sexta-feira, novembro 05, 2004

Glosando a Félix Lamas - conclusão

“Es pues, desde esta perspectiva, desde la cual cabe inteligir la autarquía por la que se define la comunidad política. Autarquía significa etimológicamente autosuficiencia, es decir, la índole de aquello que ha satisfecho sus necesidades o apetitos naturales y que, en consecuencia, está colmado en cuanto a las exigencias de su esencia y, por lo tanto, no depende para la actualización de ésta de otro agente exterior. Es un concepto implicado por el de perfección y nocionalmente muy próximo a la paz. Del fin del hombre, vale decir, de la eudemonia (felicidad o perfección objetiva) predica Aristóteles en primer lugar la autarquía (Cfr. Etica Nicomaquea, LI, cap 7, 1097b); y como la felicidad consiste en una cierta forma de vida, es la vida feliz la que, en primer lugar, ha de ser considerada autárquica’ de ahí que la autarquía resulte una propiedad de la sabiduría, como la forma de vida del hombre feliz. Ahora bien, en la medida en que la perfección de la vida del hombre requiere de la vida social y, más específicamente, dentro de ésta, del Estado, la autarquía es también una propiedad del bien común. Ella es, pues, la autosuficiencia de la vida social perfecta, como realización social máxima de las posibilidades naturales del hombre, según sus circunstancias concretas. De la autarquía del fin del Estado deriva la autarquía formal de éste; en tal sentido, se identifica con la autosuficiencia social para la realización del bien común temporal; es decir, autosuficiencia comunitaria de los medios y de todas las disposiciones sociales en relación con el fin indicado. Y así como la sociabilidad del hombre no empece su condición de todo sustantivo que existe en sí y consigo mismo, análogamente la comunicación internacional de los Estados -hoy llamada quizás con abuso semántico y conceptual “interdependencia”- no le quita al Estado su autarquía, que es el fundamento de su independencia política y de la soberanía -en su orden- de su poder.”

Simplemente insistir que es el concepto filosófico de autarquía el señalado por Lamas, no el concepto económico. De todas maneras el filósofo alemán Carl Schmitt hablaba de una geopolítica basada en los grandes espacios naturales. Si uno lo mira bien ese concepto de la autarquía es hoy posible en un alto grado cuando se integra en los grandes espacios naturales. Un gran espacio natural sería Iberoamérica, desde México hasta la Tierra del Fuego, con sus zonas históricas y naturalmente afines como Portugal, España, Angola, Mozambique, Guinea Ecuatorial, Timor Este, las Filipinas, etc. Que no se diga que tal unidad natural no podría ser autárquica.

“Dado que la forma del Estado es un cierto orden, cuyo principio de ordenación es el bien común, ella se identifica con el plexo de relaciones que existen entre las partes -principalmente entre sus actos- y entre éstas y el todo social. En la forma del Estado debe pues distinguirse una estructura disposicional que comprende las relaciones constitutivas de la comunidad política y que, respecto de cada parte, son relaciones de pertenencia, y una estructura de organización de las partes, que a su vez es doble, a saber: a) las relaciones de autoridad o de subordinación entre los que mandan y los que obedecen; b) la disposición relativa y recíproca de todas las partes, entre las cuales puede haber relaciones de igualdad o de desigualdad. La forma total se identifica con el orden político. El régimen –entendido en sentido estricto como la disposición y distribución de las magistraturas públicas, según la clásica definición aristotélica- en cambio, es sólo una parte estructural -ciertamente principal, supuesta la existencia del Estado –del orden político. Consiguientemente, cuando se piensa en la Constitución del Estado, en cuanto forma o principio estructurante del mismo, debe hacerse análoga distinción; y así, más fundamentalmente que la división entre constitución material y formal, hay que hablar de: a) Constitución total del Estado, que incluye el orden social, económico y cultural, que está incluído en la totalidad estatal y regido por el orden político; y b) la constitución de los poderes y de las relaciones de éstos con los ciudadanos y con los grupos infrapolíticos.”
“De esto resulta que el orden político, si bien determina, actualiza, desarrolla, rectifica y perfecciona al resto del orden social, que respecto de él es como la materia inmediata, está limitado en sus posibilidades por la disposición de dicha materia, vale decir, por la realidad de las comunidades -con su encuadramiento concreto- que lo integra. De ahi que las formas constitucionales, cualquiera sea el sentido que quiera dársele a la expresión, no estén sujetas -en su verdad- al arbitrio de los que ocasionalmente mandan con autoridad, y menos aun, de los que detentan el poder. La constitución o el régimen es principalmente el fruto de la tradición, que es la fuente, la orientación, las posibilidades de éxito y el límite del gobernante que quiera asumir las funciones de fundador, conservador, reformador o restaurador de la vida política.”

Rafael Castela Santos

Os Filhos de Ramires

Embora não tenha estado presente na sessão de lançamento do livro "Filhos de Ramires - As Origens do Integralismo Lusitano", de José Manuel Quintas - algum dos meus leitores compareceu a tal evento?... -, ontem mesmo adquiri tal obra e já me lancei à sua leitura. Brevemente, contarei neste espaço as impressões que a mesma me causou; até lá, sugiro que vão seguindo atentamente os textos do Rafael Castela Santos sobre Félix Lamas, pois é leitura de primeira classe merecedora de toda a nossa atenção.

quarta-feira, novembro 03, 2004

Glosando a Félix Lamas - 2

“Sólo desde semejante perspectiva puede entenderse que se pueda propiciar el ‘achicamiento del Estado’, lo cual, de suyo, significa nada menos que la pretensión de achicar el horizonte perfectivo de los hombres. Hablando con un mínimo de propiedad, empequeñecer el Estado es pura bellaquería, manifestación del enanismo moral y, en quienes tienen a su cuidado los destinos de la comunidad política, una enorme traición.”

Porque es precisamente Hobbes, en su Leviatán, el que señala con horror la imposibilidad de un orden dentro del estado. Desorden que es causado, aunque Hobbes no lo señale abiertamente, por la fractura ocasionada por la herejía protestante y por la secularización de la política de Jean Bodin. Ante este problema insoluble Hobbes opta, al igual que el heresiarca Lutero, por la autoridad máxima, incuestionable y tiránica del príncipe como manera de lograr imponer un orden externo donde antes había no un orden, sino una armonía interna inspirada por la sana doctrina del Evangelio en manos de la Santa Madre Iglesia. Se cumple así el dictum de Don Juan Donoso Cortés, quien afirmaba que “cuando el termómetro religioso está alto el termómetro político está bajo, pero cuando el termómetro religioso está bajo el termómetro político tiene que estar alto para mantener el orden”.
Cuando el protestantismo pierde con los años la conexión siquiera lejana que tenía con lo católico viene lo inevitable: la idolatría del éxito y de la fuerza, verdaderas hijastras del calvinismo, en particular en su versión puritana. Es lo que Max Weber explicitó en su libro La Ética protestante y el espíritu del capitalismo. Para que Weber lograse su revolución sociológica tuvo que haber antes un Adam Smith que fijase el quicio de la vida humana en la economía, en la adoración de Mamonna. Aparte de lamentar que hubiera habido un Moisés que hubiera ordenado que la tierra tragase a todos los plutócratas que en el mundo son, la reflexión lógica es que ahora hay que desembarazarse del estado porque el estado todavía, y como inercia de lo católico, todavía pone trabas a la usura, al comercio y a la dominación total por parte de la clase financiero-mercantil. Este es el punto de arranque del liberalismo moderno cuya manifestación última es la “globalización”. Pretender encontrar fundamentos étnicos en lo que tiene un fundamento crematístico y envilecedor del espíritu es marrar por completo.

“Tampoco puede identificarse con la patria, pues sus conceptos son distintos. Puede ocurrir, claro está, que ambos coincidan materialmente; pero esa coincidencia puede no verificarse, manteniéndose entonces la distinción de los órdenes de deberes que, eventualmente, pueden convertirse en fuente de conflictos políticos y de conciencia. La idea del Estado es formalmente más rígida, cuyo núcleo es, como se dijo, el concepto de autarquía; por esa razón, la forma del Estado -entendido en sentido riguroso como comunidad perfecta o autárquica en lo temporal- es excluyente de toda otra autarquía del mismo orden. De ahí que un Estado autárquico no pueda formar parte de otro Estado igualmente autárquico. Suárez piensa lo contrario. Él cree que una comunidad perfecta -v.gr. la ciudad, según él mismo entiende- puede formar parte de otra, como ser el reino; ambas serían perfectas, sólo que la primera, en cuanto parte de la segunda, sería por esa razón imperfecta comparada con la primera, aunque absolutamente sea perfecta (cfr. De Legibus ac Deo Legislatore, L.I, cap VI, 19). Esta opinión, que cabe reputar como falsa, no toma en consideración el concepto de autosuficiencia, central en la ética y en la política de Aristóteles y Santo Tomás. La patria, en cambio, tiene desde un cierto punto de vista fronteras materiales y formales menos rígidas, en la medida en que cabe hablar de una “patria chica” (la patria “local”) y de una patria grande (la totalidad del patrimonio físico y espiritual que conforma la personalidad de los hombres). La Argentina, por ejemplo, como patria, incluye las patrias chicas cuyos derechos reivindica el federalismo, y se inscribe a su vez en la patria grande, herencia del Imperio Hispánico, según el espíritu de la tradición viva y común de las Españas Universas. Desde otro punto de vista, en cambio, las fronteras internas y externas de la patria son más firmes e inalterables, pues ellas están constituidas por la naturaleza y la tradición, y no están sujetas a tratados, claudicaciones o asambleas en los cuales el arbitrio y la debilidad de los hombres singulares que representan al Estado negocian territorio, costumbres, formas políticas, la paz, la dignidad, y - a veces - hasta la misma existencia de lo innegociable: la patria. Como comunidad perfecta el Estado está ordenado a la perfección y a la grandeza de la Patria, porque ella asegura al hombre la más alta dignidad temporal de la vida.”

Con esto Lamas redondea la idea de la relación entre patria y Estado a que aludí arriba, en el contexto de la causa final del Estado, que es el bien común, la res-publica de los romanos.

“La materia inmediata del Estado no la constituyen las personas singulares, como sostienen los individualistas, sino el conjunto de comunidades infrapolíticas (familias, municipios, corporaciones y demás formas asociativas) que conforman el pueblo. Y más próximamente aun, las praxis colectivas respectivas, en las que el grupo se manifiesta y tiene realidad actual. El pueblo no es, obviamente, la masa indiferenciada de individuos, ni tampoco la mera colección o multitud de grupos sociales relacionados entre sí por la jurisdicción o la autoridad del Estado; por el contrario, es una cierta unidad cuasi-orgánica, constituida por la concordia o común querer acerca de ciertos bienes e intereses, necesarios para la vida, y conformada por el derecho.”

Hagamos hincapié en esto último. El pueblo es “una cierta unidad quasi-orgánica, constituida por la concordia y conformada por el derecho”. Como Lamas comenta a renglón seguido, la causa formal del estado devendrá también la Ley -el derecho perfecto-; sin embargo el derecho consuetudinario y específicamente los hábitos sociales y políticos son propiamente su materia inmediata, o causa material. El constituyente formal del pueblo, por su parte, es el “cierto querer común” que constituye la concordia política, cifrando así el profesor Félix Lamas la verdadera e íntima naturaleza del pueblo en un hecho espiritual. Más aún, indica aquí Lamas que el respeto del estado hacia las “personas intermedias”, hacia las “comunidades infrapolíticas”, lo que la muy católica doctrina política carlista llama “los cuerpos intermedios” es más que el respeto del estado hacia algo externo que debe respetar, sino es el respeto a sí mismo. La voladura de los cuerpos intermedios, como los gremios o corporaciones, las Universidades, o los municipios, entre otros, no lleva sino a la tiranía en línea recta, al estado omnipresente y regulador de todos los aspectos de la vida humana, al Leviatán último o, en su defecto, a la jungla del ultracapitalismo moderno, verdadera cacería de los débiles por parte de los poderosos y potentados.

“Claro está que sin Estado o comunidad perfecta no hay derecho perfecto; pero aún imperfecto, hay un derecho consuetudinario y convencional que casi con espontaneidad nace cotidianamente en la vida social y al cual el Estado debe reconocer, rectificar, y dotar de eficacia. Este concepto de pueblo, que tiene la antigüedad del pensamiento de Cicerón y que a través de San Agustín se prolonga hasta Suárez inclusive, se aproxima hasta casi identificarse con lo que Hegel denomina Sociedad Civil (die bürgerliche Gesellschaft). El pueblo no puede conservar su unidad sin la forma del Estado, de la misma manera que el cuerpo se descompone cuando el alma se separa. Pero ello no autoriza a identificarlo con el Estado, como no puede confundirse el cuerpo humano con el hombre. El pueblo, a su vez, está determinado materialmente por factores étnico-biológicos, geográficos, económicos y culturales. Su propia conformación social, más o menos fuerte, más o menos solidaria o armoniosa, determina las posibilidades del Estado. No puede haber un Estado grande, saludable y próspero con un pueblo raquítico. Si el pueblo es la materia próxima del Estado, de su adecuada disposición dependerá la armonía de éste, su vigor y perdurabilidad.”
“La forma o estructura inmanente constitutiva del Estado -y puesto que éste es un todo de orden práctico- consiste en una disposición a su fin inmediato, el bien común temporal.”

Y dado que el bien común temporal es cosa de hombres, su complexión y su acabamiento no pueden ignorar el fin último del hombre, y por lo tanto -al decir de León XIII- el estado tiene, en este sentido, obligación de ser católico. Cuando los que detentan el poder se inclinan consistentemente en contra de la verdadera fe, o en contra de la Iglesia de Cristo, se oponen al fin del estado y limitan la capacidad de los ciudadanos de alcanzar la perfección posible. Por seguir en con histórico ejemplo anterior, el estado francés, en cuanto comunidad política y expresión unificada del pueblo de Francia, comenzó a alejarse del camino del verdadero bien común y a favor de la centralización del poder y el engrandecimiento del gobierno mucho antes de la revolución, que no fue sino la consecuencia -y al decir de Joseph de Maistre el castigo- de ese alejamiento. A mi entender, los franceses encontraron su identidad “nacional” a expensas del abandono de la Iglesia y el Imperio. Ciertamente no fue ésto lo que Santa Juana trató de hacer, o lo que San Luis Rey hizo, pero en el curso de la historia de Francia, desde San Luis hasta Luis XVI, la cuesta abajo se fue acentuando cada vez más.
(continua)
Rafael Castela Santos

Uma história do Padre Pio

Tal como havia prometido ao Camisa Negra, aqui lhe retribuo o facto de me ter dedicado um magnífico texto de Gustavo Corção, como o são todos saídos da pena desse ilustre autor brasileiro. Apesar de não concordar com tudo aquilo que se publicita no Fascismo em Rede - que sempre faz parte dos meus recomendados desde o momento da sua aparição -, estou absolutamente convicto de que o seu responsável tem perfeita noção da fundamental importância do contributo do Cristianismo para toda a tradição ocidental, e que de modo algum confunde o Catolicismo com o seu sucedâneo herético modernista que por aí circula; daquelas bandas jamais ouviremos invectivas sobre o "bolchevismo da antiguidade" e outros dislates semelhantes.

A história que ora aqui se deixa faz parte do longo repertório bem-humorado com que o Padre Pio - São Pio de Pietrelcina (1887 - 1968) - gostava de brindar os seus amigos. Retirada do livro de Renzo Allegri, "Padre Pio, um santo entre nós - Lisboa, Paulinas, 1999", era muito contada pelo santo nos anos do pós-guerra:

"Havia certo homem que se queixava do rumo tomado pela política, dos roubos e dos maus costumes. Dizia ele: "Ah, se Mussolini ainda vivesse! Ah, como eu gostaria de poder contar ao Duce o que está a acontecer". Ouviu então uma voz, que lhe dizia: "Se queres falar com Mussolini, pega naquela escada e bate ao portão. Encontrarás o que procuras".

O homem olhou na direcção de onde provinha a voz, e viu uma escada cheia de silvos e de espinhos. Curioso, começou a subir com muito esforço, e deu consigo frente a um portão de ferro. Bateu, mas retirou imediatamente a mão, porque o ferro estava em brasa e tinha-lhe queimado a pele. O portão abriu-se e uma carranca muito feia perguntou-lhe: "Que queres? Que viestes cá fazer? Aqui entra-se com a alma, e não com o corpo!"

"Por favor," ,disse aquele homem, "eu vim para falar com Mussolini."

"Aqui não há nenhum Mussolini", respondeu a horrenda figura, e bateu-lhe com o portão na cara. Então o homem viu que havia outra escada. Estava mais limpa. Subiu os degraus e deparou com uma grande porta de madeira. Bateu e veio abrir um anjo. "Que queres? Não sabes que aqui se vem com a alma, e não com o corpo?"

"Ando à procura de Mussolini", replicou o homem.

"Aqui não há nenhum Mussolini", retorquiu o anjo. "Tenta no andar de cima".

Com efeito, ainda havia uma terceira escada. Era toda de veludo e, por corrimão, tinha dois cordões dourados. No cimo da escada havia uma porta aberta, que deixava entrever uma paisagem cheia de luz e de prados verdejantes. O visitante entrou e ouviu um coro maravilhoso. Ficou extasiado a escutar, quando apareceu a seu lado São Pedro que lhe perguntou, com ar severo: "Não sabes que aqui se vem com a alma, e não com o corpo?"

"Ando à procura de Mussolini", disse o homem. "Já estive no Inferno e no Purgatório, mas os porteiros disseram-me que ele não estava lá, e sugeriram-me que o procurasse aqui".

"Vejamos nos registos", disse São Pedro. "Então, que Mussolini procuras?"

"Benito, o Duce do Fascismo."

"Ah, aquele que vivia em Roma", comentou São Pedro, fechando o registo e esboçando um sorriso. "Não, não está cá, ainda não chegou cá acima. Ficou no coração dos italianos".

segunda-feira, novembro 01, 2004

Glosando a Félix Lamas: el Estado - 1

Cuando JSarto me invitó a ser colaborador de su blog, lo hizo encomendándome encarecidamente que trajera a A Casa de Sarto principalmente aquellos autores hispánicos que hubieran descollado en la aplicación de los principios católicos a la política. Creo no haber cumplido debidamente en estos últimos meses, donde apenas las menciones a Don Rafael Gambra y a Don Juan Vázquez de Mella han ocupado algún espacio (aparte de las del Padre Leonardo Castellani, que se ha convertido a Dios gracias en un icono de este modesto blog).
Dado que ha habido más de un comentario donde la distinción entre estado, nación y Patria no está suficientemente matizada, quiero traer al profesor argentino Félix Lamas, discípulo del insigne católico y carlista Elías de Tejada. Para ello utilizaré un artículo publicado en la extraordinaria y recomendable revista Moenia (IX, 1982). La cursiva son mis glosas.


El Estado

La polis existe para la práctica de las buenas acciones y no en razón de la mera vida social.
Aristóteles, Política, III, 1281a

“La polis es una comunidad de familias y municipios para una vida perfecta y autárquica, es decir, en nuestro concepto, para una vida bella y feliz” (Aristóteles, Política, III, 1280b-1281a). Esta definición está formulada desde la perspectiva del fin natural del hombre, de ahí su valor universal, que excede los límites temporales de la polis griega y que se extiende a toda la comunidad política (civitas, república, imperio, reino, Estado), cualquiera sea su denominación, característica histórica o dimensión, que realice la “autarquía” humano-social, con las modalidades, posibilidades y limitaciones propias de cada época o cultura".

Mientras que los positivistas, como Kelsen, hacen una cierta identificación entre Estado y Nación (a la que definen como unidad de jurisdicción e unidad de impugnación), la definición de polis en términos aristotélicos se identifica con la de civitas en Cicerón y Santo Tomás, y con la de Estado en los autores de la Escuela de Salamanca de derecho de gentes (los Padres Melchor Cano, Vitoria, Suárez, Cayetano, etc.), y está tomada desde el punto de vista de la causa final.

“El Estado, pues, no se define por su extensión social, sino por la intensidad de realización del bien humano. De tal manera, más allá de las diferencias que surgen de sus realizaciones concretas, la polis o el Estado tiene ciertos rasgos esenciales inalterables. Dicha inmutabilidad esencial procede de la naturaleza específica del hombre de la que deriva como una propiedad. Por esta razón y en ese sentido, el Estado y la vida política en general, son naturales; y la estructura de ambos, que incluye una constitutiva relación con el valor y con la norma, no depende enteramente, sino sólo en sus aspectos más secundarios, del arbitrio e inventiva humanos. Y aun en este caso, no del puro arbitrio sino de la libertad prudencial, alimentada y vivificada en su contenido por la sabiduría acerca de las cosas políticas y por la tradición.”

El hombre es un “animal social”, según la sabia definición aristotélica. La proyección natural de la sociabilidad humana es la política, es decir, la organización de la vida social y del bien común. El estado es una sociedad perfecta en el sentido tomista, o sea, una sociedad que es capaz de cumplir todas las funciones que tiene en sí misma y por sí misma. Es decir, el estado es una institución perenne, necesaria en cuanto natural y orientada al fin del hombre. El fin del estado, en cuanto distinto del fin del hombre individual, es el bien común, o por decirlo con Aristóteles, la “vida bella y feliz” de sus ciudadanos. Aquí cabe preguntarse por qué no se dice simplemente “feliz”, esto ha de entenderse en el contexto de la ética aristotélica y más todavía dentro de la antropología y psicología tomistas: la aspiración última del hombre es a la felicidad suma. Nacemos con una sed de infinito frente a la que los modernos sucedáneos, como la sexualidad freudiana, es un chiste barato. Aquí está el quicio entre el fin último de la política y la moralidad y la ética que ésta debe exigir. De lo que se trata es de la grandeza de la Patria y del estado -en cuanto marco y medida de la perfección posible al hombre individual- que son ampliadas por la belleza de los actos heroicos y nobles. La nobleza y el heroísmo pueden no ser necesarias para la felicidad alcanzable en este mundo, pero ciertamente son virtudes hermosas que engrandecen lo que Lamas llama “el horizonte perfectivo” del hombre individual, que está contenido en los límites de la Patria y en el fin del estado.

“La índole comunitaria del Estado, reconocida en forma unánime por la tradición occidental, impide que se lo pueda confundir con una mera estructura de poder o con lo que, contemporáneamente, suele llamarse “aparato estatal”. Por el contrario, el Estado es un cierto todo social, y la autoridad estatal y su organización una parte de su constitutivo formal. Se debe a algunas corrientes del pensamiento francés, recogidas luego por el liberalismo, la idea según la cual el Estado se confunde con el poder.”

Pongamos por ejemplo a Francia, pues los franceses llevan padeciendo la herejía galicanista desde finales del siglo XII. En el momento en que la cosmovisión católica no tuvo la presencia necesaria ese galicanismo se amplificó y cristalizó en la monarquía absoluta de Luis XIV. Bien es cierto que anteriormente Richelieu, auténtico canalla y codificador del Renacimiento, ya había hecho un gran ensayo general de confusión del Estado con el poder. Y bien es cierto, también, que antes lo había logrado a la perfección el infausto anticatólico Oliver Cronwell, en cuya Guerra Civil inglesa están prefiguradas todas las revoluciones, como acostumbraba a insistir Eric Voegelin. Más aún, es necesario que ese estado moderno tenga características poco menos que divinas, para lo que es imprescindible que otro francés, Descartes, destroce la filosofía y un asno como Kant de forma filosófica al estado prusiano. De Kant a Hegel, de Hegel a Feuerbach (los comunistas) y a Nietzsche (los nihilistas, nazis o no) hay poca distancia. La piedra angular de este desaguisado sigue siendo el disparatado “L’Etat c’est moi”. El problema es que la errónea identificación de Estado y poder creó un conflicto autodestructivo con el pueblo, que en su desarrollo posterior devino en las teorías liberales del “estado árbitro” y necedades análogas, que Lamas continúa en el párrafo siguiente. De hecho el rechazo, cuando no la abierta eliminación, del estado preconizado por los liberales y anarquistas es tan pernicioso como la identificación pura y dura del Estado con el poder. (continua)
Rafael Castela Santos

domingo, outubro 31, 2004

O Regresso do Rei

No calendário litúrgico tradicional, comemora-se no último Domingo do mês de Outubro, hoje, a festa de Cristo-Rei. Tal celebração recorda-nos que um dia, certamente não muito longínquo, ocorrerá o regresso do Rei para reclamar o seu Reino daqueles que presentemente o usurpam.

A este propósito, aqui fica um notável texto do padre argentino Leonardo Castellani, S.J. - nem todos os jesuítas traíram Cristo e Santo Inácio de Loyola, no século XX -, extraído do seu "Cristo, vuelve o no vuelve?":

"La enfermedad mental específica del mundo moderno es pensar que Cristo no vuelve más; o al menos, no pensar que vuelve.

En consecuencia, el mundo moderno no entiende lo que pasa. Dice que el Cristianismo ha fracasado. Inventa sistemas, a la vez fantásticos y atroces, para salvar a la humanidad. Está a punto de dar a luz una nueva religión. Quiere construir otra torre de Babel que llegue al cielo. Quiere reconquistar el Jardín del Edén con solas las fuerzas humanas.

Está lleno de profetas que dicen: "Yo soy. Aquí estoy. Este es el programa para salvar al mundo. La Carta de la Paz, el Pacto del Progreso y la Liga de la Felicidad. La Una, la Onu, la Onam, la Unesco! Mírenme a mí! Yo soy".

La herejía de hoy, descrita por Hilaire Belloc en su libro "Las Grandes Herejías", pareciera explicitamente no negar ningún dogma cristiano, sino falsificarlos todos.

Pero, mirándolo bien, niega explícitamente la segunda venida de Cristo; y con ella, niega su Reyecía, su Mesianidad y su Divinidad. Es decir, niega el proceso divino de la Historia. Y al negar la Divinidad de Cristo, niega a Dios. Es ateísmo radical revestido de las formas de la religiosidad.

Con retener todo el aparato externo y la fraseología cristiana, falsifica el cristianismo, transformándolo en adoración del hombre; o sea sentando al hombre en el tiemplo de Dios, como si fuese Dios. Exalta al hombre como si sus fuerzas fuesen infinitas. Promete al hombre el reino de Dios y el paraíso en la tierra por sus proprias fuerzas.

La adoración de la Ciencia, la esperanza en el Progreso y la desaforada Religión de la Democracia, no son sino idolatría del hombre; o sea, el fondo satánico de todas las herejías, ahora en estado puro.

De los despojos muertos del cristianismo protestante, galvanizados por un espíritu que no es de Cristo, una nueva religión se está formando ante nuestros ojos.

Esto se llamó sucesivamente filosofismo, naturalismo, laicismo, protestantismo liberal, catolicismo liberal, modernismo... Todas esas corrientes confluyen ahora y conspiran a fundirse en una nueva fe universal que en Renán, Marx y Rousseau tiene ya sus precursores.

Esta religión no tiene todavía nombre, y cuando lo tenga, ese nombre no será el suyo. Todos los cristianos que no creen en la segunda venida de Cristo se plegarán a ella. Y ella les hará creer en la venida del OTRO. Porque yo vine en nombre de mi Padre y no me recibisteis; pero otro vendrá en su proprio nombre y le recibiréis (San Juan, V, 43).

De ellos escribió el primer Papa:

"Sabed, en primer lugar, que vendrán en los últimos días en decepción seductores que andan según sus concuspiscencias!

Y dirán: "Donde está la promesa de su venida? Todas las cosas perseveran lo mismo que desde el principio del mundo, después que murieron los Padres".

Se les esconde a los que esto quisieron, que al principio fue el cielo y la tierra sacada del agua y consistente sobre el agua por el verbo de Dios.

De donde aquel mundo de entonces, inundado del agua, pereció.

Pero los cielos de ahora y la tierra en el mismo verbo de Dios cimentados, están reservados al fuego del día del juicio, y la perdición de los impíos...

No olvida Dios su promesa, como algunos creen; mas obra con paciencia por vosostros, no queriendo que perezca nadie, sino que todos se conviertan a penitencia" (II Petr. III, 3-9)".

Até quando?

Depois de ter lido este artigo do sempre muito estimável Corcunda, relembrei-me da seguinte passagem da obra de Jena Madiran, "Une Civilisation Blessée au Coeur":

"A partir de Constantin Ier le Grand, empereur de l'an 306 à l'an 337 de notre ère, la religion chrétienne a pu devenir la religion de l'Etat. Les pays d'Europe furent ceux où régnait un prince chrétien. On a dénommé "constantinisme" la doctrine et les situations où le Prince chrétien assure chrétiennement l'ordre temporel. La fin de ce "constantinisme" a crée une situation nouvelle qui laisse l'Eglise désamparée.

Car l'Eglise a besoin d'un bras temporel et même de beaucoup plus. Partout où elle n'a pas la collaboration sincère d'un pouvoir politique indépendant d'elle, elle ne peut plus survivre qu'en redevenant mystiquement, puis physiquement, une Eglise du silence, une Eglise des martyrs"
.

Com o Cristianismo debaixo do fogo cerrado dos seus implacáveis inimigos, nas vésperas daquela que será provavelmente a última, mas a mais feroz das perseguições que a Igreja alguma vez sofreu (ler a totalidade do capítulo 24, do Evangelho de São Mateus), e cujos primeiros indícios já se vislumbram claramente para quem tenha olhos de ver (choca a impiedade e a iniquidade da maior parte dos actuais dirigentes europeus, muito superior à dos criminosos que dirigiram a II República espanhola, os quais não hesitam em sobrepor as opiniões de um revolucionário apátrida com tendências comportamentais duvidosas às de alguém que defende o senso comum de mil e setecentos anos de civilização cristã …), é lamentável que Roma nada mais tenha para debitar, numa ocasião com a extrema gravidade da que vivemos, do que meio dúzia de lugares comuns extraídos directamente do falido ideário da heresia modernista.

Que diriam em tal situação um Gregório XVI, um Pio IX, um Leão XIII, um Pio X, um Bento XV, um Pio XI ou um Pio XII?!... Estes Pontífices, ao menos, bem conheciam as palavras de Deus: " Conheço as tuas obras: não és frio nem quente. Oxalá fosses frio ou quente. Assim, porque és morno - e não és frio nem quente - vou vomitar-te da minha boca" (Ap. 3, 15 - 16).

Até quando tentará Roma conciliar o impossível, servindo em simultâneo a dois senhores?... Até ao dia em que o Papa tenha de fugir apressadamente do Vaticano, pelo meio de caminhos pejados dos cadáveres de sacerdotes, religiosos e leigos assassinados durante a última perseguição, tal como Nossa Senhora previu em Fátima?...

terça-feira, outubro 26, 2004

Reflexiones metapolíticas sobre las elecciones en los Estados Unidos

Dejemos de lado la politiquería sucia y barata de Bush II y su séquito de “aristócratas” neoconservadores, ni tampoco en la de ese sujeto de dudosísimo pasado y peor futuro como es Kerry, a quien sospecho le cabe el clásico apelativo de “marrano”. Desconfío en general de la casta de Presidentes que han regido los Estados Unidos durante muchos años. Desconfío de los que aspiraban a convertirse en la nueva República romana de nuestra era y acabaron desembocando en la Nueva Cartago, en un imperio marítimo, eminentemente comercial, dirigido por una oligocracia de corte plutocrático y adoradores de una diosa Astarté a la que le ofrecen los sacrificios de sus propios hijos. Después de todo ya son varios millones los niños norteamericanos asesinados en los vientres de sus madres o justo cuando nacen. Desconfío, por más que son ya muchos los años que llevo por estas tierras de los Estados Unidos, país al que verdaderamente he llegado a amar, en el que tengo algunos de mis mejores recuerdos, muchos y buenos amigos y se ha convertido en mi segunda casa.
La diferencia sustancial entre los romanos de antaño y los cartagineses de hoy (léase los norteamericanos de hoy) es que los romanos tenían la poderosa amalgama de los lares, los dioses del hogar, que ellos veneraban piadosamente. Por el contrario en los EE.UU. cada vez hay menos piedad hacia la familia. Con horror, con asombro del que no logro reponerme, he sido invitado a varias casas últimamente donde carecen de una mesa sobre la que comer y departir juntos. Unas tasas de divorcio rampante, de infidelidad conyugal completamente salidas de madre, la observación sociológica de que la familia aquí es un lugar de paso –no un lugar de estancia-, la comida rápida y a domicilio como norma, a unos hijos casi forzados a abandonar el hogar tan pronto como cumplen los 18 años y otros muchos hechos me indican poderosamente que yo pertenezco a otra manera de entender la vida. A la postre las vivencias diarias configuran mucho más la psique que cualesquiera otra cosa. Recuerdo con saudade aquellas veladas de familia donde Portugal era ya el telón de fondo del horizonte, tres generaciones alrededor de una mesa, el rezo conjunto del Rosario, la laboriosidad y gusto por la buena cocina de las mujeres de mi familia cocinando platos a fuego lento que nosotros luego comíamos más despacio todavía, en mesas grandes y humildes, pero con mantel y cubiertos … aquellas conversaciones sin televisión hasta el amanecer con amigos y familiares, y yo sentía en esa provincia periférica del Imperio Romano de la Lusitania que me vio nacer la llamada de la Madre Roma, el pálpito común de la sangre compartida, el bálsamo de amistades como rocas y espíritu de los lares entre nosotros. Sé que aquello era Roma. Y sé que estos modernos USA tienen de todo, menos de Roma a la que algunos de sus visionarios como Patrick Henry o John Randolph of Roanoke soñaron poder ser.
Dejo que O Corcunda ponga el cierro a esta disquisición personal mía: «Talvez seja a minha “veia” vicoiana, mas um País sem uma unidade moral (implicitamente político-religiosa) não se pode afirmar como uma unidade perfeitamente coesa! A existência dos “lares” conferia uma unidade aos primeiros romanos, apesar do seu paganismo! A sua unidade espiritual era bem mais coesa (tanto em matérias privadas, como públicas) do que qualquer momento da história dos Estados Unidos da América. Aristóteles diria hoje que os EU nem sequer são uma “polis”, mas um mero agregado de interesses comerciais”. »
Querido amigo O Corcunda. Se lo repetiré por enésima vez: Idem sentire de Res-publica.
Rafael Castela Santos

segunda-feira, outubro 25, 2004

V2, Homossexualidade e Pedofilia

Conforme havia prometido no meu último artigo, de seguida, passo à análise do "Vatican II, Homosexuality & Pedophilia", da autoria de Átila Sinke Guimarães.

Em tal livro, analisando essencialmente a realidade da Igreja Católica nos EUA, país onde vive há vários anos, o autor sustenta a tese de que a crise homossexual e pedófila que abalou profundamente aquela Igreja norte-americana, mas não só, nos últimos anos tem origem directa no abandono do magistério tradicional sobre a homossexualidade, substituído por uma impossível tentativa de compromisso com as tendências corrompidas do mundo moderno sobre tal tema.

Olvidando-se do conselho de Cristo de que a linguagem dos cristãos deve ser sempre simples, clara e directa, sem subterfúgios ou subtilezas de qualquer espécie - "Seja este o vosso modo de falar. Sim, sim; não, não. Tudo o que for além disto procede do espírito do mal." (Mt. 5 - 37) -, após o termo do V2, apartando-se do ensinamento bimilenar que sempre definiu o pecado sensual contra a natureza como um dos quatro de bradar ao Céu e que se encontra sintetizado com mestria no "Livro de Gomorra", de São Pedro Damião, e na "Suma Teológica", de São Tomás de Aquino, os modernistas tentaram falaciosamente destrinçar entre homossexualidade, que em si mesma não seria reprovável, e actos homossexuais, esses criticáveis; ora, é bom de recordar que não só os actos homossexuais são moralmente errados, como igualmente o é o simples condescender com a tendência homossexual, pois o pecado não se cinge apenas aos actos, mas também às palavras, pensamentos e até às omissões, conduzindo tal condescendência directamente aos ditos actos.

Tal sofisma teve como consequência prática a criação de um clima de tolerância para com a homossexualidade, quando não de aceitação pura e simples da mesma, junto de largos sectores da Igreja: após o V2, com esta empenhada num processo de auto-demolição e o sacerdócio debaixo de fogo, negando-se a sua dignidade e exemplaridade - o sacerdote tem de ser um homem como os outros… -, mofando-se dos actos de piedade pessoal e com os seminários totalmente rendidos ao ambiente de completa heterodoxia anticristã que Michael S. Rose tão bem descreve em "Good Bye, Good Men", deles afastando e expulsando todos os alunos defensores da ortodoxia, abriram-se as portas de par em par à escandalosa torrente que está à vista de todos, a qual, para mais, como todos os restantes desastrosos resultados do V2, tentou ser ocultada pela hierarquia eclesiástica, e ao mais alto nível.

Também aqui, como já havia dito anteriormente, se podem contemplar à saciedade a péssima qualidade dos frutos da árvore modernista, circunstância que o livro de Átila Sinke Guimarães transmite de modo exemplar.

quinta-feira, outubro 21, 2004

Michael Davies

Éste blog no ha pasado por alto la muerte de Michael Davies hace menos de un mes. Este hombre se convirtió en uno de los más conocidos defensores de la Liturgia Tradicional, de Monseñor Lefebvre y es el autor de una extensa bibliografía en defensa de la Tradición.
Michael Davies es, sin duda, un autor conocido por todos aquellos que se han interesado por los problemas teológicos post-Vaticano II (V2). Davies defendió a la Tradición y en algún momento fue llamado por la Santa Sede para presidir una Comisión Pontificia en relación a la Misa Tridentina
.
Quiero pararme hoy, entre otros muchos, en dos libros de Michael Davies. El primero es el de Cramer´s Godly Order
, donde hace un análisis sucinto y penetrante de los cambios litúrgicos que acontecieron en los primeros pasos de la Iglesia Anglicana. Los ingleses, cuyo catolicismo llevaba el marchamo de haber sido la nación más monástica de la Cristiandad durante la Edad Media, no sospecharon al principio que enfilaban el camino de la herejía. Se cumple el adagio Lex Orandi, Lex Credendi. Lo crucial es entender el principio de gradualidad y cómo se aplicó aviesamente para conducir a los católicos ingleses al precipicio: destruida la doctrina y el vínculo con Roma se conservó al principio la apariencia católica para 50 años después no parecerse nada en sus liturgias y oraciones. Romano Amerio insiste una y otra vez en la aplicación de dicho principio de gradualidad en las reformas del V2 en su libro Iota Unum. La segunda obra es Pope John´s Council. Arranca Michael Davies en este libro suyo con un análisis sensatísimo de los problemas de la Iglesia preconciliar y a renglón seguido analiza todas las maquinaciones, todas las conjuras, todos los complots (generalmente venidos de los Episcopados alemán y francés y también de los anglosajones) contra la sana doctrina tradicional y el resultado final, que no ha sido otro que la destrucción de la Iglesia oficial, como es bien palpable. El análisis de Davies está tan bien documentado que todo interesado en saber qué pasó en el V2 tiene que leer este libro. El autor no deja lugar a dudas del empeño y éxito en la mutación esencial de la Iglesia Católica acometido por los modernistas (y por los tontos útiles, claro está). Mutación que no sólo atañe al tema litúrgico, sino también al de la Fe.
Me consta que ambos libros están traducidos al castellano, el segundo ciertamente por la editorial argentina Ictio, pero ignoro si lo están al portugués.
Su muerte anunciada por él mismo (padecía un cáncer de próstata muy agresivo) fue verdaderamente ejemplar en más de un aspecto. Recomendamos el Eulogio de The Remnant
.
Descanse en paz Michael Davies.
Rafael Castela Santos

domingo, outubro 17, 2004

Bibliofilias - 3

Em alfarrabista, encontramos recentemente "O Culto da Tradição - Conferência realizada na Associação Católica do Porto", de Luís de Almeida Braga, leitura que tanto pelo calibre do autor como pelo nível do tema promete à saciedade; a seu devido tempo, daremos conta das nossas impressões neste espaço.

Falaremos igualmente de "Vatican II, Homossexuality & Pedophilia", de Átila Sinke Guimarães, autor católico tradicional brasileiro, mas radicado há largos anos nos E.U.A., onde é o principal animador do interessante grupo de resistência cultural "Tradition in Action", cujo sítio aconselhamos os nossos paciente leitores a visitar. No livro em questão, à luz do magistério tradicional da Igreja, o mesmo faz a análise não só da homossexualidade, bimilenarmente reputada como um dos quatro pecados de bradar ao Céu, mas sobretudo das causas profundas que estão na origem dos dolorosos escândalos ocorridos nos últimos anos no seio da Igreja Católica, especialmente nos Estados Unidos. Também nesta área se revelaram, em toda a sua podridão, os maus frutos do modernismo…

O Cardeal Ratzinger e a adesão da Turquia à UE

Retirada do sempre recomendável DICI, aqui se plasma a sensatíssima posição do Cardeal Ratzinger, uma das vozes mais esclarecidas da Igreja Católica, sobre este assunto:
"Ses propos repris dans le quotidien tessinois Giornale del Popolo du 20 septembre, n’ont pas été tenus lors d’une conférence, mais au cours d’une série d’échanges entre les participants du Congrès de Velletri portant sur les contenus fondamentaux de l’Exhortation apostolique Ecclesia in Europa. On y parlait d’annonce de l’Evangile, de l’engagement politique des chrétiens, de la laïcité de l’Etat, y compris du laïcisme "dogmatique et intolérant", et des racines chrétiennes. C’est dans ce contexte que le journaliste du Giornale del Popolo a posé au cardinal une question sur la compatibilité de la Turquie et de l’Union européenne.
Le prélat romain a dit parler "en modeste historien, qui a toujours conservé de l’amour et de l’intérêt pour cette discipline". C’est ainsi qu’il a d’abord précisé que l’Europe n’était pas un concept géographique, mais culturel, formé au long d’un parcours historique, conflictuel, marqué par la foi chrétienne. C’est un fait, a relevé le préfet de la Congrégation pour la doctrine de la foi, que l’Empire ottoman a toujours été en opposition avec l’Europe.
"Si Kemal Ataturk dans les années vingt a construit une Turquie laïque, le noyau de l’antique Empire est le fondement islamique. Il est donc bien distinct de l’Europe, qui est un ensemble d’Etats laïcs, mais avec des fondements chrétiens. Même si aujourd’hui on semble, sans justification aucune, le nier", a affirmé le cardinal. "Il serait antihistorique" d’accepter l’entrée de la Turquie dans l’Union européenne. Cela irait à l’encontre de l’âme européenne et des réalités. Une "grande erreur", a-t-il lancé, conséquence de raisons économiques. "Mais quelle Europe aurions-nous, qui serait construite seulement sur l’économie?" a-t-il demandé.
Poursuivant sur sa lancée, le cardinal a déclaré que "la Turquie, qui doit être respectée dans ses valeurs identitaires", aurait, selon lui, "une autre mission à accomplir": celle de "pont culturel" entre l’Europe et le monde arabe. Mieux encore, a-t-il ajouté: "La Turquie devrait former un continent culturel" avec les pays arabes, mais "le moment n’est pas propice, à cause des tensions existantes".

Iglesia y Estado: puntualizaciones para aclarar conceptos sobre el Dogma del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo

Extractado de DOUTRINA CATÓLICA SOBRE AS RELAÇÕES ENTRE A IGREJA E O ESTADO (Mons. Dr. Emílio Silva de Castro)

· “Según Azpiazu ‘Estado católico no significa que todos los ciudadanos sean católicos, ni menos aún que el Estado obligue a sus ciudadanos a serlo..., ni significa que el Estado no puede tolerar otras religiones en privado; sino únicamente de los ciudadanos, por ser el verdadero y por tanto, respetado y respetable por todos.’
· “Qual é pois a verdadeira doutrina? A que, mantendo por uma parte a perfeição jurídica da Igreja e do Estado, e sua independência recíproca, afirma a união dos dois poderes, ressalvando a devida hierarquia e a subordinação entre os fins diversos de uma e outra sociedade. Esta doutrina é chamada comumente de poder indireto da Igreja.”
· “A primeira base para a harmonia jurídica entre a Igreja e o Estado é o reconhecimento da soberana independência de ambos. Neste caso, quem diz independência diz soberania ou ‘direito de governar sem dependência de outro poder humano em sua ordem.’ { … }Por união entende-se a harmonia jurídica que deve reinar entre os dois poderes, eclesiástico e civil, por conseguinte, união de Igreja e Estado não significa unidade católica, senão, apenas, concórdia e harmonia, inteligência e boa amizade, mesmo no caso em que, por diversas circunstâncias históricas exista dentro do Estado, como é freqüente, pluralidade de cultos, que a lei admita e equipare ao católico.”
· “Suárez afirmaba: ‘A verdade da doutrina e os direitos da
Igreja
— observa o sábio canonista — não dependem da condição dos tempos nem das dificuldades de execução; se assim fosse, deveriam também ser negados outros directos certíssimos da Igreja’, além de ser falso que em nossos tempos não tenha aplicação prática, porque, se por exemplo, a Igreja declara inválida alguma lei do Estado, ainda agora deixará de obrigar no mesmo foro civil.
· “De acordo com a doutrina tradicional, a Igreja e o Estado são duas sociedades distintas, comparadas ao corpo e à alma do homem. O corpo e a alma não são nem separados nem confundidos. São, apenas, distintas um do outro, mas estão perfectamente harmonizados. Da confusão ou do conflito entre ambos representam corpo e alma. Da união deriva-se a coordenação dos esforços, o auxílio recíproco de uma sociedade para a outra; a união da vitalidade ao corpo social. Da separação, da luta, só podem vir males. Os governos temporais pretenderam muitas vezes absorver, dominar a Igreja: disso só resultaram desordens e males. {…} A união harmoniosa dos dois poderes será sempre rico manancial de bens para as nações cristãs. ‘Quando o Império e o Sacerdócio — escrevia belamente Ivo de Chartres ao Papa Pascoal II — vão em harmonia, o mundo anda bem... Quando, porém, há entre eles discórdia, não só não crescem as coisas pequenas mas até as grandes perecem
miseravelmente.’
Esse união, todavia, como antes frisamos, há de respeitar a hierarquia e a independencia recíprocas. É esta doutrina muito antiga e veneranda no cristianismo.”

Extractado de ON THE SEPARATION OF CHURCH AND STATE UNE FOIS ENCORE St Pius X Encyclical (promulgated on January 6, 1907):
· “Nor has [the Catholic Church] any desire for violent persecution. She knows what persecution is, for [the Catholic Church] has suffered it in all times and in all places. Centuries passed in bloodshed give her the right to say with a holy boldness that she does not fear it, and that as often as may be necessary she will be able to meet it. But persecution is in itself an evil, for it is injustice and prevents man from worshipping God in freedom. The Church then cannot desire it, even with a view to the good which Providence in its infinite wisdom ever draws out of it. Besides, persecution is not only evil, it is also suffering, and there we have a fresh reason why the Church, who is the best of mothers, will never seek it.
· From the point of view of ecclesiastical property, this law is a law of spoliation and confiscation, and it has completed the stripping of the Church. Although her Divine Founder was born poor in a manger, and died poor on the Cross, although she herself has known poverty from her cradle, the property that came to her was nonetheless hers, and no one had the right to deprive her of it. Her ownership, indisputable from every point of view, had been, moreover, officially sanctioned by the state, which could not consequently violate it. From the point of view of the exercise of worship, this law has organized anarchy; it is the consecration of uncertainty and caprice. Uncertainty whether places of worship, always liable to be diverted from their purpose, are meanwhile to be placed, or not placed, at the disposition of the clergy and faithful; uncertainty whether they shall be reserved from them or not, and for how long; whilst an arbitrary administrative regulates the conditions of their use, which is rendered eminently precarious. Public worship will be in as many diverse situations as the other. On the other hand, there is an obligation to meet all sorts of heavy charges, whilst at the same time there are draconian restrictions upon the resources by which they are to be met. Thus, though but of yesterday, this law has already evoked manifold and severe criticisms from men belonging indiscriminately to all political parties and all shades of religious belief. These criticisms alone are sufficient judgment of the law. It is easy to see, Venerable Brethren and beloved sons, from what We have just recalled to you, that this law is an aggravation of the Law of Separation, and we can not therefore do otherwise than condemn it.

Extractado de THE REIGN OF CHRIST THE KING (Michael Davies, RIP)
· “The double claim of Our Lord Jesus Christ to our allegiance, as our Creator and our Redeemer, is well summarized in the Book of the Apocalypse, where St. John tells us that Christ is "the ruler of the kings of the earth." (Apoc. 1:5). The fact that the kings of the earth—in other words, the nations and those who rule them—are subject to the Kingship of Christ pertains to what is known as His Social Kingship, that is, His right to rule over societies, as well as individuals. No one claiming to be a Christian would, one hopes, dispute the fact that as individuals we must submit ourselves to the rule of Christ the King, but very few Christians, Catholics included, understand, let alone uphold, the Social Kingship of Our Lord Jesus Christ. His social kingship can be implemented fully only when Church and State are united. The separation of Church and State was condemned unequivocally by the Roman Pontiffs until the Second Vatican Council. The Church's teaching is that the State has an obligation to render public worship to God in accord with liturgy of the true Church, the Catholic Church, to uphold its teaching, and to aid the Church in the carrying out of her functions. The State does not have the right to remain neutral regarding religion, much less to pursue a secular approach in its policies. A secular approach is by that very fact an anti-God and an anti-Christ approach.”
· All authority comes from God." Pope Leo XIII explained in his encyclical Immortale Dei, Nov. l, 1885, that:

Every civilized community must have a ruling authority, and this authority, no less than society itself, has its source in nature, and has, consequently, God for its author. Hence it follows that all public power must proceed from God. For God alone is the true and supreme lord of the world. Everything without exception must be subject to Him, and must serve Him, so that whosoever holds the right to govern, holds it from one sole and single source, namely, God, the Sovereign Ruler of all. "There is no power but from God." (Rom. 13:1)

"There is no power but from God." This quotation from Romans 13:1 states all that needs to be stated concerning the source of authority. Because those who govern derive their authority from God and govern as His legates, and not as holding their authority from the people, no government can have a true right to enact any legislation contrary to the law of God, even if such legislation is the manifest wish of the majority of the people. The Church is totally opposed to any concept of democracy in which authority is said to reside in the people and in which those who govern are said to receive their authority from the people. Pope Leo XIII insisted in Immortale Dei that:

In a society grounded upon such maxims, all government is nothing more nor less than the will of the people; and the people, being under the power of itself alone, is alone its own ruler. . . . The authority of God is passed over in silence, just as if there were no God; or as if He cared nothing for human society; or as if men, in their individual capacity or bound together in social relations, owed nothing to God; or as if there could be a government of which the whole origin and power and authority did not reside in God Himself. Thus, as is evident, a state becomes nothing but a multitude, which is its own master and ruler.

Extractado de LA REALEZA DE CRISTO (P Mateo Crawley)
· “Los reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de tu ley; al caer del sitial del mando en la tumba del olvido, tus súbditos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina, y que es deber eliminarlo en beneficio del progreso...; pero, al caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los malos ricos, los altivos, los mundanos dirán que tu moral es de otro tiempo, que tus intransigencias matan la libertad de la conciencia...; pero, al confundirse con las sombras de la tumba y del olvido, tus hijos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los interesados en ganar alturas y dinero, vendiendo falsa libertad y grandeza a las naciones..., chocarán con la piedra del Calvario y de tu Iglesia, y al bajar aniquilados a la tumba del olvido, tus apóstoles seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio..., morirán un día envenenados por sus maléficas doctrinas; y al caer a la tumba del olvido, maldecidos por sus propios hijos, tus consoladores seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los fariseos, los soberbios y los impuros habrán envejecido estudiando la ruina, mil veces decretada, de tu Iglesia ...; y al perderse, derrotados en la tumba del olvido, tus redimidos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Sí, que viva. Y al huir de los hogares, de las escuelas, de los pueblos, Luzbel, él ángel de tinieblas, al hundirse eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva en el triunfo de tu Eucaristía y de tu Iglesia! ¡Viva para siempre Cristo Rey!”
Rafael Castela Santos

quarta-feira, outubro 13, 2004

Algunas reflexiones sobre el Rosario

Se celebró el 7 de Octubre la Festividad de Nuestra Señora del Rosario. Esta Festividad fue instituida por San Pío V como conmemoración de la gloriosísima Batalla de Lepanto, donde el peligro turco marítimo –que amenazaba a toda Europa- fue finalmente conjurado.
El Rosario es una oración compuesta de 15 décadas. Cada una de ella se inicia con un Padrenuestro, se sigue de diez Avemarías y se termina con una Gloria y una Jaculatoria que la Virgen pidió expresamente en Fátima: “Oh, Jesús mío, perdonad nuestros pecados, tened misericordia de nosotros y llevad al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de vuestra Divina Misericordia”. Generalmente no se rezan las quince décadas, sino que se reza un tercio (5 décadas) asignadas a los Misterios Gozosos (lunes y jueves), Misterios Dolorosos (martes y viernes) y Misterios Gloriosos (miércoles, sábados y domingos). De esta manera se pasa revista a lo largo de la semana a los puntos más relevantes de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo bajo un, por así decirlo, prisma mariano.
La Tradición cuenta que el Rosario fue una oración dada expresamente por la Virgen a Santo Domingo de Guzmán. Este Santo español vivió sus días cuando la herejía cátaro-albigense asolaba el mediodía francés. Santo Domingo se lanzó en prédica de la divulgación de esta poderosa arma de oración por el noreste ibérico y mucho del territorio francés al sur del Loira. Como quiera que Santo Domingo fuera el fundador de la Orden de Predicadores, más conocida como los Dominicos, esta orden mendicante se convirtió en un eficaz vehículo de propagación de esta devoción mariana hasta el punto de que se puede decir sin lugar a dudas que es posiblemente de todas las devociones la más arraigada en el pueblo católico.
La Cruzada de Rosarios iniciada por Santo Domingo de Guzmán acabó con la destrucción del gnosticismo cátaro-albigense. San Pío V, dada su vinculación dominicana, era un fervoroso devoto del Rosario, instó a que se rezase asiduamente el Rosario por parte de la marinería y tropa cristianas que lucharon en Lepanto. De hecho, aquellos miles de hombres –muchos de los cuales no habían destacado en Piedad hacia Dios-, estaban rezando el Rosario o acababan de rezarlo cuando vislumbraron a la flota sarracena en Lepanto. Cuentan las crónicas que hasta los más endurecidos de corazón se habían confesado y Don Juan de Austria había puesto buen cuidado en poner en cada nave un capellán, muchos de ellos franciscanos, algunos dominicos. La batalla de Lepanto fue durísima y Pío V pasó aquel día haciendo ayuno y oración, entre la que incluyó el Rosario de manera preferente. Cuando los cristianos (entre los que ciertamente no se encontraban los traidores franceses) derrotaron al infame turco, el venerable Papa Pío V se hallaba rezando el Rosario. Cuenta Miguel de Cervantes, que perdió un brazo en Lepanto, que nunca vio ni hubo cosa igual como el grito de alegría de aquellos cristianos vencedores y de aquellos prisioneros cristianos liberados. Las crónicas musulmanas hablan de muchos que vieron a Nuestra Señora en el cielo extender el manto sobre la Armada cristiana. El cúmulo de circunstancias por el que una flota inferior en número y en artillería pudo derrotar a la todopoderosa flota islámica excede no ya lo probable, sino lo posible. Sirva como ejemplo que viniendo del oeste la flota cristiana y del este la turca los vientos viraron de tal manera que los turcos acabaron yendo con el sol de frente, lo que permitió una aproximación óptima de la flota cristiana que confiaba en la técnica del abordaje, en la que la infantería de marina española era experta.
En Austria, en 1955, se produjo un hecho inaudito: los soviéticos se retiraron del católico país alpino casi, si se puede decir, sin mucha razón para ello. Sólo hay un hecho que lo explica: los austríacos, que habían sufrido en sus carnes el azote del anticatólico nacionalsocialismo, se juraron rezar el Rosario sin cesar hasta que el feroz invasor comunista se marchase. Y se marchó.
En Brasil, en 1964, un enemigo declarado de la nación hermana luso-americana como fuera Joao Gulart, se dedicó a infiltrar de cuantos comunistas había todos los puestos claves del gobierno. Gulart, en su desfachatez, se atrevió a sugerir que no se rezase el Rosario porque “de ello no podía venir progreso alguno”. Sin embargo un considerable número de brasileños le respondió precisamente con el rezo del Rosario. La consecuencia es que fue afortunadamente depuesto por un golpe militar que liberó al Brasil de la tiranía comunista. El progreso, el verdadero progreso, fue liberarse de Gulart y ¡vaya si el Rosario lo consiguió!
La Virgen en Fátima insistió en el rezo del Rosario y en la Devoción de los Cinco Primeros Sábados como caminos para poder afrontar estos tiempos de hierro, de falta de Fe y Caridad, en los que nos movemos. Sirvan las líneas precedentes y los cuatro ejemplos citados, entre otros muchos, para convencernos a los católicos de que mucho está cifrado en la perseverancia en la oración del Rosario. Más de lo que incluso nosotros podemos llegar a imaginar.
Recemos. Que la misma Virgen María que liberó a Portugal de todos los gobiernos anticlericales de principios de siglo vuelva a liberarnos a todos.
Santa María del Rosario, rogad por nosotros.
Rafael Castela Santos

segunda-feira, outubro 11, 2004

A sabedoria de Dom António de Castro Mayer - 6

Deixando as matérias de doutrina social da Igreja que até agora temos vindo a tratar nesta série de artigos sobre a sabedoria de Dom António de Castro Mayer, entramos doravante num campo mais especificamente dedicado a questões de cariz teológico, sobre as quais comummente também se geram várias confusões. As proposições citadas continuam a ser extraídas da famosa "Carta Pastoral Sobre Problemas do Apostolado Moderno":

(1) Proposição falsa: O fiel quando assiste à Santa Missa, e pronuncia com o celebrante as palavras da consagração, coopera para a transubstanciação e o sacrifício.

Proposição verdadeira: O fiel é incapaz de concelebrar com o Sacerdote, cooperando para a transubstanciação, porque lhe falta o Sacramento da Ordem, que comunica tal capacidade.

Explanação: Só o Sacramento da Ordem confere o poder e a capacidade para operar a transubstanciação no Sacrifício da Nova lei. O simples fiel é pois incapaz de o fazer.

A proposição impugnada renova a heresia dos protestantes, condenada no Concílio de Trento (ses. 23, cap. 4), e novamente proscrita na "Mediator Dei", de S. Santidade Pio XII (A.A.S. 39, p. 556).


(5) Proposição falsa: O altar deve ser em forma de mesa que lembre a Ceia Eucarística.

Proposição verdadeira: "Está fora do caminho quem quer restituir ao altar a antiga forma de mesa" ("Mediator Dei", A.A.S. 39, p. 545).

Explanação: Por um apego excessivo ao rito e à forma antigos, só porque antigos, certos liturgicistas pretendem restaurar o altar em forma de mesa e outras práticas da Igreja primitiva (cfr. A.A.S. 39, p. 545). Como se ao longo da História o espírito da Igreja não se pudesse ir exprimindo em novas formas e novos ritos, acomodados às diversidades dos tempos e dos lugares.

Os extremos se tocam e os exageros mais opostos entre si se coligam contra a verdade. O perigo deste espírito tradicional mal entendido encontrá-lo-eis o mais das vezes nos próprios fautores de novidades, como Lutero, Jansénio, os promotores do falso Concílio de Pistóia e, ainda neste século, os modernistas.


(7) Proposição falsa: A celebração simultânea de várias Missas rompe a unidade do Sacrifício social.

Proposição verdadeira: A simultaneidade de várias Missas não rompe a unidade do Sacrifício social da Igreja.

Explanação: "Não falta quem afirme que os sacerdotes não possam oferecer a divina Vítima ao mesmo tempo em muitos altares, porque deste modo dissociam a comunidade e põem em perigo a unidade". É sentença reprovada pela "Mediator Dei" (A.A.S. 39, p. 556). A razão é óbvia: todo sacrifício da Missa só tem valor pela sua relação intrínseca como o Sacrifício da Cruz, que foi um só e válido para todos os tempos; de maneira que ainda que muitas sejam as Missas, de fato permanece a unidade essencial do Sacrifício.

A sentença impugnada lembra o erro jansenista condenado pela Constituição "Auctorem fidei", de Pio VI, em 28 de Agosto de 1794, sob o nº 31, que soa assim: "A proposição do Sínodo que afirma que é conveniente, para a boa ordem dos ofícios divinos e segundo o antigo costume, que em cada igreja haja somente um altar, e que lhe agradaria ver restituído este costume - é declarada temerária, injuriosa a um uso antiquíssimo, piedoso, em vigor e aprovado desde há muitos séculos, em particular na Igreja Latina" (D. 1531).

sexta-feira, outubro 08, 2004

O ecumenismo admissível

Aproveitando a polémica recentemente surgida a propósito dos acontecimentos ocorridos no Santuário de Fátima, sem esquecer o que o Rafael Castela Santos já escreveu neste espaço sobre o assunto, conviria tão-só relembrar que, numa perspectiva tradicionalista, o único ecumenismo admissível é o que, destrinçando os fiéis de outras religiões dos seus erros, visa, de modo caridoso e fraternal, a conversão ou o regresso daqueles ao Catolicismo - única religião revelada e verdadeira -, com a consequente abjuração por parte dos mesmos dos ditos erros.

Tudo o mais que se aparte deste entendimento, para além de cair num indiferentismo religioso de cariz jacobino, afasta-se decisivamente da doutrina tradicional católica, a qual foi magistralmente sintetizada nesta matéria pela Encíclica "Mortalium Animus", do Papa Pio XI.

Infelizmente, nas décadas subsequentes ao V2, essa doutrina foi deliberadamente olvidada pelo novo poder eclesiástico modernista, e eventos como os de Fátima, afinal, têm a sua génese no comportamento ambíguo que neste campo, desde então, tem sido adoptado por Roma, e ao mais alto nível.

terça-feira, outubro 05, 2004

São Pio X e a República Portuguesa

Pensamos, Veneráveis Irmãos, que Vos é suficientemente conhecido o inacreditável curso que, há muito tempo, tomou em Portugal a inumanidade dos crimes que oprimem a Igreja. Com efeito, quem não sabe? Desde que a República se tornou ali forma de governo, começaram a ser continuadamente promulgadas medidas que respiram um rancor inexplicável contra a Igreja. Vimos as Ordens Religiosas violentamente expulsas e a maior parte dos seus membros lançados impiedosamente para fora das fronteiras de Portugal. Vimos pôr um cuidado encarniçado em não deixar subsistir nenhum vestígio de religião em nenhuma organização civil, nem nos actos da vida normal; as solenidades da Igreja riscadas do número de dias feriados; o juramento, privado de todo o carácter religioso; a lei do divórcio, estabelecida a toda a pressa; a instrução religiosa banida das escolas públicas. Enfim, passando em silêncio outros atentados cuja lista seria longa, os Bispos sofreram uma impetuosa pressão, e dois muito célebres Bispos, do Porto e de Beja, homens ilustres tanto pela integridade das suas vidas como pelos serviços prestados à Pátria e à Igreja, foram depostos das suas Sedes e da sua dignidade.

Enquanto os novos governantes portugueses davam tantos e tão funestos exemplos de excesso de poder, sabeis quanta paciência e quanta moderação a Santa Sé teve a seu respeito. Estimámos que era preciso evitar, com o maior cuidado, tudo o que pudesse parecer um acto de hostilidade para com a República. (…) Mas nós fomos totalmente desiludidos: eis que cumulam a sua obra nefasta com a promulgação da muito má e muito perniciosa Lei da Separação da Igreja e do Estado. O dever do Nosso cargo apostólico, de nenhum modo Nos permite tolerar mais, nem passar mais tempo um tão grave atentado aos direitos e à dignidade da religião católica. É por isso que, nesta carta, apelamos a Vós, Veneráveis Irmãos, e denunciamos à cristandade inteira toda a indignidade dessa conduta.


São Pio X - Encíclica Jamdudum, 24 de Maio de 1911

domingo, outubro 03, 2004

A sabedoria de Dom António de Castro Mayer - 5

Proposição falsa: Os católicos devem preferir o socialismo ao liberalismo.

Proposição verdadeira: Os católicos não devem aceitar o liberalismo, nem o socialismo.

Explanação: Segundo a doutrina da Igreja, tanto o regime liberal quanto o socialista são maus, e quando levados a suas últimas consequências produzem a completa subversão da vida social.

Os católicos devem, pois, promover a instauração de um regime que se ache em um terreno inteiramente diverso. - A sentença impugnada tem o defeito de situar o liberalismo e o socialismo, como se eles fossem um o contrário do outro. Na realidade, como o afirma Leão XIII, o liberalismo é causa do socialismo, e, na concepção leiga e anorgânica de nossos tempos, é impossível sair de um extremo sem cair no outro. Considere-se uma sociedade entregue ao paganismo. Se a autoridade se mostra liberal e condescendente, se as leis concedem muita facilidade de movimentos aos particulares, o desencadear-se assustador das paixões produzirá por força a anarquia. A manutenção da ordem exige uma tal multiplicidade de leis, decretos, regulamentos, tantas intervenções públicas para assegurar a realização das incontáveis funções estatais, que o cidadão isolado, desarmado, aterrorizado, se tornará em pouco tempo um grão de poeira, um escravo inerte diante do Estado Moloch.

Os fundamentos da verdadeira solução, oposta ao liberalismo e ao socialismo, se encontram nas seguintes palavras do Soberano Pontífice: "O Estado não contém em si e não reúne mecanicamente em um território dado, uma aglomeração amorfa de indivíduos; ele é, e deve ser na realidade, a unidade orgânica e organizadora de um verdadeiro povo" (Alocução de Natal de 1948).

Explicações necessárias

Novos compromissos que assumi no começo do mês passado, no âmbito da minha actividade profissional, forçam-me a dedicar aos mesmos em regime de exclusividade quase absoluta, deixando-me um espaço de manobra mínimo para outras actividades; por outro lado, encontro-me presentemente em fase de mudança de residência, com todas as trabalheiras acrescidas decorrentes de tal circunstância. Estes dois factos combinados entre si, têm-me impedido de actualizar o blogue com a regularidade que gostaria, e embora esteja fora de questão pôr-lhe um termo - longe disso! -, tal actualização, nos tempos mais próximos, processar-se-á a um ritmo muito mais espaçado, com a publicação tão-só de dois ou três novos artigos por semana. De tal situação, penitencio-me, desde já, perante os meus escassos e pacientes leitores.

sábado, setembro 25, 2004

De Lamennais a Maritain

Neste livro originalmente publicado em 1945, o Padre Julio Meinvielle, uma das figuras basilares do pensamento tradicionalista argentino, disseca com meticulosidade o conceito de “Nova Cristandade”, desenvolvido pelo filósofo francês Jacques Maritain - antigo tomista, ex-membro da “Action Française”, e adepto das teses modernistas a partir de 1932 - nas suas obras "Humanisme Integral", "Christianisme et Démocratie" e "Principes de une Politique Humaniste".

Num trabalho de leitura apaixonante, Julio Meinvielle demonstra que a Nova Cristandade maritainiana nada tem de novo ou de cristão; pelo contrário, nela reafirmam-se, de modo mais audaz e insistente, os erros doutrinários de Lamennais e do “Sillon”, de Marc Sangnier, o primeiro a seu tempo condenado por Gregório XVI e pelo Beato Pio IX, e o segundo por São Pio X, os quais tentam o impossível de conciliar o pensamento revolucionário iluminista e o seu relativismo ético-moral adorador do homem, com a verdade católica divinamente revelada…

Fazendo tábua-rasa de toda a tradição da Igreja, e muito especialmente do magistério unânime de todos os Papas reinantes entre 1789 e 1958, Maritain extrapola abusivamente conceitos doutrinários, que só podem ser plenamente compreendidos e interpretados à luz de um plano sobrenatural ou de graça, no âmbito dos desígnios salvíficos de Deus, para um plano crassamente naturalista, onde o Cristianismo, em absoluta negação da sua real essência, é transformado num simples instrumento de colaboração com revolução e da consecução da utopia igualitária, socializante e internacionalista por esta última propugnada, em suma, da nova ordem anticristã, desiderato final e sucessivo do liberalismo jacobino, do socialismo marxista e do mundialismo plutocrático, todos eles opositores flagrantes do Catolicismo.

Infelizmente, na actualidade, e sobretudo após o encerramento do V2, a “Nova Cristandade” cativou boa parte da hierarquia católica, que não hesitou, desprezando toda a tradição, em dar foros de cidadania aos erros daquela; assim, também por este facto, a leitura do livro do Padre Julio Meinvielle afigura-se absolutamente fundamental para contrariar a autêntica abominação da desolação em que se encontra mergulhada a Igreja e, acima de tudo, devolver aos leitores a efectiva dimensão do Cristianismo, apartando-o definitivamente das falácias revolucionárias.

Pontualmente, citaremos neste espaço algumas passagens do livro ora em análise, extraídas directamente da edição original publicada em Buenos Aires, sabedores que somos da quase total impossibilidade, nos tempos que correm, de se encontrar um trabalho deste quilate disponível no mercado, mesmo na Argentina ou em Espanha; todavia, as principais obras do Padre Julio Meinvielle estão traduzidas em língua francesa e nesse idioma é possível adquiri-las através da sempre utilíssima "Diffusion de la Pensée Française" (SA DPF, B.P. 1, 86190 Chiré-en-Montreuil, França), pelo que algum leitor que eventualmente esteja interessado em aprofundar o seu conhecimento sobre este importante sacerdote católico argentino, terá sempre a hipótese de recorrer a tais traduções, situação que aconselhamos vivamente, pois o ganho de causa que se obtém com a leitura das mesmas é imenso, imprescindível para destruir definitivamente boa parte das teias de aranha mentais urdidas pelo mundo moderno e pelo poderoso sistema propagandístico às suas ordens.