Texto completo aquí, de nuevo dedicado a JSarto.
Vida cristiana sus leyes y principios
…
Toda la espiritualidad cristiana reposa sobre la Cruz, no lo olvidemos; por la Cruz se restablece la unión y armonía con Dios y se abren de nuevo las puertas del Cielo.
El Santo Sacrificio de la MISA, que es la renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz, está así en el centro y en el corazón mismo de la espiritualidad cristiana. El significado profundo de la Cruz y de su prolongación en la Santa Misa está hoy prácticamente olvidado. Prueba de ello, es la concepción protestante, de la Nueva Misa, la cual conlleva a la pérdida de la fe paulatina pero eficazmente.
Por la fe entramos en posesión de Cristo. Por la fe se opera el contacto con Cristo: “Sólo aquellos lo recibieron, quienes creyeron en su nombre” (Jn. 1 12). Con la disminución de la Fe, se disminuye nuestra posesión de Cristo. Toda la Revelación está contenida en el testimonio que Dios Padre nos da, diciéndonos que Jesús es su Hijo.
La enseñanza de los Apóstoles y de la Iglesia se resume en la Revelación de Jesucristo. Quien cree en la divinidad de Cristo acepta en consecuencia de un solo golpe todo eso que Dios ha revelado de sí mismo y personalmente en su Verbo Encarnado.
La función primordial de la Fe, base de nuestra vida espiritual, es adherir a Cristo, que es la Revelación (el Verbo) del Padre. Nosotros recibimos a Nuestro Señor Jesucristo por la Fe primeramente y nos identificamos a El por el amor y la fidelidad. Si se disminuye la Fe, disminuye nuestro contacto con Cristo y nos hacemos infieles. Jesucristo es el Verbo Encarnado, el Verbo expresa todo lo que Dios es y todo lo que El conoce.
Se comprende así, cómo la Fe en Jesucristo es el fundamento de la vida espiritual y hoy la Fe se pierde destruyéndose hasta en su más profundo misterio: el Mysterium Fidei (el Misterio de Fe) que se condensa en la Santa Misa, y que ha sido tergiversado con la Nueva Misa. La Nueva Misa es la adulteración y corrupción más sacrílega del culto católico.
Digámoslo brevemente, la Nueva Misa postula los principios de la Cena protestante. Ellos son la concepción protestante de la Cena en lugar del Sacrificio, y del Sacrificio Propiciatorio, en especial. La concepción protestante de la presencia real, puramente espiritual, en contra de la concepción católica, de la Presencia Real Corporal de Nuestro Señor (presencia en Persona, presencia substancial de toda su Persona sacramentalmente realizada por la transubstanciación). La concepción protestante del presidente de la asamblea en contra de la concepción católica de la sacramentalidad del sacerdocio (ministerio sacramental del sacerdocio), el cual es Otro Cristo» “alter Christus» sacramentalmente, quien ofrece de modo sacramental el Sacrificio realizado sacramentalmente.
La concepción protestante de la falta de valor intrínseco del sacrificio (acción sacrificial) que se realiza por la acción sacrificial misma (ex opere operato), por la fuerza de la misma operación que realiza el celebrante, por la doble consagración (del pan y del vino).
Toda ella (la Nueva Misa) lleva a la pérdida de la Fe, de la realidad del sacrificio y al olvido de la Cruz. Se pierde la espiritualidad cristiana que se basa en el Misterio de la Cruz de Nuestro Señor. Se pierde la quintaesencia de la vida cristiana: muerte al pecado para resucitar con Cristo y estar así en comunión con la Santísima Trinidad. El olvido de la antítesis cristiana muerte-vida nos lleva a un Cristianismo sin Cristo, a una Cristiandad sin Cruz, a un Cristianismo Gnóstico, Ecuménico y Sincretista.
Se eclipsa el ideal de vida cristiano, que está expresado por el sacrificio y la abnegación. Ideal que considera que el hombre vive en la tierra para merecer el Cielo, por medio del sacrificio y la abnegación, que están sublimemente expresados en Cristo crucificado.
Con el eclipse de la fe (y de la Iglesia, De labore solis) surge de nuevo el ideal de vida pagano, para el cual el hombre vive en la tierra para gozar. Por eso para el mundo moderno todo es comodidad y placer, rechaza violentamente toda noción de dolor, de sufrimiento, de sacrificio y abnegación, rechaza en definitiva la Cruz.
El mejor antídoto contra el mundo moderno es la Santa Misa pues destruye el falso ideal de comodidad y placer del mundo moderno, pues nos sumerge en el misterio de la Pasión y Muerte de Cristo Redentor.
El Santo Sacrificio de la Misa sintetiza el espíritu cristiano, la Cruz nos recuerda nuestra condición de cristianos. La Santa Misa que es la renovación incruenta sobre el altar del Sacrificio de la Cruz sobre en el Calvario, es el centro y el corazón de la vida cristiana, es la fuente de la piedad cristiana.
Nuestra asimilación debe ser a Cristo, configurándonos a El, a su Cruz, a su Sacrificio, para resucitar con El.
Una asimilación al mundo moderno como quiere el Vaticano II es una inversión del espíritu de Cristo y de su Iglesia, es una inversión de la santificación y espiritualidad de la Iglesia, es en definitiva, una apostasía, como la que hoy impera.
P. Basilio Méramo
(RCS)
sexta-feira, agosto 26, 2005
Peregrinaçäo da Fraternidade de Säo Pio X a Fátima
O excelente "La Porte Latine" publica uma completíssima reportagem sobre a peregrinaçäo de reparaçäo da Fraternidade de Säo Pio X a Fátima: para quem nela näo pôde estar presente, aqui fica o relato pormenorizado de tudo o que ocorreu na memorável jornada dos passados dias 20, 21 e 22 de Agosto, devidamente ilustrado por múltiplas fotografias.
JSarto
quinta-feira, agosto 25, 2005
Poniendo los puntos sobre las íes (1)
Dedico este texto, que se puede encontrar íntegro aquí a mi amigo JSarto, extraordinario anfitrión ya va para año y medio largo en estos lares lusitanos de A Casa de Sarto y verdadero hermano en la Fe y cómplice en gustos, inclinaciones y preferencias.
Estoy seguro que gustará de él, aunque presumiblemente ya lo conoce.
Rafael Castela Santos
Vida cristiana sus leyes y principios
La vida cristiana (católica) tiene sus principios básicos y sus leyes fundamentales. La decadencia de la vida espiritual de los fieles y del pueblo católico se debe en gran parte al olvido, cuando no al abandono de los principios de las leyes más elementales (básicas) de la vida cristiana.
…
El ideal de santidad se ha perdido cuando no tergiversado, o invertido. Digo, cuando no tergiversado o invertido por razones graves y profundas. Hoy, contrariamente a lo que siempre se ha dicho y creído, se piensa y dice todo lo contrario en materia de vida espiritual. La santidad hoy ya no implica necesariamente un doble elemento: uno de separación y otro de unión.
Separación del mundo (las cosas creadas y efímeras de esta tierra) con la renuncia de nuestros apetitos y afectos desordenados. La naturaleza de las cosas espirituales y sobrenaturales lo exigen así. No se aproxima uno a Dios, si no es alejándose (separándose) de todo lo creado, esto es desprendiéndose con generosidad y espíritu de renuncia mediante un sano desasimiento de todo lo que no es Dios.
Hoy se mezcla con vano optimismo Mundo e Iglesia, mundo y vida sobrenatural, mundo y cristianismo, se los lleva a una identificación prometiéndonos el Paraíso en la tierra. El hombre o la humanidad parece no distinguirse de la Iglesia. A tal punto de hacer de la humanidad, la Iglesia, esto es: el Pueblo de Dios. La Iglesia concebida como pueblo de Dios es la Iglesia identificada con la Humanidad, con el Mundo. La Iglesia como Pueblo de Dios estaría formada por todos los hombres, gracias a la unión de Dios con cada hombre por el mismo hecho de la Encarnación. Esto lo dice Karl Rahner, pseudo-teólogo, que tuvo mucha influencia en el Concilio Vaticano II, entre otros pseudo-teólogos progresistas, que invadieron con sus errores el Concilio, haciendo prevalecer la concepción modernista.
…
San Pablo nos advierte y exhorta: “No queráis conformaros con este siglo” (Rom 12,2). Lo cual se opone diametralmente a la divisa progresista y modernista del aggiornamento o configuración de la Iglesia con el Mundo moderno.
Nuestro Señor, deja establecido el abismo insondable entre El y el mundo, entre la Iglesia (Cuerpo Místico de Cristo), prolongación de su Encarnación, y el mundo; pues como dicen las Escrituras “el mundo no le conoció” (Jn 1, 10); además Nuestro Señor mismo exclamó: “no ruego por el mundo sino por estos que me diste, porque son tuyos” (Jn 17, 9).
La respuesta del mundo no ha sido menos tajante frente a los Apóstoles y discípulos de Nuestro Señor: “El mundo los ha aborrecido porque no son del mundo, así como Yo tampoco soy del mundo” (Jn 17, 14). La incompatibilidad y oposición entre Iglesia y mundo queda bien establecida, bien que en otro pasaje se dice: “Amó tanto Dios al mundo que dió su Hijo Unigénito” (Jn 3,16), pues como es evidente aquí el término mundo está tomando en otro sentido, refiriéndose a los hombres pecadores, que son todos los hombres y que El vino a Redimir, todo lo cual está expresado por las palabras que siguen: “a fin de que todos los que creen en El no perezcan”.
La misión de la Iglesia será siempre la de convertir al mundo, asumiéndolo el mundo para elevarlo y sobrenaturalizarlo en la Iglesia y no para que la Iglesia se convierta al mundo secularizándose, como pasa hoy, gracias al modernismo reinante dentro de la misma Iglesia. Hoy se confunde sin distinción ni matiz alguno, entre asumir y asimilar, de ahí el grave error de querer asimilarse al mundo que anima el progresismo actual dentro de la Iglesia. Nuestro Señor asumió la carne humana, pero no se convirtió (o asimiló) en carne humana. La Iglesia debe hacer lo mismo, asumir el mundo, para que el mundo se convierta en Iglesia y no que la Iglesia se asimile al mundo y se convierta en mundo.
Tenemos que ir, mejor dicho, volver (o retornar) a la esencia del cristianismo, a sus principios y a sus leyes más elementales, para no ser absorbidos por el error modernista en su propósito de secularización e identificación de la Iglesia con el mundo moderno.
Toda la espiritualidad de la Iglesia se edifica sobre el evento más fundamental del cristianismo: la Muerte y Resurrección de Jesucristo, siguiendo a San Pablo. Para el mundo y la Iglesia hay un hecho histórico de absoluta importancia: Jesucristo muerto y resucitado. La vida cristiana se presenta así como una participación en la muerte y la resurrección del Salvador. La vida espiritual del católico es así una prolongación en cada uno de nosotros del doble aspecto del misterio de Cristo, de su muerte y el de su resurrección.
Todo el cristianismo, como dice el Padre Philipon, en su libro “La Doctrina Espiritual de Dom Marmion”, se reduce a este mismo misterio de muerte y de vida de Nuestro Señor Jesucristo.
La Santidad de la vida cristiana está sintetizada en este doble aspecto del misterio de Cristo: su muerte y su resurrección.
El ritual del Bautismo, lo expresa también así, señalando la antítesis entre la muerte y la vida. El Bautismo nos hace morir sacramentalmente con Cristo, lo cual está simbolizado en el rito oriental católico, por la triple inmersión en el agua, representando los tres días que permaneció Nuestro Señor Jesucristo en el sepulcro para resucitar después con El, en una vida nueva en la gracia.
La muerte y la vida constituyen las dos fases correlativas y complementarias de toda la vida cristiana. Muerte con Jesús al pecado, a las imperfecciones y a nosotros mismos, para después resucitar con Cristo a una vida nueva, en la gracia con Dios. La santidad (perfección cristiana) está dada por la muerte al pecado y a todo lo que conduce a él. Los grados de la muerte al pecado marcan la medida misma del progreso en la vida de la perfección que se caracteriza por el grado de unión con Dios Uno y Trino.
El pecado es el gran obstáculo a la unión divina, es una ofensa al Amor divino. La muerte al pecado consiste en morir a sus causas que son: el demonio, el mundo y la carne, los cuales representan nuestra triple concupiscencia: la de la carne (placer y sensualidad), la de los ojos (riqueza, avaricia y poder) y la del orgullo de la vida (soberbia, orgullo y amor propio). La triple concupiscencia corresponde al triple desorden, causado por el pecado original.
El hombre estaba en perfecta unión y armonía con Dios, consigo mismo y con las cosas, gracias a la Justicia Original, o estado de inocencia primigenia en que fue creado Adán.
El hombre estaba en unión y armonía con Dios a través de su inteligencia y voluntad (facultades superiores del alma humana) que estaban sometidos a Dios por la gracia santificante. Esto era la rectitud de la mente a Dios y de esta rectitud superior derivan las otras dos rectitudes inferiores.
El hombre estaba en unión y armonía consigo mismo, las pasiones y apetitos inferiores del alma estaban sometidas a la razón, el hombre no estaba dividido como hoy entre su espíritu y la carne.
Por último, la armonía y unión de su cuerpo y alma. El cuerpo sometido al alma era inmortal y a través del cual el hombre gozaba de las cosas exteriores que conforman el mundo animal, vegetal, mineral, sobre lo cual dominaba pacíficamente, pues nada le era desconocido ni adverso.
El pecado original produjo una triple ruptura ocasionando así un triple desorden, las tres concupiscencias: de la carne, de los ojos y la del espíritu.
De aquí que la regeneración del hombre pecador pasa por el espíritu de pobreza, de castidad y de obediencia. La pobreza para contrarrestar el desorden frente a las cosas materiales exteriores al hombre. La castidad para restablecer el desorden interior del hombre con sus apetitos y pasiones carnales contra la razón. La obediencia para restablecer el sometimiento de la voluntad a Dios.
Las órdenes monásticas hicieron, así, el triple voto de pobreza, castidad y obediencia, para asegurar el camino de la perfección cristiana.
Los fieles no son monjes, y si no hacen votos de castidad, pobreza y obediencia, deben al menos tener su espíritu, so pena de no ser verdaderos católicos y quedarse con una apariencia de religiosidad cristiana, es decir, fariseísmo puro. Quien no tiene espíritu de pobreza, de castidad y de obediencia, está adherido al mundo, ama las cosas de este mundo desordenadamente, vive para el mundo y es de este mundo. Los verdaderos católicos no son del mundo, el católico no vive para el mundo, sino para Dios y su Iglesia en Cristo Jesús.
Bajo la influencia de la literatura, del cine, de la radio, de la televisión, etc., y de toda una atmósfera de civilización pagana, nuestras mentes modernas han perdido el sentido del pecado, el pecado no causa ya el horror ante su fealdad, corrupción y malicia.
Y la razón más profunda de ello viene del hecho de que nosotros ya no tenemos el sentido verdadero de Dios, de lo que es Dios. Si nos olvidamos de Dios perdemos el sentido de la gravedad del pecado que nos separa de EL.
P. Basilio Méramo
(RCS)
Estoy seguro que gustará de él, aunque presumiblemente ya lo conoce.
Rafael Castela Santos
Vida cristiana sus leyes y principios
La vida cristiana (católica) tiene sus principios básicos y sus leyes fundamentales. La decadencia de la vida espiritual de los fieles y del pueblo católico se debe en gran parte al olvido, cuando no al abandono de los principios de las leyes más elementales (básicas) de la vida cristiana.
…
El ideal de santidad se ha perdido cuando no tergiversado, o invertido. Digo, cuando no tergiversado o invertido por razones graves y profundas. Hoy, contrariamente a lo que siempre se ha dicho y creído, se piensa y dice todo lo contrario en materia de vida espiritual. La santidad hoy ya no implica necesariamente un doble elemento: uno de separación y otro de unión.
Separación del mundo (las cosas creadas y efímeras de esta tierra) con la renuncia de nuestros apetitos y afectos desordenados. La naturaleza de las cosas espirituales y sobrenaturales lo exigen así. No se aproxima uno a Dios, si no es alejándose (separándose) de todo lo creado, esto es desprendiéndose con generosidad y espíritu de renuncia mediante un sano desasimiento de todo lo que no es Dios.
Hoy se mezcla con vano optimismo Mundo e Iglesia, mundo y vida sobrenatural, mundo y cristianismo, se los lleva a una identificación prometiéndonos el Paraíso en la tierra. El hombre o la humanidad parece no distinguirse de la Iglesia. A tal punto de hacer de la humanidad, la Iglesia, esto es: el Pueblo de Dios. La Iglesia concebida como pueblo de Dios es la Iglesia identificada con la Humanidad, con el Mundo. La Iglesia como Pueblo de Dios estaría formada por todos los hombres, gracias a la unión de Dios con cada hombre por el mismo hecho de la Encarnación. Esto lo dice Karl Rahner, pseudo-teólogo, que tuvo mucha influencia en el Concilio Vaticano II, entre otros pseudo-teólogos progresistas, que invadieron con sus errores el Concilio, haciendo prevalecer la concepción modernista.
…
San Pablo nos advierte y exhorta: “No queráis conformaros con este siglo” (Rom 12,2). Lo cual se opone diametralmente a la divisa progresista y modernista del aggiornamento o configuración de la Iglesia con el Mundo moderno.
Nuestro Señor, deja establecido el abismo insondable entre El y el mundo, entre la Iglesia (Cuerpo Místico de Cristo), prolongación de su Encarnación, y el mundo; pues como dicen las Escrituras “el mundo no le conoció” (Jn 1, 10); además Nuestro Señor mismo exclamó: “no ruego por el mundo sino por estos que me diste, porque son tuyos” (Jn 17, 9).
La respuesta del mundo no ha sido menos tajante frente a los Apóstoles y discípulos de Nuestro Señor: “El mundo los ha aborrecido porque no son del mundo, así como Yo tampoco soy del mundo” (Jn 17, 14). La incompatibilidad y oposición entre Iglesia y mundo queda bien establecida, bien que en otro pasaje se dice: “Amó tanto Dios al mundo que dió su Hijo Unigénito” (Jn 3,16), pues como es evidente aquí el término mundo está tomando en otro sentido, refiriéndose a los hombres pecadores, que son todos los hombres y que El vino a Redimir, todo lo cual está expresado por las palabras que siguen: “a fin de que todos los que creen en El no perezcan”.
La misión de la Iglesia será siempre la de convertir al mundo, asumiéndolo el mundo para elevarlo y sobrenaturalizarlo en la Iglesia y no para que la Iglesia se convierta al mundo secularizándose, como pasa hoy, gracias al modernismo reinante dentro de la misma Iglesia. Hoy se confunde sin distinción ni matiz alguno, entre asumir y asimilar, de ahí el grave error de querer asimilarse al mundo que anima el progresismo actual dentro de la Iglesia. Nuestro Señor asumió la carne humana, pero no se convirtió (o asimiló) en carne humana. La Iglesia debe hacer lo mismo, asumir el mundo, para que el mundo se convierta en Iglesia y no que la Iglesia se asimile al mundo y se convierta en mundo.
Tenemos que ir, mejor dicho, volver (o retornar) a la esencia del cristianismo, a sus principios y a sus leyes más elementales, para no ser absorbidos por el error modernista en su propósito de secularización e identificación de la Iglesia con el mundo moderno.
Toda la espiritualidad de la Iglesia se edifica sobre el evento más fundamental del cristianismo: la Muerte y Resurrección de Jesucristo, siguiendo a San Pablo. Para el mundo y la Iglesia hay un hecho histórico de absoluta importancia: Jesucristo muerto y resucitado. La vida cristiana se presenta así como una participación en la muerte y la resurrección del Salvador. La vida espiritual del católico es así una prolongación en cada uno de nosotros del doble aspecto del misterio de Cristo, de su muerte y el de su resurrección.
Todo el cristianismo, como dice el Padre Philipon, en su libro “La Doctrina Espiritual de Dom Marmion”, se reduce a este mismo misterio de muerte y de vida de Nuestro Señor Jesucristo.
La Santidad de la vida cristiana está sintetizada en este doble aspecto del misterio de Cristo: su muerte y su resurrección.
El ritual del Bautismo, lo expresa también así, señalando la antítesis entre la muerte y la vida. El Bautismo nos hace morir sacramentalmente con Cristo, lo cual está simbolizado en el rito oriental católico, por la triple inmersión en el agua, representando los tres días que permaneció Nuestro Señor Jesucristo en el sepulcro para resucitar después con El, en una vida nueva en la gracia.
La muerte y la vida constituyen las dos fases correlativas y complementarias de toda la vida cristiana. Muerte con Jesús al pecado, a las imperfecciones y a nosotros mismos, para después resucitar con Cristo a una vida nueva, en la gracia con Dios. La santidad (perfección cristiana) está dada por la muerte al pecado y a todo lo que conduce a él. Los grados de la muerte al pecado marcan la medida misma del progreso en la vida de la perfección que se caracteriza por el grado de unión con Dios Uno y Trino.
El pecado es el gran obstáculo a la unión divina, es una ofensa al Amor divino. La muerte al pecado consiste en morir a sus causas que son: el demonio, el mundo y la carne, los cuales representan nuestra triple concupiscencia: la de la carne (placer y sensualidad), la de los ojos (riqueza, avaricia y poder) y la del orgullo de la vida (soberbia, orgullo y amor propio). La triple concupiscencia corresponde al triple desorden, causado por el pecado original.
El hombre estaba en perfecta unión y armonía con Dios, consigo mismo y con las cosas, gracias a la Justicia Original, o estado de inocencia primigenia en que fue creado Adán.
El hombre estaba en unión y armonía con Dios a través de su inteligencia y voluntad (facultades superiores del alma humana) que estaban sometidos a Dios por la gracia santificante. Esto era la rectitud de la mente a Dios y de esta rectitud superior derivan las otras dos rectitudes inferiores.
El hombre estaba en unión y armonía consigo mismo, las pasiones y apetitos inferiores del alma estaban sometidas a la razón, el hombre no estaba dividido como hoy entre su espíritu y la carne.
Por último, la armonía y unión de su cuerpo y alma. El cuerpo sometido al alma era inmortal y a través del cual el hombre gozaba de las cosas exteriores que conforman el mundo animal, vegetal, mineral, sobre lo cual dominaba pacíficamente, pues nada le era desconocido ni adverso.
El pecado original produjo una triple ruptura ocasionando así un triple desorden, las tres concupiscencias: de la carne, de los ojos y la del espíritu.
De aquí que la regeneración del hombre pecador pasa por el espíritu de pobreza, de castidad y de obediencia. La pobreza para contrarrestar el desorden frente a las cosas materiales exteriores al hombre. La castidad para restablecer el desorden interior del hombre con sus apetitos y pasiones carnales contra la razón. La obediencia para restablecer el sometimiento de la voluntad a Dios.
Las órdenes monásticas hicieron, así, el triple voto de pobreza, castidad y obediencia, para asegurar el camino de la perfección cristiana.
Los fieles no son monjes, y si no hacen votos de castidad, pobreza y obediencia, deben al menos tener su espíritu, so pena de no ser verdaderos católicos y quedarse con una apariencia de religiosidad cristiana, es decir, fariseísmo puro. Quien no tiene espíritu de pobreza, de castidad y de obediencia, está adherido al mundo, ama las cosas de este mundo desordenadamente, vive para el mundo y es de este mundo. Los verdaderos católicos no son del mundo, el católico no vive para el mundo, sino para Dios y su Iglesia en Cristo Jesús.
Bajo la influencia de la literatura, del cine, de la radio, de la televisión, etc., y de toda una atmósfera de civilización pagana, nuestras mentes modernas han perdido el sentido del pecado, el pecado no causa ya el horror ante su fealdad, corrupción y malicia.
Y la razón más profunda de ello viene del hecho de que nosotros ya no tenemos el sentido verdadero de Dios, de lo que es Dios. Si nos olvidamos de Dios perdemos el sentido de la gravedad del pecado que nos separa de EL.
P. Basilio Méramo
(RCS)
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
quinta-feira, agosto 25, 2005
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
segunda-feira, agosto 22, 2005
Estive em Fátima
Estive em Fátima. Eu e mais alguns milhares de peregrinos católicos tradicionais vindos um pouco de todo o mundo. De Portugal à Ucrânia, da Argentina às Filipinas, da Itália à Estónia, passando pelos inevitáveis Estados Unidos e França. Para tranquilidade do Rafael, acrescento que a Espanha esteve bem representada por um grupo constituído essencialmente por novíssimas e devotas moçoilas carlistas.
Foi emocionante constatar que a Missa de rito latino-gregoriano, mesmo em condições físicas menos adequadas como são as de uma celebração ao ar livre, se caracteriza sempre por uma atmosfera de elevada espiritualidade e intensa adoração divina, devidamente fortalecida pela música de órgão e pelo canto gregoriano, tudo bem distante dos ajuntamentos de massas típicos da Igreja modernista e dos seus cortejos de histerias, abusos e extravagâncias de todos os tipos.
Foi edificante ouvir a homília de Monsenhor Bernard Fellay, própria de um Bispo que se mantém integralmente católico: centrando-se na mensagem de Fátima, relembrou a necessidade sistemática que o homem tem de se penitenciar do pecado como forma, conjuntamente com a oração, de garantir a salvação para a eternidade.
Foi magnífico verificar que a tradição continua viva e pujante, e que a mesma não renuncia ao seu combate na defesa da verdade católica.
JSarto
Foi emocionante constatar que a Missa de rito latino-gregoriano, mesmo em condições físicas menos adequadas como são as de uma celebração ao ar livre, se caracteriza sempre por uma atmosfera de elevada espiritualidade e intensa adoração divina, devidamente fortalecida pela música de órgão e pelo canto gregoriano, tudo bem distante dos ajuntamentos de massas típicos da Igreja modernista e dos seus cortejos de histerias, abusos e extravagâncias de todos os tipos.
Foi edificante ouvir a homília de Monsenhor Bernard Fellay, própria de um Bispo que se mantém integralmente católico: centrando-se na mensagem de Fátima, relembrou a necessidade sistemática que o homem tem de se penitenciar do pecado como forma, conjuntamente com a oração, de garantir a salvação para a eternidade.
Foi magnífico verificar que a tradição continua viva e pujante, e que a mesma não renuncia ao seu combate na defesa da verdade católica.
JSarto
sexta-feira, agosto 19, 2005
Mañana todos en Fátima
Aunque ya ha sido anunciado en este mismo blog un poco más abajo, la concentración de católicos fieles a la Tradición que se congregará en Fátima va a ser impresionante. Venidos de al menos docena y media de distintas naciones, y de todos los continentes, la Hermandad de San Pío X ha organizado tres días de conferencias, Misas y oraciones que no tienen desperdicio. En Fátima, concretamente en el Hotel Santo Amaro, los fieles se dividirán para escuchar en alemán, español, francés e inglés –según el idioma que cada uno sepa o pueda-, una vez más, la necesidad de conversión que este mundo moderno tiene y de la cual la Santísima Virgen dejó su más precioso testimonio en Fátima.
Fátima es, ante todo, una llamada a la conversión, a la penitencia y a la oración. Al rezo del Santo Rosario en particular, pero también a las devociones marianas y a las devociones por los Santos Ángeles, custodios de cada uno de nosotros, pero también de cada una de nuestras Patrias. Fátima es una poderosísima llamada para que se cierre de una vez por todas con la vuelta a Roma de los cismáticos ortodoxos. Para ello la Virgen dio la puerta que abriría las Gracias del Cielo: la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. De esa manera los extremos de Europa (España y Portugal por un lado y Rusia por otro) tendrían una conexión especial mariana en origen y vocación. Roma tiene la clave para desenredar este horroroso laberinto en que el mundo está metido. Y esa clave no es más que la de volvernos a Dios a través de María. Pero Roma debe ejecutar, de una vez por todas, el deseo de la Santísima Virgen de serle consagrada la Rusia eterna, esa de la que todavía Solzhenitsyn nos habla y da fe.
El cisma de Miguel Cerulario no acabó con la devoción mariana en Rusia, profundamente arraigada entre las clases populares. Es hora de que todos volvamos a ser un solo rebaño y un solo Pastor.
Los portugueses y españoles más cercanos a Fátima todavía pueden animarse a ir hasta Fátima a hacer reparación por los muchos pecados públicos que afligen a la Cristiandad y para impetrar la vuelta a Cristo de las naciones otrora cristianas.
Roma tiene la última palabra para desfacer este entuerto.
Entre tanto, los que por motivos geográficos, laborales o los que sea, no podemos estar en Fátima, deberemos estar más unidos que nunca en oración y espíritu a las Santas Misas que se dirán estos días en Fátima.
Que el rezo del Rosario sea nuestro eje cotidiano del bien vivir para así poder mejor morir.
Rafael Castela Santos
Fátima es, ante todo, una llamada a la conversión, a la penitencia y a la oración. Al rezo del Santo Rosario en particular, pero también a las devociones marianas y a las devociones por los Santos Ángeles, custodios de cada uno de nosotros, pero también de cada una de nuestras Patrias. Fátima es una poderosísima llamada para que se cierre de una vez por todas con la vuelta a Roma de los cismáticos ortodoxos. Para ello la Virgen dio la puerta que abriría las Gracias del Cielo: la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María. De esa manera los extremos de Europa (España y Portugal por un lado y Rusia por otro) tendrían una conexión especial mariana en origen y vocación. Roma tiene la clave para desenredar este horroroso laberinto en que el mundo está metido. Y esa clave no es más que la de volvernos a Dios a través de María. Pero Roma debe ejecutar, de una vez por todas, el deseo de la Santísima Virgen de serle consagrada la Rusia eterna, esa de la que todavía Solzhenitsyn nos habla y da fe.
El cisma de Miguel Cerulario no acabó con la devoción mariana en Rusia, profundamente arraigada entre las clases populares. Es hora de que todos volvamos a ser un solo rebaño y un solo Pastor.
Los portugueses y españoles más cercanos a Fátima todavía pueden animarse a ir hasta Fátima a hacer reparación por los muchos pecados públicos que afligen a la Cristiandad y para impetrar la vuelta a Cristo de las naciones otrora cristianas.
Roma tiene la última palabra para desfacer este entuerto.
Entre tanto, los que por motivos geográficos, laborales o los que sea, no podemos estar en Fátima, deberemos estar más unidos que nunca en oración y espíritu a las Santas Misas que se dirán estos días en Fátima.
Que el rezo del Rosario sea nuestro eje cotidiano del bien vivir para así poder mejor morir.
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
sexta-feira, agosto 19, 2005
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
quinta-feira, agosto 18, 2005
Audiência do Papa Bento XVI com o Superior da Fraternidade de São Pio X
No próximo dia 29 de Agosto, Sua Santidade o Papa Bento XVI receberá em audiência privada Dom Bernard Fellay, Superior da Fraternidade de São Pio X: pela minha modesta parte, apesar de entender que não se devem fomentar expectativas demasiadamente altas em relação a tal encontro, julgo ser uma excelente notícia o reatamento oficial do diálogo entre Roma e a Fraternidade, constituindo tal circunstância um indubitável sinal de esperança para a tradição.
Ora, a este propósito, convirá recordar parte do conteúdo da entrevista que Dom Bernard Fellay concedeu recentemente à Dici, cujo conteúdo integral pode ser lido na sua versão original aqui:
DICI: Se fosseis recebido pelo papa, que lhe pediríeis?
Mons. Fellay: Pedir-lhe-ia a liberdade da Missa, para todos e no mundo inteiro. Na nossa situação particular, tratar-se-ia, igualmente, de retractar o decreto de excomunhão relativo às sagrações. São os dois pontos prévios que não podemos dissociar de uma discussão doutrinal ulterior. Bem se sabe que nem tudo se limita à Missa, mas é preciso começar pelo concreto; é preciso começar por um princípio. Seria uma brecha muito profunda e eficaz no sistema progressista; tal conduziria, gradualmente, a uma mudança de atmosfera e de espírito na Igreja.
Um responsável por um Dicastério, em Roma, observando as nossas procissões quando do Ano Santo de 2000, exclamou: «Mas eles são Católicos, somos obrigados a fazer alguma coisa por eles». Ainda há bispos e cardeais que são Católicos, mas o mal está de tal modo expandido que Roma não ousa pegar no bisturi.
Vê-se bem que a Igreja passa pelo mesmo estado de Nosso Senhor na Cruz. Pergunto-me se a 3ª parte da Mensagem de Fátima não se refere a uma morte aparente da Igreja. É uma situação inaudita a que vivemos, mas a graça do Bom Deus é poderosa. Podemos viver cristãmente. Ainda se pode mostrar que a religião Católica existe, e que se pode viver nela. E este exemplo vivo da Tradição conta muito nas nossas relações com Roma.
Porque Ecône não é contra Roma, como dizem os jornalistas. Partilhamos com o Papa Bento XVI a mesma verificação da situação dramática da Igreja. E como não estar de acordo sobre essa verificação, quando se vê a queda de vocações: em Dublin, Irlanda, no último ano, não houve qualquer entrada de seminaristas! Entre os jesuítas, há um ou dois anos, contaram-se apenas sete profissões perpétuas em toda a congregação! Mas Roma não remonta à origem dos efeitos que toda a gente verifica, porque isso equivaleria a pôr em causa o concílio. É preciso que Roma reencontre a sua Tradição. Decerto, não somos nós que convertemos, é Deus; mas podemos levar a nossa pequena pedra à restauração, devemos fazer tudo o que pudermos. É preciso fazer compreender que a Tradição não é um estado arqueológico: é o estado normal da Igreja, ainda hoje.
Podemos também apresentar às autoridades eclesiásticas estudos teológicos sobre o concílio. Isso exige tempo. Depois, há todo um trabalho a fazer junto dos bispos, dos padres. Existem muitos fiéis que estão prontos para a retomada, muitos mais do que o que se crê. Quanto aos padres, é mais difícil. Os que têm a idade do concílio, os que largaram tudo e se lançaram nessa aventura, não regressam. Os mais jovens são muito mais abertos.
Ora, a este propósito, convirá recordar parte do conteúdo da entrevista que Dom Bernard Fellay concedeu recentemente à Dici, cujo conteúdo integral pode ser lido na sua versão original aqui:
DICI: Se fosseis recebido pelo papa, que lhe pediríeis?
Mons. Fellay: Pedir-lhe-ia a liberdade da Missa, para todos e no mundo inteiro. Na nossa situação particular, tratar-se-ia, igualmente, de retractar o decreto de excomunhão relativo às sagrações. São os dois pontos prévios que não podemos dissociar de uma discussão doutrinal ulterior. Bem se sabe que nem tudo se limita à Missa, mas é preciso começar pelo concreto; é preciso começar por um princípio. Seria uma brecha muito profunda e eficaz no sistema progressista; tal conduziria, gradualmente, a uma mudança de atmosfera e de espírito na Igreja.
Um responsável por um Dicastério, em Roma, observando as nossas procissões quando do Ano Santo de 2000, exclamou: «Mas eles são Católicos, somos obrigados a fazer alguma coisa por eles». Ainda há bispos e cardeais que são Católicos, mas o mal está de tal modo expandido que Roma não ousa pegar no bisturi.
Vê-se bem que a Igreja passa pelo mesmo estado de Nosso Senhor na Cruz. Pergunto-me se a 3ª parte da Mensagem de Fátima não se refere a uma morte aparente da Igreja. É uma situação inaudita a que vivemos, mas a graça do Bom Deus é poderosa. Podemos viver cristãmente. Ainda se pode mostrar que a religião Católica existe, e que se pode viver nela. E este exemplo vivo da Tradição conta muito nas nossas relações com Roma.
Porque Ecône não é contra Roma, como dizem os jornalistas. Partilhamos com o Papa Bento XVI a mesma verificação da situação dramática da Igreja. E como não estar de acordo sobre essa verificação, quando se vê a queda de vocações: em Dublin, Irlanda, no último ano, não houve qualquer entrada de seminaristas! Entre os jesuítas, há um ou dois anos, contaram-se apenas sete profissões perpétuas em toda a congregação! Mas Roma não remonta à origem dos efeitos que toda a gente verifica, porque isso equivaleria a pôr em causa o concílio. É preciso que Roma reencontre a sua Tradição. Decerto, não somos nós que convertemos, é Deus; mas podemos levar a nossa pequena pedra à restauração, devemos fazer tudo o que pudermos. É preciso fazer compreender que a Tradição não é um estado arqueológico: é o estado normal da Igreja, ainda hoje.
Podemos também apresentar às autoridades eclesiásticas estudos teológicos sobre o concílio. Isso exige tempo. Depois, há todo um trabalho a fazer junto dos bispos, dos padres. Existem muitos fiéis que estão prontos para a retomada, muitos mais do que o que se crê. Quanto aos padres, é mais difícil. Os que têm a idade do concílio, os que largaram tudo e se lançaram nessa aventura, não regressam. Os mais jovens são muito mais abertos.
JSarto
sábado, agosto 13, 2005
Peregrinação Internacional da Fraternidade de São Pio X a Fátima
Nos próximos dias 20, 21 e 22 de Agosto, realizar-se-á a Peregrinação Internacional da Fraternidade de São Pio X a Fátima, subordinada ao seguinte programa:
Dia 20
17.00 Horas - Conferências (em inglês, francês, espanhol e alemão) na Pensão Casa de Santo Amaro, localizada na Rua Jacinta Marto, nº 59.
Dia 21
10.00 Horas - Missa campal de rito latino-gregoriano celebrada por Sua Reverência Dom Bernard Fellay, Superior-Geral da Fraternidade, no espaço situado em frente ao Hotel Floresta (Estrada da Batalha, depois da Rotunda Norte).
16.00 Horas - Via-Sacra, com início junto à Rotunda Sul.
Dia 22
13.00 Horas - Acto de Reparação na Capelinha das Aparições.
Para esclarecimento de quaisquer dúvidas, aqui se deixa uma planta toponímica de Fátima.
JSarto
Dia 20
17.00 Horas - Conferências (em inglês, francês, espanhol e alemão) na Pensão Casa de Santo Amaro, localizada na Rua Jacinta Marto, nº 59.
Dia 21
10.00 Horas - Missa campal de rito latino-gregoriano celebrada por Sua Reverência Dom Bernard Fellay, Superior-Geral da Fraternidade, no espaço situado em frente ao Hotel Floresta (Estrada da Batalha, depois da Rotunda Norte).
16.00 Horas - Via-Sacra, com início junto à Rotunda Sul.
Dia 22
13.00 Horas - Acto de Reparação na Capelinha das Aparições.
Para esclarecimento de quaisquer dúvidas, aqui se deixa uma planta toponímica de Fátima.
JSarto
De novo em destaque
Uma vez mais, o jornal "O Diabo" - que nada tem a ver com o "pai de toda a mentira" (esse preferirá seguramente a comunicação social dita de referência) -, pela pena de Walter Ventura, destacou este espaço, publicando em letra impressa o artigo "A caminho da República Universal". Pela minha parte, e com grande atraso, agradeço a atenção recebida, desejando que aquele jornal prossiga com o costumeiro desassombro o seu combate patriótico.
JSarto
JSarto
sábado, agosto 06, 2005
Aforismos de Nicolás Gómez Dávila - Religião
En su afán pueril y vano de seducir al pueblo, el clero moderno concede a los programas socialistas la función de esquemas realizadores de la Bienaventuranzas. El truco consiste en reducir a una estructura colectiva y externa al individuo, un comportamiento ético que si no es individual e interno no es nada. El clero moderno predica, en otros términos, que hay una reforma social capaz de borrar las consecuencias del pecado. De lo que se puede deducir la inutilidad de la redencion por Cristo.
La Iglesia contemporánea pratica preferencialmente un catolicismo electoral. Prefere el entusiasmo de las grandes muchedumbres a las conversiones individuales.
La "Iglesia primitiva" ha sido siempre la disculpa favorita del hereje.
La funcion de la Iglesia no es la de adaptar el cristianismo al mundo, ni siquiera de adaptar el mundo al cristianismo, su función es la de mantener un contramundo en el mundo.
La fe no es una convicción que poseemos, sino una convicción que nos posee.
Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una Iglesia.
Lo que aparta de Dios es menos el pecado que el deseo de justificarlo.
Nada queda del cristianismo quando el cristiano se empeña en no parecerle estulto al mundo.
El predicador del reino de Dios, cuando no es Cristo el que predica, acaba predicando el reino del hombre.
Mientras el clero no haya terminado de apostatar, va a ser difícil convertirse.
La reprobación de la Iglesia constantiniana es la marca inequívoca de toda herejía.
La muerte de Dios es noticia dada por el diablo que sabe sunmamente bien que la noticia es falsa.
La muerte no debe ser objecto de nuestras meditaciones, sino base de todas.
Que la historia de la Iglesia contenga capítulos siniestros y capítulos imbéciles es evidente, pero no es ensalzando al mundo moderno como un catolicismo viril debe hacer su confesión penitente.
Ante la Iglesia actual (clero - liturgias - teologia) el católico viejo se indigna primero, se asusta después, finalmente revienta de risa.
El papel del cristiano en el mundo es la mayor preocupación del nuevo teólogo. Singular preocupación, puesto que el cristianismo enseña que el cristiano no tiene papel en el mundo.
El catolicismo de izquierda es la pretensión de bautizar tesis que no se han convertido.
Para poderse aliarse con el comunista, el católico de izquierda sostiene que el marxismo meramente critica las acomodaciones burguesas del cristiano, cuando es su esencia la que condena.
Ser cristanos a la moda actual, consiste menos en arrepentirnos de nuestros pecados que en arrepentirnos del cristianismo.
Los que tratan de mondar al cristianismo de sus acreencias milenarias, para devolverlo a su "pureza primitiva", declaran "originales" y "autenticos" tan sólo los factores del cristianismo que apruebe la mentalidad vulgar de su tiempo. Desde hace dos siglos, el "cristianismo primitivo" se amolda, en cada nuevo decenio, a las opiniones reinantes.
Cristianismo es la doctrina a la cual no basta el sólo Evangelio.
El catolicismo, para el católico de izquierda, es el gran pecado del católico.
El mundo sólo respeta al cristiano que no se excusa.
El amor al prójimo ha sido patenteado como la mejor disculpa para apostatar.
Es difícil simpatizar con el clero moderno, desde que se volvió anticlerical.
La Iglesia actual excluye gentilmente del depósito revelado todo lo que la opinión pública condena.
Los paganos, los cismáticos, los herejes, son los abortantes de la catedral católica.
La fe en Dios no resuelve los problemas, pero los vuelve irrisorios. La serenidad del creyente no es presunción de ciencia, sino plenitud de confianza.
Mejor una Iglesia pequeña, pero de católicos, que multitudinaria, pero de rotarios.
La historia del cristianismo revela al cristiano lo que la presencia de Cristo ha querido tener en la historia. Pretender borrar esa historia, para retornar al solo Cristo evangélico, no es gesto de devoción sino de orgullo.
El individualismo religioso olvida al prójimo, el comunitarismo olvida a Dios. Siempre es mas grave el segundo error.
La verdadera religión es monástica, ascética, autoritaria y jerárquica.
La relación entre el cristianismo y Cristo es el prototipo de la relación feudal. Señor que da la vida por sus fieles. Vasallos fieles al Señor hasta el martirio. El Cristianismo es un vasallaje místico.
No es imposible que en los batallones clericales al servicio del hombre, todavía se infiltren algunos quintacolumnistas de Dios.
Recelosa del banquete celeste, la Iglesia ha resuelto presentarse, sin invitación, a todos los banquetes.
La actitud de los que recusan la historicidad de Jesús es semejante a de los padres de la tradición evangélica. El personaje les pareció a ambos tan extraño, que aquellos, a tropezar con Él, en un texto, negaron su existencia, y estos, al conocerlo en carne y hueso, proclamaran su divinidad.
Que el cristianismo no resuelva los problemas sociales no es razón de apostatar sino para los que olvidan que nunca prometió resolverlos.
El cristianismo es radicalmente adverso a la teocracia. Una sociedad convertida en Iglesia no prefigura el reino de Dios. Dibuja, al contrario, su caricatura satánica. La Iglesia reclama la paralela existencia del imperio. Personalmente, sólo creo legítimo un mundo que presidan, desde tronos simétricos, Pontífice Romano y Emperador Germánico.
Vivir escatologicamente no es vivir el presente en acecho del futuro, sino vivir el futuro como ya presente.
Lo único sensato es importunar tercamente a Dios con nuestras oraciones.
Mientras el hombre sepa arrodillarse, nada hay perdido.
El problema religioso no se agrava cada día, porque los fieles no son teólogos, y los teólogos no son fieles.
Muchos presumen ser anacoretas cuando han sido meramente arrinconados.
La actual opulencia de inmundicias ni sorprende, ni aterra al cristianismo. Los cristianos somos expertos en decadencias.
Ya que la Iglesia se empeña en adoptar ideas profanas, roguémosle que no adopte las bobas.
La Iglesia, desde que el clero se aplebeyó, impreca a todos los vencidos y ovaciona a todos los vencedores.
Orar es el único acto en cuya eficacia confio.
JSarto
La Iglesia contemporánea pratica preferencialmente un catolicismo electoral. Prefere el entusiasmo de las grandes muchedumbres a las conversiones individuales.
La "Iglesia primitiva" ha sido siempre la disculpa favorita del hereje.
La funcion de la Iglesia no es la de adaptar el cristianismo al mundo, ni siquiera de adaptar el mundo al cristianismo, su función es la de mantener un contramundo en el mundo.
La fe no es una convicción que poseemos, sino una convicción que nos posee.
Mis convicciones son las mismas que las de la anciana que reza en el rincón de una Iglesia.
Lo que aparta de Dios es menos el pecado que el deseo de justificarlo.
Nada queda del cristianismo quando el cristiano se empeña en no parecerle estulto al mundo.
El predicador del reino de Dios, cuando no es Cristo el que predica, acaba predicando el reino del hombre.
Mientras el clero no haya terminado de apostatar, va a ser difícil convertirse.
La reprobación de la Iglesia constantiniana es la marca inequívoca de toda herejía.
La muerte de Dios es noticia dada por el diablo que sabe sunmamente bien que la noticia es falsa.
La muerte no debe ser objecto de nuestras meditaciones, sino base de todas.
Que la historia de la Iglesia contenga capítulos siniestros y capítulos imbéciles es evidente, pero no es ensalzando al mundo moderno como un catolicismo viril debe hacer su confesión penitente.
Ante la Iglesia actual (clero - liturgias - teologia) el católico viejo se indigna primero, se asusta después, finalmente revienta de risa.
El papel del cristiano en el mundo es la mayor preocupación del nuevo teólogo. Singular preocupación, puesto que el cristianismo enseña que el cristiano no tiene papel en el mundo.
El catolicismo de izquierda es la pretensión de bautizar tesis que no se han convertido.
Para poderse aliarse con el comunista, el católico de izquierda sostiene que el marxismo meramente critica las acomodaciones burguesas del cristiano, cuando es su esencia la que condena.
Ser cristanos a la moda actual, consiste menos en arrepentirnos de nuestros pecados que en arrepentirnos del cristianismo.
Los que tratan de mondar al cristianismo de sus acreencias milenarias, para devolverlo a su "pureza primitiva", declaran "originales" y "autenticos" tan sólo los factores del cristianismo que apruebe la mentalidad vulgar de su tiempo. Desde hace dos siglos, el "cristianismo primitivo" se amolda, en cada nuevo decenio, a las opiniones reinantes.
Cristianismo es la doctrina a la cual no basta el sólo Evangelio.
El catolicismo, para el católico de izquierda, es el gran pecado del católico.
El mundo sólo respeta al cristiano que no se excusa.
El amor al prójimo ha sido patenteado como la mejor disculpa para apostatar.
Es difícil simpatizar con el clero moderno, desde que se volvió anticlerical.
La Iglesia actual excluye gentilmente del depósito revelado todo lo que la opinión pública condena.
Los paganos, los cismáticos, los herejes, son los abortantes de la catedral católica.
La fe en Dios no resuelve los problemas, pero los vuelve irrisorios. La serenidad del creyente no es presunción de ciencia, sino plenitud de confianza.
Mejor una Iglesia pequeña, pero de católicos, que multitudinaria, pero de rotarios.
La historia del cristianismo revela al cristiano lo que la presencia de Cristo ha querido tener en la historia. Pretender borrar esa historia, para retornar al solo Cristo evangélico, no es gesto de devoción sino de orgullo.
El individualismo religioso olvida al prójimo, el comunitarismo olvida a Dios. Siempre es mas grave el segundo error.
La verdadera religión es monástica, ascética, autoritaria y jerárquica.
La relación entre el cristianismo y Cristo es el prototipo de la relación feudal. Señor que da la vida por sus fieles. Vasallos fieles al Señor hasta el martirio. El Cristianismo es un vasallaje místico.
No es imposible que en los batallones clericales al servicio del hombre, todavía se infiltren algunos quintacolumnistas de Dios.
Recelosa del banquete celeste, la Iglesia ha resuelto presentarse, sin invitación, a todos los banquetes.
La actitud de los que recusan la historicidad de Jesús es semejante a de los padres de la tradición evangélica. El personaje les pareció a ambos tan extraño, que aquellos, a tropezar con Él, en un texto, negaron su existencia, y estos, al conocerlo en carne y hueso, proclamaran su divinidad.
Que el cristianismo no resuelva los problemas sociales no es razón de apostatar sino para los que olvidan que nunca prometió resolverlos.
El cristianismo es radicalmente adverso a la teocracia. Una sociedad convertida en Iglesia no prefigura el reino de Dios. Dibuja, al contrario, su caricatura satánica. La Iglesia reclama la paralela existencia del imperio. Personalmente, sólo creo legítimo un mundo que presidan, desde tronos simétricos, Pontífice Romano y Emperador Germánico.
Vivir escatologicamente no es vivir el presente en acecho del futuro, sino vivir el futuro como ya presente.
Lo único sensato es importunar tercamente a Dios con nuestras oraciones.
Mientras el hombre sepa arrodillarse, nada hay perdido.
El problema religioso no se agrava cada día, porque los fieles no son teólogos, y los teólogos no son fieles.
Muchos presumen ser anacoretas cuando han sido meramente arrinconados.
La actual opulencia de inmundicias ni sorprende, ni aterra al cristianismo. Los cristianos somos expertos en decadencias.
Ya que la Iglesia se empeña en adoptar ideas profanas, roguémosle que no adopte las bobas.
La Iglesia, desde que el clero se aplebeyó, impreca a todos los vencidos y ovaciona a todos los vencedores.
Orar es el único acto en cuya eficacia confio.
JSarto
sexta-feira, agosto 05, 2005
La sombra de Frankenstein es alargada
Miguel Delibes, cuya narrativa contiene algunos de los mejores momentos de la española contemporánea, escribió allá por los años cincuenta “La sombra del ciprés es alargada”. En este libro aludía a los cipreses, árboles funerarios y escoltas mudos de los paseos de los cementerios.
En Francia, donde la ley manda incinerar los cadáveres de los niños y bebés nacidos muertos o productos de los abortos a los diez días de haber nacido, en un famoso hospital, el Saint-Vincent de Paul, de París, se han encontrado 351 cuerpecitos en sus cámaras frigoríficas.
¿Olvido? Ni pensarlo. Premeditado. Supongo que al objeto de que las industrias de la belleza y los Mengeles de hoy en día, metidos en los berenjenales de las células madre y demás, tengan suficiente material crudo del que nutrirse. Quizás para experimentos inenarrables y horripilantes de los que ni siquiera nos dan cuenta.
Este es el mundo en que vivimos. Políticos corruptos, científicos frankenstinianos, hetairas por doquier.
¿Hasta cuándo, Señor?
Rafael Castela Santos
En Francia, donde la ley manda incinerar los cadáveres de los niños y bebés nacidos muertos o productos de los abortos a los diez días de haber nacido, en un famoso hospital, el Saint-Vincent de Paul, de París, se han encontrado 351 cuerpecitos en sus cámaras frigoríficas.
¿Olvido? Ni pensarlo. Premeditado. Supongo que al objeto de que las industrias de la belleza y los Mengeles de hoy en día, metidos en los berenjenales de las células madre y demás, tengan suficiente material crudo del que nutrirse. Quizás para experimentos inenarrables y horripilantes de los que ni siquiera nos dan cuenta.
Este es el mundo en que vivimos. Políticos corruptos, científicos frankenstinianos, hetairas por doquier.
¿Hasta cuándo, Señor?
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
sexta-feira, agosto 05, 2005
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
quinta-feira, agosto 04, 2005
Aforismos de Nicolás Gómez Dávila - Modernidade
La vida del moderno se mueve entre dos polos; negocio y coito.
La palabra "moderno" ya no tiene prestigio automático sino entre tontos.
El moderno llama "cambio" caminar más rápidamente por el mismo camino en la misma dirección. El mundo en los últimos trescientos años, no ha cambiado sino en ese sentido. La simple propuesta de un verdadero cambio escandaliza y aterra al moderno.
En la época moderna hay que optar entre opiniones anacrónicas y opiniones viles.
Los Evangelios y el Manifiesto comunista palidecen; el futuro del mundo está en poder de la coca-cola y la pornografía.
La diferencia entre medievo y mundo moderno es clara: en el medievo la estructura es sana, y apenas ciertas coyunturas fueron defectuosas; en el mundo moderno, ciertas coyunturas han sido sanas, pero la estructura es defectuosa.
La palabra "progreso" designa una acumulación creciente de técnica eficaces y de opiniones obtusas.
El moderno cree vivir en un pluralismo de opiniones, cuando lo que impera es una unanimidad asfixiante.
Cada día resulta más fácil saber lo que debemos despreciar: lo que el moderno aprecia y el periodista elogia.
El hombre habra construido un mundo a imagen y semejanza del infierno cuando habite en un medio totalmente fabricado con sus manos.
La prensa aporta al ciudadano moderno el embrutecimiento matutino, la radio su embrutecimiento meridiano, la televisión su embrutecimiento vespertino.
El moderno se ingenia con astucia para no presentar su teología directamente, sino mediante nociones profanas que la impliquen. Evita anunciarle al hombre su divinidad, pero le propone metas que solo un dios alcanzaría o bien proclama que la esencia humana tiene derechos que la suponen divina.
Dios es el estorbo del hombre moderno.
El suicidio más acostumbrado en nuestro tiempo es pegarse un balazo en la alma.
Llámase mentalidad moderna al proceso de exculpación de los pecados capitales.
El mundo moderno no será castigado. Es el castigo.
El mundo moderno ya no censura sino al que se rebela contra el envilecimiento.
La mentalidad moderna no aprueba sino un Cristianismo que se renegue a sí mismo.
JSarto
La palabra "moderno" ya no tiene prestigio automático sino entre tontos.
El moderno llama "cambio" caminar más rápidamente por el mismo camino en la misma dirección. El mundo en los últimos trescientos años, no ha cambiado sino en ese sentido. La simple propuesta de un verdadero cambio escandaliza y aterra al moderno.
En la época moderna hay que optar entre opiniones anacrónicas y opiniones viles.
Los Evangelios y el Manifiesto comunista palidecen; el futuro del mundo está en poder de la coca-cola y la pornografía.
La diferencia entre medievo y mundo moderno es clara: en el medievo la estructura es sana, y apenas ciertas coyunturas fueron defectuosas; en el mundo moderno, ciertas coyunturas han sido sanas, pero la estructura es defectuosa.
La palabra "progreso" designa una acumulación creciente de técnica eficaces y de opiniones obtusas.
El moderno cree vivir en un pluralismo de opiniones, cuando lo que impera es una unanimidad asfixiante.
Cada día resulta más fácil saber lo que debemos despreciar: lo que el moderno aprecia y el periodista elogia.
El hombre habra construido un mundo a imagen y semejanza del infierno cuando habite en un medio totalmente fabricado con sus manos.
La prensa aporta al ciudadano moderno el embrutecimiento matutino, la radio su embrutecimiento meridiano, la televisión su embrutecimiento vespertino.
El moderno se ingenia con astucia para no presentar su teología directamente, sino mediante nociones profanas que la impliquen. Evita anunciarle al hombre su divinidad, pero le propone metas que solo un dios alcanzaría o bien proclama que la esencia humana tiene derechos que la suponen divina.
Dios es el estorbo del hombre moderno.
El suicidio más acostumbrado en nuestro tiempo es pegarse un balazo en la alma.
Llámase mentalidad moderna al proceso de exculpación de los pecados capitales.
El mundo moderno no será castigado. Es el castigo.
El mundo moderno ya no censura sino al que se rebela contra el envilecimiento.
La mentalidad moderna no aprueba sino un Cristianismo que se renegue a sí mismo.
JSarto
domingo, julho 31, 2005
A caminho da República Universal - 2
Já falei anteriormente neste espaço sobre a figura e o papel do agente provocador na sociedade contemporânea: cabe-lhe servir de charneira entre a esfera pública para onde lança a discussão das chamadas questões fracturantes e os conciliábulos discretos onde as mesmas são longamente medradas, possibilitando assim que aqueles que pululam nestes últimos possam manter incólume a sua aparência de respeitabilidade burguesa e moderação. E eis aqui a razão da intensíssima, ainda que aparentemente paradoxal, promoção que estes agentes costumam receber por parte dos meios de comunicação social às ordens do sistema: ao darem propositadamente dois ou três passos para a frente, todos os que se limitam a dar apenas um passam por modelos de ponderação; e assim, sucessiva e indefinidamente, se vai realizando a revolução silenciosa gramsciana.
Ora é exactamente na categoria de agente provocador que recai um tal Bob Fergunson, supostamente um anódino professor reformado canadiano, que veio a público defender a tese de que o Estado, mais do que controlar a prática da religião, deve proceder à sua total regulamentação, determinando o seu conteúdo, definindo o que pode ou não ser doutrinariamente ensinado, proibindo quaisquer restrições ao acesso ao sacerdócio com base no estado civil ou sexo do candidato, enfim decretando que este seja exercido somente por quem possua expresso consentimento das autoridades públicas. É bom de ver que o alvo a atingir por Bob Fergunson, circunstância que o próprio nem sequer esconde, é a Igreja Católica. Tão inadmissíveis declarações podem ser lidas aqui. Muito mais estranho é que as mesmas tenham sido proferidas aos microfones da Canadian Broadcasting Corporation (CBC), e por esta estação pública canadiana difundidas para a sua audiência, factualidade que por si só afasta a possibilidade de nos encontrarmos perante um mero lunático, pois nestas matérias jamais existem acasos, como costumava ensinar Charles Maurras…
De resto, esta ocorrência só prova que o Canadá, talvez o país à face da terra onde o despotismo politicamente correcto e a tirania do relativismo ético-moral são mais intransigentes, é cada vez menos um local sério, apostado que está em disputar o título de "Nova Sodoma" com a Holanda.
Retornando a Bob Fergunson, pouco mais há a dizer deste mísero serventuário da República Universal anticristã. De recordar apenas que as suas declarações espezinham dois mil anos de tradição ocidental de separação entre Deus e César (que nada tem a ver com o laicismo de matriz jacobina…), constituindo uma abusiva proposta de regalismo estatolátrico, na medida em que o Estado, porque subsequente a Deus e à verdade divina, jamais pode ter a pretensão de definir aquela verdade, que necessariamente o antecede. E a verdade, essa é a adequação da inteligência à realidade, e não o contrário, como julga a mentalidade democratista…
Assim, perante este circunstancialismo, defendamos o Dogma da Fé da perseguição feroz, aberta e sem subtilezas que a "religião" democrática e antropolátrica já iniciou contra ele, relembrando antes de mais que no "Syllabus" o Papa Pio IX condenou expressamente a seguinte proposição:
"A Igreja não é uma sociedade verdadeira e perfeita, plenamente livre, e não dispõe dos direitos próprios e permanentes que lhe foram conferidos pelo seu divino Fundador, mas o poder civil pode definir esses direitos da Igreja, e os limites dentro dos quais os pode exercer".
JSarto
Ora é exactamente na categoria de agente provocador que recai um tal Bob Fergunson, supostamente um anódino professor reformado canadiano, que veio a público defender a tese de que o Estado, mais do que controlar a prática da religião, deve proceder à sua total regulamentação, determinando o seu conteúdo, definindo o que pode ou não ser doutrinariamente ensinado, proibindo quaisquer restrições ao acesso ao sacerdócio com base no estado civil ou sexo do candidato, enfim decretando que este seja exercido somente por quem possua expresso consentimento das autoridades públicas. É bom de ver que o alvo a atingir por Bob Fergunson, circunstância que o próprio nem sequer esconde, é a Igreja Católica. Tão inadmissíveis declarações podem ser lidas aqui. Muito mais estranho é que as mesmas tenham sido proferidas aos microfones da Canadian Broadcasting Corporation (CBC), e por esta estação pública canadiana difundidas para a sua audiência, factualidade que por si só afasta a possibilidade de nos encontrarmos perante um mero lunático, pois nestas matérias jamais existem acasos, como costumava ensinar Charles Maurras…
De resto, esta ocorrência só prova que o Canadá, talvez o país à face da terra onde o despotismo politicamente correcto e a tirania do relativismo ético-moral são mais intransigentes, é cada vez menos um local sério, apostado que está em disputar o título de "Nova Sodoma" com a Holanda.
Retornando a Bob Fergunson, pouco mais há a dizer deste mísero serventuário da República Universal anticristã. De recordar apenas que as suas declarações espezinham dois mil anos de tradição ocidental de separação entre Deus e César (que nada tem a ver com o laicismo de matriz jacobina…), constituindo uma abusiva proposta de regalismo estatolátrico, na medida em que o Estado, porque subsequente a Deus e à verdade divina, jamais pode ter a pretensão de definir aquela verdade, que necessariamente o antecede. E a verdade, essa é a adequação da inteligência à realidade, e não o contrário, como julga a mentalidade democratista…
Assim, perante este circunstancialismo, defendamos o Dogma da Fé da perseguição feroz, aberta e sem subtilezas que a "religião" democrática e antropolátrica já iniciou contra ele, relembrando antes de mais que no "Syllabus" o Papa Pio IX condenou expressamente a seguinte proposição:
"A Igreja não é uma sociedade verdadeira e perfeita, plenamente livre, e não dispõe dos direitos próprios e permanentes que lhe foram conferidos pelo seu divino Fundador, mas o poder civil pode definir esses direitos da Igreja, e os limites dentro dos quais os pode exercer".
JSarto
quarta-feira, julho 27, 2005
Nicolás Gómez Dávila

Na sequência dos artigos dedicados a Pablo Victoria Wilches, apresento hoje aos leitores deste espaço uma outra relevante figura do pensamento tradicional ibero-americano, Nicolás Gómez Dávila, transcrevendo para o efeito parte do prefácio de autoria de Alejandro Ordóñez Maldonado, que integra a obra daquele primeiro "Sentencias Doctas de un Pensador Antimoderno o de un Auténtico Reaccionário", publicada em Santa Fe de Bogotá, no ano de 2001:
"Nicolás Gómez Dávila es el más importante exponente del pensamiento reaccionario en Colombia y por esa misma circunstancia es un total desconocido para la gran mayoría de los colombianos, incluso para quienes por tener con éste una misma comunión de ideales deberíamos conocer y difundir ampliamente su obra. Sus textos son de muy difícil consecución, circulan fotocopiados en muy restringidos círculos intelectuales, más como una pintoresca muestra de nuestra historia periodística que para señalar la vigencia de sus doctas sentencias.
Nació en Cajicá en 1913 y murió en Bogotá en 1994. A muy temprana edad se mudó a Francia siendo sus institutores sacerdotes benedictinos; durante los cálidos veranos se trasladaba a Inglaterra donde completó su formación, nunca assistió a centro universitário alguno, convirtiéndose en el más importante autodidacta colombiano del siglo XX.
Regresó a Colombia a los 24 años y al morir a sus 81 años tenia una de las bibliotecas privadas más grandes del mundo. Cerca de 34.000 volúmenes la conformaban. Alli pasó la mayor parte de su vida, convertiendóse sin lugar a dudas en un anacoreta urbano.
Recientemente el Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes - Bogotá -,al hacer referencia a su obra, afirmó: "Para este bogotano, su verdadera familia intelectual es la de la reacción... El mismo se declara en sus escolios "Heredero de un pleito sagrado", receptáculo irrenunciable de una tradición reaccionaria y ultramontana...".
Católico tradicional de esos que nunca se aggiornaron a pesar de las reformas eclesiales, las cuales le causaron gran desazón. La misma publicación señaló más adelante al respecto: "Seria erróneo sin embargo, suponer que su catolicismo fue extento de problemas. Gómez Dávila jamás aceptó las reformas litúrgicas del segundo Concilio Vaticano y fue un declarado enemigo de las tendencias modernizantes en la Iglesia". Bastaría con leer alguna de sus sentencias más contundentes sobre la materia. "El Segundo Concilio Vaticano parece menos una Asamblea Episcopal que un conciliábulo de manufactureros asustados porque perdieron la clientela". "En el segundo Concilio Vaticano no han surgido lenguas de Fuego sino un ardiente Riachuelo".
Previó con incomparable agudeza los frutos que al final del siglo XX y en los albores del siglo XXI, se recogerían en un mundo que alborozadamente enarboló desde la Revolución Francesa el dogma del "progreso necesario". Con su incomparable agudeza, en una de sus sentencias más premonitorias, aseveró: "El adversario de los principios modernos no tiene aliados más leales que las consecuencias de esos principios".
Podemos afirmar que Goméz Dávila fue un pensador antimoderno que fustigó acerbamente todo aquello de lo cual la modernidad se enorgullece. La autonomía del hombre frente a Dios, su soberania, su agnosticismo, su racionalismo.
(...)
La mayor parte de sus obras las escribió en un estilo muy particular. Las sentencias , los aforismos y los escolios fueron el género literário por él utilizado, con razón se puede considerar como el pascal Hispanoamericano. Temas de la más variada índole fueron por él tratados en dicho estilo, desde la teologia hasta la arquitectura, desde la liturgia hasta la política, desde la filosofia hasta el arte".
Nas próximas semanas, publicar-se-ão várias destas pequenas obras-primas de Nicolás Goméz Dávila n"A Casa de Sarto". Para aumentar a curiosidade dos leitores, aqui deixo uma das sentenças fulminantes do autor, no caso sobre a democracia:
"La democracia es una religión antropoteísta. Su princípio es una opción de carácter religioso, un acto por el cual el hombre asume al hombre como Dios. Su doctrina es una teologia del Hombre-Dios, su prática es la realización del principio en comportamientos, en instituciones y en obras".
JSarto
sábado, julho 23, 2005
Caixas de comentários da Haloscan
Em virtude do cada vez pior funcionamento que as caixas de comentários da Blogextra vinham revelando - há quase uma semana que era impossível afixar qualquer coisa nova nelas -, ocorrência inadmissível num serviço que é pago, decidi passar a recorrer aos préstimos da Haloscan, que julgo ter no presente momento as caixas de comentários mais fáceis e agradáveis de se utilizar (pelo menos, parecem ser as favoritas do Buíça…). Infelizmente, com tal mudança, perde-se o enorme património acumulado de anteriores comentários que se encontravam arquivados na Blogextra, mas faço votos para que os amigos e visitantes deste espaço supram rapidamente tal lacuna.
JSarto
JSarto
sexta-feira, julho 22, 2005
La “Pérfida Albión” con el rabo entre las piernas
Hace tiempo que venimos manteniendo desde A Casa de Sarto que las asociaciones con los protestantes (sean anglicanos o hugonotes) son peligrosas.
Inglaterra, otrora la tierra más monástica de toda la Cristiandad a la que la Santa Sede otorgó el título mariano de “Mary’s Dowry”, fue un ejemplo en más de un aspecto y de dos. Los reinados de Alfredo el Grande –verdadero émulo de Carlomagno- o de Eduardo II –San Eduardo Rey- fueron realmente ejemplares, como pocos, en la historia de la Cristiandad.
Con la llegada de Enrique VIII, e incluso con la de su padre, Enrique VII (quien ya demostró una rapacidad y una avaricia chocantes durante la conquista de Irlanda), todo empeoró. La facción anglicana rompió a la Cristiandad en dos. Enrique VIII, que fuera llamado Defensor Fidei por su oposición a Lutero, no pudo resistirle. De hecho fue Enrique VIII e Inglaterra los que dieron fuerza a los protestantes alemanes. A partir de ahí Inglaterra dejó de ser la “Merry England” medieval para convertirse en la patria de los desposeídos que estudiara William Cobbett o que retratara para la posteridad el genio de Charles Dickens. La siniestra figura de Cronwell, perseguidor sañudo de católicos y enemigos cualesquiera, es considerada por ese otro genio de la filosofía política que es Voegelin como el arquetipo de todos los revolucionarios.
Entre sus muchas hazañas no son menores las de la propaganda, a menudo venida de Inglaterra, capaz de llenar de oprobio y afrenta la gesta de españoles y portugueses. Pero no es menos propaganda, por más sutil, el silenciar lo que no conviene por parte de los anglosajones (que rima a veces con anglocabrones).
La salida a la luz del libro de Pablo Victoria sobre la gesta de un puñado de españoles (varios de ellos indios) capitaneados por un vasco genial, Blas de Lezo, arroja luz sobre este particular. Con una desproporción de fuerzas brutal Blas de Lezo se enfrentó a una poderosísima fuerza naval y más de 30.000 hombres contando con apenas un 10 % de los efectivos que los ingleses tenían. La derrota infligida por este vasco universal (por lo demás –como suele acontecer con los vascos universales-, profundamente defensor de España), que era tuerto, manco y cojo, a las tropas de Su Majestad británica fue sonada. Los ingleses, seguros que estaban de su victoria, acuñaron moneda y emitieron documentos celebrando y festejando la victoria.
Pero se encontraron con una fuerza multirracial, pequeña en número, pero grande en Piedad hacia la Patria común de las Españas y en confianza en la Divina Providencia, que dirigidas por Blas de Lezo infligieron una derrota sublime a la todopoderosa Royal Navy. De este episodio, del que tan poco se habla, se pueden encontrar aquí una recensión de este libro y una entrevista al autor. Y se marcharon con el rabo entre las piernas.
¿Y para cuándo se marcharán con el rabo entre las piernas los protestantes litúrgicos?
Rafael Castela Santos
Inglaterra, otrora la tierra más monástica de toda la Cristiandad a la que la Santa Sede otorgó el título mariano de “Mary’s Dowry”, fue un ejemplo en más de un aspecto y de dos. Los reinados de Alfredo el Grande –verdadero émulo de Carlomagno- o de Eduardo II –San Eduardo Rey- fueron realmente ejemplares, como pocos, en la historia de la Cristiandad.
Con la llegada de Enrique VIII, e incluso con la de su padre, Enrique VII (quien ya demostró una rapacidad y una avaricia chocantes durante la conquista de Irlanda), todo empeoró. La facción anglicana rompió a la Cristiandad en dos. Enrique VIII, que fuera llamado Defensor Fidei por su oposición a Lutero, no pudo resistirle. De hecho fue Enrique VIII e Inglaterra los que dieron fuerza a los protestantes alemanes. A partir de ahí Inglaterra dejó de ser la “Merry England” medieval para convertirse en la patria de los desposeídos que estudiara William Cobbett o que retratara para la posteridad el genio de Charles Dickens. La siniestra figura de Cronwell, perseguidor sañudo de católicos y enemigos cualesquiera, es considerada por ese otro genio de la filosofía política que es Voegelin como el arquetipo de todos los revolucionarios.
Entre sus muchas hazañas no son menores las de la propaganda, a menudo venida de Inglaterra, capaz de llenar de oprobio y afrenta la gesta de españoles y portugueses. Pero no es menos propaganda, por más sutil, el silenciar lo que no conviene por parte de los anglosajones (que rima a veces con anglocabrones).
La salida a la luz del libro de Pablo Victoria sobre la gesta de un puñado de españoles (varios de ellos indios) capitaneados por un vasco genial, Blas de Lezo, arroja luz sobre este particular. Con una desproporción de fuerzas brutal Blas de Lezo se enfrentó a una poderosísima fuerza naval y más de 30.000 hombres contando con apenas un 10 % de los efectivos que los ingleses tenían. La derrota infligida por este vasco universal (por lo demás –como suele acontecer con los vascos universales-, profundamente defensor de España), que era tuerto, manco y cojo, a las tropas de Su Majestad británica fue sonada. Los ingleses, seguros que estaban de su victoria, acuñaron moneda y emitieron documentos celebrando y festejando la victoria.
Pero se encontraron con una fuerza multirracial, pequeña en número, pero grande en Piedad hacia la Patria común de las Españas y en confianza en la Divina Providencia, que dirigidas por Blas de Lezo infligieron una derrota sublime a la todopoderosa Royal Navy. De este episodio, del que tan poco se habla, se pueden encontrar aquí una recensión de este libro y una entrevista al autor. Y se marcharon con el rabo entre las piernas.
¿Y para cuándo se marcharán con el rabo entre las piernas los protestantes litúrgicos?
Rafael Castela Santos
Publicada por
Rafael Castela Santos
à(s)
sexta-feira, julho 22, 2005
0
comentários
Hiperligações para esta mensagem
quarta-feira, julho 20, 2005
Pablo Victoria Wilches
Em Portugal, de tão habituados que estamos à influência quase hegemónica de tudo o que chega dos E.U.A./Inglaterra ou de França, temos a tendência para esquecer o que de muito bom se vai fazendo por outras bandas. Estou a ler "La sociedad postliberal y sus amigos - El genocídio del intelecto", da autoria do colombiano Pablo Victoria Wilches, que fonte seguríssima - um sacerdote da SSPX, compatriota do autor - me afirmou estar a fazer um empenhado caminho em direcção à tradição católica. Pessoalmente, é uma leitura que me parece valer francamente a pena. Uma análise crítica mais aprofundada da obra pode ser consultada aqui.JSarto
quarta-feira, julho 13, 2005
"A Casa de Sarto" em destaque
Em altura imerecida, de fraquíssima produtividade desta "Casa", Walter Ventura destacou-a no seu "Diabo", não o mafarrico, mas o jornal que sempre primou pela sua coluna vertebral tesa e hirta na defesa dos valores pátrios. Desconhecia-o e soube-o via Manuel Azinhal. Agradeço a honra recebida, e irei procurar por estas minhas bandas leirienses um exemplar, para poder ler em papel impresso tal realce, saciando assim um natural misto de curiosidade e vaidade . E sem pretender meter foice em seara alheia, sugeriria ao responsável de "Blogues em Destaque" que, em próxima ocasião, ponderasse dar a conhecer aos seus leitores o excelente blogue do meu amigo FGSantos.
JSarto
JSarto
A covardia é um pecado e, em alguns casos, muito grave
Pede o Manuel Azinhal o meu regresso. Aqui lhe retribuo com um texto do Padre Leonardo Castellani, S.J., traduzido para português, retirado da imprescindível "Permanência" - "A Covardia é um pecado e, em alguns casos, muito grave":
"No quarto domingo depois da Epifania, a Igreja lê, na Missa, a narração da Tempestade no mar, que é contada pelos três Sinópticos, segundo o texto mais breve de todos, que é o de São Mateus: tem apenas quatro versículos, mas a narração é feita com energia tão formidável, que parece um gravado em cobre ou madeira, com quatro traços principais. São Mateus é o mais saboroso e enérgico dos três Sinópticos. A Bíblia de Bover-Cantera diz: "Este Evangelho pertence à literatura escrita; o de Marcos, à oral". É um erro grave que denota muito atraso em exegese. Com toda certeza, os quatro Evangelhos pertencem ao gênero que hoje lingüistas, etnólogos e psicólogos chamam estilo oral; e foram recitados de memória antes de serem fixados em pergaminho — ao menos os três primeiros — como as rapsódias de Homero, o Vedanta, o Corão, o Poema del Myo Cid e, em realidade, quase todos os monumentos religiosos ou épicos da Antiguidade. Esta noção, que hoje em dia se possui cientificamente, resolve de um golpe a falsa Questão Sinóptica, que preocupou a eruditos durante dois séculos; e que consiste em terem os Evangelhos, por um lado, algumas diferenças entre si e, por outro, uma concordância maciça; como pode se ver neste relato que os três Sinópticos trazem. Isto deu causa a uma confusão enorme na cabeça dos sábios alemães, alguns dois quais chegaram a negar a autenticidade destes três documentos religiosos, até que Marcel Jousse descobriu as admiráveis leis do estilo oral.
Coisa incrível: há uma tempestade tal no Mar de Tiberíades, que as ondas invadem a barca dos pescadores; e Jesus Cristo dorme. Fingiria dormir, como dizem alguns, para "provar seus discípulos"? Não, dorme, com a cabeça apoiada em um banco. Essa maneira de experimentar os outros com coisas fingidas é uma palhaçada inventada por algum mal mestre de noviços: a única coisa que prova verdadeiramente é a vida, a verdade, a realidade; não as ficções. Tampouco é verdade que Deus tenha proibido a Eva o Fruto da Árvore do Conhecimento do Bem e do Mal para prová-la; proibiu-o porque, simplesmente, este fruto não lhe convinha, nem a ela nem a ninguém. Deus não faz tolices, mas há gente inclinada a atribuir-Lhe as tolices próprias. Deus fez o homem a sua imagem e semelhança; mas o homem retribuiu; porque, quantas vezes o homem não refez a Deus à sua imagem e semelhança!
Jesus Cristo é notável: dorme de dia, no meio de uma tormenta; e de noite deixa a cama e sobe até uma colina, para rezar até a madrugada. Não o despertam o bramir do vento, o golpe da água, os gritos dos marinheiros mas, à noite, o desperta um gemido ou uma mulher com hemorragia que lhe toca o vestido. Dona Madalena, minha avó, dizia: "Jesus Cristo é bom, não digo nada, mas, quem O pode entender?" Só uma criança ou uma animal podem dormir nestas condições em que os três Evangelistas dizem que Cristo realmente "dormia"; e também um homem que esteja tão cansado como um animal e que tenha uma natureza tão sã como a de um menino. Sabemos que muitos homens de natureza privilegiadamente robusta podiam dormir quando quisessem; como Napoleão I, por exemplo, do qual se conta que podia fazer isto: dormir quando lhe parecia bem, sobretudo nos sermões; e foi preciso despertá-lo na manhã da batalha de Austerlitz. Ao contrário, Napoleão III, seu sobrinho, não pregou os olhos na noite do golpe de Estado de 1851 e se levantou três vezes para ver se tinha dormido a sentinela. Isso porque Napoleão I foi um herói; mas, Napoleão III, uma imitação de herói: um palhaço. Bom, o fato é que Cristo dormia, e seus discípulos o despertaram dizendo algo que varia nos três Evangelistas; mas, na realidade, devem ter gritado não três, mas umas doze coisas diferentes pelo menos; que se resumem nesta: "vamos morrer!" Não vos importais se "vamos morrer"? que traz São Lucas como resumo de toda a gritaria. O que disse São Mateus, que estava ali, foi isto: "Senhor, ajuda-nos, que perecemos". Cada um disse o melhor que soube, e isto é tudo. O que lhes disse Cristo — nisto concordam os três relatos — foi, "covardes". A Vulgata latina traduz "Modicae fidei", ou seja, "homens de pouca fé"; mas Cristo, em grego ou aramaico, lhes disse: "covardes". Um homem que grita quando entra água em sua barca em uma tempestade do Mar da Galiléia, que são breves mas violentas; supondo até que tenha gritado um pouco demais, é covarde? Para mim, não é covarde. Mas para Jesus Cristo, é covarde. E Jesus Cristo não gosta de covardes. A Igreja ("a barca de Pedro", como é chamada) teve muitas tempestades e há de ter ainda outra que está profetizada, na qual as ondas entrarão a bordo e parecerá realmente que os poucos que estão dentro, morrem. Cristo parece ter conservado seu costume juvenil de dormir nestes casos; e também sua idiossincrasia de não amar a covardia. A covardia é pecado? Sim; e, em alguns casos, muito grave. Os Apóstolos tinham uma maneira de pregar que, se me deixassem, eu não usaria outra: trata-se de fazer uma lista de pecados grandes, recitá-la e depois dizer: "Nenhum destes entrará no Reino dos Céus. Basta" Assim, São Paulo disse: "Não vos enganeis, irmãos; que nem os idólatras, nem os ladrões, nem os adúlteros, nem os avarentos, nem os efeminados nem... e assim continua... entrarão no Reino dos Céus". Hoje em diz deveria pregar-se assim, de modo simples... é nossa opinião. Pois bem, São João, no Apokalypsis, que é uma profecia sobre os últimos tempos, acrescenta à lista de pecados outros dois que não estão em São Paulo: "os mentirosos e os covardes". O qual parece indicar que, nos últimos tempos, haverá um grande esforço de mentira e de covardia. Que Deus nos encontre confessados. A covardia em um cristão é um pecado sério, porque sinal de pouca fé em Cristo ("covardes e homens de pouca fé") que provou ser um homem "a quem o mar e os ventos obedecem" — como disse o Evangelho de hoje — ao lado de quem, portanto, ter medo não é coisa bonita; nem mesmo lícita. Júlio César, em uma ocasião parecida, não permitiu a seus companheiros que se assustassem. "Que temeis?" Levais César a sua boa estrela", lhes disse. Por mais forte razão Cristo, que é criador das estrelas. O que governa o mundo são as idéias e as mulheres, disse alguém. As idéias, não duvido. As mulheres, teria de se provar. Que sucederia se, na Argentina, surgisse uma S. Teresa de Jesus, que persuadisse a todas as mulheres deste propósito: "Não me casarei com nenhum homem que seja covarde!" Creio que cairia a tirania atual, e que não subiria ao poder mais nenhum tirano".
(trecho de "El Evangelio de Jesucristo ", trad.: PERMANÊNCIA)
JSarto
"No quarto domingo depois da Epifania, a Igreja lê, na Missa, a narração da Tempestade no mar, que é contada pelos três Sinópticos, segundo o texto mais breve de todos, que é o de São Mateus: tem apenas quatro versículos, mas a narração é feita com energia tão formidável, que parece um gravado em cobre ou madeira, com quatro traços principais. São Mateus é o mais saboroso e enérgico dos três Sinópticos. A Bíblia de Bover-Cantera diz: "Este Evangelho pertence à literatura escrita; o de Marcos, à oral". É um erro grave que denota muito atraso em exegese. Com toda certeza, os quatro Evangelhos pertencem ao gênero que hoje lingüistas, etnólogos e psicólogos chamam estilo oral; e foram recitados de memória antes de serem fixados em pergaminho — ao menos os três primeiros — como as rapsódias de Homero, o Vedanta, o Corão, o Poema del Myo Cid e, em realidade, quase todos os monumentos religiosos ou épicos da Antiguidade. Esta noção, que hoje em dia se possui cientificamente, resolve de um golpe a falsa Questão Sinóptica, que preocupou a eruditos durante dois séculos; e que consiste em terem os Evangelhos, por um lado, algumas diferenças entre si e, por outro, uma concordância maciça; como pode se ver neste relato que os três Sinópticos trazem. Isto deu causa a uma confusão enorme na cabeça dos sábios alemães, alguns dois quais chegaram a negar a autenticidade destes três documentos religiosos, até que Marcel Jousse descobriu as admiráveis leis do estilo oral.
Coisa incrível: há uma tempestade tal no Mar de Tiberíades, que as ondas invadem a barca dos pescadores; e Jesus Cristo dorme. Fingiria dormir, como dizem alguns, para "provar seus discípulos"? Não, dorme, com a cabeça apoiada em um banco. Essa maneira de experimentar os outros com coisas fingidas é uma palhaçada inventada por algum mal mestre de noviços: a única coisa que prova verdadeiramente é a vida, a verdade, a realidade; não as ficções. Tampouco é verdade que Deus tenha proibido a Eva o Fruto da Árvore do Conhecimento do Bem e do Mal para prová-la; proibiu-o porque, simplesmente, este fruto não lhe convinha, nem a ela nem a ninguém. Deus não faz tolices, mas há gente inclinada a atribuir-Lhe as tolices próprias. Deus fez o homem a sua imagem e semelhança; mas o homem retribuiu; porque, quantas vezes o homem não refez a Deus à sua imagem e semelhança!
Jesus Cristo é notável: dorme de dia, no meio de uma tormenta; e de noite deixa a cama e sobe até uma colina, para rezar até a madrugada. Não o despertam o bramir do vento, o golpe da água, os gritos dos marinheiros mas, à noite, o desperta um gemido ou uma mulher com hemorragia que lhe toca o vestido. Dona Madalena, minha avó, dizia: "Jesus Cristo é bom, não digo nada, mas, quem O pode entender?" Só uma criança ou uma animal podem dormir nestas condições em que os três Evangelistas dizem que Cristo realmente "dormia"; e também um homem que esteja tão cansado como um animal e que tenha uma natureza tão sã como a de um menino. Sabemos que muitos homens de natureza privilegiadamente robusta podiam dormir quando quisessem; como Napoleão I, por exemplo, do qual se conta que podia fazer isto: dormir quando lhe parecia bem, sobretudo nos sermões; e foi preciso despertá-lo na manhã da batalha de Austerlitz. Ao contrário, Napoleão III, seu sobrinho, não pregou os olhos na noite do golpe de Estado de 1851 e se levantou três vezes para ver se tinha dormido a sentinela. Isso porque Napoleão I foi um herói; mas, Napoleão III, uma imitação de herói: um palhaço. Bom, o fato é que Cristo dormia, e seus discípulos o despertaram dizendo algo que varia nos três Evangelistas; mas, na realidade, devem ter gritado não três, mas umas doze coisas diferentes pelo menos; que se resumem nesta: "vamos morrer!" Não vos importais se "vamos morrer"? que traz São Lucas como resumo de toda a gritaria. O que disse São Mateus, que estava ali, foi isto: "Senhor, ajuda-nos, que perecemos". Cada um disse o melhor que soube, e isto é tudo. O que lhes disse Cristo — nisto concordam os três relatos — foi, "covardes". A Vulgata latina traduz "Modicae fidei", ou seja, "homens de pouca fé"; mas Cristo, em grego ou aramaico, lhes disse: "covardes". Um homem que grita quando entra água em sua barca em uma tempestade do Mar da Galiléia, que são breves mas violentas; supondo até que tenha gritado um pouco demais, é covarde? Para mim, não é covarde. Mas para Jesus Cristo, é covarde. E Jesus Cristo não gosta de covardes. A Igreja ("a barca de Pedro", como é chamada) teve muitas tempestades e há de ter ainda outra que está profetizada, na qual as ondas entrarão a bordo e parecerá realmente que os poucos que estão dentro, morrem. Cristo parece ter conservado seu costume juvenil de dormir nestes casos; e também sua idiossincrasia de não amar a covardia. A covardia é pecado? Sim; e, em alguns casos, muito grave. Os Apóstolos tinham uma maneira de pregar que, se me deixassem, eu não usaria outra: trata-se de fazer uma lista de pecados grandes, recitá-la e depois dizer: "Nenhum destes entrará no Reino dos Céus. Basta" Assim, São Paulo disse: "Não vos enganeis, irmãos; que nem os idólatras, nem os ladrões, nem os adúlteros, nem os avarentos, nem os efeminados nem... e assim continua... entrarão no Reino dos Céus". Hoje em diz deveria pregar-se assim, de modo simples... é nossa opinião. Pois bem, São João, no Apokalypsis, que é uma profecia sobre os últimos tempos, acrescenta à lista de pecados outros dois que não estão em São Paulo: "os mentirosos e os covardes". O qual parece indicar que, nos últimos tempos, haverá um grande esforço de mentira e de covardia. Que Deus nos encontre confessados. A covardia em um cristão é um pecado sério, porque sinal de pouca fé em Cristo ("covardes e homens de pouca fé") que provou ser um homem "a quem o mar e os ventos obedecem" — como disse o Evangelho de hoje — ao lado de quem, portanto, ter medo não é coisa bonita; nem mesmo lícita. Júlio César, em uma ocasião parecida, não permitiu a seus companheiros que se assustassem. "Que temeis?" Levais César a sua boa estrela", lhes disse. Por mais forte razão Cristo, que é criador das estrelas. O que governa o mundo são as idéias e as mulheres, disse alguém. As idéias, não duvido. As mulheres, teria de se provar. Que sucederia se, na Argentina, surgisse uma S. Teresa de Jesus, que persuadisse a todas as mulheres deste propósito: "Não me casarei com nenhum homem que seja covarde!" Creio que cairia a tirania atual, e que não subiria ao poder mais nenhum tirano".
(trecho de "El Evangelio de Jesucristo ", trad.: PERMANÊNCIA)
JSarto
Conhecer a Idade Média, por G. K. Chesterton
Para o Buíça, que supõe que os medievais eram uns selvagens que comiam com as mãos. Curiosamente, ou talvez não, no "MacDonald's" e no "Burger King" também não existem talheres; come-se com as mãos…
É bastante natural que os homens prósperos de nosso tempo desconheçam mesmo história. Se a conhecessem, conheceriam a muito pouco edificante história de como se tornaram prósperos. É bastante natural, digo, que eles não saibam história: Mas por que eles pensam que sabem? Eis aqui uma opinião tirada a esmo de um livro escrito por um dos mais cultos dentre nossos jovens críticos, uma opinião muito bem escrita e de todo confiável em seu próprio tema, que é um tema moderno. Diz o escritor: “Existiu pouco avanço social ou político na Idade Média” até a Reforma e a Renascença. Ora, eu poderia tão propriamente quanto dizer que houve pouco avanço nas ciências e invenções no século dezenove até a vinda de William Morris: e então me desculpar dizendo que não estou pessoalmente interessado em máquinas de fiar ou águas-vivas — o que certamente é o caso. Pois isto é tudo o que o escritor realmente quis dizer: ele quis dizer que não está pessoalmente interessado em Arautos ou Abades com mitras. Tudo isto está bem; Mas por que, ao escrever sobre algo que não teria existido na Idade Média, deveria ele dogmatizar sobre uma história que ele evidentemente não conhece? No entanto, esta pode tornar-se uma história muito interessante.
Pouco antes da Conquista Normanda, países como o nosso eram o pó de um ainda débil feudalismo, continuamente jogado nas voragens por bárbaros — bárbaros que jamais montaram um cavalo. Dificilmente existia uma casa de tijolos ou pedras na Inglaterra. Raramente se encontrava estradas, exceto sendas batidas; praticamente não existia nenhuma lei exceto os costumes locais. Esta era a Idade das Trevas da qual surgiu a Idade Média. Tome a Idade Média duzentos anos depois da Conquista Normanda e quase outro tanto antes do início da Reforma. As grandes cidades surgiram; os burgueses são privilegiados e importantes; o trabalho foi organizado em livres e responsáveis uniões de trabalho; os Parlamentos são poderosos e disputam com os príncipes; a escravidão quase inteiramente desapareceu; as grandes Universidades estão abertas e ensinam com o programa de educação que Huxley tanto admirou; Repúblicas tão orgulhosas e cívicas como as dos pagãos erguem-se como estátuas de mármore ao longo do Mediterrâneo; e por todo o Norte homens construíram Igrejas tais, que os homens talvez nunca mais igualem. E isso, cuja porção essencial foi feita em apenas um século, é o que o crítico chama “pouco avanço social ou político”. Dificilmente há alguma importante instituição sob a qual ele vive, da Universidade que o treinou ao Parlamento que o governa, que não fez seus principais avanços naquele tempo.
Se alguém pensa que escrevo isso de pedantice, espero mostrar-lhe em um momento que tenho um objetivo mais humilde e prático. Eu quero considerar a natureza da ignorância, e começo dizendo que, em todo sentido erudito e acadêmico, eu próprio sou muito ignorante. Assim como dizemos de um homem como Lord Brougham que seu conhecimento geral é grande, eu diria que minha ignorância geral é grande. Mas este é exatamente o ponto. É um conhecimento geral e uma ignorância geral. Eu sei pouca história: mas eu conheço um pouco de quase toda história. Eu não sei muito sobre Martinho Lutero e sua Reforma, por exemplo; mas sei que ela fez uma tremenda diferença. Ora, não saber que o rápido progresso dos séculos doze e treze fez uma grande diferença é tão extraordinário como nunca ter ouvido falar de Martinho Lutero. Eu não sou muito bem informado sobre Budistas; mas sei que Budistas se interessam por filosofia. Acredite, não saber que os Budistas se interessam por filosofia não é mais impressionante que não saber que os medievais se interessavam por progresso político ou experimentos. Não sei muito sobre Frederico, o Grande. Assustava-me em minha infância a coleção de volumes de Carlyle sobre o assunto: parecia existir lá um monte de coisas para conhecer. Mas, apesar dos meus receios, eu seria capaz de adivinhar com alguma probabilidade o tipo de substância que tais volumes conteriam. Eu arriscaria (e não incorretamente, acredito) que os volumes conteriam a palavra “Prússia” em um ou mais lugares; que se falaria sobre guerra de tempos em tempos; que alguma menção poderia ser feita a tratados e fronteiras; que a palavra “Silesia” poderia ser encontrada numa procura diligente, assim como os nomes de Maria Teresa e Voltaire; que em algum lugar em todos aqueles volumes, seu grande autor iria dizer se Frederico o Grande tinha um pai, se chegou a casar-se, se possuía grandes amigos, se tinha algum hobby ou qualquer tipo de gosto literário, se morreu no campo de batalha ou em sua cama, e assim por diante. Se eu tivesse reunido coragem para abrir um destes volumes, provavelmente teria encontrado algo ao menos nestas linhas gerais.
Agora troque a imagem; e conceba um jovem comum, jornalista bem educado ou homem de letras de uma escola pública ou faculdade quando pára em frente de uma coleção ainda maior de livros ainda maiores das bibliotecas da Idade Média — digamos, todos os volumes de Sto. Tomás de Aquino. Eu digo que, de nove chances em dez, aquele jovem bem-educado não sabe o que irá encontrar naqueles volumes em capa de couro. Ele pensa que iria encontrar discussões sobre a capacidade dos anjos de se equilibrarem em agulhas; e assim ele iria. Mas eu digo que ele não sabe que iria encontrar um Escolástico discutindo quase todas as coisas que Herbert Spencer discutiu: política, sociologia, formas de governo, monarquia, liberdade, anarquia, propriedade, comunismo, e todas as noções várias que estão em nosso tempo brigando pelo tempo do “Socialismo”. Ou, por outra, eu não sei muito sobre Maomé ou Maometismo. Eu não levo o Alcorão para a cama comigo toda noite. Mas, se eu o fizesse em alguma noite em especial, em pelo menos um sentido posso alegar saber o que não deve se encontrar lá. Eu entendo que não devo encontrar uma obra repleta de fortes encorajamentos ao culto de ídolos; que os louvores do politeísmo não serão sonoramente cantados; que o caráter de Maomé não será submetido a nada similar a ódio e derrisão; e que a grande doutrina moderna da irrelevância da religião não será desnecessariamente enfatizada. Mas troque novamente a imagem; e imagine o homem modero (o infeliz homem moderno) que levou um volume de teologia medieval para a cama. Ele esperaria encontrar um pessimismo que não está ali, um fatalismo que não está ali, um amor ao barbaresco que não está ali, um desprezo da razão que não está ali. Deixemo-lo tentar. Faria a ele uma de duas boas coisas: ou o faria dormir — ou o faria acordar.
(Illustrated London News, 15 de Novembro de 1913)
JSarto
É bastante natural que os homens prósperos de nosso tempo desconheçam mesmo história. Se a conhecessem, conheceriam a muito pouco edificante história de como se tornaram prósperos. É bastante natural, digo, que eles não saibam história: Mas por que eles pensam que sabem? Eis aqui uma opinião tirada a esmo de um livro escrito por um dos mais cultos dentre nossos jovens críticos, uma opinião muito bem escrita e de todo confiável em seu próprio tema, que é um tema moderno. Diz o escritor: “Existiu pouco avanço social ou político na Idade Média” até a Reforma e a Renascença. Ora, eu poderia tão propriamente quanto dizer que houve pouco avanço nas ciências e invenções no século dezenove até a vinda de William Morris: e então me desculpar dizendo que não estou pessoalmente interessado em máquinas de fiar ou águas-vivas — o que certamente é o caso. Pois isto é tudo o que o escritor realmente quis dizer: ele quis dizer que não está pessoalmente interessado em Arautos ou Abades com mitras. Tudo isto está bem; Mas por que, ao escrever sobre algo que não teria existido na Idade Média, deveria ele dogmatizar sobre uma história que ele evidentemente não conhece? No entanto, esta pode tornar-se uma história muito interessante.
Pouco antes da Conquista Normanda, países como o nosso eram o pó de um ainda débil feudalismo, continuamente jogado nas voragens por bárbaros — bárbaros que jamais montaram um cavalo. Dificilmente existia uma casa de tijolos ou pedras na Inglaterra. Raramente se encontrava estradas, exceto sendas batidas; praticamente não existia nenhuma lei exceto os costumes locais. Esta era a Idade das Trevas da qual surgiu a Idade Média. Tome a Idade Média duzentos anos depois da Conquista Normanda e quase outro tanto antes do início da Reforma. As grandes cidades surgiram; os burgueses são privilegiados e importantes; o trabalho foi organizado em livres e responsáveis uniões de trabalho; os Parlamentos são poderosos e disputam com os príncipes; a escravidão quase inteiramente desapareceu; as grandes Universidades estão abertas e ensinam com o programa de educação que Huxley tanto admirou; Repúblicas tão orgulhosas e cívicas como as dos pagãos erguem-se como estátuas de mármore ao longo do Mediterrâneo; e por todo o Norte homens construíram Igrejas tais, que os homens talvez nunca mais igualem. E isso, cuja porção essencial foi feita em apenas um século, é o que o crítico chama “pouco avanço social ou político”. Dificilmente há alguma importante instituição sob a qual ele vive, da Universidade que o treinou ao Parlamento que o governa, que não fez seus principais avanços naquele tempo.
Se alguém pensa que escrevo isso de pedantice, espero mostrar-lhe em um momento que tenho um objetivo mais humilde e prático. Eu quero considerar a natureza da ignorância, e começo dizendo que, em todo sentido erudito e acadêmico, eu próprio sou muito ignorante. Assim como dizemos de um homem como Lord Brougham que seu conhecimento geral é grande, eu diria que minha ignorância geral é grande. Mas este é exatamente o ponto. É um conhecimento geral e uma ignorância geral. Eu sei pouca história: mas eu conheço um pouco de quase toda história. Eu não sei muito sobre Martinho Lutero e sua Reforma, por exemplo; mas sei que ela fez uma tremenda diferença. Ora, não saber que o rápido progresso dos séculos doze e treze fez uma grande diferença é tão extraordinário como nunca ter ouvido falar de Martinho Lutero. Eu não sou muito bem informado sobre Budistas; mas sei que Budistas se interessam por filosofia. Acredite, não saber que os Budistas se interessam por filosofia não é mais impressionante que não saber que os medievais se interessavam por progresso político ou experimentos. Não sei muito sobre Frederico, o Grande. Assustava-me em minha infância a coleção de volumes de Carlyle sobre o assunto: parecia existir lá um monte de coisas para conhecer. Mas, apesar dos meus receios, eu seria capaz de adivinhar com alguma probabilidade o tipo de substância que tais volumes conteriam. Eu arriscaria (e não incorretamente, acredito) que os volumes conteriam a palavra “Prússia” em um ou mais lugares; que se falaria sobre guerra de tempos em tempos; que alguma menção poderia ser feita a tratados e fronteiras; que a palavra “Silesia” poderia ser encontrada numa procura diligente, assim como os nomes de Maria Teresa e Voltaire; que em algum lugar em todos aqueles volumes, seu grande autor iria dizer se Frederico o Grande tinha um pai, se chegou a casar-se, se possuía grandes amigos, se tinha algum hobby ou qualquer tipo de gosto literário, se morreu no campo de batalha ou em sua cama, e assim por diante. Se eu tivesse reunido coragem para abrir um destes volumes, provavelmente teria encontrado algo ao menos nestas linhas gerais.
Agora troque a imagem; e conceba um jovem comum, jornalista bem educado ou homem de letras de uma escola pública ou faculdade quando pára em frente de uma coleção ainda maior de livros ainda maiores das bibliotecas da Idade Média — digamos, todos os volumes de Sto. Tomás de Aquino. Eu digo que, de nove chances em dez, aquele jovem bem-educado não sabe o que irá encontrar naqueles volumes em capa de couro. Ele pensa que iria encontrar discussões sobre a capacidade dos anjos de se equilibrarem em agulhas; e assim ele iria. Mas eu digo que ele não sabe que iria encontrar um Escolástico discutindo quase todas as coisas que Herbert Spencer discutiu: política, sociologia, formas de governo, monarquia, liberdade, anarquia, propriedade, comunismo, e todas as noções várias que estão em nosso tempo brigando pelo tempo do “Socialismo”. Ou, por outra, eu não sei muito sobre Maomé ou Maometismo. Eu não levo o Alcorão para a cama comigo toda noite. Mas, se eu o fizesse em alguma noite em especial, em pelo menos um sentido posso alegar saber o que não deve se encontrar lá. Eu entendo que não devo encontrar uma obra repleta de fortes encorajamentos ao culto de ídolos; que os louvores do politeísmo não serão sonoramente cantados; que o caráter de Maomé não será submetido a nada similar a ódio e derrisão; e que a grande doutrina moderna da irrelevância da religião não será desnecessariamente enfatizada. Mas troque novamente a imagem; e imagine o homem modero (o infeliz homem moderno) que levou um volume de teologia medieval para a cama. Ele esperaria encontrar um pessimismo que não está ali, um fatalismo que não está ali, um amor ao barbaresco que não está ali, um desprezo da razão que não está ali. Deixemo-lo tentar. Faria a ele uma de duas boas coisas: ou o faria dormir — ou o faria acordar.
(Illustrated London News, 15 de Novembro de 1913)
JSarto
sexta-feira, julho 08, 2005
Exasperante
Atormenta-me uma exasperante falta de tempo, sufocado que estou pelas penas do trabalho quotidiano. Tanta coisa que gostaria de comentar, quer no plano nacional, quer no plano internacional… Para a semana há-de ser. Por ora, vou-me ficando pelos comentários em blogues amigos.
JSarto
JSarto
Subscrever:
Mensagens (Atom)