En este día donde en las naciones católicas todavía rezamos por nuestros muertos, por nuestros mayores, debemos alegrarnos de la Misericordia divina, que ha puesto a los justos y a los Santos en medio de la felicidad completa eterna del Cielo y la visión beatífica de Dios, destino de todo hombre bueno.
En virtud de la comunicación entre la Iglesia Triunfante, la Iglesia Purgante y la Iglesia Militante, mucho es lo que podemos hacer rezando por nuestros muertos y haciendo sacrificios por ello. Ninguno como el Sacrificio de la Santa Misa. A ellos, a nuestros muertos en el Más Allá de la bendición eterna del Padre, debemos implorarle, como en la Misa de hoy, de esta manera:
“Omnipotens sempiterne Deus, qui nos omnium Sanctorum tuorum merita sub una tribuisti celebritate venerari: quaesumus; ut, desideratam nobis tuae propitiatonis abundamtiam, multiplicatis intercessoribus largiaris. Per Dominum Nostrum Jesum Christum filium tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus. Per omnia secula seculorum, Amen.”
Y en el Evangelio de hoy se vuelve sobre las Bienaventuranzas, ese programa tan contrario al mundo, al demonio y a la carne. Para quien quiera profundizar un poco más en esto les dejo con Santo Tomás de Aquino, en sus comentarios al Sermón de la Montaña. Porque el Aquinatense deja un no sé qué cuando se le lee y estudia, un sabor de plenitud en el alma y en el espíritu que no es comparable a nada ni tiene parangón.
Entretanto recordemos que hay muchos Santos que siguen rezando e intercediendo por nosotros. Muchos más de los reconocidos por la Santa Madre Iglesia en su Santoral.
Entretanto, también, recemos por y con nuestros muertos. Ellos están vivos. Y ellos son parte de nuestras familias y nuestras Patrias. Aquí y ahora y siempre. Hic et nunc et semper.
Rafael Castela Santos
quarta-feira, novembro 01, 2006
terça-feira, outubro 31, 2006
Os monges do Mosteiro de Papa Stronsay
Os monges do Mosteiro da Gólgota, em Papa Stronsay, ao norte da Escócia: Redentoristas na melhor tradição de Santo Afonso Maria do Ligório.
JSarto
Aborto, imagens e palavras - 5
De minha autoria, publicados no blogue "Pela Vida":
- "Sobre touros de morte";
- "O doutor da mula ruça".
JSarto
- "Sobre touros de morte";
- "O doutor da mula ruça".
JSarto
segunda-feira, outubro 30, 2006
domingo, outubro 29, 2006
Sobre la actualidad de la Fiesta de Cristo Rey
El texto completo del Padre Orlandis, creador de uno de los mejores grupos neotomistas en la España de la primera mitad del siglo XX, se puede encontrar aquí.
“Fue el día 11 de diciembre de 1925, en los últimos momentos del Año Santo, cuando por su Encíclica Quas primas el Romano Pontífice Pío XI promulgó la institución de la nueva festividad litúrgica de Cristo Rey. Testimonio es ella bien fehaciente de la convicción profunda que inducía al Papa a tomar tal determinación. Esta convicción de la importancia y de la actualidad del acto, se deja bien entrever en el recuento de los antecedentes que lo han ido preparando y con que se abre la Encíclica.
(…) ¡cómo se trasluce en todos los párrafos la angustia paternal del corazón del Vicario de Cristo, al ver al mundo confiado a su tutela cerrar los ojos a la luz a riesgo de irse despeñando cada vez más en la ruina! El Papa alza su voz y no cesa de clamar al mundo descamado que vuelva los ojos a la luz, que sólo acogiéndose al imperio salvador de Jesucristo podrá hallar la vida, la salud, la paz. La Encíclica Ubi arcano, es ciertamente un toque de alarma, pero más que un toque de alarma es un gemido de un corazón de padre, que debiera herir y despertar el corazón de los dormidos.
(…)
Se puede encerrar el pensamiento del Papa en unas pocas proposiciones, cuales son las que se siguen:
1º Sólo en el Reinado de Cristo puede haber paz verdadera y estable. En él sí, fuera de él, no. Y la paz que se promete no es sólo la espiritual de las almas, sino la social y la internacional (Ubi arcano, Quas primas).
2º El Reinado que trae consigo las promesas es el aceptado libremente por los hombres: no el Reinado de mero hecho, ni el Reinado del mero poder (Passim).
3º Por consiguiente entonces reina Cristo en la sociedad, cuando constituida ésta rectamente, la Iglesia, cumpliendo el divino encargo, defienda y tutele los derechos de Dios, ora sobre los hombres en particular, ora sobre la sociedad entera (Ubi arcano).
4º La realización de este ideal, no tan sólo se ha de desear y procurar, sino también se ha de esperar, en cuanto correspondamos al plan divino (Ubi arcano, Quas primas, Miserentissimus Redemptor).
(…)
Cuantas veces habla S. S. Pío XI de la realeza de Cristo, dirige su palabra al mundo actual, al mundo en que nosotros vivimos. No trata del asunto en forma abstracta, en una forma en que cualquier Papa de cualquier siglo hubiera podido hablar al mundo de aquel entonces. Habla para instruir, y persuadir y [466] gobernar a los hombres actuales, y es la suya una verdadera porfía para hacerles comprender la actualidad del tema, para convencerles del interés que tiene aquello de que les habla para el mundo, en que nosotros vivimos y nos movemos. Los males de nuestro mundo son gravísimos. Sólo la aceptación voluntaria del Reinado de Cristo puede remediarlos. Por esto es tan necesario que el mundo inficionado por la peste de los errores contrarios a la soberanía de Cristo, sea instruido, según su capacidad, en la doctrina salvadora, que sepa en qué consiste la soberanía de Cristo, su justicia y su valor.
¿Cuál es esta peste que infecciona las almas? No es otra que el Laicismo. Las Palabras de Pío XI son terminantes:
«Al prescribir al mundo católico, que dé culto a Jesucristo Rey, tenemos en cuenta las necesidades actuales y aplicamos el remedio principal a la peste que ha inficionado la sociedad humana. Calificamos de peste de nuestros tiempos al llamado Laicismo, a sus errores, a sus intentos malvados. No llegó, sabida cosa es, a la madurez en sólo un día. Tiempo hacía que estaba latente en la entraña de las naciones. Comenzóse por negar la soberanía de Cristo sobre todas las gentes. Negóse a la Iglesia, el derecho, que es consecuencia del derecho de Cristo, de enseñar al linaje humano, de dar leyes, de regir a los pueblos, en orden claro es a la bienaventuranza eterna. Luego paso tras paso se equiparó a la Iglesia de Cristo con las falsas, poniéndola ignominiosamente al nivel de ellas. Después se la sujetó al poder civil y poco faltó para que se la entregara al arbitrio de soberanos y gobernantes. Más lejos fueron aquellos que pensaron en sustituir la religión divina por una cierta religión natural, par un cierto sentimiento natural. Ni tampoco faltaron naciones que juzgaron poderse pasar sin Dios y hacer religión de la impiedad y del menosprecio de Dios» (Quas primas).
Esta caracterización del malhadado Laicismo peste de nuestra sociedad descubre su próximo parentesco con el liberalismo tantas veces anatematizado, y convence de que o es el mismísimo liberalismo, ni más ni menos, o es el liberalismo llegado a su mayor edad.
¿De esta apostasía social, de esta separación de Jesucristo, qué consecuencias se siguen para la sociedad? S. S. nos lo recuerda a renglón seguido: «Los acerbísimos frutos, tan frecuentes y duraderos, que este alejarse de Cristo individuos y naciones, ha producido, los lamentamos ya en la Encíclica Ubi arcano y de nuevo los lamentamos hoy.» Para no alargarnos más hagamos notar solamente el último de sus amargos frutos que enumera Pío XI: «La humana sociedad trastornada y llevada a la destrucción.»
Así, la negación de la realeza de Cristo es peste, ruina, muerte; el acatamiento de la realeza de Cristo es vida, salud, prosperidad. «Si un día reconocieran los hombres, en su vida privada y pública, la regia potestad de Cristo, no es posible imaginar los bienes, que forzosamente penetrarían todas las partes de la sociedad civil; la justa libertad, la disciplina y la tranquilidad, la concordia y la paz.»
(…)
Pío XI tiene fe, fe viva e inconmovible en la idea de Cristo Rey; para Pío XI la Idea de Cristo Rey, del Reino de Cristo es una de aquellas ideas-fuerza que se abren camino, vencen y avasallan; difúndase esta poderosa idea y ella conquistará al mundo, lo salvará de la ruina y le comunicará la paz verdadera, la paz de Cristo.
(…)
La Realeza de Cristo es en verdad inmutable. La autoridad del Rey eterno no admite ni crecimientos ni vicisitudes; podrá sí ser reconocida por un número mayor o menor de súbditos; podrá ser acatada con mayor o menor perfección; mas los derechos de jurisdicción de nuestro Rey han sido, son y serán en todos los tiempos los mismos.
(…)
El desarrollo de las ideas, aquella descomposición mental que las particulariza y define procede naturalmente del cotejo con otras Ideas, de la combinación con ideas afines, &c. Pero lo más frecuente y normal será siempre que el desenvolvimiento de una de estas ideas pletóricas de sentido, cual es la del Reino de Cristo, no llegue a su plenitud, si no es al rozar con ideas afines, más aún, al chocar con ideas contrarias. Sólo cuando Pueblos y gobiernos, práctica y teóricamente, directa y expresamente, rechazaron y negaron la soberanía de Cristo, ésta apareció fulgurante, fecunda y necesaria, en toda su plenitud y en toda su precisión, en sí misma y en sus relaciones. Ha sido necesario que llegaran los tiempos en que, como dice el mismo Pío XI en la Encíclica «Miserentissimus Redemptor» pueblo y gobernantes han clamado «no queremos que Este, que Cristo reine sobre nosotros»; para que los fieles súbditos de Cristo a conciencia, dándose perfecta cuenta de su acto, respondieran con aquel otro clamor «es necesario que Este, que Cristo reine, venga a nos el tu Reino».
(…)
En el seno del mundo moderno ha logrado su madurez, su perfecto desarrollo y en su seno la lleva el mundo, y así, por más que se aturda y por más coces que tire contra el aguijón, no podrá jamás librarse de las angustias de su conciencia social, cuyo imperativo cristiano pesa sobre él como una losa. Y cuantas más soluciones busque para sus problemas de vida o muerte fuera de la que le ofrece Cristo Rey más sentirá angustias de agonía, más desesperantes serán sus desengaños.
Jesucristo, Rey de reyes y Señor de los que dominan ofrece al mundo, desplegándola a la vista de todos, la carta magna de su soberanía de amor, de su caridad, de su amor de caridad por cuya falta la sociedad agoniza; y no es verdad que el hombre moderno no pueda entender tal programa, que la doctrina religioso-político-social, que se basa en la soberanía de Cristo sobrepuje la capacidad intelectual del hombre de nuestro tiempo; tan lejos nos parece esto de la verdad que a nuestro humilde entender jamás en ninguna época del mundo han estado los hombres en su generalidad tan preparados como hoy en día para entender la doctrina religioso-político-social, programa del Reino de Cristo.
Verdad es que la ignorancia religiosa es en muchísimos casos poco menos que absoluta; que el más vil materialismo embota muchísimas inteligencias y las ciega para que no puedan ver más allá de la materia; es verdad que el más absurdo escepticismo anula en muchas personas el vigor intelectual y perturba la orientación del pensamiento; es verdad que la frivolidad dilettante desdeña a conciencia el esfuerzo serio, necesario al bien pensar. Confesamos que tales extravíos mentales dificultan enormemente la inteligencia de la doctrina salvadora.
(…)
Un pensador no católico, Berdiaeff, en su conocido libro «Una nueva Edad Media», entrevé los primeros tenuísimos fulgores de un día que ya amanece. Este día no es para él sino un tiempo nuevo en el cual el género humano acatará amorosamente el Reinado de Jesucristo.
(…)
¡La Providencia divina!, ¡las promesas de Paray le Monial!: ¡Reinaré a pesar de mis enemigos! Estas palabras resonaban de continuo en el oído de Santa Margarita. ¿Cómo las entendía la santa? No lo sabemos de cierto. Algo nos dice de ello aquella promesa de Jesús en una de las grandes revelaciones: allí habla con más claridad; allí anuncia que su designio no es otro que la ruina del imperio de Satanás y la implantación en las almas del imperio de su amor.
(…)
Y S. S. Pío XI declara en su Encíclica «Miserentissimus Redemptor» que al instituir la fiesta de Cristo Rey se propuso dar complemento a lo que iniciaron los fieles en sus actos de consagración al Corazón de Jesús y afirma solemnemente que la celebración de la fiesta es, si, una proclamación de la Realeza de Cristo, pero además es un anticipo de aquel día venturoso en que el universo entero espontánea y libremente prestará su obediencia al Reinado suavísimo de Jesús.
(…)”
Ramón Orlandis, S.I.
(RCS)
“Fue el día 11 de diciembre de 1925, en los últimos momentos del Año Santo, cuando por su Encíclica Quas primas el Romano Pontífice Pío XI promulgó la institución de la nueva festividad litúrgica de Cristo Rey. Testimonio es ella bien fehaciente de la convicción profunda que inducía al Papa a tomar tal determinación. Esta convicción de la importancia y de la actualidad del acto, se deja bien entrever en el recuento de los antecedentes que lo han ido preparando y con que se abre la Encíclica.
(…) ¡cómo se trasluce en todos los párrafos la angustia paternal del corazón del Vicario de Cristo, al ver al mundo confiado a su tutela cerrar los ojos a la luz a riesgo de irse despeñando cada vez más en la ruina! El Papa alza su voz y no cesa de clamar al mundo descamado que vuelva los ojos a la luz, que sólo acogiéndose al imperio salvador de Jesucristo podrá hallar la vida, la salud, la paz. La Encíclica Ubi arcano, es ciertamente un toque de alarma, pero más que un toque de alarma es un gemido de un corazón de padre, que debiera herir y despertar el corazón de los dormidos.
(…)
Se puede encerrar el pensamiento del Papa en unas pocas proposiciones, cuales son las que se siguen:
1º Sólo en el Reinado de Cristo puede haber paz verdadera y estable. En él sí, fuera de él, no. Y la paz que se promete no es sólo la espiritual de las almas, sino la social y la internacional (Ubi arcano, Quas primas).
2º El Reinado que trae consigo las promesas es el aceptado libremente por los hombres: no el Reinado de mero hecho, ni el Reinado del mero poder (Passim).
3º Por consiguiente entonces reina Cristo en la sociedad, cuando constituida ésta rectamente, la Iglesia, cumpliendo el divino encargo, defienda y tutele los derechos de Dios, ora sobre los hombres en particular, ora sobre la sociedad entera (Ubi arcano).
4º La realización de este ideal, no tan sólo se ha de desear y procurar, sino también se ha de esperar, en cuanto correspondamos al plan divino (Ubi arcano, Quas primas, Miserentissimus Redemptor).
(…)
Cuantas veces habla S. S. Pío XI de la realeza de Cristo, dirige su palabra al mundo actual, al mundo en que nosotros vivimos. No trata del asunto en forma abstracta, en una forma en que cualquier Papa de cualquier siglo hubiera podido hablar al mundo de aquel entonces. Habla para instruir, y persuadir y [466] gobernar a los hombres actuales, y es la suya una verdadera porfía para hacerles comprender la actualidad del tema, para convencerles del interés que tiene aquello de que les habla para el mundo, en que nosotros vivimos y nos movemos. Los males de nuestro mundo son gravísimos. Sólo la aceptación voluntaria del Reinado de Cristo puede remediarlos. Por esto es tan necesario que el mundo inficionado por la peste de los errores contrarios a la soberanía de Cristo, sea instruido, según su capacidad, en la doctrina salvadora, que sepa en qué consiste la soberanía de Cristo, su justicia y su valor.
¿Cuál es esta peste que infecciona las almas? No es otra que el Laicismo. Las Palabras de Pío XI son terminantes:
«Al prescribir al mundo católico, que dé culto a Jesucristo Rey, tenemos en cuenta las necesidades actuales y aplicamos el remedio principal a la peste que ha inficionado la sociedad humana. Calificamos de peste de nuestros tiempos al llamado Laicismo, a sus errores, a sus intentos malvados. No llegó, sabida cosa es, a la madurez en sólo un día. Tiempo hacía que estaba latente en la entraña de las naciones. Comenzóse por negar la soberanía de Cristo sobre todas las gentes. Negóse a la Iglesia, el derecho, que es consecuencia del derecho de Cristo, de enseñar al linaje humano, de dar leyes, de regir a los pueblos, en orden claro es a la bienaventuranza eterna. Luego paso tras paso se equiparó a la Iglesia de Cristo con las falsas, poniéndola ignominiosamente al nivel de ellas. Después se la sujetó al poder civil y poco faltó para que se la entregara al arbitrio de soberanos y gobernantes. Más lejos fueron aquellos que pensaron en sustituir la religión divina por una cierta religión natural, par un cierto sentimiento natural. Ni tampoco faltaron naciones que juzgaron poderse pasar sin Dios y hacer religión de la impiedad y del menosprecio de Dios» (Quas primas).
Esta caracterización del malhadado Laicismo peste de nuestra sociedad descubre su próximo parentesco con el liberalismo tantas veces anatematizado, y convence de que o es el mismísimo liberalismo, ni más ni menos, o es el liberalismo llegado a su mayor edad.
¿De esta apostasía social, de esta separación de Jesucristo, qué consecuencias se siguen para la sociedad? S. S. nos lo recuerda a renglón seguido: «Los acerbísimos frutos, tan frecuentes y duraderos, que este alejarse de Cristo individuos y naciones, ha producido, los lamentamos ya en la Encíclica Ubi arcano y de nuevo los lamentamos hoy.» Para no alargarnos más hagamos notar solamente el último de sus amargos frutos que enumera Pío XI: «La humana sociedad trastornada y llevada a la destrucción.»
Así, la negación de la realeza de Cristo es peste, ruina, muerte; el acatamiento de la realeza de Cristo es vida, salud, prosperidad. «Si un día reconocieran los hombres, en su vida privada y pública, la regia potestad de Cristo, no es posible imaginar los bienes, que forzosamente penetrarían todas las partes de la sociedad civil; la justa libertad, la disciplina y la tranquilidad, la concordia y la paz.»
(…)
Pío XI tiene fe, fe viva e inconmovible en la idea de Cristo Rey; para Pío XI la Idea de Cristo Rey, del Reino de Cristo es una de aquellas ideas-fuerza que se abren camino, vencen y avasallan; difúndase esta poderosa idea y ella conquistará al mundo, lo salvará de la ruina y le comunicará la paz verdadera, la paz de Cristo.
(…)
La Realeza de Cristo es en verdad inmutable. La autoridad del Rey eterno no admite ni crecimientos ni vicisitudes; podrá sí ser reconocida por un número mayor o menor de súbditos; podrá ser acatada con mayor o menor perfección; mas los derechos de jurisdicción de nuestro Rey han sido, son y serán en todos los tiempos los mismos.
(…)
El desarrollo de las ideas, aquella descomposición mental que las particulariza y define procede naturalmente del cotejo con otras Ideas, de la combinación con ideas afines, &c. Pero lo más frecuente y normal será siempre que el desenvolvimiento de una de estas ideas pletóricas de sentido, cual es la del Reino de Cristo, no llegue a su plenitud, si no es al rozar con ideas afines, más aún, al chocar con ideas contrarias. Sólo cuando Pueblos y gobiernos, práctica y teóricamente, directa y expresamente, rechazaron y negaron la soberanía de Cristo, ésta apareció fulgurante, fecunda y necesaria, en toda su plenitud y en toda su precisión, en sí misma y en sus relaciones. Ha sido necesario que llegaran los tiempos en que, como dice el mismo Pío XI en la Encíclica «Miserentissimus Redemptor» pueblo y gobernantes han clamado «no queremos que Este, que Cristo reine sobre nosotros»; para que los fieles súbditos de Cristo a conciencia, dándose perfecta cuenta de su acto, respondieran con aquel otro clamor «es necesario que Este, que Cristo reine, venga a nos el tu Reino».
(…)
En el seno del mundo moderno ha logrado su madurez, su perfecto desarrollo y en su seno la lleva el mundo, y así, por más que se aturda y por más coces que tire contra el aguijón, no podrá jamás librarse de las angustias de su conciencia social, cuyo imperativo cristiano pesa sobre él como una losa. Y cuantas más soluciones busque para sus problemas de vida o muerte fuera de la que le ofrece Cristo Rey más sentirá angustias de agonía, más desesperantes serán sus desengaños.
Jesucristo, Rey de reyes y Señor de los que dominan ofrece al mundo, desplegándola a la vista de todos, la carta magna de su soberanía de amor, de su caridad, de su amor de caridad por cuya falta la sociedad agoniza; y no es verdad que el hombre moderno no pueda entender tal programa, que la doctrina religioso-político-social, que se basa en la soberanía de Cristo sobrepuje la capacidad intelectual del hombre de nuestro tiempo; tan lejos nos parece esto de la verdad que a nuestro humilde entender jamás en ninguna época del mundo han estado los hombres en su generalidad tan preparados como hoy en día para entender la doctrina religioso-político-social, programa del Reino de Cristo.
Verdad es que la ignorancia religiosa es en muchísimos casos poco menos que absoluta; que el más vil materialismo embota muchísimas inteligencias y las ciega para que no puedan ver más allá de la materia; es verdad que el más absurdo escepticismo anula en muchas personas el vigor intelectual y perturba la orientación del pensamiento; es verdad que la frivolidad dilettante desdeña a conciencia el esfuerzo serio, necesario al bien pensar. Confesamos que tales extravíos mentales dificultan enormemente la inteligencia de la doctrina salvadora.
(…)
Un pensador no católico, Berdiaeff, en su conocido libro «Una nueva Edad Media», entrevé los primeros tenuísimos fulgores de un día que ya amanece. Este día no es para él sino un tiempo nuevo en el cual el género humano acatará amorosamente el Reinado de Jesucristo.
(…)
¡La Providencia divina!, ¡las promesas de Paray le Monial!: ¡Reinaré a pesar de mis enemigos! Estas palabras resonaban de continuo en el oído de Santa Margarita. ¿Cómo las entendía la santa? No lo sabemos de cierto. Algo nos dice de ello aquella promesa de Jesús en una de las grandes revelaciones: allí habla con más claridad; allí anuncia que su designio no es otro que la ruina del imperio de Satanás y la implantación en las almas del imperio de su amor.
(…)
Y S. S. Pío XI declara en su Encíclica «Miserentissimus Redemptor» que al instituir la fiesta de Cristo Rey se propuso dar complemento a lo que iniciaron los fieles en sus actos de consagración al Corazón de Jesús y afirma solemnemente que la celebración de la fiesta es, si, una proclamación de la Realeza de Cristo, pero además es un anticipo de aquel día venturoso en que el universo entero espontánea y libremente prestará su obediencia al Reinado suavísimo de Jesús.
(…)”
Ramón Orlandis, S.I.
(RCS)
sábado, outubro 28, 2006
¡Viva Cristo Rey!
Porque Dios creo al hombre como un ser social y porque Su Hijo Unico, Sacerdote, Profeta y Rey, tiene todo el derecho de reinar sobre las sociedades creadas por el Padre Eterno.
“El Dios sumo y verdadero, con su Verbo y el Espíritu Santo, tres que son uno, Dios uno y omnipotente, Creador y hacedor de todo alma y de todo cuerpo, por cuya participación son felices cuantos son felices por la verdad, no por la vanidad; que hizo al hombre animal racional de alma y cuerpo; que, en pecando éste, ni permitió que quedara sin castigo, ni le dejó sin misericordia; que dio a los buenos y a los malos ser con las piedras, vida seminal con los árboles, vida sensitiva con los animales, y vida intelectual con solos los ángeles; del cual procede todo modo, toda especia y todo orden; del cual promana la medida, el número y el peso; del cual procede cuanto naturalmente es, de cualquier género que sea y cualquiera que sea su valor; del que proceden los gérmenes de las plantas, y las formas de los gérmenes, y los movimientos de los gérmenes y de las formas; que dio también a la carne origen, belleza, complexión, fecundidad de propagación, disposición de miembros, salud y armonía; que dio al alma irracional memoria sentido y apetito, y a la racional además mente, inteligencia y voluntad; que no dejó sin conveniencia de parte y sin una especie de paz no sólo al cielo y a la tierra, ni sólo al ángel y al hombre, sino ni a los entresijos del más vil animalito, ni a la alita del ave, ni la florecilla de la hierba, ni una hoja de árbol, en modo alguno es creíble que quisiera fueran ajenas a las leyes de su Providencia los reinos de los hombres, sus señoríos y sus servidumbres.”
San Agustín, La Ciudad de Dios (libro 11, capítulo 5)
(RCS)
“El Dios sumo y verdadero, con su Verbo y el Espíritu Santo, tres que son uno, Dios uno y omnipotente, Creador y hacedor de todo alma y de todo cuerpo, por cuya participación son felices cuantos son felices por la verdad, no por la vanidad; que hizo al hombre animal racional de alma y cuerpo; que, en pecando éste, ni permitió que quedara sin castigo, ni le dejó sin misericordia; que dio a los buenos y a los malos ser con las piedras, vida seminal con los árboles, vida sensitiva con los animales, y vida intelectual con solos los ángeles; del cual procede todo modo, toda especia y todo orden; del cual promana la medida, el número y el peso; del cual procede cuanto naturalmente es, de cualquier género que sea y cualquiera que sea su valor; del que proceden los gérmenes de las plantas, y las formas de los gérmenes, y los movimientos de los gérmenes y de las formas; que dio también a la carne origen, belleza, complexión, fecundidad de propagación, disposición de miembros, salud y armonía; que dio al alma irracional memoria sentido y apetito, y a la racional además mente, inteligencia y voluntad; que no dejó sin conveniencia de parte y sin una especie de paz no sólo al cielo y a la tierra, ni sólo al ángel y al hombre, sino ni a los entresijos del más vil animalito, ni a la alita del ave, ni la florecilla de la hierba, ni una hoja de árbol, en modo alguno es creíble que quisiera fueran ajenas a las leyes de su Providencia los reinos de los hombres, sus señoríos y sus servidumbres.”
San Agustín, La Ciudad de Dios (libro 11, capítulo 5)
(RCS)
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Rafael Castela Santos
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sábado, outubro 28, 2006
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sexta-feira, outubro 27, 2006
De las turbias cloacas eclesiales en tiempos de Rampolla y otros menesteres
No se pierdan este fenomenal artículo de Pedro Rizo donde analiza uno de los períodos más turbulentos de la Iglesia, aquel donde los modernistas unen fuerzas con enemigos seculares de la Iglesia, como la Masonería, quienes de mano del Cardenal Rampolla intentaron poner a un Papa “de los suyos”. En aquel momento la jugada fue abortada y el Espíritu Santo la conjuró mandando a Pío X, que después fuera canonizado, y uno de los diques de contención del modernismo más importantes (sino el que más) de la historia.
Aquí se ve que la crisis de la Iglesia no es reciente, aunque haya tenido su punto de culminación y clímax en el Vaticano II al que, vistos los resultados, el calificativo de nefando se le convierte en epíteto.
En el fondo, como bien nos recuerda una y otra vez el Padre Castellani, el misterio de la iniquidad lleva trabajando desde el principio, porque la historia de Satanás contra Dios, y luego de la Sinagoga de Satanás contra la Iglesia de Jesucristo por emplear la terminología de San Juan, ha sido permanente. Pero en los últimos quinientos años ha alcanzado un momentum cuya culminación, mucho nos tememos, es inminente. Digo inminente en el sentido histórico, donde 25 años no es gran cosa, aunque sí lo puedan ser en la vida del ser humano. Cuesta creer dado el estado actual de cosas que algo serio y gravísimo no pase que sirva para purificar la Iglesia y la Cristiandad y, también, para castigar a los malos. Quién sabe si hasta la llegada del Anticristo está próxima, pero todo parece apuntar a ello.
Pero para que los malos sean castigados, primero han de triunfar ellos sobre los Santos y hacerles guerra, como nos recuerda el Apokalypsis. Y el castigo de los malos no irá exento de sangre inocente derramada. Así son los misterios de la Justicia de Dios.
En ese momento de negrura del Juicio de las Naciones y de la soberanía del Anticristo es cuando los católicos debemos recordar una y otra vez, como lo hacía San Juan de la Cruz, que el día empieza a medianoche. Claro que ese día, de la mano de Nuestro Salvador, será un súbito amanecer.
Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!
¡Ven pronto, Señor!
Rafael Castela Santos
Aquí se ve que la crisis de la Iglesia no es reciente, aunque haya tenido su punto de culminación y clímax en el Vaticano II al que, vistos los resultados, el calificativo de nefando se le convierte en epíteto.
En el fondo, como bien nos recuerda una y otra vez el Padre Castellani, el misterio de la iniquidad lleva trabajando desde el principio, porque la historia de Satanás contra Dios, y luego de la Sinagoga de Satanás contra la Iglesia de Jesucristo por emplear la terminología de San Juan, ha sido permanente. Pero en los últimos quinientos años ha alcanzado un momentum cuya culminación, mucho nos tememos, es inminente. Digo inminente en el sentido histórico, donde 25 años no es gran cosa, aunque sí lo puedan ser en la vida del ser humano. Cuesta creer dado el estado actual de cosas que algo serio y gravísimo no pase que sirva para purificar la Iglesia y la Cristiandad y, también, para castigar a los malos. Quién sabe si hasta la llegada del Anticristo está próxima, pero todo parece apuntar a ello.
Pero para que los malos sean castigados, primero han de triunfar ellos sobre los Santos y hacerles guerra, como nos recuerda el Apokalypsis. Y el castigo de los malos no irá exento de sangre inocente derramada. Así son los misterios de la Justicia de Dios.
En ese momento de negrura del Juicio de las Naciones y de la soberanía del Anticristo es cuando los católicos debemos recordar una y otra vez, como lo hacía San Juan de la Cruz, que el día empieza a medianoche. Claro que ese día, de la mano de Nuestro Salvador, será un súbito amanecer.
Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!
¡Ven pronto, Señor!
Rafael Castela Santos
quinta-feira, outubro 26, 2006
segunda-feira, outubro 23, 2006
Pureza de ideales, pureza de pensamiento y sacrificio
“Pureza de Ideales ha de ser lema de la juventud. Pureza de pensamiento. Un afán de ejemplo, de sacrificio; que la bastardía no anida en corazones españoles y pertenecemos a una raza de hidalgos que, pobres y remendados, supieron imponer a un mundo sus leyes y su fe y llevaron sus banderas a través del Atlántico.
Bosque de árboles corpulentos y robustos ha de ser la juventud española, con los troncos altos y esbeltos, que eleven sus copas al cielo, pero apretados, unidos, para ser más fuertes, y no como aquellos intentos anárquicos que, con sus troncos deformados, se mostraban incapaces de dar madera para la construcción de la Patria, ni de prestar servicio alguno a la madre España.
Ayer fueron nuestras Universidades, nuestros Colegios Mayores, nuestros Seminarios, los que cuidaron de la juventud, los que guiaron su camino, los que instruyeron a la infancia, los que le imprimieron esa espiritualidad, esa Fe, ese entusiasmo de aquellas otras juventudes que hicieron renacer la edad dorada, en que se suceden los triunfos, en que se suceden las glorias; aquella edad dorada, fruto de una espiritualidad, espiritualidad que incrementamos mucho, y espiritualidad que fue decayendo, que fue perdiéndose al tiempo que entraban en el solar español los extranjerismos, al tiempo que el materialismo invadía todas las actividades.
Y conforme se iba perdiendo la pureza de costumbres, la pureza de pensamientos, la idea de sacrificio, surgían las épocas degeneradas, surgieron esas juventudes que vieron perder un Imperio y no alzaron los brazos como vosotros, ni se movieron como vosotros.
Por eso, hemos de cuidar la educación de la juventud, de eso, hemos de cuidar la educación de la juventud, de esta juventud gloriosa, de esta juventud ejemplar, que haciendo un lema de la disciplina y de la jerarquía, no bastardea, al servicio de la Nueva España.”
Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España
Discurso a las Juventudes del S.E.U. (12 de octubre de 1937)
(RCS)
Bosque de árboles corpulentos y robustos ha de ser la juventud española, con los troncos altos y esbeltos, que eleven sus copas al cielo, pero apretados, unidos, para ser más fuertes, y no como aquellos intentos anárquicos que, con sus troncos deformados, se mostraban incapaces de dar madera para la construcción de la Patria, ni de prestar servicio alguno a la madre España.
Ayer fueron nuestras Universidades, nuestros Colegios Mayores, nuestros Seminarios, los que cuidaron de la juventud, los que guiaron su camino, los que instruyeron a la infancia, los que le imprimieron esa espiritualidad, esa Fe, ese entusiasmo de aquellas otras juventudes que hicieron renacer la edad dorada, en que se suceden los triunfos, en que se suceden las glorias; aquella edad dorada, fruto de una espiritualidad, espiritualidad que incrementamos mucho, y espiritualidad que fue decayendo, que fue perdiéndose al tiempo que entraban en el solar español los extranjerismos, al tiempo que el materialismo invadía todas las actividades.
Y conforme se iba perdiendo la pureza de costumbres, la pureza de pensamientos, la idea de sacrificio, surgían las épocas degeneradas, surgieron esas juventudes que vieron perder un Imperio y no alzaron los brazos como vosotros, ni se movieron como vosotros.
Por eso, hemos de cuidar la educación de la juventud, de eso, hemos de cuidar la educación de la juventud, de esta juventud gloriosa, de esta juventud ejemplar, que haciendo un lema de la disciplina y de la jerarquía, no bastardea, al servicio de la Nueva España.”
Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España
Discurso a las Juventudes del S.E.U. (12 de octubre de 1937)
(RCS)
A Missa de rito latino-gregoriano - 6
O Padre Daniel Cooper inicia a análise das orações que constituem o ordinário da Missa tradicional.
JSarto
As toupeiras vermelhas - 3
O "Pacto de Metz", ou a razão por que o comunismo não foi condenado pelo V2. Uma história bem triste e sórdida…
JSarto
JSarto
Vamos travar o bom combate!

Conforme sustentava Charles Maurras, não existem causas antecipadamente perdidas! Por isso, eis que surge agora o "Pela Vida", um blogue colectivo em defesa da vida humana inocente e indefesa, do qual muito me honra ser um dos colaboradores.
JSarto
JSarto
sábado, outubro 21, 2006
A Missa de rito latino-gregoriano - 5
O abuso da comunhão na mão. Sublinhe-se que a prática de os leigos comungarem sob ambas as espécies consagradas a que o Padre Daniel Cooper alude, muito comum em todos os Estados Unidos nas paróquias da Igreja pós-conciliar, não foi adoptada pelas dioceses nacionais.
JSarto
JSarto
sexta-feira, outubro 20, 2006
Aborto, imagens e palavras - 4

Os bispos portugueses pronunciaram-se em nota pastoral publicada no dia de ontem, intitulada "Razões para escolher a vida", sobre a questão do aborto. Congratulamo-nos com a posição agora assumida, a única possível face à doutrina tradicional católica, e transcrevemos de seguida a referida nota, sendo os destaques feitos da nossa exclusiva responsabilidade:
1. A Assembleia da República decidiu sujeitar, mais uma vez, a referendo popular o alargamento das condições legais para a interrupção voluntária da gravidez, acto vulgarmente designado por aborto voluntário. Esta proposta já foi rejeitada em referendo anterior, embora a percentagem de opiniões expressas não tivesse sido suficiente para tornar a escolha do eleitorado constitucionalmente irreversível, o que foi aproveitado pelos defensores do alargamento legal do aborto voluntário.
Nós, Bispos Católicos, sentimos perplexidade acerca desta situação. Antes de mais porque acreditamos, como o fez a Igreja desde os primeiros séculos, que a vida humana, com toda a sua dignidade, existe desde o primeiro momento da concepção. Porque consideramos a vida humana um valor absoluto, a defender e a promover em todas as circunstâncias, achamos que ela não é referendável e que nenhuma lei permissiva respeita os valores éticos fundamentais acerca da Vida, o que se aplica também à Lei já aprovada. Uma hipotética vitória do “não” no próximo referendo não significa a nossa concordância com a Lei vigente.
2. Para os fiéis católicos o aborto provocado é um pecado grave porque é uma violação do 5º Mandamento da Lei de Deus, “não matarás”, e é-o mesmo quando legalmente permitido.
Mas este mandamento limita-se a exprimir um valor da lei natural, fundamento de uma ética universal. O aborto não é, pois, uma questão exclusivamente da moral religiosa; ele agride valores universais de respeito pela vida. Para os crentes acresce o facto de, na Sua Lei, Deus ter confirmado que esse valor universal é Sua vontade.
Não podemos, pois, deixar de dizer aos fiéis católicos que devem votar “não” e ajudar a esclarecer outras pessoas sobre a dignidade da vida humana, desde o seu primeiro momento. O período de debate e esclarecimento que antecede o referendo não é uma qualquer campanha política, mas sim um período de esclarecimento das consciências. A escolha no dia do referendo é uma opção de consciência, que não deve ser influenciada por políticas e correntes de opinião. Nós, os Bispos, não entramos em campanhas de tipo político, mas não podemos deixar de contribuir para o esclarecimento das consciências. Pensamos particularmente nos jovens, muitos dos quais votam pela primeira vez e para quem a vida é uma paixão e tem de ser uma descoberta.
Assim enunciamos, de modo simples, as razões para votar “não” e escolher a Vida:
1ª. O ser humano está todo presente desde o início da vida, quando ela é apenas embrião. E esta é hoje uma certeza confirmada pela Ciência: todas as características e potencialidades do ser humano estão presentes no embrião. A vida é, a partir desse momento, um processo de desenvolvimento e realização progressiva, que só acabará na morte natural. O aborto provocado, sejam quais forem as razões que levam a ele, é sempre uma violência injusta contra um ser humano, que nenhuma razão justifica eticamente.
2ª. A legalização não é o caminho adequado para resolver o drama do “aborto clandestino”, que acrescenta aos traumas espirituais no coração da mulher-mãe que interrompe a sua gravidez, os riscos de saúde inerentes à precariedade das situações em que consuma esse acto. Não somos insensíveis a esse drama; na confidencialidade do nosso ministério conhecemos-lhe dimensões que mais ninguém conhece. A luta contra este drama social deve empenhar todos e passa por um planeamento equilibrado da fecundidade, por um apoio decisivo às mulheres para quem a maternidade é difícil, pela dissuasão de todos os que intervêm lateralmente no processo, frequentemente com meros fins lucrativos.
3ª. Não se trata de uma mera “despenalização”, mas sim de uma “liberalização legalizada”, pois cria-se um direito cívico, de recurso às instituições públicas de saúde, preparadas para defender a vida e pagas com dinheiro de todos os cidadãos.
“Penalizar” ou “despenalizar” o aborto clandestino, é uma questão de Direito Penal. Nunca fizemos disso uma prioridade na nossa defesa da vida, porque pensamos que as mulheres que passam por essa provação precisam mais de um tratamento social do que penal. Elas precisam de ser ajudadas e não condenadas; foi a atitude de Jesus perante a mulher surpreendida em adultério: “alguém te condenou?... Eu também não te condeno. Vai e doravante não tornes a pecar”. [ver as nossas "Telegráficas sobre o aborto"]
Mas nem todas as mulheres que abortam estão nas mesmas circunstâncias e há outros intervenientes no aborto que merecem ser julgados. É que tirar a vida a um ser humano é, em si mesmo, criminoso.
4ª. O aborto não é um direito da mulher. Ninguém tem direito de decidir se um ser humano vive ou não vive, mesmo que seja a mãe que o acolheu no seu ventre. A mulher tem o direito de decidir se concebe ou não. Mas desde que uma vida foi gerada no seu seio, é outro ser humano, em relação ao qual tem particular obrigação de o proteger e defender.
5ª. O aborto não é uma questão política, mas de direitos fundamentais. O respeito pela vida é o principal fundamento da ética, e está profundamente impresso na nossa cultura. É função das leis promoverem a prática desse respeito pela vida. A lei sobre a qual os portugueses vão ser consultados em referendo, a ser aprovada, significa a degenerescência da própria lei. Seria mais um caso em que aquilo que é legal não é moral.
3. Pedimos a todos os fiéis católicos e a quantos partilham connosco esta visão da vida, que se empenhem neste esclarecimento das consciências. Façam-no com serenidade, com respeito e com um grande amor à vida. E encorajamos as pessoas e instituições que já se dedicam generosamente às mães em dificuldade e às próprias crianças que conseguiram nascer.
Lisboa, 19 de Outubro de 2006
JSarto
1. A Assembleia da República decidiu sujeitar, mais uma vez, a referendo popular o alargamento das condições legais para a interrupção voluntária da gravidez, acto vulgarmente designado por aborto voluntário. Esta proposta já foi rejeitada em referendo anterior, embora a percentagem de opiniões expressas não tivesse sido suficiente para tornar a escolha do eleitorado constitucionalmente irreversível, o que foi aproveitado pelos defensores do alargamento legal do aborto voluntário.
Nós, Bispos Católicos, sentimos perplexidade acerca desta situação. Antes de mais porque acreditamos, como o fez a Igreja desde os primeiros séculos, que a vida humana, com toda a sua dignidade, existe desde o primeiro momento da concepção. Porque consideramos a vida humana um valor absoluto, a defender e a promover em todas as circunstâncias, achamos que ela não é referendável e que nenhuma lei permissiva respeita os valores éticos fundamentais acerca da Vida, o que se aplica também à Lei já aprovada. Uma hipotética vitória do “não” no próximo referendo não significa a nossa concordância com a Lei vigente.
2. Para os fiéis católicos o aborto provocado é um pecado grave porque é uma violação do 5º Mandamento da Lei de Deus, “não matarás”, e é-o mesmo quando legalmente permitido.
Mas este mandamento limita-se a exprimir um valor da lei natural, fundamento de uma ética universal. O aborto não é, pois, uma questão exclusivamente da moral religiosa; ele agride valores universais de respeito pela vida. Para os crentes acresce o facto de, na Sua Lei, Deus ter confirmado que esse valor universal é Sua vontade.
Não podemos, pois, deixar de dizer aos fiéis católicos que devem votar “não” e ajudar a esclarecer outras pessoas sobre a dignidade da vida humana, desde o seu primeiro momento. O período de debate e esclarecimento que antecede o referendo não é uma qualquer campanha política, mas sim um período de esclarecimento das consciências. A escolha no dia do referendo é uma opção de consciência, que não deve ser influenciada por políticas e correntes de opinião. Nós, os Bispos, não entramos em campanhas de tipo político, mas não podemos deixar de contribuir para o esclarecimento das consciências. Pensamos particularmente nos jovens, muitos dos quais votam pela primeira vez e para quem a vida é uma paixão e tem de ser uma descoberta.
Assim enunciamos, de modo simples, as razões para votar “não” e escolher a Vida:
1ª. O ser humano está todo presente desde o início da vida, quando ela é apenas embrião. E esta é hoje uma certeza confirmada pela Ciência: todas as características e potencialidades do ser humano estão presentes no embrião. A vida é, a partir desse momento, um processo de desenvolvimento e realização progressiva, que só acabará na morte natural. O aborto provocado, sejam quais forem as razões que levam a ele, é sempre uma violência injusta contra um ser humano, que nenhuma razão justifica eticamente.
2ª. A legalização não é o caminho adequado para resolver o drama do “aborto clandestino”, que acrescenta aos traumas espirituais no coração da mulher-mãe que interrompe a sua gravidez, os riscos de saúde inerentes à precariedade das situações em que consuma esse acto. Não somos insensíveis a esse drama; na confidencialidade do nosso ministério conhecemos-lhe dimensões que mais ninguém conhece. A luta contra este drama social deve empenhar todos e passa por um planeamento equilibrado da fecundidade, por um apoio decisivo às mulheres para quem a maternidade é difícil, pela dissuasão de todos os que intervêm lateralmente no processo, frequentemente com meros fins lucrativos.
3ª. Não se trata de uma mera “despenalização”, mas sim de uma “liberalização legalizada”, pois cria-se um direito cívico, de recurso às instituições públicas de saúde, preparadas para defender a vida e pagas com dinheiro de todos os cidadãos.
“Penalizar” ou “despenalizar” o aborto clandestino, é uma questão de Direito Penal. Nunca fizemos disso uma prioridade na nossa defesa da vida, porque pensamos que as mulheres que passam por essa provação precisam mais de um tratamento social do que penal. Elas precisam de ser ajudadas e não condenadas; foi a atitude de Jesus perante a mulher surpreendida em adultério: “alguém te condenou?... Eu também não te condeno. Vai e doravante não tornes a pecar”. [ver as nossas "Telegráficas sobre o aborto"]
Mas nem todas as mulheres que abortam estão nas mesmas circunstâncias e há outros intervenientes no aborto que merecem ser julgados. É que tirar a vida a um ser humano é, em si mesmo, criminoso.
4ª. O aborto não é um direito da mulher. Ninguém tem direito de decidir se um ser humano vive ou não vive, mesmo que seja a mãe que o acolheu no seu ventre. A mulher tem o direito de decidir se concebe ou não. Mas desde que uma vida foi gerada no seu seio, é outro ser humano, em relação ao qual tem particular obrigação de o proteger e defender.
5ª. O aborto não é uma questão política, mas de direitos fundamentais. O respeito pela vida é o principal fundamento da ética, e está profundamente impresso na nossa cultura. É função das leis promoverem a prática desse respeito pela vida. A lei sobre a qual os portugueses vão ser consultados em referendo, a ser aprovada, significa a degenerescência da própria lei. Seria mais um caso em que aquilo que é legal não é moral.
3. Pedimos a todos os fiéis católicos e a quantos partilham connosco esta visão da vida, que se empenhem neste esclarecimento das consciências. Façam-no com serenidade, com respeito e com um grande amor à vida. E encorajamos as pessoas e instituições que já se dedicam generosamente às mães em dificuldade e às próprias crianças que conseguiram nascer.
Lisboa, 19 de Outubro de 2006
JSarto
terça-feira, outubro 17, 2006
As toupeiras vermelhas - 2

Na sequência do postal anterior, recordei-me de uma entrevista que li há uns meses atrás, originalmente concedida por Alice von Hildebrand (viúva de Dietrich von Hildebrand) à "The Latin Mass Magazine", número do Verão de 2001, e republicada no blogue católico tradicional norte-americano "Scriptures and Catholic Tradition". Recomendando vivamente a leitura integral de tal entrevista, transcrevo neste espaço as seguintes passagens da mesma, por as considerar de importância crucial. Aqui as deixo:
TLM: You realize, of course, Doctor, that as soon as you mention this idea of infiltration, there will be those who roll their eyes in exasperation and remark, "Not another conspiracy theory!"
AVH: I can only tell you what I know. It is a matter of public record, for instance, that Bella Dodd, the ex-Communist who reconverted to the Church, openly spoke of the Communist Party's deliberate infiltration of agents into the seminaries. She told my husband and me that when she was an active party member, she had dealt with no fewer than four cardinals within the Vatican "who were working for us."
Many a time I have heard Americans say that Europeans "smell conspiracy wherever they go." But from the beginning, the Evil One has "conspired" against the Church -- and has always aimed in particular at destroying the mass and sapping belief in the Real Presence of Christ in the Eucharist. That some people are empted to blow this undeniable fact out of proportion is no reason for denying its reality. On the other hand, I, European born, am tempted to say that many Americans are naive; living in a country that has been blessed by peace, and knowing little about history, they are more likely than Europeans (whose history is a tumultuous one) to fall prey to illusion. Rousseau has had an enormous influence in the United States. When Christ said to His apostles at the Last Supper that "one of you will betray me," the apostles were stunned. Judas had played his hand so artfully that no one suspected him, for a cunning conspirator knows how to cover his tracks with a show of orthodoxy.
TLM: Do the books by the Italian priest you mentioned before the interview contain documentation that would provide evidence of this infiltration?AVH: The two books I mentioned were published in 1998 and 2000 by an Italian priest, Don Luigi Villa of the diocese of Brescia, who at the request of Padre Pio has devoted many years of his life to the investigation of the possible infiltration of both Freemasons and Communists into the Church. My husband and I met Don Villa in the sixties. He claims that he does not make any statement that he cannot substantiate. When Paulo Sesto Beato? (1998) was published the book was sent to every single Italian bishop. None of them acknowledged receipt; none challenged any of Don Villa's claims.
In this book, he relates something that no ecclesiastical authority has refuted or asked to be retracted -- even though he names particular personalities in regard to the incident. It pertains to the rift between Pope Pius XII and then Bishop Montini (the future Paul VI) who was his Undersecretary of State. Pius XII, conscious of the threat of Communism, which in the aftermath of World War II was dominating nearly half of Europe, had prohibited the Vatican staff from dealing with Moscow. To his dismay, he was informed one day through the Bishop of Upsala (Sweden) that his strict order had been contravened. The Pope resisted giving credence to this rumor until he was given incontrovertible evidence that Montini had been corresponding with various Soviet agencies. Meanwhile, Pope Pius XII (as had Pius XI) had been sending priests clandestinely into Russia to give comfort to Catholics behind the Iron Curtain. Every one of them had been systematically arrested, tortured, and either executed or sent to the gulag. Eventually a Vatican mole was discovered: Alighiero Tondi, S.J., who was a close advisor to Montini. Tondi was an agent working for Stalin whose mission was to keep Moscow informed about initiatives such as the sending of priests into the Soviet Union.
Add to this Pope Paul's treatment of Cardinal Mindszenty. Against his will, Mindszenty was ordered by the Vatican to leave Budapest. As most everyone knows, he had escaped the Communists and sought refuge in the American embassy compound. The Pope had given him his solemn promise that he would remain primate of Hungary as long as he lived. When the Cardinal (who had been tortured by the Communists) arrived in Rome, Paul VI embraced him warmly, but then sent him to exile in Vienna. Shortly afterwards, this holy prelate was informed that he had been demoted, and had been replaced by someone more acceptable to the Hungarian Communist government. More puzzling, and tragically sad, is the fact that when Mindszenty died, no Church representative was present at his burial.
Another of Don Villa's illustrations of infiltration is one related to him by Cardinal Gagnon. Paul VI had asked Gagnon to head an investigation concerning the infiltration of the Church by powerful enemies. Cardinal Gagnon (at that time Archbishop) accepted this unpleasant task, and compiled a long dossier, rich in worrisome facts. When the work was completed, he requested an audience with Pope Paul in order to deliver personally the manuscript to the Pontiff. This request for a meeting was denied. The Pope sent word that the document should be placed in the offices of the Congregation for the Clergy, specifically in a safe with a double lock. This was done, by the very next day the safe deposit box was broken and the manuscript mysteriously disappeared. The usual policy of the Vatican is to make sure the news of such incidents never sees the light of day. Nevertheless, this theft was reported even in L'Osservatore Romano (perhaps under pressure because it had been reported in the secular press). Cardinal Gagnon, of course, had a copy, and once again asked the Pope for a private audience. Once again his request was denied. He then decided to leave Rome and return to his homeland in Canada. Later, he was called back to Rome by Pope John Paul II and made a cardinal.
TLM: Why did Don Villa write these works singling out Paul VI for criticism?
AVH: Don Villa reluctantly decided to publish the books to which I have alluded. But when several bishops pushed for beatification of Paul VI, this priest perceived it as a clarion call to print the information he had gathered through the years. In so doing, he was following the guidelines of a Roman Congregation, informing the faithful that it was their duty as members of the Church to relay to the Congregation any information that might militate against the candidate's qualifications for beatification.
Considering the tumultuous pontificate of Paul VI, and the confusing signals he was giving, e.g.: speaking about the "smoke of Satan that had entered the Church," yet refusing to condemn heresies officially; his promulgation of Humanae Vitae (the glory of his pontificate), yet his careful avoidance of proclaiming it ex cathedra; delivering his Credo of the People of God in Piazza San Pietro in 1968, and once again failing to declare it binding on all Catholics; disobeying the strict orders of Pius XII to have no contact with Moscow, and appeasing the Hungarian Communist government by reneging on the solemn promise he had made to Cardinal Mindszenty; his treatment of holy Cardinal Slipyj, who had spent seventeen years in a Gulag, only to be made a virtual prisoner in the Vatican by Paul VI; and finally asking Archbishop Gagnon to investigate possible infiltration in the Vatican, only to refuse him and audience when his work was completed -- all these speak strongly against the beatification of Paolo VI, dubbed in Rome, "Paolo Sesto, Mesto" (Paul VI, the sad one).
That the duty to publish this depressing information was onerous and cost Don Villa great sorrow cannot be doubted. Any Catholic rejoices when he can look up to a Pope with boundless veneration. But Catholics also know that even though Christ never promised He would give us perfect leaders, He did promise that the gates of hell shall not prevail. Let us not forget that even thought the Church has had some very bad popes, and some mediocre ones, she ahs been blessed with many great popes. Eighty of them have been canonized and several have been beatified. This is a success story that does not bear parallel in the secular world.
God alone is the judge of Paul VI. But it cannot be denied that his pontificate was a very complex and tragic one. It was under him that, in the course of fifteen years, more changes were introduced in the Church than in all preceding centuries combined. What is worrisome is that we read the testimony of ex-Communists like Bella Dodd, and study Freemasonic documents (dating from the nineteenth century, and usually penned by fallen-away priests like Paul Roca), we can see that to a large extent, their agenda has been carried out: the exodus of priests and nuns after Vatican II, dissenting theologians not censured, feminism, the pressure put on Rome to abolish priestly celibacy, immorality in the clergy, blasphemous liturgies (see articles by David Hart in First Things, April 2001, "The Future of the Papacy"), the radical changes that have been introduced into the sacred liturgy (see Cardinal Ratzinger's book Milestones , pp. 126 and 148, Ignatius Press), and a misleading ecumenism. Only a blind person could deny that many of the Enemy's plan have been perfectly carried out.
JSarto
TLM: You realize, of course, Doctor, that as soon as you mention this idea of infiltration, there will be those who roll their eyes in exasperation and remark, "Not another conspiracy theory!"
AVH: I can only tell you what I know. It is a matter of public record, for instance, that Bella Dodd, the ex-Communist who reconverted to the Church, openly spoke of the Communist Party's deliberate infiltration of agents into the seminaries. She told my husband and me that when she was an active party member, she had dealt with no fewer than four cardinals within the Vatican "who were working for us."
Many a time I have heard Americans say that Europeans "smell conspiracy wherever they go." But from the beginning, the Evil One has "conspired" against the Church -- and has always aimed in particular at destroying the mass and sapping belief in the Real Presence of Christ in the Eucharist. That some people are empted to blow this undeniable fact out of proportion is no reason for denying its reality. On the other hand, I, European born, am tempted to say that many Americans are naive; living in a country that has been blessed by peace, and knowing little about history, they are more likely than Europeans (whose history is a tumultuous one) to fall prey to illusion. Rousseau has had an enormous influence in the United States. When Christ said to His apostles at the Last Supper that "one of you will betray me," the apostles were stunned. Judas had played his hand so artfully that no one suspected him, for a cunning conspirator knows how to cover his tracks with a show of orthodoxy.
TLM: Do the books by the Italian priest you mentioned before the interview contain documentation that would provide evidence of this infiltration?AVH: The two books I mentioned were published in 1998 and 2000 by an Italian priest, Don Luigi Villa of the diocese of Brescia, who at the request of Padre Pio has devoted many years of his life to the investigation of the possible infiltration of both Freemasons and Communists into the Church. My husband and I met Don Villa in the sixties. He claims that he does not make any statement that he cannot substantiate. When Paulo Sesto Beato? (1998) was published the book was sent to every single Italian bishop. None of them acknowledged receipt; none challenged any of Don Villa's claims.
In this book, he relates something that no ecclesiastical authority has refuted or asked to be retracted -- even though he names particular personalities in regard to the incident. It pertains to the rift between Pope Pius XII and then Bishop Montini (the future Paul VI) who was his Undersecretary of State. Pius XII, conscious of the threat of Communism, which in the aftermath of World War II was dominating nearly half of Europe, had prohibited the Vatican staff from dealing with Moscow. To his dismay, he was informed one day through the Bishop of Upsala (Sweden) that his strict order had been contravened. The Pope resisted giving credence to this rumor until he was given incontrovertible evidence that Montini had been corresponding with various Soviet agencies. Meanwhile, Pope Pius XII (as had Pius XI) had been sending priests clandestinely into Russia to give comfort to Catholics behind the Iron Curtain. Every one of them had been systematically arrested, tortured, and either executed or sent to the gulag. Eventually a Vatican mole was discovered: Alighiero Tondi, S.J., who was a close advisor to Montini. Tondi was an agent working for Stalin whose mission was to keep Moscow informed about initiatives such as the sending of priests into the Soviet Union.
Add to this Pope Paul's treatment of Cardinal Mindszenty. Against his will, Mindszenty was ordered by the Vatican to leave Budapest. As most everyone knows, he had escaped the Communists and sought refuge in the American embassy compound. The Pope had given him his solemn promise that he would remain primate of Hungary as long as he lived. When the Cardinal (who had been tortured by the Communists) arrived in Rome, Paul VI embraced him warmly, but then sent him to exile in Vienna. Shortly afterwards, this holy prelate was informed that he had been demoted, and had been replaced by someone more acceptable to the Hungarian Communist government. More puzzling, and tragically sad, is the fact that when Mindszenty died, no Church representative was present at his burial.
Another of Don Villa's illustrations of infiltration is one related to him by Cardinal Gagnon. Paul VI had asked Gagnon to head an investigation concerning the infiltration of the Church by powerful enemies. Cardinal Gagnon (at that time Archbishop) accepted this unpleasant task, and compiled a long dossier, rich in worrisome facts. When the work was completed, he requested an audience with Pope Paul in order to deliver personally the manuscript to the Pontiff. This request for a meeting was denied. The Pope sent word that the document should be placed in the offices of the Congregation for the Clergy, specifically in a safe with a double lock. This was done, by the very next day the safe deposit box was broken and the manuscript mysteriously disappeared. The usual policy of the Vatican is to make sure the news of such incidents never sees the light of day. Nevertheless, this theft was reported even in L'Osservatore Romano (perhaps under pressure because it had been reported in the secular press). Cardinal Gagnon, of course, had a copy, and once again asked the Pope for a private audience. Once again his request was denied. He then decided to leave Rome and return to his homeland in Canada. Later, he was called back to Rome by Pope John Paul II and made a cardinal.
TLM: Why did Don Villa write these works singling out Paul VI for criticism?
AVH: Don Villa reluctantly decided to publish the books to which I have alluded. But when several bishops pushed for beatification of Paul VI, this priest perceived it as a clarion call to print the information he had gathered through the years. In so doing, he was following the guidelines of a Roman Congregation, informing the faithful that it was their duty as members of the Church to relay to the Congregation any information that might militate against the candidate's qualifications for beatification.
Considering the tumultuous pontificate of Paul VI, and the confusing signals he was giving, e.g.: speaking about the "smoke of Satan that had entered the Church," yet refusing to condemn heresies officially; his promulgation of Humanae Vitae (the glory of his pontificate), yet his careful avoidance of proclaiming it ex cathedra; delivering his Credo of the People of God in Piazza San Pietro in 1968, and once again failing to declare it binding on all Catholics; disobeying the strict orders of Pius XII to have no contact with Moscow, and appeasing the Hungarian Communist government by reneging on the solemn promise he had made to Cardinal Mindszenty; his treatment of holy Cardinal Slipyj, who had spent seventeen years in a Gulag, only to be made a virtual prisoner in the Vatican by Paul VI; and finally asking Archbishop Gagnon to investigate possible infiltration in the Vatican, only to refuse him and audience when his work was completed -- all these speak strongly against the beatification of Paolo VI, dubbed in Rome, "Paolo Sesto, Mesto" (Paul VI, the sad one).
That the duty to publish this depressing information was onerous and cost Don Villa great sorrow cannot be doubted. Any Catholic rejoices when he can look up to a Pope with boundless veneration. But Catholics also know that even though Christ never promised He would give us perfect leaders, He did promise that the gates of hell shall not prevail. Let us not forget that even thought the Church has had some very bad popes, and some mediocre ones, she ahs been blessed with many great popes. Eighty of them have been canonized and several have been beatified. This is a success story that does not bear parallel in the secular world.
God alone is the judge of Paul VI. But it cannot be denied that his pontificate was a very complex and tragic one. It was under him that, in the course of fifteen years, more changes were introduced in the Church than in all preceding centuries combined. What is worrisome is that we read the testimony of ex-Communists like Bella Dodd, and study Freemasonic documents (dating from the nineteenth century, and usually penned by fallen-away priests like Paul Roca), we can see that to a large extent, their agenda has been carried out: the exodus of priests and nuns after Vatican II, dissenting theologians not censured, feminism, the pressure put on Rome to abolish priestly celibacy, immorality in the clergy, blasphemous liturgies (see articles by David Hart in First Things, April 2001, "The Future of the Papacy"), the radical changes that have been introduced into the sacred liturgy (see Cardinal Ratzinger's book Milestones , pp. 126 and 148, Ignatius Press), and a misleading ecumenism. Only a blind person could deny that many of the Enemy's plan have been perfectly carried out.
JSarto
As toupeiras vermelhas - 1
Recordações da Ilha de Jesus, Terceira, Açores, 2006 - 2




Ainda na Igreja do Colégio. De cima para baixo: 1º) Estátua do Beato João Baptista Machado, S.J., mártir do Japão; 2º) Relicário de Santo Inácio, num altar lateral; 3º) Pormenor de uma das paredes da sacristia forrada a azulejos holandeses; 4º) Altar lateral com as armas da Companhia de Jesus (trabalho de embutidos de madeira).
JSarto
segunda-feira, outubro 16, 2006
O Papa Bento XVI e a tradição - 6

A ler:
- "The Ideological re-writing of the Second Vatican Council and Fundamental Misinterpretations", a propósito das muitas incorrecções que nos últimos dias têm sido proferidas na comunicação social (e não só) acerca da "missa em latim", no "The New Liturgical Movement";
- "The Possible Future of the Tridentine Liturgy: An Analysis", onde se alvitra sobre as modalidades de que se poderá revestir o esperado indulto papal relativo à Missa Tradicional de rito latino-gregoriano, também no "The New Liturgical Movement". Pela nossa parte, embora vejamos muito positivamente a libertação total do rito tradicional, ainda que a título de rito extraordinário da Igreja do Ocidente, nem por isso nos olvidamos do conteúdo da sempre vigente bula "Quo Primum", de São Pio V;
- "Traditional Mass document said to be imminent", no "Athanasius Contra Mundum";
- "What you will not find here", no "Rorate-Caeli".
Estes dois últimos artigos aconselham sabiamente à prudência no assunto e ao redobrar oração, para que o objectivo tão querido a todos os católicos fiéis à tradição possa ser alcançado - a libertação completa da Missa Tradicional de rito latino-gregoriano das amarras que a tolhem.
JSarto
- "The Ideological re-writing of the Second Vatican Council and Fundamental Misinterpretations", a propósito das muitas incorrecções que nos últimos dias têm sido proferidas na comunicação social (e não só) acerca da "missa em latim", no "The New Liturgical Movement";
- "The Possible Future of the Tridentine Liturgy: An Analysis", onde se alvitra sobre as modalidades de que se poderá revestir o esperado indulto papal relativo à Missa Tradicional de rito latino-gregoriano, também no "The New Liturgical Movement". Pela nossa parte, embora vejamos muito positivamente a libertação total do rito tradicional, ainda que a título de rito extraordinário da Igreja do Ocidente, nem por isso nos olvidamos do conteúdo da sempre vigente bula "Quo Primum", de São Pio V;
- "Traditional Mass document said to be imminent", no "Athanasius Contra Mundum";
- "What you will not find here", no "Rorate-Caeli".
Estes dois últimos artigos aconselham sabiamente à prudência no assunto e ao redobrar oração, para que o objectivo tão querido a todos os católicos fiéis à tradição possa ser alcançado - a libertação completa da Missa Tradicional de rito latino-gregoriano das amarras que a tolhem.
JSarto
Ennio Morricone - "The Good, The Bad and The Ugly"
E já que chamei Ennio Morricone à colação, aqui fica "The Good, The Bad and The Ugly".
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