domingo, outubro 15, 2006

Aborto, imagens e palavras - 3


Feto de dez semanas fotografado pelo Professor Stuart Campbell, no ano de 2004, com recurso à técnica da ecografia tridimensional. Este obstetra e ginecologista britânico é autor do extraordinário livro "Watch me Grow", que possui uma tradução portuguesa intitulada exactamente "Vejam-me… Crescer!", publicada pela Edicare. Sobre as fotografias de Stuart Campbell, conhecer mais pormenores aqui e aqui.

Como todos sabem, os aborcionistas pretendem liberalizar completamente o crime do aborto até às dez semanas, arguindo com sofística e inescrupulosa má-fé que nesse momento ainda não nos encontramos perante um ser humano…

JSarto

Uma reflexão profética de Dietrich von Hildebrand

De "La Vigne Ravagée", tradução francesa de "Devastated Vineyard", da autoria do grande Dietrich von Hildebrand, obra originalmente publicada no ano de 1973, transcrevo de seguida alguns trechos do capítulo apropriadamente chamado "La Grande Déception", onde o ilustre tradicionalista arrasa a reforma litúrgica do V2. Era minha vontade publicar tal capítulo na sua totalidade, tão importante que ele é, mas devido aos condicionalismos de espaço e tempo óbvios, aqui ficam as partes mais importantes do mesmo:

Au cours du deuxième Concile du Vatican on espérait le grande Renouveau de la Religion, sa "déconventionalisation" et son approfondissement. Mais si quelqu'un venait à considerer, sans parti pris, l'Eglise d'aujourd'hui et la comparait à l'Église de 1956, qu'est-ce qui lui sauterait le plus aux yeux? Des changements, certes, mais quant à un renouveau et à un approfondissement de la foi en la Révelation du Christ, telle que elle est formulée dans le "depositum fidei", quant à une vie plus active dans le Christ, à une imitation plus fidèle du Christ, il rechercherait tout cela en vain.

(...)

La nouvelle liturgie, on le peut dire, n'est pas sortie des mains de saints, d'"homines religiosi", ni même d'artistes ou de poètes. Elle a été fabriquée par de soi-disant experts qui n'avaient nulle conscience de leur inaptitude pour une telle tache en notre temps, et de leur manque total de talent. De nos jours, on rencontre des hommes remarquables dans les domaines de la technique et de la recherche medicale. Il n'en est pas hélas! pour produire organiquement des expressions nouvelles dans le domaine religieux. Notre monde est dépoétisé. Il est pratique. Il est vulgaire. Raison de plus, nous semble-t-il, pour s'approcher avec un infini respect des trésors religieux que nous ont transmis des âges plus heureux, et non oser prétendre faire mieux que les saints et artistes de siècles du passé!

(...)

En verité, si l'un des démons du roman "Screwtape Letters" de C. S. Lewis s'était vu confier le sabotage de la liturgie, il n'aurait pas fait mieux!

Hier encore, l'attitude de notre corps elle-même jouait un rôle d'expression religieuse, combien profonde: s'asseoir pour entendre la Lecture et à l'Offertoire, se tenir debout au Gloria, à l'Evangile et au Credo et se tenir à genoux en adoration tout au long du Canon. Et aujourd'hui? Une sucession ininterrompue de "debout", "assis", comme à la caserne ou à l'école, qui nuit au recueillement de tous.

(...)

Le latin universel, qui, à travers les siècles, était resté la langue sacrée de l'Eglise Catholique Romaine, a été remplacé par une langue vulgaire et, chose pire, est traduit de telle manière qu'il devient difficile, voire impossible, d'être introduit dans le monde sacré du surnaturel qui tend ainsi à être remplacé par un monde profane. - Que dire de la supression du chant grégorien, voix glorieuse de l'Eglise, qui planait au-dessus du temps et qui avait presque le caractère d'un "sacramental"? - Nous le demandons: tous ces changements servent-ils à renouveler la Foi à la revivifier? C'est le contraire, hélas! qui est constaté. Les vocations au sacerdoce sont de plus en plus rares, et il n'y a pour ainsi dire de conversions.

Nous le disons franchement. Le nouvel "Ordo missae" (ainsi que la réforme de l'année liturgique) est tellement terne, inarticulé et artificiel qu'il ne pourra subsister longtemps. La messe tridentine, nous ne saurions l'oublier, était célébrée, dans sa substance, bien avant le Concile de Trente. De l'arrangement des fêtes du Seigneur, de la sainte Vierge et des saints - et même du Commune Sanctorum - émanait une atmosphère trés puissante dans sa structure organique et dans sa beauté, tout spécialement avec le chant grégorien. Par l'effet même de ses vertus, la liturgie possédait une force vivant si marquée que les siècles écoulés n'ont pu en ternir la splendeur et en voiler la merveilleuse profondeur. - Tout cela est sacrifié par la réforme. Il nous est donc légitime d'espérer que la liturgie nouvelle ne pourra pas durer. Du seul point de vue pastoral - qui prévaut aujourd'hui -, elle a grandement déçu. Nous attendons. L'Église, sous peu, reviendra à la glorieuse messe de Saint Pie V et à l'admirable structure de l'année liturgique.
[destaques nossos]

JSarto

O aborto é uma questão religiosa

Tenho aqui criticado muitas vezes os bispos portugueses, e até com grande severidade. Por esse motivo, é agora justo elogiar também a posição assumida por Dom Jorge Ortiga, Arcebispo-Primaz de Braga, com estas declarações, através das quais acaba por salvar a honra e dignidade do episcopado nacional e repor a verdade acerca da questão do aborto.

JSarto

Como rechazar el aborto con sus mismos argumentos



Da excelente revista espanhola de cultura católica "Arbil", de seguida e na íntegra, oferecemos este preciosíssimo artigo da autoria de Max Silva Abbot:

Se dice, por parte de los defensores del aborto, que el resultado de la concepción no sería de inmediato un ser humano, sino sólo a partir de un momento determinado posterior. ¿Qué momento sublime y misterioso es aquél? Parece algo que sólo la ley —curiosamente— está en condiciones de resolver, justificada por ciertos veredictos “científicos” altamente cuestionables. El punto es que, cualquiera sea la fecha en que “surge” un ser humano —diríamos que por una inexplicable “generación espontánea”—, la frontera entre lo “humano” y lo “prehumano” —sin saber en definitiva qué es esto último— resulta una arbitrariedad absoluta e indesmentible. A este respecto surgen dos problemas.

El primero es el fundamento de la fecha fronteriza, sea tal o cual. Recalcando nuevamente que siempre se trata de una arbitrariedad, pareciera imponerse la idea de que sería a partir del día 14° que el producto de la concepción se transformaría en un ser humano, debido a tener ya visible o identificable el sistema nervioso. Pero tal como esta “justificación”, cabe cualquier otra, igualmente removible. Pendería así de un elemento muy frágil y cambiante el momento en que se empieza a ser sujeto de derechos: el acuerdo manifestado a través de la ley. Curioso que sea precisamente la ley la que graciosamente “con- ceda” la calidad de persona, siendo que los Derechos Humanos justamente pretenden imponerse o estar por encima de ella con el fin de evitar sus posibles arbitrariedades. Es decir, nos encontramos frente a una situación circular, en que aquello que existe y se invoca para proteger de la ley abusiva —los Derechos Humanos— tiene su punto de nacimiento en esa misma ley. Así, entonces, ¿quién está realmente a un nivel más alto? El asunto es importante porque, con igual facilidad, podría esa misma ley convertirse en el “certificado de defunción” de los Derechos Humanos, como en el caso de la eutanasia.

Pero la segunda cuestión es la que constituye el fondo del problema: si sólo a partir —por poner cualquier fecha— del día 14° el producto de la concepción es un hombre, ¿qué era antes de ese instante misterioso y de transformación radical? La pregunta no es nada de absurda y, por el contrario, es una valla ineludible si se pretende justificar “racionalmente” al aborto, en vez de reconocer abiertamente y sin piruetas semánticas, que obedece a una decisión arbitraria e inhumana.

En efecto, siguiendo con el planteamiento dado, habría que concluir que como antes del día no era un ser humano, estábamos en presencia de otra cosa: una planta, una piedra, un gusano, simplemente células, etc. ¿Parece aceptable? Francamente no, porque es obvio que en todo su proceso de desarrollo existe algo que inequívocamente lo dirige, cual es que se trata de un ser humano y no de otra cosa. Y esto se confirma incluso con el mismo argumento de los que ponen el día 14° como el de la aparición de un hombre.
En efecto, si resulta —por decir algo— que es el sistema nervioso lo que haría surgir a un hombre, ¿por qué aparece o se desarrolla ese sistema nervioso? No puede deberse a un azar, porque, en caso contrario, ello podría ocurrir en cualquier otro ser vivo, como por ejemplo un perro. ¿Podría decirse, en consecuencia, que en un lapso cualquiera, un embrión de perro pueda convenirse en hombre por aparecer un sistema nervioso, no cualquiera sino que específicamente humano? La respuesta es, obviamente, negativa. ¿Por qué? Porque era un perro, con padres caninos y, por tanto, con una naturaleza de perro que tiene desde el instante mismo de su concepción y que guía su desarrollo, haciéndola —aunque parezca una perogrullada— ser lo que es.

Con el hombre ocurre lo mismo: desde su concepción es un ser humano, porque todo su desarrollo posee ya una esencia que lo dirige. Negar esta naturaleza implicaría introducir el caos en todo lo que existe, cosa que precisamente la ciencia ha tratado de desmentir. Por eso, ella se traiciona a sí misma si pretende usar argumentos “científicos” para demostrar la justificación del aborto, porque negaría ese orden lógico.
Por tanto, forzoso es concluir que los padres humanos engendran un ser humano desde el primer momento, lo que es una regla lógica de cada género. Así, entonces, en caso de que el aborto tuviera argumentos razonables —y racionales—, se daría el absurdo de que el hombre sería el único ser que no podría dar origen a una descendencia de su misma especie.

Más aún, todos estos casos nos pondrían en presencia de un ente indeterminado, si cabe la expresión; una materia sin forma, siguiendo a Aristóteles; pura potencialidad de ser, pero sin la especificidad necesaria para que realmente sea; una especie de “materia prima”, nadie sabe exactamente de qué. Lo anterior también puede abordarse desde otro ángulo: si se llegara a aceptar que antes de algún momento el producto de la concepción no es un ser determinado en el caso del hombre, lo mismo debiera aplicarse a todo animal. De esta manera, si bien los plazos serían diferentes según el tipo de embarazo, cada especie tendría un momento de preespecie o de preexistencia en que no era lo que actualmente es, pero que, pese a ello, por algún motivo resultó ser lo que ahora es (?). Pero el absurdo podría llegar aún más lejos. Supóngase, por ejemplo, que en el campo de la ingeniería genética se consiguiera el máximo avance posible y se pudieran introducir muchos cambios en el embrión, cualquiera que fuese. Si se tomaran de esta manera —para seguir con el ejemplo— dos embriones, uno de un futuro hombre y otro de un futuro pero antes de que se “conviertan” en hombre y en perro (?) —si es que así las cosas se los pudiera diferenciar según esta teoría—, ¿cabría, mediante la genética, transformar el embrión “prehumano” en perro y el “preperro” en un ser humano? Nuevamente respondemos que no; porque, por mucho avance que se consiga en este campo, no se puede convertir una cosa en algo que no es. Y ello debido a que no existe un momento en que el feto no sea un hombre o un perro, y, por el contrario, siempre lo ha sido.

Por tanto, el producto de la concepción es desde su primer instante un ser humano; y lo anterior se confirma incluso con su nombre: “producto de la concepción”. En efecto, si “concebir” quiere decir dar origen a algo nuevo, cabría preguntarse: concepción, sí; pero, ¿de qué?

Las bases y límites del Consenso

Quizás una de las características más llamativas dentro del amplio espectro de doctrinas englobadas bajo el rótulo “positivismo jurídico” es la neta y tajante división entre el mundo del ser y del deber ser, entre el ámbito del Sein y del So/len, siendo sólo posible desde su perspectiva arribar a datos racionales o “científicos” en el primero de ellos. Por el contrario, a su juicio, el mundo de los valores pertenece al ámbito de lo ¡rracional, motivo por el cual queda sujeto a los pareceres y sentimientos más dispares que debe ‘asumir’ cada cual a su manera.

Lo anterior se une además a otra premisa fundamental, como es sabido: una marcada autonomía moral del sujeto, esto es, que cada individuo, dentro de su más amplia esfera de libertad, es quien determina su propia moralidad, siendo así absolutamente soberano para dar la orientación que estime conveniente a sus propias acciones, supuestamente —así suele decirse— de un modo responsable. De esta manera, respecto del ámbito moral, se unen irracionalidad y autonomía, lo que en verdad resulta bastante llamativo, si se toma en cuenta la importancia fundamental de este orden de cosas para la vida humana.

Ahora bien, el problema se presenta de inmediato debido al carácter social del ser humano; o, si se prefiere, razones mínimas de convivencia hacen aconsejable al menos proporcionar algún marco normativo para la interacción mutua, a fin de evitar una especie de “estado de naturaleza” al estilo hobbesiano. Mas, este mecanismo es sólo formal, no sustancial, hablándose en no pocas oportunidades de meras “reglas del juego”, sobre todo a propósito del sistema democrático. Es por este motivo que aun cuando se hayan planteado algunos caminos para intentar dotar de ciertas ‘reglas mínimas’ a la discusión ética, por lo general, se las concibe como meras pautas procedimentales, que a lo sumo pretenden impedir el uso de la violencia —al menos de manera no regulada—, pero que en ningún caso dan alguna pista sobre el fondo de dicha discusión o, si se prefiere, que no arriban a contenido material alguno a este respecto.

Sin embargo, todas estas “reglas” se justifican, aún sin saberlo, en un dato bastante más real y “objetivo” o, si se prefiere, bastante menos “irracional” o meramente “asumido” de lo que se cree. Este dato no es otro que la consideración de la persona como un ser digno, que merece respeto y, por tanto, que no puede ser tratado de cualquier manera. Sólo este sustrato implícito explica por qué se considera ilegítimo el uso de la fuerza —al menos de una manera no regulada— o, también, la imposición de unos sobre otros o, si se prefiere, por qué son defendidos el diálogo y la tolerancia, tenidos como valores absolutos. Dicho de otro modo: el contenido de la moral, sea individual o social, puede ser cualquiera —en virtud de su supuesta irracionalidad y la autonomía de los sujetos—, con excepción de la tolerancia y del consenso. En estos aspectos se impone, por así decir, un curioso dogmatismo o, si se prefiere, un llamativo “objetivismo moral”: todo es discutible, excepto que tenemos que discutir (debido a lo cual resulta inaceptable que unos intenten imponerse a otros por la fuerza) para llegar a determinar lo que se considera bueno o malo. Mas aún cuando se trata de un objetivismo moral meramente procedimental, a fin de cuentas descansa sobre la misma convicción —no importa si es más ‘racional’ o ‘sentimental’—: la consideración del sujeto (o al menos de algunos sujetos) como dignos de respeto o, si se prefiere, se manifiesta en un curioso consenso (que incluso podría asimilarse a un ‘dogma’, desde estas mismas premisas) en cuanto a la condena del uso de la violencia.

Se podrá decir que esta conclusión (preferir el acuerdo a la violencia) resulta evidente, y así es. Mas, el problema de su ‘evidencia’, desde la perspectiva que se está comentando, radica en que para ella esta conclusión arranca o de valores ‘preasumidos’ (motivo por el cual resulta impropio hablar de ‘evidencias’, porque lo ‘evidente’ no sólo alude a un dato real y objetivo, sino, además, indubitable), o de los hechos, esto es, de las consecuencias o resultados —también evidentes— que origina acudir al consenso por un lado, y a la violencia por otro. En este último evento, no cabe duda de que es mejor el primer resultado que el segundo; mas, de ser coherentes con estas premisas, se estarían desprendiendo valores a partir de meros hechos, o si se prefiere, se estaría concluyendo lo positivo o benéfico del consenso en vez de la violencia, por los resultados a los que conduce una y otra forma de proceder. Mas, esos resultados son simples hechos, datos, un Sein; comprobables, pero absolutamente independientes del mundo de los valores, un Sollen. En consecuencia, y de acuerdo a la llamada ‘falacia naturalista’ —otro lugar común de la epistemología positivista—, se estaría dando un salto lógico, a partir—se insiste nuevamente— de las premisas manejadas por estas corrientes (y no de la realidad de las cosas, evidentemente).

También existe otra premisa más fundamental todavía, sobre la cual se ha construido este sistema de acuerdos procedimentales que parte del ‘dogma’ según el cual, el acuerdo es mejor que la violencia (‘dogma’, se insiste, porque no se puede demostrar racionalmente en el plano de los valores, ni desprenderse de los meros hechos, de acuerdo a estas premisas). Este ‘dato’ es absolutamente obvio, pero por lo mismo, muchas veces es pasado por alto. Consiste en que los sujetos que actúan en el acuerdo, son capaces de ponerse de acuerdo. O, si se prefiere, se está partiendo de la base de que los sujetos intervinientes son racionales, motivo por el cual pueden intercambiar ideas, visiones del mundo. Lo anterior no deja de tener su importancia. En efecto, puesto que el carácter de ‘persona’ es un atributo que de acuerdo al positivismo jurídico kelseniano es ‘dado’ u ‘otorgado’ a los sujetos por el ordenamiento jurídico (al punto que aquellos a los que no se les atribuya este carácter, no serían ‘personas’), da la impresión de que es la ley positiva la que determina con absoluta autonomía quiénes son y quiénes no son ‘persona’. Mas, de existir realmente esta autonomía, esto es, si en verdad la ley positiva pudiera determinar quiénes son o no ‘persona’, no sólo podría quitarle dicho carácter a ciertos miembros de la especie humana (como ocurre, por ejemplo, muchas veces con los no nacidos), sino que, además, podría otorgárselo a otras clases de seres de tipo no humano, como animales, plantas o incluso cosas. Es decir, de ser coherentes con este planteamiento, la calidad de persona sería algo absolutamente accidental o artificial (creado por el hombre) y, por lo mismo, no dependiente de calidad ontológica alguna: cualquier cosa, cualquier ente podría ser ‘persona’, calidad que sería, en definitiva, otorgada o quitada libérrimamente por medio de la ley positiva. Con todo, debe recordarse que esta ley positiva emana, a su vez, de otras ‘personas’, cuya calidad de tal también tendría el mismo origen. Así las cosas, y como puede verse sin mucha dificultad, el círculo vicioso resulta manifiesto.

Lo anterior es, evidentemente, imposible: la calidad de persona depende de algo previo a la mera calificación jurídica: o si se prefiere, hay que tener cierta calidad ontológica para poder ser persona, porque como es sabido, ‘nadie puede dar lo que no tiene’. Mas, con esto se está reconociendo que el normativismo (esto es, la capacidad, en teoría omnímoda de la norma jurídica para determinar qué es Derecho y qué no, para el positivismo) posee límites, que no es absolutamente arbitraria y autónoma. Significa, en suma, que la calidad de persona no es algo a otorgar o quitar arbitrariamente, sino un atributo que debe reconocerse, porque en caso contrario —se insiste— podría ser otorgada a cualquier ente. De este modo, pareciera que el mundo del ser y del deber ser no resultan tan independientes el uno del otro, porque lo establecido por la norma (un Sollen) depende de un dato previo (un Sein).

En consecuencia, reconociendo que es a partir de una calidad ontológica que deriva a su vez la calidad de persona, de ser coherentes, también es necesario concluir que es el voto (la base del consenso) lo que depende de la persona, y no lo contrario. Esto es, que para que haya votos, medio a través del cual se posibilita el consenso, se requiere de ¡a existencia previa de personas, puesto que son los votos los que dependen de la persona, y no la persona de los votos. Esto no deja de tener nuevamente su importancia, porque si el voto (un accidente) es sólo un efecto de algo previo (una sustancia, la persona), dicho efecto no puede desentenderse de o ir contra su causa. De esta manera, los votos, como manifestaciones de la persona, no pueden quitarle dicho carácter (el de persona) a nadie, a ningún ser humano, como tampoco dárselo a un ente distinto del hombre mismo.

JSarto

Rafael na primeira pessoa


Publica o sempre recomendável "Nova Frente", "De Bitácoras Lusas, Bitácoras Portuguesas y Bitácoras Luso-Castellanas", ou seja, um Rafael Castela Santos de pura cepa, na primeira pessoa e ao mais elevado nível da sua deliciosa escrita. Leitura definitivamente obrigatória! E muito me orgulha de o ter como colaborador habitual e dedicado deste espaço!

JSarto

La consagración de Rusia y el testimonio de Sor Lucía

El texto completo, sacado de Panorama Digital, puede encontrarse aquí. Queda claro que ni la Consagración a Rusia ha sido realizada y que el Vaticano ha silenciado injustamente a Sor Lucía.

«La VERDADERA Sor Lucía repetidamente ha declarado que Rusia tiene que ser consagrada especÍficamente; dice que todas las consagraciones hechas por los Papas (incluyendo 1984) no fueron correctas y no (fueron) aceptadas por el Cielo ...
"Rusia tiene un único plan: capturar al mundo entero. Ellos harán esto sin tener corazón ni conciencia. Por lo tanto, sabed que Yo os pido de nuevo, como vuestro Dios en la Trinidad, Yo os pido que contactéis con el santo Padre - por escrito o por prosa, o por letra de molde - poneros en contacto con el Santo Padre e imploradle que consagre Rusia al Inmaculado Corazón de Mi Madre. Esto no ha sido hecho, hijos Míos."
[…] El hecho que el Papa Pío XII había consagrado el mundo, no Rusia, a Su Inmaculado Corazón en 1942. Pero Ella dijo más que una vez, y con deliberado énfasis:
'Lo que Nuestra Señora quiere es que el Papa y todos los obispos del mundo consagren Rusia a Su Inmaculado Corazón en un día especial. Si esto se hace, Ella convertirá Rusia y habrá paz. Si no se hace, los errores de Rusia se dispersarán a todos los países del mundo'."
La Virgen María se le apareció a Sor Lucía en Mayo 1952 y dijo "Hazle saber al Santo Padre que Yo siempre estoy esperando la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón. Sin la Consagración, Rusia no se podrá convertir y tampoco tendrá paz el mundo."
[…]
Reverendo Padre Humberto:
En respuesta a su carta, yo aclararé (algunas) cosas:
Nuestra Señora de Fátima, en Su petición, se refirió solamente a la consagración de Rusia.En una carta que yo le escribí al Santo Padre, por instrucciones de mi confesor, yo solicité la consagración del mundo con mención explícita de Rusia.
Devotamente suya, en unión de oración.
Sor Lucía, Coimbra, 13 Abril 1980
[…]
Sor Lucía, el 19 de Marzo, 1983, fue visitada otra vez por el Dr. Lacerda quien fue testigo que el mismo Nuncio Papal conversó nuevamente con Sor Lucía en nombre del Papa. Ella respondió claramente: “La consagración de Rusia no se ha hecho como lo solicitó Nuestra Señora.” Ella explicó que fue porque ‘Rusia’ no fue claramente el objeto de la consagración, y porque cada Obispo no lo había hecho en sus propias catedrales en una ceremonia pública y solemne de consagrar a RUSIA. El texto que Sor Lucía había preparado para el Nuncio Papal terminaba como sigue: "La Consagración de Rusia no se ha hecho como Nuestra Señora ha pedido. No se me permitió hacer esta declaración (antes) porque no tenía el permiso de la Santa Sede." »

(RCS)

sexta-feira, outubro 13, 2006

Fátima, 13 de Outubro


Carmen d'Outubro ao Adro de Fátima

(Injunção lírica. Tangida à passagem do septuagésimo sétimo aniversário das aparições marianas na Serra d'Aire.)

Se te obceca
o halali do látego e da lástima,
pega
- pega
em ti
e vai a Fátima!

Se já ninguém, aqui,
te seca a lágrima,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!

Se a terra
te posterga
ou te soterra,
e te sonega,
até o parti-pris
da pátria,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!

Se sentires
que se acerca,
a toda a pressa,
o harakiri
do anátema,
então, pega
- pega
em ti
e vai a Fátima!

Se, de mágica
ária
que era
(vis-à-vis
de feérea carmina),
a própria Primavera
se fez árida,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!

Se pressentires ou entrevires
a Madre-Pérola
subindo até lá
ao rubi
da águia,
então, pega

em ti
e vai a Fátima!

Se te cega
o sari
que enverga
a mais extraordinária
Via-Láctea,
pega
- pega
em ti
e vai a Fátima!

Se vês que já a sátira
te cerca,
ali, aqui,
e o inverno te verga
ao peso da bátega,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!

Se, por fim, te sorrir,
como alibi,
a perspectiva da entrega
máxima,
então, pega
já em ti
e vai a Fátima!

Rodrigo Emílio - "Matando a Sede nas Fontes de Fátima"


JSarto

quinta-feira, outubro 12, 2006

La Fiesta de la Raza o la Hispanidad, según el Cardenal Gomá

Como apostilla al texto de O Corcunda donde hablaba de la esencia portuguesa de Cabo Verde o Santo Tomé, y cuyos presupuestos básicos comparto enteramente, se me vino a la cabeza una vieja lectura del insigne Cardenal Gomá. En este texto pivotaba el Príncipe catalán de la Iglesia sobre Ramiro de Maeztu para poder llegar a una comprensión cabal y sensata del entendimiento del 12 de Octubre, Festividad de Nuestra Señora del Pilar, pero también Fiesta de la Hispanidad o –como se le conoce en América- Fiesta de la Raza. No deja de ser edificante la concepción que de raza, raza espiritual (raza cósmica, a decir de Vasconcelos) que el antiguo Arzobispo de Toledo y Primado de España, Don Isidre Gomá, sostenía.
Porque es esta raza y esta obra espiritual el genio de la Hispanidad, tanto en su vertiente lusa como en su vertiente castellano-aragonesa. Y no de otra manera podrían España y Portugal celebrar este 12 de Octubre, día en que se celebra la Fiesta de la Virgen del Pilar, día que marca la evangelización de esta Hispania grande que los misioneros portugueses y españoles continuaron luego por todo el orbe. Día, también, de la Hispanidad. Porque, por más que quieran unos y otros, algo nos une desde Colorado y aún más al norte de los Estados Unidos hasta Tierra de Fuego, desde Angola a Filipinas, de Goa a Guinea Ecuatorial, de Mozambique hasta todos los Portugales y Españas que en el mundo son. Y ese algo, ese Alguien, es Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre: Sacerdote, Profeta y Rey. Y ese otro Alguien es su Santísima Madre, pues tierras no marianas sino marianísimas son las Madres Patrias que reciben por primera vez en la historia de manera milagrosa a Nuestra Señora en el Pilar en Zaragoza y en Fátima en el acontecimiento más importante del siglo XX.
Las Patrias hispanas de Europa, América, Asia y África sufren ahora dolores innúmeros. Es más que la crisis económica que nos azota. Es más que el desastre político que nos flagela. Es la falta de sustancia por nuestra dejación y nuestro abandono de lo que es nuestra esencia, que no es otra que Cristo y su Iglesia.
Recemos a Dios Nuestro Señor para que España y Portugal vuelvan a ser eso: “luz de Trento, martillo de herejes”, espada de la Cristiandad, naciones misioneras en pos del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo a través del Inmaculado Corazón de María.
El texto completo puede encontrarse aquí.

“[…] La raza, dice Maeztu, no se define ni por el color de la piel ni por la estatura ni por los caracteres anatómicos del cuerpo. Ni se contiene en unos límites geográficos ni en un nivel determinado sobre el mar. La raza no es la nación, que expresa una comunidad regida por una forma de gobierno y por unas leyes; ni es la Patria, que dice una especie de paternidad, de sangre, de lugar, de instituciones, de historia. La raza, decimos apuntando al ídolo del racismo moderno, no es un tipo biológico definido por la soberbia propia y por el desdén a las otras razas, depurado por la selección y la higiene, con destinos trascendentales sobre todas las demás razas.
La raza, la Hispanidad, es algo espiritual que transciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y Patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la Hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, por el que entroncamos en el catolicismo católico, si así puede decirse, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia, calificados y matizados por el elemento religioso como factor principal; de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal.
Entendida así la Hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la Hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la Hispanidad.
En el cielo, dice el Apocalipsis, gentes de toda nación y toda raza bendicen a Dios con este himno: ‘Nos redimiste, Señor, con tu sangre, de toda nación, y has hecho de todos un solo reino.’ Alejando toda profanidad en la aplicación, ¿por qué todas las gentes de Hispanoamérica no podrían bendecir a la madre España y decirla: ‘Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos? Somos la Hispanidad, Señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la historia.’
Así queda definido el problema de la Hispanidad en su fórmula espiritual, y queda al mismo tiempo resuelta la dificultad que podría ofrecerse por la enorme diferencia de tipos biológicos, de cultura, de lengua, que nos ofrecen estas Américas, hasta reduciéndolas al tipo latino o hispano.
Y así definida la Hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina. Tentación, en el buen sentido, porque todo ser apetece su engrandecimiento, y América y España se brindan mutuamente, más que otros países del mundo, muchos horizontes hacia donde expansionarse. Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos. Hemos hecho lo más; nos queda por hacer lo menos. Hemos conquistado y colonizado y convivido en español; hemos de reconquistar nuestro propio espíritu, que va desvaneciéndose en América.”

Isidro Cardenal Gomá, Primado de España

(RCS)

O Papa Bento XVI e a tradição - 5


A Missa de rito latino-gregoriano - 4

O "Novus Ordo" de Paulo VI, ou a penetração da heresia protestante na Missa católica.

JSarto

terça-feira, outubro 10, 2006

Modernistas em notório incómodo

Os modernistas começam a dar sinais de notório incómodo! Absolutamente! Motivo de regozijo para todos os verdadeiros católicos! Roma está indubitavelmente a encarreirar pelo bom caminho, e a prova disso é que o Santo Padre não hesita em atingir os lobos em cheio com o seu báculo! A razão de tanto desconcerto ainda é só o Instituto do Bom Pastor… Um Instituto de Direito Pontíficio, defensor da Missa e doutrina tradicionais, para mais fora do alcance das garras de Policarpos, Torgais, Manueis Martins e tropa quejanda, é de facto uma chatice muito grande para os quinto colunistas ao serviço da anti-Igreja. De tal criação papal irei proximamente falar n'"A Casa de Sarto". Por ora, sobre o assunto, deixo para leitura estes postais (aqui e aqui) desse autêntico serviço público noticioso da Tradição que é o Rorate-Caeli.

JSarto

A Missa Tradicional de rito latino-gregoriano - 3



O Latim - Parte II.

JSarto

Aborto, imagens e palavras - 2

Eis um pequeno grande filme, com um conteúdo absolutamente irrepreensível, mesmo que não sufrague a doutrina religiosa da organização responsável pela sua realização.

JSarto

segunda-feira, outubro 09, 2006

Sobre o Limbo


Aborto, imagens e palavras

De uma tripla perspectiva científica, filosófica e religiosa, é hoje em dia inquestionável que a vida humana se inicia no momento da concepção e com a formação do zigoto, o qual por si só, num processo de desenvolvimento contínuo (zigoto, embrião, feto), conduz ao nascimento de um novo ser humano. Deste modo, a interrupção deliberada de tal processo - o aborto voluntário - implica forçosamente a provocação intencional da morte de um ser humano inocente e indefeso, logo, um homicídio.

Tentar evadir esta factualidade, como o fazem alguns aborcionistas, arguindo que a fusão entre o óvulo e o esperma não é um processo instantâneo, ou que nem sempre o zigoto evolui para as fases posteriores enunciadas, não passa de uma pouca séria tentativa de manipulação semântica ou de mero abuso sofístico face aos dados fundamentais da questão em discussão.

A verdade é que os aborcionistas manifestam uma enorme falta de à vontade sempre que confrontados com a realidade crua do aborto, porque lá bem no fundo, no mais intimo das suas consciências não totalmente embotadas pelo erro ou obnubiladas pela mentira, sabem perfeitamente que aquele não é só uma mera remoção inconsequente de meia dúzia de células indiferenciadas. Daí as reacções dos mesmos quando colocados perante os efeitos criminosos do aborto devidamente documentados através de meios gráficos, as quais vão desde o extremo desconforto até ao expelir da raiva mais pura: é que uma imagem vale mais do que mil palavras!

Por esta razão, que os meus leitores vejam o pequeno filme do "You Tube" para o qual os remeto a partir daqui - após muita ponderação, e dado o seu conteúdo, admito que me faltou a coragem para editá-lo directamente neste espaço -, e que em consequência tirem por si próprios as devidas conclusões. Afinal, estamos, ou não, perante a morte provocada de seres humanos inocente e indefesos, logo, homicídios?...

JSarto

terça-feira, outubro 03, 2006

Opus Dei

Periódicamente algunos lectores y gente cercana me hace la misma pregunta. No presumiré de ser experto en el tema, porque no lo soy. Hace años que vengo leyendo sobre el tema y que llevo acumulando material sobre el particular. Sea como fuere y, mucho mejor que mi parecer sobre el particular, será remitir a nuestros lectores a algunos artículos que, en mi modesta opinión, explican bien el Opus Dei y analizan sus implicaciones. Que nadie espere en ellos nada escabroso, porque son análisis sensatos, ciertamente desde la perspectiva de la Tradición.
Me duele hablar de este tema porque algunos de mis mejores profesores en la Universidad eran del Opus Dei. Me duele porque el Sacerdote que me bautizó, un santo varón, es del Opus Dei. Me duele porque conozco excelentes personas que son del Opus Dei, de hecho algunos de los mejores católicos que he conocido en mi vida son de la Obra. Me duele porque tengo buenos amigos, tanto numerarios como supernumerarios, de la Obra.
Pero, sin embargo, tengo mis reservas con respecto a la institución. E, insisto, que no creo de recibo el equiparar la crítica a la institución con la crítica a las personas que la integran. En modo alguno. El Opus ha servido de refugio en España a algunos de los mejores sectores y familias católicas. Lamentablemente en más de un aspecto las ha neutralizado, todo hay que decirlo.
Por otro lado el internet está lleno de cosas tanto a favor como en contra del Opus Dei. Y de entre las últimas muchas, la mayoría, suelen ser críticas procedentes del campo, a menudo rabioso, modernista-progresista. El que el Opus Dei haya sido conservador en algún aspecto lo puede hacer odioso a quienes quieren que la revolución marche a una mayor velocidad, pero tampoco lo hace apetecible a quienes defendemos que hay principios inmutables y eternos, a quienes creemos que la Tradición no es lo mismo que el conservadurismo. Ninguna de las críticas del Opus Dei que detallamos a continuación viene del ala izquierda (¿debería emplear el término más latino “ala siniestra”?, sino que son fundamentalmente tradicionales en su abordaje.
Para aquellos lectores interesados en ello algunas sugerencias espigadas, de entre lo que existe en línea, aquí dejamos nota de algunas bien interesantes:

Introducciones al problema
- Una buena introducción al problema sería El Opus Dei, caballo de Troya del liberalismo, por el Padre Guillermo Devillers
- Un análisis sensato de uno de mis autores favoritos, el Profesor Rubén Calderón Bouchet, en pocas palabras

Artículos de fondo
- Un extraordinario artículo, posiblemente el que yo más recomendase de entre todos para aquellos que no tienen tiempo de leer todos los demás es Opus Dei: A Strange Pastoral Phenomenon, que apareció publicado hace años como una separata de la revista The Angelus
- En cuanto a la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, los problemas de dicha canonización y un análisis en profundidad de la doctrina del Opus, el Padre Hervé Gresland nos instruyó con su La canonisation de Josémaria Escriva de Balaguer ou une nouvelle étape de la glorification de l’Eglise conciliaire

Diferencias entre el Opus y el Magisterio tradicional
- En cuanto a las discrepancias del Opus Dei con el Magisterio sempiterno recomendaría efusivamente los Errores doctrinales de Escrivá de Balaguer
- Sobre el liberalismo inherente al Opus Dei el artículo bien trabado de Ian Smith titulado Opus Dei: Sectarians in disguise? es un buen punto de entrada

El Opus como vehículo de la judaización del catolicismo
- Un artículo más duro, que incide en la judaización de la Fe Católica y el papel jugado por el Opus Dei en los países hispánicos, que tampoco se puede soslayar es El Opus Dei ¿un fariseísmo, un saduceísmo o un herodianismo?, del Padre Raúl Sánchez Abelenda
- Abundando en lo anterior un trabajo, quizás con excesos, pero sin embargo con un formidable aparataje de notas y referencias que incide sobre la judaización de la Fe es el ya clásico Opus Judei, del que tengo el original castellano, pero que en línea sólo parece ser posible encontrarlo en inglés

Con esto espero haber satisfecho la curiosidad de aquellos que me han preguntado sobre el Opus Dei. Muchas veces la labor de una humilde bitácora como A Casa de Sarto es simplemente servir de trampolín para difundir trabajos que, de otro modo, pueden dormir el sueño de los justos en la red.
Advierto de antemano que ni tengo intención ni tiempo de sostener polémicas sobre este tema, en el que me encuentro insuficientemente preparado. Así que los comentarios educados y de buena fe, a favor o contrarios, serán puestos a continuación pero no voy a entrar en ningún tipo de diálogo con los comentaristas. Tampoco tengo intención de volver sobre el particular en un futuro inmediato.

Rafael Castela Santos

segunda-feira, outubro 02, 2006

O Mau Pastor


A bizarra - para não dizer escandalosa - posição publicamente assumida pelo Cardeal-Patriarca de Lisboa, Dom José Policarpo, a propósito da questão do aborto, e que o meu amigo Corcunda oportuna e certeiramente criticou, é bem sintomática da grave doença que o vírus modernista provocou à Igreja em Portugal. Já aqui o disse anteriormente, e reafirmo-o agora, mesmo que tal possa parecer estranho a muitos fiéis católicos bem intencionados mas pouco alertados, que no episcopado nacional, sob uma aparência de conservadorismo, esconde-se um modernismo extremo, radical, frio, reflexivo e astuto, a roçar o cinismo puro, e por isso mesmo muito mais pernicioso e eficaz no transmitir da sua mensagem de abominação a tudo o que é verdadeiramente católico do que o modernismo exuberante e radical, misto de imoralidades chocantes e momices apalhaçadas, dos bispos do Norte da Europa e dos Estados Unidos.

De facto, o panorama que nos oferece correntemente a Igreja em Portugal é tudo menos brilhante, e vários são os factores que o comprovam, como por exemplo: a) o abandono quase por completo do porte do traje eclesiástico (indício exterior de uma grave laicização do clero, sem paralelo em qualquer outro país europeu, talvez com a excepção francesa); b) o atroz estilo de arquitectura religiosa minimalista pós-conciliar, de matriz herética protestante, pelo qual as dioceses nacionais têm sistematicamente optado na edificação de novas igrejas, transformadas assim em verdadeiros mamarrachos desprovidos da mínima dignidade, edifícios talvez próprios para as reuniões memoriais litúrgicas do "povo de Deus", mas não para a adoração de Deus através do Santo Sacrifício da Missa; c) a perpetuação dos abusos litúrgicos em boa parte das paróquias, os quais variam entre o simples mau gosto e a pura heresia, porém todos tendo em comum a desobediência obstinada às sucessivas recomendações feitas por Roma acerca da matéria; d) a adopção de um discurso doutrinário que varia entre um xaroposo humanitarismo filantrópico de matriz difusamente jacobina e um agressivo evangelismo político-militante inspirado no marxismo mais retrógrado e cavernícola, mas que se olvida sistematicamente dos fins últimos da Igreja, a saber, para além da glorificação de Deus, a santificação dos homens com vista à salvação das suas almas para a vida eterna (por exemplo, quem é que hoje em dia ainda prega sobre os novíssimos - morte, julgamento, céu ou inferno?); e, e) a completa marginalização a que o episcopado e o restante clero modernista e progressista português votaram a Missa Tradicional de rito latino-gregoriano - Portugal é o único país de maioria católica na Europa Ocidental, onde bizarra e absurdamente não é possível assistir à Missa tradicional em uma só das igrejas sob jurisdição do episcopado nacional, o que diz muito do grau de descatolicização que os nossos bispos atingiram. Deste último ponto, já falei largamente em anterior artigo neste espaço, para o qual remeto agora; acrescentaria tão-só que é eloquente o facto de o livro de autoria do actual Papa Bento XVI, "O Espírito da Liturgia", certamente a sua obra-prima, com um carácter vigorosamente tradicionalista, não ter uma edição portuguesa, já que nenhuma editora religiosa nacional, ou pelo menos próxima à Igreja, se dispôs a editá-lo, o que não deixa de ser muito estranho.*

Ora, em face do âmbito supra exposto, as palavras de Dom José Policarpo não nos devem causar espanto de maior, tanto mais que o Patriarca de Lisboa, conjuntamente com os seus pares Mahoney (Los Angeles), Lustiguer (Paris), Daneels (Malines - Bruxelas), Martini (resignatário de Milão) ou Kasper (Conselho Pontifício para a Promoção da Unidade Cristã), é um membros mais radicalmente progressistas do colégio cardinalício e comporta-se como tal, preferindo com as suas palavras agradar mais a esse inimigo da alma que é o mundo do que defender a verdade cristã.

Posto isto, relembro uma vez mais parte do conteúdo da "Nota doutrinal sobre algumas questões relativas à participação e comportamento dos católicos na vida política", que tem como primeiros destinatários os bispos católicos, ainda que alguns aparentemente não a hajam lido:


"Assiste-se, invés, a tentativas legislativas que, sem se preocuparem com as consequências das mesmas para a existência e o futuro dos povos na formação da cultura e dos comportamentos sociais, visam quebrar a intangibilidade da vida humana. Os católicos, em tal emergência, têm o direito e o dever de intervir, apelando para o sentido mais profundo da vida e para a responsabilidade que todos têm perante a mesma. João Paulo II, na linha do perene ensinamento da Igreja, afirmou repetidas vezes que quantos se encontram directamente empenhados nas esferas da representação legislativa têm a “clara obrigação de se opor” a qualquer lei que represente um atentado à vida humana. Para eles, como para todo o católico, vale a impossibilidade de participar em campanhas de opinião em favor de semelhantes leis, não sendo a ninguém consentido apoiá-las com o próprio voto. Isso não impede, como ensinou João Paulo II na Carta Encíclica Evangelium Vitae sobre a eventualidade de não ser possível evitar ou revogar totalmente uma lei abortista já em vigor ou posta em votação, que “um parlamentar, cuja pessoal oposição absoluta ao aborto seja clara e por todos conhecida, possa licitamente dar o próprio apoio a propostas tendentes a limitar os danos de uma tal lei e a diminuir os seus efeitos negativos no plano da cultura e da moralidade pública"..

Neste contexto, há que acrescentar que a consciência cristã bem formada não permite a ninguém favorecer, com o próprio voto, a actuação de um programa político ou de uma só lei, onde os conteúdos fundamentais da fé e da moral sejam subvertidos com a apresentação de propostas alternativas ou contrárias aos mesmos. Uma vez que a fé constitui como que uma unidade indivisível, não é lógico isolar um só dos seus conteúdos em prejuízo da totalidade da doutrina católica. Não basta o empenho político em favor de um aspecto isolado da doutrina social da Igreja para esgotar a responsabilidade pelo bem comum. Nem um católico pode pensar em delegar a outros o empenho que, como cristão, lhe vem do evangelho de Jesus Cristo de anunciar e realizar a verdade sobre o homem e o mundo.

Quando a acção política se confronta com princípios morais que não admitem abdicações, excepções ou compromissos de qualquer espécie, é então que o empenho dos católicos se torna mais evidente e grávido de responsabilidade. Perante essas exigências éticas fundamentais e irrenunciáveis, os crentes têm, efectivamente, de saber que está em jogo a essência da ordem moral, que diz respeito ao bem integral da pessoa. É o caso das leis civis em matéria de aborto e de eutanásia (a não confundir com a renúncia ao excesso terapêutico, legítimo, mesmo sob o ponto de vista moral), que devem tutelar o direito primário à vida, desde a sua concepção até ao seu termo natural. Do mesmo modo, há que afirmar o dever de respeitar e proteger os direitos do embrião humano. Analogamente, devem ser salvaguardadas a tutela e promoção da família, fundada no matrimónio monogâmico entre pessoas de sexo diferente e protegida na sua unidade e estabilidade, perante as leis modernas em matéria de divórcio: não se pode, de maneira nenhuma, pôr juridicamente no mesmo plano com a família outras formas de convivência, nem estas podem receber, como tais, um reconhecimento legal. Igualmente, a garantia da liberdade de educação, que os pais têm em relação aos próprios filhos, é um direito inalienável, aliás reconhecido nas Declarações internacionais dos direitos humanos."

E finalmente, faço votos para que Sua Eminência, trave um pouco o seu afã progressista, e reflicta nestas palavras de Cristo, de quem deveria ser servidor exemplar:

"Seja este o vosso modo de falar: Sim, sim; não, não. Tudo o que for além disto procede do espírito do mal" (Mt 5, 37);

"Acautelai-vos dos falsos profetas, que se vos apresentam disfarçados de ovelhas, mas por dentro são lobos vorazes. Pelos seus frutos os conhecereis. Porventura podem colher-se uvas dos espinheiros ou figos dos abrolhos? Toda a árvore boa dá bons frutos e toda a árvore má dá maus frutos. A árvore boa não pode dar maus frutos nem a árvore má dar bons frutos. Toda a árvore que não dá bons frutos é cortada e lançada ao fogo. Pelos frutos, pois, os conhecereis" (Mt 7, 15-20);

"Mas, se alguém escandalizar um destes pequeninos que crêem em mim, seria preferível que lhe suspendessem do pescoço a mó de um moinho e o lançassem nas profundezas do mar. Ai do mundo, por causa dos escândalos! São inevitáveis, decerto, os escândalos; mas ai do homem por quem vem o escândalo!" (Mt 18, 6-7);

"Eu sou o bom pastor. O bom pastor dá a sua vida pelas ovelhas. O mercenário, e o que não é pastor, e a quem não pertencem as ovelhas, vê vir o lobo e abandona as ovelhas e foge e o lobo arrebata-as e espanta-as porque é mercenário e não lhe importam as ovelhas" (Jo 10, 11-13);

"Conheço as tuas obras: não és frio nem quente. Oxalá fosses frio ou quente. Assim, porque és morno - e não és frio nem quente - vou vomitar-te da minha boca" (Ap 3, 15-16).

JSarto

* Adenda - Informa-me um leitor por correio electrónico de que o livro “Introdução ao Espírito da Liturgia”, do Cardeal Joseph Ratzinger, foi objecto de uma edição portuguesa em 2001 - que eu desconhecia -, da responsabilidade das “Paulinas”, de Lisboa. Porém, averiguei que tal livro está esgotado há muito e não foi reeditado depois da eleição do seu autor para o Trono de São Pedro. E uma coisa não deixa de ser certa: as teses sustentadas pelo actual Papa em matéria litúrgica não parecem ter sensibilizado minimamente o nosso episcopado. De qualquer maneira, apresento as minhas desculpas pelo lapso.