terça-feira, outubro 26, 2004

Reflexiones metapolíticas sobre las elecciones en los Estados Unidos

Dejemos de lado la politiquería sucia y barata de Bush II y su séquito de “aristócratas” neoconservadores, ni tampoco en la de ese sujeto de dudosísimo pasado y peor futuro como es Kerry, a quien sospecho le cabe el clásico apelativo de “marrano”. Desconfío en general de la casta de Presidentes que han regido los Estados Unidos durante muchos años. Desconfío de los que aspiraban a convertirse en la nueva República romana de nuestra era y acabaron desembocando en la Nueva Cartago, en un imperio marítimo, eminentemente comercial, dirigido por una oligocracia de corte plutocrático y adoradores de una diosa Astarté a la que le ofrecen los sacrificios de sus propios hijos. Después de todo ya son varios millones los niños norteamericanos asesinados en los vientres de sus madres o justo cuando nacen. Desconfío, por más que son ya muchos los años que llevo por estas tierras de los Estados Unidos, país al que verdaderamente he llegado a amar, en el que tengo algunos de mis mejores recuerdos, muchos y buenos amigos y se ha convertido en mi segunda casa.
La diferencia sustancial entre los romanos de antaño y los cartagineses de hoy (léase los norteamericanos de hoy) es que los romanos tenían la poderosa amalgama de los lares, los dioses del hogar, que ellos veneraban piadosamente. Por el contrario en los EE.UU. cada vez hay menos piedad hacia la familia. Con horror, con asombro del que no logro reponerme, he sido invitado a varias casas últimamente donde carecen de una mesa sobre la que comer y departir juntos. Unas tasas de divorcio rampante, de infidelidad conyugal completamente salidas de madre, la observación sociológica de que la familia aquí es un lugar de paso –no un lugar de estancia-, la comida rápida y a domicilio como norma, a unos hijos casi forzados a abandonar el hogar tan pronto como cumplen los 18 años y otros muchos hechos me indican poderosamente que yo pertenezco a otra manera de entender la vida. A la postre las vivencias diarias configuran mucho más la psique que cualesquiera otra cosa. Recuerdo con saudade aquellas veladas de familia donde Portugal era ya el telón de fondo del horizonte, tres generaciones alrededor de una mesa, el rezo conjunto del Rosario, la laboriosidad y gusto por la buena cocina de las mujeres de mi familia cocinando platos a fuego lento que nosotros luego comíamos más despacio todavía, en mesas grandes y humildes, pero con mantel y cubiertos … aquellas conversaciones sin televisión hasta el amanecer con amigos y familiares, y yo sentía en esa provincia periférica del Imperio Romano de la Lusitania que me vio nacer la llamada de la Madre Roma, el pálpito común de la sangre compartida, el bálsamo de amistades como rocas y espíritu de los lares entre nosotros. Sé que aquello era Roma. Y sé que estos modernos USA tienen de todo, menos de Roma a la que algunos de sus visionarios como Patrick Henry o John Randolph of Roanoke soñaron poder ser.
Dejo que O Corcunda ponga el cierro a esta disquisición personal mía: «Talvez seja a minha “veia” vicoiana, mas um País sem uma unidade moral (implicitamente político-religiosa) não se pode afirmar como uma unidade perfeitamente coesa! A existência dos “lares” conferia uma unidade aos primeiros romanos, apesar do seu paganismo! A sua unidade espiritual era bem mais coesa (tanto em matérias privadas, como públicas) do que qualquer momento da história dos Estados Unidos da América. Aristóteles diria hoje que os EU nem sequer são uma “polis”, mas um mero agregado de interesses comerciais”. »
Querido amigo O Corcunda. Se lo repetiré por enésima vez: Idem sentire de Res-publica.
Rafael Castela Santos

segunda-feira, outubro 25, 2004

V2, Homossexualidade e Pedofilia

Conforme havia prometido no meu último artigo, de seguida, passo à análise do "Vatican II, Homosexuality & Pedophilia", da autoria de Átila Sinke Guimarães.

Em tal livro, analisando essencialmente a realidade da Igreja Católica nos EUA, país onde vive há vários anos, o autor sustenta a tese de que a crise homossexual e pedófila que abalou profundamente aquela Igreja norte-americana, mas não só, nos últimos anos tem origem directa no abandono do magistério tradicional sobre a homossexualidade, substituído por uma impossível tentativa de compromisso com as tendências corrompidas do mundo moderno sobre tal tema.

Olvidando-se do conselho de Cristo de que a linguagem dos cristãos deve ser sempre simples, clara e directa, sem subterfúgios ou subtilezas de qualquer espécie - "Seja este o vosso modo de falar. Sim, sim; não, não. Tudo o que for além disto procede do espírito do mal." (Mt. 5 - 37) -, após o termo do V2, apartando-se do ensinamento bimilenar que sempre definiu o pecado sensual contra a natureza como um dos quatro de bradar ao Céu e que se encontra sintetizado com mestria no "Livro de Gomorra", de São Pedro Damião, e na "Suma Teológica", de São Tomás de Aquino, os modernistas tentaram falaciosamente destrinçar entre homossexualidade, que em si mesma não seria reprovável, e actos homossexuais, esses criticáveis; ora, é bom de recordar que não só os actos homossexuais são moralmente errados, como igualmente o é o simples condescender com a tendência homossexual, pois o pecado não se cinge apenas aos actos, mas também às palavras, pensamentos e até às omissões, conduzindo tal condescendência directamente aos ditos actos.

Tal sofisma teve como consequência prática a criação de um clima de tolerância para com a homossexualidade, quando não de aceitação pura e simples da mesma, junto de largos sectores da Igreja: após o V2, com esta empenhada num processo de auto-demolição e o sacerdócio debaixo de fogo, negando-se a sua dignidade e exemplaridade - o sacerdote tem de ser um homem como os outros… -, mofando-se dos actos de piedade pessoal e com os seminários totalmente rendidos ao ambiente de completa heterodoxia anticristã que Michael S. Rose tão bem descreve em "Good Bye, Good Men", deles afastando e expulsando todos os alunos defensores da ortodoxia, abriram-se as portas de par em par à escandalosa torrente que está à vista de todos, a qual, para mais, como todos os restantes desastrosos resultados do V2, tentou ser ocultada pela hierarquia eclesiástica, e ao mais alto nível.

Também aqui, como já havia dito anteriormente, se podem contemplar à saciedade a péssima qualidade dos frutos da árvore modernista, circunstância que o livro de Átila Sinke Guimarães transmite de modo exemplar.

quinta-feira, outubro 21, 2004

Michael Davies

Éste blog no ha pasado por alto la muerte de Michael Davies hace menos de un mes. Este hombre se convirtió en uno de los más conocidos defensores de la Liturgia Tradicional, de Monseñor Lefebvre y es el autor de una extensa bibliografía en defensa de la Tradición.
Michael Davies es, sin duda, un autor conocido por todos aquellos que se han interesado por los problemas teológicos post-Vaticano II (V2). Davies defendió a la Tradición y en algún momento fue llamado por la Santa Sede para presidir una Comisión Pontificia en relación a la Misa Tridentina
.
Quiero pararme hoy, entre otros muchos, en dos libros de Michael Davies. El primero es el de Cramer´s Godly Order
, donde hace un análisis sucinto y penetrante de los cambios litúrgicos que acontecieron en los primeros pasos de la Iglesia Anglicana. Los ingleses, cuyo catolicismo llevaba el marchamo de haber sido la nación más monástica de la Cristiandad durante la Edad Media, no sospecharon al principio que enfilaban el camino de la herejía. Se cumple el adagio Lex Orandi, Lex Credendi. Lo crucial es entender el principio de gradualidad y cómo se aplicó aviesamente para conducir a los católicos ingleses al precipicio: destruida la doctrina y el vínculo con Roma se conservó al principio la apariencia católica para 50 años después no parecerse nada en sus liturgias y oraciones. Romano Amerio insiste una y otra vez en la aplicación de dicho principio de gradualidad en las reformas del V2 en su libro Iota Unum. La segunda obra es Pope John´s Council. Arranca Michael Davies en este libro suyo con un análisis sensatísimo de los problemas de la Iglesia preconciliar y a renglón seguido analiza todas las maquinaciones, todas las conjuras, todos los complots (generalmente venidos de los Episcopados alemán y francés y también de los anglosajones) contra la sana doctrina tradicional y el resultado final, que no ha sido otro que la destrucción de la Iglesia oficial, como es bien palpable. El análisis de Davies está tan bien documentado que todo interesado en saber qué pasó en el V2 tiene que leer este libro. El autor no deja lugar a dudas del empeño y éxito en la mutación esencial de la Iglesia Católica acometido por los modernistas (y por los tontos útiles, claro está). Mutación que no sólo atañe al tema litúrgico, sino también al de la Fe.
Me consta que ambos libros están traducidos al castellano, el segundo ciertamente por la editorial argentina Ictio, pero ignoro si lo están al portugués.
Su muerte anunciada por él mismo (padecía un cáncer de próstata muy agresivo) fue verdaderamente ejemplar en más de un aspecto. Recomendamos el Eulogio de The Remnant
.
Descanse en paz Michael Davies.
Rafael Castela Santos

domingo, outubro 17, 2004

Bibliofilias - 3

Em alfarrabista, encontramos recentemente "O Culto da Tradição - Conferência realizada na Associação Católica do Porto", de Luís de Almeida Braga, leitura que tanto pelo calibre do autor como pelo nível do tema promete à saciedade; a seu devido tempo, daremos conta das nossas impressões neste espaço.

Falaremos igualmente de "Vatican II, Homossexuality & Pedophilia", de Átila Sinke Guimarães, autor católico tradicional brasileiro, mas radicado há largos anos nos E.U.A., onde é o principal animador do interessante grupo de resistência cultural "Tradition in Action", cujo sítio aconselhamos os nossos paciente leitores a visitar. No livro em questão, à luz do magistério tradicional da Igreja, o mesmo faz a análise não só da homossexualidade, bimilenarmente reputada como um dos quatro pecados de bradar ao Céu, mas sobretudo das causas profundas que estão na origem dos dolorosos escândalos ocorridos nos últimos anos no seio da Igreja Católica, especialmente nos Estados Unidos. Também nesta área se revelaram, em toda a sua podridão, os maus frutos do modernismo…

O Cardeal Ratzinger e a adesão da Turquia à UE

Retirada do sempre recomendável DICI, aqui se plasma a sensatíssima posição do Cardeal Ratzinger, uma das vozes mais esclarecidas da Igreja Católica, sobre este assunto:
"Ses propos repris dans le quotidien tessinois Giornale del Popolo du 20 septembre, n’ont pas été tenus lors d’une conférence, mais au cours d’une série d’échanges entre les participants du Congrès de Velletri portant sur les contenus fondamentaux de l’Exhortation apostolique Ecclesia in Europa. On y parlait d’annonce de l’Evangile, de l’engagement politique des chrétiens, de la laïcité de l’Etat, y compris du laïcisme "dogmatique et intolérant", et des racines chrétiennes. C’est dans ce contexte que le journaliste du Giornale del Popolo a posé au cardinal une question sur la compatibilité de la Turquie et de l’Union européenne.
Le prélat romain a dit parler "en modeste historien, qui a toujours conservé de l’amour et de l’intérêt pour cette discipline". C’est ainsi qu’il a d’abord précisé que l’Europe n’était pas un concept géographique, mais culturel, formé au long d’un parcours historique, conflictuel, marqué par la foi chrétienne. C’est un fait, a relevé le préfet de la Congrégation pour la doctrine de la foi, que l’Empire ottoman a toujours été en opposition avec l’Europe.
"Si Kemal Ataturk dans les années vingt a construit une Turquie laïque, le noyau de l’antique Empire est le fondement islamique. Il est donc bien distinct de l’Europe, qui est un ensemble d’Etats laïcs, mais avec des fondements chrétiens. Même si aujourd’hui on semble, sans justification aucune, le nier", a affirmé le cardinal. "Il serait antihistorique" d’accepter l’entrée de la Turquie dans l’Union européenne. Cela irait à l’encontre de l’âme européenne et des réalités. Une "grande erreur", a-t-il lancé, conséquence de raisons économiques. "Mais quelle Europe aurions-nous, qui serait construite seulement sur l’économie?" a-t-il demandé.
Poursuivant sur sa lancée, le cardinal a déclaré que "la Turquie, qui doit être respectée dans ses valeurs identitaires", aurait, selon lui, "une autre mission à accomplir": celle de "pont culturel" entre l’Europe et le monde arabe. Mieux encore, a-t-il ajouté: "La Turquie devrait former un continent culturel" avec les pays arabes, mais "le moment n’est pas propice, à cause des tensions existantes".

Iglesia y Estado: puntualizaciones para aclarar conceptos sobre el Dogma del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo

Extractado de DOUTRINA CATÓLICA SOBRE AS RELAÇÕES ENTRE A IGREJA E O ESTADO (Mons. Dr. Emílio Silva de Castro)

· “Según Azpiazu ‘Estado católico no significa que todos los ciudadanos sean católicos, ni menos aún que el Estado obligue a sus ciudadanos a serlo..., ni significa que el Estado no puede tolerar otras religiones en privado; sino únicamente de los ciudadanos, por ser el verdadero y por tanto, respetado y respetable por todos.’
· “Qual é pois a verdadeira doutrina? A que, mantendo por uma parte a perfeição jurídica da Igreja e do Estado, e sua independência recíproca, afirma a união dos dois poderes, ressalvando a devida hierarquia e a subordinação entre os fins diversos de uma e outra sociedade. Esta doutrina é chamada comumente de poder indireto da Igreja.”
· “A primeira base para a harmonia jurídica entre a Igreja e o Estado é o reconhecimento da soberana independência de ambos. Neste caso, quem diz independência diz soberania ou ‘direito de governar sem dependência de outro poder humano em sua ordem.’ { … }Por união entende-se a harmonia jurídica que deve reinar entre os dois poderes, eclesiástico e civil, por conseguinte, união de Igreja e Estado não significa unidade católica, senão, apenas, concórdia e harmonia, inteligência e boa amizade, mesmo no caso em que, por diversas circunstâncias históricas exista dentro do Estado, como é freqüente, pluralidade de cultos, que a lei admita e equipare ao católico.”
· “Suárez afirmaba: ‘A verdade da doutrina e os direitos da
Igreja
— observa o sábio canonista — não dependem da condição dos tempos nem das dificuldades de execução; se assim fosse, deveriam também ser negados outros directos certíssimos da Igreja’, além de ser falso que em nossos tempos não tenha aplicação prática, porque, se por exemplo, a Igreja declara inválida alguma lei do Estado, ainda agora deixará de obrigar no mesmo foro civil.
· “De acordo com a doutrina tradicional, a Igreja e o Estado são duas sociedades distintas, comparadas ao corpo e à alma do homem. O corpo e a alma não são nem separados nem confundidos. São, apenas, distintas um do outro, mas estão perfectamente harmonizados. Da confusão ou do conflito entre ambos representam corpo e alma. Da união deriva-se a coordenação dos esforços, o auxílio recíproco de uma sociedade para a outra; a união da vitalidade ao corpo social. Da separação, da luta, só podem vir males. Os governos temporais pretenderam muitas vezes absorver, dominar a Igreja: disso só resultaram desordens e males. {…} A união harmoniosa dos dois poderes será sempre rico manancial de bens para as nações cristãs. ‘Quando o Império e o Sacerdócio — escrevia belamente Ivo de Chartres ao Papa Pascoal II — vão em harmonia, o mundo anda bem... Quando, porém, há entre eles discórdia, não só não crescem as coisas pequenas mas até as grandes perecem
miseravelmente.’
Esse união, todavia, como antes frisamos, há de respeitar a hierarquia e a independencia recíprocas. É esta doutrina muito antiga e veneranda no cristianismo.”

Extractado de ON THE SEPARATION OF CHURCH AND STATE UNE FOIS ENCORE St Pius X Encyclical (promulgated on January 6, 1907):
· “Nor has [the Catholic Church] any desire for violent persecution. She knows what persecution is, for [the Catholic Church] has suffered it in all times and in all places. Centuries passed in bloodshed give her the right to say with a holy boldness that she does not fear it, and that as often as may be necessary she will be able to meet it. But persecution is in itself an evil, for it is injustice and prevents man from worshipping God in freedom. The Church then cannot desire it, even with a view to the good which Providence in its infinite wisdom ever draws out of it. Besides, persecution is not only evil, it is also suffering, and there we have a fresh reason why the Church, who is the best of mothers, will never seek it.
· From the point of view of ecclesiastical property, this law is a law of spoliation and confiscation, and it has completed the stripping of the Church. Although her Divine Founder was born poor in a manger, and died poor on the Cross, although she herself has known poverty from her cradle, the property that came to her was nonetheless hers, and no one had the right to deprive her of it. Her ownership, indisputable from every point of view, had been, moreover, officially sanctioned by the state, which could not consequently violate it. From the point of view of the exercise of worship, this law has organized anarchy; it is the consecration of uncertainty and caprice. Uncertainty whether places of worship, always liable to be diverted from their purpose, are meanwhile to be placed, or not placed, at the disposition of the clergy and faithful; uncertainty whether they shall be reserved from them or not, and for how long; whilst an arbitrary administrative regulates the conditions of their use, which is rendered eminently precarious. Public worship will be in as many diverse situations as the other. On the other hand, there is an obligation to meet all sorts of heavy charges, whilst at the same time there are draconian restrictions upon the resources by which they are to be met. Thus, though but of yesterday, this law has already evoked manifold and severe criticisms from men belonging indiscriminately to all political parties and all shades of religious belief. These criticisms alone are sufficient judgment of the law. It is easy to see, Venerable Brethren and beloved sons, from what We have just recalled to you, that this law is an aggravation of the Law of Separation, and we can not therefore do otherwise than condemn it.

Extractado de THE REIGN OF CHRIST THE KING (Michael Davies, RIP)
· “The double claim of Our Lord Jesus Christ to our allegiance, as our Creator and our Redeemer, is well summarized in the Book of the Apocalypse, where St. John tells us that Christ is "the ruler of the kings of the earth." (Apoc. 1:5). The fact that the kings of the earth—in other words, the nations and those who rule them—are subject to the Kingship of Christ pertains to what is known as His Social Kingship, that is, His right to rule over societies, as well as individuals. No one claiming to be a Christian would, one hopes, dispute the fact that as individuals we must submit ourselves to the rule of Christ the King, but very few Christians, Catholics included, understand, let alone uphold, the Social Kingship of Our Lord Jesus Christ. His social kingship can be implemented fully only when Church and State are united. The separation of Church and State was condemned unequivocally by the Roman Pontiffs until the Second Vatican Council. The Church's teaching is that the State has an obligation to render public worship to God in accord with liturgy of the true Church, the Catholic Church, to uphold its teaching, and to aid the Church in the carrying out of her functions. The State does not have the right to remain neutral regarding religion, much less to pursue a secular approach in its policies. A secular approach is by that very fact an anti-God and an anti-Christ approach.”
· All authority comes from God." Pope Leo XIII explained in his encyclical Immortale Dei, Nov. l, 1885, that:

Every civilized community must have a ruling authority, and this authority, no less than society itself, has its source in nature, and has, consequently, God for its author. Hence it follows that all public power must proceed from God. For God alone is the true and supreme lord of the world. Everything without exception must be subject to Him, and must serve Him, so that whosoever holds the right to govern, holds it from one sole and single source, namely, God, the Sovereign Ruler of all. "There is no power but from God." (Rom. 13:1)

"There is no power but from God." This quotation from Romans 13:1 states all that needs to be stated concerning the source of authority. Because those who govern derive their authority from God and govern as His legates, and not as holding their authority from the people, no government can have a true right to enact any legislation contrary to the law of God, even if such legislation is the manifest wish of the majority of the people. The Church is totally opposed to any concept of democracy in which authority is said to reside in the people and in which those who govern are said to receive their authority from the people. Pope Leo XIII insisted in Immortale Dei that:

In a society grounded upon such maxims, all government is nothing more nor less than the will of the people; and the people, being under the power of itself alone, is alone its own ruler. . . . The authority of God is passed over in silence, just as if there were no God; or as if He cared nothing for human society; or as if men, in their individual capacity or bound together in social relations, owed nothing to God; or as if there could be a government of which the whole origin and power and authority did not reside in God Himself. Thus, as is evident, a state becomes nothing but a multitude, which is its own master and ruler.

Extractado de LA REALEZA DE CRISTO (P Mateo Crawley)
· “Los reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de tu ley; al caer del sitial del mando en la tumba del olvido, tus súbditos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina, y que es deber eliminarlo en beneficio del progreso...; pero, al caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los malos ricos, los altivos, los mundanos dirán que tu moral es de otro tiempo, que tus intransigencias matan la libertad de la conciencia...; pero, al confundirse con las sombras de la tumba y del olvido, tus hijos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los interesados en ganar alturas y dinero, vendiendo falsa libertad y grandeza a las naciones..., chocarán con la piedra del Calvario y de tu Iglesia, y al bajar aniquilados a la tumba del olvido, tus apóstoles seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio..., morirán un día envenenados por sus maléficas doctrinas; y al caer a la tumba del olvido, maldecidos por sus propios hijos, tus consoladores seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Los fariseos, los soberbios y los impuros habrán envejecido estudiando la ruina, mil veces decretada, de tu Iglesia ...; y al perderse, derrotados en la tumba del olvido, tus redimidos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! Sí, que viva. Y al huir de los hogares, de las escuelas, de los pueblos, Luzbel, él ángel de tinieblas, al hundirse eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva en el triunfo de tu Eucaristía y de tu Iglesia! ¡Viva para siempre Cristo Rey!”
Rafael Castela Santos

quarta-feira, outubro 13, 2004

Algunas reflexiones sobre el Rosario

Se celebró el 7 de Octubre la Festividad de Nuestra Señora del Rosario. Esta Festividad fue instituida por San Pío V como conmemoración de la gloriosísima Batalla de Lepanto, donde el peligro turco marítimo –que amenazaba a toda Europa- fue finalmente conjurado.
El Rosario es una oración compuesta de 15 décadas. Cada una de ella se inicia con un Padrenuestro, se sigue de diez Avemarías y se termina con una Gloria y una Jaculatoria que la Virgen pidió expresamente en Fátima: “Oh, Jesús mío, perdonad nuestros pecados, tened misericordia de nosotros y llevad al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de vuestra Divina Misericordia”. Generalmente no se rezan las quince décadas, sino que se reza un tercio (5 décadas) asignadas a los Misterios Gozosos (lunes y jueves), Misterios Dolorosos (martes y viernes) y Misterios Gloriosos (miércoles, sábados y domingos). De esta manera se pasa revista a lo largo de la semana a los puntos más relevantes de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo bajo un, por así decirlo, prisma mariano.
La Tradición cuenta que el Rosario fue una oración dada expresamente por la Virgen a Santo Domingo de Guzmán. Este Santo español vivió sus días cuando la herejía cátaro-albigense asolaba el mediodía francés. Santo Domingo se lanzó en prédica de la divulgación de esta poderosa arma de oración por el noreste ibérico y mucho del territorio francés al sur del Loira. Como quiera que Santo Domingo fuera el fundador de la Orden de Predicadores, más conocida como los Dominicos, esta orden mendicante se convirtió en un eficaz vehículo de propagación de esta devoción mariana hasta el punto de que se puede decir sin lugar a dudas que es posiblemente de todas las devociones la más arraigada en el pueblo católico.
La Cruzada de Rosarios iniciada por Santo Domingo de Guzmán acabó con la destrucción del gnosticismo cátaro-albigense. San Pío V, dada su vinculación dominicana, era un fervoroso devoto del Rosario, instó a que se rezase asiduamente el Rosario por parte de la marinería y tropa cristianas que lucharon en Lepanto. De hecho, aquellos miles de hombres –muchos de los cuales no habían destacado en Piedad hacia Dios-, estaban rezando el Rosario o acababan de rezarlo cuando vislumbraron a la flota sarracena en Lepanto. Cuentan las crónicas que hasta los más endurecidos de corazón se habían confesado y Don Juan de Austria había puesto buen cuidado en poner en cada nave un capellán, muchos de ellos franciscanos, algunos dominicos. La batalla de Lepanto fue durísima y Pío V pasó aquel día haciendo ayuno y oración, entre la que incluyó el Rosario de manera preferente. Cuando los cristianos (entre los que ciertamente no se encontraban los traidores franceses) derrotaron al infame turco, el venerable Papa Pío V se hallaba rezando el Rosario. Cuenta Miguel de Cervantes, que perdió un brazo en Lepanto, que nunca vio ni hubo cosa igual como el grito de alegría de aquellos cristianos vencedores y de aquellos prisioneros cristianos liberados. Las crónicas musulmanas hablan de muchos que vieron a Nuestra Señora en el cielo extender el manto sobre la Armada cristiana. El cúmulo de circunstancias por el que una flota inferior en número y en artillería pudo derrotar a la todopoderosa flota islámica excede no ya lo probable, sino lo posible. Sirva como ejemplo que viniendo del oeste la flota cristiana y del este la turca los vientos viraron de tal manera que los turcos acabaron yendo con el sol de frente, lo que permitió una aproximación óptima de la flota cristiana que confiaba en la técnica del abordaje, en la que la infantería de marina española era experta.
En Austria, en 1955, se produjo un hecho inaudito: los soviéticos se retiraron del católico país alpino casi, si se puede decir, sin mucha razón para ello. Sólo hay un hecho que lo explica: los austríacos, que habían sufrido en sus carnes el azote del anticatólico nacionalsocialismo, se juraron rezar el Rosario sin cesar hasta que el feroz invasor comunista se marchase. Y se marchó.
En Brasil, en 1964, un enemigo declarado de la nación hermana luso-americana como fuera Joao Gulart, se dedicó a infiltrar de cuantos comunistas había todos los puestos claves del gobierno. Gulart, en su desfachatez, se atrevió a sugerir que no se rezase el Rosario porque “de ello no podía venir progreso alguno”. Sin embargo un considerable número de brasileños le respondió precisamente con el rezo del Rosario. La consecuencia es que fue afortunadamente depuesto por un golpe militar que liberó al Brasil de la tiranía comunista. El progreso, el verdadero progreso, fue liberarse de Gulart y ¡vaya si el Rosario lo consiguió!
La Virgen en Fátima insistió en el rezo del Rosario y en la Devoción de los Cinco Primeros Sábados como caminos para poder afrontar estos tiempos de hierro, de falta de Fe y Caridad, en los que nos movemos. Sirvan las líneas precedentes y los cuatro ejemplos citados, entre otros muchos, para convencernos a los católicos de que mucho está cifrado en la perseverancia en la oración del Rosario. Más de lo que incluso nosotros podemos llegar a imaginar.
Recemos. Que la misma Virgen María que liberó a Portugal de todos los gobiernos anticlericales de principios de siglo vuelva a liberarnos a todos.
Santa María del Rosario, rogad por nosotros.
Rafael Castela Santos

segunda-feira, outubro 11, 2004

A sabedoria de Dom António de Castro Mayer - 6

Deixando as matérias de doutrina social da Igreja que até agora temos vindo a tratar nesta série de artigos sobre a sabedoria de Dom António de Castro Mayer, entramos doravante num campo mais especificamente dedicado a questões de cariz teológico, sobre as quais comummente também se geram várias confusões. As proposições citadas continuam a ser extraídas da famosa "Carta Pastoral Sobre Problemas do Apostolado Moderno":

(1) Proposição falsa: O fiel quando assiste à Santa Missa, e pronuncia com o celebrante as palavras da consagração, coopera para a transubstanciação e o sacrifício.

Proposição verdadeira: O fiel é incapaz de concelebrar com o Sacerdote, cooperando para a transubstanciação, porque lhe falta o Sacramento da Ordem, que comunica tal capacidade.

Explanação: Só o Sacramento da Ordem confere o poder e a capacidade para operar a transubstanciação no Sacrifício da Nova lei. O simples fiel é pois incapaz de o fazer.

A proposição impugnada renova a heresia dos protestantes, condenada no Concílio de Trento (ses. 23, cap. 4), e novamente proscrita na "Mediator Dei", de S. Santidade Pio XII (A.A.S. 39, p. 556).


(5) Proposição falsa: O altar deve ser em forma de mesa que lembre a Ceia Eucarística.

Proposição verdadeira: "Está fora do caminho quem quer restituir ao altar a antiga forma de mesa" ("Mediator Dei", A.A.S. 39, p. 545).

Explanação: Por um apego excessivo ao rito e à forma antigos, só porque antigos, certos liturgicistas pretendem restaurar o altar em forma de mesa e outras práticas da Igreja primitiva (cfr. A.A.S. 39, p. 545). Como se ao longo da História o espírito da Igreja não se pudesse ir exprimindo em novas formas e novos ritos, acomodados às diversidades dos tempos e dos lugares.

Os extremos se tocam e os exageros mais opostos entre si se coligam contra a verdade. O perigo deste espírito tradicional mal entendido encontrá-lo-eis o mais das vezes nos próprios fautores de novidades, como Lutero, Jansénio, os promotores do falso Concílio de Pistóia e, ainda neste século, os modernistas.


(7) Proposição falsa: A celebração simultânea de várias Missas rompe a unidade do Sacrifício social.

Proposição verdadeira: A simultaneidade de várias Missas não rompe a unidade do Sacrifício social da Igreja.

Explanação: "Não falta quem afirme que os sacerdotes não possam oferecer a divina Vítima ao mesmo tempo em muitos altares, porque deste modo dissociam a comunidade e põem em perigo a unidade". É sentença reprovada pela "Mediator Dei" (A.A.S. 39, p. 556). A razão é óbvia: todo sacrifício da Missa só tem valor pela sua relação intrínseca como o Sacrifício da Cruz, que foi um só e válido para todos os tempos; de maneira que ainda que muitas sejam as Missas, de fato permanece a unidade essencial do Sacrifício.

A sentença impugnada lembra o erro jansenista condenado pela Constituição "Auctorem fidei", de Pio VI, em 28 de Agosto de 1794, sob o nº 31, que soa assim: "A proposição do Sínodo que afirma que é conveniente, para a boa ordem dos ofícios divinos e segundo o antigo costume, que em cada igreja haja somente um altar, e que lhe agradaria ver restituído este costume - é declarada temerária, injuriosa a um uso antiquíssimo, piedoso, em vigor e aprovado desde há muitos séculos, em particular na Igreja Latina" (D. 1531).

sexta-feira, outubro 08, 2004

O ecumenismo admissível

Aproveitando a polémica recentemente surgida a propósito dos acontecimentos ocorridos no Santuário de Fátima, sem esquecer o que o Rafael Castela Santos já escreveu neste espaço sobre o assunto, conviria tão-só relembrar que, numa perspectiva tradicionalista, o único ecumenismo admissível é o que, destrinçando os fiéis de outras religiões dos seus erros, visa, de modo caridoso e fraternal, a conversão ou o regresso daqueles ao Catolicismo - única religião revelada e verdadeira -, com a consequente abjuração por parte dos mesmos dos ditos erros.

Tudo o mais que se aparte deste entendimento, para além de cair num indiferentismo religioso de cariz jacobino, afasta-se decisivamente da doutrina tradicional católica, a qual foi magistralmente sintetizada nesta matéria pela Encíclica "Mortalium Animus", do Papa Pio XI.

Infelizmente, nas décadas subsequentes ao V2, essa doutrina foi deliberadamente olvidada pelo novo poder eclesiástico modernista, e eventos como os de Fátima, afinal, têm a sua génese no comportamento ambíguo que neste campo, desde então, tem sido adoptado por Roma, e ao mais alto nível.

terça-feira, outubro 05, 2004

São Pio X e a República Portuguesa

Pensamos, Veneráveis Irmãos, que Vos é suficientemente conhecido o inacreditável curso que, há muito tempo, tomou em Portugal a inumanidade dos crimes que oprimem a Igreja. Com efeito, quem não sabe? Desde que a República se tornou ali forma de governo, começaram a ser continuadamente promulgadas medidas que respiram um rancor inexplicável contra a Igreja. Vimos as Ordens Religiosas violentamente expulsas e a maior parte dos seus membros lançados impiedosamente para fora das fronteiras de Portugal. Vimos pôr um cuidado encarniçado em não deixar subsistir nenhum vestígio de religião em nenhuma organização civil, nem nos actos da vida normal; as solenidades da Igreja riscadas do número de dias feriados; o juramento, privado de todo o carácter religioso; a lei do divórcio, estabelecida a toda a pressa; a instrução religiosa banida das escolas públicas. Enfim, passando em silêncio outros atentados cuja lista seria longa, os Bispos sofreram uma impetuosa pressão, e dois muito célebres Bispos, do Porto e de Beja, homens ilustres tanto pela integridade das suas vidas como pelos serviços prestados à Pátria e à Igreja, foram depostos das suas Sedes e da sua dignidade.

Enquanto os novos governantes portugueses davam tantos e tão funestos exemplos de excesso de poder, sabeis quanta paciência e quanta moderação a Santa Sé teve a seu respeito. Estimámos que era preciso evitar, com o maior cuidado, tudo o que pudesse parecer um acto de hostilidade para com a República. (…) Mas nós fomos totalmente desiludidos: eis que cumulam a sua obra nefasta com a promulgação da muito má e muito perniciosa Lei da Separação da Igreja e do Estado. O dever do Nosso cargo apostólico, de nenhum modo Nos permite tolerar mais, nem passar mais tempo um tão grave atentado aos direitos e à dignidade da religião católica. É por isso que, nesta carta, apelamos a Vós, Veneráveis Irmãos, e denunciamos à cristandade inteira toda a indignidade dessa conduta.


São Pio X - Encíclica Jamdudum, 24 de Maio de 1911

domingo, outubro 03, 2004

A sabedoria de Dom António de Castro Mayer - 5

Proposição falsa: Os católicos devem preferir o socialismo ao liberalismo.

Proposição verdadeira: Os católicos não devem aceitar o liberalismo, nem o socialismo.

Explanação: Segundo a doutrina da Igreja, tanto o regime liberal quanto o socialista são maus, e quando levados a suas últimas consequências produzem a completa subversão da vida social.

Os católicos devem, pois, promover a instauração de um regime que se ache em um terreno inteiramente diverso. - A sentença impugnada tem o defeito de situar o liberalismo e o socialismo, como se eles fossem um o contrário do outro. Na realidade, como o afirma Leão XIII, o liberalismo é causa do socialismo, e, na concepção leiga e anorgânica de nossos tempos, é impossível sair de um extremo sem cair no outro. Considere-se uma sociedade entregue ao paganismo. Se a autoridade se mostra liberal e condescendente, se as leis concedem muita facilidade de movimentos aos particulares, o desencadear-se assustador das paixões produzirá por força a anarquia. A manutenção da ordem exige uma tal multiplicidade de leis, decretos, regulamentos, tantas intervenções públicas para assegurar a realização das incontáveis funções estatais, que o cidadão isolado, desarmado, aterrorizado, se tornará em pouco tempo um grão de poeira, um escravo inerte diante do Estado Moloch.

Os fundamentos da verdadeira solução, oposta ao liberalismo e ao socialismo, se encontram nas seguintes palavras do Soberano Pontífice: "O Estado não contém em si e não reúne mecanicamente em um território dado, uma aglomeração amorfa de indivíduos; ele é, e deve ser na realidade, a unidade orgânica e organizadora de um verdadeiro povo" (Alocução de Natal de 1948).

Explicações necessárias

Novos compromissos que assumi no começo do mês passado, no âmbito da minha actividade profissional, forçam-me a dedicar aos mesmos em regime de exclusividade quase absoluta, deixando-me um espaço de manobra mínimo para outras actividades; por outro lado, encontro-me presentemente em fase de mudança de residência, com todas as trabalheiras acrescidas decorrentes de tal circunstância. Estes dois factos combinados entre si, têm-me impedido de actualizar o blogue com a regularidade que gostaria, e embora esteja fora de questão pôr-lhe um termo - longe disso! -, tal actualização, nos tempos mais próximos, processar-se-á a um ritmo muito mais espaçado, com a publicação tão-só de dois ou três novos artigos por semana. De tal situação, penitencio-me, desde já, perante os meus escassos e pacientes leitores.

sábado, setembro 25, 2004

De Lamennais a Maritain

Neste livro originalmente publicado em 1945, o Padre Julio Meinvielle, uma das figuras basilares do pensamento tradicionalista argentino, disseca com meticulosidade o conceito de “Nova Cristandade”, desenvolvido pelo filósofo francês Jacques Maritain - antigo tomista, ex-membro da “Action Française”, e adepto das teses modernistas a partir de 1932 - nas suas obras "Humanisme Integral", "Christianisme et Démocratie" e "Principes de une Politique Humaniste".

Num trabalho de leitura apaixonante, Julio Meinvielle demonstra que a Nova Cristandade maritainiana nada tem de novo ou de cristão; pelo contrário, nela reafirmam-se, de modo mais audaz e insistente, os erros doutrinários de Lamennais e do “Sillon”, de Marc Sangnier, o primeiro a seu tempo condenado por Gregório XVI e pelo Beato Pio IX, e o segundo por São Pio X, os quais tentam o impossível de conciliar o pensamento revolucionário iluminista e o seu relativismo ético-moral adorador do homem, com a verdade católica divinamente revelada…

Fazendo tábua-rasa de toda a tradição da Igreja, e muito especialmente do magistério unânime de todos os Papas reinantes entre 1789 e 1958, Maritain extrapola abusivamente conceitos doutrinários, que só podem ser plenamente compreendidos e interpretados à luz de um plano sobrenatural ou de graça, no âmbito dos desígnios salvíficos de Deus, para um plano crassamente naturalista, onde o Cristianismo, em absoluta negação da sua real essência, é transformado num simples instrumento de colaboração com revolução e da consecução da utopia igualitária, socializante e internacionalista por esta última propugnada, em suma, da nova ordem anticristã, desiderato final e sucessivo do liberalismo jacobino, do socialismo marxista e do mundialismo plutocrático, todos eles opositores flagrantes do Catolicismo.

Infelizmente, na actualidade, e sobretudo após o encerramento do V2, a “Nova Cristandade” cativou boa parte da hierarquia católica, que não hesitou, desprezando toda a tradição, em dar foros de cidadania aos erros daquela; assim, também por este facto, a leitura do livro do Padre Julio Meinvielle afigura-se absolutamente fundamental para contrariar a autêntica abominação da desolação em que se encontra mergulhada a Igreja e, acima de tudo, devolver aos leitores a efectiva dimensão do Cristianismo, apartando-o definitivamente das falácias revolucionárias.

Pontualmente, citaremos neste espaço algumas passagens do livro ora em análise, extraídas directamente da edição original publicada em Buenos Aires, sabedores que somos da quase total impossibilidade, nos tempos que correm, de se encontrar um trabalho deste quilate disponível no mercado, mesmo na Argentina ou em Espanha; todavia, as principais obras do Padre Julio Meinvielle estão traduzidas em língua francesa e nesse idioma é possível adquiri-las através da sempre utilíssima "Diffusion de la Pensée Française" (SA DPF, B.P. 1, 86190 Chiré-en-Montreuil, França), pelo que algum leitor que eventualmente esteja interessado em aprofundar o seu conhecimento sobre este importante sacerdote católico argentino, terá sempre a hipótese de recorrer a tais traduções, situação que aconselhamos vivamente, pois o ganho de causa que se obtém com a leitura das mesmas é imenso, imprescindível para destruir definitivamente boa parte das teias de aranha mentais urdidas pelo mundo moderno e pelo poderoso sistema propagandístico às suas ordens.

sexta-feira, setembro 24, 2004

A sabedoria de Dom António de Castro Mayer - 4

Proposição falsa: A democracia cristã consiste no governo do povo, isto é, da maioria.

Proposição verdadeira: "Democracia cristã" é expressão usada para indicar qualquer governo que promova o bem comum sobre a lei de Deus, seja esse governo monárquico, aristocrático ou democrático. É o que ensina Leão XIII quando diz que que a democracia cristã "não deve absolutamente ter em vista preparar e preferir uma forma de governo em substituição a outra" (Encíclica "Graves de Communi"). A forma democrática de governo é compatível com a doutrina da Igreja na medida em que significa a participação do povo nos negócios públicos. Mas por "povo" a Igreja não entende a maioria numérica, anorgânica, isto é, a massa; porém, toda a população, atendidas as legítimas diferenciações de classe, de região, etc.. Assim, a democracia legítima não é o domínio das classes mais numerosas sobre as menos numerosas, da massa sobre o escol, mas a justa e proporcionada influência das classes, famílias, regiões e grupos sociais, nos negócios públicos.

Explanação
: A diferença entre a concepção católica e a concepção corrente da democracia procede de uma maneira diferente de entender a palavra "povo". Para a Igreja, o povo é em certo sentido o contrário da massa. Pio XII diz: "Povo e multidão amorfa, ou como se costuma dizer, massa, são dois conceitos diversos. O povo vive e se move por vida própria; a massa é por si mesma inerte e não pode ser movida senão do exterior. O povo vive da plenitude da vida dos homens que o compõem, cada um dos quais - em sua própria posição e segundo o seu modo próprio - é uma pessoa cônscia das respectivas responsabilidades e convicções. A massa, pelo contrário, espera o impulso do exterior, fácil joguete nas mãos de quem quer que lhe explore os instintos e as impressões, pronta a seguir, alternadamente, hoje esta bandeira e amanhã aquela. Da exuberância de vida de um verdadeiro povo a vida se difunde, abundante, rica, no Estado e em todos os seus organismos, comunicando-lhes com vigor incessantemente renovado a consciência de sua própria responsabilidade, o verdadeiro sentido do bem comum" (Alocução de Natal de 1944).

Ora, para o comum dos democratas o povo é precisamente o que Pio XII chama de massa. É o que se deduz das palavras do Papa (…): "Por toda a parte, atualmente, a vida das nações está desagregada pelo culto cego do valor numérico. O cidadão é eleitor. Mas, como tal, não é ele na realidade senão umas das unidades cujo total constitui uma maioria ou uma minoria, que o simples deslocamento de algumas vozes, quando não de uma só, basta para inverter. Do ponto de vista dos partidos, o eleitor não conta senão pelo seu poder eleitoral, pelo concurso que o seu voto dá; de sua situação, e de seu papel na família e na profissão não se cogita" (…).

Escrevendo sobre a democracia no sentido aceitável da palavra, convém acrescentar que ela jamais se identifica com o mito revolucionário da soberania popular. Todo o poder vem de Deus. O povo - e por "povo" entenda-se o que acima foi definido em oposição à massa - apenas pode escolher os que governarão com a autoridade que lhes vem de Deus.

Romano Amerio y el divorcio - final

Un contrato que obligue para siempre parece imposible, porque (dicen) el hombre no puede saber si mañana estará persuadido y voluntarioso como hoy; y además porque (dicen) la voluntad actual, y por tanto real, no puede estar vinculada por una voluntad pasada, y por tanto irreal. Es el sofisma de Hume, que negando toda conexión de causalidad entre los momentos de la conciencia, contempla la vida volitiva del hombre como una serie de puntos independientes uno respecto a otro. Esto implica también la negación de la libertad. Si la libertad es la facultad de preferir un objeto, es también la facultad de preferir un acto propio de libertad que se determine a perpetuidad.
Según Santo Tomás, el carácter de la voluntad es el figere un juicio entre los posibles. ¿Por qué no va a poder la voluntad fijarse a s’ misma? Según el Aquinatense, en la fijación de la voluntad en un punto y la consumación instantánea de todo un destino consiste la perfección específica de la naturaleza angélica: la volición humana que se fija en un pacto perpetuo e irrevocable puede representarse como una imitación de esta fijeza angélica por parte de una naturaleza perpetuamente versátil; en suma, la superación de la movilidad en el tiempo.
Pero en todo caso, la doctrina católica de la indisolubilidad del matrimonio es una gran celebración de la potencia de la libertad; más aún, es una gran celebración de la potencia ordinaria de la libertad, porque concierne a todos los actos individuales. Por tanto toda disminución que se haga de ella para querer desenvolverse "humanamente hablando" redunda en una disminución de la dignidad humana. A causa de su intransigencia, la indisolubilidad conyugal está por encima de los votos religiosos. estos son de la misma naturaleza (la voluntad ‘cual víctima se ofrece ... / y se hace con su acto’, Par. V, 29-30), pero menos excelentes que aquélla, porque su dispensabilidad, más fácil en la Iglesia postconciliar, les quita mérito y los pone por debajo (según dicho verso) de la perpetua comunión matrimonial.
La indisolubilidad, estrechamente unida con la monogamia, puede ser demostrada con reflexiones sociales y psicológicas, en último análisis más eudemonológicas que deontológicas. Tales consideraciones van desde la casi paridad de número en la estadística de hombres y mujeres, hasta la necesidad civil de legitimar a la prole, la inestabilidad de las pasiones (que deben ser refrenadas) y la exigencia de la educación de los hijos. En realidad el motivo esencial de la indisolubilidad (prescindiendo, se entiende, de la razón sacramental y de derecho divino) es de alto orden espiritual. El matrimonio es una donación total de persona a persona, por la cual dos personas de sexo distinto se unen tan plenamente como es posible segœn la recta razón. Esta unión presupone el amor que es debido por toda persona a toda persona independientemente del sexo, y le añade el amor entre hombre y mujer segœn la impronta natural de la sexualidad. Del matrimonio y del fin procreativo hablaremos a su tiempo.
Aquí basta concluir […] puesto que el divorcio responde a la lógica de las pasiones y (digámoslo así) a las súplicas de la naturaleza corrompida, la prohibición que la Iglesia hace de él se convierte en una prueba de la verdad y de la divinidad de la Iglesia. La Iglesia profesa como obligatoria una doctrina moral más elevada y más perfecta que la de cualquier otra religión o filosofía, a las cuales tanta perfección les parece imposible de practicar. Esto puede hacerlo la Iglesia porque tiene una idea más noble y más honorable de la humanidad, a la que se juzga capaz de toda moralidad alta y exquisita. Y esta idea está fundada sobre la conciencia que la Iglesia tiene de poseer una mayor fuerza moral, por lo que a la vez que impone un precepto difícil, también anima y da fuerzas para observarlo.”
Rafael Castela Santos

quarta-feira, setembro 22, 2004

Romano Amerio y el divorcio

Si ha habido un autor que ha sido capaz de señalar con una claridad meridiana los errores del Vaticano II (V2), éste ha sido el italiano Romano Amerio. Profesor de Lenguas Clásicas, con una formación filosófica excelente de sabor rosminiano, Romano Amerio plasmó en los últimos años de su vida el análisis más certero y penetrante de los cambios teológicos y filosóficos - titulado Iota Unum - operados por la caterva de Obispos y sus secuaces favorables a los cambios del V2. Iota Unum, inicialmente en italiano, ha sido traducida a varios idiomas. La versión inglesa va ya por su cuarta o quinta edición. La francesa por la tercera y la española por la segunda, lo cual es de todo punto notable en un libro de esta clase. La versión en español (una excelente traducción) se puede encontrar todavía a través de la editorial CriterioLibros, un proyecto que tiene en su haber un excelente elenco de títulos. También publica esta editorial el volumen del mismo autor Stat Veritas, que no tiene desperdicio. No tengo noticias de su traducción al portugués, pero quizás alguno de nuestros exiguos y amables lectores me pueda indicar si esta obra maestra ya ha sido vertida a la lengua lusa.
Centrémonos hoy en una serie de frases espigadas sobre el capítulo que dedica al divorcio. Decía San Agustín que “a fuerza de verlo todo acaba uno por acostumbrarse a todo”. Hoy día el divorcio es una costumbre tan implantada que apenas se cuestiona su naturaleza y licitud. Sí se habla, y mucho, de sus consecuencias. La incongruencia de la sociedad arreligiosa en que vivimos es tal que, por parafrasear a Don Juan Donoso Cortés, “levanta altares a las causas y cadalsos a las consecuencias”. Se bendice el divorcio por parte de una sociedad que ha perdido ya cualquier sentido del derecho natural y luego se lamentan las consecuencias, terribles –especialmente para los hijos- que el divorcio acarrea.
Dejemos que sea Romano Amerio quien explique con pluma más autorizada la verdadera dimensión del divorcio:
“[…] La enemistad del Estado moderno hacia la Iglesia no había llegado jamás a la impugnación del derecho natural, cuyo principal custodio es la Iglesia.
[…] El estupor ante tal innovación disminuye si se consideran las declaraciones de algunos Padres del Vaticano II en favor de la disolubilidad del vínculo. Eran obispos de la Iglesia Oriental, sujetos al influjo de la disciplina matrimonial de la Iglesia ortodoxa. Ésta admite el divorcio en diversos casos, entre los cuales está la culpa del cónyuge que conspira contra el Estado. El Card. Charles Journet dejó bien claro en la CXXXIX sesión del Concilio (OR, 1 de octubre de 1965) de qué manera esta disposición indulgente de la Iglesia ortodoxa depende históricamente de su servidumbre política respecto al Imperio bizantino y al Imperio zarista. La intervención era una respuesta a las sugerencias de Mons. Elia Zoghbi, vicario patriarcal de los Melquitas en Egipto, para que se disolviese el vínculo entre el cónyuge injustamente abandonado y el cónyuge culpable. Habiendo provocado esta sugerencia un desmesurado alboroto en la asamblea y en la prensa, el prelado consideró su deber declarar en una posterior intervención en el Concilio que proponiendo esa dispensa él no pretendía derogar completamente el principio de la indisolubilidad (OR, 5-6 octubre 1965). Pero la réplica es obvia: no basta mantener verbalmente una cosa, si después se pretende hacerla coexistir intacta con otra cosa que la destruye.
[…] El abandono de la doctrina no es obviamente profesado como tal, sino propuesto como una variación de la disciplina y no del dogma, y como una solución pastoral. […] Pero después, con la sofística propia de los innovadores, se viene a decir: ‘En la Iglesia católica se encuentran casos de una injusticia verdaderamente sublevante, que condena a seres humanos cuya vocación es vivir en el estado común del matrimonio y a quienes se les impide (sin que haya falta por su parte y sin que puedan, humanamente hablando, soportar durante toda su vida ese estado anormal)’.
A los argumentos del Patriarca se opone la perpetua tradición de la Iglesia, y desde un punto de vista teórico toda la dogmática católica. No nos extenderemos sobre el método bustrofédico propio de los innovadores, que caminan en un sentido concediendo vocalmente la indisolubilidad, para después volverse en seguida en sentido opuesto afirmando la disolubilidad, como si pudiesen coexistir los contradictorios. […] Se rechaza implícitamente la diferencia entre sufrimiento e injusticia, alegando que el cónyuge inocente padece por culpa de la Iglesia un dolor injusto. Aquí resulta implicada toda la teodicea, aparte de la doctrina católica del dolor.
La injusticia es evidente por parte del cónyuge que ha roto la comunión, pero el Patriarca considera que existe también injusticia por parte de la Iglesia; Ésta, por no mantenerse menos fiel al principio evangélico que al derecho natural, no se arroga la capacidad de evitar ese dolor. Ella castiga al cónyuge culpable de la injusticia, privándole por ejemplo de la Eucaristía e infligiéndole otras disminuciones de sus derechos, pero no hace prevalecer jamás el bien eudemonológico sobre el bien moral y la ley. Más bien la base del cristianismo es la idea del Justo sufriente, y la religión no promete la exención del dolor terrenal, sino del dolor en la otra vida: introduce al dolor en un orden integrado por la vida presente y por la futura, en una visión esencialmente sobrenatural. La posición del Patriarca es naturalista. Según la fe, Dios no conduce las cosas del mundo de modo que los buenos obtengan el bien mundano en el mundo, sino de modo que obtengan al final todo bien de quien es Todo-el-Bien.
La Iglesia no tiene por fin peculiar la supresión del dolor. […] Los hombres deben trabajar para evitar y sancionar la injusticia, pero todos están expuestos a ella independientemente de su estado moral. Los hombres sufren porque son hombres, no porque sean personalmente malvados. No entro en el discurso teológico que demuestra que todo mal humano depende del pecado original. La religión no se escandaliza por el sufrimiento del justo y no ve en ello una injusticia; lo contempla dentro del orden total del destino y asociado siempre a un sentimiento prevalente de alegría que proviene de la esperanza de la inmortalidad feliz: ‘feliciter infelices’, según la fórmula de San Agustín con resonancia de textos paulinos. Sin embargo el mencionado patriarca considera que el dolor es una injusticia, en vez de experiencia de la virtud, participación con Cristo, y purificación y expiación por los pecados propios y ajenos; y además traslada la responsabilidad de la injusticia desde el culpable hasta la Iglesia inocente.
La teoría matrimonial de Maximos IV pone en cuestión la teodicea misma de la religión católica, según la cual en cualquier situación en la que se encuentre el cristiano en el mundo, ni la injusticia de los hombres ni el dolor inferido por la naturaleza pueden jamás perjudicar a su salvación eterna y al cumplimiento del fin para el que ha sido creado. Esta difícil verdad está fundada inmediatamente sobre la trascendencia del fin y sobre la inconmensurabilidad del mal eudemonológico (el dolor) respecto al bien moral (la virtud), aparte de sobre la inconmensurabilidad de los padecimientos terrenales respecto a la recompensa del más allá. Son célebres los pasajes de San Pablo: ‘non sunt condignae passiones huius temporis ad futuram gloriam’ (Rom. 8, 18) y ‘quod in praesenti est momentaneum et leve tribulationis nostrae supra modum in sublimitate aeternum gloriae pondus operatur in nobis’ (II Cor. 4, 17). Es en realidad el contrapeso que hace el infinito a toda cantidad finita. El Patriarca hace en cosas de fe un discurso puramente humano (humanamente hablando), descuidando el dogma de la Gracia, según el cual es posible apud Deum lo que es imposible apud hominis, como enseña Cristo en Mat. 19, 10 y 26, precisamente in re conjugali. […]
La reserva expresada con la fórmula humanamente hablando es una invención de los Iluministas, que fingían corregir sus afirmaciones contrarias a la religión alegando hablar sólo humanamente. Pero la distinción planteada por el Patriarca es vana y nula. Quien cree en una religion sobrenatural no puede hablar jamás solo humanamente; o, si se quiere, puede hablar así, pero hipotéticamente, no téticamente: ad personam, no ad rem. No hay tres tipos de sentimientos: los justos, los injustos, y los humanos; y no hay tres tipos de juicios: los verdaderos, los falsos, y los humanos. Esta tercera categoría tiene gran importancia en el habla coloquial, pero carece de consistencia. Todo sentimiento es justo o injusto, y todo juicio es verdadero o falso. Todo el pensar y todo el querer humanamente se reduce por necesidad a una o a otra de estas clases. Finalmente, la posición de Maximos IV da origen a un humanismo incompatible con la doctrina católica. La religión no conoce término medio entre lo verdadero y lo falso, esa especie de limbo que frustraría la Redención de Cristo haciendo retroceder al género humano a la situación del tiempo en que el Divino Maestro aún no había venido. […]
En cuanto sacramento, el matrimonio representa y realiza la indisoluble unión de Cristo con la Iglesia, y esta significación mixta produce la perennidad inviolable del vínculo, según la doctrina de Ef. 5, 32. Pero también desvestido de la sacramentalidad (como es in puris naturalibus) el matrimonio es intrínsecamente indisoluble, y su reducción a comunión temporal es un corolario de la mentalidad moderna que eleva al sujeto por encima de la ley y le convierte en autolegislador independiente. Este concepto permite identificar al divorcio con la libertad de matrimonio. El matrimonio ya no es un objeto que debe quererse con su propia estructura, sino que resulta enteramente construído por la voluntad subjetiva, y así se alinea con todas las libertades reivindicadas por el hombre. Si el eje de la vida moral se coloca en el sujeto más que en el objeto, entonces no hay obligación, sino autoobligación disoluble.
(Continuará)
Rafael Castela Santos

terça-feira, setembro 21, 2004

O Corcunda más noblemente Corcunda que nunca

Por favor, no se pierdan los comentarios de O Corcunda en O Pasquim da Reacçao sobre la democracia liberal porque son tan radicalmente (adverbio éste que viene “de raíz”, y que utilizo aquí etimológicamente) certeros que sería una pena perdérselos. Es curioso que la libertad que el Internet y el blog proporcionan hace que haya gente como O Corcunda que no están dispuestos a dejarse dirigir en su pensamiento por el discurso dominante.
La entrada de O Corcunda no tiene desperdicio porque pone el dedo en la llaga:

“A democracia, em estado liberal como hoje a encontramos por estas partes do mundo, afastou-se da sua raiz virtuosa e classica”

Porque, precisamente, la misión fundamental del Estado no es garantizar un bienestar material (aunque un mínimo es ciertamente imprescindible), sino que los ciudadanos de ese Estado vivan de manera virtuosa.
Y no se queda ahí O Corcunda, sino que lanza una pregunta que es como un puñal:

“Podera um pais subordinar a sua acçao e o dominio da causa comum a una multidao impreparada e sem virtude?”

Aquí O Corcunda demuestra su buen corazón porque, lamentablemente, no existe causa común. Lejos quedan los tiempos cuando portugueses y españoles se lanzaron a echar de su tierra al invasor mahometano y lejos aquellos otros cuando, movidos por el celo de Cristo, conquistaron los mares para llevar a Cristo a todos los puntos del orbe. A no ser que la causa común sea la de vivir como bestias (“considera, hijo mío, que la mayor parte de hombres viven como bestias”, que dice el Eclesiastés), poseídos de una sed insaciable de posesión de bienes y despreciando el bien común. Por esto fracasa la democracia liberal, porque está vacía de contenido y de virtud. El más sensato de los liberales, Hobbes, tuvo que recurrir al poder absoluto del príncipe para dominar a un Leviatán que sabía que sin un mismo espíritu, sin una unidad de destino en la historia, no sobreviviría.
Opongan a esto la posición católica tradicional acerca de los deberes del Estado. Este también será un tema que, Dios mediante, abordaremos durante las próximas semanas.
Rafael Castela Santos

domingo, setembro 19, 2004

Coincidência

Folheava ontem ao acaso o livro de François Marie Algoud "Histoire et Actualité du Satanisme" quando, nem de propósito, deparo com a seguinte passagem:

"2001 (31 mars): Les évêques philippins contre la franc-maçonnerie.

(En 1983, à l'issue d'une enquête menée par les êveques allemands, le Cardinal Ratzinger, Préfet de la Congregátion pour la Doctrine de la Foi, avait publié une Déclaration pour rappeler. "Le jugement négatif de l'Eglise sur la franc-maçonnerie demeure inchangé parce que ses principes ont toujours été jugés incompatibles avec la doctrine de l'Eglise; c'est pourquoi il reste interdite par l'Eglise de s'y inscrire.").

C'est à ce document que s'est référé Mgr Sofio Balce, èvêque de Cabanatuan, aux Phillippines, pour refuser d'accorder des funérailles catholiques à un colonel franc-maçon. L'archevêque de Palo, Mgr Pedro Dean, président de la Comission épiscopale des Philippines explique, selon les termes de l'Agence des Missions Etrangères de Paris:
"La doctrine maçonnique n'est pas conciliable avec la foi chrétienne puisqu'elle niait que Dieu se soit révélé en Jésus-Christ, duquel d'ailleurs elle récusait la nature divine."

Ces déclarations épiscopales, qui ne font que rappeler la doctrine traditionelle de l'Eglise en la matière, ne sont pas inédites dans un pays où les franc-maçons sont nombreux et influents. En 1990, déjà, la Conférence des évêques philippins avait déclaré tout franc-maçon inapte à devenir parrain de baptême et de confirmation ou témoin de mariage et avait interdite que des funérailles religieuses soient célébrées "sauf s'il a donné des signes de repentir avant sa morte"
(destaques no original citado).

O motivo da incompatibilidade da doutrina maçónica com o Catolicismo é explicado com grande clareza por Ricardo de la Cierva, no seu livro fundamental "La Masonería Invisible". Aí se diz, a propósito da análise do grau 23 do Rito Escocês Antigo e Aceite:

"En una larguísima lectura el Ritual explica la génesis y entraña de los Misterios antiguos, identificándose con ellos. Parece sugerir el Ritual que los Misterios representaban la forma de la religión primitiva de la Humanidad que creía en un solo Dios. Los Misterios se fueron complicando y profundizando siglo tras siglo, y cuando se generaron las diversas religiones politeístas, idolátricas, los Misterios se convertieron en una inicia ción profunda y mucho más viva que llegaba mucho más allá que los fríos dogmas religiosos. En esta tesis, que subyace a toda la lectura, hay una clara referencia a la Masonería como superadora de cualquier creencia dogmática religiosa (incluso, por supuesto, la religión cristiana) puesto que a todas las religiones supera y encuentra en el fondo de la confusión religiosa la Verdadera Luz. La religión cristiana no queda exceptuada en momento alguno de este Ritual, en que se trata de formar al Jefe y Custodio del tabernáculo, el Templo de la Divindad".

Pelo exposto, conclui-se que de facto a Maçonaria nega formalmente o carácter revelado do Catolicismo, supostamente uma corruptela de uma religião inicial autêntica, pelo que se estranha que sacerdotes católicos, desde que verdadeiramente conscientes e dignos dessa qualidade, participem, ainda que a título meramente pessoal e invocando supostas amizades, em cerimónias de cariz maçónico.

sexta-feira, setembro 17, 2004

A sabedoria de Dom António de Castro Mayer - 3

Proposição falsa: Jesus Cristo pregou a pobreza e a humildade, a preferência pelos fracos e pequenos. Uma sociedade imbuída deste espírito deve eliminar as desigualdades de fortuna e condição social. As reformas políticas e sociais decorrentes da Revolução Francesa foram, conscientemente ou não, de inspiração evangélica, concorrendo para realizar uma sociedade verdadeiramente cristã.

Proposição verdadeira: Jesus Cristo pregou o espírito de pobreza e humildade, a preferência pelos fracos e pequenos. Por pobreza, a Igreja entende o desapego dos bens da terra, ou seja, um tal emprego dos mesmos, que sirvam para a salvação da alma e não para a sua perdição. Assim, nunca ensinou que ser rico é intrinsecamente mau; mas que tão somente é mau fazer uso desordenado da riqueza. Por humildade entende a Igreja o fato de o fiel reconhecer que nada tem de si e tudo recebeu de Deus, e de se situar no lugar que lhe compete. A existência de classes sociais é, pois, condição para a prática da virtude da humildade. Quanto à preferência pelos fracos e pelos pequenos, seria impossível numa sociedade em que todos fossem iguais. A Revolução Francesa, na medida em que tendeu para a completa igualdade política, social e económica, na sociedade ideal sonhada pelos seus fautores, foi um movimento satânico, inspirado pelo orgulho.

Explanação: Por certo, as desigualdades quer no domínio político, quer no social ou económico têm por vezes sido iníquas, e isto por dois motivos principais: ou porque essas desigualdades eram ilegítimas, e mero fruto da opressão; ou porque se acentuavam tanto que negavam a dignidade natural do homem, ou os meios para viver sadia e honestamente. Um exemplo frisante de desigualdade exagerada é a sorte duríssima e imerecida a que, no século XIX, foram lançados os operários em consequência da revolução industrial (Pio XI, "Quadragésimo anno", A.A.S. 23, p. 195, 197/8). Ao contrário do que se tem dito, a Igreja tem cumprido o seu dever de lutar contra essa situação. Mas em tal luta, seu objetivo é uma sociedade hierárquica dentro dos limites da ordem natural. Nunca a abolição de todas as desigualdades legítimas, sonhada pelos revolucionários (…) (cfr. Pio XII, Alocução de Natal de 1944, A.A.S. 37, p. 14).

terça-feira, setembro 14, 2004

Un pastor evangélico sueco fue encarcelado

Un Pastor evangélico sueco fue encarcelado el pasado mes de Julio por predicar durante sus sermones contra la homosexualidad. Evidentemente las blasfemias contra Dios, contra Cristo, contra la Virgen María, contra la Iglesia o contra todo lo sagrado que vienen de parte de los sodomitas tienen patente de corso. No está de más recordar que los católicos consideran el sexo contra natura como uno de los cuatro pecados que claman venganza al Cielo. Ni está de más recordar cuál fue el fin de Sodoma, Gomorra o Pompeya, esta última el San Francisco de los romanos.
Tampoco está de más volver sobre esta noticia porque es anticipo de lo que ya se huele y se viene: la persecución ya no moral, sino también física, de los cristianos. Hasta el martirio.
El Novus Ordo niega y/o oculta de mil y una maneras el aspecto sacrificial de la Misa. En la Misa de San Pío V, así como en los ritos católicos orientales no adulterados por el Vaticano II, el aspecto sacrificial es el más importante. Hemos negado esto; hemos determinado que no se celebre el sacrificio incruento del Altar por el cual la sangre inocente de Cristo se derrama por nuestros pecados. Y si no es la sangre de Cristo la que se derrama, entonces es nuestra propia sangre la que se derrama. Pues bien, es ahora la sangre de los mártires la que está a punto de derramarse. La que ya se derrama en Sudán, donde hace tiempo que crucifican a los cristianos. La que se derrama en Timor Este, donde los musulmanes matan a cristianos por el mero hecho de serlo. La que se derrama en Israel, donde judíos y musulmanes persiguen con saña y sutileza a los cristianos. La que se derrama en Irak, donde los cristianos caldeos están siendo perseguidos. Etc.
El encarcelamiento del Pastor por predicar la Biblia, que es muy clara al respecto de la homosexualidad, advierte de lo que se avecina en la vieja y decrépita Europa.

Rafael Castela Santos