sábado, junho 24, 2006

Saudades de Saint Nicholas du Chardonnet - 1


A grande igreja católica tradicional de Paris, num permanente desafio às heresias do tempo presente e em constante defesa da verdade imperecível do catolicismo de sempre, situada ali mesmo a dois passos da catedral onde pontifica o arcebispo modernista de Paris. Neste filme, realizado na Festa da Imaculada Conceição, no ano de 2004, é possível ter uma pequena (muito pequena) ideia do ambiente que se vive no autêntico santuário da tradição que é a Igreja de Saint Nicholas du Chardonnet, marco essencial de referência para todos os católicos verdadeiramente antiliberais, antimodernistas e antiprogressistas.

JSarto

Nova Frente - Textos da Blogosfera


Em hora especialmente reaccionária - num memorável encontro-almoço realizado em Fátima, e de que se deu aqui conta na altura própria -, consegui que o meu amigo Bruno Oliveira Santos me autografasse com dedicatória o livro de sua autoria sobre as histórias secretas de "uma polícia tão dura e tão bruta como as demais". Em breve, na primeira oportunidade, terei de repetir o pedido, pois ai está o "Nova Frente - Textos da Blogosfera", que permite a versão para papel impresso e encadernado de uma escrita que domina com exemplar mestria a língua portuguesa, e para mais ao serviço do combate contra o conformismo politicamente correcto! Definitivamente, um regalo estético absoluto e um prazer intelectual puro!

JSarto

terça-feira, junho 20, 2006

Carta del Coronel Don José Moscardó a su familia

Durante la Cruzada española de 1936 la horda roja quiso chantajear a José Moscardó pues secuestraron a su hijo todavía adolescente. Cual nuevo Guzmán el Bueno, quien tampoco cedió a idéntico chantaje frente a la horda musulmana que había invadido España en Tarifa, Moscardó rechazó la “oferta” de entregar el Alcázar de Toledo a quienes amenazaban (amenaza que luego cumplieron) con asesinar a su hijo si no se rendía.
El calibre humano y moral de este héroe hispánico e inmortal queda claro a la luz de su hazaña, de la carta que abajo reproducimos y del inmortal colofón amplificado por el cine con que exhausto, hambriento y extenuado saluda al General Varela, jefe de las tropas nacionales cuando éstas rescatan el Alcázar y ponen en fuga a las fuerzas republicanas. En aquel momento el Coronel Moscardó, fiel a su orden de defender el Alcázar –para ese entonces ya medio derruido- saluda a su superior con el inmortal: “Mi general, sin novedad en el Alcázar”. Varela, conmovido hasta las entrañas y con lágrimas en los ojos, replica: “¡Yo os saludo, héroes de la España inmortal!”.
El 25 de Julio de 1936 el Coronel Moscardó, el héroe del Alcázar, escribió esta carta a su familia desde la fortaleza toledana.

“María de mi alma, hijos de mi alma:

Os escribo en son de despedida por si esta situación no tuviera solución favorable.
Ya oiréis el bombardeo del Alcázar, con piezas de artillería de todos los calibres, aviación y además los carros blindados y tanques que han venido de Madrid: pues a pesar de todo eso, no pueden ni podrán tomar el Alcázar a viva fuerza; hace falta mucho corazón para asaltarlo con la clase de gente que hay dentro.
Hay destrozos enormes, pero no han abierto más brecha que en la puerta principal, que después se ha tapado perfectamente. Pretenden que nos rindamos por hambre y desmoralización y no lo conseguirán, pues sacaremos víveres de debajo de las piedras y la moral está muy bien incluso entre las mujeres, pues saben si se rindieren la muerte que les cabría.
No te quiero decir la amargura que tengo sabiendo que nuestro Luis está en poder de esa gente. Ya sabrás que el jefe me llamó por teléfono el día 23 y me dijo que si en el término de diez minutos no nos rendíamos, lo mandaba fusilar, y por si yo dudaba, le hizo venir al teléfono y hablara conmigo para convencerme de que era él. Excuso decirte, mi hijo de mi alma, me habló con voz tranquila, y yo no hice más que decirle que encomendara su alma a Dios si llegara el caso y diera un Viva España muy fuerte. Yo espero que no sean tan crueles que quieran vengarse en la persona de mi hijo, completamente inocente en esta causa, y no pase de una amenaza, pero no obstante no puedo estar confiado.
Sobre este particular me he alarmado, porque ayer en una salida que se intentó hacer para requisar víveres, la Guardia Civil tuvo la malhadada ocurrencia de detener a la familia del concejal Domingo Alonso y traerlos detenidos en rehenes. Me desagradó hasta el extremo, pues creerán que la salida fue únicamente para cogerlos como garantía, y yo no soy capaz de hacer eso, es más, me repugna y de buena gana los soltaba; aquí están bien cuidados y atendidos en lo que cabe, por lo menos igual que las familias de los Guardias. Pero me temo que esta detención haya provocado la de Carmelo y la tuya, y no lo quiero pensar siquiera. Gracias a que Dios da fuerzas para sobrellevar esta tragedia y parece como si se me hubiese embotado el sentimiento.
Esto parece un sueño, mejor dicho una pesadilla, pensando que hace 8 ó 10 días éramos una familia feliz, y hoy no sabemos los unos de los otros, e incluso ignoramos si viven. Tengo confianza en Dios y en sus manos he encomendado la solución, que os dé vida a todos y que encontréis una manera decorosa de vivir si la revolución roja triunfa, y nada digo de mí, pues yo no es posible que me salve. No puedo comprender que no os voy a ver más, me parece una cosa que no me puede pasar a mí, sino algo que he leído.
Te pido perdón, María, por mi incomprensión algunas veces, pues reconociendo que eres la mujer más buena y virtuosa, no he sabido estimar en su verdadero valor todo lo que vales, más bien a causa de mi ligereza que de otra cosa. Sin embargo, tú me perdonaste, aunque te digo solemnemente que jamás dejé de quererte y estimar tu superioridad en todos los órdenes.
De nuestros hijos qué he de decirte, si todos salís con vida de esta situación trágica procurad adaptaros a las circunstancias pero sin dejar nunca de ser religiosos y honrados, aun cuando tuviereis que ocultar lo primero. Tengo la seguridad que los chicos sabrán abrirse paso, pues son inteligentes y tan honrados que se hacen querer de todo el mundo. No sé cuál de ellos será mejor, pero lo que se puede decir de todos es que jamás nos dieron un solo disgusto, ni asomo de ello, sino únicamente satisfacciones, tan orgullosos que estamos de ellos. De Pepe y de Miguel sigo sin saber una palabra. ¡Qué pena! De mi Luis, hijo de mi alma, después de su triunfo en las oposiciones es posible que no le sirva si la revolución vence; hijo es un verdadero santo. Pues y mi Marichu, ¡hija de mi corazón! Qué tiempos tan amargos va a tener que vivir. Ella, mi alegría y mi orgullo, tan buena y virtuosa.
Yo creo que nuestros hijos y tú sois tan buenos y ejemplares y formáis una familia tan completa que Dios ha dispuesto que nos reunamos en otro lugar más alto para gozar de nuestra felicidad sin que nada pueda separarnos; tengo absoluta fe en ello.
Creo que al fin y al cabo ganará este pleito el partido del orden, pues España no puede caer bajo el mando del marxismo; somos católicos amigos de la Tradición y no puede ser que todo esto desaparezca.
Dios lo quiera y los que puedan verlo, que disfruten de la paz.
No sé ni cómo escribir, tengo los sentidos un poco embotados y en medio de tanta angustia y preocupación por vosotros, y de temor ante el porvenir, estoy bien físicamente, mejor de lo que podía figurarme; este régimen de media comida me sienta muy bien.
Adiós María, adiós Pepe, Miguel, Luis, Marichu, Carmelo, os doy un beso con toda mi alma, mi vida y mi corazón y siempre y en todo momento pienso en vosotros, que sois mi amor y mi ilusión.
Adiós. Vuestro,

Pepe

P.D. He hecho comunión espiritual y me he preparado bien aunque no hay aquí Sacerdote.”

Rafael Castela Santos

sexta-feira, junho 16, 2006

Reflexão sobre a Festa do Corpo de Deus - 2


Contém o alimento eucarístico, como todos sabem, "verdadeira, real e substancialmente o corpo e o sangue junto com a alma e a divindade de nosso Senhor Jesus Cristo"; não é de admirar, pois, se a Igreja, desde as origens adorou o corpo de Cristo sob as espécies eucarísticas, como se vê dos ritos mesmos do augusto sacrifício, com os quais se prescreve aos sagrados ministros que adorem o santíssimo sacramento com genuflexões e inclinações profundas.

Os sagrados concílios ensinam que, desde o início de sua vida, foi transmitido à Igreja que se deve honrar "com uma única adoração o Verbo Deus encarnado e a sua própria carne"; e Santo Agostinho afirma: "Ninguém come esta carne sem tê-la primeiro adorado", acrescentando que não só não pecamos adorando, antes pecamos não adorando.

Desses princípios doutrinários nasceu e se foi pouco a pouco desenvolvendo o culto eucarístico da adoração, distinto do santo sacrifício. A conservação das sagradas espécies para os enfermos e para todos os que viessem a encontrar-se em perigo de morte, introduziu o louvável uso de adorar este alimento celeste conservado nas igrejas. Esse culto de adoração tem um válido e sólido motivo. A eucaristia, de fato, é sacrifício e é, também, sacramento; e difere dos outros sacramentos enquanto não só produz a graça, mas ainda contém de modo permanente o próprio autor da graça. Quando, por isso, a Igreja nos manda adorar a Cristo sob os véus eucarísticos e suplicar-lhe os dons sobrenaturais e terrenos de que temos sempre necessidade, manifesta a fé viva com a qual crê presente sob aqueles véus o seu Esposo divino, manifesta-lhe o seu reconhecimento e goza da sua íntima familiaridade.

Nesse culto, a Igreja, no decurso dos tempos, introduziu várias formas cada dia certamente mais belas e salutares, como, por exemplo: devotas e mesmo quotidianas visitas ao divino tabernáculo; bênção do santíssimo sacramento; procissões solenes por vilas e cidades, especialmente por ocasião dos congressos eucarísticos, e adoração do augusto sacramento publicamente exposto, as quais algumas vezes duram pouco e outras vezes se prolongam por horas inteiras e até, por quarenta horas; em alguns lugares são estabelecidas durante o ano todo, por turnos, em cada Igreja; em outros lugares se continuam de dia e de noite ao cuidado de comunidades religiosas e nelas frequentemente tomam parte também os fiéis.

Esses exercícios de devoção contribuíram de modo admirável para a fé e a vida sobrenatural da Igreja militante na terra, a qual, assim fazendo, se torna, de certo modo, eco da Igreja triunfante que eternamente canta o hino de louvor a Deus e ao Cordeiro "que foi imolado". Por isso, a Igreja não só aprovou mas fez seus e confirmou com a sua autoridade estes exercícios devotos propagados em toda a parte no correr dos séculos. Eles fluem do espírito da sagrada liturgia; e por isso, desde que sejam cumpridos com o decoro, a fé e a devoção requeridas pelos sagrados ritos e pelas prescrições da Igreja, certamente ajudam muitíssimo a viver a vida litúrgica.

Nem se diga que tal culto eucarístico provoca uma errónea confusão entre o Cristo histórico, como dizem, que viveu na terra, o Cristo presente no augusto sacramento do altar, e o Cristo triunfante no céu e dispensador de graças; deve-se, pelo contrário, afirmar que, desse modo, os fiéis testemunham e manifestam solenemente a fé da Igreja, com a qual se crê que um e idêntico é o Verbo de Deus e o Filho de Maria virgem, que sofreu na cruz, que está presente e oculto na eucaristia, e que reina no céu. Assim afirma são João Crisóstomo: "Quando vês a ti; apresentado (o corpo de Cristo) diz a ti mesmo: por este corpo não sou mais terra e pó, não mais escravo, porém livre: por isso, espero alcançar o céu e os bens que aí se encontram, a vida imortal, a herança dos anjos, a companhia de Cristo; este corpo trespassado pelos cravos, dilacerado pelos açoites, não foi presa da morte... Este é aquele corpo que foi ensanguentado, trespassado pela lança, do qual brotaram duas fontes salutares: uma de sangue, outra de água... Este corpo foi-nos dado para o possuir e para o comer, e isso foi consequência de intenso amor".

De modo particular, ademais, é muito de louvar-se o costume segundo o qual muitos exercícios de piedade entrados no uso do povo cristão, se encerram com o rito da bênção eucarística. Nada melhor nem mais vantajoso que o gesto com o qual o sacerdote, levantando ao céu o pão dos anjos, em presença da multidão cristã ajoelhada, e movendo-o em forma de cruz, invoca o Pai Celeste para que se digne volver benignamente os olhos a seu Filho crucificado por nosso amor, e, graças a ele, que quis ser nosso Redentor e irmão, difunda por sua intervenção, os seus dons celestes sobre os remidos pelo sangue imaculado do Cordeiro.

Papa Pio XII - Encíclica "Mediator Dei" - 1947

JSarto

Reflexão sobre a Festa do Corpo de Deus - 1


A reprodução sacramental na Santa Missa do sacrifício de Cristo coroado pela sua ressurreição implica uma presença muito especial, que – para usar palavras de Paulo VI – « chama-se “real”, não a título exclusivo como se as outras presenças não fossem “reais”, mas por excelência, porque é substancial, e porque por ela se torna presente Cristo completo, Deus e homem ». Reafirma-se assim a doutrina sempre válida do Concílio de Trento: « Pela consagração do pão e do vinho opera-se a conversão de toda a substância do pão na substância do corpo de Cristo nosso Senhor, e de toda a substância do vinho na substância do seu sangue; a esta mudança, a Igreja católica chama, de modo conveniente e apropriado, transubstanciação ». Verdadeiramente a Eucaristia é mysterium fidei, mistério que supera os nossos pensamentos e só pode ser aceite pela fé, como lembram frequentemente as catequeses patrísticas sobre este sacramento divino. « Não hás-de ver – exorta S. Cirilo de Jerusalém – o pão e o vinho [consagrados] simplesmente como elementos naturais, porque o Senhor disse expressamente que são o seu corpo e o seu sangue: a fé t'o assegura, ainda que os sentidos possam sugerir-te outra coisa ».

« Adoro te devote, latens Deitas »: continuaremos a cantar com S. Tomás, o Doutor Angélico. Diante deste mistério de amor, a razão humana experimenta toda a sua limitação. Compreende-se como, ao longo dos séculos, esta verdade tenha estimulado a teologia a árduos esforços de compreensão.

São esforços louváveis, tanto mais úteis e incisivos se capazes de conjugarem o exercício crítico do pensamento com a « vida de fé » da Igreja, individuada especialmente « no carisma da verdade » do Magistério e na « íntima inteligência que experimentam das coisas espirituais » 25 sobretudo os Santos. Permanece o limite apontado por Paulo VI: « Toda a explicação teológica que queira penetrar de algum modo neste mistério, para estar de acordo com a fé católica deve assegurar que na sua realidade objectiva, independentemente do nosso entendimento, o pão e o vinho deixaram de existir depois da consagração, de modo que a partir desse momento são o corpo e o sangue adoráveis do Senhor Jesus que estão realmente presentes diante de nós sob as espécies sacramentais do pão e do vinho ».

Papa João Paulo II - Encíclica "Ecclesia de Eucharistia" - 2003

JSarto

quarta-feira, junho 14, 2006

O Papa Bento XVI e a tradição - 2


Na audiência geral que concedeu no passado dia 26 de Abril, o Papa Bento XVI proferiu uma notável dissertação acerca do significado e importância da tradição católica, à qual deu continuidade na audiência seguinte de 3 de Maio de 2006. Pela sua importância, transcreveremos neste espaço ambas as intervenções papais. Por hoje, aqui deixamos na íntegra o teor integral da primeira delas, sendo os respectivos destaques de nossa responsabilidade:

Queridos irmãos e irmãs!

Obrigado pelo vosso afecto! Com a nova série de catequeses, iniciada há pouco tempo, procuramos compreender o desígnio originário da Igreja querida pelo Senhor, para assim compreender melhor também a nossa colocação, a nossa vida cristã, na grande comunhão da Igreja. Até agora compreendemos que a comunhão eclesial é suscitada e alimentada pelo Espírito Santo, guardada e promovida pelo ministério apostólico. E esta comunhão, a que nós chamamos Igreja, não se alarga só a todos os crentes de um certo momento histórico, mas abraça também todos os tempos e todas as gerações. Por conseguinte, temos uma dupla universalidade: a universalidade sincrónica estamos unidos com os crentes de todas as partes do mundo e também uma universalidade chamada diacrónica, isto é: todos os tempos nos pertencem, também os crentes do passado e os crentes do futuro formam connosco uma única grande comunhão. É o Espírito quem garante a presença activa do mistério na história, Aquele que garante a sua realização ao longo dos séculos. Graças ao Paráclito a experiência do Ressuscitado, feita pela comunidade apostólica nas origens da Igreja, poderá ser sempre vivida pelas gerações sucessivas, porque transmitida e actualizada na fé, no culto e na comunhão do Povo de Deus, peregrino no tempo. E assim nós agora, no tempo pascal, vivemos o encontro com o Ressuscitado, não só como uma coisa do passado, mas na comunhão presente da fé, da liturgia, da vida da Igreja. A Tradição apostólica da Igreja consiste nesta transmissão dos bens da salvação, que faz da comunidade cristã a actualização permanente, na força do Espírito, da comunhão originária. Ela é chamada assim porque surgiu do testemunho dos Apóstolos e da comunidade dos discípulos no tempo das origens, foi entregue sob a guia do Espírito Santo nos textos do Novo Testamento e na vida sacramental, na vida da fé, e a ela a esta tradição, que é toda a realidade sempre actual do dom de Jesus a Igreja refere-se continuamente como ao seu fundamento e à sua norma através da sucessão ininterrupta do mistério apostólico.

Jesus, ainda na sua vida histórica, limitava a sua missão à casa de Israel, mas já fazia compreender que o dom era destinado não só ao povo de Israel, mas a todo o mundo e a todos os tempos. Depois, o Ressuscitado confia explicitamente aos Apóstolos (cf. Lc 6, 13) a tarefa de fazer discípulos de todas as nações, garantindo a sua presença e a sua ajuda até ao fim dos tempos (cf. Mt 28, 19s.). O universalismo da salvação exige, entre outras coisas, que o memorial da Páscoa seja celebrado sem interrupção na história até à vinda gloriosa de Cristo (cf. 1 Cor 11, 26). Quem actualizará a presença salvífica do Senhor Jesus mediante o ministério dos apóstolos chefes do Israel escatológico (cf. Mt 19, 28) e através de toda a vida do apóstolo da nova aliança? A resposta é clara: o Espírito Santo. Os Actos dos Apóstolos em continuidade com o desígnio do Evangelho de Lucas apresentam ao vivo a compenetração entre o Espírito, os enviados de Cristo e a comunidade por eles reunida. Graças à acção do Paráclito os Apóstolos e os seus sucessores podem realizar no tempo a missão recebida do Ressuscitado: "Vós sois as testemunhas destas coisas. E Eu vou mandar sobre vós o que meu Pai prometeu..." (Lc 24, 48s.). "Ides receber uma força, a do Espírito Santo, que descerá sobre vós, e sereis minhas testemunhas em Jerusalém, por toda a Judeia e Samaria e até aos confins do mundo" (Act 1, 8). E esta promessa, no início incrível, já se realizou no tempo dos Apóstolos: "E nós somos testemunhas destas coisas, juntamente com o Espírito Santo, que Deus tem concedido àqueles que lhe obedecem" (Act 5, 32).

Portanto, é o próprio Espírito que, mediante a imposição das mãos e a oração dos Apóstolos, consagra e envia os novos missionários do Evangelho (assim, por exemplo, em Act 13, 3s. e 1 Tm 4, 14). É interessante observar que, enquanto em alguns trechos se diz que Paulo estabelece os presbíteros nas Igrejas (cf. Act 14, 23), noutras partes afirma-se que é o Espírito quem constitui os pastores do rebanho (cf. Act 20, 28). A acção do Espírito e a de Paulo sobressaem profundamente compenetradas. No momento das decisões solenes para a vida da Igreja, o Espírito está presente para a guiar. Esta presença-guia do Espírito Santo sente-se particularmente no Concílio de Jerusalém, em cujas palavras conclusivas ressoa a afirmação: "O Espírito Santo e nós próprios resolvemos..." (Act 15, 28); a Igreja cresce e caminha "no temor do Senhor e, com a assistência do Espírito Santo..." (Act 9, 31). Esta actualização permanente da presença activa de Jesus Senhor no seu povo, realizada pelo Espírito Santo e expressa na Igreja através do ministério apostólico e a comunhão fraterna, é aquilo que em sentido teológico se quer dizer com a palavra Tradição: ela não é a simples transmissão material de quanto foi doado no início aos Apóstolos, mas a presença eficaz do Senhor Jesus, crucificado e ressuscitado, que acompanha e guia no Espírito a comunidade por ele reunida.

A Tradição é a comunhão dos fiéis à volta dos legítimos Pastores no decorrer da história, uma comunhão que o Espírito Santo alimenta garantindo a ligação entre a experiência da fé apostólica, vivida na originária comunidade dos discípulos, e a experiência actual de Cristo na sua Igreja. Por outras palavras, a Tradição é a continuidade orgânica da Igreja, Templo santo de Deus Pai, erigido sobre o fundamento dos Apóstolos e reunido pela pedra angular, Cristo, mediante a acção vivificante do Espírito
: "Portanto, já não sois estrangeiros nem imigrantes, mas sois concidadãos dos santos e membros da casa de Deus, edificados sobre o alicerce dos Apóstolos e dos Profetas, tendo por pedra angular o próprio Cristo Jesus. É nele que toda a construção, bem ajustada, cresce para formar um templo santo, no Senhor. É nele que também vós sois integrados na construção, para formardes uma habitação de Deus, pelo Espírito" (Ef 2, 19-22). Graças à Tradição, garantida pelo ministério dos Apóstolos e dos seus sucessores, a água da vida que saiu do lado de Cristo e o seu sangue saudável alcançam as mulheres e os homens de todos os tempos. Assim, a Tradição é a presença permanente do Salvador que vem encontrar-se connosco, redimir-nos e santificar-nos no Espírito mediante o ministério da sua Igreja, para glória do Pai.

Concluindo e resumindo, podemos afirmar portanto que a Tradição não é transmissão de coisas ou palavras, uma colecção de coisas mortas. A Tradição é o rio vivo que nos liga às origens, o rio vivo no qual as origens estão sempre presentes. O grande rio que nos conduz ao porto da eternidade. E sendo assim, neste rio vivo realiza-se sempre de novo a palavra do Senhor, que no início ouvimos dos lábios do leitor: "E sabei que Eu estarei sempre convosco até ao fim dos tempos" (Mt 29, 20).


JSarto

Aforismos de Nicolás Goméz Dávila - Ecumenismo


Depois de já o ter feito em relação aos temas da religião, liturgia e modernidade, retoma "A Casa de Sarto" a publicação dos poderosos aforismos do ilustre escritor católico tradicional colombiano Nicolás Goméz Dávila, cuja obra exerce uma notável influência intelectual no seu país natal - impossível que este senhor e estoutro não a hajam lido de fio a pavio - que paulatinamente tem vindo a estender-se aos restantes meios tradicionalistas da Europa e das Américas. Por hoje, aqui ficam os juízos de NGD sobre o ecumenismo:

- Un solo concílio no es más que una sola voz en el verdadero concílio ecuménico de la Iglesia, que es su historia total.

- Los fervientes del ecumenismo olvidan que ser cristiano no consiste sólo en tener fe en Dios, sino en tener fe en el Dios en que se debe tener fe.

- El respeto a todas las religiones es irreligioso. Quien cree no reverencia ídolos.

- Nadie es más respetuoso de las "creencias ajenas" que el demonio.

- Ecumenismo e indiferentismo son rimas de un mismo dístico.


JSarto

O Triunfo da Vida

Dão conta os confrades Mendo Ramires, Manuel Azinhal e Francisco Múrias (belíssima prosa) do lançamento do livro intitulado "O Triunfo da Vida", de autoria do Padre Nuno Serras Pereira, bom e exemplar sacerdote justamente conhecido pela sua fidelidade à doutrina católica, e por isso mesmo odiado por todos os inimigos externos e internos da Igreja. Leitura absolutamente obrigatória para os tempos mais próximos.

JSarto

terça-feira, junho 13, 2006

Permanecei, Senhor

(Oração do Padre Pio de Pietrelcina)

«Permanecei, Senhor, comigo, porque é necessária a Vossa presença para não Vos esquecer.
Sabeis quão facilmente Vos abandono.
Permanecei, Senhor, comigo, pois sou fraco e preciso da Vossa força para não cair tantas vezes.
Permanecei, Senhor, comigo, porque Vós sois a minha luz e sem Vós estou nas trevas.
Permanecei, Senhor, comigo, pois Vós sois a minha vida e sem Vós esmoreço no fervor.
Permanecei, Senhor, comigo, para me dares a conhecer a Vossa vontade.
Permanecei, Senhor, comigo, para que ouça a Vossa voz e Vos siga.
Permanecei, Senhor, comigo, pois desejo amar-Vos muito e estar sempre em Vossa companhia.
Permanecei, Senhor, comigo, se quereis que Vos seja fiel.
Permanecei, Senhor, comigo, porque, por mais pobre que seja minha alma, deseja ser para Vós um lugar de consolação e um ninho de amor.
Permanecei, Jesus, comigo, pois é tarde e o dia declina... isto é, a vida passa, a morte, o juízo, a eternidade se aproximam e é preciso refazer minhas forças para não me demorar no caminho, e para isso tenho necessidade de Vós.
Já é tarde, e a morte se aproxima. Temo as trevas, as tentações, a aridez, a cruz, os sofrimentos, e quanta necessidade tenho de Vós, meu Jesus, nesta noite de exílio.
Permanecei, Jesus, comigo, porque nesta noite da vida, de perigos, preciso de Vós. Fazei que, como Vosso discípulo, Vos reconheça na fração do pão, isto é, que a comunhão eucarística seja a luz que dissipe as trevas, a força que me sustente e a única alegria do meu coração.
Permanecei, Senhor, comigo, porque na hora da morte quero ficar unido a Vós, se não pela comunhão, ao menos pela graça e pelo amor.
Permanecei, Jesus, comigo; não Vos peço consolações divinas porque não as mereço, mas o dom de Vossa presença, ah! sim, vo-lo peço.
Permanecei, Senhor, comigo, é só a Vós que procuro, Vosso amor, Vossa graça, Vossa vontade, Vosso coração, Vosso Espírito, porque Vos amo e não peço outra recompensa senão amar-Vos mais. Com um amor firme, prático, amar-Vos de todo o meu coração na terra para continuar a Vos amar perfeitamente por toda a eternidade.»

(RCS)

segunda-feira, junho 05, 2006

“What happens when wives stop obeying husbands”

La teología paulina del Matrimonio es enormemente clara al respecto. No hay más que mirar en ciertos versículos del Apóstol para saber cuál es exactamente la doctrina cristiana al respecto y la fundamentación escriturística de la misma: que el marido y la mujer son una misma carne (Efesios 5, 31), que el marido es cabeza de la mujer (Efesios 5, 23), que el marido debe amar a su esposa como Cristo ama a la Iglesia (Efesios 5, 29) –la Esposa Mística de Nuestro Señor- (no olvidemos, hasta dar la vida por Ella) y que la mujer debe honrar, es decir, obedecer, a su marido (Efesios 5, 22-24). El Código Canónico, tanto el de 1917 como el de 1983, es enormemente claro al respecto. Y como para muestra basta un botón, la Iglesia –por ejemplo- no reconoce otro domicilio familiar que el del marido aun cuando la esposa se haya separado de él (por causa injusta, claro está, pues hay motivos de separación justa contenidos en el Código, como riesgo de pérdida de la Fe para la esposa, abuso físico, alcoholismo contumaz o infidelidad probada, entre otros). No deja de ser relevante que en la Liturgia tradicional del Matrimonio, como por ejemplo el Rito Toledano (del rito hispanorromano o hispanovisigótico, frecuentemente llamado mozárabe) se insista en este aspecto:

“Vos, esposa, habéis de estar sujeta a vuestro marido en todo ...”
(Exhortación de la Celebración del Santo Matrimonio según el Ritual Toledano)

Como ya han llegado tiempos donde la gente no soporta la sana doctrina, este post enfurecerá a muchos, que ya no aguantan el Evangelio, que se escandalizan de la Sagrada Escritura. Cuando digo “muchos”, evidentemente hablo de ambos sexos, pues el masculino es el genérico en lenguajes indoeuropeos.
Las causas dan lugar a las consecuencias. Todo lo que es de Dios genera felicidad, amor, orden, jerarquía, humildad, obediencia, espíritu de servicio, generosidad, sacrificio, diferenciación, respeto por las esencias, etc. Lo que es infernal de suyo implica infelicidad, odio, desorden, caos, homogeneidad, orgullo, desobediencia, egoísmo, interés propio y espúreo, falta de sacrificio, destrucción de lo que es ... Así pues las causas de la falta de respeto a la Ley de Dios y a la Ley natural en el terreno matrimonial se traducen en consecuencias bien explicadas en este artículo de idéntico título a nuestro post.
Artículo, por otro lado, que tiene poco desperdicio. Escrito desde una perspectiva sociológica viene a demostrar “a la contra” las consecuencias nefastas de cercenar la autoridad del marido. El Dr. Daniel Amneus, autor del mismo, nos recuerda que es precisamente esta falta de autoridad paterna la que permite el caldo ideal de cultivo de los futuros delincuentes: nada menos que el 75 % de los criminales vienen de familias sin padre. Y se queja, lógicamente, del coste social y económico de tales familias.
Amneus no utiliza una perspectiva católica, ni siquiera teológica. Es un análisis inductivo, pleno de sentido común. Es un ataque demoledor contra los efectos del divorcio y de un feminismo que ha cercenado prácticamente todos los derechos de paternidad, empezando por la autoridad que la Ley Natural y la Ley Divina le confieren sobre la familia.
Plinio Corrêa de Oliveira hablaba de cuatro etapas de la Revolución, que muy agudamente él veía como un continuum con momentos álgidos. La primera, el Renacimiento, viró de lo teocéntrico a lo antropocéntrico. La segunda, el Protestantismo, agostó la Gracia e hizo a Dios inalcanzable. Después vino una tercera, la Revolución Francesa, que subvirtió los restos de orden social católico que quedaban en la esfera sociopolítica, ya martilleados por el absolutismo y las consecuencias filosófico-políticas de la Reforma protestante. La cuarta fue y continua siendo ese error “intrínsecamente perverso” del comunismo –por parafrasear a las declaraciones de la Santa Sede- cuyos ribetes padecimos y seguimos padeciendo. Respectivamente estas cuatro etapas son (primordial, pero no únicamente) cultural, religiosa, política y económica. Sigo en la enumeración más a Vintila Horia que a Corrêa de Oliveira, quien habla de cuatro revoluciones (la primera, para el ilustre brasileño, sería el humanismo y el protestantismo sumados). En todo caso la idea de fondo es idéntica.
Ya anticipaba el Profesor Corrêa de Oliveira la quinta revolución, que él calificaba de nihilista. Esa revolución tiene tres parámetros nucleares en la esfera más íntima, aunque no únicos: el nihilismo, el pansexualismo y el feminismo. Con esos ingredientes la quinta revolución –posiblemente la última antes del Anticristo- llega ya a la esfera de la intimidad personal y familiar. Añadía Corrêa de Oliveira el tribalismo, la praeternaturalidad, el estructuralismo, el pentecostalismo y la desmonarquización como ingredientes esenciales de esa quinta revolución. La complejidad de cada tramo revolucionario es creciente:

“Com efeito, é próprio aos processos de decadência complicar tudo, quase ao infinito. E por isso cada etapa de Revolução é mais complicada que a anterior …”
(Revolução e Contra-Revolução, Plinio Corrêa de Oliveira).

La resultante final de la quinta revolución, la aspiración de sus secuaces, es crear así una tabula rasa sobre la que edificar un orden, o contraorden por bien decir, luciférico. He ahí la gravedad del socavamiento de la autoridad del marido, puntal fundamental de esta quinta revolución pues deshace la jerarquía, el orden y la justicia inherente a la familia.
Quizás así se entienda la aseveración del Padre Malachi Martin, que fuera exorcista de la Diócesis de Nueva York: “el feminismo es una forma de pecado contra el Espíritu Santo”. Ciertamente no iba descaminado.

Rafael Castela Santos

domingo, junho 04, 2006

A Ti, Señor

A Ti, Señor, te busco con el corazón roto,
con el alma en sangre viva y lacerada,
llorando tu Cruz tanto tiempo desamada.
Todo mi ser cual añicos de una vieja foto.

No te encuentro, Madre, tan de mí apartada,
por culpa de mi frondoso de pecados soto.
En el declive de mi vida mi único reto
Es que mi alma vire y sea a Ti más allegada.

A ti, Señor, me atrevo a preguntarte en silencio
hasta cuándo estas cruces, estos apartamientos,
de tus hijos, de los míos, de Ti, de mí ... este río

que me arrastra, que enajena mis aposentos,
que me lleva a un mar que no quiero ... con brío,
con desdén, con furia, con fuerza, sin miramientos.

Rafael Castela Santos

sábado, junho 03, 2006

Cardeal Martini incompetente em matéria de moral


O Cardeal López Trujillo, presidente do Pontifício Conselho para a Família, definiu publicamente o modernista e progressista radical Cardeal Martini, verdadeiro fariseu e autêntico Judas Iscariotes dos tempos que correm, como incompetente em matéria de moral, relembrando que o magistério da Igreja sobre o aborto, a utilização de preservativos, a eutanásia ou a adopção de crianças por homossexuais se mantém inalterado e, sobretudo, que o mesmo jamais será modificado! A ler aqui e aqui.

Pela nossa parte, n'"A Casa de Sarto", saudamos a sensatez do eminente purpurado colombiano, e recordamos que Martini mesmo só o "Dry Martini"!

JSarto

A doutrina económica de Hilaire Belloc


Um interessante artigo - "The Distributivism of Belloc" - que esclarece quaisquer dúvidas sobre o assunto. Nem marxista, nem plutocrata, mas sempre católico! - eis como se pode sintetizar o pensamento do brilhante historiador inglês.

JSarto

Ainda o Mosteiro de Barroux

De um ilustríssimo defensor da tradição católica em terras brasileiras, profundo conhecedor da Ordem de São Bento, e que honra "A Casa de Sarto" com a sua amizade, recebi esta carta que dá conta de algumas preocupantes evoluções ocorridas recentemente no Mosteiro de Barroux, e cujo teor desconhecia. Aqui fica o conteúdo da referida missiva:

Caro amigo JSarto,

(…)

Eu compreendo que o senhor coloque as imagens e até que fale do Barroux. Porém, ao usar o nome do Corção para mostrar a que ponto eles são fiéis à Tradição, tropeçou, no meu fraco entender. Isto porque a realidade desta Abadia não é mais a de um grupo Ecclesia Dei, e estão a léguas do pensamento de Gustavo Corção.

O novo Abade deixou claro que a orientação do Mosteiro é Vaticano II, com toda a gama de novidades que isso comporta. Envia seus padres para concelebrar com outros padres nas paróquias, prega alguns erros graves que anulam o cuidado que o senhor teve em sua resposta ao Ausiás. Cito: "…tanto quanto possível (na condição de jamais comprometer a integridade da doutrina), lançar pontes em direcção aos mesmos e com vista à consecução do objectivo final de todos: o combate às pragas heréticas modernista e progressista, e a sua subsequente erradicação do seio da Igreja Católica!"

As fotos escondem e fantasiam uma realidade não tão admirável.

O resultado desta nova orientação do jovem abade é que pelo menos dois padres estão em pé de guerra, dentro deste Mosteiro, achando que foram longe demais. (tarde demais, a meu ver)

Que existam católicos Ecclesia Dei que, por medo dos raios e trovões lançados de Roma, façam seus acordos mas guardem o bom combate, acho razoável, apesar de não comungar com esta atitude. Não é mais o caso do Barroux, como não é mais o caso deste infeliz Dom Fernando Rifan, de Campos, Brasil. Ambos foram ao fundo do poço!

In Christo
(…)


JSarto

quinta-feira, junho 01, 2006

Igreja hostil à mulher ... na Idade Media?

Fragmento do excelente texto do Régine Pernoud.


“Isto nos leva a discutir o slogan: ‘Igreja hostil à mulher’. Não nos demoraremos em questionar a afirmação acima, o que exigiria um volume à parte; não iremos mais discutir as tolices evidentes que foram proferidas sobre o assunto. ‘Não foi senão no século XV que a Igreja admitiu que a mulher tinha alma’, afirmava candidamente, um dia no rádio, não sei que romancista certamente cheio de boas intenções, mas cuja informação apresentava algumas lacunas! Assim, durante séculos, batizou-se, confessou-se e ministrou-se a Eucaristia a seres sem alma! Neste caso, por que não aos animais? É estranho que os primeiros mártires honrados como santos tenham sido mulheres e não homens. Santa Agnes, Santa Cecília, Santa Ágata e tantas outras. É verdadeiramente triste que Santa Blandina ou Santa Genoveva tenham sido desprovidas de uma alma imortal. É surpreendente que uma das mais antigas pinturas das catacumbas (no cemitério de Priscille) representasse, precisamente, a Virgem com o Menino, bem designado pela estrela e pelo profeta Isaías. Enfim, em quem acreditar, nos que reprovam na Igreja medieval justamente o culto da Virgem Maria, ou naqueles que julgam que a Virgem Maria era, então, considerada como uma criatura sem alma?
Sem nos demorarmos, portanto, nestas tolices, recordaremos aqui que algumas mulheres (que nada designavam particularmente, pela família ou pelo nascimento, pois que vinham, como diríamos atualmente, de todas as camadas sociais, como, por exemplo, a pastora de Nanterre) usufruíram na Igreja, e justamente por sua função na Igreja, de um extraordinário poder na Idade Média. Certas abadessas eram senhoras feudais cujo poder era respeitado do mesmo modo que o de outros senhores; algumas usavam o báculo como os bispos; administravam, muitas vezes, vastos territórios com cidades e paróquias... Um exemplo, entre mil outros: no meio do século XII, cartulários nos permitem seguir a formação do mosteiro de Paraclet, cuja superiora é Heloisa; basta percorre-los para constatar que a vida de uma abadessa, na época, comporta todo um aspecto administrativo: as doações que se acumulam, que permitiam perceber ora o dízimo de um vinhedo, ora o direito às taxas sobre o feno e o trigo, aqui o direito de usufruir uma granja, e lá o direito de pastagem na floresta... Sua atividade é, também, a de um usufruidor, ou seja, a de um senhor. Quer dizer que, a par de suas funções religiosas, algumas mulheres exerciam, mesmo na vida laica, um poder que muitos homens invejariam no presente.
[...]
Se se examinam os fatos, uma conclusão se impõe: durante todo o período feudal, o lugar da mulher na igreja apresentou algumas diferenças daquele ocupado pelo homem (e em que medida não seria esta uma prova de sabedoria: levar em conta que o homem e a mulher são duas criaturas equivalentes, mas diferentes?), mas este foi um lugar eminente, que simboliza, por outro lado, perfeitamente o culto, insigne também, prestado à Virgem entre todos os santos. E é pouco surpreendente que a época termine por uma figura de mulher: a de Joana D’Arc, que, seja dito de passagem, não poderia, jamais, nos séculos seguintes, obter a audiência e suscitar a confiança que conseguiu, afinal.”

Régine Pernoud

(RCS)

domingo, maio 28, 2006

Da vida e da liturgia no Mosteiro de Barroux



Belíssimo conjunto de fotografias disponível em linha acerca da vida e da liturgia no grande mosteiro beneditino tradicionalista francês de Barroux. Para quem não conheça o sentido de defesa da tradição que anima estes monges, é bastante dizermos que a editora do mosteiro - as Éditions Sainte-Madeleine - é tão-só responsável pela publicação dos livros de Jean Madiran, e da tradução francesa das obras de Gustavo Corção - "La Découverte de l'Autre" e "Le Siècle de l'Enfer". Ao contemplar estas fotografias, é impossível não vislumbrarmos o espírito perene da tradição católica, bem como não discernirmos o mais profundo da nossa essência de cristãos e europeus, e levados a afirmar à semelhança de Belloc: The faith is Europe! And Europe is the Faith!

JSarto

Da nova escravatura


Tal como o Rafael, também eu preciso de saber se existe algum lugar neste mundo onde se encontrem dias de quarenta e oito horas. Na verdade, o dever profissional assoberba-me e esmaga-me - e ao que parece também a vários bloguistas amigos… -, deixando-me quase sem tempo para a família e para o lazer pessoal, que para mim é, antes de mais, sinónimo de cultivo espiritual. Numa estranha tendência do mundo moderno neopagão - e comentava isso com o meu amigo Rafael há uns dias atrás -, o trabalho intelectual ou manual, que em si mesmo é um dever de todo o homem bem formado, subtil mas determinadamente vai-se transformando numa opressiva escravatura sem grilhetas físicas. Eis, pois, uma excelente ocasião para se reflectir neste importante texto do grande historiador católico franco-britânico Hilaire Belloc, extraído do seu ensaio "The New Paganism", constante da compilação "Essays of a Catholic", publicada em 1931 e presentemente reeditada pela Tan Books:

In the sphere of social texture the New Paganism must also inevitably and of its nature, wherever it gives its tone to society, reintroduce that status of slavery from which our civilization sprang and which only very gradually disappeared under the influence of Christian ethic.

This revival of slavery must not be confused with the spread of mechanical restriction applicable to all. They are cousins, but they are not identical. Slavery is the compulsion of one man or set of men to work for the benefit of others. It is a compulsion to work, backed by the arms of the State. The way has been prepared for it by that already half-Pagan thing - industrial capitalism, of which I write on a later page; and the steps whereby the New Paganism will achieve slavery develop naturally from industrial capitalism. It is a thesis I have developed at greater lenght in my book "The Servile State"; I here only touch on it as a main social result to which the New Paganism will give birth. That this novel status will bear the name "slavery" I doubt; for it is in the nature of mankind, when they are proceeding to call that good which once they called evil, to avoid the old evil name. In the same way fornication is not called fornication but "companionate marriage". Probably slavery, when it comes, will be called "permanent employment"; and a century hence, a rich man will say to his friends, talking of his new gardener: "He's a permanent. Paid for him at the Bureau only last Thursday".

In the form of security and sufficiency for the men who labor to the profit of others, and in the form of registering and controlling them in the form of an organized public supervision of their labor, slavery is already afoot. When slavery shall suceed it will suceed through the acquiescence of those who will be enslaved, for they will prefer sufficiency and security with enslavement, to freedom, responsability, insecurity and the threat of insufficiency.

As yet, during the transition, there is an illogical, and therefore an ephemeral mixture of the old and the new. The old freedom sufficiently survives in the mind of the wage earner to give him the illusion that, while accepting insurance and maintenance from the capitalist state, he can still be a full citizen. He thinks he can have his cake and eat it too. He is mistaken. The great capitalists who procured these regulations from the politicians knew what they were at. They were catching their proletariat in a net, and now they hold it fast.

The New Paganism will then, I say, give us, in those societies over which it shall obtain the control of the mind, increasing restriction against general freedom and increasing restriction against the particular freedom which left some equality between the man who worked and the man who exploited him under a contract - it will replace that idea of contract by the older idea of status. In saying this, my object is to point out that the discussion of the New Paganism is not a mere academic discussion, but, as I have called it, one of immediate pratical importance. If we adopt it we must be prepared for its consequences; if we abhor those consequences, it is our business to fight the New Paganism vigorously.

And here I have, as on so many other points, a quarrel with those moderns who will make religion an individual thing (and no Catholic can evade the corporate quality of religion), telling us that its object being personal holiness and the salvation of the individual soul, it can have no concern with politics. On the contrary, the concern of religion with politics is inevitable. Not that the Christian doctrine and ethic rejects any one of the three classical forms of government - democracy, aristocracy or monarchy, or any mixture of them - but that it does reject certain features in society which are opposed to them because they spring from a denial of free will.

JSarto

quinta-feira, maio 25, 2006

Mantenham a Missa sempre



“Terminarei por meu testamento. Gostaria que ele fosse um eco do testamento de Nosso Senhor: um Testamento Novo e Eterno ... a herança que Jesus Cristo nos deu, Seu Sacrifício, Seu Sangue, Sua Cruz. Eu direi o mesmo para vocês: para a glória da Santíssima Trindade, pelo amor da Igreja, para a salvação do mundo: mantenham o Santo Sacrifício de Nosso Senhor Jesus Cristo! Mantenham a Missa sempre!”

Arcebispo Dom Marcel Lefebvre, 23 de setembro de 1979

(RCS)

terça-feira, maio 16, 2006

Ya lo dijo Menéndez Pelayo

Resulta a veces increíble presenciar el actual fenómeno implosivo de las Españas. La común Patria española se fractura y nos perdemos en cualesquiera tipos de discusiones sobre las causas y los sesgos políticos e históricos de tal hecho. Cataluña primero, seguido por las provincias Vascongadas (artificialmente unidas en ese Euzkadi sin referencia histórica previa), pero ahora ya Andalucía y las mismísimas Canarias, a quienes Galicia parece ir a renglón seguido, reclaman su “soberanía nacional”. La cuestión política es a mi juicio un epifenómeno de algo más profundo. Lo que a España le falta es una unidad de destino, un sentido de quehacer en lo universal, porque la Patria no sólo es, sino que también se hace. A nosotros, los tradicionalistas, que cuando somos veramente tradicionalistas en lo político en países hispanos tenemos por fuerza que ser carlistas, nos trae completamente al pairo el que las regiones se quieran llamar naciones y hablamos indistintamente de España o las Españas. Ni voy a entrar en lo obvio: que estos nacionalismos modernos son letales de necesidad porque yugulan a la sociedad, porque son todavía infinitamente más destructores de la subsidiariedad, de los municipios y de los cuerpos intermedios que lo es el maldito estado centralista, liberal y jacobino que venimos padeciendo desde el infame Fernando VII. No van por ahí los tiros de este post. Hoy hay que apuntar derecho y certero al núcleo de este problema.
Nadie, o muy pocos, hablan de lo obvio: que España, o las Españas –como en rigor debieran llamarse-, tienen unidad en la misión universal que Dios ha encomendado a las distintas regiones españolas, o sea, en la unidad católica y en la empresa misionera y de defensa de la Cristiandad. Lógicamente si España no cumple su misión, lógico es que desaparezca. Se puede aplicar a esto el dicho bíblico de que si la sal no sala ...
El insigne pensador español Don Marcelino Menéndez Pelayo afirmó en su Historia de los heterodoxos españoles hace ya un siglo lo siguiente:

“España, evangelizadora de la mitad del orbe, España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio … Esa es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y los vectones ó de los reyes de taifas”.

Pues eso: sin unidad católica no existe unidad de España. Porque el nacimiento de España como nación con Recaredo es la unidad católica que incorpora a los visigodos a la Verdadera Fe al abjurar estos de su arrianismo. Porque la afirmación de España, invadida en prácticamente todo su territorio por el Islam, es la afirmación de la Cristiandad. Porque la consumación de la reunión de las Españas, tantas veces soñadas por reyes leoneses, castellanos, aragoneses y navarros a lo largo de la Edad Media tiene un origen primordialmente cristiano y en rigor se llama a Fernando e Isabel Reyes Católicos. La constante española es haber sido una historia particular de la Iglesia, quizás más que ningún otro pueblo católico del mundo, con excepción de Portugal, que merece igual consideración. La unión de las distintas regiones y distintos reinos de España no tiene otro sentido que el acometer para la Providencia esa empresa reconquistadora y misionera. Lógico es pues que España sufra con una fe adulterada como la post-Vaticano II que, para empezar, pone al error al mismo nivel que la verdad con el nocivísimo concepto de libertad religiosa.
Si la verdadera Fe retorna a los corazones de los españoles la vuelta a la unidad de la Patria y la concordia entre los españoles serán dos consecuencias lógicas y casi inmediatas de la unidad católica. Sin unidad católica seremos ciudadanos de reyezuelos taifas, peor que las caóticas tribus de la España prerromana. España sin unidad católica no es nada. Es peor que nada. La caída en el abismo no ya inmoral sino peor, amoral, de la España moderna así lo atestigua.
Ya lo dijo Menéndez Pelayo hace un siglo. La Santa Religión Católica es nuestra razón de ser. Cuando España falta a su deber máximo, a su causa ontológica, España desaparece.
Lo demás son anotaciones a pie de página.

Rafael Castela Santos

sábado, maio 13, 2006

Para a Definição de Fátima


A assunção das cantilenas
à Mater de dores e penas,
Regina das soberanas,

Reboa, ressoa, ecoa entre açucenas
e hossanas!...

- Fátima, em pleno e em peso,
a fervilhar
de fontes de fervor…

Eu, por mim, rezo:
sem cessar,
rezo,
Senhor,
a par
do marulhar
aceso
da récita maior,

e de sorte a acompanhar
melhor
o rumor
do popular
clamor
que até o azul solar do ar
sabe de cor.

Fátima: alto-mar
e altar-mor!


Rodrigo Emílio - "Matando a Sede nas Fontes de Fátima", Porto, Antília Editora, 2006

JSarto