinación del súbdito a la autoridad legítima; libertad económica contra la relación de caridad y de justicia que liga a los fuertes y poderosos con los débiles y pobres; todas las libertades revolucionarias están ahí de cuerpo presente, demostrándonos con sus desastrosos efectos la aberración del principio que las alimenta.
La lucha de sectas, escuelas y partidos, desgarrando los espíritus y encendiendo la guerra en la inteligencias y en los corazones; la serie interminable de oligarquías que con nombres diversos hacen pasar su voluntad tiránica por la que se suponía que había de brotar de la masa social, y, por último, la muchedumbre obrera, que dice a sus libertadores que le devuelvan la antigua reglamentación, porque tanta libertad liberal la ahoga con la argolla de la miseria; todo esto constituye el gran proceso de la revolución, dándose la muerte con la piqueta con que se había propuesto no dejar en su sitio una sola piedra del antiguo alcázar, cuya belleza y majestad ni siquiera quiso comprender.
No es, por lo tanto, el mundo cristiano el que se derrumba para que sobre sus escombros se alce el paganismo restaurado. La idea católica, a pesar de todas las propagandas revolucionarias, sigue siendo la savia de que todavía reciben las naciones la vida que les resta. Si ha perdido su influjo en los Estados, aún conserva la divina virtualidad para volver a ejercerla en tiempo no lejano con la misma eficacia de otros siglos. Lo que cae y se desmorona es el edificio liberal, apenas levantado.
Un nuevo orden social y económico, que en todo lo que encierra de bueno es la reproducción del antiguo régimen cristiano, y que en todo lo que encierra lo malo, que es mucho, es la exageración del principio liberal, cuyos efectos trata de evitar, es lo que ahora se levanta. La revolución liberal política desaparece, y se va a comenzar la social. Su triunfo será más efímero que la primera, pero no lo será la enseñanza que la sociedad deducirá de la catástrofe, porque el día en que se plantee la última consecuencia social de la revolución será el primer día de la verdadera restauración cristiana de la sociedad.
En la nueva lucha, los liberalismos individualistas y eclécticos serán apartados por los combatientes con desprecio, para que ambos adversarios puedan dirimir sin estorbos enojosos la suprema cuestión. Y es preciso estar ciegos para no ver que los nuevos y únicos contendientes serán el verdadero socialismo católico de la Iglesia, que proclama la esclavitud voluntaria de la caridad y el sacrificio, y el socialismo ateo de la Revolución, que afirma la esclavitud por la fuerza y la tiranía del dios Estado.”
Juan Vázquez de Mella
(RCS)
terça-feira, março 20, 2007
Os setenta anos da "Divini Redemptoris"

Há exactamente setenta anos, no dia 19 de Março de 1937, por intermédio da Encíclica "Divini Redemptoris", o Papa Pio XI condenava formal e solenemente o comunismo ateu, apodando-o com precisão lapidar de "intrinsecamente perverso". Para ler e reflectir num tempo em que a ideologia comunista (que não deve ser confundida com o defunto sovietismo) penetrou profundamente no próprio seio da Igreja Católica, para além de continuar a produzir em pleno todos os seus devastadores efeitos espirituais e materiais, já que a mesma outra coisa não é do que o consumar da revolução anticristã ao nível mais extremo e radical. Relembremos portanto um trecho de tão notável documento:
Premunir-se contra as ciladas do comunismo
57. Sobre este ponto insistimos na Nossa Alocução, de 12 de Maio do ano passado, mas julgamos necessário, Veneráveis Irmãos, chamar de novo sobre ele, de modo particular, a vossa atenção. Ao princípio, o comunismo mostrou-se tal qual era em toda a sua perversidade; mas bem depressa se capacitou de que desse modo afastava de si os povos; e por isso mudou de táctica e procura atrair as multidões com vários enganos, ocultando os seus desígnios sob a máscara de ideais, em si bons e atraentes. Assim, vendo o desejo geral de paz, os chefes do comunismo fingem ser os mais zelosos fautores e propagandistas do movimento a favor da paz mundial; mas ao mesmo tempo excitam a uma luta de classes que faz correr rios de sangue, e, sentindo que não têm garantias internas de paz, recorrem a armamentos ilimitados. Assim, sob vários nomes que nem por sombras aludem ao comunismo, fundam associações e periódicos que servem depois unicamente para fazerem penetrar as suas ideias em meios, que doutra forma lhe não seriam facilmente acessíveis, procuram até com perfídia infiltrar-se em associações católicas e religiosas. Assim, em outras partes, sem renunciarem um ponto a seus perversos princípios, convidam os católicos a colaborar com eles no campo chamado humanitário e caritativo, propondo às vezes, até coisas completamente conformes ao espírito cristão e à doutrina da Igreja. Em outras partes levam a hipocrisia até fazer crer que o comunismo, em países de maior fé e de maior cultura, tomará outro aspecto mais brando, não impedirá o culto religioso e respeitará a liberdade das consciências. Há até quem, reportando-se a certas alterações recentemente introduzidas na legislação soviética, deduz que o comunismo está em vésperas de abandonar o seu programa de luta contra Deus.
58. Procurai, Veneráveis Irmãos, que os fiéis não se deixem enganar! O comunismo é intrinsecamente perverso e não se pode admitir em campo nenhum a colaboração com ele, da parte de quem quer que deseje salvar a civilização cristã. E, se alguns, induzidos em erro, cooperassem para a vitória do comunismo no seu país, seriam os primeiros a cair como vítimas do seu erro; e quanto mais se distinguem pela antiguidade e grandeza da sua civilização cristã as regiões aonde o comunismo consegue penetrar, tanto mais devastador lá se manifesta o ódio dos “sem-Deus”. (destaques meus)
Premunir-se contra as ciladas do comunismo
57. Sobre este ponto insistimos na Nossa Alocução, de 12 de Maio do ano passado, mas julgamos necessário, Veneráveis Irmãos, chamar de novo sobre ele, de modo particular, a vossa atenção. Ao princípio, o comunismo mostrou-se tal qual era em toda a sua perversidade; mas bem depressa se capacitou de que desse modo afastava de si os povos; e por isso mudou de táctica e procura atrair as multidões com vários enganos, ocultando os seus desígnios sob a máscara de ideais, em si bons e atraentes. Assim, vendo o desejo geral de paz, os chefes do comunismo fingem ser os mais zelosos fautores e propagandistas do movimento a favor da paz mundial; mas ao mesmo tempo excitam a uma luta de classes que faz correr rios de sangue, e, sentindo que não têm garantias internas de paz, recorrem a armamentos ilimitados. Assim, sob vários nomes que nem por sombras aludem ao comunismo, fundam associações e periódicos que servem depois unicamente para fazerem penetrar as suas ideias em meios, que doutra forma lhe não seriam facilmente acessíveis, procuram até com perfídia infiltrar-se em associações católicas e religiosas. Assim, em outras partes, sem renunciarem um ponto a seus perversos princípios, convidam os católicos a colaborar com eles no campo chamado humanitário e caritativo, propondo às vezes, até coisas completamente conformes ao espírito cristão e à doutrina da Igreja. Em outras partes levam a hipocrisia até fazer crer que o comunismo, em países de maior fé e de maior cultura, tomará outro aspecto mais brando, não impedirá o culto religioso e respeitará a liberdade das consciências. Há até quem, reportando-se a certas alterações recentemente introduzidas na legislação soviética, deduz que o comunismo está em vésperas de abandonar o seu programa de luta contra Deus.
58. Procurai, Veneráveis Irmãos, que os fiéis não se deixem enganar! O comunismo é intrinsecamente perverso e não se pode admitir em campo nenhum a colaboração com ele, da parte de quem quer que deseje salvar a civilização cristã. E, se alguns, induzidos em erro, cooperassem para a vitória do comunismo no seu país, seriam os primeiros a cair como vítimas do seu erro; e quanto mais se distinguem pela antiguidade e grandeza da sua civilização cristã as regiões aonde o comunismo consegue penetrar, tanto mais devastador lá se manifesta o ódio dos “sem-Deus”. (destaques meus)
domingo, março 18, 2007
Dom Lourenço Fleichman e o celibato sacerdotal
Dom Lourenço Fleichman, O.S.B., lembra-nos os vários textos disponíveis no site da Editora Permanência a respeito do celibato sacerdotal. Podem ler-se nas caixinhas dos comentários de um post anterior. Sabe bem Dom Lourenço que A Casa de Sarto tem sempre as portas abertas para Ele e damos-lhe bom agasalho. E sabe, também, que não nos esquecemos de seu pai, o dr. Júlio Fleichman. Tenho muita saudade do Dr. Júlio Fleichman, autor do mais que recomendável “O Itinerário Espiritual da Igreja Católica” e judeu brasileiro converso ao catolicismo como o caríssimo Jacobo San Miguel, também judeu converso ao catolicismo, que faleceu no dia da Epifania do 2005. O nosso caro amigo Marcus Moreira Lassance Pimenta traduziu os fragmentos das cartas do Jacobo (Yakov) ao português.
Peço desculpas pela omissão dos oportunos textos de Dom Lourenço Fleichman, O.S.B. acerca do celibato sacerdotal. Convidamos os nossos leitores a entrar na Capela Nossa Senhora da Conceição e a ler a Campanha pela Santidade do Clero e reflectir bem, rechaçando os aldravados jogos mentais que consistem em apresentar uma realidade refastelada pela Revolução e ultrapassada pela mentira politicamente correcta: não é necessário, nem imprescindível, nem ainda vantajoso que os Sacerdotes se casem. Além do facto de que semelhante modo de arrazoar é uma pena, sobretudo porque a mentira é vesga. Vesga como o poder maldito de Satã, a Carne e o Mundo. Vesga como a idea de misturar a Santa Religão Católica com as ideias seculares.
Pois então, ao final, são todos empanturramentos porque, como a Boa Nova de Nosso Senhor proclama, a Porta dos Céus é estreita. Nada há tão vesgo como a ideia de entrar no Céu sem esforço.
Com razão disse, portanto, Dom Lourenço Fleichman que o celibato sacerdotal é muito necessário. O celibato leva ao Reino dos Céus. O celibato é uma grande virtude. O celibato descarrega de muitos apegos, ainda que lícitos. O celibato equipara aos Anjos. O celibato preserva a alma do Sacerdote, que é de facto sagrada, ou seja, pertence a Deus. O celibato faz o Sacerdote mais parecido com Cristo porque o Sacerdote é, de facto, Alter Christus.
Peço desculpas pela omissão dos oportunos textos de Dom Lourenço Fleichman, O.S.B. acerca do celibato sacerdotal. Convidamos os nossos leitores a entrar na Capela Nossa Senhora da Conceição e a ler a Campanha pela Santidade do Clero e reflectir bem, rechaçando os aldravados jogos mentais que consistem em apresentar uma realidade refastelada pela Revolução e ultrapassada pela mentira politicamente correcta: não é necessário, nem imprescindível, nem ainda vantajoso que os Sacerdotes se casem. Além do facto de que semelhante modo de arrazoar é uma pena, sobretudo porque a mentira é vesga. Vesga como o poder maldito de Satã, a Carne e o Mundo. Vesga como a idea de misturar a Santa Religão Católica com as ideias seculares.
Pois então, ao final, são todos empanturramentos porque, como a Boa Nova de Nosso Senhor proclama, a Porta dos Céus é estreita. Nada há tão vesgo como a ideia de entrar no Céu sem esforço.
Com razão disse, portanto, Dom Lourenço Fleichman que o celibato sacerdotal é muito necessário. O celibato leva ao Reino dos Céus. O celibato é uma grande virtude. O celibato descarrega de muitos apegos, ainda que lícitos. O celibato equipara aos Anjos. O celibato preserva a alma do Sacerdote, que é de facto sagrada, ou seja, pertence a Deus. O celibato faz o Sacerdote mais parecido com Cristo porque o Sacerdote é, de facto, Alter Christus.
Nosso Senhor Jesus Cristo deu grande exemplo permanecendo no celibato. Exemplo avalizado depois pelos Apóstolos.
Rafael Castela Santos
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domingo, março 18, 2007
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segunda-feira, março 12, 2007
Breves - 20
- Dia 8 de Março último, a Assembleia da República demonstrou uma vez mais o nível de baixeza a que o actual regime político português chegou: os deputados da maioria parlamentar de esquerda, não lhes bastando terem aprovado aquela que é provavelmente a lei mais infame de toda a história do direito português, a qual condescende com o massacre impune de seres humanos inocentes e indefesos no próprio ventre materno, em manifestação eivada de especial torpeza, saudaram de pé e com prolongado aplauso tal aprovação. Numa data escolhida com a precisão metódica da canalhice - o dia proclamado pela ONU mundialista como sendo o internacional da mulher, ficando assim vincada a real natureza do feminismo radical como ideologia extrema de ódio e morte - a lei do número e o reino da quantidade conseguiram triunfar, ainda que tão-só efemeramente como é próprio da todas as vitórias do mal, sobre o bem, a verdade e a ordem natural. E, enfim, o aplauso dos deputados mais não é do que uma demonstração acabada da estultícia daqueles pretensos representantes do povo português, que se supondo plenamente livres e nos píncaros da maturidade cívica por desprezarem os ditames das leis divina e moral, não atingem que já penetraram a antecâmara que conduz à pior das tiranias, a da vontade humana desenfreada e sem limites no exercício do poder político.
- Resta agora esperar que o Presidente da República cumpra as suas prerrogativas e vete uma lei que verdadeiramente é querida somente por cerca de vinte e cinco por cento dos portugueses e que, ademais, é notoriamente inconstitucional, por violar de modo flagrante o direito fundamental à vida. É certo que estou plenamente consciente do evidente desconforto que Cavaco Silva sente no combate ideológico puro e na guerra cultural, facto no qual não se distingue em nada da média habitual no PSD, dos Borges aos Frasquilhos, dos Cadilhes aos Belezas, adversa a tudo o que ultrapasse os horizontes estritos de uma postura tecnocrática de guarda-livros requintado, bem ao contrário do Partido Socialista jacobino e, sobretudo, do agente provocador que é o Bloco de Esquerda; porém, o veto da lei abjecta é o mínimo exigível a um Chefe de Estado que se afirma católico praticante e que foi eleito maioritariamente com os votos do campo que se convencionou chamar da direita sociológica.
- De regresso ao PSD, é um partido que sai totalmente destroçado do referendo sobre o aborto e cujo naufrágio político culmina no fraccionamento verificado no seu grupo de deputados durante a votação parlamentar da liberalização do aborto, com vinte e um deles a darem o seu voto positivo àquela. Sem uma matriz doutrinária bem definida, ao sabor dos ventos das modas ideológicas e politicamente correctas do dia, este partido não passa de um sindicato de interesses oportunistas que só pensam em gozar tanto quanto possam a coisa pública em proveito privado. Os católicos tradicionais (ou, pelo menos, conservadores), bem como a direita dos valores, não têm, nem podem ter nada a ver com tamanha falta de escrúpulos. A respeito desta matéria, no rescaldo das eleições legislativas de 2005, aqui escrevi e repito-o agora: o PSD jamais regressará ao poder - ao invés, caminhará a passadas largas para a total extinção - se insistir em ser uma pálida imitação do PS, se sobraçar a tese de que é ao centro-esquerda que se ganham as eleições, pois na medida em que o consumidor (eleitor) prefere sempre o produto original às imitações, nessa área ideológica o PS estará sempre em vantagem. O PSD deveria olhar para a geografia eleitoral do País, verificar em que região do mesmo tem sistematicamente obtido vitória atrás de vitória, e interrogar-se se aí as mesmas foram alcançadas à custa de uma postura centro-esquerdista. Suponho que não…
- Mudando de assunto, e como já vem sendo costume em tempo de Quaresma nestes anos mais recentes, a ofensiva neognóstica lançou mais uma das suas atoardas contra a verdade católica, desta feita corporizada no pretenso achado de um suposto túmulo de Cristo em Jerusalém; assim, de modo pouco subtil, nega-se a realidade Ressurreição. Tal descoberta arqueológica, obviamente sem qualquer credibilidade (ler aqui e aqui), por mim tem ao menos o mérito de poder lembrar aos meus leitores a existência da monumental obra "La Grande Christologie", de autoria do Padre Stephan Maistre, no seu tempo muito elogiada pelo Papa Pio IX, e que é uma excelente refutação não só das falácias gnósticas, mas também das mentiras modernistas disfarçadas de historicismo pseudocientífico.
- Finalmente, estou a pensar mudar o visual deste blogue e adoptar um modelo ("template") renovado para o mesmo; todavia, estou com um dilema: já andei a fazer a prospecção dos modelos que a "Blogger" coloca à disposição dos seus utilizadores e o facto é que até agora nenhum me agradou verdadeiramente. Algum dos meus leitores me dá alguma sugestão sobre esta matéria?
JSarto
- Resta agora esperar que o Presidente da República cumpra as suas prerrogativas e vete uma lei que verdadeiramente é querida somente por cerca de vinte e cinco por cento dos portugueses e que, ademais, é notoriamente inconstitucional, por violar de modo flagrante o direito fundamental à vida. É certo que estou plenamente consciente do evidente desconforto que Cavaco Silva sente no combate ideológico puro e na guerra cultural, facto no qual não se distingue em nada da média habitual no PSD, dos Borges aos Frasquilhos, dos Cadilhes aos Belezas, adversa a tudo o que ultrapasse os horizontes estritos de uma postura tecnocrática de guarda-livros requintado, bem ao contrário do Partido Socialista jacobino e, sobretudo, do agente provocador que é o Bloco de Esquerda; porém, o veto da lei abjecta é o mínimo exigível a um Chefe de Estado que se afirma católico praticante e que foi eleito maioritariamente com os votos do campo que se convencionou chamar da direita sociológica.
- De regresso ao PSD, é um partido que sai totalmente destroçado do referendo sobre o aborto e cujo naufrágio político culmina no fraccionamento verificado no seu grupo de deputados durante a votação parlamentar da liberalização do aborto, com vinte e um deles a darem o seu voto positivo àquela. Sem uma matriz doutrinária bem definida, ao sabor dos ventos das modas ideológicas e politicamente correctas do dia, este partido não passa de um sindicato de interesses oportunistas que só pensam em gozar tanto quanto possam a coisa pública em proveito privado. Os católicos tradicionais (ou, pelo menos, conservadores), bem como a direita dos valores, não têm, nem podem ter nada a ver com tamanha falta de escrúpulos. A respeito desta matéria, no rescaldo das eleições legislativas de 2005, aqui escrevi e repito-o agora: o PSD jamais regressará ao poder - ao invés, caminhará a passadas largas para a total extinção - se insistir em ser uma pálida imitação do PS, se sobraçar a tese de que é ao centro-esquerda que se ganham as eleições, pois na medida em que o consumidor (eleitor) prefere sempre o produto original às imitações, nessa área ideológica o PS estará sempre em vantagem. O PSD deveria olhar para a geografia eleitoral do País, verificar em que região do mesmo tem sistematicamente obtido vitória atrás de vitória, e interrogar-se se aí as mesmas foram alcançadas à custa de uma postura centro-esquerdista. Suponho que não…
- Mudando de assunto, e como já vem sendo costume em tempo de Quaresma nestes anos mais recentes, a ofensiva neognóstica lançou mais uma das suas atoardas contra a verdade católica, desta feita corporizada no pretenso achado de um suposto túmulo de Cristo em Jerusalém; assim, de modo pouco subtil, nega-se a realidade Ressurreição. Tal descoberta arqueológica, obviamente sem qualquer credibilidade (ler aqui e aqui), por mim tem ao menos o mérito de poder lembrar aos meus leitores a existência da monumental obra "La Grande Christologie", de autoria do Padre Stephan Maistre, no seu tempo muito elogiada pelo Papa Pio IX, e que é uma excelente refutação não só das falácias gnósticas, mas também das mentiras modernistas disfarçadas de historicismo pseudocientífico.
- Finalmente, estou a pensar mudar o visual deste blogue e adoptar um modelo ("template") renovado para o mesmo; todavia, estou com um dilema: já andei a fazer a prospecção dos modelos que a "Blogger" coloca à disposição dos seus utilizadores e o facto é que até agora nenhum me agradou verdadeiramente. Algum dos meus leitores me dá alguma sugestão sobre esta matéria?
JSarto
domingo, março 11, 2007
¿Era cismático Lefèbvre?
El otro día, creo que el 6 de Marzo, si mal no recuerdo, Radio Cristiandad nos endilgó a sus oyentes con un castigo bíblico, como fue el ponernos un monólogo de un sujeto de cuyo nombre no quiero acordarme, al parecer vinculado a Aciprensa. Dicho monólogo versaba sobre la Tradición, sobre el “cisma” (sic) de Monseñor Lefèbvre y hasta sobre la liturgia multisecular.
El tal sujeto, con una insolencia realmente digna de tal nombre, con ataques ad hominem contra personas que le escriben, falto de argumentos, con tautologías varias y pseudorazonamientos circulares y cosas similares, se despachó a gusto. Bien, contra hechos no hay argumentos. Vamos con los hechos. Los dos primeros textos están sacados de unos comentarios en una noticia de Aciprensa. El segundo es una transcripción de una declaración de Monseñor Lefèbvre.
Como curiosidad me gustaría saber si algún amable lector nos podría explicar si existe algún tipo de ligazón o relación entre Aciprensa y el Opus Dei.
***
«¿Qué es lo que constituye un acto cismático?
NO el simple hecho de consagrar obispos sin mandato pontificio, pues el mismo código de derecho canónico sitúa este delito en el Título III (usurpación de funciones eclesiásticas) y NO en el Título I (contra la religión y la unidad de la Iglesia (de su sección penal (Libro VI).
Tampoco por consagrar obispos contra el deseo del Santo Padre, que como mucho constituiría una desobediencia. Además, aun cuando hubiese sido una desobediencia, el Derecho Canónico establece que tal desobediencia es lícita cuando existe un estado de necesidad.
Pero la desobediencia no llega a ser cisma, pues éste requiere NO reconocer a la autoridad en sí misma, mientras que la desobediencia consiste en no obedecer una orden, pero reconociendo la autoridad de quien manda. “El niño que le dice a su madre ‘¡no quiero!’ no niega que sea su madre”.
Ahora bien, Monseñor Lefèbvre siempre reconoció la autoridad del Papa (como prueban las consultas con Roma para la solución de problemas habituales), y lo mismo hace la FSSPX (véase, por ejemplo, su apoyo a la Ordinatio Sacerdotalis de Juan Pablo II contra el sacerdocio femenino).
Consagrar un obispo sin mandato pontificio sería un acto cismático si se pretendiese conferir no sólo la plenitud del sacerdocio, sino también la jurisdicción, el poder de gobernar un rebaño particular. Sólo el Papa, que tiene jurisdicción universal sobre toda la Iglesia, puede asignar un pastor a un rebaño y darle poder para gobernarlo.
Sin embargo, Monseñor Lefèbvre nunca pretendió conferir otra cosa que la plenitud de los poderes sacerdotales del Orden, y en modo alguno otorgó ninguna jurisdicción (que él personalmente ni siquiera tenía). Esto lo demuestra que la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X no establece parroquias o diócesis, sino prioratos.
Por lo tanto, no existe cisma.»
***
«Un teólogo de una importancia tan grande como Cayetano precisa que cuando alguien se niega a obedecer y esta negación se refiere a la materia de lo que se manda o a la persona misma del Superior, sin poner en duda la autoridad o incluso la persona del superior, no hay cisma (Diccionario de Theologie Catholique; en Schisme. T. IX col 1304).
Por lo tanto, no existe cisma.»
***
«NO HAY NADIE MÁS UNIDO AL SUCESOR DE PEDRO QUE NOSOTROS
Esta conclusión evidente es de primordial importancia para determinar nuestra actitud y manifestar nuestra indefectible unión al Magisterio de la Iglesia y a los sucesores de San Pedro. No hay nadie que esté más unido que nosotros al sucesor de Pedro reinante cuando se hace eco de las tradiciones apostólicas y de las enseñanzas de todos sus predecesores, porque entra en la definición misma del sucesor de Pedro guardar el depósito y transmitirlo fielmente. A este respecto, he aquí lo que proclamó el Papa Pío IX en Pastor Aeternus:
“El Espíritu Santo no le fue permitido a los sucesores de Pedro para permitirles publicar, según sus revelaciones, una doctrina nueva, sino para conservar estrictamente y exponer fielmente con su asistencia las revelaciones transmitidas por los Apóstoles, es decir: el depósito de la Fe”»
Monseñor Lefèbvre
***
Ahora por tercera vez (y esto lo añado yo): por lo tanto no hay cisma.
***
Si Monseñor Lefèbvre fue cismático, según el esperpéntico discurso de ese tal sujeto todos los que son miembros de la Hermandad de San Pío X, en incluso quienes asisten a sus Misas, también lo somos bueno sería, por ejemplo, clarificar algunas de las siguientes cuestiones:
a) ¿Cómo se explica que Roma decida y juzgue los problemas canónicos de los Sacerdotes de una “secta” (sic) cismática como la Hermandad de San Pío X? ¿Desde cuándo Roma entra a juzgar sobre asuntos canónicos de sectas cismáticas?
b) ¿Cómo se explica que haya un contacto no ya fluido y correcto, sino formalmente consolidado, entre la Hermandad de San Pío X y la Curia Romana? Con los cismáticos, o sea, los ortodoxos, hay encuentros puntuales, no un contacto institucionalizado.
c) ¿Cómo se explica que en cualquier Priorato o Capilla de la Hermandad de San Pío X lo primero que se vea es un cuadro o pintura del Santo Padre Benedicto XVI y, anteriormente, de Juan Pablo II, por los cuales se reza (y rezó) abundantemente? No parece esta actitud muy cismática, ¿no es así?
ch) ¿Cómo se explica que Roma dé todo tipo de facilidades, oficiales y extra-oficiales, a una peregrinación en Roma organizada por la Hermandad de San Pío X? ¿Da acaso Roma iguales facilidades a cismáticos o herejes?
d) ¿Cómo explica ese individuo de Aciprensa que el Cardenal Castrillón Hoyos dijera en declaraciones a TV-5 del 13 de Noviembre que la Hermandad de San Pío X sí que está en la Iglesia y que no se puede decir que haya un cisma? El insolente sujeto dijo que ni Cardenal ni nada, jura que el Derecho Canónico (Aciprensa, o él, dixit) ya ha declarado fuera de la Iglesia a la Hermandad de San Pío X. Entre la opinión de tal impavante y la opinión de Su Eminencia, me perdonará ese jefecillo de Aciprensa, prefiero quedarme con el Cardenal.
e) ¿Cómo se explica el esfuerzo denodado y sincero no ya sólo del Santo Padre, de la Curia Romana, de los Superiores de la Hermandad de San Pío X y de personalidades destacadas de la Hermandad de San Pío X (incluyendo a Monseñor Ricardo Williamson, al que Aciprensa tanto se gloría en criticar tan inicua como injustamente cuando Su Ilustrísima es un Obispo con un sentido de la Romanitas como pocos, como pueden testificar varias personalidades de la Curia Romana, donde es un hombre querido y apreciado) para aproximar posturas?
f) ¿Cómo se explica, entonces, el sentir de la mayoría de los Sacerdotes de la Hermandad de San Pío X, así como el de sus fieles, de querer estar con y en Roma no ya de espíritu y corazón –que ya lo estamos- sino institucionalmente? ¿Cómo se explica que queramos ser católicos tradicionales para, precisamente, ser más romanos? ¿No es esto un hecho que desdice por sí solo ese espíritu “cismático” del que se nos acusa por parte del susodicho capo de Aciprensa?
Dicho esto permítanme acabar con un hurra por el Santo Padre: ¡Viva el Papa!
Rafael Castela Santos, “cismático”-papista confeso, convicto, verificado y certificado
El tal sujeto, con una insolencia realmente digna de tal nombre, con ataques ad hominem contra personas que le escriben, falto de argumentos, con tautologías varias y pseudorazonamientos circulares y cosas similares, se despachó a gusto. Bien, contra hechos no hay argumentos. Vamos con los hechos. Los dos primeros textos están sacados de unos comentarios en una noticia de Aciprensa. El segundo es una transcripción de una declaración de Monseñor Lefèbvre.
Como curiosidad me gustaría saber si algún amable lector nos podría explicar si existe algún tipo de ligazón o relación entre Aciprensa y el Opus Dei.
***
«¿Qué es lo que constituye un acto cismático?
NO el simple hecho de consagrar obispos sin mandato pontificio, pues el mismo código de derecho canónico sitúa este delito en el Título III (usurpación de funciones eclesiásticas) y NO en el Título I (contra la religión y la unidad de la Iglesia (de su sección penal (Libro VI).
Tampoco por consagrar obispos contra el deseo del Santo Padre, que como mucho constituiría una desobediencia. Además, aun cuando hubiese sido una desobediencia, el Derecho Canónico establece que tal desobediencia es lícita cuando existe un estado de necesidad.
Pero la desobediencia no llega a ser cisma, pues éste requiere NO reconocer a la autoridad en sí misma, mientras que la desobediencia consiste en no obedecer una orden, pero reconociendo la autoridad de quien manda. “El niño que le dice a su madre ‘¡no quiero!’ no niega que sea su madre”.
Ahora bien, Monseñor Lefèbvre siempre reconoció la autoridad del Papa (como prueban las consultas con Roma para la solución de problemas habituales), y lo mismo hace la FSSPX (véase, por ejemplo, su apoyo a la Ordinatio Sacerdotalis de Juan Pablo II contra el sacerdocio femenino).
Consagrar un obispo sin mandato pontificio sería un acto cismático si se pretendiese conferir no sólo la plenitud del sacerdocio, sino también la jurisdicción, el poder de gobernar un rebaño particular. Sólo el Papa, que tiene jurisdicción universal sobre toda la Iglesia, puede asignar un pastor a un rebaño y darle poder para gobernarlo.
Sin embargo, Monseñor Lefèbvre nunca pretendió conferir otra cosa que la plenitud de los poderes sacerdotales del Orden, y en modo alguno otorgó ninguna jurisdicción (que él personalmente ni siquiera tenía). Esto lo demuestra que la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X no establece parroquias o diócesis, sino prioratos.
Por lo tanto, no existe cisma.»
***
«Un teólogo de una importancia tan grande como Cayetano precisa que cuando alguien se niega a obedecer y esta negación se refiere a la materia de lo que se manda o a la persona misma del Superior, sin poner en duda la autoridad o incluso la persona del superior, no hay cisma (Diccionario de Theologie Catholique; en Schisme. T. IX col 1304).
Por lo tanto, no existe cisma.»
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«NO HAY NADIE MÁS UNIDO AL SUCESOR DE PEDRO QUE NOSOTROS
Esta conclusión evidente es de primordial importancia para determinar nuestra actitud y manifestar nuestra indefectible unión al Magisterio de la Iglesia y a los sucesores de San Pedro. No hay nadie que esté más unido que nosotros al sucesor de Pedro reinante cuando se hace eco de las tradiciones apostólicas y de las enseñanzas de todos sus predecesores, porque entra en la definición misma del sucesor de Pedro guardar el depósito y transmitirlo fielmente. A este respecto, he aquí lo que proclamó el Papa Pío IX en Pastor Aeternus:
“El Espíritu Santo no le fue permitido a los sucesores de Pedro para permitirles publicar, según sus revelaciones, una doctrina nueva, sino para conservar estrictamente y exponer fielmente con su asistencia las revelaciones transmitidas por los Apóstoles, es decir: el depósito de la Fe”»
Monseñor Lefèbvre
***
Ahora por tercera vez (y esto lo añado yo): por lo tanto no hay cisma.
***
Si Monseñor Lefèbvre fue cismático, según el esperpéntico discurso de ese tal sujeto todos los que son miembros de la Hermandad de San Pío X, en incluso quienes asisten a sus Misas, también lo somos bueno sería, por ejemplo, clarificar algunas de las siguientes cuestiones:
a) ¿Cómo se explica que Roma decida y juzgue los problemas canónicos de los Sacerdotes de una “secta” (sic) cismática como la Hermandad de San Pío X? ¿Desde cuándo Roma entra a juzgar sobre asuntos canónicos de sectas cismáticas?
b) ¿Cómo se explica que haya un contacto no ya fluido y correcto, sino formalmente consolidado, entre la Hermandad de San Pío X y la Curia Romana? Con los cismáticos, o sea, los ortodoxos, hay encuentros puntuales, no un contacto institucionalizado.
c) ¿Cómo se explica que en cualquier Priorato o Capilla de la Hermandad de San Pío X lo primero que se vea es un cuadro o pintura del Santo Padre Benedicto XVI y, anteriormente, de Juan Pablo II, por los cuales se reza (y rezó) abundantemente? No parece esta actitud muy cismática, ¿no es así?
ch) ¿Cómo se explica que Roma dé todo tipo de facilidades, oficiales y extra-oficiales, a una peregrinación en Roma organizada por la Hermandad de San Pío X? ¿Da acaso Roma iguales facilidades a cismáticos o herejes?
d) ¿Cómo explica ese individuo de Aciprensa que el Cardenal Castrillón Hoyos dijera en declaraciones a TV-5 del 13 de Noviembre que la Hermandad de San Pío X sí que está en la Iglesia y que no se puede decir que haya un cisma? El insolente sujeto dijo que ni Cardenal ni nada, jura que el Derecho Canónico (Aciprensa, o él, dixit) ya ha declarado fuera de la Iglesia a la Hermandad de San Pío X. Entre la opinión de tal impavante y la opinión de Su Eminencia, me perdonará ese jefecillo de Aciprensa, prefiero quedarme con el Cardenal.
e) ¿Cómo se explica el esfuerzo denodado y sincero no ya sólo del Santo Padre, de la Curia Romana, de los Superiores de la Hermandad de San Pío X y de personalidades destacadas de la Hermandad de San Pío X (incluyendo a Monseñor Ricardo Williamson, al que Aciprensa tanto se gloría en criticar tan inicua como injustamente cuando Su Ilustrísima es un Obispo con un sentido de la Romanitas como pocos, como pueden testificar varias personalidades de la Curia Romana, donde es un hombre querido y apreciado) para aproximar posturas?
f) ¿Cómo se explica, entonces, el sentir de la mayoría de los Sacerdotes de la Hermandad de San Pío X, así como el de sus fieles, de querer estar con y en Roma no ya de espíritu y corazón –que ya lo estamos- sino institucionalmente? ¿Cómo se explica que queramos ser católicos tradicionales para, precisamente, ser más romanos? ¿No es esto un hecho que desdice por sí solo ese espíritu “cismático” del que se nos acusa por parte del susodicho capo de Aciprensa?
Dicho esto permítanme acabar con un hurra por el Santo Padre: ¡Viva el Papa!
Rafael Castela Santos, “cismático”-papista confeso, convicto, verificado y certificado
Publicada por
Rafael Castela Santos
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domingo, março 11, 2007
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quarta-feira, março 07, 2007
A "Operação Vigário" ou a difamação contra Pio XII

Obra da propaganda comunista, do princípio ao fim: o conhecido artigo do General Ion Mihai Pacepa, antigo operacional dos serviços secretos romenos, originalmente editado na "National Review" norte-americana, traduzido para português e publicado na "Permanência".
JSarto
JSarto
No grande silêncio - 4
A Cartuxa de Évora: expulsos em 1834 pelo revolucionarismo jacobino, os Cartuxos regressaram à sua casa portuguesa de sempre em 1960.
JSarto
domingo, março 04, 2007
Do "Sermão sobre a Verdade da Religião Católica"

Conforme havia prometido aos meus leitores, trago-lhes hoje um extracto retirado do magnífico "Sermão sobre a Verdade da Religião Católica" que o Padre José Agostinho Macedo pregou na Quaresma de 1817, na Igreja de Nossa Senhora dos Mártires de Lisboa. Aqui fica o mesmo, na época própria e com uma estranha actualidade cento e noventa anos depois:
Em todos os tempos desagradou a muitos a Religião Católica, não só porque é muito sublime o que propõe para crer, mas porque é muito dificultoso o que propõe para praticar. Ainda em nossos dias muitos dos bárbaros não têm dificuldade em acreditar nossos mistérios. E como a poderiam ter, se cada um deles em suas seitas acredita coisas tão estranhas e tão repugnantes, que tem mais que vencer em acreditar as suas loucuras que as nossas verdades? O seu trabalho consiste em sujeitar-se às nossas leis. Estas têm rebelado à Igreja cem nações, e conservam ainda muitos povos na infidelidade. Uns se declaram contra a penitência como um peso muito gravoso, outros contra o nosso culto como coisa muito supersticiosa, outros contra a castidade como um preceito muito difícil. Mas que conseguiram? Nada mais que mostrar a depravação dos seus corações sem alterar a pureza da nossa Religião. Por mais esforços que hajam feito as paixões humanas, não puderam ainda abolir uma só Lei no Código da Religião. Que digo eu abolir? Não puderam adoçá-las, ou temperá-las na mais pequena parte. Depois de tantos e tantos séculos, com tantos e tantos inimigos, cada ápice do Evangelho conserva ainda todo o seu rigor. Aquele sacrossanto jugo que trouxeram os Apóstolos, é o mesmo a que ainda submetemos o nosso pescoço, sem que se torne mais ligeiro, ou pelo tempo que estraga todas as coisas, ou pela violência que as rompe. Muito cumpria à humana fraqueza alargar os caminhos do Céu e dilatar-lhe algum passo mais. Muito cumpria que as portas do Paraíso fossem menos apertadas. Mas não, estas são de bronze, não se podem alargar mais. Embora se quebrantem muito os divinos preceitos, todos confessam que eles obrigam. Não é o homem casto, mas conhece que o deve ser; cometem-se delitos, mas sentem-se remorsos; e ainda que se obre contra a Lei, a Lei não dorme, mas grita, e chama a seu tribunal os transgressores.
Mas esta liberdade de transgredir a Lei, é o último, e talvez o maior sinal de que Deus assiste à sua Religião, pois a faz triunfar da depravação dos seus mesmos sequazes, inimigos tanto mais formidáveis quanto são mais ocultos e mais domésticos. Sou obrigado a falar das nossas ignomínias e me envergonho, que devendo fazer a resenha das palmas alcançadas pela Religião em suas vitórias, deva por necessidade encontrar-me com os nossos despojos. Eu o sei, mas não imaginava ler entre os títulos dos vencidos também o nosso nome. Mas é assim, triunfa a Religião de nós, sustentando-nos contra nós, não obstante a guerra terrível que nós lhe fazemos com os nossos vícios. À vista deles, quem não diria não ser possível que dure uma Religião contra a qual se revoltam os seus mesmos filhos? Observai como se vive nas cidades mais católicas, como em Lisboa se vive. Com quanta facilidade derramam aqui uns o sangue dos outros! Quantas inimizades há entre os particulares, quantas discórdias nas famílias! Que licença e devassidão nos mancebos! Que avareza nos velhos! Que injustiças nos tribunais, que violências nos soldados, que prepotências nos nobres, que enganos nos plebeus, que luxo, que vaidade, que liberdade nas mulheres! Se Deus não tivesse aqui deixado algumas almas justas, semente e relíquia dos séculos santos, seria esta cidade em tudo semelhante às cidades do paganismo. Quantos entre os gentios, porque nós vivemos com eles na Ásia, na África e na América, recusam crer como nós? Eis aqui os danos que causam os nossos vícios à Religião. O infiel não se resolve a abraçá-la, o fiel a perde. Não se alistam debaixo das bandeiras do Deus de Israel muitas tropas auxiliares que se alistariam, e aquelas que seguem estas bandeiras fazem quanto podem por destruir seu campo, abater seus estandartes e fazer retroceder a Arca Santa, que deviam defender e guardar! Tropas rebeldes, debalde vos afadigais! Os arraiais de Deus devem subsistir até à consumação dos séculos. Aquela Arca mística da Aliança em que se conserva a sua Lei e os seus mistérios, ainda que ameace cair, não cairá jamais. Não há necessidade de mãos profanas para a sustentar, Deus com a sua dextra impedirá a sua queda. Sua omnipotência a conservará firme entre os combates e fará ver que esta firmeza não pode ser senão uma impressão do seus braço divino, o qual, não satisfeito de autenticar a sua Religião com a virtudes dos milagres com que a promulgou por todo o mundo, com a efusão do sangue em que a sustentou contra os tiranos, com a força do saber que a sustentou contra os hereges, a autentica finalmente com o nosso viver depravado, e faz servir à sua firmeza os nossos mesmos pecados.
JSarto
Em todos os tempos desagradou a muitos a Religião Católica, não só porque é muito sublime o que propõe para crer, mas porque é muito dificultoso o que propõe para praticar. Ainda em nossos dias muitos dos bárbaros não têm dificuldade em acreditar nossos mistérios. E como a poderiam ter, se cada um deles em suas seitas acredita coisas tão estranhas e tão repugnantes, que tem mais que vencer em acreditar as suas loucuras que as nossas verdades? O seu trabalho consiste em sujeitar-se às nossas leis. Estas têm rebelado à Igreja cem nações, e conservam ainda muitos povos na infidelidade. Uns se declaram contra a penitência como um peso muito gravoso, outros contra o nosso culto como coisa muito supersticiosa, outros contra a castidade como um preceito muito difícil. Mas que conseguiram? Nada mais que mostrar a depravação dos seus corações sem alterar a pureza da nossa Religião. Por mais esforços que hajam feito as paixões humanas, não puderam ainda abolir uma só Lei no Código da Religião. Que digo eu abolir? Não puderam adoçá-las, ou temperá-las na mais pequena parte. Depois de tantos e tantos séculos, com tantos e tantos inimigos, cada ápice do Evangelho conserva ainda todo o seu rigor. Aquele sacrossanto jugo que trouxeram os Apóstolos, é o mesmo a que ainda submetemos o nosso pescoço, sem que se torne mais ligeiro, ou pelo tempo que estraga todas as coisas, ou pela violência que as rompe. Muito cumpria à humana fraqueza alargar os caminhos do Céu e dilatar-lhe algum passo mais. Muito cumpria que as portas do Paraíso fossem menos apertadas. Mas não, estas são de bronze, não se podem alargar mais. Embora se quebrantem muito os divinos preceitos, todos confessam que eles obrigam. Não é o homem casto, mas conhece que o deve ser; cometem-se delitos, mas sentem-se remorsos; e ainda que se obre contra a Lei, a Lei não dorme, mas grita, e chama a seu tribunal os transgressores.
Mas esta liberdade de transgredir a Lei, é o último, e talvez o maior sinal de que Deus assiste à sua Religião, pois a faz triunfar da depravação dos seus mesmos sequazes, inimigos tanto mais formidáveis quanto são mais ocultos e mais domésticos. Sou obrigado a falar das nossas ignomínias e me envergonho, que devendo fazer a resenha das palmas alcançadas pela Religião em suas vitórias, deva por necessidade encontrar-me com os nossos despojos. Eu o sei, mas não imaginava ler entre os títulos dos vencidos também o nosso nome. Mas é assim, triunfa a Religião de nós, sustentando-nos contra nós, não obstante a guerra terrível que nós lhe fazemos com os nossos vícios. À vista deles, quem não diria não ser possível que dure uma Religião contra a qual se revoltam os seus mesmos filhos? Observai como se vive nas cidades mais católicas, como em Lisboa se vive. Com quanta facilidade derramam aqui uns o sangue dos outros! Quantas inimizades há entre os particulares, quantas discórdias nas famílias! Que licença e devassidão nos mancebos! Que avareza nos velhos! Que injustiças nos tribunais, que violências nos soldados, que prepotências nos nobres, que enganos nos plebeus, que luxo, que vaidade, que liberdade nas mulheres! Se Deus não tivesse aqui deixado algumas almas justas, semente e relíquia dos séculos santos, seria esta cidade em tudo semelhante às cidades do paganismo. Quantos entre os gentios, porque nós vivemos com eles na Ásia, na África e na América, recusam crer como nós? Eis aqui os danos que causam os nossos vícios à Religião. O infiel não se resolve a abraçá-la, o fiel a perde. Não se alistam debaixo das bandeiras do Deus de Israel muitas tropas auxiliares que se alistariam, e aquelas que seguem estas bandeiras fazem quanto podem por destruir seu campo, abater seus estandartes e fazer retroceder a Arca Santa, que deviam defender e guardar! Tropas rebeldes, debalde vos afadigais! Os arraiais de Deus devem subsistir até à consumação dos séculos. Aquela Arca mística da Aliança em que se conserva a sua Lei e os seus mistérios, ainda que ameace cair, não cairá jamais. Não há necessidade de mãos profanas para a sustentar, Deus com a sua dextra impedirá a sua queda. Sua omnipotência a conservará firme entre os combates e fará ver que esta firmeza não pode ser senão uma impressão do seus braço divino, o qual, não satisfeito de autenticar a sua Religião com a virtudes dos milagres com que a promulgou por todo o mundo, com a efusão do sangue em que a sustentou contra os tiranos, com a força do saber que a sustentou contra os hereges, a autentica finalmente com o nosso viver depravado, e faz servir à sua firmeza os nossos mesmos pecados.
JSarto
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