sábado, julho 29, 2006

Los Obispos españoles opinaron sobre el Movimiento Nacional

En la Carta Colectiva del Episcopado español de 1937 se dejan claros los caracteres del Movimiento Nacional liderado por el Caudillo Francisco Franco.
Transcribimos a continuación los párrafos de esta carta donde Sus Ilustrísimas dejan claro lo que ellos piensan del Movimiento que surge como defensa de la España Eterna, de la España Católica. La que no tuvo otro remedio que alzarse en armas contra los agresores porque, como decía Ramiro de Maeztu “ser es defenderse”.

“Demos ahora un esbozo del carácter del movimiento llamado «nacional». Creemos justa esta denominación. Primero, por su espíritu; porque la nación española estaba disociada, en su inmensa mayoría, de una situación estatal que no supo encarnar sus profundas necesidades y aspiraciones; y el movimiento fue aceptado como una esperanza en toda la nación; en las regiones no liberadas sólo espera romper la coraza de las fuerzas comunistas que le oprimen. Es también nacional por su objetivo, por cuanto tiende a salvar y sostener para lo futuro las esencias de un pueblo organizado en un Estado que sepa continuar dignamente su historia. Expresamos una realidad y un anhelo general de los ciudadanos españoles; no indicamos los medios para realizarlo.
El movimiento ha fortalecido el sentido de patria contra el exotismo de las fuerzas que le son contrarias. La patria implica una paternidad; es el ambiente moral, como de una familia dilatada, en que logra el ciudadano su desarrollo total; y el movimiento nacional ha determinado una corriente de amor que se ha concentrado alrededor del nombre y de la sustancia histórica de España, con aversión de los elementos forasteros que nos acarrearon la ruina. Y como el amor propio, cuando se ha sobrenaturalizado por el amor de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, toca las cumbres de la caridad cristiana, hemos visto una explosión de verdadera caridad que ha tenido su expresión máxima en la sangre de millares de españoles que la han dado al grito de «¡Viva España!», «¡Viva Cristo Rey!».
Dentro del movimiento nacional se ha producido el fenómeno, maravilloso, del martirio -verdadero martirio, como ha dicho el Papa- de millares de españoles, sacerdotes, religiosos y seglares; y éste testimonio de sangre deberá condicionar en lo futuro, so pena de inmensa responsabilidad política, la actuación de quienes, depuestas las armas, hayan de reconstruir el nuevo Estado en el sosiego de la paz.
El movimiento ha garantizado el orden en el territorio por él dominado. Contraponemos la situación de las regiones en que ha prevalecido el movimiento nacional a las dominadas aún por los comunistas. De éstas puede decirse la palabra del Sabio: «Ubi non est gubernator, dissipabitur populos»; sin sacerdotes, sin templos, sin culto, sin justicia, sin autoridad, son presa de terrible anarquía, del hambre y la miseria. En cambio, en medio del esfuerzo y del dolor terrible de la guerra, las otras regiones viven en la tranquilidad del orden interno, bajo la tutela de una verdadera autoridad, que es el principio de la justicia, de la paz y del progreso que prometen la fecundidad de la vida social. Mientras en la España marxista se vive sin Dios, en las regiones indemnes o reconquistadas se celebra profusamente el culto divino y pululan y florecen nuevas manifestaciones de la vida cristiana.
Esta situación permite esperar un régimen de justicia y paz para el futuro. No queremos aventurar ningún presagio. Nuestros males son gravísimos. La relajación de los vínculos sociales; las costumbres de una política corrompida; el desconocimiento de los deberes ciudadanos; la escasa formación de una conciencia íntegramente católica; la división espiritual en orden a la solución de nuestros grandes problemas nacionales; la eliminación, por asesinato cruel, de millares de hombres selectos llamados por su estado y formación a la obra de la reconstrucción nacional; los odios y la escasez que son secuelas de toda guerra civil; la ideología extranjera sobre el Estado, que tiende a descuajarse de la idea y de las influencias cristianas; serán dificultad enorme para hacer una España nueva injertada en el tronco de nuestra vieja historia y vivificada por su sabia. Pero tenemos la esperanza de que, imponiéndose con toda su fuerza el enorme sacrificio realizado, encontraremos otra vez nuestro verdadero espíritu nacional. Entramos en él paulatinamente por una legislación en que predomina el sentido cristiano en la cultura, en la moral, en la justicia social y en el honor y culto que se debe a Dios. Quiera Dios ser en España el primer bien servido, condición esencial para que la nación sea verdaderamente bien servida.”

Que los enemigos declarados de la Fe Católica sean enemigos de Franco y odien su gesta y su hazaña no es sorprendente. Entra dentro de lo lógico. Pero que aquellos que se declaran católicos critiquen a la personalidad que la Santísima Providencia suscitó para salvar a España de la hidra roja y devolverla a los cauces tranquilos y apacibles de la Santa Religión Católica, que Franco siempre defendió, es algo que es contradictorio en sí mismo.
Como contradictorio resulta que esos mismos pseudo-católicos, enemigos de Franco, no se dejen guiar por el testimonio de los Obispos españoles. Un servidor, carlistón crítico con Franco, estoy cada vez más escamado de esas derechonas y “direitinhas”, pancistas y bienpensantes, librepensadoras y demócratas, homologadas y mediopensionistas, metrosexuales y sodomófilas, tan centristas como descentradas, que siguen practicando su deporte favorito: levantar altares a las causas y cadalsos a las consecuencias. De esta ralea, de estas asociaciones de malhechores, no se puede esperar ni esa mínima pizca de pensamiento lógico: que de ciertas causas se derivan ciertas consecuencias.
Hay que repetir esa frase que resume todo un programa de política fundamental para España: “Quiera Dios ser en España el primer bien servido, condición esencial para que la nación sea verdaderamente bien servida.”

Rafael Castela Santos

quinta-feira, julho 27, 2006

Alameda Digital


"Alameda Digital", uma nova revista portuguesa de informação alternativa em linha, imprescindível nos tempos que correm para um cada vez mais vital combate de ideias. Tem o mérito de juntar o útil da sua qualidade, ao agradável de muitos dos que nela escrevem serem bons amigos desta "Casa" e de quem assina estas linhas. Votos de grande sucesso, pois!

JSarto

quarta-feira, julho 26, 2006

El mito de la separación Iglesia-Estado en USA

Uno de los más perversos frutos del Vaticano II fue el acabar con los Estados oficialmente católicos. El caso de España, donde Pablo VI obligó a Franco a aceptar la libertad religiosa tras el Vaticano II, es proverbial. Permítaseme clarificar que una cosa es la libertad religiosa y otra la tolerancia religiosa (que Franco, y los demás Estados católicos, ya tenían, por cierto). Pero ahí estuvieron otros casos, como Portugal. También los de los países hispanoamericanos como Colombia, Costa Rica, etc. E incluso Italia bajo el Pontificado de Juan Pablo II. Contrasta esta actitud autodestructiva con la que algunos países norte-europeos siguen al mantener indeleble su constitución protestante. El Reino Unido de la Gran Bretaña es oficialmente anglicano y, por ejemplo, si un Príncipe o un Rey de ellos se hiciera católico quedaría automáticamente eliminado para el cargo. Otro tanto se puede decir de Holanda, la moderna Sodoma y Gomorra de los Países Bajos (más bajos que nunca), que es oficialmente calvinista. Dinamarca sigue siendo oficialmente luterana, con todas sus consecuencias. Y se podrían citar más ejemplos.

Aunque la Iglesia Romana siempre ha mantenido la separación de poderes, el espiritual y el temporal, a diferencia de la cismática Iglesia Ortodoxa, que cayó en el cesaropapismo, esa separación no es absoluta. De hecho la Iglesia siempre ha dicho que el poder espiritual debe informar al poder temporal y el símil tradicional es el del alma (el poder espiritual) y el cuerpo (el temporal).

Los revolucionarios de 1776 y 1789 (en el fondo vienen a ser la misma cosa, las diferencias son de matices) y sus herederos, los liberales, suelen llenarse la boca de la separación de Iglesia y Estado mantenida en América. Desmontemos ese mito de mano del nunca bien ponderado Athanasius contra Mundum, una de las mejores bitácoras sobre temas religiosos (en temas políticos me parece más discutible) que pululan por ahí en lengua inglesa y que fervientemente les recomiendo.

Con la parte del texto que analiza este mito, y uno previo que se suele añadir como prólogo, les dejo. Las consecuencias que se infieren se las dejo a su mejor consideración. En esta transcripción, y por motivos de espacio, he suprimido una digresión sobre los impuestos y la burocracia, pero para aquellos que les interese el tema completo lo pueden encontrar aquí.

«Myth#1: The Pilgrims came to escape religious persecution and find freedom.

False The colonists did not escape persecution to bring freedom, they came to do just what England was doing but to do it to someone else. Until 1830 Catholicism was illegal in Massachusetts and Connecticut. During the colonial and revolutionary periods, if you were a Catholic and caught in the puritan run colonies, you could get a “P” branded on your forehead (for papist). If you were a Society of Friends (Quaker) you would get a Q branded on your forehead. In the South if you were a Catholic you could not hold office. Irish Catholics who had managed to escape the greatest persecution seen since Diocletian in England came over to similar laws and discriminations in America.

Myth#2 America was founded on the principle of Separation of Church and State

FALSE This was found only in a letter from Jefferson who was in France and imbibing French Revolution ideals, to his colleague Madison who disagreed with the proposition. It is the only place “Separation of Church and State” appears in American Literature until the Supreme Court under Hugo Black a former KKK grand wizard in the 60's inserted that language into a decision. There was no separation of Church and State, except in the decision Engel vs. Vitale. (incidently I find it amusing that liberals point to this decision which was written by an ex-KKK member who wanted to prevent Catholics and Jews from getting public funds). There was a prohibition on fixing a state religion to which everyone had to adhere like in England.

The first amendment is a restriction on the power of the federal government, it is not a restriction on religion. Modern interpretations of this simply fly in the face of logic, history, and the original intent which was clearly spelled out. The amendment along with the other ten composing the bill of rights were necessary, because a number of people did not approve of the constitution, whom history labels “anti-federalists”. Among them was Patrick Henry of “give me liberty or give me death” fame. Henry is quoted frequently before the Constitution was created, and rarely afterwards.

[…]

Going back to the idea of a separation of Church and State, it has been condemned frequently by the Church, by great popes such as Bl. Pius IX, Leo XIII, Pius X (who loved Americans and had an American cardinal to thank for supporting him for his election), Pius XI and Pius XII. However most of that condemnation was aimed at France with its rigorous secular practices. It is well known that during the revolution saints names were replaced with (surprise) the names of the revolutionaries and their philosophers like Rousseau, Voltaire etc. and the renaming of Churches the "temple of reason". (!) At the time America however was still seen as a religious nation. The Catholic Church in America was thriving, because it understood what Pius XI would later write in Quas Primas, namely that every nation and every state must confess Christ as its king in order to be a healthy state. The priests, Bishops and faithful had as their goal to convert the entire country. A 19th century Archbishop of New York, John Hughes (1787-1883) proclaimed:

[Catholicism] will convert all Pagan nations, and all Protestant nations, even England with her proud Parliament.....Everybody should know that we have for our mission to convert the world-including the inhabitants of the United States-the people of the cities, and the people of the country, the Officers of the Navy and the Marines, the commander of the Army, the legislatures, the Senate, the Cabinet, the President and all.

But then there was Vatican II. And to avoid a tedious rant of stuff I’ve ranted about before, you know the story. The emphasis changed, missionary zeal disappeared, converts declined, suddenly every religion is just as good as another, and the true religion is now proscribed from public schools under the same amendment that used to protect it. America is not a Catholic country, hence it is not a healthy country. As Catholics, we need to recover that zeal of the Catholics who responded to the progressive era, and put not America first, but Christ and his Church first.»


Rafael Castela Santos

segunda-feira, julho 24, 2006

O Canto Gregoriano como paradigma da música sacra


Apesar de algumas partes mais "pesadas" devido ao seu carácter técnico, aqui deixo um interessante artigo, publicado pelo excelente sítio "Musica Sacra", acerca do Gregoriano como paradigma de toda a expressão musical. Muito bom.

JSarto

Canto Gregoriano e Palestrina


Uma entrevista absolutamente notável concedida pelo Padre Domenico Bartolucci ao "Chiesa", de Sandro Magister, cuja leitura recomendo especialmente a este amigo, mesmo que não crente. Recordo que o entrevistado foi nomeado em 1959 maestro vitalício da Capela Sistina pelo Papa João XXIII, demitido do cargo em 1997 pelo Papa João Paulo II [1], e recentemente reabilitado pelo Papa Bento XVI. Para compreendermos melhor espírito tradicional que anima este sacerdote e maestro, aqui deixo alguns trechos soberbos e verdadeiramente deliciosos da referida entrevista, a qual pode ser lida na íntegra aqui:

(…)

Q: Was Perosi [maestro da Capela Sistina, no tempo de Pio XII] in some sense the harbinger of the current vulgarization of sacred music?

A: Not exactly. Today the fashion in the churches is for pop-inspired songs and the strumming of guitars, but the fault lies above all with the pseudo-intellectuals who have engineered this degeneration of the liturgy, and thus of music, overthrowing and despising the heritage of the past with the idea of obtaining who knows what advantage for the people. If the art of music does not return to its greatness, rather than representing an accommodation or a byproduct, there is no sense in asking about its function in the Church. I am against guitars, but I am also against the superficiality of the Cecilian movement in music – it’s more or less the same thing. Our motto must be: let us return to Gregorian chant and to polyphony in the tradition of Palestrina, and let us continue down this road!
[destaques nossos]

Q: What are the initiatives that Benedict XVI should take to realize this plan in a world of discotheques and iPods?

A: The great repertoire of sacred music that has been handed down to us from the past is made up of Masses, offertories, responsories: formerly there was no such thing as a liturgy without music. Today there is no place for this repertoire in the new liturgy, which is a discordant commotion – and it’s useless to pretend that it’s not. It is as if Michelangelo had been asked to paint the general judgment on a postage stamp! You tell me, please, how it is possible today to perform a Credo, or even a Gloria. First we would need to return, at least for the solemn or feast day Masses, to a liturgy that gives music its proper place and expresses itself in the universal language of the Church, Latin. In the Sistine, after the liturgical reform, I was able to keep alive the traditional repertoire of the Chapel only in the concerts. Just think – the Missa Papae Marcelli by Palestrina has not been sung in St. Peter’s since the time of Pope John XXIII! We were graciously granted the permission to perform it during a commemoration of Palestrina, and they wanted it without the Credo, but that time I would not budge, and the entire work was performed.
[destaques nossos]

Q: Do you think that the assembly of the faithful should participate in singing the Gregorian chant during liturgical celebrations?

A: We must make distinctions in the performance of Gregorian chant. Part of the repertoire, for example the Introits or the Offertories, requires an extremely refined level of artistry and can be interpreted properly only by real artists. Then there is a part of the repertoire that is sung by the people: I think of the Mass “of the Angels,” the processional music, the hymns. It was once very moving to hear the assembly sing the Te Deum, the Magnificat, the litanies, music that the people had assimilated and made their own – but today very little is left even of this. And furthermore, Gregorian chant has been distorted by the rhythmic and aesthetic theories of the Benedictines of Solesmes. Gregorian chant was born in violent times, and it should be manly and strong, and not like the sweet and comforting adaptations of our own day.
[destaques nossos]

Q: Do you think that the musical traditions of the past are disappearing?

A: It stands to reason: if there is not the continuity that keeps them alive, they are destined to oblivion, and the current liturgy certainly does not favor it... I am an optimist by nature, but I judge the current situation realistically, and I believe that a Napoleon without generals can do little. Today the motto is “go to the people, look them in the eyes,” but it’s all a bunch of empty talk! By doing this we end up celebrating ourselves, and the mystery and beauty of God are hidden from us. In reality, we are witnessing the decline of the West. An African bishop once told me, “We hope that the council doesn’t take Latin out of the liturgy, otherwise in my country a Babel of dialects will assert itself.”
[destaques nossos]

Q: Was John Paul II somewhat accommodating in these matters?

A: In spite of a number of appeals, the liturgical crisis became more deeply entrenched during his pontificate. Sometimes it was the papal celebrations themselves that contributed to this new tendency with dancing and drums. Once I left, saying, “Call me back when the show is over!” You understand well that if these are the examples coming from St. Peter’s, appeals and complaints aren’t of any use. I have always objected to these things. And even though they kicked me out, ostensibly because I had turned 80, I don’t regret what I did.
[destaques nossos]

(...)

Q: But is it possible, today, to compose in the Gregorian style?

A: For one thing, we would need to recover that spirit of solidity. But the Church has done the opposite, favoring simplistic, pop-inspired melodies that are easy on the ears. It thought this would make people happy, and this is the road it took. But that’s not art. Great art is density. [destaques nossos]

Q: Don’t you say any composers today who are capable of reviving such a tradition?

A: It’s not a question of aptitude; the atmosphere just isn’t there. The fault is not that of the musicians, but of what is asked of them.

(...)

Q: Do you envy the Eastern Churches at all?

A: They have not changed anything, and rightly so. The Catholic Church has renounced itself and its particular makeup, like those women who have plastic surgery: they become unrecognizable, and sometimes there are serious consequences.
[destaques nossos]

(...)

Q: For the philosopher Schopenhauer, music is the summit of all the arts, the immediate objectification of the Will. For Catholics, can it be defined as the direct expression of God, as the Word?

A: Music is Art with a capital “A.” Sculpture has marble, and architecture has the edifice. You see music only with the eyes of the spirit; it enters within you. And the Church has the merit of having cultivated it in its cantories, of having given it its grammar and syntax. Music is the soul of the word that becomes art. It most definitely disposes you to discovering and welcoming the beauty of God. For this reason, now more than ever the Church must learn to recover it.
[destaques nossos]

[1] Por pressão do progressista Arcebispo Marini, mestre-de-cerimónias papal, e responsável por boa parte dos abusos litúrgicos que comummente se repetiam nas viagens do anterior Pontífice pelo mundo inteiro. O pretexto mesquinho oficialmente invocado para tal demissão foi o facto do Padre Domenico Bartolucci ter atingido oitenta anos de idade; na verdade, pretendeu-se eliminar alguém com uma visão profundamente tradicional da liturgia e da música sacra.

JSarto

sábado, julho 22, 2006

O Combate Cristão


Texto original aqui.

«Hoje mais do que nunca trata-se de um combate, um combate sem trégua, sem piedade, mas é também ao mesmo tempo o único combate que vale a pena, que nos dá o entusiasmo e a paz.

Penso que foi Santo Agostinho quem definiu, melhor que ninguém, quais são as regras desse combate, da história da Igreja, da história da humanidade.

E a primeira regra que ele dá é que há dois amores opostos: o amor de si mesmo até ao desprezo de Deus, o amor de Deus até ao desprezo de si mesmo. Nós somos o que amamos. E este combate é o combate de todo o homem necessariamente, quer se queira ou não, é a oposição entre o homem carnal e terrestre e o homem espiritual. É o combate que todos nós experimentamos. É o homem egoísta ou o homem caritativo. É o amor próprio, o amor de si ou, pelo contrário, verdadeiramente, o amor de Deus, o amor do próximo. É o individualismo ou é o cuidado pelo bem comum, quer seja no seio da Igreja, da família, da sociedade. É esta luta que se desenrola ao longo de toda a história e isso mostra-nos, pois, em primeiro lugar, a importância da caridade. A caridade é o motor da nossa vida cristã, é verdadeiramente o desafio dessa vida. A nossa vida é finalmente uma questão de caridade: o que se ama, e de que maneira se ama. Pois o cristão deve antes de tudo exercitar-se na verdadeira caridade e, por aí, é preciso chegar ao desprezo de si.

Chamou-se a Santo Agostinho o doutor da graça, porque pôs em destaque a importância da graça. É verdade finalmente que todo o desafio é o sobrenatural, a graça, e o sacerdote não faz senão dar, espalhar a graça de Deus, é essencialmente a sua função. É isso que foi deixado de lado hoje pela igreja conciliar. O sacerdote está ali para levar, dar, espalhar o sobrenatural. E na medida em que o sobrenatural, portanto, a graça de Deus, fica bem estabelecido nas nossas almas, na medida em que a graça cresce, se desenvolve, pois bem, nessa medida é-se invencível! Por quê? Porque pela graça tem-se Deus em si. Pela graça Deus está em nós! Ora, Deus não pode ser vencido. Por tanto fareis triunfar profundamente esta graça de Deus nas vossas almas e ter sempre um olhar sobrenatural; se não soçobra-se no desencorajamento, soçobra-se no ativismo naturalista, que é muito perigoso.

O terceiro princípio que coloca Santo Agostinho para explicar as leis que regem necessariamente a história da Igreja e a história da humanidade é o primado de Cristo. Não há outra fonte da graça senão Nosso Senhor Jesus Cristo. Ele é o centro e o fim da história. É por isso que Santo Agostinho chama a toda a história antes da vinda de Nosso Senhor Jesus Cristo a "história profética". Era para preparar e anunciar a vinda de Nosso Senhor Jesus Cristo, a Sua encarnação, a Sua redenção. E depois de Nosso Senhor Jesus Cristo o fim é o Seu triunfo e o Seu triunfo vai-se realizar quando da Sua segunda vinda, a Parusia. É então que terá lugar o triunfo de Nosso Senhor Jesus Cristo e, enquanto se espera, edifica-se, constrói-se a Jerusalém celeste, a Igreja definitiva, a Igreja para sempre.Fora de Nosso Senhor Jesus Cristo não há salvação, fora de Nosso Senhor Jesus Cristo não há paz; portanto não há felicidade, não há vida feliz fora de Nosso Senhor Jesus Cristo. E o sacerdote deve deixar-se apaixonar por este ideal! É preciso dar Cristo às almas, é preciso trabalhar no reinado de Nosso Senhor Jesus Cristo por toda a parte.

O quarto princípio para Santo Agostinho e para nós é o de que não há fatalismo na vida, na história, não há determinismo, tão pouco há acaso. Tudo é Providência divina, tudo, absolutamente tudo! É preciso convencermo-nos disto! Das maiores às mais pequenas coisas, tudo é querido por Deus. Não há nada que Lhe escape, nem na ordem natural nem menos ainda na ordem moral sobrenatural.

Finalmente, a história não é outra coisa senão o desenrolar dos desígnios eternos de Deus. Bem entendido, inclui-se a nossa liberdade, Deus criou-nos livres. Uma coisa impede a outra, mas os desígnios de Deus cumprem-se ao longo da história infalivelmente, necessariamente, se não Ele não seria Deus!E isso deve dar-nos uma grande confiança, porque todos os males, de ordem natural e mesmo de ordem moral, estão previstos e permitidos por Deus. Não somente contribuem para o bem do universo, mas têm um fim; são ordenados ao bem e ao cumprimento da Sua vontade, que é finalmente a salvação das almas e o triunfo de Nosso Senhor Jesus Cristo. "Tudo foi criado para o homem para Cristo, Cristo para Deus".

E hoje poderíamos juntar ainda uma outra lei que rege a história, porque isso nos foi progressivamente desvelado no decurso dos tempos, no decurso dos séculos, e sobretudo no nosso tempo: é o papel e o lugar da Santíssima Virgem Maria no triunfo de Nosso Senhor Jesus Cristo e na salvação das almas, um lugar, um papel de eleição: tudo estava confiado ao Coração de nossa Mãe. O bom Deus teria podido fazer doutro modo, mas por que quis fazê-lo assim? Para nos amparar nas nossas fraquezas, nas nossas misérias, nos nossos medos! Que há de mais terno e de mais atraente do que uma mãe, compassiva, misericordiosa? E é evidente que estas perfeições, que estão na Santa Virgem Maria, são perfeições divinas, participadas por uma criatura. Se a Santa Virgem é como é, foi simplesmente porque o Bom Deus quis manifestar nela duma maneira mais brilhante e mais adequada a nós algumas das Suas perfeições. Era uma vantagem em relação a nós, porque eu diria: Nosso Senhor, mesmo tão bom, tão doce, tão misericordioso no Seu Sagrado Coração, é sempre Deus e isso faz-nos sempre um pouco de medo. Ele quis dar-nos a Santíssima Virgem Maria e confiar à sua Mãe a consumação dos desígnios que Deus tem na história da Igreja, na história da humanidade.

E quando nós olhamos para a obra de Monsenhor Lefebvre, é precisamente isso: compreendeu as intenções da Providência. Tinha uma poderosa caridade; penso que todos nós o podemos testemunhar. Era muito sobrenatural, pregava a tempo e a contratempo os temas da graça; estava verdadeiramente votado ao triunfo de Nosso Senhor Jesus Cristo pela Cruz, pelo Santo Sacrifício, pelo Seu Reinado, pois que Ele é rei; seguia sempre a Providência e não se tomava pela Providência. Tinha uma verdadeira piedade por Nossa Senhora, sem deslocar o Seu lugar e o Seu papel para o centro do dogma católico e do combate, é de resto o que Ela deseja, mas dando-Lhe plenamente o lugar que deve ter neles. Ele apresenta-nos assim um exemplo extraordinário: como simplesmente, humildemente pode uma pessoa pôr-se verdadeiramente ao serviço de Deus, ser dócil, nas mãos de Deus para defender o que é preciso defender.

É preciso ter esta vontade de se converter profundamente e de se pôr ao serviço de Deus como Deus o quer. Neste domínio e hoje mais do que nunca, não convém ficar dentro do labirinto das misérias e das mesquinharias humanas. É preciso estar por cima, ter um olhar sobrenatural. Não convém tomar o lugar de Deus, não convém querer resolver por nós próprios os problemas que o Bom Deus permite e que tem permitido, porquanto Ele tem outros fins. Quais são os Seus fins? Nós não sabemos nada disso. Permitindo os males presentes hoje na Igreja, por um lado isso pode servir de mérito e de acréscimo da virtude daqueles que são fiéis, para se exercerem em certas virtudes, como a humildade, a paciência, para obter méritos para a eternidade, a menos que Deus não nos prepare para outras provas e que seria em definitiva simplesmente um pouco de treino de nossa parte - nós não o sabemos!

Quanto aos maus, por outro lado, o Bom Deus sabe também o que faz para a emenda deles, como um castigo, como uma punição. Em todo o caso, é sempre Ele quem governa isso, quem o permite, e não somos nós multiplicando-nos por uma atividade natural e vistas humanas que vamos resolver seja o que for. E quando Ele quiser, sem mais esforços que isso, então tudo entrará na normalidade, dentro da Igreja e no mundo. Mas para nós este combate pessoal continua, para fazer triunfar a caridade, a graça de Deus, o Reino de Nosso Senhor Jesus Cristo e isso deve em seguida traduzir-se num espírito, num ardor apostólico em fazê-lo. E uma vez que se fez o seu dever, que se fez tudo o que se pode, pois bem, demos graças a Deus.

Agradeçamos ao bom Deus termos o que temos e façamo-lo frutificar.

Então peçamos neste dia à Santíssima Virgem Maria que nos dê aquela visão tão sobrenatural e tão alta que Santo Agostinho teve e que teve também o nosso querido e venerado fundador Monsenhor Lefebvre.»

Dom Alfonso de Galarreta

(RCS)

sexta-feira, julho 21, 2006

Juramento contra o Modernismo

O post anterior estava em inglês, mas em português pode-se ler aquí, no nosso blog. Eu não me lembrei.
Peço desculpas aos meus lusófonos leitores.

Rafael Castela Santos

quinta-feira, julho 20, 2006

Oath against Modernism

«I ... firmly embrace and accept each and every definition that has been set forth and declared by the unerring teaching authority of the Church, especially those principal truths which are directly opposed to the errors of this day.
And first of all, I profess that God, the origin and end of all things, can be known with certainty by the natural light of reason from the created world (see Rom. 1:19), that is, from the visible works of creation, as a cause from its effects, and that therefore, His existence can also be demonstrated.
Secondly, I accept and acknowledge the external proofs of revelation, that is, divine acts and especially miracles and prophecies as the surest signs of the divine origin of the Christian religion and I hold that these same proofs are well adapted to the understanding of all eras and all men, even of this time.
Thirdly, I believe with equally firm faith that the Church, the guardian and teacher of the revealed word, was personally instituted by the real and historical Christ when He lived among us, and that the Church was built upon Peter, the prince of the apostolic hierarchy, and his successors for the duration of time.
Fourthly, I sincerely hold that the doctrine of faith was handed down to us from the apostles through the orthodox Fathers in exactly the same meaning and always in the same purport. Therefore, I entirely reject the heretical misrepresentation that dogmas evolve and change from one meaning to another, different from the one which the Church held previously. I also condemn every error according to which, in place of the divine deposit which has been given to the spouse of Christ to be carefully guarded by her, there is put a philosophical figment or product of a human conscience that has gradually been developed by human effort and will continue to develop indefinitely.
Fifthly, I hold with certainty and sincerely confess that faith is not a blind sentiment of religion welling up from the depths of the subconscious under the impulse of the heart and the motion of a will trained to morality; but faith is a genuine assent of the intellect to truth received by hearing from an external source. By this assent, because of the authority of the supremely truthful God, we believe to be true that which has been revealed and attested to by a personal God, Our Creator and Lord.
Furthermore, with due reverence, I submit and adhere with my whole heart to the condemnations, declarations, and all the prescripts contained in the encyclical Pascendi and in the decree Lamentabili, especially those concerning what is known as the history of dogmas.
I also reject the error of those who say that the faith held by the Church can contradict history, and that Catholic dogmas, in the sense in which they are now understood, are irreconcilable with a more realistic view of the origins of the Christian religion.
I also condemn and reject the opinion of those who say that a well-educated Christian assumes a dual personality -- that of a believer and at the same time of a historian, as if it were permissible for a historian to hold things that contradict the faith of the believer, or to establish premises which, provided there be no direct denial of dogmas, would lead to the conclusion that dogmas are either false or doubtful.
Likewise, I reject that method of judging and interpreting Sacred Scripture which, departing from the tradition of the Church, the analogy of faith, and the norms of the Apostolic See, embraces the misrepresentations of the rationalists and with no prudence or restraint adopts textual criticism as the one and supreme norm.
Furthermore, I reject the opinion of those who hold that a professor lecturing or writing on a historical-theological subject should first put aside any preconceived opinion about the supernatural origin of Catholic tradition or about the divine promise of help to preserve all revealed truth forever; and that they should then interpret the writings of each of the Fathers solely by scientific principles, excluding all sacred authority, and with the same liberty of judgment that is common in the investigation of all ordinary historical documents.
Finally, I declare that I am completely opposed to the error of the modernists who hold that there is nothing divine in sacred tradition; or what is far worse, say that there is, but in a pantheistic sense, with the result that there would remain nothing but this plain simple fact -- one to be put on par with the ordinary facts of history -- the fact, namely, that a group of men by their own labor, skill, and talent have continued through subsequent ages, a school begun by Christ and His apostles.
I promise that I shall keep all these articles faithfully, entirely, and sincerely, and guard them inviolate, in no way deviating from them in teaching or in any way in word or in writing. Thus I promise, this I swear, so help me God, and these holy Gospels of God which I touch with my hand.»

Pope Saint Pius X, from the Motu Proprio Sacrorum Antistitum

(RCS)

terça-feira, julho 18, 2006

18 de Julho de 1936, ou o plebiscito armado da nação espanhola


Vivimos en plena Marea Roja, alentada por los comunistas que se han adueñado del alma socialista, según les indicó el último secretario general del PCUS, Mijail Gorbachov, al recomendarles tras la caída del Muro la entrada en la Casa Común de la Izquierda, es decir la infiltración en masa dentro de la Internacional Socialista, el Arca de Noé del marxismo agonizan­te. Cada semana aparece un libro sobre la repre­sión del bando nacional en la guerra civil, mien­tras la represión roja se disimula una y mil veces como "merecida justicia del pueblo".

La fijación "intelectual" de los comunistas es de tipo históri­co; y consiste en obligar al centro derecha acom­plejado a declarar ciudadanos de honor a los supervivientes de las brigadas internacionales, según la orden del doctor Negrín en 1938; y a ensañarse con el 18 de julio, declarándole primero como "golpe militar fascista" y después, ayer mismo, condenándole como intentona para esta­blecer un estado totalitario contra la impecable posición democrática de la Segunda República.

Entonces, las calles rebosan de banderas republi­canas como preludiando la culminación de la cam­paña antihistórica cuyos tres actos finales vere­mos, ese es al menos el proyecto, a lo largo de los dos próximos años: la independencia del País Vasco según el plan Ibarreche, más o menos camu­flada de confederación; la secesión de la Gran Cataluña según el plan Maragall con inclusión de los “Paisos Catalans” que, como la llamada Euzkadi, jamás existieron; y la eliminación de la Corona, cuyo titular volverá a ser no ya el héroe del 23 F, sino el “sucesor de Franco a título de Rey”. Todo un proceso de desintegración histórica perfectamente diseñado en la Casa Común ante la complacencia secreta de una Europa orgullosamente seculariza­da, a la que ahora pretenden arrancar sus ya mor­tecinas raíces cristianas.

Con su clásica coheren­cia, don José María Aznar, en trance de despedida, trata de conservar ahora esas raíces, después de haberlas suprimido en la Internacional Demócrata Cristiana, rebautizada —perdón— por él mismo como Internacional Demócrata del Centro. Los pontífices de la secularización total son también del Centro: los señores Giscard y Chirac, distin­guidos miembros de la Masonería —cuya simple mención es hoy de mal gusto— cuya esencia histó­rica consiste en la secularización total. No en vano el sitio del Gran Oriente de Francia en la Red presenta a la institución como "observatorio de la laicidad". La derecha de Francia, todavía más his­tóricamente degradada que la de España.

En resumen, lo que pretende anegar y ani­quilar la Marea Roja es, para España, el 18 de Julio, el "golpe militar fascista", que no fue ningu­na de las tres cosas. Y que una visión histórica puede y debe explicar con dos expresiones, que brotaron de la entraña de su propia época: una en 1936, otra en 1937.

El 15 de abril de 1936, cuando el desgobierno caótico del Frente Popular amenazaba con la revolución inminente y total, el líder de la derecha católica don José María Gil Robles se encaró con la izquierda y dijo: "Una masa considerable de opinión, que es por lo menos la mitad de la Nación, no se resigna implacablemente a morir: yo os lo aseguro. Media Nación no se resigna a morir"; esta frase de Gil Robles, reproducida ade­más entonces en un editorial de El Debate me ha servido como título para un libro reciente, donde demuestro inapelablemente, con centenares de documentos y testimonios, la profundísima razón que inspiró a Gil Robles aquella advertencia. No era un pronunciamiento, ni un cuartelado, ni una conjura contra una democracia inexistente. Era el clamor de media Nación que no se resig­naba a morir y estaba cada vez, más dispuesta a alzarse para impedir su aniquilación.

La segunda clave es otra frase de 1937: pro­clamada en la "Carta Colectiva del Episcopado Español" el 1 de julio de ese año, cuando los Obis­pos de España trataron de explicar a todos los del mundo los motivos del 18 de julio, al que califica­ron como "un plebiscito armado". Desde el mes de agosto de 1936 varios Obispos habían utilizado la palabra Cruzada en sentido religioso para descri­bir el Alzamiento. La Carta Colectiva no utiliza ese término, sino el de "plebiscito armado", es decir, un movimiento popular apoyando al Ejército en defensa de unos valores por los que merecía la pena dar la vida.

El plebiscito armado de la media Nación que no se resignaba a morir fue, desde los primeros momentos, una guerra de religión. No fue la Iglesia católica quien la proclamó ni menos quien la pre­paró. En la portada de mi próximo libro, “Historia Actualizada de la Segunda República y la Guerra de España” figura el documento gráfico más significa­tivo del conflicto: el fusilamiento de la imagen del Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, el 28 de julio de 1936. He investigado a fondo este horrible suceso y junto al fusilamiento, que se reprodujo en días sucesivos, publico también la secuencia de la profanación y demolición del monumento. Pocos días después la Iglesia católica fue declarada fuera de la ley por un decreto del Gobierno del Frente Popular, con la firma del Presidente de la Repúbli­ca, Manuel Azaña. La persecución religiosa, que se había desencadenado con los incendios del 11 de mayo de 1931, se recrudeció en la revolución de Octubre de 1934 y se propagó ya de forma conti­nua después de la falsa victoria electoral del Fren­te Popular el 16 de febrero de 1936. Si se suprime el factor religioso nada se puede comprender de la historia de nuestra guerra; ésa fue la clave. La Cruzada, el plebiscito armado, fue la respuesta a la persecución.
[destaques nossos]

En la Historia Actualizada que acabo de anti­cipar intento un análisis histórico de la Marea Roja y sus orígenes, que son múltiples y datan de varios acontecimientos. En primer lugar, la derro­ta comunista de 1939, precedida por un hecho que jamás recuerdan los promotores de esa marea: la expulsión del partido comunista por el resto de los partidos y grupos del Frente Popular el 12 de marzo de 1939 (expulsión publicada en El Socia­lista de esa fecha) por considerarle un partido no español sino puesto servilmente al servicio de una potencia extranjera, la Unión Soviética. Desde entonces los comunistas españoles concibieron un odio inextinguible contra el general Franco que no sólo había conseguido derrotarles sino descalifi­carles. La historia del partido comunista a partir de entonces es la historia de una venganza frustra­da contra Franco, al que Santiago Carrillo llegó a atribuir en 1982 (siete años después de su muerte), sus continuas derrotas electorales en la transición que el PCE había soñado con domi­nar políticamente.

De ese odio nació a mediados de los años sesenta el proyecto comunista de ocu­par numerosas cátedras de historia contemporá­nea en universidades españolas y otros centros de enseñanza, proyecto que en buena parte ha cuaja­do gracias al pacto antinatural de los comunistas con dos sectores diferentes de la Iglesia Católica, que describo con pelos y señales en el libro que acabo de anticipar y que ha supuesto un gravísimo quebranto dentro de la crisis general de la Univer­sidad española. El director de ese proyecto letal fue un catedrático comunista y nombrado a dedo, que en tiempo anterior, según demostradas afirmaciones comunistas, había ejercido como agente de la KGB, nada menos.

Las últimas fases de la Marea Roja han sido la parlamentaria (en las Cortes y en los parlamentos autonómicos) dirigida por los comunistas, con la complicidad de los socialistas y la cobardía de los centristas para convertir al 18 de julio en una fecha de abominación, cuando realmente fue un grito de liberación; y por fin la tergiversación sistemática de la Historia a través de una profusión de libros infames y artículos sec­tarios que a veces se cuelan en los mismos medios de comunicación de tendencia liberal-conservado­ra y en las sentinas históricas de la basura televi­siva. Por cierto que en ese doble pacto clerical-comunista se generó el funesto término “nacional catolicismo”, que hoy repiten embobados todos los altavoces de la Marea Roja.

Desde el punto de vista de la Historia científi­ca, me preocupan muy poco estos alardes de la Marea Roja, que a veces sufren revolcones insos­pechados desde proyectos extranjeros de investiga­ción, como el que se refleja en el excelente libro “España Traicionada” (editorial Planeta) dirigido por Ronald Radosh y realizado por un conjunto de investigadores de la Universidad de Yale y la Aca­demia Rusa de Ciencias sobre los archivos soviéti­cos de la guerra civil. En esta gran investigación se reivindican por completo las tesis anticomunis­tas de Burnett Bolloten frente a las de Paul Preston y, a distancia abisal por su insignificancia, Julio Aróstegui y otros tuñonianos recalcitrantes. También ha mejorado notablemente el panorama histórico en España, con el merecidísimo éxito del historiador Pío Moa en sus “Mitos de la Guerra Civil”, el cuarto gran tomo de “Franco, crónica de un tiempo”, del profesor Luis Suárez, la abrumado­ra historia naval de nuestra guerra por los almi­rantes Fernando y Salvador Moreno de Alborán, la super-serie “Guerra aérea” del general Jesús Salas Larrazábal, las irrebatibles investigaciones del general Rafael Casas de la Vega y don Ángel David Martín Rubio y el sobrecogedor libro de César Vidal sobre las checas de Madrid, que me ha dejado sin dormir la noche anterior a la redacción de este artículo. La Marea Roja no ha producido ni un solo libro comparable a los que acabo de citar y sus sucios engendros entran ya a raudales en las cloacas de la Historia.

Ricardo de la Cierva


(JSarto)

Aquella primavera del 37 en Salamanca

En Marzo de 1937 los gloriosos “Viriatos”, el cuerpo voluntario expedicionario portugués, ya camino del frente, desfilaban por la inigualable Plaza Mayor de Salamanca, tierra de la Lusitania interior. Por los arcos –diría de triunfo- de la Plaza, en cuyos medallones se resumen muchos episodios de la historia española, pasan un contingente variopinto de fuerzas nacionales, desde tropas del Ejército, pasando por la valiente Legión, los nobles y leales requetés, los aguerridos falangistas, las temibles tropas moras, las jóvenes milicias de Acción Popular o los Viriatos lusos, dignos hijos del indomable caudillo lusitano.
Todos ellos van ya a plantar cara sin ambages a la hidra roja, marxista y materialista. En la sangre virginal derramada por esos jóvenes que van a morir por Dios y por España, por Dios y por la Civilización Cristiana están ya las claves de la Resurrección de España y, con ella, la Resurrección de la Cristiandad. En ellos se anticipa ya la Victoria de 1939, la más grande victoria en los campos de batalla sobre el comunismo jamás lograda.
En esas tropas marciales y ordenadas, alegres y piadosas, se dibuja ya la sonrisa que anticipa una nueva primavera para España y para el mundo. En el viejo solar ibérico, testigo de la expulsión del invasor musulmán que quiso dar al traste con la Cristiandad, se vuelven a enfrentar a cara de perro las dos ciudades de San Agustín: la Ciudad de Dios y la Ciudad del Diablo. Porque Cruzada es la Guerra Civil Española: guerra en defensa de España pero, mucho más todavía, una guerra en defensa de la Santa Madre Iglesia y de nuestra Santa Religión.
En aquel entorno churrigueresco de la Plaza, se alzan como vigías las torres y las cruces de las Catedrales y la Clerecía. El “alto soto de torres”, coronadas por la Cruz, que apunta a ese Dios que se hace presente en los Altares de las muchas iglesias salmantinas todos los días. En esa Plaza Mayor, escoltada por el románico de la Iglesia de San Martín y un poco más allá por ese trozo del Nápoles hispánico de la Iglesia de la Purísima, está un poeta y un patriota: José María Pemán.
Y Pemán, estremecido e incapaz de resistir las lágrimas que bañan sus mejillas, se acuerda de ese genio de España, ese defensor de la Hispanidad, ese hombre bueno y humilde, ese converso del liberalismo y de las tentaciones anglicistas, esa pluma que cantó la indisoluble unidad de la religión católica y del ser de España. Hablo, por supuesto, de Ramiro de Maeztu, al que los comunistas y sus tontos útiles ya habían asesinado inicuamente en su apoteosis de odio, terror y tiranía durante los primeros días de la Cruzada. A ellos, al mismo pelotón que lo fusila, Ramiro de Maeztu les dirige sus últimas palabras: “Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo si sé por qué muero”.
Allí, en esa primavera del 37 en la Plaza Mayor de Salamanca, Pemán no contiene su espíritu. Porque es la España inmortal la que se alza en armas dispuesta a plantar cara al enemigo. Es el León de Judá de la España Eterna que ruge amenazante frente a la Bestia comunista. Y desde el balcón del Ayuntamiento de la Plaza Mayor de Salamanca Pemán no puede por menos de exclamar: “Ramiro de Maeztu, Señor y Capitán de la Cruzada: ¿Dónde estabas ayer, mi dulce amigo, que no pude encontrarte? ¿Dónde estabas?, ¡para haberte traído de la mano, a las doce del día, bajo el cielo de viento y nubes altas, a ver, para reposo de tu eterna inquietud, tu Verdad hecha ya Vida en la Plaza Mayor de Salamanca!”
Con el marchamo y el voluntario sacrificio de los Viriatos, Portugal –una vez más- ayuda a salvar a España. Con ellos, entre otros, la muerte de un inocente como Maeztu no ha sido en vano. Y la sangre de todos estos mártires anticipa ya el renacimiento católico de España, único en la historia del siglo XX.

Rafael Castela Santos

sábado, julho 15, 2006

Nuestra Señora de los Dolores

En estos momentos, donde el Líbano vuelve a sufrir y la escalada de inocentes teniendo que sufrir por el enfrentamiento bélico de Israel sigue, quiero traer este texto sobre Nuestra Señora de los Dolores. En esta advocación habrán encontrado solaz y consuelo muchas lágrimas y mucha sangre de los maronitas libaneses, de los árabes cristianos y de todos los inocentes que sufren la injusticia de un enfrentamiento bélico que siempre acaba cebándose en los inocentes.
Israel Adán Shamir es un hebreo judío que se convirtió al cristianismo. Me topé con este libro en línea suyo. De él extractamos este texto.

«La tranquilidad de Occidente debería asustarnos más aún que el contexto del Oriente Medio, pues podría significar la muerte de nuestra civilización.
En la parte superior de la iglesia de la Anunciación, en Nazaret, hay una colección llamativa de imágenes. Se trata de homenajes de distintos artistas, dedicados a la Virgen María. Una Virgen delicada, ataviada con un kimono espejeante, llevando en brazos al Niño, con traje de ceremonia japonés, en medio de un sembrado de flores azules y doradas; el rostro gótico de una Madona inspirado en una ilustración francesa cisterciana; la Reina de los Cielos china, esculpida en una madera preciosa por piadosos habitantes de Formosa; la estatua mexicana de la virgen de Guadalupe, adornada con piedras preciosas, una Virgen Negra polaca; el rostro, desbordante de infinita ternura, de una Madre de Dios bizantina, una Madona moderna, de acero repujado, de Estados Unidos ... nos está mirando, desde los muros de la iglesia, uniéndonos en una sola familia humana. Ninguna otra imagen en el mundo es tan universal y tan sobrecogedora como esta de la Virgen y el Niño.
Dondequiera que uno vaya, desde Santiago de Compostela, en el extremo noroccidental de España, hasta las cúpulas doradas de Rusia, desde la helada Upsala, en Suecia, hasta Santa Sofía de Constantinopla, descubrirá su rostro sublime. Los mejores artistas han ido formando sus rasgos compasivos, traduciendo su amor por su hijo y su sufrimiento. La pintó Botticelli, al lado de un granadero en flor, entre los Reyes del Oriente; Miguel Angel y Rafael, Cimabue y el Ticiano, Van der Weyden y Fra Filippo Lippi recibieron la inspiración de su imagen. Esta simbiosis única de muchacha y madre, de vulnerabilidad y amparo, admiración y amor, ha formado la base espiritual y la inspiración de nuestra civilización.
Se le apareció a un campesino mexicano, y su imagen cubierta de flores detuvo combates y fue uniendo a los americanos nativos y a los españoles allí radicados en una misma nación. Le entregó su rosario a Santo Domingo. Encargó una carta a unos niños portugueses, en Fátima. El Profeta Mahoma conservaba y amaba su icono, encontrado en el templo de la Meca, según nos enseña el islamólogo francés Máxime Rodinson. Se le apareció a un rico banquero judío, Alfonso Ratisbona, y éste, ejecutando las órdenes sagradas recibidas de ella, hizo edificar el convento de las Hermanas de Sión en Ein Karim. Un musulmán palestino, en un campo de refugiados en el Líbano,
había podido conservar su imagen, llevada al exilio desde su pueblo natal de Galilea, según cuenta Elias Khoury en su novela Bab al Shams (La Puerta del Sol, traducida recientemente al hebreo por Moshe Hakham y editada por Antón Shammas). Unos astronautas sirios fueron a invocar su protección, en el convento de Seidnaya (en la montaña del ante Líbano, cerca de Damasco), antes de embarcar para la estación espacial soviética.
Las leyendas medievales solían presentar a los judíos como enemigos de la Virgen. Un trozo de columna, en la vía dolorosa de Jerusalén, señala el lugar donde, según la tradición, fuera agredida por unos judíos. Ésas eran historias de antes. Y ahora hay hechos nuevos. Esta semana en Belén, un judío le disparó a la Virgen. Un militar judío, en su enorme tanque Merkava-3 construido de acuerdo con los últimos adelantos de la tecnología estadounidense y con el dinero de los contribuyentes de ese país, disparó una granada desde una distancia de cincuenta metros a la estatua de la Madona, que se encuentra situada encima de la entrada de la iglesia de la Sagrada Familia, en la ciudad de la Natividad.
La Virgen perdió un brazo, y su hermoso rostro está mutilado. Se ha convertido en una más entre el centenar de mujeres palestinas víctimas de los judíos durante la llamarada actual del conflicto. Este acto de vandalismo aparentemente gratuito no era un disparo perdido. Ningún terrorista se disimulaba detrás de su figura protectora, en el pináculo de la iglesia del hospital. A cincuenta metros, no cabe equivocación alguna. Podría tratarse del cumplimiento de alguna orden o también podría ser la expresión espontánea de los sentimientos de un judío fanático. Nuestro mundo está retrocediendo a gran velocidad hacia tiempos tenebrosos. Como Israel ha reencendido la llama del rechazo tradicional de los judíos hacia el cristianismo, no hay por qué descartar ninguna de ambas posibilidades.
Cualquiera que sea la significación que se le haya querido dar al acto, el lanzamiento de esta granada ha adquirido el valor de verificación suprema en el sistema del control mental: ¿Se regará la noticia de este sacrilegio? ¿Conmoverá los corazones en la Cristiandad? El resultado doblemente negativo de esta verificación seguramente ha confirmado las mayores esperanzas de sus iniciadores. Los medios mundiales, desde Nueva York hasta Moscú, pasando por París y Londres, están perfectamente controlados por los supremacistas judíos; ni un rechinar de dientes se deja escuchar, salvo que ellos lo autoricen previamente. La invasión israelí que se está verificando, desde Ramala y Belén, fue publicada por los medios de comunicación bajo el titular de “Sharon busca la paz”... y la resolución de la ONU pone en un pie de igualdad, a medias palabras, a los agresores y a sus víctimas. Los medios consensuales de Occidente han desplegado un manto de silencio sobre los gritos que se alzaban en Tierra Santa, para ahogarlos.
Alexander Cockbum escribe esta semana: “Parece que es inútil, en cuestión de periodismo, tener siquiera una discusión en torno a la extensión del control de los judíos sobre los medios. En una de sus “Notas al margen” cotidianas, publicadas en su carta de información por internet, Supply Side Investor, Jude Wanniski señaló la semana pasada que “es posible afirmar rotundamente que los judíos controlan el debate en torno a Israel en los medios de comunicación de este país”.
Pues bien, la información (acerca de la destrucción de la estatua de la Virgen deBelén) fue transmitida por la agencia Reuters, y esta foto terrible fue tomada por un fotógrafo de Associated Press. Los medios del mundo entero disponían de ella. Sin embargo, ni un periódico ni una revista de gran tirada la publicaron. Lo que sí sacaron fue una serie de artículos sobre el antisemitismo cristino.
En lo relativo al Oriente Medio, la conciencia occidental sufre de visión invertida. Los actos terroristas han sido perpetrados por los judíos contra los palestinos, pero el nombre mismo de palestino se ha convertido en sinónimo de terrorista. Los palestinos se encuentran confrontados al peligro de un nuevo holocausto; los militares judíos les tatúan números en la frente y los antebrazos, separan a los hombres y a las mujeres y los envían a campos de hacinamiento, pero los memoriales al holocausto delos judíos brotan por doquier. Israel y Estados Unidos pisotean el derecho internacional, pero a sus adversarios se les señala y se les tacha de “estados canallas”. Mientras hay ciudades palestinas invadidas por tanques israelíes, el Wall Street Journal publica un artículo titulado “Israel en estado de sitio”, escrito por el “alcalde” ilegal de Jerusalén, Ehud Olmert. Hay en Palestina iglesias bombardeadas, evangelios quemados, cristianos acosados por judíos, pero ¿qué es lo que preocupa a los editores de periódicos y a los eclesiásticos? Pues el antisemitismo cristiano...
En la actualidad, la acusación de antisemitismo se ha convertido en el insulto supremo. Pero ¿es acaso una novedad? En El Mercader de Venecia, Shylock se quejaba del odio de los gentiles, a pesar de que era él quien sentía odio por éstos, pues no aprobaban sus prácticas de usurero. En vez de reducir la tasa de interés, prefirió darun tajo en la carne de Antonio y refugiarse en la supuesta discriminación que lo afectaba. Si la Portia de Shakespeare hubiese tenido la actitud que tenemos hoy, hubiera dejado a Shylock apoderarse de su libra de carne humana en vez de disuadirlo y encontrarse acusada de antisemitismo.
Lo más probable es que semejante impulso haya llevado a los guardianes de la conciencia pública a minimizar o sesgar el sacrilegio cometido en Belén. La indiferencia de Occidente debería alarmarnos mucho más allá del contexto medio-oriental, pues podría significar que nuestra civilización ha muerto.
La civilización no puede sobrevivir si su .sagrado corazón deja de latir. Cuando la fe pierde su significado, la civilización se extingue, escribió el filósofo de la historia Arnold Toynbee en una obra que explica la desaparición del antiguo Egipto. No hay vida sin lo sacro, confirmó el filósofo de las religiones Mircea Eliade. Si aceptamos o no la noción de filosofía de la historia, o bien una lectura mística, o incluso estudios sociológicos pragmáticos; si seguimos a Durkheim o a Heidegger, la conclusión sigue siendo la misma: la indiferencia por la suerte de la Virgen de Belén es un mal presagio para la civilización cristiana occidental. Implica que europeos y estadounidenses han perdido el núcleo sagrado y que nuestra civilización profanada está abocada a la extinción, a menos que demos un paso atrás, para alejarnos algo del borde del abismo.»

Israel Adán Shamir, La lluvia verde de Yasuf, 17 de marzo de 2002

(RCS)

A Fraternidade de São Pio X e Roma - 12


A ler:

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A primeira entrevista concedida por Monsenhor Bernard Fellay, após a sua reeleição como Superior-Geral da Fraternidade de São Pio X, à Dici;

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"The Crux of the Matter or Why a "reconciliation" requires a miracle" e "Back to Basics", no "True Restoration";

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"SSPX - elections and commentary" e "Fraternity of Saint Peter Elects New Superior", no "Athanasius contra Mundum";

Por seu turno, os nossos amigos do
"Rorate-Caeli" dão conta dos últmos rumores fundamentados que circulam na imprensa italiana sobre este assunto, mais concretamente no esquerdista "Il Giornale", de Roma, em "Lefebvrists: the agreement is closer - The pact is ready, but Fellay has not yet decided". Como é óbvio, o uso do termo "lefebvristas" é da responsabilidade e próprio da característica desonestidade intelectual dos "jornaleiros".

JSarto

sexta-feira, julho 14, 2006

El “Pueblo de Dios”

Sé que al director de este blog le gusta mucho poder volver a gozar de la prédica del Padre Basilio Méramo. Quede pues constancia aquí de nuestra común añoranza. También éste era un tema pendiente porque el concepto “Pueblo de Dios” fue traído a colación por una insufrible lectora, abiertamente liberacionista, que pululaba por nuestras cajas de comentarios. Este concepto pues de “Pueblo de Dios”, tan nuclear a la Teología de la Liberación, encuentra aquí adecuada réplica.

«El Pueblo de Dios es una nueva denominación para designar la Iglesia. Esta denominación muy de moda y ampliamente generalizada corresponde realmente a una redefinición de la misma Iglesia, se trata de una nueva concepción de la Iglesia. El mismo Juan Pablo II lo afirma y dice en su libro: “Signo de Contradicción” BAC pág. 24. La iglesia de nuestro tiempo se ha hecho particularmente consciente de esta verdad y, por ello, a su luz ha logrado redefinir en el Concilio Vaticano II su propia naturaleza.

Se trata de una nueva concepción de la Iglesia aunque esto no siempre sea explícito para la mayoría de los fieles. Se pretende falsamente hacer del concepto Pueblo de Dios algo muy antiguo que nos viene de las Sagradas Escrituras. La expresión como tal se encuentra en las Sagradas Escrituras, pero el concepto bajo el cual hoy se le invoca es totalmente otro. Se utiliza el mismo término pero con un significado diferente.

A continuación veremos cómo esta denominación del Pueblo de Dios corresponde a una concepción de la Iglesia distinta de la noción tradicional de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo, la cual es superada y reabsorbida dentro de un contexto más amplio y abierto como el ecumenismo.

Es importante que se analice cuál es el significado que tiene el Pueblo de Dios con el cual se redefinió a la Iglesia. Es muy expresivo lo que el nuevo Derecho Canónico dice, y más aún cuando la finalidad fue justamente la de poner en lenguaje canónico el espíritu del Concilio Vaticano II, especialmente lo relacionado con lo que constituyó su novedad y que el nuevo Código de derecho quiso expresar en lenguaje canónico, esto es, lo referente a la doctrina sobre la Iglesia o eclesiología.

La expresión Pueblo de Dios corresponde a una nueva doctrina sobre la Iglesia, es la expresión de la nueva eclesiología ecuménica que destruye y disgrega a la Iglesia.

Esta concepción de la Iglesia según la nueva eclesiología ecumenista, está vertida en el nuevo Código de Derecho Canónico, en el canon 204, el cual dice que la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica. Ya no se dice como siempre se ha dicho, que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica. Ahora esto se relativiza con el verbo subsiste, dejando entender que además (hay o puede haber) Iglesia mas allá de la Iglesia Católica, o sea, fuera de la Iglesia Católica. Esto es precisamente lo que designa actualmente la expresión Pueblo de Dios, la cual abarca mucho más que la Iglesia Católica, a la cual comprende y supera.

Uno de los pseudo-teólogos de mayor influencia y renombre en el Concilio Vaticano II, el sacerdote modernista Karl Rahner, es quien va a darnos la pauta sobre la significación del Pueblo de Dios. Este teólogo progresista manifiesta que hay una unión real y ontológica entre Dios y cada hombre por el hecho de la Encarnación. Pues, el Verbo al tomar la carne para hacerse hombre se une con todos y cada uno de los hombres, sacramentalizándose así la humanidad y el mundo.

Esta unión de Dios con la humanidad, con cada hombre, por el hecho de la Encarnación constituye el pueblo de los hijos de Dios o más abreviadamente el Pueblo de Dios. Dentro de la nueva eclesiología el término pueblo de Dios significa la humanidad entera (todos los hombres sin excepción) sacramentalizada por el hecho de la Encarnación. Luego abarca mucho más que lo que abarca la noción de Iglesia Católica, pues todos los hombres sin dogmas que dividan ni credos que se pongan pertenecen al Pueblo de Dios.

Entonces con anterioridad a la Gracia y a la Fe, queda formando así el Pueblo de Dios, cuya extensión es la misma que tiene la humanidad toda por el hecho de la Encarnación que ha realizado la unión de Dios con cada hombre, Iglesia y Humanidad quedan identificados. Mundo e Iglesia quedan compenetrados.

Todo esto queda muy bien expresado en el siguiente comentario del Padre Meinvielle: «Karl Rahner S.J. ha sistematizado, quizás con excesiva fuerza, lo que él llama un cristianismo invisible, que sería efecto de una “consagración de la humanidad por la Encarnación del verbo”. “Al hacerse hombre el verbo de Dios, la Humanidad ha quedado convertida real-ontológicamente en el pueblo de los hijos de Dios, aún antecedentemente a la santificación efectiva de cada uno por la gracia”. “Este pueblo de Dios que se extiende tanto como la Humanidad”... “antecede a la organización jurídica y social de lo que llamamos Iglesia”. “Por otra parte, esta realidad verdadera e histórica del pueblo de Dios, que antecede a la Iglesia en cuanto magnitud social y jurídica... puede adoptar una ulterior concretización en eso que llamamos Iglesia”. “Así, pues, donde y en la medida que haya pueblo de Dios, hay también ya, radicalmente Iglesia, y, por cierto, independientemente de la voluntad del individuo”. De aquí se sigue que todo hombre, por el hecho de ser hombre, ya pertenece, radicalmente, a la Iglesia». (La Iglesia y el Mundo Moderno, ed. Theoría, Buenos Aires 1996, pp. 143- 144).

La noción de Iglesia como Pueblo de Dios, comprende radicalmente toda la humanidad, todo el mundo. De otra parte se explica así, por qué la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica, como lo expresa el nuevo Código ateniéndose a la novedad eclesiológica del Concilio.

El nuevo Código no dice que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica, pues así quedarían excluidos todos los que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia, mientras que como Pueblo de Dios, abarca la humanidad entera, o sea, al mundo y abarca a todos y cada uno de los hombres, pues pertenecen al Pueblo de Dios por estar unidos con Dios gracias a la Encarnación del Verbo.

Hay una profunda ignorancia y peor aún, una grave tergiversación concerniente a la pertenencia de los miembros de la Iglesia y a la justificación o salvación de los hombres, íntimamente ligada a la cuestión: “Extra Ecclesiam nulla salus”, fuera de la Iglesia no hay salvación pues fuera de la Cruz, fuera de Nuestro Señor Jesucristo, no hay, ni puede haber salvación.

La expresión Pueblo de Dios designa la pertenencia radical de todos los hombres, de la humanidad , a la Iglesia; pertenencia radical quiere decir pertenencia en la raíz (in radice), por el hecho de ser hombre, de pertenecer al género humano, del cual el Verbo Divino tomó la carne y se hizo hombre, de modo que Iglesia y Mundo quedan identificados y la humanidad sacramentalizada junto con el Mundo.

El Pueblo de Dios cubre así una realidad más amplia que la concepción misma de Iglesia Tradicional. El Pueblo de Dios comprende la Iglesia Católica pero no la agota, por eso se dice que la Iglesia de Dios subsiste en la Iglesia Católica en vez de decir que la Iglesia de Dios es la Iglesia Católica como consta en el nuevo Código cuya finalidad es verter en Ley el espíritu ecuménico y liberal del Concilio Vaticano II, cuya preocupación fue asimilar dos siglos de cultura liberal a partir de la Revolución Francesa de 1789.

La redefinición de la Iglesia como Pueblo de Dios se hace en base a una nueva concepción de la Encarnación. La Iglesia, al ser la prolongación de la Encarnación, es lógico que, teniéndose otra visión o concepción de la Encarnación (como la de Vaticano II y Juan Pablo II), se suscite la necesidad de redefinir la Iglesia para que esté de acuerdo con la nueva concepción de la Encarnación de la cual es su prolongación.

A modo de conclusión diremos que la Iglesia del Pueblo de Dios, es la iglesia de la Humanidad, de la ciudad del hombre, de la civilización universal y sincretista construida bajo un nuevo orden secular en contraposición a la Iglesia Católica, y a la civilización Católica o Ciudad de Dios.

La Iglesia del Pueblo de Dios es la Iglesia del sincretismo religioso de carácter gnóstico que aúna a todos los hombres sin dogmas que dividan, bajo una falsa paz universal, donde el único pecado será seguir siendo un verdadero católico fiel a la Tradición de la Iglesia y a Jesucristo Nuestro Señor.»

Padre Basilio Méramo

(RCS)

quinta-feira, julho 13, 2006

De la insustentabilidad de las ideas paganas y neopaganas

El Cardenal Zeferino González Díaz de Tuñón, O.P., fue uno de los más insignes propulsores del Tomismo durante el siglo XIX. En rigor debe uno decir que transpasada la mitad del siglo XVII el tomismo empezó a decaer, mucho por la falta de recurso a la fuente original y el abuso de textos de otros autores que en verdad eran segunda y hasta terceras y cuartas manos del Aquinatense.

Zeferino González publicó su Filosofía Elemental, obra que afortunadamente puede encontrarse en línea. Su Refutación del Panteísmo es sólo un capítulo de este libro, pero por la solidez doctrinal y metafísica, tal cual la expone el insigne Cardenal González, no nos resistimos a copiar aquí la estupidez pagana de identificar a Dios con el mundo. Una sana filosofía, como la del Cardenal González, derriba este insustentable mito.

«La identidad sustancial entre el mundo y Dios proclamada por el panteísmo, es absurda en sí misma y en sus consecuencias prácticas.

Es absurda en sí misma:

1º Porque la experiencia, tanto externa como interna, demuestran la existencia de seres distintos esencial y sustancialmente, incompatibles con la identidad universal de ser y de sustancia proclamada por el panteísmo, en virtud de la cual identifica la sustancia del mundo con la sustancia divina. La experiencia externa nos presenta cuerpos dotados de propiedades y afecciones, no solamente diferentes, sino contradictorias; el cuerpo que tiene la figura circular no puede ser idéntico al cuerpo que al mismo tiempo tiene la figura cuadrada: nos presenta los cuerpos compuestos de partes, no solamente distintas, sino también separables: nos demuestra, en fin, que el objeto de las sensaciones representativas, es un ser distinto del sujeto, y que la mesa en que escribo es una sustancia distinta y hasta separada de la luna que veo en el firmamento.

La experiencia interna demuestra de una manera invencible: a) que el sujeto o principio que piensa y siente en nosotros, es uno, simple e indivisible en sí mismo, y que por consiguiente, es distinto real y sustancialmente de los cuerpos compuestos de partes y divisibles: b) que el alma se halla pasiva en muchas sensaciones, y por consiguiente que es distinta del ser que determina estas sensaciones; y distinta con distinción sustancial, porque los accidentes o cualidades que determinan inmediatamente las sensaciones, no pueden existir sino en alguna sustancia que les sirva de sujeto, y c) finalmente, que los varios afectos de amor, de odio, de esperanza, deseo, &c., suponen y exigen algún ser distinto del sujeto o del yo.

2º Porque si el mundo y Dios fueran una misma y única sustancia, les convendrían los mismos atributos y predicados, siendo así que los atributos y predicados que corresponden al mundo son, no solamente diversos, sino muchos de ellos hasta contrarios a los que a Dios corresponden, lo cual demuestra evidentemente la diversidad sustancial y esencial de los dos, toda vez que no poseyendo la intuición inmediata y directa de las sustancias y esencias de las cosas, reconocemos la diversidad de éstas por medio de la diversidad de aquéllos, fundándonos en el principio de contradicción o en la imposibilidad de que una cosa sea y no sea al mismo tiempo, principio que constituye la ley esencial de la razón humana.

Ahora bien: Dios, o no existe y es una palabra vana, o es un ser absolutamente necesario como tal, existente por sí mismo, con independencia de otro ser, infinito en sus perfecciones, inteligente, dotado de un poder sin límites, simple e inmutable; porque esto es lo que el sentido común de la humanidad entiende por Dios, y sobre todo estos son los atributos que la razón humana pone en él por medio de demostraciones palmarias y evidentes, como se verá en la Teodicea.

Por el contrario, el mundo

a) Es contingente o no incluye necesidad absoluta, puesto que ninguna contradicción o repugnancia interna presenta su no existencia, pudiendo ser reducido a la nada, o no haber salido de ella, como no salieron otros mundos posibles.

b) Es mutable, como lo demuestran la multitud de mutaciones y cambios que experimentan las sustancias que le constituyen o componen. De donde se infiere que

c) Es también finito, o que no posee todas las perfecciones posibles, siendo evidente que la mutación real de una sustancia envuelve la adquisición o pérdida de alguna perfección, o por lo menos la capacidad o potencia para tener algo que no tiene.

d) Carece de inteligencia y libertad en la mayor parte de las sustancias, como son todas las inferiores al hombre, y principalmente las inanimadas, en las cuales no aparece vestigio alguno de razón ni de libertad.

e) Posee una actividad y causalidad limitada, puesto que cada uno de los eres de que se compone solo puede producir ciertos y determinados efectos, y todos juntos no pueden producir o sacar una sustancia de la nada, como puede verificarlo Dios por medio de su poder o causalidad infinita.

La identidad panteística es también absurda en sus consecuencias prácticas:

1º Porque admitida la identidad universal es preciso admitir que una misma cosa es al mismo tiempo cuerpo y espíritu, sana y enferma, sabia e ignorante, buena y mala, libre y no libre, y consiguientemente que dos contradicciones pueden ser verdaderas al mismo tiempo, lo cual equivale a negar y destruir la razón humana y hasta la posibilidad de toda ciencia: porque ello es incontestable, que destruido el principio de contradicción, solo resta el escepticismo universal, o mejor dicho, el nihilismo absoluto. Y esto es tanta verdad, que Hegel, único filósofo que tuvo el valor de revelar las últimas consecuencias lógicas del panteísmo, afirma paladinamente que el ser y la nada son una misma cosa. Esta confesión debiera bastar para que el panteísmo fuera desterrado para siempre del campo de la ciencia, cualquiera que sea la forma que revista.

2º Si el mundo y Dios son una misma sustancia, todas las acciones proceden de la sustancia divina, y ella es, por consiguiente, el principio único y el sujeto de los hurtos, torpezas, blasfemias y demás abominaciones que comete el hombre. Además, en este caso, el hombre no es responsable de estas acciones, las cuales no le pertenecen a él, sino como modificación de la sustancia divina; o mejor dicho, en esta hipótesis, no hay responsabilidad moral, porque todas las acciones del hombre son evoluciones y manifestaciones de la sustancia divina, y como tales, todas son igualmente legítimas, buenas y santas.

La proclamación de la divinidad del hombre y la consiguiente rehabilitación o santificación de la materia y de los sentidos, son las últimas y lógicas consecuencias del panteísmo en el orden práctico, consecuencias que algunos de sus partidarios han tenido el valor de deducir y la franqueza de profesar (1), así como Hegel tuvo valor y franqueza suficiente para llegar a la última deducción del panteísmo en el orden especulativo.

(1) Oigamos como se expresa la izquierda hegeliana, como si dijéramos, los partidarios rígidos del panteísmo hegeliano, por boca de uno de sus adeptos: «Dios es idéntico con el mundo: se manifiesta en las plantas, que sin conciencia de sí mismas, viven con una vida cosmomagnética... En el hombre, la Divinidad llega a la conciencia de sí misma y revela esta conciencia de nuevo por medio del hombre... Cada hombre solo encierra y representa una partícula del Dios-mundo; pero todos los hombres juntos encierran y representan en la idea y en la realidad todo el Dios-mundo. Cada pueblo tiene a lo más la misión de reconocer y manifestar una parte de este Dios-mundo... La humanidad entera es una encarnación de Dios... De aquí es también que el objeto de todas nuestras instituciones modernas es la rehabilitación de la materia, su reintegración en todos sus derechos, su restauración religiosa, su santificación moral. Nosotros marchamos en pos del bienestar material, porque sabemos que la divinidad del hombre se manifiesta igualmente en su forma corporal; fundamos una democracia de dioses terrestres iguales en felicidad y santidad.»}»

Zeferino Cardenal González, O.P.

(RCS)

quarta-feira, julho 12, 2006

Bernard Fellay reelegido Superior de la Hermandad de San Pío X

Ayer se supo que Monseñor Bernard Fellay ha sido reelegido Superior de la Hermandad de San Pío X.

Las informaciones recabadas por A Casa de Sarto dicen que ha sido una elección disputada. Hay un cambio, sí, de los Ayudantes Principales del Superior, que son ahora los Padres Niklaus Pflügger y Alain-Marc Nély. Del último todavía no hemos podido recabar información en A Casa de Sarto, pero del Padre Pflügger tenemos las mejores referencias y su mandato como Superior de Distrito en Alemania se ha visto coronado por la consolidación de la antigua Confederación Germánica como la tercera provincia de la Hermandad en extensión de su apostolado (tras Francia y Estados Unidos). Algunas instituciones, como el Colegio Secundario (Gymnasium) de San Juan Bosco, cerca de Stuttgart, son modélicas y reflejan un buen quehacer de defensa de los principios católicos de ayer, hoy y de siempre.

Existen algunas disensiones dentro de la Hermandad de San Pío X y esto es innegable. Hay quien apuesta por una línea muy dura. Desde A Casa de Sarto no creemos en absoluto que el alinearse con grupos sedevacantistas locos es de recibo. Estas actitudes debieran ser cortadas en seco e inmediatamente. Es más, existen algunos Sacerdotes aislados dentro de la Hermandad de San Pío X que a título personal son sedevacantistas. No hay problema con todo ello mientras sea una opinión teológica a título personal. Opinión, por cierto, no compartida ni por el director ni por el colaborador de A Casa de Sarto, pero que a la luz de obras como las del Padre Johannes Dörmann o de Monseñor Silva tampoco puede ser simplemente rechazada. De la mera opinión teológica (contemplada por Santo Tomás de Aquino) a la creación o asociación de y con grupos y grupúsculos sedevacantistas va un enorme trecho.

La Hermandad de San Pío X y, en general, la de los fieles que asisten a sus Misas, se ha caracterizado siempre por una gran defensa de la Romanidad. Es por esto que Monseñor Lefebvre consagró Obispos, para defender a Roma, no para oponerse a ella. Y esto harían bien en entenderlo aquellos desinformados de la Curia (de los malintencionados de la Curia es mejor no hablar). La Hermandad de San Pío X ha hecho siempre afirmación patente de ser católica, apostólica y romana. Y creo que en este momento hay que subrayar lo de “y romana” porque así es.

La mayor esperanza es que en Roma conocen a Monseñor Bernard Fellay y saben de la buena disposición del recientemente reelegido Superior para tratar con ellos de poder llegar a un acuerdo. El Obispo Fellay es profundamente “romanista”. Que el Santo Padre le recibiera dedicándole el tiempo que le dedicó, rompiendo incluso el protocolo romano, es también un signo positivo de que el acercamiento es deseado por ambas partes. Consta a A Casa de Sarto, también, que hay esfuerzos por parte de destacados miembros de la Curia, como es el caso de Su Eminencia el Cardinal Castrillón-Hoyos, que no han sido plenamente comprendidos por toda la Curia. De hecho la oposición de la mayor parte del Obispado francés y de algún Obispo suizo francoparlante no es más que la oposición de enemigos declarados de la Iglesia, pues por sus obras les conoceréis. El Santo Padre tiene la última palabra y tiene el poder de barrer de un plumazo la mala baba de la Conferencia Episcopal francesa y algunos otros.

Con todo la Hermandad es más consciente que nunca de que verdaderamente existe un complot contra la Iglesia. Complot ampliamente demostrado por autores como Michael Davies, Malachi Martin o Maurice Pinay, a quienes hemos traído a A Casa de Sarto en el pasado. Negar que este complot existe es negar que existen fuerzas del mal que actúan contra el bien. Sólo un estúpido, y los hay (también en las filas de la Hermandad de San Pío X), puede negar la existencia de este complot y fue para luchar contra él que el movimiento iniciado por Monseñor Lefebvre comenzó y sigue. Muchos católicos que siguen la línea oficial empiezan a comprender estos extremos, que cada día que pasa se hacen más claros y nítidos.

La Hermandad debe, también, estar precavida de que hay en Roma algunos lobos disfrazados con piel de oveja. El maltrato, e imposición, que recibió la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) para obligarles a muchos Sacerdotes de la FSSP a aceptar y aún a decir la Nueva Misa, es algo que no se puede olvidar. Aunque hubiera algunos Sacerdotes de la FSSP que querían decir la neomisa, muchos otros no querían bajo ningún concepto. Como imponerles un Superior en el pasado. La hoja de ruta seguida por los brasileños fundados por el insigne Monseñor Castro Mayer en tiempos recientes, donde aceptan y les fuerzan a aceptar no ya la Nueva Misa, sino hasta la concelebración, la comunión en la mano y otras aberraciones, debe ser motivo de aviso para incautos. Si alguien en Roma pretendiera hacer de la Hermandad de San Pío X algo similar a lo de la FSSP o la Asociación Sacerdotal San Juan María Vianney, entonces para ello es mejor que la Hermandad de San Pío X se quede como está.

Para que un acuerdo entre la Hermandad de San Pío X y Roma sea posible, Roma debe estar dispuesta a reconocer que la excomunión de 1988 no es válida (lo cual ya reconocen implícitamente y off-the-record) y, también, la Hermandad y sus fieles deben aceptar que un elemento de diplomacia y aún de política sensata es necesario y que la Santa Iglesia, con sede en Roma y como institución, no puede autohumillarse jamás. Así que nadie del campo tradicional espere declaraciones rimbombantes. En Roma se cuece la más finísima diplomacia del mundo, de modo que pueden lidiar con este tema sin mucha dificultad y de un modo satisfactorio para todo el mundo.

Sobre todo empero, Roma debe estar dispuesta a garantizar la Misa de San Pío V, nunca abrogada, no sólo para los Sacerdotes de la Hermandad, sino para todos los Sacerdotes del mundo. El quid de la cuestión estriba en el tipo de estructura canónica que pueda dársele a la Hermandad de San Pío X, que debe estar blindada a prueba de bombas, futuros Papas y malos Cardenales de cualquier posible intromisión de quererles apartar de la Liturgia y defensa del Depósito de la Fe de la que ellos siempre han hecho causa. Benedicto XVI, es obvio, tiene mucha mejor disposición y entendimiento de la Tradición que su predecesor. La Hermandad debe entender, también, que un futuro Papa –dada la actual composición de la Curia- puede no entenderlo tan bien.

Sea como fuere saludamos a Monseñor Bernard Fellay quien, en su persona, demuestra que la mayoría de los Superiores de Distrito de la Hermandad de San Pío X quieren afirmar su romanidad de una manera palpable y ser oficialmente lo que son de corazón y de hecho: parte de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

¡Viva Cristo Rey!

Rafael Castela Santos

segunda-feira, julho 10, 2006

En defensa de la familia y de la Patria

La reflexión, corta y enjundiosa, que nos proporciona El Semanal Digital sobre la defensa de la familia y de la Patria por parte de los Papas contemporáneos (Benedicto XVI y Juan Pablo II) merece la pena ser leída. El texto completo puede encontrarse aquí.
Un párrafo que merece ser meditado es el siguiente:

"Esto explica muchas cosas en España, por ejemplo el hecho de que las manifestaciones contra la política educativa del gobierno y contra los 'matrimonios homosexuales', apoyadas por miles y miles de católicos, estuvieran plagadas de símbolos nacionales –banderas de España-, mientras que en las 'manis' y actos promovidos por la extrema izquierda, que relativiza el valor del familia –también en los de la ultraizquierda que está en el Gobierno de España- no aparezca ni una sola bandera de nuestra Patria. Y también explica el abucheo 'familiar' –justo- recibido por Zapatero en Valencia con motivo de la rendición de la nación ante ETA."

La razón de todo ello es simple de explicar. Quienes honran al padre y a la madre, mandato del Cuarto Mandamiento, defienden a la familia. Y, como Santo Tomás de Aquino nos explica, el Cuarto Mandamiento también incluye (en incluso más preeminentemente que el amor a la propia familia, como apunta el Doctor Angélico) el amor a la Patria.
Curioso, también, que el Aquinatense se incline por la palabra Patria y no por la palabra Nación al explicar todo ello. Pero éste es otro asunto.

Rafael Castela Santos

Sangre mártir

No se olviden, por favor, de leer esta entrada de Paulo Cunha Porto en O Misantropo Enjaulado.
Porque, a la postre, estamos aquí gracias a la sangre mártir derramada. Sangre mártir, la de los católicos, que por virtud de la Comunión de los Santos, nos aprovecha a todos los que en este momento constituimos parte de la Iglesia Militante.
¡Mártires por Cristo y en Cristo de toda la historia! ¡Rogad por nosotros!

Rafael Castela Santos

Ainda a Polónia - O Carlismo Espanhol e o Nacionalismo Polaco



Conhecem este livro publicado sob direcção do historiador norte-americano de origem polaca Marek Jan Chodakiewicz? É uma leitura muito interessante. Aqui deixo duas breves recensões retiradas da sua contracapa, e que lhe fazem jus.

"As every schoolboy knows, Europe's Catholic Right has consisted of reactionaries who began in the service of residual feudal landowners and ended in support of big capital's exploitation and oppression of the masses. As ideological fairy tales go, this is no worse than many others that pass for history on campus. Still, the totalitarian horrors of the twentieth century proved prescient the warnings of the Catholic Traditionalist Right about the consequences of radical democracy and cultural nihilism. These splendid essays, as readable as they are scholarly, launch a long-overdue assessment of vital political events."

Professor Eugene Genovese, former President, the Historical Society

"The fall of Communism facilitated growth of research in areas previously difficult ot access. One such area is Polish interest in Spain; another, the history of the Catholic Right in Europe. This pioneering volume explores both narratives and succeeds in showing that they are related. The similarities have to do with the symmetrical positions of Poland and Spain as frontiers of Europe against invasions from Islam. The rest of Europe seldom noticed except in major victories, such as that of Don Juan at Lepanto in 1571 or that of John Sobieski at Vienna in 1683. The present collection of papers explores recent history developing against this background."

Ewa Thompson, Professor of Slavic Studies, Rice University

JSarto

domingo, julho 09, 2006

Desfaciendo entuertos

Nos recomendaba JSarto anteriormente un artículo sacado de un blog norteamericano. Como suele ser el caso hay distorsiones sobre la percepción católica de España y ciertos aspectos históricos.

No me resistí a apostillar ciertos aspectos que allí se señalaban. Me permito copiar ahora en A Casa de Sarto la respuesta que añadí en los comentarios a dicha entrada. Sucinta, necesariamente, pero queriendo ver la historia contemporánea de España a la luz de la Fe. Para un católico no hay otra manera.

If I can add a few things from Spain and, even more so, from a Catholic perspective:

1. The malaise of Spain started with the Vatican II. Spain is a country that has been shaped historically by the unity of religion (589 with King Recaredo), the affirmation of Christianity vs Islam (Reconquest) and the Evangelization of America. When the Church Officer's, after the Vatican II, refused to accept the existence of Catholic states (such as Spain, Portugal, Colombia or Italy amongst others), Spain had to suffer. The mission and essence of Spain is primarily Catholic.

2. Spain's illness had been incubated before by the technocracy, sadly brought by the Opus Dei people, who neutralized all Catholicism in Spain and all the political message of Franco.

3. Franco is a historical figure standing by himself. Whether we like it or not, he has been the best political leader of Spain of the last 300 years. The reconstruction of Spain, both morally and economically, and the achievement of a far more just distribution of richness that happened under him cannot be underestimated.

4. Franco´s obedience to the Church was absolute. Unfortunately he accepted (allegedly in a forced way, because of pressures by Pope Paul VI) the freedom of religion. Please, let me add that Catholic (and therefore Spanish) traditional doctrine was tolerance of religion but not freedom of religion.

5. Franco's figure is now appearing in a true light thanks to the efforts of authors like Pío Moa (a former comunist) or Professor Luis Suárez (a Jew whose family converted to Catholicism). Even Stanley Payne, a leftist, vindicates Franco’s figure nowadays. These authors are far better than feeble Paul Preston or Ian Gibson, for instance.

6. Zapatero is a mason, as experts like César Vidal (a protestant) or Ricardo de la Cierva have stated. Hence, and in reason of his obedience to this secret society, his long-term plans are deeply anti-Catholic.

7. The Spanish Bishops are to be blamed a lot. We suffered horrible Nuncios under Paul VI and John Paul II, and horrible Cardinals, such as Tarancón. The Bishops of Spain have much more authority than they seem to believe. Suffice is to say that the mild support of the Bishops here led to 1.5 million people in the streets of Madrid to reclaim Catholic education in Spanish schools.

8. The nationalists are also declared enemies of the Catholic Church. Batasuna, ETA's political arm, wants to create an independent marxist-leninist republic in the Basque region and we are still ashamed of Pasqual Maragall and Carod-Rovira (socialist and independentist from Catalonnia respectively) public blasphemy when they mocked Our Lord's Crown in public to unbelievable extremes. It is therefore logical that enemies of the Church, such as socialists and nationalists, gather together.

9. The so-called right-centre party, Partido Popular (PP), is not any better. While they were in power they did nothing to decrease abortion. Rather the contrary: abortion increased with them. The Social Doctrine of the Church was totally rejected by the PP. The Major of Madrid, Alberto Gallardón, a qualified PP leader, subsidizes with public money homosexual festivals and meetings to support sodomy.

10. Please, do not be obsessed by the media and superficial statements. When you live and talk with people in Spain, they are starting to remember Franco’s times as better than the current ones. Last week I heard three different comments by three people who opposed Franco, one of them spending a few weeks in prison because of it. The three of them praised Franco.

11. The economical situation here is very bad. Housing prices have soared up so much they are simply unaffordable by most young people. There are no subsidies to families (I mean to heterosexual families). No benefits are given if you have a numerous family and you are of Spanish background (you get some if you are of Moorish descent or other qualified minorities). All these issues make very difficult for people to have children.

12. On the whole, and in spite of some problems with some people from Ecuador and some from Dominican descent who have been expelled from the USA in some occasions, the Spanish-American immigration is far better for Spain than Moroccan one for obvious reasons: same culture and same religion. And I agree with a previous comment: their Faith seems to be stronger than the native Spaniards.

13. A final note. Zapatero came to power against all odds. The trigger was not so much the mistake made by the previous Prime Minister, José María Aznar, to get into the unjust war in Irak, but the biggest terrorist hit in Spain: 200 dead people and over 1000 injured ones in the Atocha Madrid train station. It seems clear there was a plot behind it, as the investigations of Luis Pino have showed. France and Morocco, traditional enemies of Spain, wanted it and so Zapatero, very much under the French influence (does he belong the French Grand Orient Lodge?). ETA was definitely involved and the Al-Quaeda hypothesis appears to have no support. Moreover, the Spanish intelligence and Police were also involved. This is a very sordid issue and it has been declared officially they cannot reach the ultimate reasons explaining this terrorist massacre, according to Judge del Olmo, who instructs this case. For those of you who read Spanish I highly recommend this:
http://www.libertaddigital.com/bitacora/enigmas11m/

14. Spain heralded in 1936 a fight between the anti-God and God's people. It seems we follow the same route again. Spain will have to go through hell to purge many of the sins we have committed. At the end "Mary's land" will survive. After all it was the Sacred Heart who told Blessed Fr Bernardo Hoyos that He (the Sacred Heart) will reign in Spain and He will do it with more veneration than anywhere else.

Rafael Castela Santos