segunda-feira, dezembro 27, 2004

Reflexión del Padre JM Mestre sobre la Navidad

A partir de ahora vamos contaremos en A Casa de Sarto con algunos textos del Padre José María Mestre, un Sacerdote tradicionalista ahora profesor en un Seminario hispanoamericano. En breve publicaremos un excelente artículo suyo sobre la Esjatología, ampliamente inspirado en los escritos de los Padres Emmanuel y Leonardo Castellani, y que resume muchos de los puntos por ellos recogidos.
Antes de esto publicamos un extracto de la carta que me remitió el 23 de Diciembre, víspera de Navidad, que es una reflexión ponderada acerca de cómo nos debemos conducir como católicos en estas fechas. Navidad que propiamente empieza el 24 pero que se continua hasta el día 6 de Enero, Epifanía, Festividad de los Reyes Magos donde estos tres hombres sabios adoran a Jesús ya como Rey y Señor.
Quiero aprovechar la presente para desear de todo corazón una muy Feliz Navidad a todos nuestros amigos y lectores sin excepción, pero muy en particular a Jacobo San Miguel, quien atraviesa un delicado momento de salud. Es mi deseo que el Niño Dios nazca en el corazón de los hombres y en el seno de nuestras sociedades, otrora católicas, pero ahora olvidadas de Cristo. Que la Virgen María derrame sus bendiciones maternales sobre todos nosotros en estos momentos que celebramos el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Y que la bimilenaria Fe de Cristo vuelva a inflamar a las Patrias portuguesa y española, y todas las Patrias hijas de ambas en América, África y Asia, del sentido misionero y evangelizador que es el que nos da nuestro ser.
Un cordial saludo en el Inmaculado Corazón de María y el Sagrado Corazón de Jesús para todos los que nos visitan en A Casa de Sarto, una humilde mansión donde queremos que también nazca Dios un poco todas las semanas del año,
Rafael Castela Santos

Ante todo, pues, lo tendré presente, a usted y toda su familia, en esta fiesta de Navidad, pidiendo por sus intenciones. Espero que pueda usted dedicarse un tanto a celebrar como Dios manda este misterio increíble, del Dios que se hace hombre por nosotros, pobres pecadores, para redimirnos y salvarnos del tristísimo estado en que nos dejó el pecado original.

¡Qué pena nos tiene que dar en estos días que se haya logrado difuminar totalmente, en todas partes, el sentido religioso de la Navidad! Se silencia olímpicamente que la Navidad es el Nacimiento del Hijo de Dios, del Creador, de nuestro Redentor, y se logra hacerlo de la manera más astuta y maliciosa: inundando todo con propagandas de regalos, de compras, de grandes almacenes; poniendo por todas partes el papá Noël consumista de los protestantes; explicando de mil maneras el «sentido de la Navidad», qué son las compras, el champán, la comida en familia, los regalos... ¿Y Nuestro Señor? ¡Ah!, pero ¿existió? Por eso, nosotros no podemos olvidar esta importantísima fiesta, y dejar de celebrarla cumplidamente por lo que es, por lo que vale: por ser el aniversario de nuestra Redención, de la hora feliz en que, después de más de cuatro mil años de espera impotente, de gemidos de liberación, de sufrimientos y de pecados, nos llega por fin el Salvador prometido. ¡Por fin! ¡¡Ya era hora!! ¡¡¡Bendito sea Dios y su Santísima Madre!!! ¿Qué sería de nosotros sin esa Navidad?

Dejemos que el mundo se afane por lo suyo; dejemos que Herodes se turbe; dejemos que en Jerusalén nadie se dé cuenta de nada, que cada cual esté en sus negocios, en sus placeres, en sus caprichos. Nosotros hagamos como María y José: toda nuestra atención esté puesta en ese Niño que ha de nacer, y ha de cambiar tan profundamente nuestra historia por su nacimiento. Hagamos como los pastores, que dejan todas las ovejas en el campo y corren a lo único importante: ver con los propios ojos al Salvador recién nacido, a quien encuentran... ¿en un palacio, rodeado de guardas, cuidado ricamente? No: en un pesebre, envuelto en pañales... Hagamos como los Magos, que se separan de todo, se van de su corte real, y todo lo sacrifican en aras de un Niño, al que deben buscar en Occidente, en la dirección de Jerusalén... Nadie les hace caso, pero ¿qué les importa? Ellos siguen su estrella, esa estrella que los conduce a Belén, y en Belén, a la casa en que encuentran a un Niño junto a su Madre y a San José, y sin embargo adoran en El a Dios, ofreciéndole incienso, reconocen en El al Rey del universo, ofrendándole oro, y confiesan su naturaleza mortal y pasible, presentándole mirra...
J.M. Mestre, Pbro

sexta-feira, dezembro 24, 2004

Um Santo Natal!

Aos amigos desta "Casa" - destaco o Rafael Castela Santos, o Pedro Guedes, o BOS, o Manuel Azinhal, o Camisa Negra, o Corcunda, o FGSantos, o A, o Buíça, o Mendo Ramires, o Jacobo San Miguel, o Pimenta, e perdoem-me se esqueci alguém -, bem como a todos os seus restantes visitantes (Caturo incluído), e muito especialmente os provenientes do Brasil, votos sinceros de um Santo Natal!

Para vós, aqui fica o belo e poderosíssimo início do Evangelho segundo São João:

No princípio existia o Verbo;
o Verbo estava em Deus;
e o Verbo era Deus.
No princípio Ele estava em Deus.
Por Ele é que tudo começou a existir;
e sem Ele nada veio à existência.
Nele é que estava a Vida
de tudo o que veio a existir.
E a Vida era Luz dos homens.
A Luz brilhou nas trevas,
mas as trevas não a receberam.
Apareceu um homem, enviado
por Deus, que se chamava João. Este
vinha como testemunho, para dar
testemunho da Luz e todos crerem
por meio dele. Ele não era a Luz, mas
vinha para dar testemunho da Luz.
O Verbo era Luz verdadeira,
que, ao vir ao mundo,
a todo o homem ilumina.
Ele estava no mundo
e por Ele o mundo veio à existência,
mas o mundo não o reconheceu.
Veio para o que era seu,
e os seus não o receberam.
Mas, a quantos o receberam,
aos que nele crêem,
deu-lhes o poder de se tornarem
filhos de Deus.
Estes não nasceram de laços de
sangue,
nem de um impulso da carne,
nem da vontade de um homem,
mas sim de Deus.
E o Verbo fez-se homem
e veio habitar connosco.
E nós contemplámos a sua glória,,
a glória que possui como Filho
Unigénito do Pai,
cheio de graça e de verdade.

Deus, Revelação, Igreja e Israel

Relendo os comentários que fez ao penúltimo artigo que publiquei neste espaço, torna-se forçoso concluir que o Caturo nega a possibilidade de o homem poder conhecer Deus pelo simples uso da razão de que se encontra dotado, refém que estaria de um determinismo racial que condicionaria decisivamente as suas opções em matéria religiosa. Compreende-se tal lógica de raciocínio: a primeira inteligência, a causa eficiente, o primeiro motor, ou seja, o Deus que a razão humana consegue descobrir, é forçosamente um Ser incriado e intemporal, prévio ao mundo físico e Autor deste. Ora, um Deus com tais características é insusceptível de ser enquadrado em qualquer categoria material, não fazendo o mínimo sentido empregar termos qualificativos como "nacional" ou "estrangeiro" relativamente à sua Pessoa, na medida em que Ele antecede todas as realidades que fundamentariam tal aplicação; pelo contrário, Deus é uma factualidade passível de ser apreendida por todos os homens, independentemente da raça e/ou da nação a que pertençam, e tão-só pela utilização da razão que todos genericamente possuem.

E se Deus se torna perceptível ao homem por via daquela razão, é a revelação que o torna completamente cognoscível a toda a humanidade: num primeiro momento aos judeus; numa segunda fase, a todos os restantes povos.

Sobre o modo como tal revelação se processa, explica José Miguel Gambra, no artigo "Apologia del Cristianismo frente al Islam", publicado na revista Tradición Católica, nº 194, de Julho-Agosto de 2004, da casa espanhola da Fraternidade de São Pio X:

"Los libros del Antiguo y el Nuevo Testamento son, según la doctrina católica, inspirados y verdaderos en todas sus proposiciones. Sin embargo, al estar escritos por por hombres de una cultura, con un lenguaje y un estilo proprio, debe hacerse una exégesis que establezca el sentido verdadero de los textos bíblicos, comparándolos unos con otros, así como con los restantes conocimientos humanos, históricos o de cualquier otra naturaleza, que permitan alumbrar ese sentido. En última instancia la autoridad de la Iglesia fija definitivamente ese sentido.

En cambio, el Islam pretende que es la misma mano de Alá que ha escrito el Corán y que el Profeta no intervino en su elaboración para nada. Por eso pretenden que el Corán tiene una inerrancia absoluta y cree que está en perfecta consonancia con el Antiguo y Nuevo Testamento, que éste predice el Corán así como el Corán confirma la Biblia (2, 91), pues entienden que tanto la Biblia como el Corán proceden de Alá.

Sin embargo los hechos referido en el Corán, a diferencia de la maravillosa coherencia histórica de los evangelios, en numerosas ocasiones ni coinciden con los textos bíblicos ni están refrendados por hechos historicamente conocidos.

(...)

El Corán difiere de la Biblia en que está escrito por Alá mismo, no por un autor humano que, aunque inspirado y verdadero, escribe con las limitaciones del lenguaje y cultura que le son proprios.

(...)

A diferencia de esto, el Cristianismo distingue el conocimiento natural del conocimiento natural del conocimiento revelado, y se toma el imenso trabajo de demonstrar la compatibilidad de ambos, de entender los textos sagrados sin despreciar el saber histórico, filosófico, y científico, sin dejar de la las evidencias racionales".


Boa parte do problema do Caturo passa por aqui, ou seja, pela interpretação puramente literal que faz dos textos sagrados cristãos, e, sobretudo, pelo olímpico desconhecimento que revela da tradição cristã, a qual se encontra condensada no magistério bimilenar permanente e constante da Igreja. Não fizesse ele uma cisão entre aqueles textos sagrados e esta tradição, como curiosamente é típico do cristãos modernistas, e ser-lhe-iam poupadas um enorme série de confusões.

Por outro lado, afirma o Caturo que não aceita que Deus se haja revelado inicialmente aos judeus e apenas subsequentemente, com a primeira vinda de Cristo à Terra, ao resto da humanidade. Que posso dizer aqui? Nada, na medida em que não sou eu que determino os desígnios de Deus; se o Caturo supõe que o pode fazer e aguarda um "deus" que eventualmente o satisfaça, isso é algo em que não interfiro e tolero. Na verdade, o Cristianismo não é um fideísmo emocional irreflectido; ao invés, aderir-lhe há-de resultar forçosamente de um acto de vontade interior, sincero e espontâneo, de uma conjugação da fé com a razão pessoal. Sem prejuízo de tudo o que disse, em apêndice ao presente texto, transcrevo um trecho extraído da obra "L'Évangile prêché à Israël - A propôs du dialogue judéo-chrétien", Étampes, Clóvis, 2002, da autoria do monge beneditino Ansgar Santogrossi, de orientação católica tradicional, que explica, pelo menos mediatamente, o porquê da revelação de Deus a Israel; o meu oponente não transigirá, mas fica a intenção.

Finalmente, estranha-se muito a tese sustentada pelo Caturo de que o Cristianismo originou o moderno totalitarismo, porquanto a característica primordial deste último é exactamente o seu acérrimo anticristianismo, e a recusa da organização da sociedade segundo os moldes cristãos tradicionais. Gerado pelas ideias iluministas do século XVIII, nascido na convulsão revolucionária de 1789, idolatrizando a vontade ilimitada do homem, a qual é erigida em estalão único de legitimidade política e sem quaisquer barreiras que se lhe possam eficazmente opor - a existência da ordem natural superior sufragada pelo Cristianismo, e consubstanciada nas leis divina e moral - , vem a constituir afinal uma efectiva ditadura do relativismo ético-moral, uma opressão da verdade e, na sua forma mais pura e radical, um totalitarismo niilista que não hesita em eliminar todos os que com ele não se conformam, como o comprova à saciedade a triste História dos últimos duzentos anos.

Ora, é ponto de honra do magistério tradicional da Igreja o ter estado sempre na linha da frente do combate contra-revolucionário, opondo-se com denodo àquele totalitarismo traduzido na máxima de revolta "Liberdade, Igualdade e Fraternidade", como o demonstram à saciedade a postura sucessiva de Papas como Gregório XVI, Pio IX, Leão XIII, São Pio X, Pio XI e Pio XII, até à traição modernista do V2.

Deste modo, as acusações do Caturo são totalmente infundadas e como tal, em face do que ficou exposto, caem completamente por terra.

E passemos ao texto de Ansgar Santogrossi (op. cit., págs. 27 a 29):
"Ayant, de droit, une place tout spéciale dans l'Église, Israël est la nation préférée par Dieu, tandis que l'Église est le Corps mystique agrégé à Dieu le Fils. Quel est le groupement que Dieu préfère dans le monde depuis le Christ, l'Église ou bien Israël qui reste majoritairement privé de la foi au Christ de Dieu? C'est evidemment l'Église, Épouse mystique du Christ. Même avant Jésus, c'était la Cité de Dieu composée des fidèles du Christ-à-venir. Dieu a un amour de prédilection ou de préférence pour son Église, il préfère son Église à sa nation préférée car, depuis la venue du Christ, c'est par l'Église que l'on entre en communion surnaturelle avec Dieu. Avant Jésus-Christ, Israël était le groupement visible préféré de Dieu, pour autant qu'il était sa nation préférée, et que l'ensemble de tous les fidéles était, avant la Pentecôte, plutôt invisible, dans la mesure où lui faisaient défaut des sacraments communs et une hierárchie sacrale commune. La préférence consiste en ce que les miracles, la Loi et les prophéties donnés au peuple juif seul ébauchent la figure du Christ qui seul parmi les hommes a été prédestiné à être le Fils de Dieu. Avant Jésus-Christ, la nation juive était pour Dieu la partie visible priviligiée de l'humanité sur terre, de par la Loi audible et écrite, les prophéties audibles et les quasi-sacraments de la circonsion et des sacrifices.

Mais, aprés la venue du Christ, Israël a perdu son statut de groupement visible le plus aimé, parce qu'il a été surpassé par l'Église qui est encore plus priviligiée, étant le Corps mystique de Dieu le Fils incarné, rendu pleinement visible par la vie publique de Jésus et par les liens de la foi et de la communion qui furent institués le jour de la Pentecôte. Israël n'a pas perdu sa place de prédilection parce qu'il a perdu ce qu'il avait, à savoir la parenté charnelle avec le Messie, mais parce qu'il a été dépassé en prédilection divine par l'Église, Corps mystique du Messie des Juifs, que tout Juif peut accepter à tout moment.

Tout baptisé en tant que tel est, en effet, plus aimé par Dieu que tout Juif en tant que tel, car les biens des créatures sont le côté crée, pour ainsi dire, de l'amour de Dieu, et le baptême surpasse en bonté la nationalité juive. Les juifs sont tous divinement appelés, par la présence sur terre de l'Église, à suivre une voie d'humilité que seule l'apparition fulgurante du Christ lui-même a pu montrer au pharisien Saül de Tarse: la reconnaissance qu'être baptisé et croyant en Jésus-Christ, ce que les autres hommes aussi peuvent être, est mieux qu'être Juif, ce que les autres ne peuvent pas être.

C'est en ce sens que l'on peut compreendre l'idée que l'Église du Messie Jésus, comprenant une racine de chrétiens juifs, le reste d'Israël, est désormais le "véritable Israël". Jésus est la véritable vigne; son corps et son sang sont la véritable nourriture et le véritable breuvage; son Corps mystique doit donc être le véritable Israël. A cette Église, l'Apôtre Pierre applique les épithètes - une race élue, un sacerdoce royal, une nation sainte, un peuple acquis - jadis réservées au peuple d'Israel.

On peut d'ailleurs montrer que c'est par Jésus que les Juifs sont de la famille d'Abraham à un titre spécial, c'est-à-dire à l'exclusion des autres peuples sémitiques qui se sont réclamés de lui.

En effet, les Juifs sont plus proches d'Isaac, de Jacob, de David qu'ils ne le sont d'Abraham, et ces trois personnages furent d'une certaine manière encore "plus" choisis par Dieu que ne le fut Abraham, puisqu'ils avaient une plus grande proximité historique au Christ, qui est le Choisi absolu ou premier. Sinon, les Arabes qui se réclament d'Ismaël, fils d'Abraham, ne feraient pas moins partie du peuple élu que les Juifs. L'adage "Ultimum in executione, sed primum in intentione", "Le dernier dans l'exécution, mais le premier dans l'intention", est vrai tout au long de la lignée d'Abraham: le choix de Dieu se focalise au fur et à mesure que la lignée s'aproche de cet Homme choisi pour être le Fils de Dieu. Abraham a été choisi par l'amour divin pour le Christ Jésus, comme Jacob et David, pour constituer peu à peu une nation apte à le recevoir".

sábado, dezembro 18, 2004

Oração suplicante

Via "Machogrosso", tomo conhecimento desta deliciosa oração suplicante:

Senhor, livrai-nos dos padres guerrilheiros

Senhor, livrai-nos dos teólogos modernistas
Senhor, livrai-nos dos bispos gnósticos
Senhor, livrai-me da tentação de dar socos e pontapés nesses caras

Amén

Breves - 2

- Tenho seguido com interesse, ainda que silenciosamente, esta polémica. Suscita-me a mesma as reflexões que passo a alinhavar:

a) Não faz qualquer sentido afirmar-se que o Cristianismo é uma dissidência do Judaísmo, porquanto o Judaísmo do Israel Bíblico, ou Catolicismo em potência do Antigo Testamento, persiste e subsiste exclusivamente no seio da Igreja Católica, sua única sucessora e legítima herdeira, por força da Nova e Eterna Aliança celebrada por Cristo, Messias Redentor, com a humanidade, personificada e desposada naquela Igreja; por seu turno, o Judaísmo moderno nenhuma relação tem com o do Israel Bíblico, na medida em que é uma religião surgida posteriormente à fundação da Igreja, de origem puramente humana, e cujo principal corpo doutrinário - o Talmude, totalmente desconhecido no tempo do Antigo Testamento -, foi coligido a partir do século II da nossa era. Uma eventual dissidência da Igreja implicaria que a Velha Aliança celebrada entre Deus e Abraão continuasse em vigor, o que manifestamente não ocorre. E não deixa de ser curioso que tese oposta, numa estranha confluência de interesses, seja sustentada pelos rabinos talmudistas, pelos hereges modernistas (como é o notório caso do Cardeal Walter Kaspar) e pelos ideólogos da nova direita pagã;

b) É de elementar bom senso concluir que a essência da Europa, tal como existe hoje, é o resultado final da conjugação de três vectores distintos: do sangue indo-europeu, da herança cultural clássica greco-romana e do baptismo cristão; pretender cindir o terceiro elemento dos outros dois iniciais é um absurdo que, a suceder, privaria o continente de um dos elementos basilares da sua identidade, e tornaria incompreensíveis os seus últimos vinte séculos de história. Também aqui surpreende a convergência táctica entre o jacobinismo laicista, o ateísmo marxista e paganismo neo-direitista;

c) Tal como é de escorreita sensatez reconhecer o acerto da seguinte asserção, que não pode deixar de funcionar como elo mínimo basilar entre os diferentes membros do campo da direita nacional, do qual este espaço genericamente se reclama:

"For it pertains to the statesman to know how large a city should be and whether it should include men of one nation or several. The size of the city should indeed be such that the region may be sufficiently productive and may possible to repeal external enemies. It should also preferably be made up of a single nation in view of the fact that the men of the same nation possess the same way of life and the same customs, which foster friendship among the citizens because of their resemblance. Accordingly, the cities that were constituted out of different nations were ruined on account of the disssenssions that arose in them due to the diversity of manners, for one part used to ally itself with [external] enemies out of hatred for the other part".

Quem é o autor da afirmação supra? Algum "extremista" próximo do B.N.P.? Não! Simplesmente, São Tomás de Aquino, no seu "Comentário à Política de Aristóteles"… - tradução para inglês de Ernest L. Fortin e Peter D. O'Neill, a única que conheço numa língua corrente, publicada em "Medieval Political Philosophy", editada por Ralph Lerner and Muhsin Mahdi, 1972, Cornell University Press, Ithaca, New York.

E se é verdade que deve ser rechaçada com veemência qualquer discriminação humilhante ou injusta estribada em motivos de ordem puramente racial, não é menos certo que a não concordância com raciocínio do aquinense, ainda que decorrente de construções mentais recheadas de boas intenções e de nobreza de motivos, remete inapelavelmente para os caminhos da quimera e da utopia, da busca de um mundo ideal por contraposição ao mundo possível, trilhos esses que são apanágio, já não da direita, mas da esquerda pura e dura.

- Com a subtileza característica de um elefante numa loja de porcelana, o Coronel Muammar Kadhafi afirmou publicamente que a Turquia será o cavalo de Tróia islâmico na União Europeia. Por uma vez, não posso estar mais de acordo com o desbocado dirigente líbio: a eventual integração otomana na União conduzirá inelutavelmente à libanização e islamização forçada de largas parcelas do território europeu, em consequência da completa liberdade de circulação de que nele passarão a gozar sessenta milhões de turcos, acentuando muito mais a já gravíssima situação de países como a França, a Bélgica, a Holanda e a Alemanha, e, outrossim, contribuindo para a dissolução da matriz cristã da Europa, inconfessado desejado dos lóbis promotores da adesão turca.

Nunca é demais reafirmar aos cabeças duras irresponsáveis e insensatos que querem provocar um desastre civilizacional de contornos difíceis de definir: a Turquia não é geográfica, histórica e culturalmente europeia e, como tal, não reúne os requisitos mínimos basilares para ser admitida na União Europeia. Fazer o oposto é trair não só aquilo que sucessivas e sucessivas gerações de europeus defenderam ao longo dos séculos, mas também hipotecar irremediável e inadmissivelmente o futuro das gerações vindouras.

Deste modo, denunciemos e combatamos por todos os meios lícitos ao nosso alcance o facto consumado da integração turca que, a partir de Bruxelas, nos pretendem impor. Recorramos também aos meios sobrenaturais e peçamos a intercessão de Nossa Senhora do Rosário e da Vitória de Lepanto, bem como de São Pio V, que em momentos decisivos salvaram o nosso continente do perigo turco! Que o voltem a fazer, é a nossa prece!

domingo, dezembro 12, 2004

Breves

- Espalhado e afixado por boa parte dos painéis publicitários de Lisboa, e penso que do resto do País, um cartaz anunciando o chocolate suíço "Toblerone", no qual se vê um pseudo padre católico, de ar apatetado e expressão alvar, admirado por ter sido surpreendido a provar um pedaço daquele chocolate, perguntando "E então?" Este tipo de coisas vale o que vale, e a importância que lhes deve ser dada é nenhuma; todavia uma interrogação fica: por que não se vêem, em campanhas publicitárias similares, imãs muçulmanos e, sobretudo, rabinos judeus? Será que as imagens de padres católicos possuem a capacidade de fazer disparar as vendas dos produtos que promovem, ao invés das dos imãs ou rabinos? Ou estaremos antes perante um notório calculismo dos publicitários, autênticos primos direitos dos escrevinhadores nas gazetas às ordens, calculismo esse também conhecido em língua portuguesa pelo termo cobardia?...

- Recebo da representação nacional de uma empresa estrangeira, com a qual tenho de manter relações (involuntárias) de serviço, uma telecópia com o seguinte e curiosíssimo texto: "Agradecia-mos que nos envia-sem o documento (…)". Parece que há alguém a necessitar urgentemente de rever o paradigma da conjugação verbal portuguesa

- É assustador o estilo meias-tintas com que se continua a trabalhar em boa parte da sociedade portuguesa, tanto no sector público, como no privado: no dia 26 de Novembro último, encomendei numa livraria lisboeta o livro "Histórias Secretas da PIDE/DGS", de Bruno Oliveira Santos, na condição de me avisarem, uma semana depois, se o mesmo estaria, ou não, disponível. Até hoje, dia 12 de Dezembro, a partir daquele estabelecimento - adivinhou, caríssimo leitor - ninguém se dignou de me informar do que quer fosse. Que contraste com o exemplo seguinte, que passo a contar: na mesma altura, adquiri na Buenos Aires Libros, uma profissionalíssima livraria alfarrabista da capital argentina, a obra do Padre Leonardo Castellani intitulada "Juan XXIII (XXIV); a responsável da loja, conhecendo já o meu gosto esse autor, perguntou-me, através de correio electrónico, se não estaria interessado em comprar mais dois títulos do mesmo -"La Esencia del Liberalismo" e "Proceso a los Partidos Políticos" -, os quais nem sequer constavam ainda do catálogo disponível em rede. Respondi-lhe que sim e questionei, quase a brincar, se me poderia encontrar um dos livros mais importantes da vasta bibliografia de Castellani, ou seja, "Cristo, vuelve o no vuelve?". Tão-só dois ou três dias depois, com bastante surpresa, recebia a resposta positiva a tal interrogação. Claro que os quatro livros já vêm a caminho, e, aproveitando as vantagens de câmbio, ficaram-me por um preço mais do que jeitoso.

- Só agora li este interessantíssimo artigo do colunista católico tradicional norte-americano Thomas Droleskey. É claro que é isto mesmo que um dia, mais cedo ou mais tarde, um Papa há-de acabar por fazer, venha ele a chamar-se Leão XIV, Pio XIII ou Gregório XVII.

- Reparo que não fiz até ao momento qualquer comentário à demissão do Governo e à dissolução do Parlamento por parte do Presidente da República. Acho que vou continuar assim, sem perder tempo com tais "rapaziadas". De qualquer maneira, o Corcunda e António Balbino Caldeira tiraram-me as palavras da boca. Concluindo: como Portugal precisa de um Rei!

sexta-feira, dezembro 10, 2004

A Imaculada Conceição e Portugal

O indispensável "O Sexo dos Anjos", fazendo eco do artigo que abaixo se publicou sobre os cento e cinquenta anos da definição do dogma da Imaculada Conceição, recorda a profunda e especial devoção de que esta sempre foi objecto em Portugal ao longo dos séculos.

Ora, a tal propósito, convém recordar a obra "O Culto de Maria Imaculada na Tradição e na História de Portugal - Um precioso legado que o Brasil fez frutificar", da autoria do escritor e jornalista brasileiro Armando Alexandre dos Santos, que foi publicada em 1996, nos dois países, numa edição conjunta da Civilização Editora, do Porto, e da Artpress, de São Paulo. Aqui fica um extracto das suas páginas 208 a 213, como forma de convite à leitura integral da mesma:

"Em todas as fases da História de Portugal, Nosso Senhor concedeu à nação lusa especiais graças de predileção. E que maior graça de predileção poderia prodigar, senão uma intensíssima devoção a Nossa Senhora, devoção essa que é o sinal dos predestinados?

Já vimos nos capítulos anteriores como a devoção mariana marcou profundamente a história lusa.

Desde a fundação do Reino, essa devoção estava presente de modo insigne: na cura milagrosa, atribuída a Nossa senhora de Cárquere, de D. Afonso Henriques menino, primeiro Rei e homem-símbolo do Portugal nascente; no relacionamento com Santa Maria de Claraval, a quem Portugal foi consagrado como feudatário, como feudatário também foi de São Pedro Apóstolo; em incontáveis invocações que acompanharam passo a passo o esforço dos primeiros reis, para livrar o território luso do inimigo agareno.

Uma vez expulso o invasor, veio um período de guerras intestinas, no qual também esteve bem marcada a devoção a Maria Santíssima. Nesse período brilhou, como estrela de brilho magnífico, a virtuosíssima Rainha Santa Isabel, que perfumou toda a História de Portugal. Princesa da Casa Real de Aragão, com apenas 9 anos de idade foi para Portugal, onde completou a sua educação para a vida e sobretudo para a santidade.

Vieram depois as guerras para assegurar a independência e - bem incomparavelmente mais alto - a fidelidade à Santa Sé Romana. Também nessa fase foram muitas as devoções mariais; Nossa Senhora da Vitória, Santa Maria de Assumar, Nossa Senhora do Carmo, Santa Maria de Agosto, a Imaculada Conceição. Como homem-símbolo do Portugal dessa fase, sem dúvida se destaca o Santo Condestável.

Seguiu-se a fase das Navegações. Por toda a superfície da Terra os portugueses foram erigindo igrejas a Nossa Senhora, desde a primeira delas, em Ceuta, até o remotíssimo e tão querido e sofrido Timor, cuja Catedral, em Dili, é também consagrada a Nossa Senhora, sob a invocação da Imaculada Conceição. Homens-símbolos não faltam nesse período, desde o Infante D. Henrique com a Ínclita Geração, até, no crepúsculo dessa era de glória, o inigualável Rei D. Sebastião.

Na triste fase em que Portugal perdeu sua independência - e na perda dessa independência, como também em Alcácer-Quibir, causa próxima da perda, como não ver um castigo da Providência pelas infidelidades de seus filhos portugueses? - foi em Vila Viçosa que se concentraram as esperanças de Restauração. Vila Viçosa foi, com efeito, um foco de intensíssima devoção marial, que se irradiava para o Alentejo, para todo o Portugal continental e ultramarino. Nossa Senhora da Conceição de Vila Viçosa foi, pode-se dizer, símbolo e penhor da Restauração. Foi a seus pés, sob seu olhar e não sem sua milagrosa proteção que se consumou em 1640 a Restauração.

Com o natural reerguer-se da nação, seguiu-se uma era de grande esplendor marial. São desse tempo a consagração do Reino a Nossa Senhora e o juramento da Universidade de Coimbra, de defender o privilégio da Imaculada Conceição.

Em todos os primeiros sete séculos da História de Portugal, sempre os reis estiveram à frente do imenso movimento global das almas em direção a Nossa Senhora - com exceção, infelizmente, do período pombalino e, de certa forma, dos monarcas liberais do século passado, que pagaram pesado tributo aos erros do seu tempo.

O Brasil muito se beneficiou com a devoção a Nossa Senhora trazida pelos portugueses. Além do Padroado de Nossa Senhora da Conceição, literalmente incontáveis são as igrejas e capelas, sob as mais diversas invocações, consagradas no Brasil por obra dos portugueses. Essa terna e filial devoção a Nossa Senhora é precisamente um dos maiores benefícios que Portugal trouxe ao Brasil.

Já no século XX, precisamente sete anos após a instalação de uma república laica e persecutória da Igreja, Nossa Senhora Se dignou aparecer em Fátima e tomar a Terra de Santa Maria como pedestal de cima do qual falou ao mundo inteiro.

Na terceira aparição, a 13 de Julho de 1917, depois de mostrar aos três videntes o inferno, disse a Virgem:

"Vistes o inferno, para onde vão as almas dos pobres pecadores. Para as salvar, Deus quer estabelecer no mundo a devoção ao meu Imaculado Coração.

"Se fizerem o que Eu vos disser, salvar-se-ão muitas almas e terão paz.

"A guerra vai acabar, mas se não deixarem de ofender a Deus, no reinado de Pio XI começará outra pior. Quando virdes uma noite alumiada por uma luz desconhecida, sabei que é o grande sinal que Deus vos dá de que vai punir o mundo dos seus crimes, por meio da guerra, da fome e de perseguições à Igreja e ao Santo Padre.

"Para a impedir, virei pedir a consagração da Rússia ao meu Imaculado Coração e a comunhão reparadora nos primeiros sábados. Se atenderem a meus pedidos, a Rússia se converterá e terão paz; se não, espalhará seus erros pelo mundo, promovendo guerras e perseguições à Igreja; os bons serão martirizados, o Santo Padre terá muito que sofrer, várias nações serão aniquiladas; por fim, o meu Imaculado Coração triunfará. O Santo Padre consagrar-Me-á a Rússia, que se converterá, e será concedido ao mundo algum tempo de paz.

"Em Portugal se conservará sempre o Dogma da Fé, etc.

"Isto não o digais a ninguém. Ao Francisco, sim, podeis dizê-lo".

Trata-se de uma mensagem sumamente séria, sumamente grave, mensagem profética e anunciadora de dias terríveis que ainda estão por vir. Mas mensagem que, em meio à tragédia, contém duas promessas de um valor inestimável: "Por fim o meu Imaculado Coração triunfará", e "Em Portugal se conservará sempre o Dogma da Fé".

A primeira dessas promessas é de âmbito mundial, sem dúvida; a segunda, mais restrita a Portugal, embora tenha sido formulada depois, de certa forma se ordena à primeira. De fato, só se pode entender a conservação do Dogma da Fé em Portugal como um elemento do triunfo global do Imaculado Coração de Maria, ou até como um meio para tal triunfo.

É muito bonito ver que, 800 anos depois de Ourique, em última análise Nossa Senhora veio reafirmar a mesma promessa de aliança que seu filho fizera a D. Afonso Henriques. Portugal parecia ter esquecido dela… mas Nossa Senhora veio lembrá-la.

"Quase todos os portugueses estamos convencidos de que Ela veio a esse coração de Portugal, que é Fátima, retomar o padroado da nossa terra, que pareceu quererem arrebatar-Lhe. Aquela, a quem a Igreja chama a Virgem fiel, não abandonou os que queriam abandoná-La" - disse o Cardeal D. Manuel Gonçalves Cerejeira em 1946, quando se comemoravam os 300 anos da consagração de D. João IV.

Meio século depois, tais palavras permanecem atualíssimas".

quarta-feira, dezembro 08, 2004

Os cento e cinquenta anos da definição do dogma da Imaculada Conceição

O primeiro grande acto do pontificado de Pio IX - a definição do dogma da Imaculada [8 de de Dezembro de 1854] - é muito mais do que a pública expressão daquela profunda devoção a Nossa Senhora, que desde a infância tinha caracterizado a espiritualidade de Giovanni Maria Mastai Ferretti [nasceu em 13 de Maio de 1792, exactamente cento e vinte cinco anos antes da primeira aparição de Fátima]. Ele manifesta a sua profunda convicção na existência de uma relação entre a Mãe de Deus e os acontecimentos históricos, e, de modo particular, da importância do privilégio da sua Imaculada Conceição, como antídoto para os erros contemporâneos, cujo fulcro está precisamente na negação do pecado original.

O fundamento deste privilégio mariano está na absoluta oposição existente entre Deus e o pecado. Ao homem concebido no pecado, contrapõe-se Maria, concebida sem pecado. E a Maria, enquanto Imaculada, foi reservado vencer o mal, os erros e as heresias que nascem e se desenvolvem no mundo como consequência do pecado. De Maria a Igreja canta o louvor: "Cunctas haereses sola interemisti in universo mundo".

O privilégio da Imaculada deve ser considerado, pois, não de maneira abstracta e estática, mas na sua projecção histórica e social. A Imaculada não é, na verdade, uma figura isolada das outras naturezas humanas que foram, que são e que serão: "Toda a história humana é iluminada e nobilitada por esta excelsa criatura, a única que, em perfeição, é inferior somente a Deus".

Os últimos trechos da bula "Ineffabilis Deus" ajudam-nos a compreender o alcance eminentemente apologético da definição do dogma da Imaculada Conceição, para dissipar os erros de um século que, da negação do pecado original, tinha feito o seu dogma. "A grandeza deste privilégio - explicará o próprio Pio IX, ao sublinhar a oportunidade da definição - valerá muitíssimo ainda para refutar aqueles que negam ter sido a natureza humana corrompida pela primeira culpa e enaltecem as forças da razão, a fim de negar ou diminuir o benefício da Revelação. Que a Santíssima Virgem, destrutora de todas as heresias, faça arrancar de raiz e destruir este perniciosíssimo erro do racionalismo que, nestes tempos infelicíssimos, tanto aflige e atormenta, não só a sociedade civil como a própria Igreja".

Não se pode dizer que o Papa tivesse pensado inicialmente unir a definição do dogma da Imaculada à condenação dos erros modernos, cujo verdadeiro antídoto consistia, como afirmou Donoso Cortés, no dogma do pecado original, do qual só a Santíssima Virgem estava isenta. "A negação do pecado original - escrevera o pensador espanhol - é um dos dogmas fundamentais da Revolução. Supor que o homem não tenha caído no pecado original significa negar, e nega-se efectivamente, que o homem tenha sido redimido. Supor que o homem não foi redimido significa negar, e nega-se efectivamente, o mistério da Redenção e da Encarnação, o dogma da personalidade exterior do Verbo e do próprio Verbo. Supor a integridade natural da vontade humana, de um lado, e não reconhecer, de outro, a existência de outro mal e de outro pecado para além do pecado filosófico, significa negar, e nega-se efectivamente, a acção santificante de Deus sobre o homem e, com ela, o dogma da personalidade do Espírito Santo. De todas estas negações deriva a negação do dogma soberano da Santíssima Trindade, pedra angular da nossa fé e fundamento de todos os dogmas católicos".

(…)

No quadro teológico da "Ineffabilis Deus", Nossa Senhora aparece-nos, pois, como vencedora de todas as heresias da qual falam todos os Pontífices, e é à oposição entre a Virgem toda bela e Imaculada e a crudelíssima serpente, que se reconduz - como aos primeiros e fundamentais agentes - o antagonismo radical entre a Igreja e aquela Revolução dos tempos modernos, que tem os seus germes mais activos e profundos na desordem das paixões, fruto do pecado do homem decaído.

A Revolução - organização social do pecado - está destinada a ser vencida pela graça, dom divino concedido aos homens na Cruz por Nosso Senhor Jesus Cristo. A Virgem Dolorosa, Regina Martyrum, foi associada a esta obra redentora, aos pés da Cruz, por ter sofrido sobre o Calvário, em união com o seu filho, o maior dos martírios. É na Cruz que se funda a mediação universal e omnipotente de Maria, verdade que constitui a maior razão de esperança para todos aqueles que combatem a Revolução. Se a serpente, cuja cabeça foi esmagada pela Virgem Imaculada, é a primeira revolucionária, Maria, dispensadora e tesoureira de todas as graças, é, na verdade, o canal através do qual os católicos alcançarão as graças sobrenaturais e necessárias para combater e esmagar no mundo a Revolução.

A luta entre a serpente e a Virgem, entre os filhos da Revolução e os filhos da Igreja, delineia-se, pois, como a luta total e irreconciliável entre duas "famílias espirituais", como tinha profetizado no século XVIII São Luís Maria Grignion de Montfort, o santo ao qual se deve a leitura talvez mais inspirada e luminosa da passagem do Génesis que constitui o fulcro da "Ineffabilis Deus": "Porei inimizades entre ti e a mulher, entre a tua descendência e a descendência dela; ela te esmagará a cabeça e tu armarás insídias ao seu calcanhar" (Gn 3, 15).

"Deus - comenta São Luís Maria - não pôs somente uma inimizade, mas inimizades, e não somente entre Maria e o demónio, mas também entre a posteridade da Santíssima Virgem e a posteridade do demónio. Por outras palavras, Deus pôs inimizades, antipatias e ódios secretos entre os verdadeiros filhos e servos da Virgem Maria e os filhos e escravos do demónio. Não há entre eles a menor sombra de amor, nem correspondência íntima existe entre uns e outros!". A oposição entre estas duas famílias espirituais está destinada a dividir implacavelmente a humanidade, até ao fim da história. Sobre este fundo de quadro situa-se a luta entre a Igreja e a Revolução.

As aparições de Fátima de 1917, nas quais foi explicitamente pedida à humanidade a prática da devoção ao Coração Imaculado de Maria, colocaram o segundo selo, depois de Lourdes, à proclamação de Pio IX. Naquele mesmo ano de 1917, a notícia das provocadoras manifestações maçónicas pelas ruas de Roma, que chegaram a passar por debaixo da janelas do Vaticano, levou um jovem padre franciscano polaco, de vinte e três anos, frei Maximiliano Kolbe, a constituir, na tarde do dia 6 de Outubro, a "Milícia da Imaculada", com o fim de "trabalhar pela conversão dos pecadores, heréticos, cismáticos, judeus e especialmente dos maçons; e a santificação de todos sob o patrocínio e a mediação da bem-aventurada Virgem Imaculada". São Maximiliano Kolbe desenvolveu o apostolado da sua Milícia, contrapondo, sobretudo por meio da imprensa, a verdade da doutrina católica aos erros dos inimigos da Igreja, para acelerar "a instauração do misericordiosíssimo Reino da Imaculada sobre a terra". Apóstolo no século XX, do Reino de Maria, São Maximiliano escreve: "Vivemos numa época que poderia ser chamada o início da era da Imaculada. Sob o seu estandarte haverá de combater-se uma grande batalha e haveremos de hastear as suas bandeiras sobre as fortalezas do rei das trevas".

As raízes teológicas desta visão profética (…) encontram-se na "Ineffabilis Deus", o texto de Pio IX, concebido no exílio de Gaeta, durante a Revolução romana triunfante. Ele constitui a premissa do "Syllabus", ao qual está intimamente ligado.


Roberto de Mattei - Pio IX - Porto, Civilização Editora, 2000 - texto extraído das páginas 207 a 215.

sexta-feira, dezembro 03, 2004

Saramago Segundo Nosso Senhor

Já recebi e ouvi integralmente o "Rodrigamente cantando": o José Campos e Sousa fez o favor de me enviar directamente o CD, pedindo-me tão-só que na volta lhe remetesse o respectivo pagamento em cheque; até nisto, a nossa gente é diferente! A minha opinião? Uma autêntica maravilha, com alturas de comoção extrema: "Portugal, tantos de tal…", "Ceia", "Sol-e-Dó da Solidão", "Azul Lusíada" e "Bem Hajam e até "mais ver"!" são momentos excepcionalmente belos de um extraordinário trabalho! Magnífica homenagem à memória de Rodrigo Emílio!

Ora, tendo em conta o espírito que preside a este espaço, aqui transcrevo "Saramago Segundo Nosso Senhor, da autoria do mesmo Rodrigo Emílio, que dedico a todos os que do Brasil e restantes países latino-americanos visitam a "Casa de Sarto".

Saramago Segundo Nosso Senhor, por Rodrigo Emílio

Est'ano Senhora trago
Comigo um pesado encargo
Intenção extra e concisa:
A de orar por Saramago
Que coitado bem precisa

Não tivesse Cristo-Rei
Um tão imenso fair-play
E já irmão Saramago
Agora teria pago
Com juro e língua de palmo
O seu sacrílego salmo…

José Saramago, visto
Ao vivo por Jesus Cristo…
Saramago o escritor
Biografadinho e descrito
Segundo Nosso Senhor:
Havia de ser bonito!...

O que salva é Cristo-Rei
Ter um tão grande fair-play
Quando não Virgem Maria
Esse Evangelho vermelho
Onde é que já não estaria

Proponho assim, por descargo
- Como quem dá a camisa -
Rezarmos por Saramago
Que bem precisa coitado…!
Mãe dos Céus, Oh se precisa.

Dom Fernando Arêas Rifan e o rito de Paulo VI

Desencadeou grande polémica nos meios católicos tradicionais o facto de Dom Fernando Arêas Rifan, Bispo da Administração Apostólica São João Maria Vianney, ter concelebrado Missa segundo o rito de Paulo VI, na Catedral de Nossa Senhora, em Aparecida, Brasil, polémica essa de que temos ecos aqui e aqui.

Em abstracto, já o defendi anteriormente neste espaço e mantenho essa posição, entendo que o rito de Paulo VI, em si mesmo, não é ilegítimo: na esteira do que Monsenhor Lefebvre e Dom António de Castro Mayer sempre sustentaram, aceito que a Missa celebrada em conformidade com o rito paulino é válida se reunir os requisitos que sempre foram utilizados pela Igreja para aferir a validade da Missa de rito latino-gregoriana, ou seja, a existência de matéria lícita (pão não fermentado e vinho), de forma e de intenção do celebrante (pronúncia da totalidade do cânon com o fito de transformar as espécies consagradas no Corpo e Sangue de Cristo), devendo ser preferencialmente rezada em latim e num altar (e não numa mesa…), conforme era intenção inicial daqueles que promulgaram a Constituição sobre a Sagrada Liturgia, durante o Concílio V2.

Sem prejuízo dos factos supra referidos, tal novo rito é, de igual modo, terrivelmente dúbio e ambíguo, transmitindo de forma imperfeita as verdades fundamentais da Fé Católica, nomeadamente no que respeita à Presença Real de Cristo, desprovendo a Missa do seu carácter reverencial, sacro e sacrificial.

Desta maneira, em termos tradicionais, urge evitar o rito de Paulo VI tanto quanto possível: os sacerdotes apenas o devem celebrar em circunstâncias excepcionais, ou em casos de força maior; o mesmo raciocínio é também aplicável aos fiéis leigos, no que concerne à assistência de Missas rezadas de acordo com esse rito.

Na situação concreta em análise, acredito que Dom Fernando Arêas Rifan se encontrasse perante um caso de força maior: membro da Conferência Nacional dos Bispos Brasileiros, depois do acordo celebrado com Roma, no início do ano de 2002, terá pretendido evitar aquilo que poderia ser entendido como uma suposta falta de comunhão com os restantes membros do episcopado brasileiro; compreendendo-se esta postura, decorrente do calculismo e malabarismo diplomático a que passou a estar obrigado por virtude daquele acordo com Roma, deplora-se todavia que o tenha feito numa Missa em que foram praticados vários abusos e exageros litúrgicos, como é possível ver aqui.

Porém, mais grave do que tudo isto, é o comunicado que a Administração Apostólica de São João Maria Vianney emitiu para justificar tal postura, e onde se produzem afirmações realmente desconcertantes, pelo menos para um católico que respeite a tradição.

Renegando um combate de trinta e cinco anos, Dom Fernando Arêas Rifan assume agora que o rito de Paulo VI é o comum da Igreja. Pergunta-se: onde ficam os cânones aprovados na vigésima segunda sessão do Concílio Dogmático de Trento, acerca do Sacrifício da Missa? A Bula "Quo Primum", de São Pio V? Ou, mais prosaicamente, o artigo 4º da Constituição sobre a Sagrada Liturgia, promulgada durante o Concílio V2, e que considera iguais em direito e honra todos os ritos legitimamente reconhecidos, entre os quais se inclui obviamente o latino-gregoriano? Enfim, as sessenta e duas razões para não assistir à Nova Missa?...

Outrossim, lastima-se a confusão tipicamente neocatólica que nesse comunicado se faz entre comunhão com Roma e papolatria, entre resistência legítima nos termos em que a mesma é sufragada por São Paulo, Santo Atanásio, São Tomás de Aquino e São Roberto Belarmino, e cisma, ofendendo-se desse modo, mesmo que indirecta e involuntariamente, a santíssima memória de Dom António de Castro Mayer. E isso é mesmo o mais grave de tudo… Escândalo, diria alguém noutros tempos…

quinta-feira, dezembro 02, 2004

Assinalando a Restauração de Portugal

Assinalando a Restauração de Portugal que se comemorou ontem dia 1 de Dezembro, aqui fica o que o Papa Pio XII, na primeira encíclica do seu pontificado, intitulada "Summi Pontificatus" (1939), escreveu a propósito do amor cristão da pátria:
"Não se deve recear que a consciência da fraternidade universal, fomentada pela doutrina cristã, e o sentimento que ela inspira estejam em contraste com o amor às tradições e glórias da própria pátria, ou impeçam que se promovam a prosperidade e os interesses legítimos, porquanto essa mesma doutrina ensina que existe uma ordem estabelecida por Deus no exercício da caridade, segundo a qual se deve amar mais intensamente e auxiliar de preferência os que estão a nós unidos com vínculos especiais. E o Divino Mestre deu também exemplo dessa preferência pela sua pátria, chorando sobre as ruínas da Cidade Santa. Mas o legítimo e justo amor à própria pátria não deve excluir a universalidade da caridade que faz considerar também aos outros a sua prosperidade, na luz pacificadora do amor".

terça-feira, novembro 30, 2004

Isabel la Católica, Reina de Castilla y Santa, a los 500 años de su muerte

El pasado 26 de Noviembre se cumplieron 500 años de la muerte de Isabel la Católica. A Isabel la Católica debemos venerarla como Santa, pues es evidente que ha habido unas irregularidades tremendas en su proceso de canonización, el cual ha sido bloqueado a última hora por rechazo expreso de la comunidad judía, caso paralelo al del Papa Pío XII.
El 28 de Septiembre del 2002 el diario por excelencia del establishment español, El País, publicaba que «Roma detiene la beatificación de la soberana española, pedida por Rouco, para evitar polémicas con la comunidad judía».
Mons. Flavio Capucci, que fue el que llevó a buen término la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer –fundador del Opus Dei- dijo querer evitar polémicas con la comunidad judía, que no perdona la expulsión de los judíos de España en 1492. Resulta que esta expulsión era acorde a derecho de la época, y está justificada por el judío (y hoy día católico) Prof. Luis Suárez, el mejor medievalista hispánico vivo. Su libro La expulsión de los judíos, publicado por la fundación MAPFRE en 1992, es un estudio prácticamente definitivo sobre este particular.
Para poner las cosas en su lugar hay que citar al excelente hispanista William Thomas Walsh, que escribiera una biografía de Isabel la Católica, y el Profesor Philip Powell, autor de un demoledor libro contra la leyenda negra de españoles y portugueses titulado originalmente Tree of Hate. Incluso un famoso protestante español como César Vidal le rinde tributo.
Empieza a existir una devoción privada hacia la Reina de Castilla curiosamente más patente en Estados Unidos que en la propia España. La comisión de su proceso de canonización ha admitido ya varios milagros, aunque se quiere hacer caer sobre ello un tupido velo de silencio.
La imagen que la leyenda negra presenta de ella (véase sobre este particular el libro La leyenda negra, de Julián Juderías) no cuadra con los hechos. De entrada la Reina distaba de ser antisemita. Sirva citar como ejemplo que su Secretario, su Confesor y el primer Inquisidor de España eran todos de raza hebrea.
El programa de gobierno de Isabel la Católica al tomar el centro de Castilla fue «el servicio de Dios, el bien de las Iglesias, la salvación de todas las almas y el honor de estos reinos». La humanidad de la Reina quedó demostrada en su testamento: «De acuerdo a mis constantes deseos, y reconocidos en las Bulas que a este efecto se dieron, de enseñar, doctrinar buenas costumbres e instruir en la fe católica a los pueblos de las islas y tierras firmes del mar Océano, mando a la princesa, mi hija, y al príncipe, su marido, que así lo hayan y cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, y non consientan ni den lugar que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y tierra firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados. Y si algún agravio han recibido, lo remedien y provean».
Cuando uno toma conciencia del terrible siglo XIV y primera mitad del XV en Castilla, del riesgo enorme de que todo el territorio que había sido ganado por el Santo Rey Fernando III de Castilla y León pudiera volver a ser retomado por los sarracenos, de los enormes problemas de gobierno interno a que se enfrentó Isabel la Católica uno no puede sino ver en ella esa mujer providencial enviada por el Altísimo que salvó a la patria castellana y que dio pie a la moderna articulación del Imperio español. Es, a todos los niveles, una mujer cuya ejemplaridad en todos los órdenes y heroicidad en las virtudes es incuestionable y que salvó a España, como Santa Juana de Arco salvara a Francia.
Con el atrevimiento de que esta pluma pronuncie lo que sólo a Roma compete, pero con la seguridad de simplemente adelantarme un tiempo a que Roma lo proclame, no me queda sino acabar rogando a Santa Isabel la Católica que interceda por nosotros.
Rafael Castela Santos

domingo, novembro 28, 2004

A segunda vinda de Cristo

Embora entremos já este Domingo no período adventício, não poderíamos deixar de abordar e comentar brevemente neste blogue, pelo assunto de que trata, o Evangelho com que se encerra o ano litúrgico no calendário católico tradicional e que profetiza a segunda vinda de Cristo, temática apocalíptica tão querida à figura e ao pensamento do Padre Leonardo Castellani, S.J., cuja influência decisiva esta "Casa" reclama.

Comecemos por transcrever as palavras proferidas por Cristo no capítulo 24, do Evangelho segundo São Mateus, versículos 3 a 14:

"Estando Ele sentado no Monte das Oliveiras, os discípulos aproximaram-se e perguntaram-lhe em particular. "Diz-nos quando acontecerá tudo isto e qual o sinal da tua vinda e do fim do mundo".

Jesus respondeu-lhes: "Tomai cuidado para que ninguém vos desencaminhe. Porque virão muitos em meu nome, dizendo: "Sou eu o Messias". E hão-de enganar muita gente. Ouvireis falar de guerras e de rumores de guerras, mas não vos assusteis. Isso tem de acontecer, mas ainda não será o fim. Há-de erguer-se povo contra povo e reino contra reino, e haverá fomes, pestes e terramotos em vários sítios. Tudo isto será apenas o princípio das dores.

Então, irão entregar-vos à tortura e à morte e, por causa do meu nome, todos os povos irão odiar-vos. Nessa altura, muitos sucumbirão e hão-de trair-se e odiar-se uns aos outros. Surgirão muitos falsos profetas, que hão-de enganar a muitos. E, porque se multiplicará a iniquidade, vai resfriar o amor de muitos; mas aquele que se mantiver firme até ao fim será salvo. Este Evangelho do Reino será proclamado em todo o mundo, para se dar testemunho diante de todos os povos. E então virá o fim".

Para os últimos tempos, Cristo anuncia uma perseguição generalizada contra a Igreja à escala mundial. Pergunta-se: que outra força teria capacidade para desencadear um ataque de tal porte e dimensão, que não um poder organizado a um nível global, estribado numa ideologia e em obras profundamente anticristãs? Não denuncia Ele afinal, para quem O quiser ouvir, a ascensão da nova ordem mundialista e jacobina, inimiga denodada dos valores tradicionais do Ocidente e empenhada na eliminação destes por quaisquer meios necessários, como hoje já começamos a vislumbrar nitidamente?

Exagero, dirão alguns dos nossos leitores: como sabemos que os tempos descritos por Cristo são estes que vivemos? Retornemos ao mesmo capítulo do Evangelho segundo São Mateus, agora aos versículos 15 a 22:

"Por isso, quando virdes a abominação da desolação, de que falou o profeta Daniel, instalada no lugar santo, - o que lê entenda - então, os que se encontrarem na Judeia fujam para os montes; aquele que estiver no terraço não desça para tirar as coisas de sua casa; e o que se encontrar no campo não volte atrás para buscar a capa. Ai das que estiverem grávidas e das que andarem amamentando nesse dias! Rezai para que a vossa fuga não se verifique no Inverno ou em dia de sábado, pois nessa altura a aflição será tão grande como nunca se viu desde o princípio do mundo até ao presente, nem jamais se verá. E, se não fossem abreviados esses dias, criatura algum se poderia salvar; mas, por causa dos eleitos, esses dias serão reduzidos".

O que é esta abominação da desolação? Para acharmos a resposta, temos de ir até ao Antigo Testamento, ao livro de Daniel, capítulo 8, versículos 5 a 14, no qual esse Profeta nos conta:

"Enquanto eu pensava atentamente, eis que um bode novo veio do ocidente e percorreu a terra toda sem tocar no chão; tinha entre os dois olhos um chifre muito saliente. Chegou até junto do carneiro de duas hastes, que eu tinha visto deter-se em frente do rio, e correu contra ele num acesso de furor.

Vi-o aproximar-se do carneiro Cheio de fúria e raiva contra ele, agrediu-o, partiu-lhe os dois chifres, sem que o carneiro tivesse tido a força de lhe resistir. O bode lançou por terra o carneiro e calcou-o com as patas e ninguém interveio para livrar o carneiro do seu adversário.

O bode, então, cresceu extraordinariamente. Mas quando se tornou forte, o chifre grande partiu-se e foi substituído por quatro outros chifres, alongados na direcção dos quatro ventos do céu.

De um destes chifres, aliás o mais pequeno saiu um outro chifre, que consideravelmente se desenvolveu na direcção do sul, na direcção do oriente e na direcção da nação gloriosa. Cresceu até atingir o exército dos céus, do qual fez cair para a terra muitas estrelas e calcou-as com as patas. Levantou-se mesmo contra o chefe deste exército, cujo sacrifício perpétuo aboliu e arrasou o santuário e o exército de Deus. Em vez do altar dos sacrifícios, introduziu a iniquidade e atirou por terra a verdade. O chifre pequeno teve bom êxito na sua empresa.

Vi um santo que falava, a quem um outro santo perguntou: "Quanto tempo durará o que anuncia a visão, a propósito do holocausto perpétuo, da abominação devastadora, do abandono do santuário e do exército dos fiéis calcada aos pés?"Aquele respondeu-lhe: "Duas mil e trezentas tardes e manhãs. Depois disso, o santuário será restaurado.
"
[destaques nossos]

Como não ver no carneiro atacado pelo bode uma metáfora da Igreja agredida, seviciada e ocupada pelo erro modernista, que não hesita em substituir a verdadeira religião católica e o culto prestado a Deus, por uma pseudo-religião antropolátrica, idolatradora do mundo e das suas falsidades, consubstanciada na eliminação da Missa de rito latino-gregoriano ou tridentina - a abolição do sacrifício perpétuo do chefe do exército [Cristo] e a destruição do santuário -, e na sua troca por um novo rito - a Missa de Paulo VI - de cunho profundamente ambíguo, a roçar o herético? E como não concluir que as estrelas caídas do céu mais não são do que a maior parte dos homens de Igreja, que depois do V2, cegados pelo orgulho e conquistados pelo modernismo, não hesitaram em abjurar a Fé e a Tradição bimilenares, dando preferência à mentira mundana? Que outra coisa é a multiplicação da iniquidade a que Cristo alude, na primeira passagem supra transcrita?

De resto, este juízo é corroborado por São Paulo, na 2ª Carta aos Tessalonicenses (capítulo 2, versículos 1 a 14), onde o grande Apóstolo expressamente nos diz:

"Acerca da vinda de Nosso Senhor Jesus Cristo e da nossa reunião junto dele, pedimo-vos irmãos, que não percais tão depressa a presença de espírito, nem vos aterrorizeis com uma revelação profética, uma palavra ou uma carta atribuída a nós, como se o dia do Senhor estivesse iminente. Ninguém, de modo algum, vos engane.

Com efeito, antes deve vir a apostasia e manifestar-se o homem da iniquidade, o filho da perdição, o adversário, aquele que se ergue contra tudo o que se chama Deus ou é objecto do culto, até a ponto de ele próprio se sentar no templo de Deus e de se ostentar a si mesmo como Deus. Não vos lembrais de que, quando ainda estava convosco, vos dizia estas coisas? E agora sabeis o que o detém para que se manifeste no momento que lhe toca.

Com efeito, o mistério da iniquidade já está em acção; basta que seja afastado aquele que agora o detém. Então é que se manifestará o iníquo que o Senhor destruirá com o sopro da sua boca e aniquilará com o fulgor da sua vinda. A vinda do iníquo dá-se por obra de Satanás, com toda a espécie de milagres, prodígios enganadores, com todo o tipo de seduções de injustiça para os que se perdem, porque não acolheram o amor da verdade para serem salvos. Por isso, Deus manda-lhes uma força que leva ao erro para que acreditem na mentira, e sejam condenados todos os que não acreditarem na verdade mas sentirem prazer na injustiça.

Nós, porém, devemos dar continuamente graças a Deus por vós, irmãos amados do Senhor, pois Deus vos escolheu desde o princípio para a salvação na santificação do Espírito e na fé da verdade. A isto Ele vos chamou por meio do nosso Evangelho: à posse da glória de Nosso Senhor Jesus Cristo."

Em face do exposto, parece notório que entramos nos tempos apocalípticos, aqueles que antecedem a segunda vinda de Cristo à Terra; saibamos estar à altura desta circunstância histórica absolutamente excepcional. Apesar desta mensagem possuir elementos que podem deixar uma pessoa desprevenida à beira de um ataque de pânico, para um católico crente ela mais não é do que um motivo de esperança: ademais de nos auxiliar a melhor ultrapassar tais dias, prevenindo-nos perante estes e minimizando os estragos que os mesmos de outra maneira causariam, ela acima de tudo assevera-nos o triunfo da verdade sobre a mentira, da liberdade sobre o pecado, da vida sobre a morte, do bem sobre o mal, da Igreja sobre a sinagoga e as portas do Inferno.

Voltemos a São Mateus, capítulo 24, versículos 29 a 44:

"Logo após a aflição daqueles dias, o Sol irá escurecer-se, a Lua não dará a sua luz, as estrelas cairão do céu e os poderes dos céus serão abalados. Então, aparecerá no céu o sinal do Filho do Homem e todos os povos da terra se lamentarão e verão o Filho do Homem vir sobre as nuvens do céu, com grande poder e glória. Ele enviará os seus anjos, com uma trombeta altissonante, para reunir os seus eleitos desde os quatro ventos, de um extremo ao outro do céu.

Aprendei da comparação tirada da figueira: quando os seus ramos se tornam tenros e as folhas começam a despontar, sabeis que o Verão está próximo. Assim também, quando virdes tudo isto, ficai sabendo que Ele está próximo, à porta. Em verdade vos digo: Esta geração não passará sem que tudo isto aconteça. O céu e a terra passarão, mas as minhas palavras não hão-de passar.

Quanto àquele dia e àquela hora, ninguém o sabe: nem os anjos do Céu nem o Filho; só o Pai. Como foi nos dias de Noé, assim acontecerá na vinda do Filho do Homem.

Nos dias que precederam o dilúvio, comia-se, bebia-se, os homens casavam e as mulheres eram dadas em casamento, até ao dia em que Noé entrou na Arca; e não deram por nada até chegar o dilúvio, que a todos arrastou. Assim será também a vinda do Filho do Homem. Então, estarão dois homens num campo: um será levado e outro deixado; duas mulheres estarão a moer no mesmo moinho: uma será levada e outra deixada.

Vigiai, pois, porque não sabeis em que dia virá o vosso Senhor. Ficai sabendo isto: Se o dono da casa soubesse a que horas da noite viria o ladrão, estaria vigilante e não deixaria arrombar a casa. Por isso, estai também preparados, porque o Filho do Homem virá na hora em que não pensais."
[destaques nossos]

quinta-feira, novembro 25, 2004

Júlio Fleichman

[O Rafael encheu-se de coragem e, em estreia, escreveu este artigo em português].
O sempre mais que recomendável O Indivíduo entrevistou o Dr. Júlio Fleichman, um dos principais discípulos de Gustavo Corção. A Casa de Sarto reproduz parte da entrevista. O Dr. Júlio Fleichman é um judeu convertido ao Catolicismo, e pai de Dom Lourenço Fleichman, O.S.B., grande homem de Igreja e um firme defensor da Tradição.
Dedico este postal ao nosso caro amigo e leitor Jacobo San Miguel: ele sabe muito de Benjamín Benavides, de Santa Edith Stein, de São João da Cruz, do pai Leonardo Castellani e de Sören Kierkegaard. Pela minha parte não posso por menos de recomendar ao Jacobo e aos nossos leitores o livro de o dr. Júlio Fleichman
“O Itinerário Espiritual da Igreja Católica”, uma análise escatológica em profundidade da História da Igreja.

O INDIVÍDUO: Como foi o seu encontro com Gustavo Corção? Como o senhor chegou a conhecê-lo?
Dr. Júlio Fleichman: Eu era um judeu já adulto e tinha um amigo chamado Frederico de Carvalho. Nós tínhamos um grupo de amigos de 19, 20 anos, e nos encontrávamos à noite e andávamos pelas ruas. O que fazíamos principalmente era discutir. Discutíamos cultura, arte, filosofia, política – tudo provavelmente na base da chutação. Éramos três ou quatro. Um deles, Frederico de Carvalho, era mais velho e não participava muito das discussões. Mas às vezes fazíamos as conversas na casa dele, porque ele era o único casado. Ele conhecia um centro chamado "Resistência Democrática" que tinha sido fundado por escritores e políticos católicos, e um socialista chamado Hílcar Leite, que era um socialista de tipo raro, que acho que hoje em dia não existe mais, porque ele era de uma idoneidade intelectual fora do comum. Essa instituição tinha grandes personalidades, como Fernando Carneiro e Gustavo Corção, e lá aconteciam debates, freqüentemente muito engraçados.
O fato é que o Frederico nos levou a esse ambiente, e nos falava de Corção, que tinha lançado seu primeiro livro, "A descoberta do outro", e tinha sido saudado pela crítica como uma revelação, foi comparado a Machado de Assis. Esse livro conta a história da conversão de Corção, que aconteceu aos 40 anos. Então, eu comecei a freqüentar esse grupo e me encantei. Na época, eu não era religioso, não era judeu praticante. Também não me envolvia diretamente em política; tinha tido simpatias pelo comunismo, mas nunca me envolvi muito. Agora, eu tinha interesse pelo assunto. E nesses debates Gustavo Corção ganhava, porque ele era muito vivo, muito culto, muito engraçado, e ele logo atraía a atenção das pessoas. Me interessei muito por ele e ouvi dizer que ele tinha um curso, que ele dava umas aulas de religião no Centro Dom Vital, que naquele tempo era na Praça Quinze. Era um prédio que pertencia, ou era emprestado à Cúria, e tinha lá os cursos religiosos, entre os quais o do Corção. E eu ia para lá.
Embora não religioso, eu me interessava particularmente pela inteligência dele. Havia lá uns dez, doze pessoas, todos moços, mas, em geral, mais velhos do que eu, todos casados. Naturalmente, eles, como católicos já praticantes, me olhavam como uma presa a ser capturada com interesse de conversão e havia entre nós um debate, fora da aula, onde nós discutíamos muita política. Eu ficava furioso, porque ainda tinha simpatias pelo comunismo e eles eram amigos de Carlos Lacerda, que nessa época, isso foi em 1950, estava fundando a "Tribuna da imprensa". Ele era cronista do "Correio da manhã", e eu não o lia e não gostava. Mas fiquei irritado com a campanha dele contra o candidato comunista nas eleições de 1950, que se chamava de Fiúza, e ele chamava de Rato Fiúza.
Foi quando começava a surgir a "Tribuna da imprensa" e Corção escrevia lá uma pequena crônica, sempre muito engraçada, e me apaixonei pela personalidade e pela inteligência dele.
Naquela época, eu era um leitor ávido, lia tudo que me caía nas mãos. Li um livro de um escritor inglês chamado Chesterton, um católico polemista muito vivo, amigo mas oponente de Bernard Shaw, e um livro de São Tomás. E eu fiquei furioso com aqueles livros.
Um amigo meu virou-se para mim e perguntou por que é que eu tinha toda aquela gana contra esse tipo de católico. Por que essa raiva toda?. E eu olhei para ele e não soube responder.
Depois, me caiu nas mãos um livro de Kierkegaard, A angústia humana. E eu gostava de andar na rua pensando nessas coisas que eu lia, até que um dia, de repente, me aconteceu uma espécie de ajuste. Foi como se dentro da minha alma alguma coisa que estava distorcida, contorcida, se colocasse no lugar. E me deu um vento interior de sanidade – não tive nenhuma revelação, mas senti um bem estar, como se eu, enfim, entendesse certas coisas. Até então eu tinha uma reputação de doutor-sabe-tudo junto a meus amigos, e o fato é que tudo que me aparecia, inclusive o catolicismo, que eu desprezava, tudo eu enquadrava numas certas colocações que, no fundo, significavam que eu julgava que sabia tudo, que tinha tudo mais ou menos equacionado.
Com esse livro do Kierkegaard, e com esse ajuste, eu de repente me dei conta de um universo que eu simplesmente não sabia que existia, que era o da minha alma, meu eu interior. A minha vida interior era angustiada, sem eu perceber. No Kierkegaard tinha um capítulo inteiro onde ele dizia que a situação do mundo era justamente essa, viver numa angústia que nem percebe. Era a angústia de uma distorção espiritual em que as pessoas vivem sem nem perceber. Era o meu caso.
E as coisas que eu estava lendo começaram a fazer sentido. Comecei a ver que a tal cultura, a tal mentalidade que eu tinha, e pensava que o universo inteiro cabia dentro dela, era uma caixinha de fósforos pequeninha e errada, e o universo era uma coisa muito mais ampla, complexa e rica do que a minha caixinha.
Com isso, e com a freqüência ao Centro, e depois passei a freqüentar o mosteiro de São Bento, eu fui começando a perceber esse tipo de universo amplo, até que um dia fui bater no mosteiro e pedi a dom Marcos Barbosa que me batizasse. A primeira vez que ele marcou eu não fui, eu fugi, mas depois eu fui finalmente batizado. Frederico de Carvalho foi o meu padrinho e apareceram três freiras do Sion a quem Corção tinha pedido que rezassem pela minha conversão. Afinal, me converti e nunca mais deixei o Corção e segui firme no caminho que tinha que seguir.
Comecei a ajudar Corção na medida do possível. O Centro Dom Vital tinha sido fundado por Jackson de Figueiredo no princípio do século. Era uma organização que reunia escritores católicos. Na época, o presidente do centro era Alceu Amoroso Lima e, quando comecei a freqüentar o centro, procurei assistir às aulas dele, mas logo me enchi. Vi que aquilo era un negócio meio sumário, apesar da grande fama de scholar que ele tinha. Um esquerdista da época, Joaquim Pimenta, dizia que a cultura dele era uma cultura de fichário. E devia ser mesmo. Ele dividia todos os problemas em três e aí ia tratando deles. Para um novato, no princípio, era muito interessante, porque ele simplificava os problemas e ele resolvia tudo, mas logo descobríamos que não era assim, que aquilo era muito simplório.
Em 1963, o Alceu começou a tomar posições esquerdistas e entrou em conflito com Corção, que era vice-presidente. Então, saímos do Centro e, mais tarde, em 1968, fundaríamos a Permanência.
A Permanência foi fundada com todo o apoio do episcopado da época, o cardeal-arcebispo do Rio de Janeiro celebrou a missa de fundação. Alugamos o quarto de empregadas da casa de umas polonesas que tinham ali uma organização de senhoras polonesas, e ali fazíamos as conferências e as missas. Com a missa do cardeal, foi fundada religiosamente a Permanência.

Rafael Castela Santos

terça-feira, novembro 23, 2004

España como muestra del neocapitalismo amoral

L’Esclat es una publicación digital catalana que viene ya reivindicando hace mucho tiempo una cosmovisión eminentemente católica e hispánica de las Españas. Queremos dejar no sólo constancia a los lectores de A Casa de Sarto de su existencia, sino de los excelentes textos con que está sazonada.
Como ejemplo de ello reproducimos a continuación “la pluma roja”
, reflejando la labor de laminación de la cultura cristiana desarrollada por los antiguos comunistas, hoy reciclados en ultracapitalistas financieros en lo económico, cosmopolitistas en lo político y nihilistas en lo filosófico, pero a los cuales el sistema ha otorgado el monopolio de la cultura. España, donde la omnipresencia de un grupo mediático-editorial (PRYSA) es masiva, es un buen ejemplo de cuáles son los resultados de semejante labor de destrucción por parte de estos “rojos” renovados. La connivencia de la llamada “derecha” liberal con la siniestra –palabra latina que designa la izquierda … y no en vano- queda ilustrada en el texto. El italiano Croce habló ya en los cuarenta de la barbarie que se venía encima al mundo, el orden inicuo de lo que él denominó con excelente criterio “neocapitalismo amoral”.
Porque la Ciudad, la Polis, no tiene más que dos opciones. O con Cristo o contra Él, como nos recordaba San Agustín. Cuando nuestras naciones y esta Europa reniegan de Cristo sólo se puede esperar el suicidio de nuestras Patrias en lo político y la vuelta a la barbarie en lo cultural y lo filosófico, sólo que ahora no sería como en los tiempos precristianos sino que sería una barbarie luciférica. Estos intelectuales orgánicos y no orgánicos, estos escritores e ideólogos de la “pluma roja” son la anti-civilización occidental y cristiana. De ahí que haya, más que nunca, que volver a los clásicos: a Grecia, a Roma, a los Evangelios y a los Santos Padres.

La pluma roja
Miguel Angel Espasadín
La izquierda monopoliza la cultura y los medios de comunicación en España. La herencia estratégica del comunista Gramsci sigue siendo asumida por los partidos socialistas occidentales, y, especialmente, por el PSOE. Recordemos que Gramsci primaba la infiltración cultural a la violencia para la conquista del poder en Occidente.Se trata de conquistar las superestructuras del poder (la prensa, el cine, el teatro, la radio, la cátedra, los ateneos, la música, las salas de arte, los círculos intelectuales, etc.) para así conquistar a la sociedad civil y tomar el poder. El mundo de la educación, el de la cultura y el de la información, son los objetivos preferentes de la infiltración izquierdista.Transcurridos ya doce años desde la caída del Muro de Berlín, los comunistas, reciclados en socialdemócratas, siguen controlando la cultura y la información. La antorcha gramsciana ha pasado de manos comunistas a manos socialistas, pues los partidos socialistas occidentales no esconden que admiran la inteligencia y el éxito que esta estrategia posee. El fracaso del comunismo fue debido al espantoso desastre económico, tecnológico y espiritual de los países que configuraban el bloque soviético, pero la estrategia gramsciana de infiltración, fue y sigue siendo un éxito izquierdista en Occidente. El socialismo occidental toma el relevo y su “pluma roja” nos bombardea a diario por tierra, mar y aire desde su privilegiada posición en lo alto de la colina cultural e informativa.Y es bien sabido que quien domina la información domina el poder político o no tardará en conseguirlo. El mundo cultural y el informativo son las dos llaves que abren la puerta del poder político. De poco le servirá a la pusilánime y lerda derecha liberal esgrimir éxitos económicos, está abocada al fracaso y la derrota, debido a su acomplejamiento, mimetismo, cobardía y vacío cultural.La “pluma roja” es capitaneada en España por el magnate de la información Señor Polanco, dueño de El País, Canal Plus, Editorial Santillana y de infinidad de peones situados estratégicamente en el mundo de la comunicación. Es también dueño de la Cadena Ser de radio, y dueño también del PSOE.La “pluma roja” del Sr. Polanco aplaude el progresismo disgregador en la Iglesia. Defiende el aborto, estimula el divorcio, justifica la droga, se regodea en la inmoralidad sexual, ridiculiza la moral cristiana, se mofa del Papa, persigue al patriotismo, fomenta la homosexualidad, descristianiza a España, alaba la masonería, ataca a la familia, manipula la información distorsionando, inventando o silenciando noticias. La “pluma roja” condiciona a los escritores, a los músicos, a los cantantes, a los pintores, puesto que solo elogia a los que se manifiestan en una determinada línea, mientras vapulea o silencia a los otros, con lo que consigue la subversión general de la cultura.Se dedica a pastorear el rebaño del esnobismo intelectual. Se mofa de la historia de España. Se fascina con la decadencia, degeneración y depravación social que el mismo ha contribuido a crear.La “pluma roja” es capitalista en lo económico e izquierdista en lo moral y en lo espiritual.La “pluma roja” es el resultado de la unión bastarda entre la finanza y el progresismo. La derecha liberal (igualmente bastarda) ni puede ni quiere contrarrestar la influencia mediática y cultural de la izquierda.Del vacío ideológico y cultural se ha pasado al esperpento mimético, y así tenemos a un Aznar admirador de Azaña y de las brigadas internacionales, que al mismo tiempo condena (con su silencio cómplice) el Alzamiento Nacional del 18 de Julio. Con el partido popular en el poder, a la izquierda ya no le queda más recurso que apelar al resentimiento histórico para no aburrirse, pero incluso así, es superada por la estupidez histórica del Aznar y su P.P.Con el P.P. o con el P.S.O.E. (que son lo mismo) tendremos monopolio de la cultura de izquierda con el ataque a Dios, la Patria y la Justicia que ello supone. Mientras tanto, un pueblo oprimido y aturdido no sabe que camino coger.La opinión pública está atontada y anestesiada por el terrorismo intelectual del sistema.Pero si no queremos que todo se desmorone, habrá que superar una época que se hace irremediablemente vieja.Habrá que construir un mundo nuevo en el que Dios y España recobren el glorioso lugar que les corresponde.

Rafael Castela Santos

sábado, novembro 20, 2004

20 de Novembro

Assinalando a passagem do 20 de Novembro, aqui fica como homenagem a José António Primo de Rivera e a Francisco Franco - Presentes! -, o bonito poema "Romance de Castela em Armas", de Frederico Urrutia, traduzido por António Manuel Couto Viana:

Na cinzenta geografia
da região castelhana
iam os moços cantando
canções, pela madrugada.

Longe, no largo da aldeia
à sombra da igreja oirada,
as moças estão chorando:
Mãe, os moços abalaram!

Os seus fatos domingueiros,
o trilho, o feno e a enxada,
mais os cavalos da feira
e a noiva que bordava,

tudo ali ficou, na aldeia
à sombra da igreja oirada.
- Por que partes para a guerra?
-Ó mãe, a pátria me chama!

Ávila jaz em silêncio,
nos seus muros apertada.
Segóvia, em recolhimento,
dorme à sombra do Alcácer.

Em Toledo se apagaram
doces idílios da Cava.
Burgos e Valladolid
marcham firmes na cruzada.

E ficou muda de amores
a Praça de Salamanca.
Todos os homens partiram
ao começar a batalha.

O Cid - estrela de ferro -
pelo espaço cavalgava,
com uma espada de fogo
em fráguas de Sol forjada.

A água mudou-se em sangue
pela margem do Jarama.
Próximo de S. Servando
o Tejo, que antes banhava
milagres de verde fruta
pela veiga toledana,
vendo o Alcácer destruído
pelas noites suspirava.
Cantos de trincheira bordam
os picos do Guadarrama,
e o Alto do Leão
dos leões hoje se chama.

Naquele Cerro dos Anjos
a que os anjos fazem guarda,
fuzilaram Jesus Cristo.
E todas as pedras sangram!
Porém, não temas, ó mãe!
Toda a Castela está em armas!
Madrid já se vê bem perto.
Ouves? - Franco! Arriba Espanha!
A hidra vermelha morre
de baionetas cercada.
Já tem as carnes fendidas
e as fauces dilaceradas.

Lá muito longe, na aldeia
à sombra da igreja oirada,
junto do fogo campestre,
milhares de mães rezavam
pelos filhos que partiram
vestida de azul a alma.
Não chores, ó mãe, não chores,
Pois a guerra já está ganha!
Antes que ceifem os trigos
voltarei pela azinhaga
e haverá festa na aldeia
e sinos às badaladas.
E haverá risos nas moças
e alegria nas guitarras
e desfiles pelas ruas
e tambores e doçainas
e bandeiras da Falange
à sombra da igreja oirada.

Madrid já se avista de perto!
Toda a Castela está em armas!

Na cinzenta geografia
da região castelhana,
cravadas nas espingardas,
as baionetas brilhavam.
O Cid, camisa azul,
Pelo espaço cavalgava…

quinta-feira, novembro 18, 2004

Glosando a Félix Lamas - La Patria

Y para finalizar esta serie triple (El estado, la nación y la Patria), volvemos a escoger otra editorial del profesor argentino Félix Lamas extractada de la revista Moenia. La cursiva son mis glosas.
Con esto finalizamos en A Casa de Sarto esta aproximación desde un punto de vista católico y tradicional a estos tres conceptos (estado, nación y Patria) tan a menudo mal utilizados. Una vez más señalamos que Félix Lamas es discípulo del Catedrático de Filosofía del Derecho Don Francisco Elías de Tejada, auténtico prohombre del Carlismo, doctrina política hispánica que ha sabido llevar el Tomismo a la política. Aprovecho para saludar a nuestros pocos, pero fieles, lectores, entre los que quiero destacar a Manuel Azinhal
y a O Corcunda, quienes de manera distinta inspiraron estas pequeñas glosas.
Sólo quisiera que estas últimas glosas, por el momento, a Félix Lamas nos sirvieran a los que ahora somos “ciudadanos de Europa” y que otrora fuimos miembros –y destacados- de la Cristiandad, para reflexionar sobre la iniquidad de la llamada Constitución Europea. Con la Patria no se juega. Defendamos las Patrias de Portugal y España, así como cualquier otra Patria. Esto pasa, entre otras cosas, por votar no a ese intento voluntarista de anulación de las Patrias de la maldita Constitución Europea y su más maldito aún Reglamento.


Amar la patria es el amor primero
y es el más grande amor, después de Dios,
y si es crucificado y verdadero
ya son un solo amor, ya no son dos.

Leonardo Castellani (fragmento)


“Después de Dios, los padres y la patria son también principios de nuestro ser y gobierno, pues de ellos y de ella hemos nacido y nos hemos criado. Por lo tanto, después de Dios, a los padres y a la patria es a quienes más debemos.”
Sto. Tomás de Aquino, S.T., II-II q101, a.2


“El bien común político es el primer principio práctico en el orden temporal. Sobre la verdad de esta proposición no cabe dudar; empero, ella es una formulación abstracta que vale en el campo de la ciencia o del pensamiento racional, pero que no resulta inmediatamente operativa en el pensamiento vivido. Lo abstracto, en tanto tal, no puede ser objeto de amor; y en el hombre el amor -en cuanto acto elícito de la voluntad- es el principio vivido eficiente de la operación. Nadie da la vida por la “comunidad política” en general. En cambio, cuando es necesario, se derrama la sangre por la patria. El bien común se concreta y se torna primariamente real -en primer lugar- en el bien de la patria; de la patria singular y propia de cuyo seno cada uno ha salido para incorporarse en y por ella a la historia y al ámbito de una geografía con sentido espiritual. La doctrina del bien común, por lo tanto, en la medida en que pretenda ser una doctrina inmediatamente práctica, debe concretarse en la doctrina de la unidad, la libertad, la grandeza y la prosperidad de la patria; ella se carga así de la significación inmediata y del contenido afectivo que aseguran su eficiencia colectiva.”

Algo pues hay en la Patria como algo que puede “ser entendida emotivamente”, aunque estrictamente hablando nada se entiende con la emoción. Sin embargo, el que pueda ser sentida, o el que se pueda sufrir por ella, no restringe su entidad a tal sentimiento. Muy por el contrario hay un profundo acto intelectual que entra en la aprehensión de la Patria, simplemente porque sólo se ama lo que se conoce. Equiparar la Patria a un sentimiento, por noble que éste fuese, sería desvestir el patriotismo de toda virtud. Es algo así como reducir a Dios al mero sentimiento religioso, herejía modernista que la A Casa de Sarto abomina.

“Hay una vinculación lingüística y nocional originaria entre el concepto de patria y la paternidad, que es común a todo los pueblos indoeuropeos. No se trata en este caso de la paternidad en sentido biológico sino social, como cabeza, origen o autoridad de una estirpe o de una casa. El padre de familia encarna la continuidad de ésta, asegurada y simbolizada en el culto familiar. La familia así entendida excede el marco de la carne y de la sangre -aunque lo suponga- y propiamente consiste en el vehículo de inserción histórica del hombre en la vida política y religiosa; es a la vez un elemento fundamental en su formación. Pues bien, la patria es como la continuación de la familia en el orden perfectivo. En la patria los lazos biológicos y amistosos son menos evidentes e intensos que en núcleo doméstico; pero en cambio su capacidad formativa de la personalidad social e histórica de los hombres es mucho mayor. Ella encarna la vinculación con un pasado e incluye un plexo de posibilidades para el futuro. Ella se verifica y concreta la cultura y la civilización como bienes específicamente humanos. Pero: ¿Qué es ella en realidad? ¿Es la tierra de nuestros padres? ¿Es la tierra donde se ha nacido? ¿Es, acaso, la tradición?”

A mayor abundamiento, Lamas especifica en este párrafo una serie de atributos de la Patria como modo de aproximar una primera definición. En primer lugar, puede parecer extraño que Lamas hable de la familia como algo que excede a los lazos de sangre. La fuente de esta noción es la sociedad heleno-romana, en la que la familia era una institución política, semejante al clan pero mucho más sofisticada y abierta. A menudo se olvida, al establecer las fuentes del sistema feudal, que el origen inmediato de la alianza política y militar que se conoció como el lazo feudal es el sistema de los “clientes” romanos (y su análogo griego). Los clientes eran discípulos o subordinados del pater familias, que desde el punto de vista social –y mucho más político- eran familiares, aunque no tuvieran relación de sangre alguna. Los círculos de alianzas durante la república romana, y aún durante el imperio, no se entienden sino desde este punto de vista. La familia era una institución más próxima a las familias de la mafia (claro que sin los elementos delictivos de ésta) que a la moderna “familia nuclear”, o incluso la “familia extendida” de los anglosajones. Un claro ejemplo de esto es en las antiguas familias portuguesas o españolas –en realidad en toda la Hispanidad- donde había “criados” o “domésticos” que eran literalmente parte de la familia y cuya filiación era social y cultural, no de sangre. ¿Quién no conoce familias donde ha habido primos o sobrinos que se quedaban huérfanos y eran incorporados y tratados exactamente como si fueran de la familia por parte de quienes los adoptaban? En tierras lusas y españolas a ambos lados del Atlántico hay familias donde incluso un hijo ilegítimo es incorporado a la familia exactamente al mismo nivel que los legítimos. Bien es cierto que en esto último también está esa capacidad sanadora del Sacramento del Matrimonio, que permite lo que los teólogos llaman sanatio in radice. La idea de que la Patria es la extensión de la familia en el orden perfectivo es fundamental en la concepción romana de la res pública, y a través de la Edad Media nos llega a nosotros en la vida municipal entendida en los términos del tradicionalismo carlista en el caso de las Españas o de la vida de la freguesia en el caso portugués, como Antonio Sardinha tantas veces señalaba.

“La patria es algo más que la tierra donde se ha nacido, se vive o nacieron nuestros padres; es, aún, más que la tierra que se vincula como raíz existencial de nuestra vida. Es también más que el pueblo entendido como totalidad social o étnica. Tampoco puede reducirse al mero pasado de dicho pueblo o de su tierra. Es todo ello: pueblo, tierra e historia vivificados por una tradición que les confiere sentido espiritual. La tradición vincula las diversas generaciones entre sí de modo que las últimas se reconozcan herederas y copartícipes de una común identidad respecto de las anteriores; ella es la que llena de significación humana un paisaje, el cielo y el mar. Esa tradición, que es el alma viva de la patria, es el patrimonio común de todo un pueblo cuyos miembros se reconocen entre sí como compatriotas; heredad común que no necesita ser dividida, porque se participa a todos sin sufrir mengua alguna en esa comunicación. En ella consiste la riqueza de la patria, que cada hijo de ésta posee, en mayor o menor medida, como conformación interior. Esa tradición, a su vez, se entronca con el mundo de lo sagrado. La patria tiene así una dimensión religiosa que reclama -so pena de la pérdida de su validez última- la conformidad con el destino supernatural del hombre, que es la Patria Celeste.”

Lo importante es que el sentido espiritual de la Patria conlleva una dimensión religiosa, una “unidad de destino en lo universal”. José Antonio Primo de Rivera quiso convertir al nacionalismo mediante el reemplazo de la noción de nación usada por los nacionalistas (ya de tipo centralista-liberal o de corte periférico) con la más apropiada de Patria en el sentido tradicional. La unidad de destino viene dada por la unidad de origen, la fidelidad al culto familiar –reflejada en la Tradición-, y la fijación espacial en un territorio. De ahí que en países como España o Portugal no pueda haber renovación del espíritu patriótico cuando esa Tradición, especialmente la religiosa (pero también la política, la social y la cultural) ha sido dinamitada. La restauración de Portugal o España pasa, indefectible pero no exclusivamente, por la recuperación de la Tradición Católica.

“La patria -o, dicho con más precisión, la relación de pertenencia a ella- es, pues, uno de los principios constitutivos de al personalidad concreta de cada hombre en la medida en que es una determinación cultural de máxima entidad, susceptible de ser desarrollada en corma casi ilimitada. En tal sentido, un ancho sector de la vida humana encuentra en esta referencia de pertenencia su propio valor, a punto tal que su pérdida, rechazo o abandono implica siempre, por necesidad, una devaluación o corrupción vital; es la contradicción interior, una infidelidad suprema en el orden natural. De ahí que toda persona con integridad moral comprenda que una vida asentada sobre la traición o la desvinculación con su patria no sea digna de ser vivida. Esa fue, más que la búsqueda del concepto, la gran lección de Sócrates.”

Baste señalar, a modo de muestra, que la traición a la Patria es aceptada casi universalmente como causa de la pena capital. En esto, y para ilustrar la crítica que hemos vertido en entradas anteriores utilizando el ejemplo de Francia, traigo a colación a Quevedo y a Joseph de Maistre: la traición del estado francés, primero monárquico, después revolucionario, después napoleónico, finalmente moderno, consiste precisamente en el abandono de la vocación católica (galorrománica) de la Patria francesa.

“El deber del hombre para con su patria encuentra fuente rectificativa en dos virtudes. En primer lugar, una general que -en cierto sentido- se confunde con toda la virtud: la justicia legal, cuyo objeto es el bien común temporal, Sin embargo, la justicia siempre implica alguna medida o proporción; de ahí que ella sola no pueda abarcar todos los deberes del patriotismo; por otra parte, ella supone el Estado o la comunidad política, los cuales pueden no coincidir con la patria. En segundo lugar, y en forma más especial, una virtud aneja a la justicia: la pietas (piedad), tiene por objeto los deberes que se tienen con los padres y la patria en tanto ambos son principios de nuestra existencia; desde este punto de vista, el objeto de la justicia aparece como excedido o desbordado, pues se desvanece toda posible conmesuración real entre lo que cada hombre puede devolver como servicio o como honra a los padres y a la patria, y la medida ilimitada del deber para con ellos. De ahí que la pietas -a la cual se reduce la virtud del patriotismo- guarde cierta similitud con la virtud de religión. Semejanza que no está en aquel que es término del culto, honra o servicio, pues entre Dios y cualquier bien temporal, por alto que sea, toda proporción desfallece, sino en la imposibilidad para el hombre de acercarse en ambos casos a una medida retributiva. La pietas - y dentro de ella el patriotismo- está incluída dentro de la religión, como lo menor dentro de lo mayor, de la manera que el culto a Dios también exige el culto a los padres y a la patria.”

No hay ninguna relación correlativa para la nación y he aquí el craso error filosófico de los nacionalistas, sean estos los catalanes, los vascos, los bretones o esa germanía de nacionalistas (en realidad debería escribir nazionalistas) portugueses que tienen por costumbre “comentar” las ponderadas y meditadas reflexiones de O Corcunda en O Pasquim da Reacção
. Las virtudes políticas tienen por objeto la Patria. Ya que Lamas no lo dice, el don de Piedad –la moción de la Gracia en el alma por la cual nos atrevemos a llamar Padre a Dios- se extiende según Santo Tomás a nuestros prójimos, empezando por los más cercanos –nuestra familia- y por extensión a los débiles, enfermos y desposeídos. Es decir, a aquellos de entre el pueblo a los que nos debemos más por amor de Dios. Todo se centra en la relación de filiación: con nuestros padres, con nuestra Patria, con el Padre Celestial. Sin esta piedra angular no existe verdadero patriotismo.

“Sea, pues, por justicia, por patriotismo (pietas) o religión, el hombre ha de servir y honrar a la patria como a uno de sus principios constitutivos como persona concreta, y ello sin otro límite que el de la verdad del bien y las posibilidades de cada uno; ocurre aquí como en la amistad: la medida de la entrega está determinada por todo lo que se pueda dar. El llamado de la patria es para el hombre algo absolutamente incondicionado. Y si llegare el momento de dar la vida por ella, y eso se hiciere con amor recto, se habrá ganado la gloria de las dos patrias, la terrenal y la Eterna, y a la vez se habrá agregado una porción de belleza moral a la hoy agónica historia del hombre.”

Por eso quiero acabar con los dos últimos versos del Padre Castellani que citábamos anteriormente:

Y si es crucificado y verdadero
ya son un solo amor, ya no son dos.
Rafael Castela Santos

segunda-feira, novembro 15, 2004

Um estranho país

Para variar, graças a Deus, não se trata de Portugal… Que outro epíteto pode merecer um país onde o governo, por mesquinha vingança política, nega o direito de sepultura a um morto em solo pátrio, por muito censuráveis que se pudessem julgar as ideias e a postura política do falecido? Onde um cardeal com mais de oitenta anos de idade, por defender o ensinamento tradicional bimilenar da Igreja Católica sobre a homossexualidade, é, nos últimos dias da sua vida, insultado, enxovalhado e achincalhado pelas associações ditas de "gays", e ameaçado de ser processado judicialmente sob a acusação da prática de um crime racista, tudo sob o olhar conivente das autoridades públicas? Onde a respectiva classe política é das mais sordidamente corruptas da Europa - o tempo não provocou uma ruga sequer no implacável requisitório "La Cohue de 40" que contra ela escreveu, há mais de cinquenta anos, Leon Degrelle, o morto a quem foi recusado o direito de sepultura acima referido -, corrupção essa perfeitamente exemplificada no caso dos helicópteros "Augusta", bem como no das cumplicidades nunca clarificadas de tal classe com a rede pedófila de Marc Dutroux? Onde um partido político, tão-só por recusar o integracionismo forçado e o igualitarismo radical, numa ilustração perfeita do aberrante paradoxo democrático, é imediatamente posto à margem da lei, sob os labéus infames de xenófobo e segregacionista? Onde num território mais pequeno do que o Alentejo, no qual já existem três línguas oficiais, uma quarta mais parece querer apresentar os seus direitos de candidatura a tal estatuto, ou seja, o… árabe? Este país, como os meus leitores já adivinharam, chama-se Bélgica e a sua capital, Bruxelas, é também a capital da União Europeia. Um estranho país, de facto…

Recomendaciones

Me permito compartir con Vds., queridos lectores de A Casa de Sarto, este enlace del que se ha convertido en el segundo periódico digital en España y cuya sección de religión siempre trae asuntos interesantes y más interesantes matices y comentarios. Con guante blanco pero firmeza en los comentarios les confesaré que a día de hoy apenas hojeo ya las páginas de religión de los diarios españoles. Con Zenit y ESD, la crisis de la Iglesia Católica en España y una selección siempre adecuada de las noticias internacionales sobre temas católicos hacen de esta sección de religión un puntal de comentario profundo y sosegado.
Tomen nota, por favor, y pónganlo entre sus favoritos porque merece la pena.
Rafael Castela Santos