Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.
Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: somewhere in the sands of the desert
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Reel shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again; but now I know
That twenty centuries of stony sleep
were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?
W.B. Yeats
Yeats is one of my favourite poets. The sort of poetic prophet, so to speak, for my apocalyptic mood these days and the apocalyptic reality we are about to face too. Pretty soon, I reckon. I had a strange sensation this morning. I was completely sleepless last night. It never came across to me in such a clear way how extremely relevant the poem is for the “here and now”. Perhaps recent readings: Fathers Leonardo Castellani, Antonio van Rixtel and Manuel Lacunza and the Blessed de Liébana were able to set the right atmosphere for a deeper understanding of this poem.
Homage to those ones who can foresee. And foresee in strict accordance to Sacred Scripture, that is to say, with deep sense of the virtue of hope.
And now, as a footnote the English may have imposed their language on the Irish. When one thinks of people like Yeats, Wilde or Brian O’Nolan I think that imposition was worth doing (will my Irish friends forgive me after “approving” of this?). I can hardly think of a more sublime poet in English language than Yeats, an Irishman.
“Slouches towards Bethlehem to be born?”
And best regards to our English-speaking readers who make an effort in Spanish and even in Portuguese to follow A Casa de Sarto. God bless all of them.
Rafael Castela Santos
quarta-feira, fevereiro 21, 2007
segunda-feira, fevereiro 19, 2007
domingo, fevereiro 18, 2007
¿Nos hemos vuelto ciegos y sordos?
Dios, nos recuerda Santo Tomás de Aquino, actúa principalmente a través de las causas segundas que son, precisamente, aquellas que están insertas en Su Creación. Dios puede suspender las leyes de estas causas segundas, y esto y no otra cosa constituye el milagro. Pero por razones que nos resultan difíciles de entender de este lado del velo de la muerte Dios se inclina por el uso primordial de las causas segundas frente a la acción directa de Sí Mismo, de la Causa Primera.
Las enfermedades y las catástrofes naturales pertenecen sin duda a las causas segundas. Y también las guerras.
Al desastre de la Baja Edad Media, ya abocada hacia el antropocentrismo del Renacimiento y hacia el mercantilismo, Dios respondió con la Peste Negra, que diezmó Europa. La laxitud de costumbres del inicio de la Edad Moderna tuvo en la sífilis un contrapunto que mató a muchos y enloqueció a otros tantos. En tiempos de proclamación, y hasta reivindicación pública, de la sodomía apareció el SIDA. Enfermedad que ha afectado primordialmente a homosexuales y drogadictos aunque en territorios como Africa afecte asimismo a heterosexuales enormemente promiscuos.
A la herejía protestante le sucedieron guerras que duraron lustros y que fueron un verdadero azote para el viejo mundo. El filosóficamente espantoso siglo XIX tuvo su coronación en la Primera y hasta en la Segunda Guerra Mundial con un corolario de docenas millones de personas muertas. La Península Ibérica fue invadida durante siglos por los musulmanes como justo castigo a la impiedad de quienes sucedieron a Roma. En épocas más recientes en España, por ejemplo, la decadencia espiritual de principios del XX en España tuvo su castigo (y su salutífero remedio) en la Guerra Civil española a la que Portugal estuvo en un tris de sucumbir de no haber sido porque a Dios gracias Portugal ya había tomado la ruta de la Consagración a María, de la oración y la penitencia. Remedios estos capaces de evitar muchos desastres y de conjurar muchas profecías.
En Pompeya, que era como la Sodoma y Gomorra del Imperio Romano, Dios dejó que actuará (o hizo que actuara) un volcán con los resultados por todos conocidos. Hace años el ayathollah más destacado de Irán hizo unas declaraciones ofensivas y hasta blasfemas contra Cristo y María. No habían pasado ni 24 horas y un terremoto terrible sacudió Irán con su correspondiente secuela de muerte, destrucción, enfermedad y empobrecimiento. En Nueva Orleáns, cuando iba a producirse una de los desfiles de homosexuales más grandes de la historia, hubo una inundación sin precedentes. En Asia algunas de las zonas más sórdidas de turismo sexual –frecuentemente contra-natura- y de prostitución de menores quedaron literalmente arrasadas por un tsunami sin precedentes.
En Asís, donde se dio bajo el Pontificado de Juan Pablo II uno de los actos más ofensivos contra el Primer Mandamiento (me refiero a los akelarres ecuménicos que allí acontecieron), el Altar donde el lugar del Sagrario fue ocupado por la estatua de un dios falso se partió a la mitad en un terremoto que dañó la Basílica terriblemente.
Sólo sé que en Portugal una mayoría de silencio tibia coaligada con una minoría vociferante y con todo el aparato político-me®diático a favor, un gobierno inicuo que se justificó en el pequeño diferencial de votos del “sí” frente al “no” decretó que está bien, que no pasa nada, que es legítimo y hasta deseable asesinar niños inocentes en el vientre de sus madres. Al día siguiente Portugal tuvo un terremoto de casi 7 en la escala de Richter. Terremoto que también afectó a España. Hasta en los males, como el maremoto que destruyó Lisboa en el siglo XVIII y que tanto daño causó en España, Portugal y España están unidos por el mismo yugo.
Cada cual que saque sus consecuencias. Pero mucho me temo que al haberse endurecido nuestros corazones nos hemos vuelto ciegos y sordos.
¡Sálvanos, María! ¡Viva Cristo Rey!
Rafael Castela Santos
Las enfermedades y las catástrofes naturales pertenecen sin duda a las causas segundas. Y también las guerras.
Al desastre de la Baja Edad Media, ya abocada hacia el antropocentrismo del Renacimiento y hacia el mercantilismo, Dios respondió con la Peste Negra, que diezmó Europa. La laxitud de costumbres del inicio de la Edad Moderna tuvo en la sífilis un contrapunto que mató a muchos y enloqueció a otros tantos. En tiempos de proclamación, y hasta reivindicación pública, de la sodomía apareció el SIDA. Enfermedad que ha afectado primordialmente a homosexuales y drogadictos aunque en territorios como Africa afecte asimismo a heterosexuales enormemente promiscuos.
A la herejía protestante le sucedieron guerras que duraron lustros y que fueron un verdadero azote para el viejo mundo. El filosóficamente espantoso siglo XIX tuvo su coronación en la Primera y hasta en la Segunda Guerra Mundial con un corolario de docenas millones de personas muertas. La Península Ibérica fue invadida durante siglos por los musulmanes como justo castigo a la impiedad de quienes sucedieron a Roma. En épocas más recientes en España, por ejemplo, la decadencia espiritual de principios del XX en España tuvo su castigo (y su salutífero remedio) en la Guerra Civil española a la que Portugal estuvo en un tris de sucumbir de no haber sido porque a Dios gracias Portugal ya había tomado la ruta de la Consagración a María, de la oración y la penitencia. Remedios estos capaces de evitar muchos desastres y de conjurar muchas profecías.
En Pompeya, que era como la Sodoma y Gomorra del Imperio Romano, Dios dejó que actuará (o hizo que actuara) un volcán con los resultados por todos conocidos. Hace años el ayathollah más destacado de Irán hizo unas declaraciones ofensivas y hasta blasfemas contra Cristo y María. No habían pasado ni 24 horas y un terremoto terrible sacudió Irán con su correspondiente secuela de muerte, destrucción, enfermedad y empobrecimiento. En Nueva Orleáns, cuando iba a producirse una de los desfiles de homosexuales más grandes de la historia, hubo una inundación sin precedentes. En Asia algunas de las zonas más sórdidas de turismo sexual –frecuentemente contra-natura- y de prostitución de menores quedaron literalmente arrasadas por un tsunami sin precedentes.
En Asís, donde se dio bajo el Pontificado de Juan Pablo II uno de los actos más ofensivos contra el Primer Mandamiento (me refiero a los akelarres ecuménicos que allí acontecieron), el Altar donde el lugar del Sagrario fue ocupado por la estatua de un dios falso se partió a la mitad en un terremoto que dañó la Basílica terriblemente.
Sólo sé que en Portugal una mayoría de silencio tibia coaligada con una minoría vociferante y con todo el aparato político-me®diático a favor, un gobierno inicuo que se justificó en el pequeño diferencial de votos del “sí” frente al “no” decretó que está bien, que no pasa nada, que es legítimo y hasta deseable asesinar niños inocentes en el vientre de sus madres. Al día siguiente Portugal tuvo un terremoto de casi 7 en la escala de Richter. Terremoto que también afectó a España. Hasta en los males, como el maremoto que destruyó Lisboa en el siglo XVIII y que tanto daño causó en España, Portugal y España están unidos por el mismo yugo.
Cada cual que saque sus consecuencias. Pero mucho me temo que al haberse endurecido nuestros corazones nos hemos vuelto ciegos y sordos.
¡Sálvanos, María! ¡Viva Cristo Rey!
Rafael Castela Santos
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domingo, fevereiro 18, 2007
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quinta-feira, fevereiro 15, 2007
O rescaldo

Sobre o referendo do passado Domingo, já quase tudo ficou escrito neste conjunto de artigos que o Pedro Guedes refere, pelo que direi tão-só que não me surpreende especialmente o resultado final verificado, existindo dois responsáveis principais pelo mesmo.
Em primeiro lugar, o comportamento assumido pela monstruosidade que constitui a comunicação social dita de referência, a qual durante o tempo de campanha que precedeu imediatamente o referendo cometeu a proeza de conseguir ser ainda mais desonesta, reles e torpe do que o habitual, violando todas as normas e regras éticas que supostamente regulam a sua actividade; porém, tal não é de estranhar numa autêntica máquina de propaganda política ferreamente controlada pelo conluio entre a esquerda niilista, o lóbi jacobino e o grande capital mundialista, ou seja, pelos três fautores da república universal anticristã. Deplora-se apenas que o povo português, pela sua deficiente formação em matérias de doutrina religiosa e moral, para além das lacunas de todos conhecidas em termos cívicos e culturais, não tenha genericamente conseguido resistir à extrema agressividade deste moderno golem. Mas existe algum povo capaz de o fazer nas tristes sociedades ocidentais contemporâneas em que vivemos?...
E é aqui que passo a apontar o dedo aos segundos responsáveis pelo desastre ocorrido no último Domingo, aos quais incumbiria com o seu magistério contrabalançar a influência nefasta e deletéria dos escrevinhadores às ordens - os bispos portugueses. Foi simplesmente lamentável a tibieza, pusilanimidade e cobardia demonstrada pelos membros da Conferência Episcopal Portuguesa neste processo, contaminando directamente todo o clero diocesano sob seu controlo. Com honrosas excepções, a quantos sacerdotes não ouvi eu dizer ao longo destes últimos dias, com sorrisos entre o alvar e o alarve, que a Igreja não faz campanha contra o aborto, que nesta matéria só pretende alertar e esclarecer consciências, e por aí a fora! Em suma, todo o discurso politicamente correcto das heresias modernista e progressista a revelar-se uma vez mais de consequências trágicas! Os bispos demitiram-se de ensinar, de defender a fé e a moral, e muitos deles não compreenderão sequer porque o símbolo do seu múnus é exactamente um báculo! Que pastores de almas são estes que desertam da batalha, e nela deixam abandonadas as suas ovelhas a lutar sozinhas contra alcateias de lobos esfaimados?!
Eis, pois, onde reside o busílis da questão: uma vez mais, nas concepções antitradicionais que passaram a imperar na Igreja desde o malfadado concílio V2! Está à vista onde conduziu o abandono da defesa da Realeza Social de Cristo; em que deu o aceitar do secularismo laicista e o arrasar dos antigos bastiões católicos; no que resultou da adopção das teses da nova cristandade anticonstantinista do triste Maritain! Conseguiram transformar a Igreja numa Igreja de silêncio, numa Igreja de cobardes que sem combate e por falta de comparência entrega de mão beijada todo o campo sob sua influência aos seus mais directos, acérrimos e ferozes inimigos! Ora, uma Igreja que se transforma voluntariamente em Igreja de silêncio, está nas vésperas de se tornar numa Igreja do martírio! Os senhores bispos talvez não, mas eu já ouço ao longe os leões a rugirem na arena do Coliseu!
JSarto
Em primeiro lugar, o comportamento assumido pela monstruosidade que constitui a comunicação social dita de referência, a qual durante o tempo de campanha que precedeu imediatamente o referendo cometeu a proeza de conseguir ser ainda mais desonesta, reles e torpe do que o habitual, violando todas as normas e regras éticas que supostamente regulam a sua actividade; porém, tal não é de estranhar numa autêntica máquina de propaganda política ferreamente controlada pelo conluio entre a esquerda niilista, o lóbi jacobino e o grande capital mundialista, ou seja, pelos três fautores da república universal anticristã. Deplora-se apenas que o povo português, pela sua deficiente formação em matérias de doutrina religiosa e moral, para além das lacunas de todos conhecidas em termos cívicos e culturais, não tenha genericamente conseguido resistir à extrema agressividade deste moderno golem. Mas existe algum povo capaz de o fazer nas tristes sociedades ocidentais contemporâneas em que vivemos?...
E é aqui que passo a apontar o dedo aos segundos responsáveis pelo desastre ocorrido no último Domingo, aos quais incumbiria com o seu magistério contrabalançar a influência nefasta e deletéria dos escrevinhadores às ordens - os bispos portugueses. Foi simplesmente lamentável a tibieza, pusilanimidade e cobardia demonstrada pelos membros da Conferência Episcopal Portuguesa neste processo, contaminando directamente todo o clero diocesano sob seu controlo. Com honrosas excepções, a quantos sacerdotes não ouvi eu dizer ao longo destes últimos dias, com sorrisos entre o alvar e o alarve, que a Igreja não faz campanha contra o aborto, que nesta matéria só pretende alertar e esclarecer consciências, e por aí a fora! Em suma, todo o discurso politicamente correcto das heresias modernista e progressista a revelar-se uma vez mais de consequências trágicas! Os bispos demitiram-se de ensinar, de defender a fé e a moral, e muitos deles não compreenderão sequer porque o símbolo do seu múnus é exactamente um báculo! Que pastores de almas são estes que desertam da batalha, e nela deixam abandonadas as suas ovelhas a lutar sozinhas contra alcateias de lobos esfaimados?!
Eis, pois, onde reside o busílis da questão: uma vez mais, nas concepções antitradicionais que passaram a imperar na Igreja desde o malfadado concílio V2! Está à vista onde conduziu o abandono da defesa da Realeza Social de Cristo; em que deu o aceitar do secularismo laicista e o arrasar dos antigos bastiões católicos; no que resultou da adopção das teses da nova cristandade anticonstantinista do triste Maritain! Conseguiram transformar a Igreja numa Igreja de silêncio, numa Igreja de cobardes que sem combate e por falta de comparência entrega de mão beijada todo o campo sob sua influência aos seus mais directos, acérrimos e ferozes inimigos! Ora, uma Igreja que se transforma voluntariamente em Igreja de silêncio, está nas vésperas de se tornar numa Igreja do martírio! Os senhores bispos talvez não, mas eu já ouço ao longe os leões a rugirem na arena do Coliseu!
JSarto
segunda-feira, fevereiro 12, 2007
Das leis injustas

As leis humanas ou são justas ou injustas. Se são justas, recebem a força no foro da consciência da lei eterna, da qual derivam, segundo dizem os Provérbios: "Por mim reinam os reis, e os legisladores discernem o que é justo" (8, 15). E as leis são justas segundo o seu fim, quando se ordenam ao bem comum; e segundo o seu autor, quando a lei não excede o poder do legislador; e segundo a sua forma, quando distribuem as obrigações entre os súbditos segundo uma proporção igualitária, em ordem ao bem comum. E sendo cada indivíduo uma parte da comunidade, ordena-se à comunidade enquanto é e enquanto tem, como a parte, em tudo o que é parte, se ordena ao todo. Daí que ocasionalmente a natureza imponha algum dano à parte para salvar o todo. E segundo isto, as leis que de tal maneira distribuem as obrigações proporcionalmente, são justas, e obrigam no foro da consciência, e são leis justas.
As leis injustas podem sê-lo de duas maneiras: primeira, enquanto contradizem o bem do homem, do modo antes dito: seja contra o seu fim, como quando o legislador impõe certos encargos aos súbditos que não são necessários para o bem comum, mas que se encaminham mais a satisfazer certos interesses ou certa vanglória; ou contra a potestade do legislador, como quando este ultrapassa o limite da sua autoridade; ou, finalmente, pela forma, como quando se repartem os encargos entre si de maneira não proporcional, ainda que sejam para o bem comum. E estas leis não são justas, mas violentas; porque, como disse Agostinho no "Do Livre Arbítrio", livro 1, capítulo 5, "a lei não parece sê-lo quando não for justa". Tais leis, portanto, não obrigam no foro da consciência, a não ser para evitar algum escândalo ou desordem, em favor do qual o homem deve também saber ceder o seu próprio direito, como disse Mateus: "Se alguém te exigir andar mil passos, anda com ele outros dois mil; e se alguém te tirar a túnica, dá-lhe também o manto" (5, 40).
De uma segunda maneira podem ser injustas as leis, e isto sucede quando se contrapõem à lei divina, como as leis dos tiranos que impõem a idolatria ou qualquer outro acto contra a lei de Deus. E tais leis não podem de nenhum modo observar-se, como se diz nos Actos: "É necessário obedecer primeiro a Deus que aos homens" (5, 29) (destaques meus).
São Tomás de Aquino (Suma I-II, questão 96, artigo 4º).
JSarto
As leis injustas podem sê-lo de duas maneiras: primeira, enquanto contradizem o bem do homem, do modo antes dito: seja contra o seu fim, como quando o legislador impõe certos encargos aos súbditos que não são necessários para o bem comum, mas que se encaminham mais a satisfazer certos interesses ou certa vanglória; ou contra a potestade do legislador, como quando este ultrapassa o limite da sua autoridade; ou, finalmente, pela forma, como quando se repartem os encargos entre si de maneira não proporcional, ainda que sejam para o bem comum. E estas leis não são justas, mas violentas; porque, como disse Agostinho no "Do Livre Arbítrio", livro 1, capítulo 5, "a lei não parece sê-lo quando não for justa". Tais leis, portanto, não obrigam no foro da consciência, a não ser para evitar algum escândalo ou desordem, em favor do qual o homem deve também saber ceder o seu próprio direito, como disse Mateus: "Se alguém te exigir andar mil passos, anda com ele outros dois mil; e se alguém te tirar a túnica, dá-lhe também o manto" (5, 40).
De uma segunda maneira podem ser injustas as leis, e isto sucede quando se contrapõem à lei divina, como as leis dos tiranos que impõem a idolatria ou qualquer outro acto contra a lei de Deus. E tais leis não podem de nenhum modo observar-se, como se diz nos Actos: "É necessário obedecer primeiro a Deus que aos homens" (5, 29) (destaques meus).
São Tomás de Aquino (Suma I-II, questão 96, artigo 4º).
JSarto
sexta-feira, fevereiro 09, 2007
Aborto, imagens e palavras - 15
Os que supõem que a vontade não tem outro limite que não seja o dos caprichos de cada momento; os que julgam que a consciência embotada e obnubilada pelo erro é o estalão último de aferição da bondade dos actos humanos; os que portanto aceitam como possível e exequível a barbárie constante destas imagens; esses estarão com toda a probabilidade do lado do Sim.
Os outros - onde me incluo -, os que não se conformam com a destruição da grande e bimilenar civilização cristã e ocidental, directa herdeira e fiel depositária do que de mais belo, sublime e perene foi criado pelos mundos antigos grego, romano e céltico; os que têm perfeita noção da existência das leis divina e moral, bem como da ordem natural a elas adstrita criada por Deus e perceptível por todas as consciências rectas e sãs; os que sobraçam a Realeza Social de Cristo; os que sabem que um dia todos os homens sem excepção comparecerão perante Ele Jesus Cristo, Rei do Universo, Soberano das Nações e Senhor dos Exércitos, o qual lhes perguntará "Onde estavas quando Eu mais precisei de ti?"; estes estarão agora de certeza absoluta do lado do NÃO!
JSarto
Os outros - onde me incluo -, os que não se conformam com a destruição da grande e bimilenar civilização cristã e ocidental, directa herdeira e fiel depositária do que de mais belo, sublime e perene foi criado pelos mundos antigos grego, romano e céltico; os que têm perfeita noção da existência das leis divina e moral, bem como da ordem natural a elas adstrita criada por Deus e perceptível por todas as consciências rectas e sãs; os que sobraçam a Realeza Social de Cristo; os que sabem que um dia todos os homens sem excepção comparecerão perante Ele Jesus Cristo, Rei do Universo, Soberano das Nações e Senhor dos Exércitos, o qual lhes perguntará "Onde estavas quando Eu mais precisei de ti?"; estes estarão agora de certeza absoluta do lado do NÃO!
JSarto
Aborto, imagens e palavras - 14

Serge de Beketch é na actualidade um dos mais relevantes defensores dos valores da civilização cristã e ocidental em terras de França. Antigo membro da Grande Loja Regular de França, cujos erros abjurou ao converter-se ao Catolicismo tradicional, exerce presentemente as funções de director do "Le Libre Journal de la France Courtoise - Décadaire de Résistance Française et Catholique", sendo também um dos principais animadores da parisiense "Radio Courtoisie", um autêntico oásis de verdadeira liberdade no deserto de conformismo politicamente correcto em que se transformaram a quase totalidade dos órgãos de comunicação social franceses.
Em Julho de 1999, durante a realização da Universidade de Verão da recomendabilíssima associação "Renaissance Catholique", proferiu uma magnífica conferência intitulada "La face cachée du mondialisme", cujo extraordinário remate final transcreve-se a seguir. Neste, Beketch explica as motivações últimas e sobrenaturais da defesa do aborto:
La plus grand victoire de l'ennemi, dans tout cette affaire, est d'avoir répandu dans les esprits l'idée moderne que les sacrifices humains étaient une invention, un conte pour enfant, un fantasme de chaisière toquée. Un journal italien fort sérieux écrivait pourtant à propos des "guillotinades" et aprés avoir rappelé que Guillotin et ses collaborateurs étaient tous maçons: "À l'hospice de Bicêtre, ils firent des expériences horribles pour essayer cette machine infernale et en améliorer le fonctionnement; ils décapitèrent en décembre 1789, cent veaux vivants, ce qui fut en réalité un sacrifice initiatique et maçonnique à la déesse Raison et à l'Être Suprême. Les milliers de nobles décapités furent eux aussi des victimes sacrificielles ainsi que les cent cinquante mille paysans massacrés en Vendée, offerts à l'Être Suprême pour anéantir le mal et instaurer l'âge d'or républicain". L'initié Élémire Zolla écrit nettement: "La République tire sa force du rite de magie noire qui fut la décapitation de Louis XVI". Pike écrivait d'ailleurs: "Quand Louis XVI fut exécuté, la moité du travail était fait et donc, à partir de ce moment, l'armée du Temple devait diriger tous ses efforts contre la papauté" et il ajoutait. "Le mal est nécessaire à l'humanité". Ce qu'il mit en oeuvre en créant le Ku Klux Klan qui n'était rien d'autre qu'une secte des sacrificateurs qui immolaient des nègres et des catholiques aux puissances des ténèbres. Autre adepte du satanisme, Blavatsky répondait en écho à Pike: "Le mal est une necessité pour le progrés et l'évolution, comme la nuit est nécessaire pour produire le jour et la mort pour avoir la vie. Afin que l'homme puisse vivre éternellement". Aujourd'hui même, le sacrifice humain est plus répandu dans le monde qu'à n'importe quel âge de l'humanité. Les rigoles de sang qui dévalaient les degrés des pyramides aztéques ne sont rien au regrad des torrents qu'engloutissent les égouts des avortoirs du monde où se perpétuent des dizaines de millions de sacrifices humains. Ce sang, cette souffrance, cette abomination, cette faute qui brise les âmes, est un régal pour le Dieu des Illuminati. C'est cette soif de sang qui fait écrire à quelque sataniste introduit dans l'UNICEF, organisation affilié au Lucy's Trust: "On n'obtiendra pas une diminution du taux des naissances sans recourir à l'avortement légal ou illégal... les avortements provoqués ont un effet beaucoup plus efficace pour diminuer le taux de natalité que l'utilisation des méthodes contraceptives". En terme médical, c'est absolument indéfendable, c'est grotesque. C'est évidemment faux qu'un avortement est plus propre à réduires les naissances que les méthodes contraceptives. La verité est qu'il ne s'agit pas pas d'éviter une naissance, ce qui ne serait d'aucun profit pour Satan, mais de la laisser s'effectuer et de l'interrompre dans un paroxysme de souffrance physique et morale, pour la mére et pour l'enfant, qui est une délice pour le démon. Je sais que c'est difficile à croire, mais tous les hommes de pouvoir politique, médiatique et économique, tous ont plus ou moins partie liée avec les sectes satanistes, barbouillées en loges maçonniques. Par la corruption, par le vice, par la drogue, par l'adhésion aux sectes maçonniques. Si vous en doutez, je vous supplie de lire le formidable travail d'Épiphanius qui en assène une démonstration terrifiante [Maçonnerie et Sectes Secrètes: Le côté caché de l'Histoire - Versailles, Courier de Rome, 2005].
À présent, se pose la question: comment peut-on résister à ce formidable complot? On ne peut pas résister autrement que violemment! On ne peut pas pactiser, on ne peut pas tourner les yeux. Les tièdes, le Seigneur les vomit par Sa bouche. Dans ce combat, qui n'est pas avec Lui est contre Lui. Nous devons donc prier, d'abord. Nous devons aussi combattre parce que les hommes d'armes combattent et Dieu donne la Victoire; vous connaissez la parole: "Aide-toi et le ciel t'aidera". Ce qui signifie que si nous ne combattons pas, nous n'avons pas le droit d'espérer la victoire. Nous devons refuser les piéges de l'ennemi, inlassablement dénoncer ses menées, avec un mépris absolu du respect humain. Certains, ici, me prendront pour un fou parce que je leur parle de magie noire, de satanisme, des sacrifices humains, quand ils attendaient des anedoctes plus ou moins croustillantes sur les crétins vaniteux, en tablier de peau de cochon, qui échangent des bonnes combines et des adresses coquines dans le secret de leurs ateliers. Je ne crois pas que c'était le moment de faire cela; l'urgence est trop grande. Que ceux qui ont des oreilles entendent: la réalité est bien plus terrible encore que tout ce que nous pouvons imaginer. Que ceux qui ont reçu les dons du Saint-Esprit (sagesse et intelligence, conseil et force, science et piété, crainte du Seigneur) s'en servent sans esprit d'économie. C'est un assez bon équipement pour monter à l'assaut et, en plus, ce sont des munitions qui sont inépuisables. On aurait tort de s'en priver. Informez-vous pour vous défendre contre la désinformation, et surtout pour vous entretenir dans un esprit de résistance, parce que l'information vous rendra libre et que la liberté vous rendra fort. Lady Queensbury écrivait dans son livre Occult Theocracy: "Quand on veut fonder une domination occulte, on doit réussir à obtenir chez les hommes un esprit passif et négatif. Un esprit qui vise consciemment un objectif précis, défini exactement, est une puissance et, comme tel, il peut défier un autre pouvoir, à des fins bonnes ou mauvaises". Cela veut dire que, si vous laissez votre esprit passif et négatif, vous en faites la proie de ces démons. Si vous l'orientez, si vous lui donnez un objectif précis, que vous le travaillez tous les jours dans une volonté de résistance à tout prix, en vous disant que rien ne vaut plus que la victoire sur ces forces mauvaises, rien ne vaut plus que la résistance à ces gens-là (ni la considération de votre concierge, ni la tranquillité de votre esprit, rien ne vaut plus que de remporter cette victoire-là), si vous avez cette idée, si vous alimentez votre réflexion et si vous restez en éveil par une information constamment suivie, vérifiée, recoupée, vous tiendrez le coup, "et Dieu donnera la Victoire".
JSarto
Em Julho de 1999, durante a realização da Universidade de Verão da recomendabilíssima associação "Renaissance Catholique", proferiu uma magnífica conferência intitulada "La face cachée du mondialisme", cujo extraordinário remate final transcreve-se a seguir. Neste, Beketch explica as motivações últimas e sobrenaturais da defesa do aborto:
La plus grand victoire de l'ennemi, dans tout cette affaire, est d'avoir répandu dans les esprits l'idée moderne que les sacrifices humains étaient une invention, un conte pour enfant, un fantasme de chaisière toquée. Un journal italien fort sérieux écrivait pourtant à propos des "guillotinades" et aprés avoir rappelé que Guillotin et ses collaborateurs étaient tous maçons: "À l'hospice de Bicêtre, ils firent des expériences horribles pour essayer cette machine infernale et en améliorer le fonctionnement; ils décapitèrent en décembre 1789, cent veaux vivants, ce qui fut en réalité un sacrifice initiatique et maçonnique à la déesse Raison et à l'Être Suprême. Les milliers de nobles décapités furent eux aussi des victimes sacrificielles ainsi que les cent cinquante mille paysans massacrés en Vendée, offerts à l'Être Suprême pour anéantir le mal et instaurer l'âge d'or républicain". L'initié Élémire Zolla écrit nettement: "La République tire sa force du rite de magie noire qui fut la décapitation de Louis XVI". Pike écrivait d'ailleurs: "Quand Louis XVI fut exécuté, la moité du travail était fait et donc, à partir de ce moment, l'armée du Temple devait diriger tous ses efforts contre la papauté" et il ajoutait. "Le mal est nécessaire à l'humanité". Ce qu'il mit en oeuvre en créant le Ku Klux Klan qui n'était rien d'autre qu'une secte des sacrificateurs qui immolaient des nègres et des catholiques aux puissances des ténèbres. Autre adepte du satanisme, Blavatsky répondait en écho à Pike: "Le mal est une necessité pour le progrés et l'évolution, comme la nuit est nécessaire pour produire le jour et la mort pour avoir la vie. Afin que l'homme puisse vivre éternellement". Aujourd'hui même, le sacrifice humain est plus répandu dans le monde qu'à n'importe quel âge de l'humanité. Les rigoles de sang qui dévalaient les degrés des pyramides aztéques ne sont rien au regrad des torrents qu'engloutissent les égouts des avortoirs du monde où se perpétuent des dizaines de millions de sacrifices humains. Ce sang, cette souffrance, cette abomination, cette faute qui brise les âmes, est un régal pour le Dieu des Illuminati. C'est cette soif de sang qui fait écrire à quelque sataniste introduit dans l'UNICEF, organisation affilié au Lucy's Trust: "On n'obtiendra pas une diminution du taux des naissances sans recourir à l'avortement légal ou illégal... les avortements provoqués ont un effet beaucoup plus efficace pour diminuer le taux de natalité que l'utilisation des méthodes contraceptives". En terme médical, c'est absolument indéfendable, c'est grotesque. C'est évidemment faux qu'un avortement est plus propre à réduires les naissances que les méthodes contraceptives. La verité est qu'il ne s'agit pas pas d'éviter une naissance, ce qui ne serait d'aucun profit pour Satan, mais de la laisser s'effectuer et de l'interrompre dans un paroxysme de souffrance physique et morale, pour la mére et pour l'enfant, qui est une délice pour le démon. Je sais que c'est difficile à croire, mais tous les hommes de pouvoir politique, médiatique et économique, tous ont plus ou moins partie liée avec les sectes satanistes, barbouillées en loges maçonniques. Par la corruption, par le vice, par la drogue, par l'adhésion aux sectes maçonniques. Si vous en doutez, je vous supplie de lire le formidable travail d'Épiphanius qui en assène une démonstration terrifiante [Maçonnerie et Sectes Secrètes: Le côté caché de l'Histoire - Versailles, Courier de Rome, 2005].
À présent, se pose la question: comment peut-on résister à ce formidable complot? On ne peut pas résister autrement que violemment! On ne peut pas pactiser, on ne peut pas tourner les yeux. Les tièdes, le Seigneur les vomit par Sa bouche. Dans ce combat, qui n'est pas avec Lui est contre Lui. Nous devons donc prier, d'abord. Nous devons aussi combattre parce que les hommes d'armes combattent et Dieu donne la Victoire; vous connaissez la parole: "Aide-toi et le ciel t'aidera". Ce qui signifie que si nous ne combattons pas, nous n'avons pas le droit d'espérer la victoire. Nous devons refuser les piéges de l'ennemi, inlassablement dénoncer ses menées, avec un mépris absolu du respect humain. Certains, ici, me prendront pour un fou parce que je leur parle de magie noire, de satanisme, des sacrifices humains, quand ils attendaient des anedoctes plus ou moins croustillantes sur les crétins vaniteux, en tablier de peau de cochon, qui échangent des bonnes combines et des adresses coquines dans le secret de leurs ateliers. Je ne crois pas que c'était le moment de faire cela; l'urgence est trop grande. Que ceux qui ont des oreilles entendent: la réalité est bien plus terrible encore que tout ce que nous pouvons imaginer. Que ceux qui ont reçu les dons du Saint-Esprit (sagesse et intelligence, conseil et force, science et piété, crainte du Seigneur) s'en servent sans esprit d'économie. C'est un assez bon équipement pour monter à l'assaut et, en plus, ce sont des munitions qui sont inépuisables. On aurait tort de s'en priver. Informez-vous pour vous défendre contre la désinformation, et surtout pour vous entretenir dans un esprit de résistance, parce que l'information vous rendra libre et que la liberté vous rendra fort. Lady Queensbury écrivait dans son livre Occult Theocracy: "Quand on veut fonder une domination occulte, on doit réussir à obtenir chez les hommes un esprit passif et négatif. Un esprit qui vise consciemment un objectif précis, défini exactement, est une puissance et, comme tel, il peut défier un autre pouvoir, à des fins bonnes ou mauvaises". Cela veut dire que, si vous laissez votre esprit passif et négatif, vous en faites la proie de ces démons. Si vous l'orientez, si vous lui donnez un objectif précis, que vous le travaillez tous les jours dans une volonté de résistance à tout prix, en vous disant que rien ne vaut plus que la victoire sur ces forces mauvaises, rien ne vaut plus que la résistance à ces gens-là (ni la considération de votre concierge, ni la tranquillité de votre esprit, rien ne vaut plus que de remporter cette victoire-là), si vous avez cette idée, si vous alimentez votre réflexion et si vous restez en éveil par une information constamment suivie, vérifiée, recoupée, vous tiendrez le coup, "et Dieu donnera la Victoire".
JSarto
segunda-feira, fevereiro 05, 2007
Aborto, imagens e palavras - 13

Faltando decorrer tão-só uma semana até à data da realização do referendo do aborto, julgo de todo inútil tentar persuadir da justeza nossa posição os apaniguados incondicionais do sim: seguidores na sua larga maioria de ideários ateus, jacobinos e marxistas, imbuídos em extremo de indiferentismo, relativismo e utilitarismo prático, a estes, directos descendentes espirituais dos genocidas da Vendeia e dos mentores do Gulag, a morte provocada de um ser humano inocente e indefeso no próprio ventre materno não causa comoção de maior. Em relação a eles, acredito que somente um eventual sobressalto da magnitude do que São Paulo sofreu no caminho para Damasco os poderá fazer mudar de juízo.
Assim, por ora, deve-se prioritariamente concentrar a atenção sobre os indecisos, sobre aqueles a quem já por diversas vezes ouvimos dizer que até são contra o aborto e que jamais o incentivariam, mas que crêem que em nome da tolerância terceiros devem dispor da capacidade de abortar, se o desejarem. A estes, e para reflectirem, faço-lhes as seguintes perguntas, a serem respondidas com um simples sim ou não:
1º) A uma mulher com dificuldades na vida, é a morte do filho aquilo que a sociedade lhe oferece?
2º) Liberalizar o aborto torna a sociedade solidária?
3º) A mulher é mais digna por poder abortar?
4º) Uma sociedade que nega o direito a nascer, respeita os direitos humanos?
5º) É maior o direito da mãe a abortar do que o direito da criança a viver?
6º) Concorda que os cuidados de saúde das outras mulheres fiquem a aguardar, para que o aborto se possa fazer até às dez semanas?
7º) Aborto "a pedido da mulher". Há filho sem pai?
8º) Quem engravida gera um filho. Mata-se um filho?
9º) É-se mais humano às dez semanas e um dia do que às dez semanas?
(As perguntas foram retiradas e adaptadas a partir de um folheto de propaganda distribuído pela Associação dos Médicos Católicos Portugueses, pela Associação Católica dos Enfermeiros e Profissionais de Saúde, pelos Centros de Preparação para o Matrimónio, e pelas Equipas de Nossa Senhora, e são aqui publicadas sob minha inteira responsabilidade).
JSarto
Assim, por ora, deve-se prioritariamente concentrar a atenção sobre os indecisos, sobre aqueles a quem já por diversas vezes ouvimos dizer que até são contra o aborto e que jamais o incentivariam, mas que crêem que em nome da tolerância terceiros devem dispor da capacidade de abortar, se o desejarem. A estes, e para reflectirem, faço-lhes as seguintes perguntas, a serem respondidas com um simples sim ou não:
1º) A uma mulher com dificuldades na vida, é a morte do filho aquilo que a sociedade lhe oferece?
2º) Liberalizar o aborto torna a sociedade solidária?
3º) A mulher é mais digna por poder abortar?
4º) Uma sociedade que nega o direito a nascer, respeita os direitos humanos?
5º) É maior o direito da mãe a abortar do que o direito da criança a viver?
6º) Concorda que os cuidados de saúde das outras mulheres fiquem a aguardar, para que o aborto se possa fazer até às dez semanas?
7º) Aborto "a pedido da mulher". Há filho sem pai?
8º) Quem engravida gera um filho. Mata-se um filho?
9º) É-se mais humano às dez semanas e um dia do que às dez semanas?
(As perguntas foram retiradas e adaptadas a partir de um folheto de propaganda distribuído pela Associação dos Médicos Católicos Portugueses, pela Associação Católica dos Enfermeiros e Profissionais de Saúde, pelos Centros de Preparação para o Matrimónio, e pelas Equipas de Nossa Senhora, e são aqui publicadas sob minha inteira responsabilidade).
JSarto
sábado, fevereiro 03, 2007
No Grande Silêncio - 3
Estreia em Portugal, no próximo dia 8 de Fevereiro. Absolutamente imperdível!
JSarto
sexta-feira, fevereiro 02, 2007
Aborto, imagens e palavras - 12
Ouvi o Primeiro-Ministro José Sócrates defender que a lei que prevê e pune o aborto como crime apenas serve para produzir abortos clandestinos, e que o aborto deve ser despenalizado a fim de que as mulheres possam abortar sem riscos para a sua integridade física.
Tenho a fazer duas observações sobre tão deploráveis declarações:
1º) Utilizando a lógica de raciocínio de José Sócrates, a lei que prevê e pune a evasão fiscal como crime apenas serve para produzir evasões fiscais clandestinas? Por que não defender então, em coerência, a despenalização da evasão fiscal, tornando o pagamento de impostos uma questão dependente da consciência de cada um? Ou, para o Primeiro-Ministro, a vida humana é merecedora de menor protecção do que a arrecadação dos dinheiros que sustentam a existência das clientelas vorazes que o seu partido distribuiu e continua a distribuir por toda a administração pública?
2º) José Sócrates falta à verdade quando afirma que a despenalização permitirá às mulheres abortarem sem riscos para a sua integridade física. Para além de ignorar que de um ponto de vista moral o aborto é sempre errado - independentemente de ser legal ou clandestino - por provocar a morte intencional e deliberada de um ser humano inocente e indefeso, a realidade é que tal despenalização não afasta quaisquer riscos para a integridade física das mulheres. Ao invés, a despenalização e a concomitante liberalização que lhe é adstrita, ao banalizarem o aborto como prática anticonceptiva de excepção ou último recurso, alargam em termos absolutos o número de mulheres que à mesma e aos riscos dela decorrentes ficam sujeitas, sendo certo que essa prática em caso algum é inócua e indolor, mas frequentemente causadora de efeitos secundários graves que podem chegar até à morte de quem a ela se submete.
JSarto
Tenho a fazer duas observações sobre tão deploráveis declarações:
1º) Utilizando a lógica de raciocínio de José Sócrates, a lei que prevê e pune a evasão fiscal como crime apenas serve para produzir evasões fiscais clandestinas? Por que não defender então, em coerência, a despenalização da evasão fiscal, tornando o pagamento de impostos uma questão dependente da consciência de cada um? Ou, para o Primeiro-Ministro, a vida humana é merecedora de menor protecção do que a arrecadação dos dinheiros que sustentam a existência das clientelas vorazes que o seu partido distribuiu e continua a distribuir por toda a administração pública?
2º) José Sócrates falta à verdade quando afirma que a despenalização permitirá às mulheres abortarem sem riscos para a sua integridade física. Para além de ignorar que de um ponto de vista moral o aborto é sempre errado - independentemente de ser legal ou clandestino - por provocar a morte intencional e deliberada de um ser humano inocente e indefeso, a realidade é que tal despenalização não afasta quaisquer riscos para a integridade física das mulheres. Ao invés, a despenalização e a concomitante liberalização que lhe é adstrita, ao banalizarem o aborto como prática anticonceptiva de excepção ou último recurso, alargam em termos absolutos o número de mulheres que à mesma e aos riscos dela decorrentes ficam sujeitas, sendo certo que essa prática em caso algum é inócua e indolor, mas frequentemente causadora de efeitos secundários graves que podem chegar até à morte de quem a ela se submete.
JSarto
quarta-feira, janeiro 31, 2007
Llegará el día ...
“Llegará el día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, y la Iglesia dudará como dudó San Pedro. La Iglesia sentirá la tentación de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que su Hijo es sólo un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en los templos buscarán los cristianos la lamparita roja donde les espera, como la pecadora que gritaba ante la tumba vacía ‘¿Dónde lo han puesto?’.”
Pío XII, extractado del libro Un Papa ante la historia, de G. Roche (Caralt, pg. 48)
(RCS)
Pío XII, extractado del libro Un Papa ante la historia, de G. Roche (Caralt, pg. 48)
(RCS)
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Rafael Castela Santos
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quarta-feira, janeiro 31, 2007
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domingo, janeiro 28, 2007
Aborto, imagens e palavras - 12

Deus conhece a atenção, o cuidado, a engenhosidade e o zelo que cada um pode consagrar para um maior êxito dos seus negócios.
Quem não se forma e informa nesse domínio? Quem não se documenta? Quem não recorre a técnicos preparados? Por vezes, dias e noites decorrem na pesquisa de uma fórmula capaz de permitir um aumento de lucros ou ultrapassar um concorrente.
Mas quando se trata do destino da sociedade (da qual depende, no entanto, a prosperidade durável dos negócios privados), a rotina, a negligência, a irreflexão, a incoerência e a preguiça transformam-se na lei desses homens, cuja sabedoria e espírito de iniciativa são, no entanto, admirados.
Passageiros que limpam a humidade do seu camarote mas que recusam a interessar-se pela possibilidade do seu navio soçobrar num instante.
A verdade é que perdemos o nosso tempo com ninharias e que concedemos aos "tabus" mundanos mais tempo do que aquele que seria necessário para trabalhar vitoriosamente pela salvação da cidade.
Uma preocupação obsessiva pelo conforto chega mesmo a constituir entre nós um clima de materialismo inexpugnável. Materialismo que já não se exibe, como outrora, através de máximas vis e provocantes. O que tinha a vantagem de alertar os melhores. Mas um materialismo de facto, inteiramente implícito, que sem nos impedir de ir à missa não deixa por isso de realizar menos o maior fenómeno político de absenteísmo verificado desde a queda do Império Romano. E esse morreu.
Cristãos que se pretendem excelentes maridos, excelentes pais de família, excelentes empregados, excelentes paroquianos.
Todos podem contar com eles.
Salvo a sua cidade. Salvo a sua Pátria!
(…)
Portanto, à acção!
Ela constitui o grande dever desta hora.
Não há tempo a perder, já proclamava Pio XII. O tempo de reflexão e dos projectos já passou. Estamos na hora da acção! Estais prontos para ela? As frentes opostas, no domínio religioso e moral, delimitam-se cada vez mais claramente. É o momento de prova. A dura corrida de que fala São Paulo já começou. É a hora do esforço intenso. Alguns instantes chegam para decidir a vitória.
Nunca, talvez, a salvação da sociedade dependeu do esforço de um número de pessoas tão pequeno.
É preciso ainda que esse pequeno número queira e saiba querer.
Alguns sobressaltos ou alguns movimentos de cólera tardia para nada servirão.
Tenhamos cuidado para não merecermos ouvir dizer aquilo que a mãe do último rei mouro de Granada lançou contra o seu filho, quando teve de abandonar a sua capital: "É inconveniente chorar e barafustar como uma mulher, quando se está em vias de perder aquilo que não se teve vontade de defender como um homem".
Jean Ousset - 1974
JSarto
sábado, janeiro 27, 2007
Aborto, imagens e palavras - 11
O meu amigo Pedro Guedes só pode sentir-se honrado pelo ataque canalha e desleal que uma tal de Pinto aborcionista, deputada do bloco da extrema-esquerda, lhe fez numa conferência que deu em pleno Parlamento. De certeza muitíssimo incomodada com os frutos cada vez mais visíveis do notável trabalho que o Pedro tem feito em prol da defesa da vida e contra o aborto, os quais no próximo dia 11 de Fevereiro irão contribuir decisivamente para a vitória do "Não" no referendo, a megera deputada de modos avarinados, incapaz - por impossível - de contradizê-lo com argumentos sólidos e bem estruturados, não achou melhor forma de denegri-lo do que lhe chamar "nazi". Táctica velha e estafada a desta turba, que de tal forma - na impossibilidade de eliminarem os seus opositores com o clássico tiro na nuca comunista - tentam apoucá-los, diminuí-los e até desumanizá-los com o recurso a tal chavão da velha "agit-prop", na vã tentativa de evitarem os argumentos destes últimos. Foi chão que deu uvas e à Pinto o tiro saiu-lhe pela culatra, pois só conseguiu espicaçar ainda mais para este combate todos aqueles que recusam o aborto, todos os que não aceitam como natural a prática abominável de assassinar um ser humano inocente e indefeso no próprio seio materno por razões meramente utilitárias!
Ao Pedro, de que me orgulho de considerar amigo, com um grande abraço, dedico este pequeno extracto do célebre "Sermon del cura loco", do grande Leonardo Castellani, S.J.:
A los que no admitimos esta sublimación ilegítima de un sistema político en dogma religioso, nos llaman peralistas o nazis o cristóbales. El ser "nazi"corresponde a uma nueva categoría de crímen, peor que el robo, el asesinato, el adulterio y cualquier delito común; no de balde a la polícia que lo persigue llaman Sección Especial. En realidad, corresponde al delito que en otro tiempo se llamó "herejía"; por éso dije que este "Liberalismo" triunfante ahora es una cosa religiosa: es una religión falsa, peor que el mahometanismo.
JSarto
Ao Pedro, de que me orgulho de considerar amigo, com um grande abraço, dedico este pequeno extracto do célebre "Sermon del cura loco", do grande Leonardo Castellani, S.J.:
A los que no admitimos esta sublimación ilegítima de un sistema político en dogma religioso, nos llaman peralistas o nazis o cristóbales. El ser "nazi"corresponde a uma nueva categoría de crímen, peor que el robo, el asesinato, el adulterio y cualquier delito común; no de balde a la polícia que lo persigue llaman Sección Especial. En realidad, corresponde al delito que en otro tiempo se llamó "herejía"; por éso dije que este "Liberalismo" triunfante ahora es una cosa religiosa: es una religión falsa, peor que el mahometanismo.
JSarto
Há muito, muito tempo - 3
Estas são mesmo imagens de há muito, muito tempo; nem supunha que existissem e encontrei-as quase por acaso nas minhas andanças pela blogosfera. Nuns curtíssimos vinte segundos, podemos ver uma rara filmagem do Papa Leão XIII - autor de encíclicas fundamentais para a doutrina tradicional como a "Diuturnum Illud", a "Humanum Genus", a "Libertas Praestantissimum" ou a célebre "Rerum Novarum" - que nela surge acompanhado por membros da Guarda Nobre Pontifícia, corpo de defesa papal dissolvido por Paulo VI em 1968.
Dedico tais imagens aos meus leitores Pimenta e Paulo Rocha, que certamente as saberão apreciar.
JSarto
Perdidos e Achados

Um destes dias, enquanto arrumava alguns livros numa das prateleiras da estante da minha camarata de trabalho, redescobri quase perdidos uns velhinhos panfletos impressos em papel amarelecido pela passagem dos anos, adquiridos em tempos num alfarrabista de Lisboa, e de cuja existência já mal me lembrava. Mirei-os e congratulei-me com o achado: às vezes, as melhores descobertas bibliográficas jazem literalmente esquecidas na posse. À minha frente tinha, nada mais, nada menos, do que quatro preciosidades cuja leitura promete ser viva e intensa: do Padre José Agostinho de Macedo (na imagem acima), o "Sermão sobre a Verdade da Religião Católica", o "Sermão de Acção de Graças pelo Restabelecimento da Monarquia Independente", e um "A Voz da Justiça, ou o Desaforo Punido"; de Frei Fortunato de São Boaventura, um comentário a um "Documento Original da Maçonaria Portuguesa ou Terceiro Ensaio Anti-Religioso, que um sacerdote pedreiro-livre dirigiu em data de 20 de Abril de 1826 para Lisboa ao Excelentíssimo Senhor A.P.".
Havendo tempo, farei por citar aqui neste espaço qualquer coisa retirada destas obras; mas para já, consigo imaginar o festival de merecida bordoada corcunda que se vai abater em cheio sobre os costados da cáfila liberal, da corja jacobina e da trupe malhada, cujos directos herdeiros espirituais continuam desgraçadamente a azucrinar-nos o espírito quase duzentos anos depois.
JSarto
Havendo tempo, farei por citar aqui neste espaço qualquer coisa retirada destas obras; mas para já, consigo imaginar o festival de merecida bordoada corcunda que se vai abater em cheio sobre os costados da cáfila liberal, da corja jacobina e da trupe malhada, cujos directos herdeiros espirituais continuam desgraçadamente a azucrinar-nos o espírito quase duzentos anos depois.
JSarto
A Arte dos Jesuítas

E porque se falou neles, eis este magnífico "L'Art des Jésuites": para ler e, sobretudo, contemplar toda a antiga glória da Companhia de Jesus, antes do furacão progressista ter levado quase tudo à sua frente.
JSarto
JSarto
quinta-feira, janeiro 25, 2007
Polonia, año de Nuestro Señor del 2007
Habiendo visitado Irlanda varias veces en estos últimos meses estoy perdiendo mi admiración por la isla de San Patricio. La caída de la Fe en aquella tierra es terrible. Como terrible es la manera en que España se ha precipitado en el abismo.
En estos tiempos de hierro que nos toca sufrir Polonia y Portugal nos ofrecen probablemente los últimos bastiones de esperanza a todos los europeos. Algo de Fe todavía se guarda en el extremo occidental de la Península Ibérica y en las tierras sitas entre rusos y alemanes.
La sonada dimisión del Arzobispo Wielgus, colaborador de la KGB, ha sido una gran vergüenza para la Iglesia Católica. Pero más vergonzosa, aún, ha sido la actuación del Vaticano. Pedro Rizo, literalmente imperdible, nos ilustra de las vicisitudes polacas, de todo este entramado de mentiras, de diplomacias torticeras, de intereses escondidos, de un clero lleno de traidores y prestos a adorar al hombre pero ciertamente no a reconocer al Hijo del Hombre.
Al final siempre es lo mismo: la lucha del mal contra el bien.
Es hora de que los buenos hagan violencia al mal.
Entretanto: ¡Viva Polonia! ¡Adelante, polacos!
Rafael Castela Santos
En estos tiempos de hierro que nos toca sufrir Polonia y Portugal nos ofrecen probablemente los últimos bastiones de esperanza a todos los europeos. Algo de Fe todavía se guarda en el extremo occidental de la Península Ibérica y en las tierras sitas entre rusos y alemanes.
La sonada dimisión del Arzobispo Wielgus, colaborador de la KGB, ha sido una gran vergüenza para la Iglesia Católica. Pero más vergonzosa, aún, ha sido la actuación del Vaticano. Pedro Rizo, literalmente imperdible, nos ilustra de las vicisitudes polacas, de todo este entramado de mentiras, de diplomacias torticeras, de intereses escondidos, de un clero lleno de traidores y prestos a adorar al hombre pero ciertamente no a reconocer al Hijo del Hombre.
Al final siempre es lo mismo: la lucha del mal contra el bien.
Es hora de que los buenos hagan violencia al mal.
Entretanto: ¡Viva Polonia! ¡Adelante, polacos!
Rafael Castela Santos
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quinta-feira, janeiro 25, 2007
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domingo, janeiro 21, 2007
Contra el aborto: Un libro cerrado (por abrir)
Con permiso de Alameda Digital voy a colgar aquí, en A Casa de Sarto, mi artículo en español que ya salió en portugués en Alameda Digital. Para quienes me quieran leer en portugués no tienen más que clicar sobre este hipervínculo. A continuación, para nuestra clientela castellanoparlante, reproduzco ese mismo artículo.
“Compré recientemente un libro sobre Murillo, el gran pintor de la Santísima Virgen María. Está ahí, cerrado. Contemplándome desde el anaquel y, simultáneamente, yo le contemplo desde mi cama, mientras escribo con el portátil. Realmente no he tenido tiempo de mirarlo mucho todavía. Sabía que era un libro, un buen libro, cuando lo compré. Un buen amigo de toda confianza, bibliófilo a ultranza, me lo recomendó. Desde mi ubicación veo la sobrecubierta en papel couché, blanca. Las letras del título en el lomo son delicadas. El libro tiene, me lo han garantizado, un texto excelente sobre Murillo. Incluso analiza la época en que vivió, tanto desde el punto de vista histórico, como de las ideas. Todavía no lo he leído, pero sé que es así. La calidad de las litografías es impresionante. No las puedo ver desde la cama, pero sé que gozaré mucho deleitándome en contemplar esas litografías cuando pueda. Incluso sé que tiene tablas cronológicas e incluso diagramas de algunos de sus cuadros, explicando ciertas técnicas pictóricas. Tampoco los veo, pero sé positivamente que están ahí.
No por estar cerrado, no por no estar entre mis manos, no por no ser leído en este preciso instante, no por no ser visto en un momento dado deja de ser libro. Es y será un libro. Más incluso: es un libro excelente. Desde el mismo momento en que el autor lo concibió. Un gran libro. Cierto. Aunque ahora esté cerrado.
Un hombre y una mujer han hecho el amor. Un óvulo recibe a un espermatozoide, entre millones, y sólo a ése. En ese milagro de la fecundación dos células se transforman en un ser humano. Porque en el momento en que esas dos células (óvulo y espermatozoide), cada una con 23 cromosomas, se unen y se transforman en una célula con 46 cromosomas, ya hay ahí un ser humano. Su estatura, su color de pelo y de ojos. Aunque todavía no se le vea. Sus vulnerabilidades a ciertas enfermedades. Aunque todavía no las haya sufrido. Su coeficiente intelectual. Aunque todavía no sepa ni una palabra. Su metabolismo y toda su bioquímica. Aunque ahora todavía dependa enteramente del aparato metabólico de su madre. Incluso un porcentaje nada desdeñable de su personalidad está codificado en esos genes. Aunque todavía no haya dicho esta boca es mía. En ese libro cerrado del ADN se recogen todos esos datos e instrucciones. Y millones más. Son todas características de un nuevo ser humano. Todas ya ahí, aunque todavía no se hayan “leído”.
A diferencia de mi libro cerrado del cual existen unos centenares o millares de copias idénticas, esta nueva persona (literalmente, recién concebida) es única. Ni ha habido ni habrá otra como ella en toda la historia de la humanidad, por más que ésta se prolongase.
Si decimos que mi libro cerrado es libro, ¿cómo es que algunos se niegan a reconocer que ese nuevo ser humano no es ser humano por el mero hecho de todavía no haber empezado a “leerse”, a verse, a crecer, a hacer de todas sus potencias –que ya están en ese óvulo fecundado- acto, por emplear la terminología aristotélica?
No por estar todavía no diré cerrada, sino encerrada en el vientre materno, es por ello menos persona o deja de serlo. Tampoco mi libro, por estar cerrado y en la estantería, deja de ser libro por ello.
Esa persona es persona desde el mismo momento en que fue concebida. Ni un momento antes ni otro después.
Y, amén de lo dicho, esta nueva persona tiene libertad. Libertad de escoger. Libertad de optar por lo bueno o por lo malo. Libertad de hacer el bien o de servir a su contrario.
¡Ah! ¡Se me olvidaba! Y desde ese momento de la concepción esa persona tiene alma. Alma eterna. Pero eso ya es otra historia: la de un libro abierto con las páginas en blanco por escribir.”
Rafael Castela Santos
“Compré recientemente un libro sobre Murillo, el gran pintor de la Santísima Virgen María. Está ahí, cerrado. Contemplándome desde el anaquel y, simultáneamente, yo le contemplo desde mi cama, mientras escribo con el portátil. Realmente no he tenido tiempo de mirarlo mucho todavía. Sabía que era un libro, un buen libro, cuando lo compré. Un buen amigo de toda confianza, bibliófilo a ultranza, me lo recomendó. Desde mi ubicación veo la sobrecubierta en papel couché, blanca. Las letras del título en el lomo son delicadas. El libro tiene, me lo han garantizado, un texto excelente sobre Murillo. Incluso analiza la época en que vivió, tanto desde el punto de vista histórico, como de las ideas. Todavía no lo he leído, pero sé que es así. La calidad de las litografías es impresionante. No las puedo ver desde la cama, pero sé que gozaré mucho deleitándome en contemplar esas litografías cuando pueda. Incluso sé que tiene tablas cronológicas e incluso diagramas de algunos de sus cuadros, explicando ciertas técnicas pictóricas. Tampoco los veo, pero sé positivamente que están ahí.
No por estar cerrado, no por no estar entre mis manos, no por no ser leído en este preciso instante, no por no ser visto en un momento dado deja de ser libro. Es y será un libro. Más incluso: es un libro excelente. Desde el mismo momento en que el autor lo concibió. Un gran libro. Cierto. Aunque ahora esté cerrado.
Un hombre y una mujer han hecho el amor. Un óvulo recibe a un espermatozoide, entre millones, y sólo a ése. En ese milagro de la fecundación dos células se transforman en un ser humano. Porque en el momento en que esas dos células (óvulo y espermatozoide), cada una con 23 cromosomas, se unen y se transforman en una célula con 46 cromosomas, ya hay ahí un ser humano. Su estatura, su color de pelo y de ojos. Aunque todavía no se le vea. Sus vulnerabilidades a ciertas enfermedades. Aunque todavía no las haya sufrido. Su coeficiente intelectual. Aunque todavía no sepa ni una palabra. Su metabolismo y toda su bioquímica. Aunque ahora todavía dependa enteramente del aparato metabólico de su madre. Incluso un porcentaje nada desdeñable de su personalidad está codificado en esos genes. Aunque todavía no haya dicho esta boca es mía. En ese libro cerrado del ADN se recogen todos esos datos e instrucciones. Y millones más. Son todas características de un nuevo ser humano. Todas ya ahí, aunque todavía no se hayan “leído”.
A diferencia de mi libro cerrado del cual existen unos centenares o millares de copias idénticas, esta nueva persona (literalmente, recién concebida) es única. Ni ha habido ni habrá otra como ella en toda la historia de la humanidad, por más que ésta se prolongase.
Si decimos que mi libro cerrado es libro, ¿cómo es que algunos se niegan a reconocer que ese nuevo ser humano no es ser humano por el mero hecho de todavía no haber empezado a “leerse”, a verse, a crecer, a hacer de todas sus potencias –que ya están en ese óvulo fecundado- acto, por emplear la terminología aristotélica?
No por estar todavía no diré cerrada, sino encerrada en el vientre materno, es por ello menos persona o deja de serlo. Tampoco mi libro, por estar cerrado y en la estantería, deja de ser libro por ello.
Esa persona es persona desde el mismo momento en que fue concebida. Ni un momento antes ni otro después.
Y, amén de lo dicho, esta nueva persona tiene libertad. Libertad de escoger. Libertad de optar por lo bueno o por lo malo. Libertad de hacer el bien o de servir a su contrario.
¡Ah! ¡Se me olvidaba! Y desde ese momento de la concepción esa persona tiene alma. Alma eterna. Pero eso ya es otra historia: la de un libro abierto con las páginas en blanco por escribir.”
Rafael Castela Santos
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Rafael Castela Santos
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domingo, janeiro 21, 2007
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Aborto, imagens e palavras - 10

Quando fiz o balanço do pontificado do Papa João Paulo II, escrevi neste mesmo espaço o seguinte: "(…) se por vezes demais João Paulo II pareceu comprometer a tradição, no absolutamente imprescindível salvaguardou com denodo notável a fé e moral católicas, erguendo-se em principal adversário da guerra cultural que o esquerdismo niilista declarou contra os valores basilares do Ocidente. Elogiemos, pois, o combate sem concessões que dirigiu contra o divórcio, o aborto, a eutanásia, a homossexualidade e as uniões legais entre pessoas do mesmo sexo, em defesa da família e da vida, em suma, das leis divina e moral, e da ordem natural superior a elas adstrita. Em tal combate, teve João Paulo II o ponto mais saliente do seu pontificado!"
Como paradigma desse combate, e com plena oportunidade a respeito da questão do aborto, transcrevo de seguida um trecho fundamental da encíclica "Evangelium Vitae", em que João Paulo II demonstra à exaustão a perversidade do aborto e a absoluta contradição de tal prática com a tradição da Igreja:
Dentre todos os crimes que o homem pode realizar contra a vida, o aborto provocado apresenta características que o tornam particularmente grave e abjurável. O Concílio Vaticano II define-o, juntamente com o infanticídio, «crime abominável».
Mas hoje, a percepção da sua gravidade vai-se obscurecendo progressivamente em muitas consciências. A aceitação do aborto na mentalidade, nos costumes e na própria lei, é sinal eloquente de uma perigosíssima crise do sentido moral que se torna cada vez mais incapaz de distinguir o bem do mal, mesmo quando está em jogo o direito fundamental à vida. Diante de tão grave situação, impõe-se mais que nunca a coragem de olhar frontalmente a verdade e chamar as coisas pelo seu nome, sem ceder a compromissos com o que nos é mais cómodo, nem à tentação de auto-engano. A propósito disto, ressoa categórica a censura do Profeta: «Ai dos que ao mal chamam bem, e ao bem, mal, que têm as trevas por luz e a luz por trevas» (Is 5, 20). Precisamente no caso do aborto, verifica-se a difusão de uma terminologia ambígua, como «interrupção da gravidez», que tende a esconder a verdadeira natureza dele e a atenuar a sua gravidade na opinião pública. Talvez este fenómeno linguístico seja já, em si mesmo, sintoma de um mal-estar das consciências. Mas nenhuma palavra basta para alterar a realidade das coisas: o aborto provocado é a morte deliberada e directa, independentemente da forma como venha realizada, de um ser humano na fase inicial da sua existência, que vai da concepção ao nascimento.
A gravidade moral do aborto provocado aparece em toda a sua verdade, quando se reconhece que se trata de um homicídio e, particularmente, quando se consideram as circunstâncias específicas que o qualificam. A pessoa eliminada é um ser humano que começa a desabrochar para a vida, isto é, o que de mais inocente, em absoluto, se possa imaginar: nunca poderia ser considerado um agressor, menos ainda um injusto agressor! É frágil, inerme, e numa medida tal que o deixa privado inclusive daquela forma mínima de defesa constituída pela força suplicante dos gemidos e do choro do recém-nascido. Está totalmente entregue à protecção e aos cuidados daquela que o traz no seio. E todavia, às vezes, é precisamente ela, a mãe, quem decide e pede a sua eliminação, ou até a provoca.
É verdade que, muitas vezes, a opção de abortar reveste para a mãe um carácter dramático e doloroso: a decisão de se desfazer do fruto concebido não é tomada por razões puramente egoístas ou de comodidade, mas porque se quereriam salvaguardar alguns bens importantes como a própria saúde ou um nível de vida digno para os outros membros da família. Às vezes, temem-se para o nascituro condições de existência tais que levam a pensar que seria melhor para ele não nascer. Mas estas e outras razões semelhantes, por mais graves e dramáticas que sejam, nunca podem justificar a supressão deliberada de um ser humano inocente.
A decidirem a morte da criança ainda não nascida, a par da mãe, aparecem, com frequência, outras pessoas. Antes de mais, culpado pode ser o pai da criança, não apenas quando claramente constringe a mulher ao aborto, mas também quando favorece indirectamente tal decisão ao deixá-la sozinha com os problemas de uma gravidez: desse modo, a família fica mortalmente ferida e profanada na sua natureza de comunidade de amor e na sua vocação para ser «santuário da vida». Nem se podem calar as solicitações que, às vezes, provêm do âmbito familiar mais alargado e dos amigos. A mulher, não raro, é sujeita a pressões tão fortes que se sente psicologicamente constrangida a ceder ao aborto: não há dúvida que, neste caso, a responsabilidade moral pesa particularmente sobre aqueles que directa ou indirectamente a forçaram a abortar. Responsáveis são também os médicos e restantes profissionais da saúde, sempre que põem ao serviço da morte a competência adquirida para promover a vida.
Mas a responsabilidade cai ainda sobre os legisladores que promoveram e aprovaram leis abortistas, e sobre os administradores das estruturas clínicas onde se praticam os abortos, na medida em que a sua execução deles dependa. Uma responsabilidade geral, mas não menos grave, cabe a todos aqueles que favoreceram a difusão de uma mentalidade de permissivismo sexual e de menosprezo pela maternidade, como também àqueles que deveriam ter assegurado — e não o fizeram — válidas políticas familiares e sociais de apoio às famílias, especialmente às mais numerosas ou com particulares dificuldades económicas e educativas. Não se pode subestimar, enfim, a vasta rede de cumplicidades, nela incluindo instituições internacionais, fundações e associações, que se batem sistematicamente pela legalização e difusão do aborto no mundo. Neste sentido, o aborto ultrapassa a responsabilidade dos indivíduos e o dano que lhes é causado, para assumir uma dimensão fortemente social: é uma ferida gravíssima infligida à sociedade e à sua cultura por aqueles que deveriam ser os seus construtores e defensores. Como escrevi na Carta às Famílias, «encontramo-nos defronte a uma enorme ameaça contra a vida, não apenas dos simples indivíduos, mas também de toda a civilização». Achamo-nos perante algo que bem se pode definir uma « estrutura de pecado » contra a vida humana ainda não nascida.
Alguns tentam justificar o aborto, defendendo que o fruto da concepção, pelo menos até um certo número de dias, não pode ainda ser considerado uma vida humana pessoal. Na realidade, porém, «a partir do momento em que o óvulo é fecundado, inaugura-se uma nova vida que não é a do pai nem a da mãe, mas sim a de um novo ser humano que se desenvolve por conta própria. Nunca mais se tornaria humana, se não o fosse já desde então. A esta evidência de sempre a ciência genética moderna fornece preciosas confirmações. Demonstrou que, desde o primeiro instante, se encontra fixado o programa daquilo que será este ser vivo: uma pessoa, esta pessoa individual, com as suas notas características já bem determinadas. Desde a fecundação, tem início a aventura de uma vida humana, cujas grandes capacidades, já presentes cada uma delas, apenas exigem tempo para se organizar e encontrar prontas a agir». Não podendo a presença de uma alma espiritual ser assinalada através da observação de qualquer dado experimental, são as próprias conclusões da ciência sobre o embrião humano a fornecer «uma indicação valiosa para discernir racionalmente uma presença pessoal já a partir desta primeira aparição de uma vida humana: como poderia um indivíduo humano não ser uma pessoa humana?».
Aliás, o valor em jogo é tal que, sob o perfil moral, bastaria a simples probabilidade de encontrar-se em presença de uma pessoa para se justificar a mais categórica proibição de qualquer intervenção tendente a eliminar o embrião humano. Por isso mesmo, independentemente dos debates científicos e mesmo das afirmações filosóficas com os quais o Magistério não se empenhou expressamente, a Igreja sempre ensinou — e ensina — que tem de ser garantido ao fruto da geração humana, desde o primeiro instante da sua existência, o respeito incondicional que é moralmente devido ao ser humano na sua totalidade e unidade corporal e espiritual: «O ser humano deve ser respeitado e tratado como uma pessoa desde a sua concepção e, por isso, desde esse mesmo momento, devem-lhe ser reconhecidos os direitos da pessoa, entre os quais e primeiro de todos, o direito inviolável de cada ser humano inocente à vida».
Os textos da Sagrada Escritura, que nunca falam do aborto voluntário e, por conseguinte, também não apresentam condenações directas e específicas do mesmo, mostram pelo ser humano no seio materno uma consideração tal que exige, como lógicaconsequência, que se estenda também a ele o mandamento de Deus: «não matarás».
A vida humana é sagrada e inviolável em cada momento da sua existência, inclusive na fase inicial que precede o nascimento. Desde o seio materno, o homem pertence a Deus que tudo perscruta e conhece, que o forma e plasma com suas mãos, que o vê quando ainda é um pequeno embrião informe, e que nele entrevê o adulto de amanhã, cujos dias estão todos contados e cuja vocação está já escrita no «livro da vida» (cf. Sal 139 138, 1.13-16). Quando está ainda no seio materno — como testemunham numerosos textos bíblicos — já o homem é objecto muito pessoal da amorosa e paterna providência de Deus.
A Tradição cristã — como justamente se realça na Declaração sobre esta matéria, emanada pela Congregação para a Doutrina da Fé — é clara e unânime, desde as suas origens até aos nossos dias, em classificar o aborto como desordem moral particularmente grave. A comunidade cristã, desde o seu primeiro confronto com o mundo greco-romano onde se praticava amplamente o aborto e o infanticídio, opôs-se radicalmente, com a sua doutrina e a sua praxe, aos costumes generalizados naquela sociedade, como o demonstra a já citada Didaké. Entre os escritores eclesiásticos da área linguística grega, Atenágoras recorda que os cristãos consideram homicidas as mulheres que recorrem a produtos abortivos, porque os filhos, apesar de estarem ainda no seio da mãe, «são já objecto dos cuidados da Providência divina». Entre os latinos, Tertuliano afirma: «É um homicídio premeditado impedir de nascer; pouco importa que se suprima a alma já nascida ou que se faça desaparecer durante o tempo até ao nascer. É já um homem aquele que o será».
Ao longo da sua história já bimilenária, esta mesma doutrina foi constantemente ensinada pelos Padres da Igreja, pelos seus Pastores e Doutores. Mesmo as discussões de carácter científico e filosófico acerca do momento preciso da infusão da alma espiritual não incluíram nunca a mínima hesitação quanto à condenação moral do aborto.
O Magistério pontifício mais recente reafirmou, com grande vigor, esta doutrina comum. Em particular Pio XI, na encíclica Casti Connubii rejeitou as alegadas justificações do aborto; Pio XII excluiu todo o aborto directo, isto é, qualquer acto que vise directamente destruir a vida humana ainda não nascida, «quer tal destruição seja pretendida como fim ou apenas como meio para o fim»; João XXIII corroborou que a vida humana é sagrada, porque «desde o seu despontar empenha directamente a acção criadora de Deus». O Concílio Vaticano II, como já foi recordado, condenou o aborto com grande severidade: «A vida deve, pois, ser salvaguardada com extrema solicitude, desde o primeiro momento da concepção; o aborto e o infanticídio são crimes abomináveis».
A disciplina canónica da Igreja, desde os primeiros séculos, puniu com sanções penais aqueles que se manchavam com a culpa do aborto, e tal praxe, com penas mais ou menos graves, foi confirmada nos sucessivos períodos históricos. O Código de Direito Canónico de 1917, para o aborto, prescrevia a pena de excomunhão. Também a legislação canónica, há pouco renovada, continua nesta linha quando determina que «quem procurar o aborto, seguindo-se o efeito, incorre em excomunhão latae sententiae», isto é, automática. A excomunhão recai sobre todos aqueles que cometem este crime com conhecimento da pena, incluindo também cúmplices sem cujo contributo o aborto não se teria realizado: com uma sanção assim reiterada, a Igreja aponta este crime como um dos mais graves e perigosos, incitando, deste modo, quem o comete a ingressar diligentemente pela estrada da conversão. Na Igreja, de facto, a finalidade da pena de excomunhão é tornar plenamente consciente da gravidade de um determinado pecado e, consequentemente, favorecer a adequada conversão e penitência.
Frente a semelhante unanimidade na tradição doutrinal e disciplinar da Igreja, Paulo VI pôde declarar que tal ensinamento não conheceu mudança e é imutável. Portanto, com a autoridade que Cristo conferiu a Pedro e aos seus Sucessores, em comunhão com os Bispos — que de várias e repetidas formas condenaram o aborto e que, na consulta referida anteriormente, apesar de dispersos pelo mundo, afirmaram unânime consenso sobre esta doutrina — declaro que o aborto directo, isto é, querido como fim ou como meio, constitui sempre uma desordem moral grave, enquanto morte deliberada de um ser humano inocente. Tal doutrina está fundada sobre a lei natural e sobre a Palavra de Deus escrita, é transmitida pela Tradição da Igreja e ensinada pelo Magistério ordinário e universal.
Nenhuma circunstância, nenhum fim, nenhuma lei no mundo poderá jamais tornar lícito um acto que é intrinsecamente ilícito, porque contrário à Lei de Deus, inscrita no coração de cada homem, reconhecível pela própria razão, e proclamada pela Igreja.
JSarto
Como paradigma desse combate, e com plena oportunidade a respeito da questão do aborto, transcrevo de seguida um trecho fundamental da encíclica "Evangelium Vitae", em que João Paulo II demonstra à exaustão a perversidade do aborto e a absoluta contradição de tal prática com a tradição da Igreja:
Dentre todos os crimes que o homem pode realizar contra a vida, o aborto provocado apresenta características que o tornam particularmente grave e abjurável. O Concílio Vaticano II define-o, juntamente com o infanticídio, «crime abominável».
Mas hoje, a percepção da sua gravidade vai-se obscurecendo progressivamente em muitas consciências. A aceitação do aborto na mentalidade, nos costumes e na própria lei, é sinal eloquente de uma perigosíssima crise do sentido moral que se torna cada vez mais incapaz de distinguir o bem do mal, mesmo quando está em jogo o direito fundamental à vida. Diante de tão grave situação, impõe-se mais que nunca a coragem de olhar frontalmente a verdade e chamar as coisas pelo seu nome, sem ceder a compromissos com o que nos é mais cómodo, nem à tentação de auto-engano. A propósito disto, ressoa categórica a censura do Profeta: «Ai dos que ao mal chamam bem, e ao bem, mal, que têm as trevas por luz e a luz por trevas» (Is 5, 20). Precisamente no caso do aborto, verifica-se a difusão de uma terminologia ambígua, como «interrupção da gravidez», que tende a esconder a verdadeira natureza dele e a atenuar a sua gravidade na opinião pública. Talvez este fenómeno linguístico seja já, em si mesmo, sintoma de um mal-estar das consciências. Mas nenhuma palavra basta para alterar a realidade das coisas: o aborto provocado é a morte deliberada e directa, independentemente da forma como venha realizada, de um ser humano na fase inicial da sua existência, que vai da concepção ao nascimento.
A gravidade moral do aborto provocado aparece em toda a sua verdade, quando se reconhece que se trata de um homicídio e, particularmente, quando se consideram as circunstâncias específicas que o qualificam. A pessoa eliminada é um ser humano que começa a desabrochar para a vida, isto é, o que de mais inocente, em absoluto, se possa imaginar: nunca poderia ser considerado um agressor, menos ainda um injusto agressor! É frágil, inerme, e numa medida tal que o deixa privado inclusive daquela forma mínima de defesa constituída pela força suplicante dos gemidos e do choro do recém-nascido. Está totalmente entregue à protecção e aos cuidados daquela que o traz no seio. E todavia, às vezes, é precisamente ela, a mãe, quem decide e pede a sua eliminação, ou até a provoca.
É verdade que, muitas vezes, a opção de abortar reveste para a mãe um carácter dramático e doloroso: a decisão de se desfazer do fruto concebido não é tomada por razões puramente egoístas ou de comodidade, mas porque se quereriam salvaguardar alguns bens importantes como a própria saúde ou um nível de vida digno para os outros membros da família. Às vezes, temem-se para o nascituro condições de existência tais que levam a pensar que seria melhor para ele não nascer. Mas estas e outras razões semelhantes, por mais graves e dramáticas que sejam, nunca podem justificar a supressão deliberada de um ser humano inocente.
A decidirem a morte da criança ainda não nascida, a par da mãe, aparecem, com frequência, outras pessoas. Antes de mais, culpado pode ser o pai da criança, não apenas quando claramente constringe a mulher ao aborto, mas também quando favorece indirectamente tal decisão ao deixá-la sozinha com os problemas de uma gravidez: desse modo, a família fica mortalmente ferida e profanada na sua natureza de comunidade de amor e na sua vocação para ser «santuário da vida». Nem se podem calar as solicitações que, às vezes, provêm do âmbito familiar mais alargado e dos amigos. A mulher, não raro, é sujeita a pressões tão fortes que se sente psicologicamente constrangida a ceder ao aborto: não há dúvida que, neste caso, a responsabilidade moral pesa particularmente sobre aqueles que directa ou indirectamente a forçaram a abortar. Responsáveis são também os médicos e restantes profissionais da saúde, sempre que põem ao serviço da morte a competência adquirida para promover a vida.
Mas a responsabilidade cai ainda sobre os legisladores que promoveram e aprovaram leis abortistas, e sobre os administradores das estruturas clínicas onde se praticam os abortos, na medida em que a sua execução deles dependa. Uma responsabilidade geral, mas não menos grave, cabe a todos aqueles que favoreceram a difusão de uma mentalidade de permissivismo sexual e de menosprezo pela maternidade, como também àqueles que deveriam ter assegurado — e não o fizeram — válidas políticas familiares e sociais de apoio às famílias, especialmente às mais numerosas ou com particulares dificuldades económicas e educativas. Não se pode subestimar, enfim, a vasta rede de cumplicidades, nela incluindo instituições internacionais, fundações e associações, que se batem sistematicamente pela legalização e difusão do aborto no mundo. Neste sentido, o aborto ultrapassa a responsabilidade dos indivíduos e o dano que lhes é causado, para assumir uma dimensão fortemente social: é uma ferida gravíssima infligida à sociedade e à sua cultura por aqueles que deveriam ser os seus construtores e defensores. Como escrevi na Carta às Famílias, «encontramo-nos defronte a uma enorme ameaça contra a vida, não apenas dos simples indivíduos, mas também de toda a civilização». Achamo-nos perante algo que bem se pode definir uma « estrutura de pecado » contra a vida humana ainda não nascida.
Alguns tentam justificar o aborto, defendendo que o fruto da concepção, pelo menos até um certo número de dias, não pode ainda ser considerado uma vida humana pessoal. Na realidade, porém, «a partir do momento em que o óvulo é fecundado, inaugura-se uma nova vida que não é a do pai nem a da mãe, mas sim a de um novo ser humano que se desenvolve por conta própria. Nunca mais se tornaria humana, se não o fosse já desde então. A esta evidência de sempre a ciência genética moderna fornece preciosas confirmações. Demonstrou que, desde o primeiro instante, se encontra fixado o programa daquilo que será este ser vivo: uma pessoa, esta pessoa individual, com as suas notas características já bem determinadas. Desde a fecundação, tem início a aventura de uma vida humana, cujas grandes capacidades, já presentes cada uma delas, apenas exigem tempo para se organizar e encontrar prontas a agir». Não podendo a presença de uma alma espiritual ser assinalada através da observação de qualquer dado experimental, são as próprias conclusões da ciência sobre o embrião humano a fornecer «uma indicação valiosa para discernir racionalmente uma presença pessoal já a partir desta primeira aparição de uma vida humana: como poderia um indivíduo humano não ser uma pessoa humana?».
Aliás, o valor em jogo é tal que, sob o perfil moral, bastaria a simples probabilidade de encontrar-se em presença de uma pessoa para se justificar a mais categórica proibição de qualquer intervenção tendente a eliminar o embrião humano. Por isso mesmo, independentemente dos debates científicos e mesmo das afirmações filosóficas com os quais o Magistério não se empenhou expressamente, a Igreja sempre ensinou — e ensina — que tem de ser garantido ao fruto da geração humana, desde o primeiro instante da sua existência, o respeito incondicional que é moralmente devido ao ser humano na sua totalidade e unidade corporal e espiritual: «O ser humano deve ser respeitado e tratado como uma pessoa desde a sua concepção e, por isso, desde esse mesmo momento, devem-lhe ser reconhecidos os direitos da pessoa, entre os quais e primeiro de todos, o direito inviolável de cada ser humano inocente à vida».
Os textos da Sagrada Escritura, que nunca falam do aborto voluntário e, por conseguinte, também não apresentam condenações directas e específicas do mesmo, mostram pelo ser humano no seio materno uma consideração tal que exige, como lógicaconsequência, que se estenda também a ele o mandamento de Deus: «não matarás».
A vida humana é sagrada e inviolável em cada momento da sua existência, inclusive na fase inicial que precede o nascimento. Desde o seio materno, o homem pertence a Deus que tudo perscruta e conhece, que o forma e plasma com suas mãos, que o vê quando ainda é um pequeno embrião informe, e que nele entrevê o adulto de amanhã, cujos dias estão todos contados e cuja vocação está já escrita no «livro da vida» (cf. Sal 139 138, 1.13-16). Quando está ainda no seio materno — como testemunham numerosos textos bíblicos — já o homem é objecto muito pessoal da amorosa e paterna providência de Deus.
A Tradição cristã — como justamente se realça na Declaração sobre esta matéria, emanada pela Congregação para a Doutrina da Fé — é clara e unânime, desde as suas origens até aos nossos dias, em classificar o aborto como desordem moral particularmente grave. A comunidade cristã, desde o seu primeiro confronto com o mundo greco-romano onde se praticava amplamente o aborto e o infanticídio, opôs-se radicalmente, com a sua doutrina e a sua praxe, aos costumes generalizados naquela sociedade, como o demonstra a já citada Didaké. Entre os escritores eclesiásticos da área linguística grega, Atenágoras recorda que os cristãos consideram homicidas as mulheres que recorrem a produtos abortivos, porque os filhos, apesar de estarem ainda no seio da mãe, «são já objecto dos cuidados da Providência divina». Entre os latinos, Tertuliano afirma: «É um homicídio premeditado impedir de nascer; pouco importa que se suprima a alma já nascida ou que se faça desaparecer durante o tempo até ao nascer. É já um homem aquele que o será».
Ao longo da sua história já bimilenária, esta mesma doutrina foi constantemente ensinada pelos Padres da Igreja, pelos seus Pastores e Doutores. Mesmo as discussões de carácter científico e filosófico acerca do momento preciso da infusão da alma espiritual não incluíram nunca a mínima hesitação quanto à condenação moral do aborto.
O Magistério pontifício mais recente reafirmou, com grande vigor, esta doutrina comum. Em particular Pio XI, na encíclica Casti Connubii rejeitou as alegadas justificações do aborto; Pio XII excluiu todo o aborto directo, isto é, qualquer acto que vise directamente destruir a vida humana ainda não nascida, «quer tal destruição seja pretendida como fim ou apenas como meio para o fim»; João XXIII corroborou que a vida humana é sagrada, porque «desde o seu despontar empenha directamente a acção criadora de Deus». O Concílio Vaticano II, como já foi recordado, condenou o aborto com grande severidade: «A vida deve, pois, ser salvaguardada com extrema solicitude, desde o primeiro momento da concepção; o aborto e o infanticídio são crimes abomináveis».
A disciplina canónica da Igreja, desde os primeiros séculos, puniu com sanções penais aqueles que se manchavam com a culpa do aborto, e tal praxe, com penas mais ou menos graves, foi confirmada nos sucessivos períodos históricos. O Código de Direito Canónico de 1917, para o aborto, prescrevia a pena de excomunhão. Também a legislação canónica, há pouco renovada, continua nesta linha quando determina que «quem procurar o aborto, seguindo-se o efeito, incorre em excomunhão latae sententiae», isto é, automática. A excomunhão recai sobre todos aqueles que cometem este crime com conhecimento da pena, incluindo também cúmplices sem cujo contributo o aborto não se teria realizado: com uma sanção assim reiterada, a Igreja aponta este crime como um dos mais graves e perigosos, incitando, deste modo, quem o comete a ingressar diligentemente pela estrada da conversão. Na Igreja, de facto, a finalidade da pena de excomunhão é tornar plenamente consciente da gravidade de um determinado pecado e, consequentemente, favorecer a adequada conversão e penitência.
Frente a semelhante unanimidade na tradição doutrinal e disciplinar da Igreja, Paulo VI pôde declarar que tal ensinamento não conheceu mudança e é imutável. Portanto, com a autoridade que Cristo conferiu a Pedro e aos seus Sucessores, em comunhão com os Bispos — que de várias e repetidas formas condenaram o aborto e que, na consulta referida anteriormente, apesar de dispersos pelo mundo, afirmaram unânime consenso sobre esta doutrina — declaro que o aborto directo, isto é, querido como fim ou como meio, constitui sempre uma desordem moral grave, enquanto morte deliberada de um ser humano inocente. Tal doutrina está fundada sobre a lei natural e sobre a Palavra de Deus escrita, é transmitida pela Tradição da Igreja e ensinada pelo Magistério ordinário e universal.
Nenhuma circunstância, nenhum fim, nenhuma lei no mundo poderá jamais tornar lícito um acto que é intrinsecamente ilícito, porque contrário à Lei de Deus, inscrita no coração de cada homem, reconhecível pela própria razão, e proclamada pela Igreja.
JSarto
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