El texto completo, sacado de Panorama Digital, puede encontrarse aquí. Queda claro que ni la Consagración a Rusia ha sido realizada y que el Vaticano ha silenciado injustamente a Sor Lucía.
«La VERDADERA Sor Lucía repetidamente ha declarado que Rusia tiene que ser consagrada especÍficamente; dice que todas las consagraciones hechas por los Papas (incluyendo 1984) no fueron correctas y no (fueron) aceptadas por el Cielo ...
"Rusia tiene un único plan: capturar al mundo entero. Ellos harán esto sin tener corazón ni conciencia. Por lo tanto, sabed que Yo os pido de nuevo, como vuestro Dios en la Trinidad, Yo os pido que contactéis con el santo Padre - por escrito o por prosa, o por letra de molde - poneros en contacto con el Santo Padre e imploradle que consagre Rusia al Inmaculado Corazón de Mi Madre. Esto no ha sido hecho, hijos Míos."
[…] El hecho que el Papa Pío XII había consagrado el mundo, no Rusia, a Su Inmaculado Corazón en 1942. Pero Ella dijo más que una vez, y con deliberado énfasis:
'Lo que Nuestra Señora quiere es que el Papa y todos los obispos del mundo consagren Rusia a Su Inmaculado Corazón en un día especial. Si esto se hace, Ella convertirá Rusia y habrá paz. Si no se hace, los errores de Rusia se dispersarán a todos los países del mundo'."
La Virgen María se le apareció a Sor Lucía en Mayo 1952 y dijo "Hazle saber al Santo Padre que Yo siempre estoy esperando la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón. Sin la Consagración, Rusia no se podrá convertir y tampoco tendrá paz el mundo."
[…]
Reverendo Padre Humberto:
En respuesta a su carta, yo aclararé (algunas) cosas:
Nuestra Señora de Fátima, en Su petición, se refirió solamente a la consagración de Rusia.En una carta que yo le escribí al Santo Padre, por instrucciones de mi confesor, yo solicité la consagración del mundo con mención explícita de Rusia.
Devotamente suya, en unión de oración.
Sor Lucía, Coimbra, 13 Abril 1980
[…]
Sor Lucía, el 19 de Marzo, 1983, fue visitada otra vez por el Dr. Lacerda quien fue testigo que el mismo Nuncio Papal conversó nuevamente con Sor Lucía en nombre del Papa. Ella respondió claramente: “La consagración de Rusia no se ha hecho como lo solicitó Nuestra Señora.” Ella explicó que fue porque ‘Rusia’ no fue claramente el objeto de la consagración, y porque cada Obispo no lo había hecho en sus propias catedrales en una ceremonia pública y solemne de consagrar a RUSIA. El texto que Sor Lucía había preparado para el Nuncio Papal terminaba como sigue: "La Consagración de Rusia no se ha hecho como Nuestra Señora ha pedido. No se me permitió hacer esta declaración (antes) porque no tenía el permiso de la Santa Sede." »
(RCS)
domingo, outubro 15, 2006
sexta-feira, outubro 13, 2006
Fátima, 13 de Outubro

Carmen d'Outubro ao Adro de Fátima
(Injunção lírica. Tangida à passagem do septuagésimo sétimo aniversário das aparições marianas na Serra d'Aire.)
Se te obceca
o halali do látego e da lástima,
pega
- pega
em ti
e vai a Fátima!
Se já ninguém, aqui,
te seca a lágrima,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!
Se a terra
te posterga
ou te soterra,
e te sonega,
até o parti-pris
da pátria,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!
Se sentires
que se acerca,
a toda a pressa,
o harakiri
do anátema,
então, pega
- pega
em ti
e vai a Fátima!
Se, de mágica
ária
que era
(vis-à-vis
de feérea carmina),
a própria Primavera
se fez árida,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!
Se pressentires ou entrevires
a Madre-Pérola
subindo até lá
ao rubi
da águia,
então, pega
já
em ti
e vai a Fátima!
Se te cega
o sari
que enverga
a mais extraordinária
Via-Láctea,
pega
- pega
em ti
e vai a Fátima!
Se vês que já a sátira
te cerca,
ali, aqui,
e o inverno te verga
ao peso da bátega,
pega
- pega em ti
e vai a Fátima!
Se, por fim, te sorrir,
como alibi,
a perspectiva da entrega
máxima,
então, pega
já em ti
e vai a Fátima!
Rodrigo Emílio - "Matando a Sede nas Fontes de Fátima"
JSarto
quinta-feira, outubro 12, 2006
La Fiesta de la Raza o la Hispanidad, según el Cardenal Gomá
Como apostilla al texto de O Corcunda donde hablaba de la esencia portuguesa de Cabo Verde o Santo Tomé, y cuyos presupuestos básicos comparto enteramente, se me vino a la cabeza una vieja lectura del insigne Cardenal Gomá. En este texto pivotaba el Príncipe catalán de la Iglesia sobre Ramiro de Maeztu para poder llegar a una comprensión cabal y sensata del entendimiento del 12 de Octubre, Festividad de Nuestra Señora del Pilar, pero también Fiesta de la Hispanidad o –como se le conoce en América- Fiesta de la Raza. No deja de ser edificante la concepción que de raza, raza espiritual (raza cósmica, a decir de Vasconcelos) que el antiguo Arzobispo de Toledo y Primado de España, Don Isidre Gomá, sostenía.
Porque es esta raza y esta obra espiritual el genio de la Hispanidad, tanto en su vertiente lusa como en su vertiente castellano-aragonesa. Y no de otra manera podrían España y Portugal celebrar este 12 de Octubre, día en que se celebra la Fiesta de la Virgen del Pilar, día que marca la evangelización de esta Hispania grande que los misioneros portugueses y españoles continuaron luego por todo el orbe. Día, también, de la Hispanidad. Porque, por más que quieran unos y otros, algo nos une desde Colorado y aún más al norte de los Estados Unidos hasta Tierra de Fuego, desde Angola a Filipinas, de Goa a Guinea Ecuatorial, de Mozambique hasta todos los Portugales y Españas que en el mundo son. Y ese algo, ese Alguien, es Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre: Sacerdote, Profeta y Rey. Y ese otro Alguien es su Santísima Madre, pues tierras no marianas sino marianísimas son las Madres Patrias que reciben por primera vez en la historia de manera milagrosa a Nuestra Señora en el Pilar en Zaragoza y en Fátima en el acontecimiento más importante del siglo XX.
Las Patrias hispanas de Europa, América, Asia y África sufren ahora dolores innúmeros. Es más que la crisis económica que nos azota. Es más que el desastre político que nos flagela. Es la falta de sustancia por nuestra dejación y nuestro abandono de lo que es nuestra esencia, que no es otra que Cristo y su Iglesia.
Recemos a Dios Nuestro Señor para que España y Portugal vuelvan a ser eso: “luz de Trento, martillo de herejes”, espada de la Cristiandad, naciones misioneras en pos del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo a través del Inmaculado Corazón de María.
El texto completo puede encontrarse aquí.
“[…] La raza, dice Maeztu, no se define ni por el color de la piel ni por la estatura ni por los caracteres anatómicos del cuerpo. Ni se contiene en unos límites geográficos ni en un nivel determinado sobre el mar. La raza no es la nación, que expresa una comunidad regida por una forma de gobierno y por unas leyes; ni es la Patria, que dice una especie de paternidad, de sangre, de lugar, de instituciones, de historia. La raza, decimos apuntando al ídolo del racismo moderno, no es un tipo biológico definido por la soberbia propia y por el desdén a las otras razas, depurado por la selección y la higiene, con destinos trascendentales sobre todas las demás razas.
La raza, la Hispanidad, es algo espiritual que transciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y Patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la Hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, por el que entroncamos en el catolicismo católico, si así puede decirse, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia, calificados y matizados por el elemento religioso como factor principal; de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal.
Entendida así la Hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la Hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la Hispanidad.
En el cielo, dice el Apocalipsis, gentes de toda nación y toda raza bendicen a Dios con este himno: ‘Nos redimiste, Señor, con tu sangre, de toda nación, y has hecho de todos un solo reino.’ Alejando toda profanidad en la aplicación, ¿por qué todas las gentes de Hispanoamérica no podrían bendecir a la madre España y decirla: ‘Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos? Somos la Hispanidad, Señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la historia.’
Así queda definido el problema de la Hispanidad en su fórmula espiritual, y queda al mismo tiempo resuelta la dificultad que podría ofrecerse por la enorme diferencia de tipos biológicos, de cultura, de lengua, que nos ofrecen estas Américas, hasta reduciéndolas al tipo latino o hispano.
Y así definida la Hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina. Tentación, en el buen sentido, porque todo ser apetece su engrandecimiento, y América y España se brindan mutuamente, más que otros países del mundo, muchos horizontes hacia donde expansionarse. Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos. Hemos hecho lo más; nos queda por hacer lo menos. Hemos conquistado y colonizado y convivido en español; hemos de reconquistar nuestro propio espíritu, que va desvaneciéndose en América.”
Isidro Cardenal Gomá, Primado de España
(RCS)
Porque es esta raza y esta obra espiritual el genio de la Hispanidad, tanto en su vertiente lusa como en su vertiente castellano-aragonesa. Y no de otra manera podrían España y Portugal celebrar este 12 de Octubre, día en que se celebra la Fiesta de la Virgen del Pilar, día que marca la evangelización de esta Hispania grande que los misioneros portugueses y españoles continuaron luego por todo el orbe. Día, también, de la Hispanidad. Porque, por más que quieran unos y otros, algo nos une desde Colorado y aún más al norte de los Estados Unidos hasta Tierra de Fuego, desde Angola a Filipinas, de Goa a Guinea Ecuatorial, de Mozambique hasta todos los Portugales y Españas que en el mundo son. Y ese algo, ese Alguien, es Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre: Sacerdote, Profeta y Rey. Y ese otro Alguien es su Santísima Madre, pues tierras no marianas sino marianísimas son las Madres Patrias que reciben por primera vez en la historia de manera milagrosa a Nuestra Señora en el Pilar en Zaragoza y en Fátima en el acontecimiento más importante del siglo XX.
Las Patrias hispanas de Europa, América, Asia y África sufren ahora dolores innúmeros. Es más que la crisis económica que nos azota. Es más que el desastre político que nos flagela. Es la falta de sustancia por nuestra dejación y nuestro abandono de lo que es nuestra esencia, que no es otra que Cristo y su Iglesia.
Recemos a Dios Nuestro Señor para que España y Portugal vuelvan a ser eso: “luz de Trento, martillo de herejes”, espada de la Cristiandad, naciones misioneras en pos del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo a través del Inmaculado Corazón de María.
El texto completo puede encontrarse aquí.
“[…] La raza, dice Maeztu, no se define ni por el color de la piel ni por la estatura ni por los caracteres anatómicos del cuerpo. Ni se contiene en unos límites geográficos ni en un nivel determinado sobre el mar. La raza no es la nación, que expresa una comunidad regida por una forma de gobierno y por unas leyes; ni es la Patria, que dice una especie de paternidad, de sangre, de lugar, de instituciones, de historia. La raza, decimos apuntando al ídolo del racismo moderno, no es un tipo biológico definido por la soberbia propia y por el desdén a las otras razas, depurado por la selección y la higiene, con destinos trascendentales sobre todas las demás razas.
La raza, la Hispanidad, es algo espiritual que transciende sobre las diferencias biológicas y psicológicas y los conceptos de nación y Patria. Si la noción de catolicidad pudiese reducirse en su ámbito y aplicarse sin peligro a una institución histórica que no fuera el catolicismo, diríamos que la Hispanidad importa cierta catolicidad dentro de los grandes límites de una agrupación de naciones y de razas. Es algo espiritual, de orden divino y humano a la vez, porque comprende el factor religioso, el catolicismo en nuestro caso, por el que entroncamos en el catolicismo católico, si así puede decirse, y los otros factores meramente humanos, la tradición, la cultura, el temperamento colectivo, la historia, calificados y matizados por el elemento religioso como factor principal; de donde resulta una civilización específica, con un origen, una forma histórica y unas tendencias que la clasifican dentro de la historia universal.
Entendida así la Hispanidad, diríamos que es la proyección de la fisonomía de España fuera de sí y sobre los pueblos que integran la Hispanidad. Es el temperamento español, no el temperamento fisiológico, sino el moral e histórico, que se ha transfundido a otras razas y a otras naciones y a otras tierras y las ha marcado con el sello del alma española, de la vida y la acción española. Es el genio de España que ha incubado el genio de otras tierras y razas, y, sin desnaturalizarlo, lo ha elevado y depurado y lo ha hecho semejante a sí. Así entendemos la raza y la Hispanidad.
En el cielo, dice el Apocalipsis, gentes de toda nación y toda raza bendicen a Dios con este himno: ‘Nos redimiste, Señor, con tu sangre, de toda nación, y has hecho de todos un solo reino.’ Alejando toda profanidad en la aplicación, ¿por qué todas las gentes de Hispanoamérica no podrían bendecir a la madre España y decirla: ‘Señora, nos sacaste un día de la idolatría y la barbarie y nos imprimiste una semejanza tuya, que aún perdura después de más de cuatro siglos? Somos la Hispanidad, Señora, porque si no formamos un reino único de orden político, pero tenemos idéntico espíritu, y ese espíritu es el que nos une y nos señala una ruta a seguir en la historia.’
Así queda definido el problema de la Hispanidad en su fórmula espiritual, y queda al mismo tiempo resuelta la dificultad que podría ofrecerse por la enorme diferencia de tipos biológicos, de cultura, de lengua, que nos ofrecen estas Américas, hasta reduciéndolas al tipo latino o hispano.
Y así definida la Hispanidad, yo digo que es una tentación y un deber, para los españoles y americanos, acometer la hispanización de la América latina. Tentación, en el buen sentido, porque todo ser apetece su engrandecimiento, y América y España se brindan mutuamente, más que otros países del mundo, muchos horizontes hacia donde expansionarse. Deber, porque lo hemos contraído ante nuestra propia historia, que nos impone la obligación moral de la continuidad, so pena de errar la ruta de nuestros destinos. Hemos hecho lo más; nos queda por hacer lo menos. Hemos conquistado y colonizado y convivido en español; hemos de reconquistar nuestro propio espíritu, que va desvaneciéndose en América.”
Isidro Cardenal Gomá, Primado de España
(RCS)
A Missa de rito latino-gregoriano - 4
O "Novus Ordo" de Paulo VI, ou a penetração da heresia protestante na Missa católica.
JSarto
JSarto
terça-feira, outubro 10, 2006
Modernistas em notório incómodo
Os modernistas começam a dar sinais de notório incómodo! Absolutamente! Motivo de regozijo para todos os verdadeiros católicos! Roma está indubitavelmente a encarreirar pelo bom caminho, e a prova disso é que o Santo Padre não hesita em atingir os lobos em cheio com o seu báculo! A razão de tanto desconcerto ainda é só o Instituto do Bom Pastor… Um Instituto de Direito Pontíficio, defensor da Missa e doutrina tradicionais, para mais fora do alcance das garras de Policarpos, Torgais, Manueis Martins e tropa quejanda, é de facto uma chatice muito grande para os quinto colunistas ao serviço da anti-Igreja. De tal criação papal irei proximamente falar n'"A Casa de Sarto". Por ora, sobre o assunto, deixo para leitura estes postais (aqui e aqui) desse autêntico serviço público noticioso da Tradição que é o Rorate-Caeli.
JSarto
JSarto
Aborto, imagens e palavras - 2
Eis um pequeno grande filme, com um conteúdo absolutamente irrepreensível, mesmo que não sufrague a doutrina religiosa da organização responsável pela sua realização.
JSarto
JSarto
segunda-feira, outubro 09, 2006
Sobre o Limbo

A ler:
- "Abolishing Limbo?", no "The Remnant";
- "Limbo in Limbo", no "The Remnant";
- "Limbo of Children - New expiration date: 2008", no "Rorate-Caeli";
- "Could Limbo Be "Abolished"?", pelo Padre Brian W. Harrisson, O.S., no arquivo do "Seattle Catholic".
JSarto
- "Abolishing Limbo?", no "The Remnant";
- "Limbo in Limbo", no "The Remnant";
- "Limbo of Children - New expiration date: 2008", no "Rorate-Caeli";
- "Could Limbo Be "Abolished"?", pelo Padre Brian W. Harrisson, O.S., no arquivo do "Seattle Catholic".
JSarto
Aborto, imagens e palavras
De uma tripla perspectiva científica, filosófica e religiosa, é hoje em dia inquestionável que a vida humana se inicia no momento da concepção e com a formação do zigoto, o qual por si só, num processo de desenvolvimento contínuo (zigoto, embrião, feto), conduz ao nascimento de um novo ser humano. Deste modo, a interrupção deliberada de tal processo - o aborto voluntário - implica forçosamente a provocação intencional da morte de um ser humano inocente e indefeso, logo, um homicídio.
Tentar evadir esta factualidade, como o fazem alguns aborcionistas, arguindo que a fusão entre o óvulo e o esperma não é um processo instantâneo, ou que nem sempre o zigoto evolui para as fases posteriores enunciadas, não passa de uma pouca séria tentativa de manipulação semântica ou de mero abuso sofístico face aos dados fundamentais da questão em discussão.
A verdade é que os aborcionistas manifestam uma enorme falta de à vontade sempre que confrontados com a realidade crua do aborto, porque lá bem no fundo, no mais intimo das suas consciências não totalmente embotadas pelo erro ou obnubiladas pela mentira, sabem perfeitamente que aquele não é só uma mera remoção inconsequente de meia dúzia de células indiferenciadas. Daí as reacções dos mesmos quando colocados perante os efeitos criminosos do aborto devidamente documentados através de meios gráficos, as quais vão desde o extremo desconforto até ao expelir da raiva mais pura: é que uma imagem vale mais do que mil palavras!
Por esta razão, que os meus leitores vejam o pequeno filme do "You Tube" para o qual os remeto a partir daqui - após muita ponderação, e dado o seu conteúdo, admito que me faltou a coragem para editá-lo directamente neste espaço -, e que em consequência tirem por si próprios as devidas conclusões. Afinal, estamos, ou não, perante a morte provocada de seres humanos inocente e indefesos, logo, homicídios?...
JSarto
Tentar evadir esta factualidade, como o fazem alguns aborcionistas, arguindo que a fusão entre o óvulo e o esperma não é um processo instantâneo, ou que nem sempre o zigoto evolui para as fases posteriores enunciadas, não passa de uma pouca séria tentativa de manipulação semântica ou de mero abuso sofístico face aos dados fundamentais da questão em discussão.
A verdade é que os aborcionistas manifestam uma enorme falta de à vontade sempre que confrontados com a realidade crua do aborto, porque lá bem no fundo, no mais intimo das suas consciências não totalmente embotadas pelo erro ou obnubiladas pela mentira, sabem perfeitamente que aquele não é só uma mera remoção inconsequente de meia dúzia de células indiferenciadas. Daí as reacções dos mesmos quando colocados perante os efeitos criminosos do aborto devidamente documentados através de meios gráficos, as quais vão desde o extremo desconforto até ao expelir da raiva mais pura: é que uma imagem vale mais do que mil palavras!
Por esta razão, que os meus leitores vejam o pequeno filme do "You Tube" para o qual os remeto a partir daqui - após muita ponderação, e dado o seu conteúdo, admito que me faltou a coragem para editá-lo directamente neste espaço -, e que em consequência tirem por si próprios as devidas conclusões. Afinal, estamos, ou não, perante a morte provocada de seres humanos inocente e indefesos, logo, homicídios?...
JSarto
terça-feira, outubro 03, 2006
Opus Dei
Periódicamente algunos lectores y gente cercana me hace la misma pregunta. No presumiré de ser experto en el tema, porque no lo soy. Hace años que vengo leyendo sobre el tema y que llevo acumulando material sobre el particular. Sea como fuere y, mucho mejor que mi parecer sobre el particular, será remitir a nuestros lectores a algunos artículos que, en mi modesta opinión, explican bien el Opus Dei y analizan sus implicaciones. Que nadie espere en ellos nada escabroso, porque son análisis sensatos, ciertamente desde la perspectiva de la Tradición.
Me duele hablar de este tema porque algunos de mis mejores profesores en la Universidad eran del Opus Dei. Me duele porque el Sacerdote que me bautizó, un santo varón, es del Opus Dei. Me duele porque conozco excelentes personas que son del Opus Dei, de hecho algunos de los mejores católicos que he conocido en mi vida son de la Obra. Me duele porque tengo buenos amigos, tanto numerarios como supernumerarios, de la Obra.
Pero, sin embargo, tengo mis reservas con respecto a la institución. E, insisto, que no creo de recibo el equiparar la crítica a la institución con la crítica a las personas que la integran. En modo alguno. El Opus ha servido de refugio en España a algunos de los mejores sectores y familias católicas. Lamentablemente en más de un aspecto las ha neutralizado, todo hay que decirlo.
Por otro lado el internet está lleno de cosas tanto a favor como en contra del Opus Dei. Y de entre las últimas muchas, la mayoría, suelen ser críticas procedentes del campo, a menudo rabioso, modernista-progresista. El que el Opus Dei haya sido conservador en algún aspecto lo puede hacer odioso a quienes quieren que la revolución marche a una mayor velocidad, pero tampoco lo hace apetecible a quienes defendemos que hay principios inmutables y eternos, a quienes creemos que la Tradición no es lo mismo que el conservadurismo. Ninguna de las críticas del Opus Dei que detallamos a continuación viene del ala izquierda (¿debería emplear el término más latino “ala siniestra”?, sino que son fundamentalmente tradicionales en su abordaje.
Para aquellos lectores interesados en ello algunas sugerencias espigadas, de entre lo que existe en línea, aquí dejamos nota de algunas bien interesantes:
Introducciones al problema
- Una buena introducción al problema sería El Opus Dei, caballo de Troya del liberalismo, por el Padre Guillermo Devillers
- Un análisis sensato de uno de mis autores favoritos, el Profesor Rubén Calderón Bouchet, en pocas palabras
Artículos de fondo
- Un extraordinario artículo, posiblemente el que yo más recomendase de entre todos para aquellos que no tienen tiempo de leer todos los demás es Opus Dei: A Strange Pastoral Phenomenon, que apareció publicado hace años como una separata de la revista The Angelus
- En cuanto a la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, los problemas de dicha canonización y un análisis en profundidad de la doctrina del Opus, el Padre Hervé Gresland nos instruyó con su La canonisation de Josémaria Escriva de Balaguer ou une nouvelle étape de la glorification de l’Eglise conciliaire
Diferencias entre el Opus y el Magisterio tradicional
- En cuanto a las discrepancias del Opus Dei con el Magisterio sempiterno recomendaría efusivamente los Errores doctrinales de Escrivá de Balaguer
- Sobre el liberalismo inherente al Opus Dei el artículo bien trabado de Ian Smith titulado Opus Dei: Sectarians in disguise? es un buen punto de entrada
El Opus como vehículo de la judaización del catolicismo
- Un artículo más duro, que incide en la judaización de la Fe Católica y el papel jugado por el Opus Dei en los países hispánicos, que tampoco se puede soslayar es El Opus Dei ¿un fariseísmo, un saduceísmo o un herodianismo?, del Padre Raúl Sánchez Abelenda
- Abundando en lo anterior un trabajo, quizás con excesos, pero sin embargo con un formidable aparataje de notas y referencias que incide sobre la judaización de la Fe es el ya clásico Opus Judei, del que tengo el original castellano, pero que en línea sólo parece ser posible encontrarlo en inglés
Con esto espero haber satisfecho la curiosidad de aquellos que me han preguntado sobre el Opus Dei. Muchas veces la labor de una humilde bitácora como A Casa de Sarto es simplemente servir de trampolín para difundir trabajos que, de otro modo, pueden dormir el sueño de los justos en la red.
Advierto de antemano que ni tengo intención ni tiempo de sostener polémicas sobre este tema, en el que me encuentro insuficientemente preparado. Así que los comentarios educados y de buena fe, a favor o contrarios, serán puestos a continuación pero no voy a entrar en ningún tipo de diálogo con los comentaristas. Tampoco tengo intención de volver sobre el particular en un futuro inmediato.
Rafael Castela Santos
Me duele hablar de este tema porque algunos de mis mejores profesores en la Universidad eran del Opus Dei. Me duele porque el Sacerdote que me bautizó, un santo varón, es del Opus Dei. Me duele porque conozco excelentes personas que son del Opus Dei, de hecho algunos de los mejores católicos que he conocido en mi vida son de la Obra. Me duele porque tengo buenos amigos, tanto numerarios como supernumerarios, de la Obra.
Pero, sin embargo, tengo mis reservas con respecto a la institución. E, insisto, que no creo de recibo el equiparar la crítica a la institución con la crítica a las personas que la integran. En modo alguno. El Opus ha servido de refugio en España a algunos de los mejores sectores y familias católicas. Lamentablemente en más de un aspecto las ha neutralizado, todo hay que decirlo.
Por otro lado el internet está lleno de cosas tanto a favor como en contra del Opus Dei. Y de entre las últimas muchas, la mayoría, suelen ser críticas procedentes del campo, a menudo rabioso, modernista-progresista. El que el Opus Dei haya sido conservador en algún aspecto lo puede hacer odioso a quienes quieren que la revolución marche a una mayor velocidad, pero tampoco lo hace apetecible a quienes defendemos que hay principios inmutables y eternos, a quienes creemos que la Tradición no es lo mismo que el conservadurismo. Ninguna de las críticas del Opus Dei que detallamos a continuación viene del ala izquierda (¿debería emplear el término más latino “ala siniestra”?, sino que son fundamentalmente tradicionales en su abordaje.
Para aquellos lectores interesados en ello algunas sugerencias espigadas, de entre lo que existe en línea, aquí dejamos nota de algunas bien interesantes:
Introducciones al problema
- Una buena introducción al problema sería El Opus Dei, caballo de Troya del liberalismo, por el Padre Guillermo Devillers
- Un análisis sensato de uno de mis autores favoritos, el Profesor Rubén Calderón Bouchet, en pocas palabras
Artículos de fondo
- Un extraordinario artículo, posiblemente el que yo más recomendase de entre todos para aquellos que no tienen tiempo de leer todos los demás es Opus Dei: A Strange Pastoral Phenomenon, que apareció publicado hace años como una separata de la revista The Angelus
- En cuanto a la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, los problemas de dicha canonización y un análisis en profundidad de la doctrina del Opus, el Padre Hervé Gresland nos instruyó con su La canonisation de Josémaria Escriva de Balaguer ou une nouvelle étape de la glorification de l’Eglise conciliaire
Diferencias entre el Opus y el Magisterio tradicional
- En cuanto a las discrepancias del Opus Dei con el Magisterio sempiterno recomendaría efusivamente los Errores doctrinales de Escrivá de Balaguer
- Sobre el liberalismo inherente al Opus Dei el artículo bien trabado de Ian Smith titulado Opus Dei: Sectarians in disguise? es un buen punto de entrada
El Opus como vehículo de la judaización del catolicismo
- Un artículo más duro, que incide en la judaización de la Fe Católica y el papel jugado por el Opus Dei en los países hispánicos, que tampoco se puede soslayar es El Opus Dei ¿un fariseísmo, un saduceísmo o un herodianismo?, del Padre Raúl Sánchez Abelenda
- Abundando en lo anterior un trabajo, quizás con excesos, pero sin embargo con un formidable aparataje de notas y referencias que incide sobre la judaización de la Fe es el ya clásico Opus Judei, del que tengo el original castellano, pero que en línea sólo parece ser posible encontrarlo en inglés
Con esto espero haber satisfecho la curiosidad de aquellos que me han preguntado sobre el Opus Dei. Muchas veces la labor de una humilde bitácora como A Casa de Sarto es simplemente servir de trampolín para difundir trabajos que, de otro modo, pueden dormir el sueño de los justos en la red.
Advierto de antemano que ni tengo intención ni tiempo de sostener polémicas sobre este tema, en el que me encuentro insuficientemente preparado. Así que los comentarios educados y de buena fe, a favor o contrarios, serán puestos a continuación pero no voy a entrar en ningún tipo de diálogo con los comentaristas. Tampoco tengo intención de volver sobre el particular en un futuro inmediato.
Rafael Castela Santos
segunda-feira, outubro 02, 2006
O Mau Pastor

A bizarra - para não dizer escandalosa - posição publicamente assumida pelo Cardeal-Patriarca de Lisboa, Dom José Policarpo, a propósito da questão do aborto, e que o meu amigo Corcunda oportuna e certeiramente criticou, é bem sintomática da grave doença que o vírus modernista provocou à Igreja em Portugal. Já aqui o disse anteriormente, e reafirmo-o agora, mesmo que tal possa parecer estranho a muitos fiéis católicos bem intencionados mas pouco alertados, que no episcopado nacional, sob uma aparência de conservadorismo, esconde-se um modernismo extremo, radical, frio, reflexivo e astuto, a roçar o cinismo puro, e por isso mesmo muito mais pernicioso e eficaz no transmitir da sua mensagem de abominação a tudo o que é verdadeiramente católico do que o modernismo exuberante e radical, misto de imoralidades chocantes e momices apalhaçadas, dos bispos do Norte da Europa e dos Estados Unidos.
De facto, o panorama que nos oferece correntemente a Igreja em Portugal é tudo menos brilhante, e vários são os factores que o comprovam, como por exemplo: a) o abandono quase por completo do porte do traje eclesiástico (indício exterior de uma grave laicização do clero, sem paralelo em qualquer outro país europeu, talvez com a excepção francesa); b) o atroz estilo de arquitectura religiosa minimalista pós-conciliar, de matriz herética protestante, pelo qual as dioceses nacionais têm sistematicamente optado na edificação de novas igrejas, transformadas assim em verdadeiros mamarrachos desprovidos da mínima dignidade, edifícios talvez próprios para as reuniões memoriais litúrgicas do "povo de Deus", mas não para a adoração de Deus através do Santo Sacrifício da Missa; c) a perpetuação dos abusos litúrgicos em boa parte das paróquias, os quais variam entre o simples mau gosto e a pura heresia, porém todos tendo em comum a desobediência obstinada às sucessivas recomendações feitas por Roma acerca da matéria; d) a adopção de um discurso doutrinário que varia entre um xaroposo humanitarismo filantrópico de matriz difusamente jacobina e um agressivo evangelismo político-militante inspirado no marxismo mais retrógrado e cavernícola, mas que se olvida sistematicamente dos fins últimos da Igreja, a saber, para além da glorificação de Deus, a santificação dos homens com vista à salvação das suas almas para a vida eterna (por exemplo, quem é que hoje em dia ainda prega sobre os novíssimos - morte, julgamento, céu ou inferno?); e, e) a completa marginalização a que o episcopado e o restante clero modernista e progressista português votaram a Missa Tradicional de rito latino-gregoriano - Portugal é o único país de maioria católica na Europa Ocidental, onde bizarra e absurdamente não é possível assistir à Missa tradicional em uma só das igrejas sob jurisdição do episcopado nacional, o que diz muito do grau de descatolicização que os nossos bispos atingiram. Deste último ponto, já falei largamente em anterior artigo neste espaço, para o qual remeto agora; acrescentaria tão-só que é eloquente o facto de o livro de autoria do actual Papa Bento XVI, "O Espírito da Liturgia", certamente a sua obra-prima, com um carácter vigorosamente tradicionalista, não ter uma edição portuguesa, já que nenhuma editora religiosa nacional, ou pelo menos próxima à Igreja, se dispôs a editá-lo, o que não deixa de ser muito estranho.*
Ora, em face do âmbito supra exposto, as palavras de Dom José Policarpo não nos devem causar espanto de maior, tanto mais que o Patriarca de Lisboa, conjuntamente com os seus pares Mahoney (Los Angeles), Lustiguer (Paris), Daneels (Malines - Bruxelas), Martini (resignatário de Milão) ou Kasper (Conselho Pontifício para a Promoção da Unidade Cristã), é um membros mais radicalmente progressistas do colégio cardinalício e comporta-se como tal, preferindo com as suas palavras agradar mais a esse inimigo da alma que é o mundo do que defender a verdade cristã.
Posto isto, relembro uma vez mais parte do conteúdo da "Nota doutrinal sobre algumas questões relativas à participação e comportamento dos católicos na vida política", que tem como primeiros destinatários os bispos católicos, ainda que alguns aparentemente não a hajam lido:
"Assiste-se, invés, a tentativas legislativas que, sem se preocuparem com as consequências das mesmas para a existência e o futuro dos povos na formação da cultura e dos comportamentos sociais, visam quebrar a intangibilidade da vida humana. Os católicos, em tal emergência, têm o direito e o dever de intervir, apelando para o sentido mais profundo da vida e para a responsabilidade que todos têm perante a mesma. João Paulo II, na linha do perene ensinamento da Igreja, afirmou repetidas vezes que quantos se encontram directamente empenhados nas esferas da representação legislativa têm a “clara obrigação de se opor” a qualquer lei que represente um atentado à vida humana. Para eles, como para todo o católico, vale a impossibilidade de participar em campanhas de opinião em favor de semelhantes leis, não sendo a ninguém consentido apoiá-las com o próprio voto. Isso não impede, como ensinou João Paulo II na Carta Encíclica Evangelium Vitae sobre a eventualidade de não ser possível evitar ou revogar totalmente uma lei abortista já em vigor ou posta em votação, que “um parlamentar, cuja pessoal oposição absoluta ao aborto seja clara e por todos conhecida, possa licitamente dar o próprio apoio a propostas tendentes a limitar os danos de uma tal lei e a diminuir os seus efeitos negativos no plano da cultura e da moralidade pública"..
Neste contexto, há que acrescentar que a consciência cristã bem formada não permite a ninguém favorecer, com o próprio voto, a actuação de um programa político ou de uma só lei, onde os conteúdos fundamentais da fé e da moral sejam subvertidos com a apresentação de propostas alternativas ou contrárias aos mesmos. Uma vez que a fé constitui como que uma unidade indivisível, não é lógico isolar um só dos seus conteúdos em prejuízo da totalidade da doutrina católica. Não basta o empenho político em favor de um aspecto isolado da doutrina social da Igreja para esgotar a responsabilidade pelo bem comum. Nem um católico pode pensar em delegar a outros o empenho que, como cristão, lhe vem do evangelho de Jesus Cristo de anunciar e realizar a verdade sobre o homem e o mundo.
Quando a acção política se confronta com princípios morais que não admitem abdicações, excepções ou compromissos de qualquer espécie, é então que o empenho dos católicos se torna mais evidente e grávido de responsabilidade. Perante essas exigências éticas fundamentais e irrenunciáveis, os crentes têm, efectivamente, de saber que está em jogo a essência da ordem moral, que diz respeito ao bem integral da pessoa. É o caso das leis civis em matéria de aborto e de eutanásia (a não confundir com a renúncia ao excesso terapêutico, legítimo, mesmo sob o ponto de vista moral), que devem tutelar o direito primário à vida, desde a sua concepção até ao seu termo natural. Do mesmo modo, há que afirmar o dever de respeitar e proteger os direitos do embrião humano. Analogamente, devem ser salvaguardadas a tutela e promoção da família, fundada no matrimónio monogâmico entre pessoas de sexo diferente e protegida na sua unidade e estabilidade, perante as leis modernas em matéria de divórcio: não se pode, de maneira nenhuma, pôr juridicamente no mesmo plano com a família outras formas de convivência, nem estas podem receber, como tais, um reconhecimento legal. Igualmente, a garantia da liberdade de educação, que os pais têm em relação aos próprios filhos, é um direito inalienável, aliás reconhecido nas Declarações internacionais dos direitos humanos."
E finalmente, faço votos para que Sua Eminência, trave um pouco o seu afã progressista, e reflicta nestas palavras de Cristo, de quem deveria ser servidor exemplar:
"Seja este o vosso modo de falar: Sim, sim; não, não. Tudo o que for além disto procede do espírito do mal" (Mt 5, 37);
"Acautelai-vos dos falsos profetas, que se vos apresentam disfarçados de ovelhas, mas por dentro são lobos vorazes. Pelos seus frutos os conhecereis. Porventura podem colher-se uvas dos espinheiros ou figos dos abrolhos? Toda a árvore boa dá bons frutos e toda a árvore má dá maus frutos. A árvore boa não pode dar maus frutos nem a árvore má dar bons frutos. Toda a árvore que não dá bons frutos é cortada e lançada ao fogo. Pelos frutos, pois, os conhecereis" (Mt 7, 15-20);
"Mas, se alguém escandalizar um destes pequeninos que crêem em mim, seria preferível que lhe suspendessem do pescoço a mó de um moinho e o lançassem nas profundezas do mar. Ai do mundo, por causa dos escândalos! São inevitáveis, decerto, os escândalos; mas ai do homem por quem vem o escândalo!" (Mt 18, 6-7);
"Eu sou o bom pastor. O bom pastor dá a sua vida pelas ovelhas. O mercenário, e o que não é pastor, e a quem não pertencem as ovelhas, vê vir o lobo e abandona as ovelhas e foge e o lobo arrebata-as e espanta-as porque é mercenário e não lhe importam as ovelhas" (Jo 10, 11-13);
"Conheço as tuas obras: não és frio nem quente. Oxalá fosses frio ou quente. Assim, porque és morno - e não és frio nem quente - vou vomitar-te da minha boca" (Ap 3, 15-16).
JSarto
De facto, o panorama que nos oferece correntemente a Igreja em Portugal é tudo menos brilhante, e vários são os factores que o comprovam, como por exemplo: a) o abandono quase por completo do porte do traje eclesiástico (indício exterior de uma grave laicização do clero, sem paralelo em qualquer outro país europeu, talvez com a excepção francesa); b) o atroz estilo de arquitectura religiosa minimalista pós-conciliar, de matriz herética protestante, pelo qual as dioceses nacionais têm sistematicamente optado na edificação de novas igrejas, transformadas assim em verdadeiros mamarrachos desprovidos da mínima dignidade, edifícios talvez próprios para as reuniões memoriais litúrgicas do "povo de Deus", mas não para a adoração de Deus através do Santo Sacrifício da Missa; c) a perpetuação dos abusos litúrgicos em boa parte das paróquias, os quais variam entre o simples mau gosto e a pura heresia, porém todos tendo em comum a desobediência obstinada às sucessivas recomendações feitas por Roma acerca da matéria; d) a adopção de um discurso doutrinário que varia entre um xaroposo humanitarismo filantrópico de matriz difusamente jacobina e um agressivo evangelismo político-militante inspirado no marxismo mais retrógrado e cavernícola, mas que se olvida sistematicamente dos fins últimos da Igreja, a saber, para além da glorificação de Deus, a santificação dos homens com vista à salvação das suas almas para a vida eterna (por exemplo, quem é que hoje em dia ainda prega sobre os novíssimos - morte, julgamento, céu ou inferno?); e, e) a completa marginalização a que o episcopado e o restante clero modernista e progressista português votaram a Missa Tradicional de rito latino-gregoriano - Portugal é o único país de maioria católica na Europa Ocidental, onde bizarra e absurdamente não é possível assistir à Missa tradicional em uma só das igrejas sob jurisdição do episcopado nacional, o que diz muito do grau de descatolicização que os nossos bispos atingiram. Deste último ponto, já falei largamente em anterior artigo neste espaço, para o qual remeto agora; acrescentaria tão-só que é eloquente o facto de o livro de autoria do actual Papa Bento XVI, "O Espírito da Liturgia", certamente a sua obra-prima, com um carácter vigorosamente tradicionalista, não ter uma edição portuguesa, já que nenhuma editora religiosa nacional, ou pelo menos próxima à Igreja, se dispôs a editá-lo, o que não deixa de ser muito estranho.*
Ora, em face do âmbito supra exposto, as palavras de Dom José Policarpo não nos devem causar espanto de maior, tanto mais que o Patriarca de Lisboa, conjuntamente com os seus pares Mahoney (Los Angeles), Lustiguer (Paris), Daneels (Malines - Bruxelas), Martini (resignatário de Milão) ou Kasper (Conselho Pontifício para a Promoção da Unidade Cristã), é um membros mais radicalmente progressistas do colégio cardinalício e comporta-se como tal, preferindo com as suas palavras agradar mais a esse inimigo da alma que é o mundo do que defender a verdade cristã.
Posto isto, relembro uma vez mais parte do conteúdo da "Nota doutrinal sobre algumas questões relativas à participação e comportamento dos católicos na vida política", que tem como primeiros destinatários os bispos católicos, ainda que alguns aparentemente não a hajam lido:
"Assiste-se, invés, a tentativas legislativas que, sem se preocuparem com as consequências das mesmas para a existência e o futuro dos povos na formação da cultura e dos comportamentos sociais, visam quebrar a intangibilidade da vida humana. Os católicos, em tal emergência, têm o direito e o dever de intervir, apelando para o sentido mais profundo da vida e para a responsabilidade que todos têm perante a mesma. João Paulo II, na linha do perene ensinamento da Igreja, afirmou repetidas vezes que quantos se encontram directamente empenhados nas esferas da representação legislativa têm a “clara obrigação de se opor” a qualquer lei que represente um atentado à vida humana. Para eles, como para todo o católico, vale a impossibilidade de participar em campanhas de opinião em favor de semelhantes leis, não sendo a ninguém consentido apoiá-las com o próprio voto. Isso não impede, como ensinou João Paulo II na Carta Encíclica Evangelium Vitae sobre a eventualidade de não ser possível evitar ou revogar totalmente uma lei abortista já em vigor ou posta em votação, que “um parlamentar, cuja pessoal oposição absoluta ao aborto seja clara e por todos conhecida, possa licitamente dar o próprio apoio a propostas tendentes a limitar os danos de uma tal lei e a diminuir os seus efeitos negativos no plano da cultura e da moralidade pública"..
Neste contexto, há que acrescentar que a consciência cristã bem formada não permite a ninguém favorecer, com o próprio voto, a actuação de um programa político ou de uma só lei, onde os conteúdos fundamentais da fé e da moral sejam subvertidos com a apresentação de propostas alternativas ou contrárias aos mesmos. Uma vez que a fé constitui como que uma unidade indivisível, não é lógico isolar um só dos seus conteúdos em prejuízo da totalidade da doutrina católica. Não basta o empenho político em favor de um aspecto isolado da doutrina social da Igreja para esgotar a responsabilidade pelo bem comum. Nem um católico pode pensar em delegar a outros o empenho que, como cristão, lhe vem do evangelho de Jesus Cristo de anunciar e realizar a verdade sobre o homem e o mundo.
Quando a acção política se confronta com princípios morais que não admitem abdicações, excepções ou compromissos de qualquer espécie, é então que o empenho dos católicos se torna mais evidente e grávido de responsabilidade. Perante essas exigências éticas fundamentais e irrenunciáveis, os crentes têm, efectivamente, de saber que está em jogo a essência da ordem moral, que diz respeito ao bem integral da pessoa. É o caso das leis civis em matéria de aborto e de eutanásia (a não confundir com a renúncia ao excesso terapêutico, legítimo, mesmo sob o ponto de vista moral), que devem tutelar o direito primário à vida, desde a sua concepção até ao seu termo natural. Do mesmo modo, há que afirmar o dever de respeitar e proteger os direitos do embrião humano. Analogamente, devem ser salvaguardadas a tutela e promoção da família, fundada no matrimónio monogâmico entre pessoas de sexo diferente e protegida na sua unidade e estabilidade, perante as leis modernas em matéria de divórcio: não se pode, de maneira nenhuma, pôr juridicamente no mesmo plano com a família outras formas de convivência, nem estas podem receber, como tais, um reconhecimento legal. Igualmente, a garantia da liberdade de educação, que os pais têm em relação aos próprios filhos, é um direito inalienável, aliás reconhecido nas Declarações internacionais dos direitos humanos."
E finalmente, faço votos para que Sua Eminência, trave um pouco o seu afã progressista, e reflicta nestas palavras de Cristo, de quem deveria ser servidor exemplar:
"Seja este o vosso modo de falar: Sim, sim; não, não. Tudo o que for além disto procede do espírito do mal" (Mt 5, 37);
"Acautelai-vos dos falsos profetas, que se vos apresentam disfarçados de ovelhas, mas por dentro são lobos vorazes. Pelos seus frutos os conhecereis. Porventura podem colher-se uvas dos espinheiros ou figos dos abrolhos? Toda a árvore boa dá bons frutos e toda a árvore má dá maus frutos. A árvore boa não pode dar maus frutos nem a árvore má dar bons frutos. Toda a árvore que não dá bons frutos é cortada e lançada ao fogo. Pelos frutos, pois, os conhecereis" (Mt 7, 15-20);
"Mas, se alguém escandalizar um destes pequeninos que crêem em mim, seria preferível que lhe suspendessem do pescoço a mó de um moinho e o lançassem nas profundezas do mar. Ai do mundo, por causa dos escândalos! São inevitáveis, decerto, os escândalos; mas ai do homem por quem vem o escândalo!" (Mt 18, 6-7);
"Eu sou o bom pastor. O bom pastor dá a sua vida pelas ovelhas. O mercenário, e o que não é pastor, e a quem não pertencem as ovelhas, vê vir o lobo e abandona as ovelhas e foge e o lobo arrebata-as e espanta-as porque é mercenário e não lhe importam as ovelhas" (Jo 10, 11-13);
"Conheço as tuas obras: não és frio nem quente. Oxalá fosses frio ou quente. Assim, porque és morno - e não és frio nem quente - vou vomitar-te da minha boca" (Ap 3, 15-16).
JSarto
* Adenda - Informa-me um leitor por correio electrónico de que o livro “Introdução ao Espírito da Liturgia”, do Cardeal Joseph Ratzinger, foi objecto de uma edição portuguesa em 2001 - que eu desconhecia -, da responsabilidade das “Paulinas”, de Lisboa. Porém, averiguei que tal livro está esgotado há muito e não foi reeditado depois da eleição do seu autor para o Trono de São Pedro. E uma coisa não deixa de ser certa: as teses sustentadas pelo actual Papa em matéria litúrgica não parecem ter sensibilizado minimamente o nosso episcopado. De qualquer maneira, apresento as minhas desculpas pelo lapso.
Robert P. George sobre o aborto
Robert P.George, Professor de Direito Constitucional na Universidade de Princeton, New Jersey, é na actualidade um dos mais eminentes jusnaturalistas norte-americanos. Profundamente influenciado pela filosofia tomista, é um convicto defensor do império da lei natural na esfera pública, e o mais firme crítico do utilitarismo niilista de Peter Singer. É de sua autoria o livro "The Clash of Orthodoxies - Law, Religion, and Morality in Crisis", do qual transcrevo o seguinte trecho, onde Robert P. George demonstra a insustentabilidade científica e filosófica dos argumentos dos defensores do aborto a simples pedido:
I believe that the pro-life position is superior to the pro-choice position precisely because the scientific evidence, considered honestly and dispassionately, fully supports it. A human being is conceived when a human sperm containing twenty-three chromosomes fuses with a human egg also containing twenty-three chromosomes (albeit of a different kind) producing a single-cell human zygote containing, in the normal case, forty-six chromosomes that are mixed differently from the forty-six chromosomes as found in the mother or father. Unlike the gametes (that is, the sperm and egg), the zygote is genetically unique and distinct from its parents. Biologically, it is a separate organism. It produces, as the gametes do not, specifically human enzymes and proteins. It possesses, as they do not, the active capacity or potency to develop itself into a human embryo, fetus, infant, child, adolescent, and adult.
Assuming that is not conceived in vitro, the zygote is, of course, in a state of dependence on its mother. But independence should not be confused with distinctness. From the beginning, the newly conceived human being, not its mother, directs its integral organic functioning. It takes in nourishment and converts it to energy. Given an hospitable environment, it will, as Dianne Nutwell Irving says, "develop continously without any biological interruptions, or gaps, throughout the embryonic, fetal, neo-natal, childhood and adulthood stages - until the death of the organism."
Some claim to find the logical implication of these facts - that is, that life begins at conception - to be "virtually unintelligible". A leading exponent of that point of view in the legal academy is Jed Rubenfeld of Yale Law School, author of an influential article entitled "On the Legal Status of the Proposition that "Life Begins at Conception"". Rubenfeld argues that, like the zygote, every cell in the human body is "genetically complete"; yet nobody supposes that every human cell is a distinct human being with a right to life. However, Rubenfeld misses the point that there comes into being at conception not a mere clump of human cells, but a distinct, unified, self-integrating organism, which develops itself, truly himself or herself, in accord with its own generic "blueprint". The significance of genetic completeness for the status of newly conceived human beings is that no outside genetic material is required to enable the zygote to mature into an embryo, the embryo into a fetus, the fetus into an infant, the infant into a child, the child into an adolescent, the adolescent into an adult. What the zygote needs to function as a distinct self-integrating human organism, a human being, it already possesses.
At no point in the embryogenesis, therefore, does the distinct organism that came into being when it was conceived undergo what is technically called "substantial change" (or a change of natures). It is human and will remain human. This is the point of Justice Byron White's remark in his dissenting opinion in "Thornburg v. American College of Obstetricians & Gynecologists" that "there is no non-arbitrary line separating a fetus from a child". Rubenfeld attacks White's point, which he calls "the argument based on the gradualness of gestation", by pointing out that, "no non-arbitrary line separates the hues of green and red. Shall we conclude that green is red?"
White's point, however, was not that fetal development is "gradual", but that it is continuous and is the (continuous) development of a single lasting (fully human) being. The human zygote that actively develops itself is, as I have pointed out, a genetically complete organism directing its own integral organic functioning. As it matures, in utero and ex utero, it does not "become" a human being, for it is a human being already, albeit an immature human being, just as a newborn infant is an immature human being who will undergo quite dramatic growth and development over time.
These considerations undermine the familiar argument, recited by Rubenfeld, that "the potential" of an unfertilized ovum to develop into a whole human being does not make it into "a person". The fact is, though, that that an ovum is not a whole human being. It is, rather, a part of another human being (the woman whose ovum it is) with merely the potential to give rise to, in interaction with a part of yet another human being (a man's sperm cell), a new and whole human being. Unlike the zygote, it lacks both genetic distinctness and completeness, as well as the active capacity to develop itself into an adult member of the human species. It is living human cellular material, but, left to itself, it will never become a human being, however hospitable its environment may be. It will "die" as a human ovum, just as countless skin cells "die" daily as nothing more than skin cells. If sucessfully fertilized by a human sperm, which, like the ovum (but dramatically unlike the zygote), lacks the active potential to develop into an adult member of the human species, then susbstantial change (that is, a change of natures) will occur. There will no longer be merely an egg, which was part of the mother, sharing her genetic composition, and a sperm, which was part of the father, sharing his genetic composition; instead, there will be a genetically, complete, distinct, unified, self-integrating human organism whose nature differs from that of the gametes - not mere human material, but a human being.
These considerations also make clear that is incorrect to argue (as some pro-choice advocates have argued) that, just as "I" was never a week-old sperm or ovum, "I" was likewise never a week old embryo. It truly makes no sense that "I" was once a sperm (or an unfertilized egg) that matured into an adult. Conception was the occasion of substantial change (that is, change from one complete individual entity to another) that brought into being a distinct self-integrating organism with a specifically human nature. By contrast, it makes every bit as much sense to say that I was once a week-old embryo as to say that I was once a week-old infant or a ten-year-old child. It was the new organism created at conception that, without itself undergoing any change of substance, matured into a week-old embryo, a fetus, an infant, a child, an adolescent, and, finally, an adult.
But Rubenfeld has another argument: "Cloning processes give to non-zygotic cells the potential for development into distinct, self-integrating human beings; thus to recognize the zygote as a human being is recognize all human cells as human beings, which is absurd."
It is true that a distinct, self-integrating human organism that came into being by a process of cloning would be, like a human organism that comes into being as a monozygotic twin, a human being. That being, no less than human beings conceived by the union of sperm and egg, would possess a human nature and the active potential to mature as a human being. However, even assuming the possibility of cloning human beings from non-zygotic human cells, the non-zygotic cell must be activated by a process that effects substantial change and not mere development or maturation. Left to itself, apart from an activation process capable of effecting a change of substance or natures, the cell will mature and die as a human cell, not as a human being.
The scientific evidence establishes the fact that each of us was, from conception, a human being. Science, not religion, vindicates this crucial premise of the pro-life claim. From it, there is no avoiding the conclusion that deliberate feticide is a form of homicide. The only real questions remaining are moral and political, not scientific. Although I will not go into the matter here, I do not see how direct abortion can ever be considered a matter of "justified homicide". It is important to recognize, however, as traditional moralists always have recognized, that not all procedures that foreseeably result in fetal death are, properly speaking, abortions. Although any procedure whose precise objective is the destruction of fetal life is certainly an abortion, and cannot be justified, some procedures result in fetal death as an unintended, albeit foreseen and accepted, side effect. Where procedures of the latter sort are done for very grave reasons, they may be justifiable. For example, traditional morality recognizes that a surgical operation to remove a life-threateningly cancerous uterus, even in a woman whose pregnancy is not far enough along to enable the child to be removed from her womb and sustained by life support system, is ordinarily morally permissible. Of course, there are in this area of moral reflection, as in others, "borderline" cases that are difficult to classify and evaluate. Mercifully, modern medical technology has made such cases exceptionally rare in real life. Only in the most extraordinary circumstances today do women and their families and physicians find it necessary to consider a procedure that will result in fetal death as the only way of preserving maternal life. In any event, the political debate about abortion is not, in reality, about cases of this sort; it is about "elective" or "social indication" abortions, viz., the deliberate destruction of unborn human life for non-therapeutic reasons.
JSarto
I believe that the pro-life position is superior to the pro-choice position precisely because the scientific evidence, considered honestly and dispassionately, fully supports it. A human being is conceived when a human sperm containing twenty-three chromosomes fuses with a human egg also containing twenty-three chromosomes (albeit of a different kind) producing a single-cell human zygote containing, in the normal case, forty-six chromosomes that are mixed differently from the forty-six chromosomes as found in the mother or father. Unlike the gametes (that is, the sperm and egg), the zygote is genetically unique and distinct from its parents. Biologically, it is a separate organism. It produces, as the gametes do not, specifically human enzymes and proteins. It possesses, as they do not, the active capacity or potency to develop itself into a human embryo, fetus, infant, child, adolescent, and adult.
Assuming that is not conceived in vitro, the zygote is, of course, in a state of dependence on its mother. But independence should not be confused with distinctness. From the beginning, the newly conceived human being, not its mother, directs its integral organic functioning. It takes in nourishment and converts it to energy. Given an hospitable environment, it will, as Dianne Nutwell Irving says, "develop continously without any biological interruptions, or gaps, throughout the embryonic, fetal, neo-natal, childhood and adulthood stages - until the death of the organism."
Some claim to find the logical implication of these facts - that is, that life begins at conception - to be "virtually unintelligible". A leading exponent of that point of view in the legal academy is Jed Rubenfeld of Yale Law School, author of an influential article entitled "On the Legal Status of the Proposition that "Life Begins at Conception"". Rubenfeld argues that, like the zygote, every cell in the human body is "genetically complete"; yet nobody supposes that every human cell is a distinct human being with a right to life. However, Rubenfeld misses the point that there comes into being at conception not a mere clump of human cells, but a distinct, unified, self-integrating organism, which develops itself, truly himself or herself, in accord with its own generic "blueprint". The significance of genetic completeness for the status of newly conceived human beings is that no outside genetic material is required to enable the zygote to mature into an embryo, the embryo into a fetus, the fetus into an infant, the infant into a child, the child into an adolescent, the adolescent into an adult. What the zygote needs to function as a distinct self-integrating human organism, a human being, it already possesses.
At no point in the embryogenesis, therefore, does the distinct organism that came into being when it was conceived undergo what is technically called "substantial change" (or a change of natures). It is human and will remain human. This is the point of Justice Byron White's remark in his dissenting opinion in "Thornburg v. American College of Obstetricians & Gynecologists" that "there is no non-arbitrary line separating a fetus from a child". Rubenfeld attacks White's point, which he calls "the argument based on the gradualness of gestation", by pointing out that, "no non-arbitrary line separates the hues of green and red. Shall we conclude that green is red?"
White's point, however, was not that fetal development is "gradual", but that it is continuous and is the (continuous) development of a single lasting (fully human) being. The human zygote that actively develops itself is, as I have pointed out, a genetically complete organism directing its own integral organic functioning. As it matures, in utero and ex utero, it does not "become" a human being, for it is a human being already, albeit an immature human being, just as a newborn infant is an immature human being who will undergo quite dramatic growth and development over time.
These considerations undermine the familiar argument, recited by Rubenfeld, that "the potential" of an unfertilized ovum to develop into a whole human being does not make it into "a person". The fact is, though, that that an ovum is not a whole human being. It is, rather, a part of another human being (the woman whose ovum it is) with merely the potential to give rise to, in interaction with a part of yet another human being (a man's sperm cell), a new and whole human being. Unlike the zygote, it lacks both genetic distinctness and completeness, as well as the active capacity to develop itself into an adult member of the human species. It is living human cellular material, but, left to itself, it will never become a human being, however hospitable its environment may be. It will "die" as a human ovum, just as countless skin cells "die" daily as nothing more than skin cells. If sucessfully fertilized by a human sperm, which, like the ovum (but dramatically unlike the zygote), lacks the active potential to develop into an adult member of the human species, then susbstantial change (that is, a change of natures) will occur. There will no longer be merely an egg, which was part of the mother, sharing her genetic composition, and a sperm, which was part of the father, sharing his genetic composition; instead, there will be a genetically, complete, distinct, unified, self-integrating human organism whose nature differs from that of the gametes - not mere human material, but a human being.
These considerations also make clear that is incorrect to argue (as some pro-choice advocates have argued) that, just as "I" was never a week-old sperm or ovum, "I" was likewise never a week old embryo. It truly makes no sense that "I" was once a sperm (or an unfertilized egg) that matured into an adult. Conception was the occasion of substantial change (that is, change from one complete individual entity to another) that brought into being a distinct self-integrating organism with a specifically human nature. By contrast, it makes every bit as much sense to say that I was once a week-old embryo as to say that I was once a week-old infant or a ten-year-old child. It was the new organism created at conception that, without itself undergoing any change of substance, matured into a week-old embryo, a fetus, an infant, a child, an adolescent, and, finally, an adult.
But Rubenfeld has another argument: "Cloning processes give to non-zygotic cells the potential for development into distinct, self-integrating human beings; thus to recognize the zygote as a human being is recognize all human cells as human beings, which is absurd."
It is true that a distinct, self-integrating human organism that came into being by a process of cloning would be, like a human organism that comes into being as a monozygotic twin, a human being. That being, no less than human beings conceived by the union of sperm and egg, would possess a human nature and the active potential to mature as a human being. However, even assuming the possibility of cloning human beings from non-zygotic human cells, the non-zygotic cell must be activated by a process that effects substantial change and not mere development or maturation. Left to itself, apart from an activation process capable of effecting a change of substance or natures, the cell will mature and die as a human cell, not as a human being.
The scientific evidence establishes the fact that each of us was, from conception, a human being. Science, not religion, vindicates this crucial premise of the pro-life claim. From it, there is no avoiding the conclusion that deliberate feticide is a form of homicide. The only real questions remaining are moral and political, not scientific. Although I will not go into the matter here, I do not see how direct abortion can ever be considered a matter of "justified homicide". It is important to recognize, however, as traditional moralists always have recognized, that not all procedures that foreseeably result in fetal death are, properly speaking, abortions. Although any procedure whose precise objective is the destruction of fetal life is certainly an abortion, and cannot be justified, some procedures result in fetal death as an unintended, albeit foreseen and accepted, side effect. Where procedures of the latter sort are done for very grave reasons, they may be justifiable. For example, traditional morality recognizes that a surgical operation to remove a life-threateningly cancerous uterus, even in a woman whose pregnancy is not far enough along to enable the child to be removed from her womb and sustained by life support system, is ordinarily morally permissible. Of course, there are in this area of moral reflection, as in others, "borderline" cases that are difficult to classify and evaluate. Mercifully, modern medical technology has made such cases exceptionally rare in real life. Only in the most extraordinary circumstances today do women and their families and physicians find it necessary to consider a procedure that will result in fetal death as the only way of preserving maternal life. In any event, the political debate about abortion is not, in reality, about cases of this sort; it is about "elective" or "social indication" abortions, viz., the deliberate destruction of unborn human life for non-therapeutic reasons.
JSarto
Do fundamentalismo laicista e ateísta
Com a questão do aborto a regressar à ordem do dia discussão política, os títeres do relativismo e indiferentismo, e os próceres do niilismo ético-moral anticristão (onde se incluem os lobos disfarçados com a pelica santarrona do "progressismo cristão"), voltam a acusar hipocritamente os católicos fiéis à fé e moral da Igreja de fundamentalistas, como se porventura tais aventesmas acusadoras não fossem elas próprias o máximo expoente de um fundamentalismo laicista proclamador da absoluta e ilimitada soberania da vontade humana, desconhecedor de quaisquer limites decorrentes da lei natural, e causa primeira de todas as barbáries totalitárias ocorridas no século XX. Assim, nada melhor do que desmascarar tão tremenda desonestidade intelectual com uma citação do Evangelho de São Mateus: (Mateus 7, 3-5): "Porque reparas no argueiro que está na vista do teu irmão, e não vês a trave que está na tua vista? Como ousas dizer ao teu irmão: "Deixa-me tirar o argueiro da tua vista", tendo tu uma trave na tua? Hipócrita, tira primeiro a trave da tua vista e, então, verás melhor para tirar o argueiro da vista do teu irmão".
E dito isto, relembro aos mais esquecidos parte do conteúdo da "Nota doutrinal sobre algumas questões relativas ao empenhamento e ao comportamento dos católicos na vida política", redigida pelos então Arcebispo Tarcísio Bertone (actual Secretário de Estado do Vaticano) e Cardeal Joseph Ratzinger (actual Papa Bento XVI), e aprovada pelo Papa à época reinante João Paulo II, em 21 de Novembro de 2002. Esta nota, apesar de reflectir em alguns pontos a heterodoxia doutrinária do anterior Pontífice, nem por isso deixa de ser na sua generalidade merecedora da máxima atenção, e é da mesma que passo a citar as seguintes passagens:
Constata-se hoje um certo relativismo cultural, que apresenta sinais evidentes da sua presença, quando teoriza e defende um pluralismo ético que sanciona a decadência e a dissolução da razão e dos princípios da lei moral natural. Em conformidade com essa tendência, não é raro, infelizmente, encontrar, em declarações públicas, afirmações que defendem que esse pluralismo ético é condição para a democracia. Assim, verifica-se que, por um lado, os cidadãos reivindicam para as próprias escolhas morais a mais completa autonomia e, por outro, os legisladores julgam respeitar essa liberdade de escolha, quando formulam leis que prescindem dos princípios da ética natural, deixando-se levar exclusivamente pela condescendência com certas orientações culturais ou morais transitórias, como se todas as concepções possíveis da vida tivessem o mesmo valor. Ao mesmo tempo, invocando erroneamente o valor da tolerância, pede-se a uma boa parte dos cidadãos – entre eles, aos católicos – que renunciem a contribuir para a vida social e política dos próprios Países segundo o conceito da pessoa e do bem comum que consideram humanamente verdadeiro e justo, a realizar através dos meios lícitos que o ordenamento jurídico democrático põe, de forma igual, à disposição de todos os membros da comunidade política. Basta a história do século XX para demonstrar que a razão está do lado daqueles cidadãos que consideram totalmente falsa a tese relativista, segundo a qual, não existiria uma norma moral, radicada na própria natureza do ser humano e a cujo ditame deva submeter-se toda a concepção do homem, do bem comum e do Estado.
Uma tal concepção relativista do pluralismo nada tem a ver com a legítima liberdade dos cidadãos católicos de escolherem, entre as opiniões políticas compatíveis com a fé e a lei moral natural, a que, segundo o próprio critério, melhor se coaduna com as exigências do bem comum. A liberdade política não é nem pode ser fundada sobre a ideia relativista, segundo a qual, todas as concepções do bem do homem têm a mesma verdade e o mesmo valor, mas sobre o facto de que as actividades políticas visam, vez por vez, a realização extremamente concreta do verdadeiro bem humano e social, num contexto histórico, geográfico, económico, tecnológico e cultural bem preciso. Do concreto da realização e da diversidade das circunstâncias brota necessariamente a pluralidade de orientações e de soluções, que porém devem ser moralmente aceitáveis. Não cabe à Igreja formular soluções concretas – e muito menos soluções únicas – para questões temporais, que Deus deixou ao juízo livre e responsável de cada um, embora seja seu direito e dever pronunciar juízos morais sobre realidades temporais, quando a fé ou a lei moral o exijam. Se o cristão é obrigado a “admitir a legítima multiplicidade e diversidade das opções temporais”, é igualmente chamado a discordar de uma concepção do pluralismo em chave de relativismo moral, nociva à própria vida democrática, que tem necessidade de bases verdadeiras e sólidas, ou seja, de princípios éticos que, por sua natureza e função de fundamento da vida social, não são “negociáveis”.
(…)
Aquele que, em nome do respeito da consciência individual, visse no dever moral dos cristãos de ser coerentes com a própria consciência um sinal para desqualificá-los politicamente, negando a sua legitimidade de agir em política de acordo com as próprias convicções relativas ao bem comum, cairia numa espécie de intolerante laicismo. Com tal perspectiva pretende-se negar, não só qualquer relevância política e cultural da fé cristã, mas até a própria possibilidade de uma ética natural. Se assim fosse, abrir-se-ia caminho a uma anarquia moral, que nada e nunca teria a ver com qualquer forma de legítimo pluralismo. A prepotência do mais forte sobre o fraco seria a consequência lógica de uma tal impostação. Aliás, a marginalização do Cristianismo não poderia ajudar ao projecto de uma sociedade futura e à concórdia entre os povos; seria, pelo contrário, uma ameaça para os próprios fundamentos espirituais e culturais da civilização.
(…)
Ao mesmo tempo, a Igreja ensina que não existe autêntica liberdade sem a verdade. “Verdade e liberdade ou se conjugam juntas ou miseramente juntas desaparecem”, escreveu João Paulo II. Numa sociedade, onde a verdade não for prospectada e não se procurar alcançá-la, resultará também enfraquecida toda a forma de exercício autêntico de liberdade, abrindo-se o caminho a um libertinismo e individualismo, prejudiciais à tutela do bem da pessoa e da inteira sociedade.
JSarto
E dito isto, relembro aos mais esquecidos parte do conteúdo da "Nota doutrinal sobre algumas questões relativas ao empenhamento e ao comportamento dos católicos na vida política", redigida pelos então Arcebispo Tarcísio Bertone (actual Secretário de Estado do Vaticano) e Cardeal Joseph Ratzinger (actual Papa Bento XVI), e aprovada pelo Papa à época reinante João Paulo II, em 21 de Novembro de 2002. Esta nota, apesar de reflectir em alguns pontos a heterodoxia doutrinária do anterior Pontífice, nem por isso deixa de ser na sua generalidade merecedora da máxima atenção, e é da mesma que passo a citar as seguintes passagens:
Constata-se hoje um certo relativismo cultural, que apresenta sinais evidentes da sua presença, quando teoriza e defende um pluralismo ético que sanciona a decadência e a dissolução da razão e dos princípios da lei moral natural. Em conformidade com essa tendência, não é raro, infelizmente, encontrar, em declarações públicas, afirmações que defendem que esse pluralismo ético é condição para a democracia. Assim, verifica-se que, por um lado, os cidadãos reivindicam para as próprias escolhas morais a mais completa autonomia e, por outro, os legisladores julgam respeitar essa liberdade de escolha, quando formulam leis que prescindem dos princípios da ética natural, deixando-se levar exclusivamente pela condescendência com certas orientações culturais ou morais transitórias, como se todas as concepções possíveis da vida tivessem o mesmo valor. Ao mesmo tempo, invocando erroneamente o valor da tolerância, pede-se a uma boa parte dos cidadãos – entre eles, aos católicos – que renunciem a contribuir para a vida social e política dos próprios Países segundo o conceito da pessoa e do bem comum que consideram humanamente verdadeiro e justo, a realizar através dos meios lícitos que o ordenamento jurídico democrático põe, de forma igual, à disposição de todos os membros da comunidade política. Basta a história do século XX para demonstrar que a razão está do lado daqueles cidadãos que consideram totalmente falsa a tese relativista, segundo a qual, não existiria uma norma moral, radicada na própria natureza do ser humano e a cujo ditame deva submeter-se toda a concepção do homem, do bem comum e do Estado.
Uma tal concepção relativista do pluralismo nada tem a ver com a legítima liberdade dos cidadãos católicos de escolherem, entre as opiniões políticas compatíveis com a fé e a lei moral natural, a que, segundo o próprio critério, melhor se coaduna com as exigências do bem comum. A liberdade política não é nem pode ser fundada sobre a ideia relativista, segundo a qual, todas as concepções do bem do homem têm a mesma verdade e o mesmo valor, mas sobre o facto de que as actividades políticas visam, vez por vez, a realização extremamente concreta do verdadeiro bem humano e social, num contexto histórico, geográfico, económico, tecnológico e cultural bem preciso. Do concreto da realização e da diversidade das circunstâncias brota necessariamente a pluralidade de orientações e de soluções, que porém devem ser moralmente aceitáveis. Não cabe à Igreja formular soluções concretas – e muito menos soluções únicas – para questões temporais, que Deus deixou ao juízo livre e responsável de cada um, embora seja seu direito e dever pronunciar juízos morais sobre realidades temporais, quando a fé ou a lei moral o exijam. Se o cristão é obrigado a “admitir a legítima multiplicidade e diversidade das opções temporais”, é igualmente chamado a discordar de uma concepção do pluralismo em chave de relativismo moral, nociva à própria vida democrática, que tem necessidade de bases verdadeiras e sólidas, ou seja, de princípios éticos que, por sua natureza e função de fundamento da vida social, não são “negociáveis”.
(…)
Aquele que, em nome do respeito da consciência individual, visse no dever moral dos cristãos de ser coerentes com a própria consciência um sinal para desqualificá-los politicamente, negando a sua legitimidade de agir em política de acordo com as próprias convicções relativas ao bem comum, cairia numa espécie de intolerante laicismo. Com tal perspectiva pretende-se negar, não só qualquer relevância política e cultural da fé cristã, mas até a própria possibilidade de uma ética natural. Se assim fosse, abrir-se-ia caminho a uma anarquia moral, que nada e nunca teria a ver com qualquer forma de legítimo pluralismo. A prepotência do mais forte sobre o fraco seria a consequência lógica de uma tal impostação. Aliás, a marginalização do Cristianismo não poderia ajudar ao projecto de uma sociedade futura e à concórdia entre os povos; seria, pelo contrário, uma ameaça para os próprios fundamentos espirituais e culturais da civilização.
(…)
Ao mesmo tempo, a Igreja ensina que não existe autêntica liberdade sem a verdade. “Verdade e liberdade ou se conjugam juntas ou miseramente juntas desaparecem”, escreveu João Paulo II. Numa sociedade, onde a verdade não for prospectada e não se procurar alcançá-la, resultará também enfraquecida toda a forma de exercício autêntico de liberdade, abrindo-se o caminho a um libertinismo e individualismo, prejudiciais à tutela do bem da pessoa e da inteira sociedade.
JSarto
sábado, setembro 30, 2006
Turquía se está haciendo islamista
Este artículo es una prueba más del NO que Europa debe dar a Turquía. El Islam se ha convertido en el gran peligro de Europa y del mundo occidental en general (los americanos no debieran olvidar la quinta columna que tienen con la Nation of Islam). Históricamente el Islam, y Turquía en tiempos más recientes, han sido una herida sangrante en el corazón de Europa.
El trípode fundacional de Europa, Grecia, Roma y la Cristiandad, no es compatible con el Islam. Así de claro. O, por mejor decir, el Islam no es compatible ni con la filosofía helena ni con la obra majestuosa del Derecho Romano ni con la Cristiandad porque rechaza la razón (el Islam es un sistema cerrado, que propende al fundamentalismo), la justicia (compárese incluso el Derecho Romano todavía no moderado y dulcificado por el Cristianismo con la Sharia, por ejemplo) ni con la Cristiandad, a la que el Islam pura, lisa y llanamente intenta exterminar.
Europa no puede permitir una mayoría musulmana dentro de sus fronteras.
Y los americanos harían bien en dejar de presionar a Europa para que admitiese a Turquía. Insisto en recordar que los EE.UU. siempre se han puesto de lado de los islámicos más rabiosos (del lado de Turquía contra Grecia, del lado de Indonesia contra Timor, del lado de Sudán contra los cristianos del sur, del lado de Marruecos contra España, del lado de Arabia Saudita contra Irak, éste último ciertamente más tolerante). El mal, empero, estriba en que Europa ha decidido arrojar la Teología y espiritualidad cristiana por la borda a la par que la razón helena, sustituídas la primera por el sincretismo ecumenista y la segunda por todos los derivados del idealismo kantiano. Y, de paso, ha convertido la política no en un ejercicio de la virtud de la prudencia en pos del bien común, sino en un sentimentalismo mezclado con lujuria de poder y de lucro y usura.
Y así nos va, claro está. No sólo en Albania, Kosovo o Bosnia, sino en el corazón de Francia o el seno de España, Gran Bretaña, Alemania o Italia hay ya enclaves islamistas que son verdaderos ghettos y se convertirán en quintas columnas en el momento más adecuado.
Rafael Castela Santos
El trípode fundacional de Europa, Grecia, Roma y la Cristiandad, no es compatible con el Islam. Así de claro. O, por mejor decir, el Islam no es compatible ni con la filosofía helena ni con la obra majestuosa del Derecho Romano ni con la Cristiandad porque rechaza la razón (el Islam es un sistema cerrado, que propende al fundamentalismo), la justicia (compárese incluso el Derecho Romano todavía no moderado y dulcificado por el Cristianismo con la Sharia, por ejemplo) ni con la Cristiandad, a la que el Islam pura, lisa y llanamente intenta exterminar.
Europa no puede permitir una mayoría musulmana dentro de sus fronteras.
Y los americanos harían bien en dejar de presionar a Europa para que admitiese a Turquía. Insisto en recordar que los EE.UU. siempre se han puesto de lado de los islámicos más rabiosos (del lado de Turquía contra Grecia, del lado de Indonesia contra Timor, del lado de Sudán contra los cristianos del sur, del lado de Marruecos contra España, del lado de Arabia Saudita contra Irak, éste último ciertamente más tolerante). El mal, empero, estriba en que Europa ha decidido arrojar la Teología y espiritualidad cristiana por la borda a la par que la razón helena, sustituídas la primera por el sincretismo ecumenista y la segunda por todos los derivados del idealismo kantiano. Y, de paso, ha convertido la política no en un ejercicio de la virtud de la prudencia en pos del bien común, sino en un sentimentalismo mezclado con lujuria de poder y de lucro y usura.
Y así nos va, claro está. No sólo en Albania, Kosovo o Bosnia, sino en el corazón de Francia o el seno de España, Gran Bretaña, Alemania o Italia hay ya enclaves islamistas que son verdaderos ghettos y se convertirán en quintas columnas en el momento más adecuado.
Rafael Castela Santos
quinta-feira, setembro 28, 2006
O servente de magarefe
Numa época normal em que as leis divina e moral fossem respeitadas e a Realeza Social de Cristo honrada publicamente, estas declarações teriam sido proferidas na pior das hipóteses por um servente de magarefe, a propósito de reses de gado e tendo em vista o aumento da eficiência de um qualquer matadouro municipal onde laborasse. Porém, no decadente tempo que nos calhou viver, no qual reina absoluto o fundamentalismo relativista, tolerantista e indiferentista, e impera o niilismo ético-moral anticristão, são as indignas e infames palavras de um Ministro da Saúde (?!!!), cujo objectivo primordial parece ser há muito a apologia do nefando crime do aborto e do consequente assassinato de seres humanos inocentes e indefesos no seio do próprio ventre materno, tudo inserido numa política mais ampla de sabotagem da própria existência de Portugal, de que o caso do encerramento de muitas maternidades é paradigmático. Concordo, pois, com a afirmação do corajoso António Balbino Caldeira exactamente a este respeito: "Quando a moral se perde, delira-se o discurso até ao horror". E acrescento, citando o notável Nicolás Goméz Dávila: "O mundo moderno não merece um castigo; ele é o castigo!"
JSarto
JSarto
No Grande Silêncio
E porque se falou na grandeza da civilização monástica do Ocidente, nada como rever este belíssimo trecho d'"O Grande Silêncio", do alemão Philip Gröning, filmado na Grande Cartuxa, nos Alpes Franceses.
JSarto
JSarto
A grande civilização monástica do Ocidente
Em boa hora e oportuno postal, Miguel Castelo Branco, no seu "Combustões", evoca "a brilhante cultura monástica que floresceu na Europa Central [eu diria antes Ocidental] entre os séculos V e XVIII", primeira responsável pela salvaguarda e preservação da herança cultural do mundo antigo greco-romano, base de construção de todo o Ocidente, de que a Igreja Católica é principal obreira.
Ora, a este respeito, recomendo uma vez mais a leitura de "How the Catholic Church Built Western Civilization", de Thomas E. Woods, Jr., bem como este seu artigo, cujo "leitmotiv" não deixa de nos lembrar o famoso discurso de Regensburg, do Santo Padre Bento XVI.
JSarto
Ora, a este respeito, recomendo uma vez mais a leitura de "How the Catholic Church Built Western Civilization", de Thomas E. Woods, Jr., bem como este seu artigo, cujo "leitmotiv" não deixa de nos lembrar o famoso discurso de Regensburg, do Santo Padre Bento XVI.
JSarto
Ainda o discurso do Papa em Regensburg - 2
A ler:
- "O discurso de Bento XVI em Ratisbona (Regensburg)", pela pena sábia do Senhor Dom Lourenço Fleichman, O.S.B.;
- "Sacerdos et Pontifex", do Padre Guy Selvester, no seu "Shouts in the Piazza";
- "Glórias Efémeras", do verdadeiro e imprescindível farol blogsoférico que é o Manuel Azinhal.
JSarto
- "O discurso de Bento XVI em Ratisbona (Regensburg)", pela pena sábia do Senhor Dom Lourenço Fleichman, O.S.B.;
- "Sacerdos et Pontifex", do Padre Guy Selvester, no seu "Shouts in the Piazza";
- "Glórias Efémeras", do verdadeiro e imprescindível farol blogsoférico que é o Manuel Azinhal.
JSarto
Subscrever:
Mensagens (Atom)
